ICE DAYS
(Días de hielo)
Cuando el amor no es locura… no es amor
La puerta de la celda se abrió emitiendo un ruido bastante inquietante para su gusto, haciendo que prisioneros de distintas celdas se despertasen entre súplicas y llanto, incluso creyó poder escuchar, durante unos segundos, una débil canción, apenas el murmullo de un tarareo que sabía a libertad.
Goyle la dejó caer (literalmente) dentro, volviendo a cerrar la puerta tras ella, sumiéndolo todo de nuevo en la más infinita penumbra.
- ¿Hermione? –
O tal vez no.
- Emile, soy yo. –
A través del agujero que conectaba la celda de ambos, a la castaña le pareció poder distinguir el asomo de una sonrisa. Una verdadera sonrisa, después de tanto tiempo.
Intentó corresponderla, pero los músculos de la cara le dolían y su mandíbula amenazaba con resquebrajarse al más ínfimo intento. Le era imposible sonreír. ¿También eso habían conseguido arrebatarle?
- Gracias a Dios que has vuelto, Herms. ¿Dónde has estado? –
A la joven bruja se le humedecieron los ojos. Gracias al cielo que tenía a Emile allí con ella, haciéndolo todo mucho más sencillo, fácil, llevadero.
Por un momento le pareció ver a Harry allí, justo delante suya, haciéndole la misma pregunta después de que ella hubiera hecho una de sus ya famosas escapadas a la biblioteca.
Harry siempre la esperaba, por tarde que fuera, en la sala común de Gryffindor sentado en el sillón con los brazos cruzados, como un padre sobre protector que espera en el salón de casa a que su hija llegue de aquella fiesta a la que nunca le dejó ir.
Era increíblemente reconfortante saber que había alguien, fuera quien fuese, seguía preocupándose por ella. Apoyándola.
Se tumbó en el suelo, con la cara enfocada hacia "el teléfono" como ellos mismos habían acabado bautizando el agujero que les permitía hablar tan a menudo, apoyada sobre sus codos con las manos en ambas mejillas, en aquel momento arreboladas por la ternura que el ojinegro le producía.
- Te advierto que es una larga historia. – Le dijo en tono juguetón, con toda confianza.
Aunque sabía de sobra cual era la respuesta. Después de todo, y a pesar de no llevar demasiado tiempo juntos, había llegado a conocer a Emile a fondo.
Una mano morena salió del agujero y se posó sobre la frente de Hermione, viajando después hasta su nariz, apretándola suavemente.
Estaba tibia, y la (en aquellos momentos) fría piel de la chica lo agradeció enormemente.
- Y yo quiero que me la cuentes con lujo de detalles, así que ya puedes empezar. -
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Caminaba con parsimonia por los angostos pasillos que llevaban a su sala común, sonriéndoles a todas y cada una de las chicas que veía pasar, aparentando tranquilidad.
Una tranquilidad que, sin ir más lejos, había perdido aquella misma mañana.
Rememoró una vez más el beso con la Weasley, maldiciéndose mentalmente por haber vuelto a caer… otra vez. ¿Cuántas veces había vuelto a los labios rojizos de Ginny aquel día?
¿Diez, veinte, treinta veces? Le era imposible no recordarla.
Estaba allí con él, adonde quiera que fuera. En pociones, transformaciones, en el Gran Comedor… Incluso en los entrenamientos de Quidditch.
Zabini no era estúpido. Sabía perfectamente como iba a terminar aquella historia incluso antes de que comenzara. Ella había estado (y estaba) enamorada de miradme-soy-un-héroe-Potter incluso antes de haber nacido. Y por lo tanto, estaba del bando contrario, del bando de 'los buenos', y aquello la separaba de él un poquito más. Cada vez el vacío se hacía más y más grande.
- Bubotubérculos parlantes – Murmuró justo enfrente de la armadura de color bronce que daba entrada a la sala común de Slytherin, deseando poder ducharse lo antes posible.
Tenía hierba del campo de Quidditch incluso en sitios de su anatomía que no conocía hasta el momento.
