Capitulo 9. "Traición"

-Maes, no podemos pagar esto, ¡nos falta dinero!- Comento una mujer de cabello castaño claro y ojos color verde agua, con preocupación en su entonación.

-Lose Gracia, pero últimamente no me ha ido muy bien en el trabajo y las instalaciones de seguridad que contratamos el mes pasado por Elysia, gastan demasiada electricidad y la cuenta nos ha aumentado mucho.- Contesto preocupado un hombre de cabello negro y ojos verdes que se podían divisar a través de sus lentes.

-¿Qué vamos a hacer?- Le pregunto con la misma preocupación Gracia.

-No estoy seguro…-Contesto con tristeza.- Tal vez debería trabajar horas extras y…- Gracia lo interrumpió.

Maes, casi no pasas tiempo en la casa, no creo que eso sea necesario, tal vez, yo debería comenzar a trabajar…- Respondió Gracia.

-No, eso no, imposible, debes quedarte en casa cuidando a Elysia, además no tenemos dinero para contratar a una niñera…- Le interrumpió Maes enfadado.

-Pero tal vez…- Nuevamente, él la interrumpió.

-He dicho que no, y se acabo, Gracia, yo voy a conseguir el dinero…- Comenzó a decir Maes, pero se acallo al ver a su pequeña hija, saliendo de su cuarto en pijama.

-Papi, tengo frío…- Le dijo la pequeña mientras se acercaba con un tono semidormida.

-Hija ve a acostarte.- Le pidió Gracia a su pequeña.

-Pero tengo frío- Le alego la niña.

-Elysia, mañana ya no habrá frío, solo vete a dormir.- Le rogó Maes tristemente.

-Pero…- Intento alegar la pequeña pero Gracia la interrumpió.

-Nena, vamos a dormir.- Le dijo y la llevo a su cama.

Un mes había pasado, con rapidez para los Hughes, y ahora, mantenían problemas de dinero, a Maes, no le había ido muy bien en el trabajo, los casos no le habían salido muy bien y no podían pagar todo. La cuenta había aumentado, por la instalación de seguridad en la casa, luego de lo ocurrido con Elysia, ya que no sentían completa seguridad con la protección policial.

Maes, quedo solo en la sala, pensando en una solución para la falta de dinero, mientras Gracia le cantaba a Elysia para hacerla dormir. Cuando la niña se durmió, Gracia regreso, con la misma preocupación con la que se había ido, miro a Maes y dijo lo que ella creyó, era la mejor opción.

-¿Por qué no le pedimos prestado a Roy?-Pregunto esperanzada.

-No.- Le dijo cortante.- Los últimos dos meses le hemos pedido a él, no quiero que crea que no puedo mantener a mi familia.- Le contesto enfadado.

-¡Maes!,¡No se trata de eso!- Le grito ella impresionada por las palabras de él.- ¿¡No te das cuenta de que no tenemos dinero!?-Le pregunto enfadada.

-¡Si me doy cuenta!, ¡Pero ya le debemos bastante!, ¡No podemos seguir endeudándonos!- Le contesto él, con un tono de enojo notable.

-Pero él es el padrino de Elysia, sabe que ella necesita, además es nuestro amigo, ¡él no se negaría si le pedimos mas tiempo!, ¡Maes no tenemos nada!- Le grito ella, llorando, con una gran tristeza, pues ella, tenia razón, no había dinero.

-Gracia, Roy tiene sus propios problemas, ¡No puede ayudarnos!- Termino él con un grito.

-¿¡Y QUE SE SUPONE QUE HAGA!!-Pregunto Gracia con otro grito, dejando caer las lágrimas.- ¿¡QUIERES QUE ME QUEDE SIN HACER NADA, MIENTRAS MIHIJA SE MUERE DE FRÍO, PORQUE NOSOTROS, SU MADRE Y SU PADRE, NO TENEMOS DINERO NI PARA PAGAR EL GAS!!- Grito alterada y dejo caer su rostro, completamente mojado por las lágrimas, sobre sus manos.

-¡¡YA SE QUE HACER!!- Le grito él con mas que enojo y le hizo mirarlo a la cara.- Solo espero que Roy me perdone…- Susurro lo suficientemente alto para ser escuchado por Gracia.

