jejejejej-
creo que si que tengo un muuuy mal sentido del tiempo...
i´m soooorry!
Capítulo 8
¡Qué tonta había sido, saliendo del apartamento sin el bolso y sin las gafas de sol!, se dijo Sakura de pie en la calle mirando con incertidumbre hacia el edificio de apartamentos.
Podía volver. Tenía que volver. Pero no iba a hacerlo.
¿Por temor a lo que pudiera ocurrir?
Sí, tenía miedo, pero no de Sasuke. Algo en su interior le decía que nunca abusaría de ella. ¿Por qué iba a hacerlo, si los dos sabían que no sería necesario? Cada vez que él se acercaba a ella, Sakura notaba cómo todo su cuerpo vibraba de excitación.
¿Vibraba? ¿Cómo demonios se había colado aquel término en su cabeza?
Si no se sintiera moralmente obligada a hacer lo que pudiera económicamente por Kurenai y Takeshi, se habría marOrochimaroo de allí, dejando a Sasuke en posesión del apartamento. Después de todo, en la vida había cosas más importantes que el dinero, y una de ellas era la tranquilidad y la paz interior. Por no hablar de la autoestima.
Ahora que estaba lejos de él y había salido de la poderosa órbita de su sexualidad, Sakura pudo pensar con más claridad sobre lo ocurrido. Descubrir, muy a su pesar, que había heredado la sensualidad de su padre la llenaba de emociones conflictivas.
Rabia y temor, resentimiento y deseo de luchar contra su propio deseo, pero cuando estaba en brazos de Sasuke esas emociones se transformaban inmediatamente.
Lo que sentía era… Estaba de pie en la calle, con los ojos entrecerrados y la nariz arrugada, concentrada en buscar la metáfora perfecta para describir su estado anímico. Lo que mejor se le ocurrió fue pensar que era como estar en lo alto de un puente mirando hacia las profundidades del agua, sabiendo que estaba demasiado cerca del borde y que tenía que alejarse. Pero en lugar de hacerlo, o de quedarse donde estaba, continuaba avanzando hacia el borde, como retándose para ver hasta dónde estaba dispuesta a arriesgarse. ¿Porque en secreto quería lanzarse al agua desde el puente? ¿Porque quería arriesgarse y sentir la adrenalina de la caída libre antes de verse envuelta por el agua en sus desconocidas profundidades?
Desde el apartamento Sasuke la observaba. Pero no podía salir a por ella. No podía llamar la atención y despertar las sospechas de quien pudiera estar vigilándolo.
¿Qué demonios le estaba pasando?, se preguntó furioso. Se estaba comportando con la misma temeridad que en otros despreciaba. Se retiró de la ventana, muy consciente de la dolorosa hinchazón de su erección, algo por lo que también se despreciaba. Para un hombre que siempre se había considerado más lógico que carnal, el testarudo rechazo de su cuerpo a controlar el deseo por una mujer era tan incomprensible como irritante.
La reacción de Sakura a su oferta por el apartamento todavía le hería en su orgullo. ¿Qué era lo que tramaba aquella mujer? ¿Creía que así conseguiría una oferta más alta?
Tenía que encontrar una forma de terminar aquella situación cada vez más peligrosa. Y peligrosa no sólo por Orochimaro, reconoció Sasuke una vez más. También por él.
Una opción sería organizarlo para que la oficina del registro comunicara a Sakura que no era la propietaria del apartamento, pero que sería compensada por el total de su valor en el mercado. Así podía dejar todo el proceso en manos de la administración de Zuran, pero eso significaba involucrar a otras personas, que a su vez podía llevar a habladurías, o peor aún, rumores malintencionados. Sobre Sakura, sobre él, sobre las noches que habían pasado juntos en el mismo apartamento.
Una mueca de dureza tensó su rostro. Eso era algo para lo que no estaba preparado en absoluto. Imposible. El emir, por supuesto, conocía la razón por la que no había podido dejar el apartamento hasta descubrir la identidad de Obito, pero Sasuke tenía sus propias razones para no querer que se hiciera público.
Ya había malgastado demasiado tiempo con la señorita Sakura Haruno y los problemas que le estaba causando. Era hora de poner punto final al asunto. Otras cuestiones mucho más importantes requerían su atención, entre ellas varias reuniones en Zuran y otras en el valle, con especialistas para hablar de los distintos aspectos de sus planes para el valle.
Con el apoyo del emir, estaba planteándose las ventajas de devolver al valle su antiguo esplendor, en beneficio de su pueblo, aunque era un proyecto que no se podía hacer de manera precipitada. Otros hombres dejaban hijos tras de sí como testimonio de su existencia; él dejaría como testimonio la restauración de los legendarios jardines colgantes, su legado para las generaciones futuras. Ése era su sueño y su objetivo.