La armadura del viejo Bill se abrió con un chirrido, dándole paso a ese inconfundible olor a menta y hierba recién cortada. "Que irónico" pensó. Prefería no mencionar la hierba, si no era mucha molestia.
No había dado ni dos pasos cuando una bala castaña se cruzó en su camino, haciéndole trastabillar. Aquel no podía ser otro que el prefecto de Slytherin, tan ajetreado como siempre. Que pardillo.
Se giró justo a tiempo para ver como desaparecía su coronilla por el resquicio de la puerta, mientras hablaba a regañadientes 'Bombas fétidas en la habitación de los chicos¡Inadmisible!'.
Esbozó una sonrisa ladina mientras reposaba su brazo derecho en el respaldo de uno de los sofás, donde una hermosa morena había dejado de comer su ya característica manzana para mirarle, sonriendo también. Aquella era su manera de decirse hola.
- ¿Qué ha sido esta vez, Pansy? –
La chica hizo rodar sus ojos azules antes de contestar.
- Nada del otro mundo, ese estúpido de Carlton es un exagerado. Me ha amenazado con decírselo a Snape¿puedes creerlo? – Blaise sonrió. Así era Pansy, le encantaba jugar con la gente a su antojo, como una niña consentida. – Todo por una inocente bomba fétida… será gilipollas… -
- Es taaaaaaan fácil hacerle rabiar¿verdad? – Le miró con suspicacia. – Y eso a ti te encanta. – Subió y bajó las cejas de manera provocativa.
- ¿Qué estas insinuando, Blaise¿Qué me gusta ese… ese…? – Alzó las manos y abrió mucho los ojos. - ¡Por Dios, que es Carlton! –
Chasqueó la lengua, evidentemente disgustado. Como si la identidad importase, se dijo amargamente.
- Voy a darme una ducha antes de que empiece a crecerme césped por todo el cuerpo y decidan declararme propiedad pública. –
Escuchó de fondo las suaves carcajadas de Pansy, acompañadas de un característico "Pero que bruto eres" mientras subía las escaleras.
Olía a lirios.
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- ¿Es que te has vuelto loco, Harry? No podemos escaparnos de Howgarts para ir al Valle de Godric porque sí, y esperar que… –
- ¿Por qué sí¿Y que hay de Hermione, Ron? – Harry continuó bajando las escaleras de la sala común de los leones bastante acalorado, alzando los brazos al aire. – Si, ya sabes, esa chica castaña con el pelo alborotado y unas grandes dotes para el aprendizaje¡Esa a la que han secuestrado! – Termino por chillar, perdiendo completamente el poco autocontrol que le quedaba.
- ¡Grita un poco más, me parece que Dumbledore no te ha oído! – El moreno hizo rodar los ojos y se sentó en su sillón favorito, aquel que estaba justo delante de la chimenea.
No pudo evitar recordar todas aquellas veces en las que, en aquella misma postura, con la barbilla apoyada en su mano derecha, había esperado a que su mejor amiga volviese de Merlín sabía donde por las noches. Sonrió casi imperceptiblemente. Era increíble como podía llegar a echar de menos cosas que antes parecían tan insignificantes, como aquellas reprimendas matutinas por no haber hecho los deberes de pociones, o su incombustible temperamento, las peleas con Ron…
Suspiró.
- Yo solo quiero encontrar a Hermione lo antes posible. No me importan las consecuencias. – Taladró a Ron con su mirada esmeralda, haciendo que este bajara la cabeza compungido.
- ¿Crees que yo no la echo de menos? Joder, Harry… a veces pienso que voy a volverme loco. Y no puedo evitar pensar que todo ha sido culpa mía. – Enterró la cara entre las manos, recordando la discusión que había llevado a la castaña a no ir aquella mañana a Hogsmeade. Si él no fuera tan capullo…
- No te atrevas a culparte por esto, Ronald Weasley. – Le señaló con el dedo índice, en una imitación bastante fiable de Hermione. Ron no pudo evitar sonreír con nostalgia, justo antes de soltarse a reír, descargando así toda la tensión que llevaba acumulada desde hacía demasiado tiempo.
