CAPÍTULO 10: Huyendo de la realidad
Sabía quién era. Sabía a quién encontraría allí en cuanto se diese la vuelta. Pero no quería hacerlo, quería entrar en el despacho e ignorar que él estaba en el pasillo, de vuelta, buscándola a ella. Estaba paralizada, inmóvil. Ni se giraba ni avanzaba. Era como si su cuerpo se hubiese quedado helado y temiese romperse en cuanto se moviese. Entonces, en medio de tanto frío y confusión, sintió cómo unas manos la rodeaban por la cintura y unos labios susurraban en su oído.
- Elena… estoy aquí amor – le dijo Stefan al oído. Pero ella no contestaba, no reaccionaba y eso le extrañó a él.
- No – pudo decir ella en un susurro… totalmente aturdida.
- ¿No?
- No me llames amor – le dijo mientras se deshacía de su abrazo y se daba la vuelta para mirarle – Y no te atrevas a tocarme.
- ¿Elena? – preguntó él confuso - ¿Qué te pasa?
- ¿En serio? ¿Preguntas qué me pasa?
- ¿No te alegras de verme?
- No. Ojalá y no hubieses vuelto Stefan.
- Vale, no entiendo nada Elena.
- ¿No lo entiendes? Pues haber llamado para al menos preguntar qué tal estaba… un simple mail hubiese bastado – le decía ella con rabia, subiendo el tono de voz. Y no pensaba contenerse. Odiaba a la persona que tenía delante de ella. Una vez pensó en cómo reaccionaría cuando Stefan volviese de Las Vegas, si al verle se le caerían los muros que había construido contra él y le perdonaría sin más. Pero tenerle en frente no hacía más que provocarle odio y querer poner distancia entre los dos. Y cuando la había tocado… asco era la palabra que rondaba su cabeza. Tenía muy claro que ya no le quería. En absoluto.
- Elena… déjame que te explique – le pedía él acercándose a ella, pero Elena retrocedió.
- No Stefan, no quiero escuchar nada. Más de un mes he estado intentando localizarte y tú habías desaparecido del mapa. No te has preocupado por nada ni por nadie. No te has preocupado por mí cuando yo estaba muerta de la preocupación por si te había pasado algo. Pero cuando Ric me dijo que hablaba contigo a diario por mail, supe que esto se había acabado. Has salido de mi vida y has salido de mi corazón.
- Elena… - decía Stefan con los ojos muy abiertos.
- ¡He dicho que no quiero escucharte!
Y con las mismas volvió a coger el pomo de la puerta y la abrió, entrando como un torbellino al despacho de Damon y cerrando la puerta tras de sí, buscando rápidamente a ver si había algún pestillo.
- ¿Elena? – preguntó Damon a su espalda - ¿Qué pasa?
- ¡Cierra! Por favor, cierra la puerta con llave – decía ella nerviosa.
- Si – le dijo él adelantándose, sacando las llaves de su bolsillo y cerrando la puerta. Se giró de nuevo para mirarla y las lágrimas de Elena cayendo pos sus mejillas lo desmontaron. Sabía lo que había pasado, había oído a Elena gritar en el pasillo y por lo que decía, sabía que Stefan estaba allí – Hey…
- Damon… - le decía ella llorando.
Entonces él, sin pensarlo dos veces, se acercó y la abrazó. Elena se agarró a su camisa y hundió su cara en su pecho, llorando sin parar. Sintió cómo alguien llamaba a la puerta y gritaba el nombre de Elena. Giró la cara y Elena puso sus manos sobre las mejillas de Damon para que la mirase.
- No, no abras.
- ¿Qué pasa Elena? ¿Es él?
- Si. No quiero verlo. Por favor.
- Tranquila. Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites.
- Gracias.
Elena se sentó en el sillón que estaba a un lateral del despacho, mirando fijamente la puerta mientras escuchaba cómo Stefan la llamaba desde el otro lado. Damon, sin saber bien que hacer, cogió su teléfono y envió un mensaje rápido.
Alaric estaba en su despacho con Jenna cuando su móvil le avisó que tenía un mensaje.