-¿De que hablas Maes?- Le pregunto ella sin comprender el porque de lo que Maes había dicho y con cierto miedo.

-No te preocupes, mañana todo se arreglara.- Le contesto Maes con el rostro lleno de notable tristeza y se fue a acostar.


Un hermoso sol alumbraba las calles de Londres, y entraba por la ventana de una cocina, donde una rubia de ojos chocolateados servia dos platos de comida, al tenerlos ambos servidos, se dirigió al comedor donde no había nadie, solo una mesa ovalada, color marrón claro y seis sillas alrededor, además de unos cuadros que mostraban pinturas medievales, y, sobre la mes, dos individuales artesanales, donde deposito los platos, luego, volvió a la cocina, y saco dos tenedores y cuchillos, y después, dos vasos, y los fue a depositar sobre la mesa, de pronto, logro sentir el sonido del timbre y rápidamente abrió la puerta, dejando entrar a un joven de oscuro cabello negro al igual que sus ojos, que la saludo alegremente.

-Hola Roy.- Le saludo la rubia con alegría.- Ve a sentarte, esta servido.-

-¿Y tu?- Le pregunto el moreno mientras entraba.

-Ya voy, solo debo sacar algo de la cocina- Le contesto tranquila.

-Como quieras- Le dijo el joven y fue al comedor.

Riza busco las servilletas y se acerco al comedor, encontrándose con Roy quien ya había empezado a comer.

-¿No crees que seria educado- Recalco la ultima palabra- esperarme para comer?- Le pregunto sarcástica.

-Tal vez, pero fuiste tu quien me hizo volver a clases, así que, como castigo, deberás alimentarme.- Le contesto Roy con ironía mientras continuaba comiendo.

-No me quejo por darte comida- Respondió Riza mientras se sentaba- aunque seas un barril sin fondo- Continuo con cierto enfado.- Solo me quejo de que no me esperas.- Por fin, comió.

-Como quieras, sírveme otro plato y allí te espero.- Le dijo Roy mostrando su plato vacío.

-Sírvete solo, sabes donde esta la cocina.- Le alego ella con enfado.

-Hoy no estas con mucho humor, ¿verdad?- Le pregunto mientras se levantaba de la mesa con su plato.

-Si estoy de humor, pero tu lo tomas de otra manera.- Le respondió ella sonriendo mientras se llevaba a la boca una cucharada de arroz.

-Entonces, ¿porque no me sirves?- Le pregunto como un niño pequeño.

-Porque yo no soy tu sirvienta.- Le respondió mientras se metía a la boca su tercera bocarada.

-¿Insinúas que abuso de tu solidaridad?- Le pregunto Roy desde Roy desde la cocina.

-No, solo digo que deberías ser menos servido.- Le contesto apareciendo tras de él con un plato vacío que deposito en el lavaplatos.- Ya que se te hizo costumbre el venir a almorzar todos los días conmigo después de clases…-

-¿Te molesta?- Le pregunto serio.- Porque si te molesta, no vengo mas a comerme tu deliciosa comida.-

-No, sabes que no me molesta, vivo sola y no me hace daño una visita y… ¡No comas con las manos!- Le comenzó a contestar, sin embargo, termino con un grito porque Roy saco un pedazo de carne con las manos.

-¡Bien!, ¡Disculpe su majestad!- Le dijo sarcástico.

-¡No seas tonto!- Le grito enfadada.

-Ni tu estricta- Continuo algo indiferente.

-¡No me alegues!.- Le grito ella risueña.

-¡No soy tu hijo!- Le alego con la misma risa.

-¡Que suerte!- Continuo sarcástica.

-¡Si, pero por mi!- Termino él con el mismo sarcasmo y se entregaron a la risa, y luego de unos momentos, Roy volvió a sacar comida con la mano y Riza le dio un golpe.- ¡Hey!, ¡Creí que habíamos superado eso!- Le grito impresionado.

-¡A la mesa!- Le ordeno ella con un grito.

-Si mami…- Dijo Roy, con el tono de un niño pequeño y fue a la mesa, mientras Riza, con una sonrisa lo seguía y movía su cabeza.

