Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y a la Saga Crepúsculo, sólo me adjudico la historia y algunos personajes.
Este fic está participando el Reto Anual "Te proponemos un longfic" del foro "Sol de Medianoche"
Nro de palabras: 2,728
Capítulo 10: Tenemos una luz en camino
.
BELLA'S POV
Me siento asustada, verdaderamente asustada. No sé cómo voy a manejar una situación así. Yo no estoy lista para ser madre. No estoy en la edad correcta, mucho menos en la situación adecuada.
Mis padres me van a matar. Sam va a dejarme, lo sé.
¿Quién a sus jodidos 16 años se embaraza? Ah sí, yo.
Me envalentono, me levanto del excusado y me lavo la cara y las manos, refrescándome.
Tengo que hablar con Sam.
Guardo el aparatito dueño de las dos rayitas y regreso a la mesa con mis papás.
—¿Te sientes bien, Isabella? Estás muy pálida —cuestiona mi madre, una vez me siento.
Estamos en un restaurant lo suficientemente costoso como para que Sam no pudiera asistir por no tener la vestimenta necesaria. Y como siempre, mis padres escogen este tipo de lugares para que él no venga, aunque alegan ser sus favoritos. Lo dudo. Cada vez que venimos, gastan una cuarta parte de su fortuna y no creo que eso les agrade tanto como aparentan.
Sólo es su afán por marcar territorio y demostrarle a Sam que ellos son quienes manejan mi vida.
Pues… Como que muy bien no les salió. Porque dentro de mí, al parecer, está creciendo una personita que es parte de Sam y mía. Y aunque estoy aterrorizada, no juzgo conveniente desprenderme de él o ella.
Sonrío inconscientemente al imaginar a un pequeño de piel morena y ojos marrones, idéntico a Sam.
—¿Isabella? ¿Qué es lo que te causa gracia? No quiero enterarme de que estás practicando esos viejos hábitos tuyos…
Suspiro y me llevo un poco de ensalada a la boca.
Ya quisieras que fuera mi bulimia o anorexia dándome una mala jugada, madre. Pienso.
—Estoy bien. —Doy otro bocado—. Estoy alimentándome, ¿lo ves?
Mi padre carraspea y asiente, mandándole una señal a mi nana.
Nana Mary me ojea las muñecas y las piernas con discreción y le regresa la mirada a mi padre.
—Todo OK, señor Swan.
Ruedo los ojos hacia la comida.
Siempre desconfiando de mi palabra.
—Quiero que vayas al gimnasio con tu madre y si no te importa, al médico a chequearte —sentencia Charlie, mientras se bebe de un trago el whisky.
Isabella, qué malos hábitos tienes. ¡Tonterías! Mi padre no para de emborracharse a escondidas y mi madre, es harina de otro costal. Ella y sus acompañantes masculinos sabrán qué malos hábitos practican.
—¿Al médico? —repito, nerviosa.
Mierda, no. Sería destapar la olla muy pronto.
Mi madre me mira entrecerrando los ojos y mi padre gruñe, pero no responden nada, sólo estoy para acatar órdenes.
—Niña, guarde silencio y haga caso —me susurra mi Nana.
Asiento casi imperceptiblemente y me tomo la sopa sin decir una palabra más.
Al llegar a la casa, le mando un mensaje a Sam.
*Tienes que venir.
Bella*
Ni de coña le doy una noticia así mediante mensajes de texto. Eso le daría facilidad para huir. Necesito contarle ahora mismo personalmente.
A pesar de que no me responde, sé que va a venir. Él siempre viene.
Por la noche, devuelvo todo lo que he merendado. Es tan frustrante.
—Mi niña, ¡por dios! ¡Levántese! Su madre está por llegar —exclama Nana y me coge de los brazos, sentándome en el inodoro—. ¿Qué no sabes que si sigues vomitando la comida, van a meterte al psiquiátrico?
Empalidezco y tiemblo, ¿mis padres serían capaces de algo así? Niego lentamente, con lágrimas en los ojos.
—Sólo es un dolor estomacal, Nana Mary. No quise devolver —me excuso, y es verdad, por primera vez no me he provocado el vómito.
Cuando subí a mi cuarto a darme una ducha, sentí unas desagradables arcadas que sin controlarlo, me hicieron vomitar. Han de ser síntomas del embarazo, pero no quiero contárselo a Nana antes que a Sam.
Nana entrecierra los ojos hacia mí, meditando mi respuesta.
—¿Quiere algún analgésico? —me pregunta con dulzura, sobando mi cabeza—. Bella, tiene temperatura. —Asombrada, me pone de pie y me hace meterme a la cama.