"Stefan ha vuelto y Elena no está bien. Estoy con ella en mi despacho y él intenta entrar, ayúdame. D"
Alaric saltó de la silla como un resorte y salió disparado disculpándose con Jenna, la que se quedó alucinando con la reacción de su novio. Ella no sabía que ponía en aquel mensaje, por lo que le siguió por si había algún problema.
Damon se sentó junto a Elena en el sofá, pero ella parecía estar totalmente ausente. Puso una mano sobre su pierna para llamar su atención y ella se volvió a mirarle, con los ojos vidriosos y luchando contra las lágrimas que amenazaban con salir de nuevo.
- ¿Estás mejor? – preguntó él, a lo que ella negó con una gesto de su cabeza – Elena… lo siento, pero lo he escuchado todo. Y déjame decirte que hiciste bien.
- ¿Por qué?
- Porque no se merece ni que lo escuches – decía mientras pensaba que estaba hablando así de su propio primo.
- Lo sé. No pienso hacerlo.
- Pero…
- ¿Pero?
- Sabes que tienes que hablar con él. Tranquila – le dijo dándole un leve apretón en la pierna – no me refiero a ahora mismo, pero debes dejarle clara tu postura y por qué le dejas.
- Pero es que no creo que se merezca ningún tipo de explicación, Damon.
- Lo sé… pero fuiste tú la que me dijo que necesitaba hablar con él.
- Ya… yo y mi maldita bocaza – dijo ella a lo que Damon sonrió, provocando que, al verlo, Elena no pudiese evitar reír también.
- Eso es… así es como me gusta verte – le dijo él acariciando su mejilla, provocando un revoloteo en el estómago de Elena.
- Damon… - contestó mientras se apoyaba contra su mano cerrando los ojos – te he echado de menos.
- Y yo a ti pequeña – le dijo limpiando con su pulgar las lágrimas que caían por su mejilla.
- Por favor, dime que vas a estar conmigo Damon. No quiero que volvamos a estar mal.
- Elena…
- Damon, por favor. Te necesito ahora más que nunca. Pensé que volver a verle sería más fácil, pero ha sido horrible…
- No te preocupes. No voy a dejarte sola – le dijo sincero mirándola a los ojos.
Ambos se perdieron el uno en el otro por unos segundos, pero el móvil de Damon los sacó de su ensimismamiento cuando un mensaje le llegó.
"He sacado a Stefan de la revista. Llévate a Elena de ahí cuanto antes. No te preocupes por la sesión, hablaré con el resto y me inventaré algo. Cuida de ella. A"
Damon respiró aliviado y soltó todo el aire que estaba reteniendo en sus pulmones. No se había dado cuenta, pero estaba conteniendo la respiración.
Elena lo miraba curiosa, atenta a la expresión de su cara, entre asustada y aliviada.
- Damon, ¿qué pasa?
- Nos vamos – le dijo poniéndose de pie y caminando a su escritorio para recoger las cosas.
- ¿Nos vamos? ¿A dónde?
- A casa. Voy a sacarte de aquí.
- Espera – le dice ella poniéndose de pie y avanzando hasta él - ¿qué era ese mensaje?
- No es nada – le decía sin mirarla a los ojos.
- Damon… no me mientas.
- Está bien – le dijo tras una pausa – Era Alaric. Se ha llevado a Stefan y me ha dicho que salgamos de aquí.
- ¿Alaric? ¿Por qué?
- Le mandé un mensaje pidiéndole ayuda – le dice mientras ve la cara de asombro de Elena – Lo siento, pero no sabía qué hacer.
- Está bien… tranquilo. Pero, ¿Alaric lo sabe?
- ¿El qué?
- Pues… lo que ha pasado en realidad… entre nosotros.
- Más o menos.
- ¿Se lo has contado? – preguntó con sorpresa.
- Parte… tranquila, no todo. Pero me ha estado ayudando Elena. Confío en él.
- Claro… lo entiendo – dijo pensativa – Pero no sé con qué cara lo voy a mirar ahora. Qué vergüenza.
- No te preocupes. Ric no me juzga… y a ti tampoco.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque lo conozco… y porque es mi amigo – le dijo mientras ella lo miraba pensativa – Bueno, será mejor que nos vayamos cuanto antes.
- Si. Tengo que recoger mi ropa del camerino Damon – le dijo ella recordando que aún llevaba el vestido y los zapatos de la sesión de fotos.