Aquel mes había sido gratificante para ambos, tanto para Roy, como para Riza, se habían dedicado a conocerse, con pequeñas salidas y llamadas telefónicas, se llevaban muy bien, sin embargo, también tenían pequeñas discusiones, que, generalmente, terminaban solo en risas.

Por su parte, Roy lograba alargar el tiempo de vida de Riza, su padre no le estaba ofreciendo nada por el momento y eso era una suerte, había recomenzado sus estudios a petición de Riza, y acostumbraba a almorzar con ella. Se llevaban muy bien y él, al parecer, había olvidado la idea de acostarse con ella. Riza, aun no le contaba a sus amigos sobre Roy, él único que lo sabia era Alphonse y por lo visto, no había hablado de ello. Ella continuaba con cierta atracción hacia Roy, pero lograba dejarlo de lado para pasarla bien. No había recibido nuevas noticias por parte de los Hughes, solo Roy le contaba algunas cosas, Jessica tampoco la había llamado y sus estudios continuaban perfectamente, lo único que le arruinaba la vida, eran las cartas semanales de Wibber, haciéndola recordar todo el dolor que paso por su culpa, siempre llegaban los viernes y traían dos o tres fotos sobre el asesinato de su hermano, la tumba y el lugar donde todo ocurrió, al parecer, él, disfrutaba recordar todo aquello produciéndole a Riza gran dolor, que escondía a la vista de los demás. En las cartas, Wibber la acosaba, le decía que no resistiría mas, que aunque ella ya fuera madura, aun guardaba la inocencia que a él le excitaba, y aun así, ella callaba. Ni siquiera le había contado a Roy, en quien, aunque confiaba plenamente, no quería que la viese débil. Pero, dejando de lado a Wibber, la vida de Riza, marchaba bien.

Al terminar de comer, Roy se levanto de la mesa y se fue a la cocina, seguido por Riza, lavo los platos y Riza los seco, luego, conversaron un poco, y para Roy, se acabo el tiempo y debió irse a clases, Riza por su parte se quedo en casa y saco de la cocina, dos platos, aparentemente los que Roy había lavado, los miro, y no estaban muy limpios, solo superficialmente, una pasada de agua, y ella, al mirarlos, solo sonrió y los lavo nuevamente y los guardo en la misma alacena, ahora, completamente limpios.


-¡Apresúrate Ed!- Pidió una rubia mientras corría a una tienda, mientras, el joven tras ella, de cabello rubio al igual que ella, caminaba con cierta dificultad, llevando por lo menos, diez bolsas, no con mucho ánimo.

-Ya voy…- Le dijo enfadado mientras apuraba su paso y lograba llegar donde la chica, sin embargo no logro sostener las bolsas y callo con todo al suelo.

-¡Edward!- Le grito la chica al ver todas sus compras en el suelo.- ¿No puedes tener mas cuidado?- Le pregunto con enfado.

-¿Tener cuidado?- Le pregunto él con una gran impresión que luego paso a enfado.- Te llevo las malditas bolsas por todo el centro comercial y me caigo solo una clásica vez, ¿¡y me exiges tener cuidado!?- Le pregunto él, demostrando su enfado.

-Si.- Le contesto ella de forma indiferente, haciendo que a Edgard le hirviera la sangre.

-¿Sabes que?- Pregunto con notorio enojo- Lleva tus malditas bolsas sola, ¡Yo me largo!- Y comenzó a irse, hasta oír la voz de Winry llamándole.

-¡No puedes irte!- Le grito ella.

-¿Por qué no?-Pregunto él con el mismo enfado.

-¡Porque yo no puedo llevar todo esto sola!- Le contesto.

-¡Pues no me importa!, ¡Yo me voy!- Le dijo y luego, Edward se fue.

-Maldito Edward…- Susurro Winry enfadada mientras recogía sus bolsas.

Winry y Ed, no estaban muy cambiados, sus constantes peleas continuabas, al igual que sus arrepentimientos de estas. Ambos evitaban hablar de sus sentimientos, para ahorrarse los problemas por esto. Sin embargo, aquel beso, realmente había formado un vacío entre ambos, que, aunque no lo demostraban ante los otros, ellos mismo podían sentirlo. Ninguno había cambiado lo que sentían, pero tampoco estaban dispuestos a aceptarlo, por lo que aquel vacío crecía con el tiempo. En sus vidas no había pasado nada nuevo, las clases continuaban, ya llegando a su fin en dos o tres meses más, para luego, la práctica y el perfeccionamiento.