Le tendió una mano a Harry e hizo fuerza para levantarle del sillón, sin dejar de sonreír.
Serían fuertes.
Aguantarían todo lo que viniese sin echarse atrás, como habían echo siempre, porque en su vocabulario no había cabida para la palabra "imposible".
Lo harían por ella. Porque, a pesar de la distancia, seguían siendo "El Trío Dorado".
Y eso nadie, nunca, podría llegar a cambiarlo.
Sobre sus cadáveres.
- La encontraremos. – Sentenció Harry, sin soltar la mano del pelirrojo.
Ron apretó todavía más su mano entorno a la del moreno, sen dejar de mirarle a los ojos.
- Es una promesa. –
Mientras tanto, justo en la parte más alta de la escalera que llevaba al cuarto de las chicas, una orgullosa rubia observaba la escena sin perder detalle, arrugando sus labios carmesí.
Apretó más intensamente el pedazo de pergamino en su mano izquierda, deseando que aquello diese resultado. En él podían leerse las siguientes palabras como encabezamiento.
Urgente: Petición para un translador al Valle de Godric.
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Draco Malfoy eligió aquel momento para aparecerse justo delante de la puerta de Howgarts, con su impecable capa negra ondeando al viento a su espalda y la mochila descuidadamente colgada sobre su hombro derecho, dándole un toque de rebeldía casi irresistible para cualquier fémina que osara mirarlo.
Sin embargo, no pudo evitar que su mente evocara en aquel mismo momento a la única a la que aquellos aires de grandeza, aquella galantería, no habían afectado. Sacudió la cabeza alejando aquellos pensamientos al mismo tiempo que un desaliñado Filch hacía acopio de todas sus fuerzas para abrir la puerta del castillo, farfullando cosas ininteligibles por lo bajo mientras le miraba como si quisiera ahorcarlo.
Que lo intentase, y no volvería a pisar esa sucia cloaca a la que llamaba casa con la cabeza entera sobre los dos hombros.
Entró con paso rápido pero seguro en el castillo, atrapando todas las miradas de las jóvenes que pululaban a aquellas horas por los pasillos, rumbo a los jardines para aprovechar al máximo su tiempo de descanso. Les sonrió con arrogancia a varias Slytherin ruidosas, que se alejaron entre suspiros y risitas mal contenidas, observándolo con avidez hasta poco después de que desapareciera por una de las esquinas que llevaba hacia las mazmorras.
Tenía que hablar con Zabini, aquello se le estaba yendo de las manos y, aunque jamás lo admitiría en voz alta, necesitaba de los consejos del moreno.
- ¡Auch! – Tropezó con alguien justo delante de la armadura que daba paso a su sala común. Se preparó para tomar represalias contra quien quiera que fuese el descerebrado que se había atrevido a tocarlo, pero se quedó con un palmo de narices cuando sus ojos chocaron con otros de color oscuro.
- ¿Weasley? – Ginny se quedó parada delante del rubio, desafiándole con la mirada. A Draco le dio la sensación de que sabía algo, no sabía exactamente el que. Pero lo que si supo esque, fuera lo que fuese, podía utilizarlo en su contra.
La pelirroja la sonrió con superioridad sin apartar sus ojos de los del mortífago.
Sintió entonces una fuerte sacudida en el antebrazo, acompañada de una profunda sensación de quemazón. Cerró los ojos, maldiciendo al gilipollas de Voldemort en todos los idiomas.
Aquella era su manera de decir que le quedaba poco tiempo para terminar con su misión: o conseguía la información de boca de Granger, o la misión le sería asignada a cualquier otro de sus peones. Y aquello, por supuesto, no descartaba el castigo al que iba a ser sometido.
- ¿Te duele mucho el brazo, mortífago? – Resonó la, en apariencia, dulce voz de la Gryffindor en la cabeza del rubio, haciéndole abrir los ojos de golpe. – Espero que te duela cien veces más de lo que debe dolerle a Hermione, donde quiera que este. –
- ¿Qué te hace pensar que la sangre sucia todavía sigue viva, pobretona? – Representó su papel a la medida, omitiendo cualquier emoción que pudiera delatarle frente a la chica.
