Antes que nada lamento avisar que esta semana no podré traer cap de Hoist, debido a que, como ya he venido diciendo desde hace unos días, he estado muy liada y hasta el martes no podría subir, pero no quiero subir ese día porque tocan In Death's Land y Sugar Babies. Espero que comprendáis que no quiera atosigarme a subir fics y acabar trayendo cualquier tontería, más que nada porque me parecería una falta de respeto hacia vosotros como lectores.
El motivo del retraso en mi calendario de actualización se ha debido al Mangafest, el salón del manga para el que me hice el cosplay (si queréis ver fotos, buscadme en Twitter o en Insta, el usuario lo tenéis al final del cap anterior, que también lo puse) y la verdad es que entre una cosa y otra no tuve más que unos momentos de descanso, en los cuales no me apetecía escribir.
Como también viene siendo habitual en esta semana, aviso de que este cap será cortito debido a que estoy hasta arriba. Pero bueno, bien se dice que lo bueno y breve, dos veces bueno.
Castiel era consciente de que su amigo estaba en las nubes aquel día, o mejor dicho, más en las nubes de lo habitual. Habían quedado en ensayar después de las clases del albino, como era costumbre, pero estaba comenzando a lamentar el momento en el que le propuso a su amigo de practicar aquella jornada.
Podía entender que, después de todo un día aguantando a los profesores y teniendo que tomar apuntes como un loco, Lysandro podía estar algo ausente, sobre todo al principio del ensayo; de hecho era algo bastante común. Pero normalmente, a los pocos minutos de empezar con la sesión de turno, la mente de su amigo se centraba en lo que estaba haciendo y dejaba de estar en su propio mundo para estar únicamente pendiente de las letras.
Pero esa tarde las cosas no iban bien y eso lo ponía de los nervios pues Castiel, a pesar de su aparente desgana con el mundo, era muy perfeccionista, sobre todo en lo referido al grupo. No sabía bien qué iba a hacer con su futuro aunque tenía claras dos cosas: que no pensaba seguir una vía académica, pues estaba harto de la vida del estudiante, y que pensaba luchar con uñas y dientes para al menos intentar que su grupo tuviera un futuro. Esto último le hacía que se esforzara al máximo cada vez que ensayaba y ver que su amigo no estaba donde tenía que estar lo ponía de los nervios.
—O te centras o lo dejamos por hoy —dijo en medio de una canción, dejando de pulsar las cuerdas de su guitarra, observando a Lysandro, el cual había vuelto a confundirse de letra por segunda vez en lo que llevaban de melodía.
El aludido lo miró con el ceño levemente fruncido, mientras se frotaba las sienes con los dedos. No le había dicho a su amigo nada del peculiar "conflicto" (por llamarlo de algún modo) que tenía con Diane, más que nada porque, fiel a su forma de ser, no le agradaba que los demás se inmiscuyeran en sus asuntos y sabía bien del pie que cojeaba el pelirrojo. Además, si fuera algo que sólo le incumbía a él no le importaría tanto sincerarse con Castiel, pues a fin de cuentas era su mejor amigo, mas no olvidaba que era algo que también involucraba a Diane. Contar una sola palabra de todo aquello era para él similar a delatarla.
Era consciente de que, desde la última vez que su novia durmió en su casa, llevaba unos días que no descansaba del todo bien por lo que acababa siempre más disperso de lo habitual. Su cerebro parecía dispuesto a mandarle pensamientos poco apropiados, por decirlo de algún modo, ante la idea de que quizás las cosas fueran a cambiar entre ellos dos, lo cual era algo que no dejaba de serle incómodo. Odiaba que su mente le hiciera sentirse un depravado que lo único que parecía querer en algunos momentos era corromper la inocencia de la chica. Por ese motivo le estaba costando tanto concentrarse últimamente, sobre todo si abordaban esas canciones que Lysandro escribió inspirado por su novia.
—Dame un par de minutos —dijo simplemente mientras se sentaba en el suelo, cruzando las piernas y apoyando el rostro en las manos. Necesitaba un respiro, pero no podía permitirse tal cosa cuando las clases apretaban y su amigo estaba más exigente de lo normal con los ensayos del grupo.
No se percató de que, al adoptar aquella postura, el móvil sobresalía casi por completo del bolsillo de su pantalón, con tan mala suerte que, al vibrar de repente, acabó estrellándose contra el suelo. Lysandro no pudo menos que girarse hacia el mismo, sorprendido porque, normalmente casi nadie le mandaba mensajes o similar, sobre todo teniendo en cuenta que era bastante común que perdiera el teléfono. La gente que quería hablar con él le llamaba a su casa o simplemente, si se lo cruzaba en algún momento, le comentaban de encontrarse otro día en un lugar y horas concretos.