- Pero no te cambies. Ric no me ha dicho cuanto tiempo lo tendría fuera, pero me ha pedido que te sacase de aquí cuanto antes.
- Claro. Me cambio en casa. Vamos.
Ambos salieron de la revista con toda la rapidez que pudieron. Elena aún estaba un poco aturdida por todos los acontecimientos y le pidió a Damon que la llevase en su coche para dejar el suyo en el garaje del edificio. No estaba para conducir.
Llegaron al edificio de Elena y Damon subió con ella. Le había prometido que no la iba a dejar sola nunca más y sabía que, por mucho que ella mostrase su fachada de chica fuerte, no se encontraba bien. Nada más entrar, Damon se quitó su chaqueta y la dejó sobre una silla para ir a sentarse en el sofá.
- Damon, yo voy a cambiarme – le dijo mientras giraba hacia el pasillo.
- Claro.
Damon se llevó las manos a la cabeza. Ahí estaba otra vez, con ella, en su casa, metiéndose en la boca del lobo, donde se había prometido a sí mismo que no volvería. Pero una promesa a Elena vale mil veces más que una hacia él mismo. Y en verdad ahí era donde quería estar. Pero tampoco podía evitar pensar en Stefan, su primo Stefan, al cual no había visto y al que deseaba no ver, porque pensar en tenerle delante hacía que creciesen sus ganas de cruzarle la cara con un puñetazo.
- Damon – la voz de Elena lo sacó de sus pensamientos y levantó la vista para verla frente a él, aún con el vestido de la sesión puesto – Necesito que me ayudes.
- ¿Qué pasa? – le dijo él levantándose como un resorte, preocupado por que se sintiese mal.
- Tranquilo, estoy bien – lo tranquilizó - Es sólo que Bonnie puso unos enganches en la espalda del vestido para ajustarlo mejor y no puedo quitármelos yo sola.
- Oh. Está bien, déjame – le pidió haciendo un gesto con la mano para que se girase.
Elena le dio la espalda a Damon y este llevó sus temblorosas manos hacia la espalda de Elena, totalmente nervioso. Cogió su pelo, que caía lacio sobre el vestido, y con cuidado lo dejó sobre un hombro de ella, provocando escalofríos en Elena con el roce de sus manos. Comenzó con el primer broche, dejando un trozo de la piel del cuello de ella al descubierto. Siguió con otro. Y después otro. Así hasta que el vestido estuvo totalmente desabrochado y la brillante piel de la espalda de Elena quedaba ante sus ojos, invitándolo a tocarla, a acariciarla. Pero detuvo su mano alzada antes de llegar a su piel, antes de poder sentirla. El recuerdo de Stefan y del por qué ahora mismo él estaba ahí con ella le hicieron detenerse.
Elena, por su parte, notaba cómo su espalda estaba al descubierto y esperaba con ansia que Damon la tocase con sus manos. Pero esa sensación que haría que se le erizase la piel de todo el cuerpo no llegaba, por lo que giró un poco la cabeza y vio por el rabillo del ojo a Damon paralizado, con la mirada perdida y la mano alzada detrás de ella, dudando qué hacer.
- ¿Has terminado? – preguntó ella sin mirarle.
- Si – dijo Damon saliendo de su aturdimiento – Claro, ya está.
- Gracias.
Dijo ella y se metió de nuevo a su habitación bajo la atenta mirada de Damon. Quería marcharse de allí, alejarse de ella. La tentación era demasiado grande como para poder mantener su promesa de no dejarla sola. Pero no podía hacerle eso a ella, no a Elena. La quería, sabía que la quería y el sólo pensar en hacerle daño le revolvía el estómago y le hacía sentir mareado. Y entonces su retorcida mente hizo que se acordase de Andy… si Elena supiese que había estado viéndose con ella esa semana seguro que sería algo que la haría daño. La apartó rápido de su mente.
Elena salió de su cuarto con ropa algo más cómoda y se sentó en el sofá junto a Damon. Éste la miró y notó en sus ojos que intentaba frenar las lágrimas de nuevo. Cogió su mano haciendo que ella lo mirase.
- Llora… si es lo que necesitas, llora Elena – le dijo él y entonces ella rompió a llorar.