Claro que le dolía. Le dolía mil veces más de lo que debía dolerle a Hermione estar encerrada entre aquellas cuatro paredes, marchitándose lentamente. Incluso preferiría volver a aquellas peleas verbales entre los dos, en las que ninguno resultaba vencedor. Era, en cierta manera desestresante, como una válvula de escape a los problemas.
Y sin embargo, ahora… ahora ya casi no quedaba rastro de la insufrible sabelotodo que tanto le atraía. Se reprimió mentalmente por ese pensamiento.
- Lávate la boca antes de hablar de ella, asquerosa rata de cloaca, porque te aseguro que no dudaré un segundo en meterte mi varita por el culo si es necesario. – Ginny apuntaba hacia el rubio sin titubear, con la determinación plasmada en sus rasgos finos. Tal vez no fuera la mejor. Tal vez no destacara en ninguna asignatura, y desde luego no podría vencer al joven Malfoy en un duelo si se diera la ocasión.
Pero ella contaba con el factor sorpresa.
Ningún sonido salió de la garganta de Draco, entre sorprendido por la actitud temperamental de la "mojigata" hermana del pobretón, y el intento de auto-control para no pegarle.
"Eres un caballero, eres un caballero…"
Se alegró de que, al abrir los ojos, no hubiera rastro alguno de la pequeña Weasley en el pasillo.
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El agua de la ducha comenzó a caer sobre ella, empapándola por completo. Sus mejillas se tiñeron de carmesí cuando sus ojos chocaron con los negros de Emile, que se disponía a abrir el grifo de la ducha contigua en calzoncillos, sin pudor alguno.
Debía de ser martes, si los cálculos no le fallaban. Todos los martes, unas horas después de haber comido, les llevaban hasta allí para desinfectarse, aunque el imbécil de Goyle sostuviera aquella teoría de que ella no podría desinfectarse por mucho que se lavase.
Dirigió su vista hacia la parte superior de su anatomía, observando azorada como el sujetador comenzaba a transparentarse, remarcando partes de su cuerpo que no deberían de verse. Decidió no mirar más abajo, tragando con dificultad.
No era que no confiase en Emile, todo lo contrario. Era simplemente que le asustaba aquel brillo en los ojos oscuros del Ravenclaw. Cuando la miraba de aquella manera dejaba de ser el dulce Emile para convertirse en… en Malfoy.
El brillo del deseo.
Apoyó ambos brazos en la pared, dejando que el agua fría resbalase por su cuerpo a su antojo, buscando calmar aquel fuego interno que se apoderaba de ella cada vez que pensaba en el rubio.
Por su parte, el joven Bradford estaba haciendo todo lo posible por no dirigir su mirada hacia la castaña, cargada de miles de sentimientos que se agolpaban en su cabeza y en la parte baja de su vientre cada vez que evocaba su imagen. Y no precisamente su imagen en ropa interior, porque después de todo, la había visto con menos ropa que eso. Se golpeó la cabeza con la mano derecha, haciendo acopio de todas sus fuerzas para no correr hacia la ella y hacer… hacerle Dios sabía que cosas a Hermione.
Pasó su mano enjabonada por el pecho, cerrando los ojos. Frotaba cada vez con más y más fuerza, con más rapidez, casi haciéndose daño. Intentaba pensar en otras cosas¡De verdad que lo intentaba! Lo intentó con la clase de Cuidado de criaturas mágicas (su preferida), con el Quidditch, con… con…
Oyó un ruido sordo a su izquierda, y giró tan rápido la cabeza que casi se disloca el cuello. Suspiró con fuerza cuando se dio cuenta de que no había sido nada más que la Gryffindor, que se había golpeado la cabeza (al parecer voluntariamente) contra la pared, aparentemente igual o más frustrada que él. Evidentemente no por las mismas razones, se intentó recordar el moreno.
"Aparta los ojos de ella, pervertido." Se replicó a sí mismo mentalmente, pero nada. Sus ojos parecían no querer obedecer a su cerebro, y se habían quedado prendados de sus curvas. De su espalda, de sus piernas, de aquella graciosa curva que se formaba justo donde empezaban sus caderas.