Minutos después regresa con un jarabe y unas compresas congeladas, colocando éstas en mi cabeza.
—Debemos decirle a su madre, señorita —susurra preocupada.
Sobresaltada me siento en la cama, dejando caer las compresas y parte del jarabe.
—Por favor no digas nada, Nana Mary —suplico.
—Pero, niña, ¿y si tienes alguna enfermedad de esas malas?
Exhalo todo el aire contenido y sollozo, tumbándome nuevamente.
—Estoy embarazada —farfullo, casi sin aire.
Nana se lleva la mano a la boca, más asombrada que antes. Y me abraza con rapidez.
—Niña, no puede ser —murmura, negando con la cabeza, incluso tiene los ojos vidriosos—. No me diga que del joven Sam.
Levanto la cabeza y la miro, asintiendo.
Nana se levanta de golpe y comienza a caminar por toda la recámara, nerviosa.
—Tenemos que hacer algo, mi niña. Sus papás no deben enterarse de esto —advierte, rascándose la cabeza.
—¿No deben enterarse de qué? —dice Sam desde la entrada de mi cuarto—. Toc-Toc.
Me regala una hermosa sonrisa pero al ver el estado en el que estoy, corre hacia mí y me coge de los hombros, revisándome.
—¿Te han dado una paliza de nuevo tus padres? ¡Dímelo y nos largamos de aquí ahora mismo, Isa!
Nana bufa.
—Los dejaré solos para que conversen, quiero que te marches por la ventana en cuanto los padres de la señorita lleguen —ordena Nana—. Una paliza sería menos complicada que todo esto —dice entre dientes antes de salir.
Sam me observa preocupado, ignorando todo lo que Nana ha dicho. Cree que ella es malvada, pero la realidad es que me quiere y me cuida mucho. La razón por la que desaprueba a Sam es porque siempre que me veo con él, me meto en problemas con mis padres y mi madre escoge el mejor castigo: golpearme.
—¿Quién te dejó entrar esta vez? —cuestiono, para aligerar la tensión del ambiente.
Sam me da una sonrisa sin despegar los labios.
—Ah, ha sido tío Garrett. —Se encoge de hombros y me atrae hacia su pecho—. Sea lo que sea, quiero que me lo digas ahora mismo.
Cojo aire y me aferro a él, cerrando con dureza los ojos. Esperando lo peor.
—Tenemos una luz en camino.
Sam me levanta la cara, mirándome con curiosidad.
—Una luz, Sam. Un hijo o hija —confieso, mordiéndome el labio inferior.
Observo cada reacción de su rostro y me sorprende, cuando de estar confundido, pasa a estar serio y luego sonríe abiertamente con alivio.
—¡Joder, Bella! Creí que ibas a terminar conmigo —exclama, tomándome por las mejillas y plantando un beso en mis labios.
Me río de sus palabras.
—Como si fuera posible un nosotros siendo sólo un "Tú" y un "Yo".
—No sé qué quieres decir, pero supongo que no podemos estar separados —dice, bromeando.
Sonrío y lo abrazo fuertemente.
—¿Qué vamos a hacer?
Sam suspira y me rodea la cintura.
—Ahora que luz viene en camino, tendré que trabajar un poco más y tú, señorita, —me pincha la nariz— debes seguir estudiando. ¿Vale?
Mucho más relajada, pongo una película y me acuesto en mi lugar favorito, el pecho de Sam, para mirarla. No me imagino lejos de este chico que no ha hecho más que hacerme feliz.
Cuando se marcha, nos damos un largo beso, prometiendo vernos mañana en el parque.
En mi diario, queda plasmada la felicidad que siento en este día y los muchos otros que he vivido con Sam.
—No puedo creer que me llamaran luz —bromea Jake, una vez que cierra mi viejo diario.
—Eso eres para nosotros —murmuro, con la vista empañada.
Jake se ríe de mí. Y Sam rueda los ojos.
—No me imagino un mundo sin Sam en él. —Lee Jacob en voz alta, tratando de imitar mi voz.
Le doy un golpecito en la cabeza y Sam se sonroja un poco, pero se carcajea bajito.
—No me parece justo que luego de tanto luchar, terminaran separándose —razona, ahora más serio.
Me encojo en mi asiento, sintiéndome muy pequeña. Sé en qué sentido habla ahora mi hijo y sí, el motivo de la separación fui yo. Pero al menos fui sincera con Sam en vez de estar por allí con otros, justo como hacía mi madre.
