Capitulo nueve. Un hogar.
Un hogar, es aquel lugar donde te sientes protegido pase lo que pase.
El camino en el coche se me hizo eterno. Jamás había subido en uno, aun que si los había visto evolucionar. El traqueteo y las curvas me pusieron mal cuerpo. Sentí algo extraño en mi interior y tapé mi boca. Esme, la mujer de Carlisle, me miró con una expresión extraña. De pronto, posó una mano en el hombro de Carlisle y él frenó el coche. Sentí de nuevo esa sensación extraña y Esme tiró de mi sacándome del vehículo.
Tras dar dos pasos fuera del coche y respirar el aire puro, algo incomprensible sucedió en mi. Mi cuerpo se agitó y me doblé sobre mi mismo para tirar toda la comida que había ingerido durante el día. Un ardor extraño se apoderó de mi garganta y sentí unas lágrimas descender por mis mejillas. Esme se acercó a mi y me cogió del brazo intentando que no me cayera al suelo.
-¿Te ameras en el coche?- preguntó preocupada.
-No lo sé.- Contesté cuando terminé.- Nunca había viajado en uno.
-Ya veo.- Dijo mirando al tal Carlisle.- Creo que lo mejor es que se tumbe y me ponga detrás con él.
-Si, no podemos estar parando todo el tiempo.- Carlisle palmeó mi espalda y me indicó que entrara de nuevo al coche.
Me tumbé como la mujer de mejillas sonrojadas me indicó y apoyé mi cabeza en sus piernas. Una sensación extraña se apoderó de mi cuando sentí sus dedos acariciar mis cabellos. Sentí que mi cuerpo se relajaba y mi corazón parecía que palpitara más lento en mi pecho. Su toque me transmitía una paz interior como jamás había sentido. Mis ojos se cerraron pesadamente y mi mente se nubló por completo.
Cuando caí dormido, muchos de los rostros de la gente que había llevado al otro lado, acudieron a mi mente. Sacudí mi cuerpo de una forma extraña al recordar al barquero. No sé como ni por qué, peor me despertaron.
-Edward.- Esme me observaba atentamente.- Estas llorando.- Y pasó su mano por mi mejilla.- Carlisle creo que este chico a sufrido mucho.
Hinché mi pecho de aire y lo expulsé pesadamente. No entendía que había sucedido.
-Vivía en la calle.- Carlisle paró el coche.- Ya hemos llegado.
-Aquí te sentirás bien.- Y la mujer acarició mi mejilla una vez más.- No estarás nunca más solo.
Al escuchar esas palabras, los pelos de mi cuerpo se erizaron en respuesta. Había vagado solo durante milenios. Jamás había visto en los seres humano aquella dedicación y aquella humildad que desprendía ese matrimonio. Caminé despacio detrás de ellos apretando mis manos contra mis piernas. Aún me resultaba extraño caminar siendo un completo humano con cosa incluida.
Al llegar a la puerta, Esme, apretó mi brazo y me animó a entrar en la casa. El olor que la inundaba era realmente adicto. La luz entraba por unos grandes ventanales haciéndola demasiado hermosa. Observaba cada fotografía y cada detalle como si jamás hubiera visto por mis ojos. Quería guardar cada recuerdo de aquella nueva experiencia.
-Edward.- Carlisle tiró de mi mano.- Esta es tu nueva casa, tu nuevo hogar.
-Gracias.- Conseguí decir emocionado.
-Bueno ahora que estas aquí, he de comentarte algo.- Me indicó que me sentara en un sofá blanco grandísimo.
-¿Ocurre algo?- Pregunté preocupado.
-Verás, no hemos conseguido encontrarte en el registro.- Levantó las cejas.- Para la sociedad no existes en ningún lado.
-No entiendo.- negué con al cabeza y suspiré.
-Creo que nunca se ha hecho el DNI.- Esme acarició al mano de Carlisle con mucho cariño y deseé acariciar así a Bella.- Tal vez su madre ni siquiera lo inscribió al nacer.
-Eso es lo que hemos pensado Charlie y yo.- Carlisle abrió una carpeta roja.- Por eso hemos traído unos papeles para rellenarlos. En el hospital han casado su RH y también nos han comunicado que esta completamente sano.
-¿Y que va a suceder ahora?- Pregunté despacio.
-Bueno, nos gustaría saber tu fecha de nacimiento.- Él sonrió.
-Pues tengo diecisiete años y estamos en el dos mil cinco.- Calculé.-Así que nací en el año mil novecientos ochenta y ocho.- En ese instante recordé que el veinte de junio de hacía trescientos años, nació un hombre como ningún otro. Era realmente generoso y desinteresado, así que me adjudiqué esa fecha.- Si no recuerdo mal, cuando era pequeño lo celebramos el veinte de junio.
-Entonces cumplirás dieciocho este año.- Esme sonrió.
-Supongo.- Y alcé una ceja.