Dios, aquello era una locura.
Estaban allí, en aquel baño de mala muerte, prisioneros de los mortífagos, esperando seguramente la más cruel de las muertes, o que les torturasen hasta volverse locos, con suerte. Y él estaba pensando en lo increíblemente sexy que era su nueva amiga, en vez de darle apoyo, que era lo que se veía que necesitaba en aquel momento. ¿Qué le pasaría aquella vez? Algo relacionado con aquel cabrón impresentable de Malfoy, probablemente. No se la merecía… solo él sabía que no se la merecía. No merecía sus lágrimas, ni sus pensamientos. No merecía ni siquiera respirar el mismo aire que Hermione respiraba, y sin embargo ella estaba enamorada de él.
De Draco Malfoy.
Hermione dejó descansar su cabeza contra la fría pared, refrescándose las ideas. O por lo menos intentándolo¿Qué demonios le pasaba? Era masoquista.
Si, eso debía ser. No había otra explicación razonable¿enamorada de Draco Malfoy?
¿Draco Malfoy, el mortífago? Podría incluso haber sonreído, pero para que mentir, ya casi ni se acordaba de cómo se hacía aquello.
Sintió una mano cálida en su espalda desnuda, y no pudo evitar sobresaltarse. En su mente casi podía oír con claridad la voz de Ojoloco "¡Alerta permanente!"
- Hermione¿te encuentras bien? – El aliento salido de la boca de Emile fue a chocar contra su nuca, erizando todos y cada uno de los cabellos que acariciaba. No supo demasiado bien que contestar. O bueno, lo cierto era que si lo sabía¿pero como decirle a Emile que era lo que se le estaba pasando por la cabeza en aquellos momentos? "Si, verás Emile, estaba pensando en la primera vez que hice el amor… con Malfoy." Muy bien, completamente lógico.
- Todo lo bien que puedo estar, no te preocupes. – Intentó esbozar una sonrisa tranquilizadora que se quedó en eso, un intento, cuando se dio cuenta de que la mano del moreno todavía estaba posada en su espalda, trazando pequeños círculos sobre su piel mojada.
Dirigió sus ojos color miel hasta los de Emile, que le devolvió la mirada con una intensidad abrumadora.
Eran tan distintos aquellos ojos negros de los claros que la volvían loca…
Cerró los ojos en un acto casi involuntario cuando él se acercó, sin prisa, hacia su boca. Aquello no estaba mal, no tenía porque sentirse culpable, después de todo ella era libre¿no? Y Emile era uno de los mejores chicos que había conocido en mucho tiempo. Y también era muy atractivo. Cordial, generoso, comprensivo… Aquello era lo correcto.
Pero entonces¿Por qué evocaba los labios de Malfoy donde deberían estar los de Emile?
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- Zabini, por fin te encuentro. Necesito que… ¿Zabini? – Pasó su mano por los ojos del Slytherin, que seguía con la mirada fija en algún punto perdido de la habitación. - ¡Blaise! – Palmeó su mejilla sin demasiado cuidado.
- … todo. –
- ¿Cómo dices? No tengo todo el día, Blaise. –
- Weasley lo sabe todo. – Clavó sus ojos en los grises del rubio, y pudo distinguir con claridad como estos se obnubilaban, presos de la ira.
- Voy a darte una oportunidad para que me lo expliques. Solo una, y más te vale que sea convincente. – Advirtió, con un dedo un alto mientras se sentaba en el resquicio de su cama, con los brazos apoyados descuidadamente sobre sus rodillas. Su varita pendiendo de su mano izquierda, amenazante.
- Convincente no se, pero es jodidamente surrealista… -
O.o°••°o.O Flash Back O.o°••°o.O
Abrió la puerta de la habitación que, oh cosas de la vida, también resultaba ser la de Draco Malfoy además de la suya, quitándose ya la camiseta en el proceso para no retrasar mucho más la toma de contacto con el agua de una vez por todas. Tan ocupado estaba intentado sacar su morena cabeza por el cuello de la prenda, que no se dio cuenta de que, sentada en su cama, una muy divertida Ginny hacía verdaderos esfuerzos por no estallar en carcajadas delante de sus narices.