Mas o menos, una hora mas tarde, Winry paso frente al ambarino, con sus bolsas, intentando ignorarle, sin embargo, se le hizo imposible, pues se le cayeron todas las bolsas. Edward, al ver esto, también hizo el intento de ignorarlo, sin embargo, termino resignándose a ayudarla. Se levanto, y recogió él, mas de la mitad de las bolsas.

-No tenias que hacerlo…- Comento Winry, mientras caminaba detrás de Ed, quien llevaba poco mas de la mitad de las bolas, y Winry lo demás.

-Lose.- Le respondió él cortante y sin mirarle.

- Y entonces, ¿Por qué lo hiciste?- Le continuo interrogando ella, aun desde a tras, y él, paro en seco.

-Porque no podía dejarte sola con todo esto.- Le respondió luego de unos instante y volvió a caminar.

-Si podías.- Le aclaro ella cortantemente, aun parada donde él lo había hecho.

-¿¡Que quieres escuchar!?- Le pregunto él algo molesto y volviendo a parar.

-No lo se, tal vez el porque.- Le dijo ella acercándose.

-Lo sabes perfectamente.- Le dijo mirándola ya a la cara y con enfado notable, mientras la dejaba perpleja.

Winry bajo la mirada y Edward dio media vuelta, luego, siguieron caminando, con un incomodo silencio, hasta el auto de Ed.


-¿No hay nada mas que hacer?- Pregunto un joven rubio de ojos color verde, con un tono que demostraba aburrimiento, mientras se apoyaba sobre su escritorio.

-Si, creo que ayer llegaron dos cuerpos, revísalos.- Le respondió una mujer de cabello castaño claro e igual color de ojos, mientras revisaba unos papeles en su escritorio.

-¿Para que son los papeles?-Le pregunto Al mientras sacaba un cuerpo.

-Son para Jessica, debe firmarlos.-Le contesto Samantha sin dejar de firmar.

-¿Tantos?- Le pregunto él mientras acomodaba sus instrumentos.

-Si, es que los dejo para después.-

-Se va a enojar mucho cuando vea todo esto.- Comento Al divertido.

-Si, odia firmar papeles.- Respondió ella con la misma diversión.

-Compadezco a quien deba llevárselos.- Le comento Al.

-¿En serio?- Le pregunto Samantha impresionada.

-Si, esa persona va a tener que escuchar sus alegatos, leerle los papeles, seguir oyendo sus maldiciones hacia los pobres papeles y, cuando ella se canse de firmar, cosa que pasara muy pronto, tendrá que aprender su firma y terminar de firmar él.- Termino de decir Al, con bastante risa, y tomo su bisturí para comenzar a examinar el cuerpo.

-Pues deberás comenzar a compadecerte solo.- Dijo Samantha aliviada, mientras se levantaba del escritorio con los papeles en las manos.

-¿De que hablas?- Pregunto Al bastante extrañado y dejo el instrumento en sus manos junto con los demás.

-Serás tu quien le lleve los papeles a Jessica.- Le dijo Samantha sonriente, mientras dejaba el montón de papeles en las manos de Al.

-¿¡QUE!?- Pregunto él exaltado.

-Lo que oíste.- Le dijo, aun con la sonrisa y se sentó nuevamente en su escritorio.

-¡No puedo!, ¡Debo revisar este cuerpo!- Le dijo Al, para lograr salvarse de aquel peligroso trabajo.

-No te preocupes, yo te cubro.- Le dijo ella con una sonrisa victoriosa.

-Pero… ¡No quiero!, ¡No puedes obligarme!- Dijo Al, utilizando su ultimo recurso para salvarse.

-Si puedo.- Le respondió Samantha y saco un sobre de su escritorio.

-¿Qué es eso?- Pregunto Al.

-Tu cheque de este mes.- Le dijo ella sonriente y Al, con gran alegría se acerco para recibirlo, sin embargo ella se lo alejo.- Ve a dejarle los papeles a Jessica.- Le ordeno.