Y una mujer de piel clara y esbelta figura no le haría desviarse de su propósito.
Echó una ojeada al reloj. Si no salía ya, llegaría tarde a la reunión con el experto en horticultura del emir, que ya había estado en el valle para hacerse con algunas muestras de la flora autóctona.
¿Por qué demonios Sakura aún no había regresado? ¿O quizá él era un ingenuo? ¿Sería otra estratagema de la astuta mujer?
Gracias a Dios por los centros comerciales con aire acondicionado, pensó Sakura aliviada al entrar en un enorme centro comercial no muy lejos del bloque de apartamentos. Aunque no iba a poder comprar nada, dado que se había dejado el bolso en casa.
Pero al menos está más lejos de Sasuke.
Una hora después, más calmada, llegó a la conclusión de que tenía que acelerar la toma de decisión respecto a la propiedad del apartamento por parte de las autoridades. Incluso si eso significaba acampar en las oficinas del registro de la propiedad hasta que le dieran la respuesta. Pero primero tendría que volver al apartamento, arreglarse un poco, y hacerse con su bolso. Y eso significaba…
«No lo pienses», se advirtió saliendo por la puerta del centro comercial.
Parpadeó al sentir la fuerza de los rayos del sol en los ojos y se detuvo un momento para protegerlos antes de comprobar si podía cruzar la calle.
Apenas había dado unos pasos cuando de repente un coche apareció chirriando por la esquina y se dirigió a toda velocidad hacia ella. El conductor estaba demasiado ocupado hablando por el móvil para darse cuenta de su presencia.
Sakura vio el peligro y su propia vulnerabilidad, pero se quedó paralizada, incapaz de moverse.
Y entonces, de repente, un par de manos firmes la sujetaron, y medio arrastrándola, medio empujándola, la apartaron del trayecto del vehículo, que giró violentamente al llegar a su altura y se alejó a la misma velocidad.
Todo el incidente apenas duró unos segundos pero pudieron ser los últimos, se dio cuenta Sakura, y se volvió para sonreír y dar las gracias a su salvador. Era un hombre no muy alto, de mediana edad y aspecto duro que no sonreía.
—¿Se encuentra bien? —le preguntó el hombre cortés.
Sakura asintió, temblando.
—Cuando he mirado, no había nadie —balbuceó—. Y de repente, ha aparecido el coche, y el conductor no me ha visto. Estaba hablando por teléfono…
Las frases se agolpaban atropelladamente en su boca a la vez que se dejaba llevar por su salvador hasta el otro lado de la calle.
—Muchas gracias… —empezó por segunda vez, pero el hombre sacudió la cabeza, le dio la espalda y desapareció entre la multitud que salía del centro comercial.
Todavía estaba temblando cuando llegó al edificio de apartamentos. A pesar de la agradable temperatura del vestíbulo, su corazón latía desesperadamente, y tenía la frente cubierta de un sudor frío.
Aunque la causa no era el coche que acababa de estar a punto de atropellarla, sino la idea de verse de nuevo con Sasuke.
En el trayecto en el ascensor, se le hizo un nudo en el estómago.
Cinco minutos más tarde, estaba de pie ante la puerta del apartamento. Automáticamente bajó las manos buscando el bolso y la tarjeta llave, hasta que recordó que había salido del apartamento con las manos vacías.
Sin llave no podía entrar en el apartamento. Sus hombros se hundieron un segundo, pero enseguida respiró hondo, se irguió y llamó al timbre.
Los segundos pasaron lentamente mientras ella se esforzaba por escuchar algún sonido o movimiento en el interior del apartamento.
Quizá Sasuke estuviera durmiendo. En la cama, desnudo, la sábana cubriéndole hasta la cintura, y la piel cálida y bronceada tentándola como…
¡No! No quería esos pensamientos, y mucho menos esas imágenes, se dijo. ¿Qué haría si pensaba que su regreso era una invitación a continuar donde lo habían dejado? ¿Tendría fuerzas para rechazarlo si él la tomaba en brazos y la tendía entre las sábanas de la habitación en penumbra…?
Sakura respiró profundamente. Cualquiera que se asomara en ese momento a las imágenes formadas en su mente, se vería forzado a pensar que ella deseaba que ocurriera algo, desde luego.
Era mejor imaginarlo de pie en el pasillo, en silencio, disfrutando de la situación en que se hallaba ella. En silencio, desnudo, con una toalla alrededor de la cintura y debajo…
«¡Oh, basta!», se ordenó irritada.