Sam pone una mano en mi hombro y yo la quito, corriendo a mi habitación.
Me tumbo en la cama, y gruesas lágrimas corren por mi rostro.
Nunca lograré ser perdonada, cada vez que damos un paso hacia adelante, retrocedemos dos.
Reviso mi móvil y el mensaje de Edward sigue allí.
Me había resignado a él por completo, sólo para mantener sanas las cosas con Jake. Pero en vista de que no va a mejorar, decido salir a tomar unos tragos y quizá, sólo quizá, pasaré a buscar a Edward.
En el pasillo de entrada me consigo a Sam, quien me mira con tristeza.
—Ten paciencia, no es fácil para él —me dice, rodeándome en un abrazo.
—Siento que no puedo más —susurro, contra su pecho.
Sam me levanta la cabeza y con lentitud se acerca a mis labios, como solía hacer hace años. Me dejo llevar y espero a que me bese, pero sólo alcanza a rozarme un poco y aprieta los ojos, haciendo una mueca de dolor.
—No —dice—. Yo también dejé de quererte.
—Sam…
Me suelta y suspira.
—¿Vas a salir? Espero que vuelvas para la cena, traeré a Leah y Jake traerá a una chica, quizás…
Asiento y abro la puerta para salir casi corriendo, de nuevo.
No lo entiendo. ¡Yo no fui la que intentó besarlo! Vale, no lo detuve pero ¿y qué? Ya no somos unos jodidos adolescentes. El hecho de que ya no lo ame de la manera que lo hacía antes, no quiere decir que no pueda dejarme llevar un poco por los recuerdos.
Creo que lo mejor será mudarme de esta casa, al fin y al cabo, ya tengo mi propio lugar aquí. No he hecho más que traer problemas a Sam y a Jake.
Siempre huyendo de tus problemas. Recuerdo la voz de mi madre.
Y sí, pero al menos no fui tan cobarde como para dejar a mi hija en la calle sólo por estar embarazada.
Jake siempre ha sido mi luz y siempre lo será. No quiero seguir sin él. Pero creo que un poco de espacio nos vendrá bien a ambos. Sanar lleva su tiempo y reconstruir la confianza, más aún. Y mientras más cómodos estemos, será más llevadera la situación.
Para mi sorpresa, me encuentro a Edward totalmente borracho en uno de mis bares favoritos. Así, sin necesidad de buscarlo, lo veo. Lo subo al coche y en cuestión de minutos, y de rechistarle lo suficiente, lo ayudo a tumbarse en la cama de mi casa.
No pensaba venirme así tan pronto, pero ya que se han dado las condiciones.
Dejo un mensaje para Jake, diciéndole que no llegaré a cenar, importándome poco si Sam se enoja. Estoy segura de que será él quien se enoje, y no Jake.
No quiero meter a Edward a este mundo de mierda que llevo. Quiero que sea un muchacho feliz, pero no puedo evitarlo, me siento gravemente atraída hacia él.
Susurro un "Lo siento", antes de que termine por dormirse en mi pecho.
Paso un largo rato acariciando su cabellera hasta que caigo dormida también.
La luz del sol me despierta y me siento más tranquila por alguna razón. Sonrío al ver a Edward desparramado en mi cama, sus piernas están enredadas con las mías y sus brazos me tienen apegada a él con posesión.
Me remuevo un poco y él gruñe, haciendo más fuerte su agarre.
—No intentes escapar —dice con voz ronca.
Me río bajito y paso mi mano por su cabellera, dejando un beso en su cabeza.
Bostezo inaudiblemente y cierro los ojos de nuevo, suspirando. Estoy muy cansada como para quejarme y aunque no es una posición cómoda, decido aprovechar el momento junto a él.
Poco me dura el momento cuando él, juguetonamente nos levanta y apegándome a su cuerpo, me planta un beso en los labios, dejándome en shock.
Y en shock porque el gesto no me hizo sentir incómoda. Al contrario, hizo que mi corazón bombeara con rapidez, como si fuera una adolescente hormonal.
Dicen que si te juntas con niños…
Sacudo la cabeza y me centro en el momento.
—Buenos días —musita, sonriente y me suelta, dirigiéndose al baño.
—Buen día —susurro, embobada con su figura atlética y fornida, hasta que desaparece por la puerta del baño.
Suspiro con pesadez. No sé qué hacer con estos sentimientos que se han adueñado de mí.
Voy al lavabo y me doy una rápida ducha, que me hace sentir como nueva.
Me coloco un short de mezclilla y una blusa holgada, decido quedarme descalza porque amo el piso cuando está tan frío como hoy.