-Bien, ahora he de inscribirte y tendrás que volver al médico esta semana para que te vacunen y te hagan unas cuantas pruebas.- Carlisle se levantó del sofá.- Dale algo de beber.- Le dijo a su mujer.- Los chicos estarán a punto de llegar
Esme se levantó del sofá y me trajo un vaso con algo anaranjado.
-Es zumo.- Ella me lo tendió sonriendo.- Prueba.- Tras darle un trago a aquella bebida, le devolví la sonrisa.
-Esta muy bueno, gracias.- Y le devolví el vaso vacío.
-¡Hay que ir de compras!- Una voz demasiado alegre retumbó por la casa.- No tiene absolutamente nada.
La chica llamada Alice entró al salón dando pequeños brincos.
-Nos lo llevaremos mañana por la mañana.- Una chica muy guapa y rubia entro tras Alice.- Soy Rosalie Hale.
-Edward.- Aparté la mirada.
Algo grande me levantó del suelo y proferí un grito del susto. Todos se echaron a reír y yo me quedé embobado al ver que había sido. Un chico moreno y tan grande como un oso, me acababa de dejar en el suelo.
-Él es Emmett.- Rosalie lo señaló.- Es mi novio.
-¿Novio?- Pregunté sorprendido.-¿Pero no sois hermanos?
-No te enteras.- Dijo Alice.- No somos hermanos de sangre, simplemente terminamos en esta casa todos.
-No...- No sabía que decir, así que decidí callarme.
-Ya lo entenderás.- Un chico raro me sonrió.- Yo soy Jasper.
-Edward.- Y le apreté la mano.
-Mejor dejarlo descansar.- Esme tiró de mi brazo.- Te enseñaré tu nuevo cuarto.
Cuando subí las escaleras, sentí algo enorme dentro de mi, era como si siempre hubiese estado entre ellos. Estaba lleno de paz. Observé fotografías de todos los Cullen. No había ninguna de niños pequeños, todas eran a partir de los nueve o diez años. Sin embargo hubo una foto que llamó mi atención. En ella se veía una Alice de tan solo 2 o tres añitos.
-¿Alice esta con vosotros desde bebé?- Pregunté al entrar en una habitación enorme.
-No, ella llegó a esta casa con once años.- Esme abrió una puerta dentro de la habitación y observé un gran baño.- Pero ella llevaba esa foto en su maleta de objetos personales.
Me sacó unas toallas y me trajo un pijama. Lo miré sorprendido, ya que estaba completamente nuevo.
-¿Y esto?- Pregunté.
-Alice te compro ayer unas cuantas prendas básicas. Te llevó al hospital unas y aquí dejo otras.- Esme me sonrió.- Mañana compraréis todo lo que te haga falta sin escatimar gastos. Buenas noches.
-Buenas noches y muchas gracias.- Tras cerrarse la puerta, me dirigí al baño y me di una larga ducha.
La sensación de estar mojado me agradaba. Era extraña, pero se estaba muy bien. Además no podía quejarme. Después de esas largas duchas, mi piel, olía estupendamente. Al salir del baño, decidí que era mejor acostarse en esa grande cama. Mañana sería otro día y tal vez podría ver a a Isabella. No tardé mucho en dormirme en esa cómoda cama.
Al día siguiente, el sol entró por la ventana y me despertó con su calor. No me había despertado en toda la noche y eso me hizo sonreír. Desde que me había convertido en humano, no había podido descansar lo suficiente, ya que siempre me acordaba de mi antiguo trabajo.
Me levanté de un salto de la cama y me dirigí al baño. Después de vaciar los líquidos de la noche, me di una ducha y me puse la otra prenda de vestir que me quedaba. Bajé las escaleras y al entrar en la cocina, vi a toda la familia reunida allí. Una mujer de cabellos cortos estaba allí vestida con uniforme. Aquello me impactó un poco, me recordó a la época antigua cuando tenían a esclavos trabajando para los ricos.
-Buenos días.- Saludó Esme.
-Buenos días.- Y miré a todos.
-Ella es Carmen.- Y señaló a la mujer.- Ella se ocupa de la limpieza de la casa.
-No pienses que está siempre.- Me dijo Rosalie.- Solo nos ayuda.
-No digo nada.- Y me encogí de los hombros.
-Aquí no tenemos personas del servicio.- Añadió Alice.- Cada uno se hace lo suyo, lo que pasa es que la casa es muy grande y Esme no puede con ella sola, así que nosotras la ayudamos en lo que podemos y Carmen viene dos veces a la semana, para ayudarla en la limpieza general.
-Vale.- me senté y tomé un rico desayuno en familia.
Aquello me hizo sentir bien, ya que esa experiencia era completamente nueva para mi. Al acabar de desayunar, todo el mundo desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Unos se fueron a trabajar y otros a estudiar. Carlisle me dijo que me d¡quedara en casa y que la viera completamente, que me familiarizara con todo lo que me rodeaba.