Quizá debería llamar al timbre una vez más.
Pero tampoco obtuvo respuesta, y hundida, se apoyó en la pared.
¿Qué iba a hacer ahora? Se había quedado fuera del apartamento y en lugar de sugerir soluciones, su mente rebelde estaba imaginando ridiculeces.
—¿Qué debemos hacer sobre esa joven que asegura ser la propietaria del apartamento, que anteriormente pertenecía a su difunto padre? —preguntó el emir. Después apretó los labios y observó—: Es del mismo país que tu padre, tengo entendido.
Sasuke entrecerró los ojos.
—Estáis bien informado, Grande entre los Grandes —le dijo, utilizando un título que sólo usaba en tono socarrón.
En la cara redonda del emir apareció una amplia sonrisa.
—Nuestro jefe de policía, Saulud ben Shariff, se sintió obligado a darme un informe completo sobre la joven —la expresión del emir se tornó más seria—. No debemos permitir que corra ningún peligro, Sasuke.
—No lo correrá.
El emir esperó pacientemente, pero Sasuke no pensaba decir nada más sobre la joven que, según los informes recibidos por el emir, era tan hermosa como el sol del amanecer.
—Excelente.
Un criado se acercó con una cafetera en la mano.
Sasuke cubrió su taza con la palma, en un gesto que indicaba que no deseaba tomar más, e hizo una mueca de reproche al ver al emir tomar otro pastelito de la bandeja.
—Mi médico me advierte de los peligros de los dulces, Sasuke, pero… —el emir se encogió de hombros restando importancia a la advertencia—, inshallah —añadió.
—Vuestro pueblo os necesita para que le guiéis hacia el futuro, y vuestros hijos también —murmuró Sasuke.
El emir lo miró y dejó en la bandeja el pastelito que había estado a punto de llevarse a la boca.
—Cuando haces ese tipo de declaraciones es cuando más veo el legado de tu padre en ti, Sasuke —suspiró.
—Yo de él no tengo nada más que lo heredado físicamente de él —respondió Sasuke.
En el fondo de su corazón, todavía sentía el dolor y la amargura del abandono de su padre.
El emir sacudió la cabeza con paciencia.
—Tu padre era un hombre muy inteligente, un visionario. Enseguida se dio cuenta de lo que había hecho mi padre, y me enseñó a aprovecharlo y construir sobre esa base. Sé que a ti y a tu madre os provocó mucho dolor, y eso no lo puedo perdonar, pero muchos de los proyectos que hemos llevado a cabo surgieron de las semillas de su visión. En ese sentido, tengo muchos motivos para sentirme agradecido. Y muchos motivos también para agradecer que dejara a su hijo bajo mis cuidados —le aseguró el hombre—. Quizá no deberíamos culparlo tanto por no ser capaz de adaptarse a nuestra forma de vida. Tu madre, después de todo, se negó en redondo a adaptarse a la suya. Ni siquiera le dio la oportunidad.
Sasuke miró al emir.
—Mi padre la abandonó —afirmó con los labios apretados.
—Tu padre se fue de Zuran sólo porque tu madre se negó a irse con él, que era lo que habían acordado cuando se casaron —le corrigió el emir—. Tenían un acuerdo: primero vivirían unos años en Zuran, y después en Inglaterra. Pero cuando llegó el momento de ir a Inglaterra, ella se negó en redondo.
—Eso no es lo que me contó ella.
—Sin embargo es la verdad.
—¿Y por qué no me lo dijo?
—Quizá pensó que eras demasiado joven, o quizá temía que la juzgaras. Sé que tu padre te habría llevado con él si no hubiera pensado que lo mejor para ti era quedarte aquí con tu madre. Era un hombre con el corazón de un nómada, un hombre con un trabajo y una forma de ser que no le permitía quedarse mucho tiempo en un mismo lugar. Te dejó con tu madre porque te quería, Sasuke —le aseguró.
—¿Por qué no se me ha dicho esto antes?
—A veces es necesario esperar a los acontecimientos —le dijo el emir sabiamente, y después inclinó la cabeza y dio una palmada, indicando que la reunión había terminado.
Sasuke se levantó y se despidió antes de salir del saló
LO SIENTO...
PROMETO SUBIR EL SIGUIENTE CAP EL LUNES...
SI LES GUSTO DEJEN REWIES...
SINO, IGUAL, NO MATEN MI AUTOESTIMA...
JEJEJE
NO ENSERIO, CUAL QUIER COSA CHICS YA SABEN...
NOS VEMOS...