-Es tu obligación entregármelo.- Le dijo Al de manera seria.

-Si, pero puedo alargar tu espera.- Le respondió aun sonriendo de manera victoriosa.

-Esta bien….- Respondió resignado, tomo los papeles y salio del lugar.

Para Alphonse, ese mes no había sido para nada malo, en su trabajo nada iba mal, y sabia distribuir bien su tiempo con las clases, donde seguía siendo el primero, se llevaba muy bien con todos sus compañeros de trabajo en especial con Samantha y Jessica, y a esta ultima, le había logrado conocer los gustos y mañas, aprendiendo a aceptarla y evitarlas en ciertos casos, pero, por desgracia, esta vez no lo había logrado.

Estaba a punto de llegar a la oficina de Jessica, y, al llegar a la puerta, dejo los papeles a un lado y, con cierto temor, toco.

-Pase.- Permitió Jessica y Al, un poco desconfiado, entro, encontrándose con Jessica sentada en su silla de espaldas.- ¿Quién es?- Pregunto sin darse vuelta.

-Soy Al y… ¿a que estas jugando?- Le pregunto algo desconcertado, hasta que ella lo acallo.

-¡Silencio! Date vuelta.- Le ordeno.

-¿Qué?- Pregunto asombrado- ¿Para que?- Continúo interrogando y dejo los papeles sobre el escritorio de ella.

-¡Solo date vuelta!- Le ordeno ella y Al, aun sin total comprensión del asunto, solo obedeció, y, de un momento a otro, sintió un piquete en la espalda.- ¡AU!- Alego dolor y, rápidamente, dio la vuelta, y se encontró con Jessica, algo asustada.

-¡Lo siento!, ¡Lo siento!- Se disculpo desesperada.

-¿Qué hiciste?- Le pregunto, adolorido e impresionado, pero sin enojo alguno.

-Pues…yo…te… pique con la tijera.- Dijo algo avergonzada, mientras bajaba la cabeza.

-¿Por qué hiciste eso?- Le pregunto risueño y sin comprensión de aquel acto.

-Pues… estaba aburrida…- Respondió con la voz de una niña y aun con la cabeza agachada.

-¿Y encuentras divertido el picarme con una tijera?- Le pregunto, ahora si, con cierto enfado.

-Creí que lo seria, pero no fue así.- Se quejo aun sin mirarlo.

-Vas a tener que buscarte otras entretención porque eso duele.- Le exigió Al mientras se sentaba enfrente.

- Se supone que seria divertido, además, no puedes quejarte, por tu culpa Samantha me prohibió la entrada a su oficina o laboratorio forense y no puedo molestarlos.- Le alego ella con enfado.

-Pues si tu no hubieras desordenado todo, no habría pasado eso.-

-Bien, pero si tu no me hubieses acusado, te habrías ahorrado ese piquete con la tijera.- Le respondió con una sonrisa vengativa.

-No puedo creer que sigas enojada por eso, ¡fue hace dos semanas!- Le alego risueño.

-Claro, que risa, tu te ríes y yo aun tengo el discurso de Samantha en la cabeza- Dijo Jessica con enfado.

-Si, ese discurso fue divertido.- Contesto risueño.

-Claro, pero para ti, lo que es yo, odio recordar aquel sermón.- Le continuo alegando enfadada.

-Bien, como quieras Jessica, pero yo vine a…- Comenzó a decir Al sonriente, hasta ser interrumpida por Jessica.

-No tengo ganas de firmar papeles, así que déjalos en el montón para después.- Le ordeno Jessica indiferente.

-Hay… un problema con eso…- Comento con una fingida sonrisa.

-¿Qué problema?- Le pregunto enfadada.

-Bueno…pues…am…este es… el…montón para después.- Dijo nervioso y de forma cortada, muy atento a la expresión puesta por ella, que no fue de tranquilidad.

-Pero…son para la próxima semana, ¿no?- Pregunto intentando disimular su intranquilidad, y vio a Al subir a el escritorio el resto de papeles, y luego, acercarse a la puerta.

