Disclaimer: Ningún personaje de Shaman king me pertenece. Sólo me pertenece los personajes creados para este fic.

-FINAL-


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Capítulo 10: Juntos

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Nadie parecía anunciar que la mujer no se encontraba en su celda.

Lograron salir victoriosos del oscuro laberinto. Todo sucedió entre voces bajas tratando de guiarse en los caminos desconocidos, a la expectativa que les cayera alguna roca mal ubicada. Aunque pensó nunca salir de ese agujero in fin, donde no pudo sentir ni su propia respiración, agradeció ver la luz al final del camino. Siguieron su única esperanza de escape y lograron salir por las afueras de la ciudad, entre las vegetación.

Asahi no parecía la misma persona cuando salió de la celda. Se mostraba más segura de donde se dirigían, y notaba que aún podía caminar sin problemas. Le remordía la conciencia cada vez que emitía un quejido de dolor por algunos golpes que adornaban la piel, y pensó que lo mejor sería llevarla a algún lugar para que pudiera curarse las heridas. Caminaron por largo rato hasta encontrar un refugio. Descartó la idea de ir a su propia habitación porque parecería de lo más sospechoso, y documentos importantes estaban ahí. Tuvieron que entrar a cualquier casa vacía.

Ahora él se encontraba sentado dentro de la pequeña habitación, esperando que Asahi terminara de bañarse. No tardaría mucho en salir porque hace unos momentos le anunció que todavía seguía viva, pero que le tomó mucho poder asearse. Ocultó una media sonrisa al saber que volvió a ser la de siempre, a pesar de las heridas, su ánimo no cambiaba.

El sonido de la puerta lo alertó. Volvió la mirada hacia la luz que se apagó en ese instante. La luz de la luna y la sombra que hizo el cuerpo femenino le advirtió de su presencia. No llevaba puesto el haori blanco que le prestara, sino que lo tenía agarrado en la parte delantera. Se rascó la nuca preso del nerviosismo y el sonrojo que nació en el rostro, pero trató de desechar esos pensamientos antes que llegara y fuera demasiado tarde.

Para él seguía viéndose atractiva a pesar de las magulladuras sobre su cuerpo.

—Me siento mejor —suspiró, Asahi—. Siento la demora.

—Está bien así. —Negó con la cabeza.

—Gracias por tu prenda, ¿no la necesitarás?

—N-No. —se rascó la mejilla—. Aún no.

Se movió desde su posición, y se sentó junto a él.

—¿Podrías aplícame esto? —Le entregó una botella y una tela delgada—. Es ungüento para las heridas. La encontré en los artículos.

Asintió sin dudarlo. Tomó la pomada, iba a darle la orden que se acercara, pero Asahi ya estaba de espaldas a él, mostrándole las heridas más resaltantes en la espalda. Apretó un puño por la visión de las cicatrices. Estuvo cerca de maldecirse.

—Esto dolerá un poco.

—No creo que más que ahora.

—Lo decía porque no he hecho esto hace mucho tiempo.

—Serás un buen doctor —sonrió, apretando la tela sobre el pecho—. Había olvidado lo que se siente.

—Están cerradas, pero si las dejamos como están…

—Lo sé. Puedes comenzar.

La mano le tembló cuando cogió la delgada tela. Tal vez si se tratara de otro cuerpo, hasta el suyo propio, no se pondría tan ansioso. Las cicatrices nuevas empezaban a sanar y posteriormente se volverían permanentes en la espalda de la muchacha. Se unirían a las demás.

Era irónico. Siempre quiso saber por qué presentaba aquellas desagradables marcas, era demasiado para un cuerpo delicado y su género. Nunca pensó que aprendería de esa manera. Por si fuera poco, tanto sus brazos y piernas compartían el mismo color morado en varias partes a causa del castigo que seguramente recibió. Sería un milagro que no se sintiera culpable por lo que veía.