Alargó la mano hacia el mismo, pero su amigo fue más rápido; colocó su mano sobre la pantalla impidiendo que Lysandro pudiera tomar el aparato.
—Sea lo que sea mejor que espere, no vaya a ser que te distraiga aún más —sentenció el pelirrojo con no muy buenas maneras.
Lysandro observó al joven alzando una ceja, algo molesto por el tono en el que le había hablado. Una cosa es que fueran amigos desde hacía tiempo, pero otra muy diferente era que eso le hiciera creerse con la libertad de hablarse de cualquier modo.
—Creo que no eres nadie para prohibirme hacer algo —fue su escueta respuesta, pero Castiel no parecía dispuesto a dar su brazo a torcer, como casi siempre. Lysandro había aprendido que, cuando a su amigo se le metía algo entre ceja y ceja, era inútil intentar disuadirle.
—Teniendo en cuenta que el grupo es tanto tuyo como mío bien puedo decirte que prefiero que mires lo que sea que te hayan mandado cuando terminemos —Castiel seguía en sus trece y, yendo más allá de lo que normalmente hacía, intentó tirar del móvil hacia si con la intención de guardarlo él y devolvérselo a Lysandro cuando el ensayo terminara. Pero debido a que algunos de sus dedos rozaban la pantalla, cuando tiró del mismo desbloqueó el móvil sin apenas ser consciente, haciendo que en la pantalla se viera el mensaje que había provocado aquel alboroto.
Castiel podía ser muchas cosas, pero desde luego no era un cotilla. Aún así, por poco cotilla que alguien sea, hay veces en las que los ojos traicionan a uno y acaban fijándose en algo que no deberían haber visto y aquella fue una de esas situaciones. Pudo ver que el mensaje provenía de Diane, que había mandando una foto. Si bien necesitó menos de un parpadeo para fijarse en la imagen, procesarla le llevó más tiempo, el mismo que tardó su amigo en hacerse con el teléfono y, tras lanzarle una rápida ojeada, hacerlo desaparecer en el interior de su chaqueta mientras que clavaba sus ojos en el rostro de su amigo, que parecía a medio camino de la risa y la estupefacción.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, hasta que, finalmente, Castiel decidió romper el hielo con uno de esos comentarios que, como él decía, o lo soltaba o le acababa haciendo un agujero en la lengua.
—Vaya con la mosquita muerta... —masculló, tratando de aguantarse la risa por lo absurdo de la situación: acababa de ver una foto que no debería haber visto y, para más inri, justo delante de la persona a la que iba dirigida.
Sin embargo, Lysandro no le encontraba la risa a nada de aquello. Por un lado estaba el hecho de que Castiel no debería ni siquiera haber hecho el amago de tocar su teléfono, además de que, por otro, se sentía mal (a pesar de ser consciente de que no había sido culpa suya) por el hecho de que el pelirrojo hubiera visto la foto de Diane. Sabía que hoy en día, debido al temor de que las fotos acabaran siendo usadas en su contra, la gente era reacia a mandar ese tipo de imágenes, por lo que entendía que si la chica le había mandado semejante cosa era como haberle fallado. Además temía que su amigo le soltara alguna de sus puyas la próxima vez que la viera, lo cual no era algo fuera de lo común tratándose de Castiel, que nunca se callaba una.
—A mi nada de esto me causa risa —sentenció de malas —Sabes, creo que tienes razón, mejor dejarlo por hoy —añadió mientras se incorporaba y recogía sus cosas antes de marcharse con paso apresurado. Era consciente de que debía avisar a Diane de lo sucedido, más que nada porque no le hacía especial ilusión callarse al respecto, pero también le molestaba el hecho de que una foto que quizás ella le había enviado para otros "asuntos" hubiera acabado sembrando una pequeña semilla de discordia entre él y su mejor amigo.
Le daba la impresión de que aquel camino de pérdida de inocencia que había iniciado la joven iba a darle más de un dolor de cabeza.
No estoy del todo satisfecha, pero no doy para más y tampoco quería dejaros sin dos actualizaciones; una es menos denigrante por llamarlo de algún modo. Además me está empezando a doler la cabeza y a saber si acaba dándome otra jaqueca... anda que pinta bien la cosa.