Después de estar bastante tiempo abrazándola mientras ella sollozaba, notó cómo se había calmado en sus brazos. Elena se incorporó y Damon pudo ver su cara roja y sus ojos hinchados de tanto llorar.
- ¿Estás mejor?
- Si. Gracias Damon.
- ¿Sabes? Pareces un tomate – le dijo sonriendo intentando animarla un poco.
- Dios… que vergüenza – dijo ella cubriéndose la cara con las manos.
- No la tengas. Están conmigo Elena.
- Lo sé – le dijo mirándole de nuevo a los ojos – Por estar contigo es por lo que me da más vergüenza.
- Pues no debería… además, estás preciosa con ese tono rosado en tu nariz – le dijo dando un golpecito en su nariz con su dedo.
- Ya… seguro – dijo Elena rodando los ojos.
- ¿No me crees? – le preguntó a lo que ella negó con la cabeza y sonriendo – Bueno, no me importa que no me creas. Yo he conseguido lo que quería.
- ¿Qué? – le preguntó ella sin comprender lo que decía.
- He conseguido que sonrías. Entonces sí que estás preciosa.
- Damon…
Y en un acto de atrevimiento, Elena se incorporó y besó los labios de Damon. Suavemente, despacio… tan sólo un roce, y en seguida se separó, dándose cuenta de lo que acababa de hacer. Al ver el rostro de Damon, supo que lo había sorprendido.
- Lo… lo siento – dijo ella bajando la mirada.
Pero Damon ya no escuchaba. Estaba perdido aún en la sensación de los labios de Elena sobre los suyos. Sabía que aquello no era lo correcto, no después de todo lo que había pasado hoy en la revista ni después de haber estado toda la semana alejado de ella y viéndose con Andy. Pero precisamente esa lejanía había hecho que la echase aún más de menos y desease besarla y abrazarla. Ese tiempo separado de Elena lo había hecho reflexionar y se había dado cuenta que sí, que la quería… que los sentimientos hacia ella habían crecido al estar intentando ignorarlos. Cosa que no consiguió.
Y entonces ella levantó la mirada de nuevo al notar que Damon no reaccionaba, que no le decía nada. Y cuando lo hizo se perdió en el azul de sus ojos, profundos y brillantes… preciosos. Y al igual hizo él al ver los de ella, intentando retener de nuevo las lágrimas. Y olvidando todos los contras que aquello conllevaba, la sujetó del rostro y la besó. Al principio despacio, acariciando sus labios con ternura. Ambos cerraron los ojos para perderse en la sensación y dejarse llevar… y así lo hicieron.
El beso se transformó en algo salvaje y las manos de Elena comenzaron a moverse por el pecho de Damon, deseando sentirlo. Él llevó las suyas hasta la cintura de Elena, moldeando sus curvas, perdiéndose en la infinidad de su cuerpo. Pero cuando Elena se acercó más a él, pegando su cuerpo al de Damon, éste sólo pensaba en recostarla sobre el sofá y hacerla suya allí mismo, sin importarle nada más. Pero sí que había algo que importaba y que no dejaba de martillear en su cabeza.
Dejó de besarla y puso sus manos en los brazos de Elena, apartándola un poco de sí mismo y viendo en el rostro de ella la confusión.
- Damon… ¿qué…?
- Elena… lo siento, pero no puedo hacer esto.
- ¿Qué? ¿Por qué? – le preguntaba ella poniendo una mano sobre su mejilla, haciendo que la mirase.
- Porque no está bien.
- Damon… sí está bien. Yo sé lo que quiero… y no pienso esperar más por culpa de alguien quien no se lo merece.
- No… no se trata de ti Elena… este vez soy yo.
- ¿Tú? – preguntó ella sin entenderlo - ¿Ya no quieres… no quieres que esto pase?
- Claro que quiero… - le dijo sujetando su rostro entre las manos y mirándola a los ojos, perdiéndose en ellos – pero… no puedo.
- No lo entiendo Damon – le dijo ella intentando ver en sus ojos la verdad de lo que estaba pasando.
Damon, nervioso como nunca, se deshizo de las manos de Elena y se puso de pie comenzando a caminar en círculos, de un lado para otro y llevándose la mano al pelo intentando aclararse, intentando ver cómo contarle a Elena lo que tenía que decirle.
