Disclaimer: Crepúsculo es propiedad exclusiva de Meyer.


Hasta arriba y más allá

— Ella es especial, ¿no?

— ¿Quién?

— Bella. Es especial, ¿no?

— Um…

Rose lanzó una carcajada amarga.

— Hasta tú lo crees, ¿no Emmett? Ella es tu nueva hermanita.

— Lo es, sí.

No podía mentirle a mi Rose. Sería tan estúpido… Ella me conocía tan bien. Claro que no siempre le gustaba lo que sabía de mí. Como ahora que hizo una mueca por mi respuesta. Suspiré.

— Bella hace feliz a Eddie, Rose.

— Ya lo sé…

— Así que lo mínimo que podemos hacer es…

— Aceptarla — completó. Me volteó a ver por un nanosegundo —. Eso ya me lo has dicho.

Asentí.

— Sólo… sólo no quiero que sufras tanto con…

— Soy una chica fuerte, Emmett. Yo no sufro con esto.

No, claro que no. Tú simplemente guardas tus sentimientos tras una máscara. Sufres, lloras en silencio. Y no me dejas entrar para ayudarte. Para contenerte.

— Sé que lo eres, por supuesto.

— Pero no me crees, ¿cierto?

— Te conozco, tanto como tú me conoces a mí.

— Ya…

La miré fijamente. La luz del sol que entraba por la ventana arrancaba destellos de brillo sobre su piel. Era tan hermosa.

Rose suspiró y se vino hacia mí. Abrí mis brazos y ella se sentó en mis piernas. Rodeé su cuerpo con mis brazos. Enterré mi nariz en su cabello y aspiré. Algo cítrico, perfecto, como ella…

— Entiendo que Bella sea importante para él. Lo entiendo, en serio…

— ¿Pero?

— No lo termino de aceptar.

Suspiré. La abracé con más fuerza. Abrazarla, era lo único que siempre podía hacer. Entonces ella alzó la cabeza y me miró. Fijamente. Luego me besó. Me besó con fuerza. Me devoró la boca. Y yo le correspondí ese beso.

Las cosas empezaron a subir de tono. En un momento estábamos inclinados uno sobre el otro, yo des espaldas sobre la cama y ella sobre mí. Rose se sentó a horcajadas sobre mis… mis partes nobles, y yo jadeé fuertemente. La imaginé sonriendo, satisfecha de sí misma. Sonreí a mi vez y nos hice voltear en un rápido movimiento. Ahora ella jadeó y se retorció debajo de mí. Use mi fuerza para inmovilizar sus brazos por encima de la cabeza y la miré triunfante. Ella me frunció el ceño.

Bajé mi cabeza y mordí ligeramente el lóbulo de su oreja, ella gimió. Con mi mano libre bajó por su torso, acariciando sus tetas en el proceso y llegando hasta sus piernas. Con mi boca bajé hasta su cuello y mordí su clavícula. Rose se retorció con más fuerza si cabe, pero mi agarre era muy firme y no podía hacer nada contra él. Metí mi mano libre entre sus piernas. Gracias a Dios por las faldas y por la evolución de la ropa femenina. Esto antes era más difícil, pero ahora desnudar a Rose era jodidamente fácil. Nada más aparte la inservible tela de sus bragas (empapadas de su dulce esencia), y metí un dedo. Ella se tensó; luego me abrazó con sus piernas, fuertemente, como si quisiera asegurarse que no me fuera. Ambos sabíamos que eso era imposible (ni muerto me alejaría de ella), pero amaba sus piernas rodeando mi cintura, así que la dejaba.

Metí otro dedo en su húmeda cavidad. Saqué los dos y volví a meterlos, abriéndolos y cerrándolos en su interior. Rose sólo gemía. Sus gemidos estaban haciendo estragos en mi amigo, el cual pugnaba por salir de mis pantalones. Pero aguanté, quería que Rose se viniera primero. Ahora utilicé tres dedos. Luego cuatro. Y al final metí mi mano. Para ese punto Rose jadeaba descontroladamente, casi en la orilla de su orgasmo. La empujé un poco más y cuando estuve seguro, la lancé por el precipicio. Ella gritó. No le di tiempo para calmarse, y a la velocidad de la luz puse mi boca en los labios de su vagina. Chupé dos, tres, cuatro veces, y Rose volvió a venirse. Lamí hasta que no quedó más. Ella estaba sin aliento, respirando con dificultad, a pesar que no lo necesitábamos.

Saqué mi verga, completamente lista para ella y entré en Rose. Ella jadeó con fuerza. Gemía. Gritaba. Yo maldecía. Rose era tan putamente estrecha, era tan bueno estar dentro de ella. Nos movíamos uno contra el otro. Ella me pidió que liberarar sus manos. Lo hice. Sus uñas fueron a parar a mi espalda y la rasgaron. Oh, sí nena, si fuera humano eso sacaría sangre, pero Rose sólo me hacía cicatrices. Apreté sus muslos hasta que estaba seguro que mis uñas se habían enterrado profundamente en su piel. Ella se dirigió a mi oreja y la mordió. Y fue eso, ese sólo gesto que hizo que llegara al Nirvana. Un segundo después, Rose llegaba. Yo apretaba sus senos a través de la blusa. Rose se vino de nuevo, un orgasmo que hizo que lanzara el más delicioso de los gritos.

Nos besamos mientras nuestros cuerpos temblaban por el orgasmo. Luego nos hice girar y Rose apoyó su cabeza en mi pecho.

— Gracias Emmett.

— Cuando quieras, Rosalie.


Notas de la autora:

- Lo sé, me tardé. En mi defensa, decir que tengo muchas cosas que hacer y que no había podido sentarme para seguirles entregando más de RosexEmmett.

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