Después de estar más de dos horas cotilleando la casa, un ruido en la puerta me alertó que alguien había llegado. Me acerqué despacio y observé que la tal Carmen ya se había ido. Abrí la puerta y mi corazón se aceleró al ver allí a Bella.
-Hola.- Ella se sonrojó.
-Pasa.- Y me aparté a un lado.
Por un instante sentí que mi cuerpo entero temblaba y mis manos sudaban sin parar. Ella cerró la puerta y me sonrió. Pasé la lengua por el borde de mis labios al sentir que mi boca se había secado. Aquella mujer era realmente perfecta. Caminé despacio hasta la sala y le indiqué que se sentara en el sofá.
-¿Como es que te has acercado a la casa?- Pregunté ansioso.
-Le dije a mi padre que me dejara aquí.- Ella se sonrojó.- Necesitaba verte.
-Y yo a ti.- Me senté a su lado y la observé.
Poco a poco ella se acercó a mi y sentí el calor de su piel traspasarme. Cada vez que estábamos tan cerca, sentía como si hubiese nacido realmente hacía tan solo unos días. Mi anterior yo, se borraba de mi mente y olvidaba quien había sido. Sentí un pinchazo en mis labios y automáticamente cerré mis ojos. Un ruido extraño salió de mi garganta y Bella se rió.
-¿Que te hace tanta gracia?- Pregunté curioso separándome de sus labios.
-Tus gemidos.- Me dijo más colorada que un tomate.
-Son involuntarios.- Y sentí que mis mejillas ardían.- No sé.
-Eres tan inocente.- Y se pegó a mi cuerpo sentándose en mis piernas.- Creo que estoy corrompiéndote.- Y rió.
Sentí un calor extraño recorrer mi cuerpo y esa parte que antes no estaba entre mis piernas se endureció.
-Creo que estoy nuevamente enfermo.- Susurré contra su cuello.
-Eso no es que estés enfermo.- Y ella se balanceó contra mi cuerpo provocando que otro ruido extraño saliera de mi garganta.- Estas excitado.
-¿Excitado?- Y la levanté un poco, sentía que me apretaba demasiado.
-¿Sabes que es el sexo?- Y me guiñó un ojo.
-Se lo que es.- Dije molesto.- Lo he visto a lo largo de los siglos.
-Pero nunca lo has visto completamente.- y ella sonrió.
-No, la verdad es que nunca tuve tiempo de observar cada cosa humana.- Ella se apretó de nuevo contra mi y volví a gemir.- Se por encima, pero no sé como se hace y lo que se siente.
-Pues hora estas sintiendo parte de ello.- Y ella se volvió a restregar por mi cuerpo.
-Me siento extraño.- Le confesé mientras no dejaba de balancearse sobre mi cuerpo y besar mi cuello.-Creo que será mejor que pares.
-¿No te gusta?- Y sus ojos se humedecieron.
-No es que no me guste.- Confesé rápidamente, pero me siento muy muy...
-Te amo, mi ángel.- Ella besó mis labios con un roce.- Dejame enseñarte el arte de amar.
Asentí embobado y ella levantó mis manos hasta sus hombros. Acto seguido gimió y arrastró mis dedos hasta sus pechos. Aquello provocó que lo que había entre mis piernas palpitara. Gemí al sentir dos botones duros tras su camiseta.
-Roza mis pezones con tus pulgares.- Dijo con la voz distorsionada.- Y bésame en el cuello.
Hice todo aquello que ella me pidió. Sus caderas se apretaban contra las mías y aquello me estaba volviendo loco. Ella gritaba mi nombre y maldecía entre dientes. Bella introdujo su lengua en mi boca y aquello hizo que soltara un profundo jadeo por mi boca. La calidez de su lengua era exquisita.
Sin poder evitarlo, ella aceleró el ritmo de sus movimientos y yo bajé mis manos hasta sus caderas para aumentar la presión. Aquello me estaba gustando demasiado. Mordisqueé su lengua y una corriente eléctrica invadió mi cuerpo. Bella se tensó en mis brazos y gimió mi nombre desesperadamente. Sentí palpitar mi entrepierna y aceleré los movimientos. Ella mordió mi oreja y me susurró en el oído.
-Yo ya he llegado.- Dijo con la voz ronca.- Ahora dejate llevar por las sensaciones.- Y tensó su cuerpo haciéndome llegar donde no estaba escrito.
Mi cuerpo se tensó y sentí como empezaba a convulsionar. Ella Lamió mi cuello y mojé mis pantalones. Un placer extraño me recorrió el cuerpo entero y acabé jadeando contra su cuello por falta de aire.
-Esto solo es el principio.- Ella sonrió.- Te amo demasiado.
-Y yo a ti.- Y besé sus labios de nuevo.
-Enseñame tu cuarto.- Y se levantó del sofá.- Vamos.
En cuanto me levanté, sentí algo incomodo en mi ropa. Me sentí bastante húmedo. La miré curioso y ella solo sonrió. Al llegar arriba, ella se sentó en mi cama y empezó a hacer planes para la salida de la tarde con Alice y los demás.