-Son…para mañana.- Dijo el con mas nerviosismo que antes, luego, sin darse vuelta, comenzó a abrir lentamente la puerta en un desesperado intento de huir.

-Alphonse…- Le llamo ella en forma seria, haciéndolo parar en seco.- ¿Podrías quedarte a ayudarme?- Le pregunto ella finalmente con fingida inocencia.

-Ah…pues…yo…- Comenzó a contestar nervioso.- Me gustaría pero… am… tengo mucho trabajo y… Samantha no puede hacerlo sola y además…- Comenzó a dar su excusa, notablemente falsa, puesto que no sabia mentir, pero debió detenerse, pues la puerta se abrió, dejando entrar a una mujer.- ¡Samantha!- Grito impresionado.

-Hola Jessica, Al- Saludo ella sonriente.

-Hola Samantha, justo a quien quería ver…- Comenzó a decir Jessica disimulando sus segundas intensiones.

-No puedo quedarme, aun tengo que ordenar mis propios papeles, pero te presto a Al, hoy no tenemos muchos cuerpos – Dijo ella y dejo mas papeles sobre el escritorio.

--¿En serio?, porque él me dijo que tenían mucho trabajo.- Contesto Jessica mirando con enfado a Alphonse.

-No tenemos nada, así que puedes quedártelo.- Le dijo ella con una sonrisa victoriosa, dejando a Alphonse con una cara de muy poco ánimo.

-Oh, valla, muchas gracias Samantha.- Agradeció Jessica con la misma sonrisa de Samantha y mirando a Al.

-Si, muchas gracias Samantha.- Agradeció Al, con bastante ironía y enfado, al ver la traición de Samantha.

-De nada.- Dijo Samantha indiferente y riendo, luego salio del lugar.

Luego de que Samantha se fuese, Jessica ordeno a Al, que le fuese entregando los papeles y comenzó a firmar.

En aquel mes, Jessica había recibido la llamada de Alexander con un mínimo de siete veces, tres de ellas, volviendo a liberar a Wibber, las otras, a asesinos, socios de él. Ella no quería llamar a Riza, puesto que, aunque era bastante buena, prefería mantenerla alejada, pues se había enterado de los planes de su padre y los de Roy. Se llevaba bien con Al y aun se intentaba de olvidar de la idea del amor, pues su pasado se le devolvía a la mente.

Al terminar de firmar, ya habían pasado dos horas y Al, había tenido razón, Jessica le enseño su firma, teniendo él, que firmar poco menos de la mitad de los papeles por ella, quien se canso a los quince minutos, pero debió seguir, pues si no, Al no pensaba ayudarla. Terminaron cansados, pues no era poca la cantidad de papeles e intentaron descansar un poco.

-¡Me duele todo!- Grito Jessica mientras firmaba el ultimo papel y se tiraba sobre su escritorio.

-No seas exagerada, solo utilizaste la mano.- Le dijo Al un poco enfadado y termino recibiendo una fea mirada de parte de Jessica.

-Para tu información, esta silla es muy incomoda.- Se defendió ella.

-Si, y también el estar parado.- Le alego él, pues todo el rato debió estar parado.

-Tu eres hombre, resistes.- Le dijo sonriente, mientras miraba hacia otro lado.

-Y tu tendrás hijos, debes prepararte.- Le alego él y la saco de la silla, lanzándola al suelo.

-¿Sabias que soy tu jefa y me debes respeto?- Le pregunto Jessica desde el suelo bastante impresionada.

--Si, como digas.- Respondió sin tomarle importancia ocasionando un enojo en Jessica, quien al darse cuenta de aquello, se levanto, y, lo tiro de la silla.

-¿Por qué hiciste eso?- Le pregunto Al, esta vez, en el suelo.

-¡Tu comenzaste!-Le grito ella.

-¡Vas a pagármelas!- Le dijo con una amenazante sonrisa.

-¿A si?, ¡Eso quiero verlo!- Le dijo con una mirada desafiante y Al, se le acerco, sin pudor alguno, seguido por la curiosa mirada de Jessica, y, rápidamente, comenzó a hacerle cosquillas a Jessica, quien reía con ganas y le rogaba se detuviese.- ¡Al, detente!...¡Ya para!... ¡Me voy a caer Al, por favor, para!- Le rogaba ella, sin embargo, él no oía ni hacia caso a las suplicas, pero debió oírlas, pues ella estaba al borde de la silla y, al moverse un poco, ambos, Al y Jessica, cayeron irremediablemente al suelo con silla y todo.