—Amidamaru, deja de pensar —comentó. Sintió que la tela dejó de moverse por su espalda—. Curarán pronto.

—¿Fue así como aparecieron las demás? —Se atrevió a preguntar.

—Ya veo. —Suspiró resignada—. Nos merecemos muchas explicaciones.

—Siempre te pedí la razón de estas marcas. —Repasó una mano sobre su cabello, con frustración—. Nunca pensé que sería de esta manera.

—La época es muy dura, no te sientas culpable. —Se adelantó—. Le dije a Mosuke la ubicación de los pergaminos, y seguro sabes la historia. —Hizo una pausa—. Todo lo que está ahí es verdad, pero faltan detalles.

—Entiendo. —Suspiró, ansioso—. Quiero saberlo todo. No importa si duele —respondió. Las palabras del Daimyo pidiéndole que acabara con su amigo era suficiente para saber que le creería todo.

—¿Sabrás que no soy un ninja entonces? Creo que esa parte no la supe hacer.

—Si lo fueras, hubieras seguido el mismo destino que todos, cuando son capturados.

—No lo tomé en cuenta —aseguró, en una tenue risa. Suspiró nuevamente y comenzó hablar con un tono de voz más pausado—. ¿Recuerdas cuando mencionaste que tal vez tuvimos la misma infancia? Pues fue así, soy una sobreviviente del plan Minamoto. El clan que vivía en estas tierras antes del Daimyo, partes de la zona de cultivo del Shogun —aseveró—. No es mi referente estrella de hombre pero vivíamos tranquilos haciendo nuestro trabajo. Era pequeña y ayudaba a mis padres en los quehaceres. —Se estremeció, tomó aire y navegó los ojos por la casa—. Una noche… esa tranquilidad se acabó por la guerra civil del hombre que está a cargo ahora. Todo fue tan sigiloso que el Shogun se enteró muy tarde de la revuelta, no sé si le tomó importancia o no, pero lo importante lo perdí ese día —dijo, afligida—. Mi casa, mis padres, la mayoría de mis amigos, mi tranquilidad… mi inocencia. No supe cómo terminé en medio del bosque, o si alguien me rescató, pero juré que nunca dejaría que me quitara lo que quiero. Mientras pudiera mover una mano o un dedo, iba a seguir peleando.

Hubo un largo silencio donde sólo se escuchaba la respiración de ambos. Las manos del Samurái se detuvieron. No se equivocó al pensar que tuvieron la misma historia, y el resultado al final, había sido su fuerte decisión por acabar con el hombre que la había hecho pasar por esa pesadilla.

—Fue la razón para saldar cuentas con el Daimyo.

—Lo fue. Por muchos años caminé por diferentes ciudades, pensando que hacer después, sobreviviendo a las necesidades. Sobre todo buscando cómo volverme más fuerte. Cómo te dije alguna vez, en ese momento conocí a mi amiga que seguirá en la frontera. Me ayudó a encontrar lugares donde entrenarme, y con las que escapaba cada vez que nos encontrábamos con 'hombres mal intencionados' —sonrió, melancólica—. No quise volver a pasar por lo mismo. Nunca me iba doblegar ante el deseo de nadie…. a menos que yo lo quisiera.

—¿Y lo quisiste? —Supo a lo que se refería, y por una extraña razón le dejó un hueco en el estómago.

—Tú lo sabes mejor que nadie. —Volteó la cabeza sobre el hombro—. Llegado el momento me alié con el Shogun, quería sus tierras de regreso. Era la forma más cercana que encontré y que se alineó a mi objetivo.

—Si le pertenecía entonces no hubiera sido tan difícil. —Se aclaró la garganta.

—El Daimyo estaba falsificando todos los rollos que pude rescatar, pensando en apropiarse indefinidamente de las tierras. Tal vez parezca raro pero el actual Shogun tiene un sueño de unificar el territorio y quiere evitarse una guerra inútil. No sé si es posible algo así, pero usará la fuerza después de esto.