- ¡Weasley! – Apenas un débil rastro de luz pudo apreciarse en sus ojos claros, inmediatamente ocultado. - No esque no me gusten este tipo de sorpresas, pero ¿crees que podrías explicarme como cojones has conseguido entrar en mi habitación? –
Le dio un largo trago a la lata de coca-cola que reposaba sobre la mesita de noche. La visión de la pelirroja sobre su cama no estaba ayudando demasiado a que la olvidase, básicamente estaba logrando todo lo contrario. ¿No hacía de repente demasiado calor? Volvió a beber.
- Déjame a mí eso de preguntar y cállate de una maldita vez, Zabini. ¿Cómo me llamo? –
- Ginevra Weasley. – Se sorprendió a sí mismo contestando correctamente, y no diciendo el típico "pelo-zanahoria" que le caracterizaba. Algo ahí no iba bien.
- Bien, muy bien. – Le miró con determinación durante unos instantes, como pensando que preguntar a continuación. - ¿Es verdad que saliste con Parvarti el año pasado? – Que tontería, no pensaba contestar a eso.
- Si – Se golpeó la cabeza contra la pared¿Por qué no podía dejar de decir la verdad? Era como si… como si… - ¡Veritaserum! – ¿Había puesto veritaserum en su coca-cola?
¿Por qué no estaba aquella chica en Slytherin?
- Muy agudo, Blaise, pero vamos al grano. – Ginny se imaginó a un preocupado Harry buscando su capa de invisibilidad por toda la habitación, sin resultado alguno. - ¿Qué es esa tal Mansión Riddle? –
- Es el punto de reunión de todos los mortífagos, el sitio donde se lleva a los prisioneros para torturarlos o matarlos directamente. – A Ginny aquello no le gustó nada.
- ¿Es allí donde se esconde Voldemort? –
- Si. –
- ¿Hermione esta viva? –
- De momento. – La más joven de los Weasley reprimió las ganas de abofetearle, después de todo, la poción de la verdad no hacía más débil a Zabini. Debía tener cuidado, ahora que sabía de lo que era capaz. Enterró sus uñas en la palma de la mano que no sostenía la varita bajo la túnica.
- ¿Por qué? –
- ¿Por qué, que? –
- ¿Por qué Hermione¿Por qué no yo? –
- No fue premeditado. Oyó algo de lo que nadie tenía que enterarse y eso la llevó hasta donde esta ahora. Supongo que el que sea la mejor amiga de Potter también ha contribuido bastante a su actual condición. –
- ¿Y que es eso de lo que nadie tenía que enterarse? – Blaise se fustigó mentalmente por lo que sabía que estaba a punto de hacer. No debía. Intentó morderse la lengua, pero no sirvió de nada.
- De que Voldemort esta buscando el giratiempo del viejo chalado. – La pelirroja alzó una ceja, suponiendo que se refiriese a Dumbledore. ¿Qué era aquello del giratiempo? Hermione le había hablado alguna vez de aquel artefacto, pero ahora no conseguía recordar nada.
Se levantó de la cama, no había tiempo que perder. Tenía que ir a la biblioteca para informarse mejor, y después habar con Harry, Ron y Luna.
Estaba tocando el pomo (manecilla) de la puerta cuando se giró para mirar a Zabini, que tenía la cara enterrada entre sus manos, seguramente maldiciéndose interiormente por haberle dado aquella información tan valiosa al enemigo.
Debía irse ya, no había tiempo que perder. Avanzaría por aquel pasillo hasta que sus pasos se perdieran, hasta que también se perdiera el recuerdo candente de aquel joven de ojos claros que ahora volvía a mirarle con intensidad.
Solo una última pregunta…
- ¿Tú también eres uno de ellos, un mortífago? –
Contuvo la respiración, incluso su corazón parecía haber dejado de latir mientras esperaba que Blaise despegara sus labios para responderle. No debería de importarle tanto, pero no podía evitarlo.