- Damon… me estás asustando. ¿Qué pasa?
- Elena… - se atrevió a decir sin mirarla a los ojos – Verás… es que hace poco descubrí algo que complica las cosas.
- ¿Qué es lo que complica?
- Lo que hay entre tú y yo – le dijo mirándola a los ojos esta vez.
- Pero… ¿cómo?
- Es Stefan.
- No Damon. Ya te dije que Stefan no es más un problema. No quiero escuchar sus explicaciones ni yo tengo que dárselas a él.
- No me escuchas Elena. Te dije que esta vez soy yo el que no puede.
- No lo entiendo.
- Elena… Stefan es mi primo.
Elena no dijo nada. Tan sólo se quedó mirando a Damon intentando procesar sus palabras. Stefan es su primo… pero eso no es posible, si así fuese lo sabría. Pensaba ella intentando entenderlo.
- Pero… ¿cómo que es tu primo?
- Elena… soy Damon Salvatore – le dijo él para que se fijase en su apellido.
- Salvatore… - repitió ella cayendo en la cuenta – Claro… nunca supe tu apellido.
- Lo siento Elena… pero yo no sabía nada de esto.
- ¿Cómo que no lo sabías? Llevas meses trabajando en la revista y… ¿no sabías que tu primo es el representante? – preguntó escéptica – Lo siento, pero no me lo creo.
- Pues créetelo. No supe nada de esto hasta la semana pasada.
- Claro… por eso estabas tan raro.
- Si Elena… desde que me dijiste en la casa de Jenna que tu novio se llamaba Stefan… empecé a atar cabos. Y por eso quería alejarme de ti. Tenía que dejar de sentir lo que estaba sintiendo. Tenía que aclararme.
- Y por eso has estado distante conmigo… - dijo ella recordando la semana que habían estado separados, sin saber el uno del otro.
- Si. Y ha sido lo peor que he hecho… porque me he dado cuenta de la falta que me haces y de lo que te he echado de menos. Y además, por estar separados, creo que he cometido algunos errores… - dijo apesadumbrado recordando sus noches con Andy.
- Pero entonces… - le dijo ella intentando no llorar por lo que Damon acababa de confesarle y pretendiendo entender todo lo que estaba pasando - no es casualidad que entrases en la revista.
- Ese mismo día que te pedí que me dieses espacio fui a hablar con Ric. Entonces él me contó que había visto mis fotos personales en internet y que al ver que las fotos las firmaba como Salvatore, preguntó a Stefan por si sabía algo de mí. Él reconoció ser mi primo y Ric le pidió mi número… y entonces sin más me contrató.
- ¿Stefan no tuvo nada que ver entonces?
- No. Es más, el no quería que Ric me contratase.
- ¿Por qué no? Sois familia, ¿no? – dijo ella notando cómo se le formaba un nudo en la garganta.
- Si, lo somos. Pero nunca nos hemos llevado bien. Pero eso Ric no lo sabía y decidió no decirme que Stefan trabajaba para él para darme una sorpresa cuando volviese de Las Vegas.
- Pues sí que ha sido una sorpresa – dijo ella amargamente.
- Quería contártelo Elena… pero no sabía cómo. Sé que es algo… extraño.
- Lo es. Y entiendo por qué te has comportado así conmigo… estabas asustado.
- Muerto de miedo. Cada vez que me acercaba a ti veía la cara de Stefan en mi mente… como me ha pasado ahora – confesó cabizbajo.
- Ey – le dijo ella mientras se levantaba para quedar frente a él – tranquilo.
- Elena… ahora soy yo el que te pide un poco de tiempo.
- Claro – dijo ella conteniendo las lágrimas – Lo entiendo Damon.
- Sé que no es justo, pero no puedo estar contigo así.
- Me encantaría que las cosas fuesen diferentes – le dijo ella acariciando su rostro.
- A mí también pequeña – contestó él devolviéndole el gesto.
- Sabes que esperaré lo que haga falta.
- Lo sé.
- Damon, ¿te puedo pedir algo? – le decía ella mirándolo a los ojos.
- Dime.
- Un último beso.