A Jessica no le dolió la caída, es mas, aun reía, sin embargo, dejo de hacerlo al ver la preocupada cara de Al.

-¡Jessica, Jessica, ¿estas bien?!- Grito él, sobre ella, desesperado para saber el estado de su jefa.

-Ah…si…-Respondió ella, con cierta indiferencia, pues Jessica se perdía en los ojos del chico.

-¿Estas…segura?- Le pregunto Al extrañado por la mirada de ella.

-Pues…yo…- Comenzó a contestar ella, aun sin salir de su trance.-am… ¡Quítate de encima!- Le ordeno con cierto nerviosismo al, salir por fin de su hechizo.

-Lo siento.- Se disculpo él con el mismo nerviosismo, y se levanto, y se quedo mirando a Jessica en el suelo, quien lo veía con cierto enfado, pero no logro aguantar mucho, pues, aunque Al, por fuera, estuviese avergonzado, por dentro, moría de risa, cosa que salio muy pronto a la luz y contagio a Jessica.

-¡Eres un tonto!- Le grito ella aun riendo y él se acerco para ayudarla a levantarse.

-Y tu una floja.- Alego él mientras la levantaba.

-¿Y eso que tiene que ver?- Le pregunto ella extrañada mientras levantaba su silla.

-No lo se, pero tenia que responder.- Le contesto Al de forma inocente.

-¿Ves que eres tonto?- Le dijo ella queriéndolo molestar.

-Si, tal vez un poco.- Le respondió indiferente.

-¿Cómo que un poco?, ¡Si no dices que lo eres no me dejare de molestar!-

-Bien, soy un tonto.- Respondió con la misma indiferencia.

-¡Pero si no das pelea no es divertido!- Alego Jessica con enfado.

-¿¡Quien te entiende!?- Pregunto Al ya hartado de la chica.

-Se suponía que tu.- Le contesto ella con el mismo enfado.

-Pero me dices una cosa, luego otra, ¡Me pregunto si eres así siempre o solo en el trabajo!-

-Sabes que siempre soy así.- Le respondió ella.

-Si, olvidaba que siempre te comportas como una niña.- Susurro él, confiado en que ella no oía.

-¡No siempre soy una niña!, solo cuando me aburro…- Se defendió apenada.

-¿Cuándo no estas aburrida?- Le pregunto Al mirándola de reojo.

-Pues… ¡Sigues siendo un tonto!- Reitero Jessica al no saber que contestar.

-¿Lo vez? ¡Siempre eres una niña!- Le dijo él victorioso.

-¡QUE NO! Y te lo demostrare- Respondió segura.

-¿A si?, ¿Y como?- Interrogo Al riendo.

-Nos iremos juntos después del trabajo.- Respondió ella mientras se acercaba a su escritorio y sacaba la mitad de los papeles.

-Espera, ¿Me estas proponiendo una cita?- Le pregunto Al bastante extrañado mientras ella se acercaba tranquilamente a la puerta con los papeles.

-Tómalo como quieras.- Le respondió sonriente y luego, alío como si nada del lugar, dejando a Al muy confundido dentro de la oficina.

Jessica salio sonriente de su oficina, con los papeles en mano, camino hacia su destino, entre mucha gente con la cual trabajaba, pero, a mitad del camino, se detuvo, al darse cuenta de lo que acababa de hacer.

-Yo…invite…a Al a…salir…- Susurro para ella con gran pesar, sabiendo lo que aquello podía significar tanto para ella como para el joven. Resignada, continuo caminando mientras se reclamaba en su mente.- ¿Qué parte de "Olvídate de Al" no logro comprender…?