Por favor, dime que no.
- Si. –
Y no sabía porque, le dolió. Le dolió incluso más de lo que a ella le dolió el escucharlo de su boca. Le dolió como nunca antes le había dolido ver la decepción en sus ojos oscuros, y se obligó a apartar la mirada de la puerta cuando esta se cerró con fuerza tras ella.
Bueno, ahora ya no había marcha atrás. Nada volvería a ser como antes.
O.o°••°o.O Fin del Flash Back O.o°••°o.O
Draco alejó sus ojos del los del Moreno, ofuscado. Sabía que no era culpa de Blaise, pero el saberlo no disminuía las ganas de matarlo a puñetazos en aquel mismo momento.
Liberó todo el aire que había estado conteniendo durante el relato, y se dispuso a salir de nuevo por la puerta entreabierta, rumbo a la mansión Riddle.
- ¿Y ahora donde vas? – Preguntó bruscamente Blaise.
- A vigilar a Granger, no vaya a ser que en un arranque de heroicidad de Potter la rescate y se vaya todo a la mierda. –
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Y en aquel mismo momento, la misma Hermione estaba manteniendo una lucha interior escasos segundos antes de que Emile le diese el beso: cabeza contra corazón.
Ella era una chica racional, y la parte racional le estaba pidiendo a gritos que se dejase llevar por el castaño.
Pero había un pequeño, pequeñísimo problema. Y se llamaba corazón, como siempre, entrometiéndose en todo. Y fue gracias a él que, mordiéndose el labio, la prefecta perfecta terminó dándose por vencida. No podía.
- Emile, no puedo… - Su aliento chocó contra los labios de él, calentándolos.
Oh, Dios. ¿Cómo se suponía que iba a rechazarle? Aquello era tan cruel. Rechazarle por Draco Malfoy, mortífago. Incluso sonaba a broma. Lástima que no lo fuera.
Se concienció de lo que tenía que hacer, repasando mentalmente las palabras que iba a decirle una y otra vez, asegurándose de que nada hiriente fuese a salir de sus labios carmesí. No podía permitirse perder a Emile, a él no.
Apoyó ambas manos en los hombros de él, intentando frenarle. Pero nada. Tenía más fuerza de la prevista, y aquello la asustó¿Por qué no se alejaba? Estaba empezando a tener miedo.
- ¡Emile, por favor! – Notó los labios del ojinegro sobre su cuello, mientras ejercía todavía más presión para liberarse.
¿Qué estaba pasando con Emile?
Sintió como las lágrimas se empezaban a agolpar en sus ojos cuando su espalda se posó dolorosamente sobre la pared desconchada, con la mano masculina del chico subiendo a gran velocidad por su entrepierna. No quería.
No era así como debía sentirse.
No era aquello lo que había sentido cuando Malfoy la había tocado. No había placer, no había deseo, solo… solo aprehensión.
Solo quería que todo aquello terminase ya.
- ¡Socorro! – Sabía que nadie acudiría en su ayuda desde el principio. Sabía que Crabble y Goyle no entrarían por esa puerta para ayudarla. De hecho, de haber entrado, se hubieran sentado a comer palomitas mientras reían y aplaudían. - … por favor… -
Se hubiera dejado resbalar pared abajo si un hubiera sido porque el castaño la tenía firmemente sujeta por las caderas, mientras mordisqueaba sin demasiado cuidado la piel desnuda de su clavícula.
Aquel no podía ser el mismo Emile que ella conocía. Aquel no era… no era su Emile.
- ¡Suéltala, Bradford! –
Finalmente quedó sentada en el suelo con los ojos cerrados y la cabeza enterrada entre sus piernas flexionadas, mientras las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas enrojecidas. Había estado tan cerca…
- Granger. – Oyó la voz de Draco como si estuviera en un sueño, a la lejanía. ¿Qué pasaría si abriera los ojos y Emile todavía… todavía…? – Eh, Granger, tranquila. Estoy aquí. Ese cabrón ya no volverá a tocarte. –
Levantó la cabeza, e inmediatamente se vio sumida en aquel mar tan conocido de sensaciones contradictorias. Sus ojos chocaron con unos iris grises inconfundibles, y se sintió aliviada por primera vez desde hacía mucho tiempo. Y era gracias a él.