Damon sujetó su rostro entre sus manos y besó con dolorosa suavidad los labios de Elena. Notó cómo caían sobre sus manos las lágrimas que Elena llevaba conteniendo todo el tiempo y se obligó a no llorar él también. Se separó de ella despacio, observando cómo lloraba con los ojos cerrados y dejó un último beso sobre su nariz rosada que tanto le gustaba.
- Será mejor que me marche – le dijo viendo cómo ella abría los ojos.
- ¿Seguro?
- Si. Pero sólo si tú estás bien. No quiero dejarte sola si no lo estás.
- Estoy bien Damon. Además, Jeremy llegará enseguida. No te preocupes.
- Vale. Nos vemos mañana entonces.
- Si.
- Si necesitas algo, llámame.
- Seguro.
Damon cogió su chaqueta y se la puso. Salió del apartamento bajo la atenta mirada de Elena, quien sentía cómo el alma se le caía a los pies al verle marchar. Pero él no se quedaba atrás, ya que tenía la sensación que su pecho estaba vacío, ya que su corazón se había quedado dentro de ese apartamento. Junto a Elena.
Alaric salía de una reunión con unos publicistas cuando Jenna le interceptó en la puerta de su despacho con cara de pocos amigos. Alaric sabía que algo pasaba, así que sin decir ni una palabra, entró en su despacho para que ella lo siguiese. Una vez dentro y con la puerta cerrada, Jenna se quedó frente a él, con los brazos cruzados y mirándole como si le hubiese salido una segunda cabeza del cuello.
- Está bien… dispara – le pidió él.
- ¿Me vas a contar que diablos ha pasado hoy o tengo que sacártelo?
- Jenna… no es nada.
- Claro, no es nada. Por eso cuando recibiste ese misterioso mensaje saliste corriendo del despacho y fuiste a por Stefan para sacarlo de la revista con una excusa.
- Jenna…
- No te atrevas a mentirme Alaric – le decía apuntándole con el dedo.
- Está bien. Pero esto no puede salir de aquí, si no Damon me mata.
- ¿Damon? ¿Qué tiene que ver Damon en todo esto?
- Verás… las cosas entre Stefan y Elena no estaban bien. Él lleva más de un mes sin querer contestar a las llamadas de ella y sin dar señales de vida. Pero yo sí que hablaba con él y sabía que estaba bien y todo marchaba bien.
- ¿Y qué tiene que ver eso con Damon?
- Pues que Damon ha estado ayudando a Elena y se han convertido en buenos amigos Jenna. Pero él siente algo más por ella… y ella por él. Y yo la cagué ocultándole que Stefan trabajaba aquí.
- ¿Y qué más le daba a él que Stefan trabaje aquí? No lo entiendo.
- Porque son primos Jenna. Ambos son Salvatore. Y ahora él está enamorado de la novia de su primo.
- Vaya… - dijo Jenna alucNiando con la historia.
- Si… y resulta que hoy ha llegado Stefan por sorpresa y ha querido hablar con Elena, pero ella se ha puesto muy mal y se encerró en el despacho de Damon. Él me envió el mensaje para que los ayudase. Así que distraje a Stefan para que la sacase de la revista. Y por eso he cancelado en verdad la sesión de esta mañana.
- Ya veo… no tenía ni idea.
- No tenías forma de saberlo Jenna.
- No… porque tú no me lo has contado – le dijo enfadada.
- Jenna… entiende que esto me lo contó Damon y me pidió que no dijese nada. Estaba confuso y yo intenté ayudarlo.
- ¿Os habéis hecho buenos amigos, no es así?
- Si, supongo que sí. Pero además me sentía culpable por haberle ocultado que su primo trabajaba aquí y que además era el novio de Elena.
- Bueno, pero eso no es culpa tuya. Tú no podías saber lo que estaba pasando entre ellos Ric.
- Lo sé… pero aún así sentía la necesidad de ayudarlo Jenna.
- Está bien… por esta vez te perdono que me ocultases algo así.
- ¿Por esta vez?
- Sí… porque la próxima vez que pase algo como esto, espero que me lo digas inmediatamente, ¿entendido?
- ¿Y si no puedo?
- Habrá consecuencias cariño – le dijo juguetona.
- Vaya… entonces tendré que pensarlo…