En una obscura carretera, casi en la salida de Londres, podía divisarse un auto color plata, que viajaba a una gran velocidad, dentro del auto, iba un hombre, de cabello negro y corto, ojos verdes, divisables a través de lentes, de mirada triste y decidida. El auto siguió avanzando, hasta llegar a su destino, una casa bastante grande, muchas veces antes visitada, sin embargo, esta vez, era por razones mucho mas diferentes…

El hombre, camino hacia la puerta, color marrón claro y alumbrada por dos pequeños faroles a la entrada, con cierta duda, dio tres golpes a la puerta, y, luego de unos segundos, esta se abrió, dejando ver la figura, tan conocida, de un hombre de cabello negro ya desteñido y un porte promedio.

-¡Maes!, ¡que gusto verte!- Dijo con fingida alegría que no fue notada a los ojos del hombre en frente suyo.

-Para mi también es un gusto verle, Alexander.- Comunico su respuesta, improvisada, una mentira.

-Si buscas a Roy, lamento decirte que no se encuentra conmigo.- Se apresuro a comunicar.

-No lo busco a él, vine a verle a usted, Alexander.- Comunico Maes, de forma decidida.

-¿A mi?, ¿Por qué me buscarías a mi?- Pregunto Alexander, simulando desentendimiento, cosa que sabia hacer perfectamente.

-Lo se todo…- Dijo Maes con decisión, sin miedo alguno, provocando una carcajada de parte de Alexander.

-¿Qué es lo que sabes Maes?- Pregunto el hombre aun riendo.

-Se que eres un asesino…- Comento Maes, de manera cortante y muy seria, provocando una gran impresión en Alexander.

-No se de que me hablas.- Contesto él, ya, con la misma seriedad que Maes.

-Matrimonios, Hawkeye y Rockbell, cinco policías el año pasado, tu esposa, Ibe Caine, son aquellos los mas importantes, ¿deseas que siga?- Le pregunto Maes, de manera desafiante y Alexander le miro con rencor.

-Si deseas chantajearme…- Comenzó a decir Alexander en un tono de amenaza antes de ser interrumpido por Maes.

-No vengo a chantajearte, pues se que estaría dándome mi sentencia de muerte.-Le interrumpió nuevamente de manera cortante y con decisión en su mirada.- Vengo a… ofrecerte mis servicios…- Termino con pesar.

-¿Qué?, por favor…- Rió irónico.- ¿De que podrías servirme tu?- Pregunto con la misma ironía.

-De mucho…- Respondió rápidamente y con la misma seguridad, llamando la atención de del hombre.- Puedo ser quien te informe de cada uno de los pasos de Roy con gran lujo de detalles…- Le confirmo sin temor a represalias.

-¿Serias capaz de traicionar a Roy por nada?- Le preguntó Alexander de forma seria e intimidante.

-No es por nada, en cualquier otras circunstancia dejaría todo igual, sin embargo, mi familia esta primero, incluso antes que mi amistad con Roy y, si para el bienestar de mis seres queridos, debo traicionar a mi amigo, lo haré, sin siquiera pensarlo dos veces.- Le comunico con pesar y seguridad, y Alexander sonrió.

-Bien, entonces, te daré 750 euros (528.000 chileno aproximadamente.), cada vez que me traigas buena información…- Le comunico con un aire de grandeza y una mirada llena de rencor, como la de un enemigo que ya planea la caída del otro.- Dime lo que sabes hasta ahora y podrás irte…- Luego de estas palabras, ambos entraron a la gran casa…

Luego de dos horas, se pudo divisar la salida de Maes, seguida desde la ventana, por la mirada desconfiada y complacida de Alexander. Hughes, sin dar vuelta a tras, subió a su auto y se fue en dirección a su casa, recordando lo que Alexander le advirtió al entregarle el dinero…

"Por lo visto ahora, el gasto de este dinero vale la pena, sin embargo, si llego a saber de una traición de tu parte, serás tu quien pague las consecuencias, y estas, afectaran a tu familia, que tanto quieres. Tu bien sabes, por lo visto, que asesine a mi mujer, solo por querer dejarme, imagina lo que te haré a ti por una traición…"

Con aquellas palabras en su cabeza, Maes llego a casa, era tarde, y, al entrar, se encontró con Gracia, que lo miro con enfado, él, corrió a abrazarla, dejando atónita a la mujer, quien solo correspondió al abrazo y logro oír el susurro de él en su oído:

"No te preocupes, nuestros problemas están solucionados…"