Gracias a Draco Malfoy.
Draco abrió los ojos con sorpresa cuando sintió como la chica le rodeaba con ambos brazos, llorando desconsoladamente sobre su hombro. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? Él nunca había estado en una situación parecida.
Y mientras su cabeza le decía a gritos que se alejara de ella, él acariciaba lentamente su cabello, susurrándole al oído palabras conciliadoras. Parecía increíble lo bien que encajaba ella entre sus brazos.
- Shhh, no llores más. Nadie volverá a hacerte daño nunca más. No mientras yo pueda impedirlo. Porque eres mía, de nadie más. –
Porque aquel martes, el corazón volvía a ganar la partida.
Continuará
¡Ooh, que bonito! A mi que me regalen un Draco Malfoy por Navidad.
Bien¿Qué os ha parecido el nuevo capítulo? La verdad es que es uno de mis preferidos (aunque esta mal que yo lo diga xD) me encanta como ha quedado. Sobretodo la escena entre Hermione y Emile.
Bien, como dijo Jack el destripador: vamos por partes.
Vamos a empezar por lo fácil, o sea, por la promesa de Harry y Ron. ¿No os parecen majísimos? Desviviéndose por Hermione. A mi, en este capítulo en particular me encanta Ron (vale, ya se que es mi personaje favorito y que mi opinión no cuenta¿pero a que es mono?).
En cuanto a Luna, puede que no haya salido mucho, pero como siempre, cuando lo hace, lo hace por una razón¡y que razón! Un translador al Valle de Godric. Ahora ya se van viendo por donde van los tiros¿eh? No voy a dar más pistas, que soy buena, pero no tonta del todo.
Ginny & Blaise han tenido, por su parte, otro de sus ya famosos encontronazos en Howgarts, pero esta vez no ha acabado en beso, sino que se podría decir que todo lo contrario. La dulce y pequeña Ginevra (no tan dulce ni pequeña después de todo) ha sacado todas sus armas a relucir, demostrándonos que ella también va a dar juego en esto del rescate de la castaña. ¡Di que si, chicas al poder!
Y por fin llegamos a… ¿adivináis quien? Pues claro, Hermione & Emile. Estabais convencidos de que Hermione iba a ceder¿eh? Pues no, nunca subestiméis la fuerza que pueden llegar a tener los sentimientos sobre una persona más o menos racional cuando los deja salir a flote.
Vale, lo más seguro es que en estos momentos estéis deseando estrangularme por poner a Emile de malo, pero juro, rejuro y perjuro que todo tiene su razón de ser. Y no, no es que el chaval tenga doble personalidad, es algo mucho más enrevesado que eso (¡soy mala, y me gusta!).
Sobre esto tampoco voy a dar pistas, solo puedo decir que todo se verá en el próximo capítulo… ¡Aquí nada es nunca lo que parece!
Y… (redoble de tambores) aquí llegan los más esperados, queridos, súper protagonistas de nuestra historia: Draco & Hermione. He conseguido sorprenderos con la reacción del rubio¿verdad? Y bueno, si no que más da, yo estoy bastante contenta con como me ha salido en este capítulo¿no se me nota?
Hemos podido ver, por fin, a un Draco sobre protector con Hermione (eso si, algo posesivo también, pero que se le va a hacer, es un Malfoy)¿a que sería todo un padrazo? Esta Hermione si que sabe…
En fin, solo me queda agradecer todos y cada uno de los reviews con los que he sido recompensada (¡Sois-los-mejores!) y pediros que por favor…
¡Dejéis algún que otro comentario!
Porque Ice days no sería nada sin vosotros…
Earwen Neruda
Podrán cortar todas las flores, pero no podrán parar la primavera
PD: No olvidéis pasaros por "10 normas básicas que todo buen Malfoy debería saber", de cosecha propia. Va dedicada a todos vosotros, a los que leéis Ice days. Para que veáis lo maja que soy.
Ahí queda eso.