No hay rastros de Edward por la casa. ¿Se habrá ido?
Un poco desilusionada, me dispongo a preparar el desayuno. Cuando unos fuertes brazos me rodean y unos dulces labios dejan un caliente beso en mi cuello.
Mi piel se eriza y me volteo a verlo.
Sigue sin vestirse, pero se le nota más fresco. Como a mí. Se habrá dado un baño o algo. Huele a mis lociones, pero conserva también ese olor masculino característico suyo. Me embriaga.
—¿Qué estamos haciendo? —susurra en mi oído, acariciándome con sus labios la oreja.
Respiro profundo y me doy la vuelta, dejando de prestarle atención a los waffles.
Lo miro a los ojos y en ellos hay mucho deseo, sé que él puede ver lo mismo en los míos.
Sin meditarlo más, me abalanzo sobre él y atrapo sus labios en un beso salvaje. Edward me coge de las piernas y hace que las envuelva alrededor de su cintura. Seguido de esto, me pega sobre la pared más cercana y su lengua invade mi boca, duro, con necesidad.
Con rapidez, me deshago de mi short y ropa interior y él hace lo propio con su bóxer. De inmediato, nos unimos con desespero y al unísono, gemimos al sentirnos piel contra piel.
Me embiste con dureza y yo gimo en su oído, pasando mi lengua por su cuello, aferrándome a sus desnudos hombros. Mientras él gruñe, manteniéndome bien pegada a él con sus manos en mi cintura.
A pesar de estar en un alto nivel de excitación, puedo sentir nuestros corazones latiendo desbocados y es una sensación que me encanta.
Lo agarro de las mejillas y lo beso, disfrutándolo por completo, ahogando nuestros gemidos y finalmente, llegando a un espectacular clímax.
Con las piernas temblando, me bajo de él y me recuesto sobre el sillón de la sala, exhausta. Edward viene hacia mí con timidez y se acuesta a mi lado.
—¿Te he hecho daño, cierto? —pregunta, acariciando mi cabello.
Niego con una sonrisa en mi rostro.
—Estuviste perfecto —le digo, depositando un beso en su mano.
El olor a quemado nos saca de la ensoñación y sin importarme que estoy desnuda de la cadera para abajo, corro a apagar la cocina, demasiado tarde. Los waffles no tienen remedio.
Edward se ríe y decide ordenar una pizza.
¿De desayuno, en serio?
Este día apenas comienza, y no tengo ninguna intención de alejarme de él. Así tenga que amarrarlo a mi cama.
Mala idea no sería.
Me aseguro de apagar mi móvil.
—No puedo apagar el mío porque Alice y Jasper están de viaje —murmura, apenado.
Chasqueo la lengua.
—No te preocupes. Eso sólo me da más facilidad para tenerte más tiempo aquí. —Me regala una sonrisa lasciva y yo me tumbo sobre él.
Beso su pecho, su abdomen y la línea del pubis.
Levanto la mirada y él tiene los ojos brillosos, expectante.
Paso mi lengua por su camino feliz y alcanzo con mi mano su miembro.
Él cierra los ojos y gime bajito.
Subo y bajo mi mano, apretando sólo un poco, y acerco mi boca a su glande. Él me coge del pelo y se hunde más en mi boca, gustosa lo acepto y comienzo a lamer y a acariciar, con algo de salvajismo quizás.
A lo lejos escucho el timbre sonar.
Aumento el ritmo y lo chupo más duro, haciéndole llegar con rapidez.
Edward se retuerce en su sitio y cuando se recupera, me acerca a su pecho y me besa.
—Iré por la pizza.
N/A: No tengo mucho que decir, estoy apenadísima. Como muchos ya saben, estoy viendo clases de lunes a lunes por lo que tengo tareas y estudio, de lunes a lunes. La escuela de paramédicos sábados y domingos todo el día. Y el colegio (haciendo los trabajos finales de graduación) de lunes a jueves. Me quedan los viernes y es para estudiar también. Así que, no me maten. Sin embargo, esta historia va a tener su fin. Le calculo unos 5 capítulos más y adiós. A lo sumo, 7. Espero que les esté gustando, y me comenten (aunque no me lo merezco) qué les parece, qué dudas tienen.
YO quiero que Edward se case con Bella, no sé. Y que Sam sea su amante (?.
Ok no.
Lo que sea, comenteeeen.
¡GRACIAS POR SUS FAVS, REVIEWS, SEGUIR AQUÍ!
Nos vemos prontito, lo sé.
A x.