—Tu objetivo se cumpliría con los rollos recuperados. No era necesario que aparecieras intentando matarlo si planeaban invadir en algún momento este lugar. —Apretó los puños—. Lo mejor era no hacerlo. Tal vez, nunca conocería tu identidad pero hubiera quedado con la idea de…

—Hubiera pasado en algún momento. —Dio la vuelta, aún con la tela blanca sobre el pecho—. Prometí contarte la verdad. No podía quedarme tranquila hasta que lo supieras todo, por tu propia seguridad, para que conocieras los verdaderos colores del Daimyo. Estas tierras son una trampa sin salida para quienes lo sirven.

—Soy un Samurái y mi deber está aquí —aclaró—. Debías volver a tu trabajo con el shogun y no regresar.

—Lo dices porque ahora sabes mi pasado y tu parte Samurái te pide proteger. —Lo tomó del haori negro—. Cumplí con mi trabajo para deshacer del plan del Daimyo, quise volver a… terminar lo pendiente, contarte lo que sucedió, porque… —Cerró los ojos y emitió un suspiro—. En el camino descubrí algo que me hacía falta y no me daba cuenta.

Amidamaru sintió la frente femenina apoyada en su pecho, las manos cogidas fuertemente sobre su prenda. Si en verdad había sentimientos entre ambos, entonces la mujer nunca se iría después de ver cumplido su objetivo, sino quedarse hasta el final. Parecía como si quisiera dar a valer su palabra, ya que le dijo en alguna ocasión, que se quedaría ahí para morir juntos.

Era la razón por la cual no le diría nunca lo conversado con Mosuke. De hacerlo, ella se quedará ahí en las tierras del Daimyo hasta que les llegara el final. No podía permitirlo, ella debía vivir. Saldaría cualquier cuenta que tuvieran y la dejaría libre para que continuara.

—Tu alianza con el Shogun iba bien hasta que te encontraste conmigo en la frontera.

Asahi asintió. Hasta una completa desconocida como lo fue Midori en su tiempo sabía acerca de sus sentimientos, y parecía muy difícil manifestarlo así de improviso. Levantó lentamente el rostro hacia la mirada del Samurái que no la perdió de vista. Por segunda vez en mucho tiempo, sintió humedad recorrer sus mejillas. Era tan extraña esa sensación que nació en lo profundo de su pecho.

—Resté importancia a tu título de Samurái del Daminyo, ni siquiera me acerqué como parte de mi plan. Todo fue por un camino que no pensé recorrer —gimió, a causa de las lágrimas—. No quería que fueras temporal. Algo dentro de mí me pidió acercarse, y…

Interrumpió lo que seguía.

En instantes, unió su boca con la de ella en un contacto desesperado. Sintió las manos sobre su rostro y su cuerpo junto al suyo. Fue un abrazo profundo y lleno de sufrimiento inicial. Entendía sus razones, no podía dudar de sus palabras. Era incontenible la ansiedad que nació en su interior al verla quebrarse y explicarle su motivación principal. Desbarató cualquier teoría ilógica que nació en algún momento en su interior. Ella nunca lo vio como un elemento para acercarse al Daimyo.

La fuerte mujer había desaparecido en ese instante.

—Tenía miedo que me odiaras. —Hizo un espacio entre ellos. Tomó su rostro entre sus manos—. Las semanas que pasamos juntos quise quedarme, sin importarme que en algún momento el Daimyo me descubriera. No me importaba. —Se secó las lágrimas—. No me importaba morir ahí mismo si era necesario.

—No necesito que me expliques más.

—Mis palabras fueron exactas. Quise quedarme con la última imagen. Despertar contigo fue lo mejor que me pudo pasar. No quise que terminara.

—No se terminará.

—T-Te amo Amidamaru. Nunca lo olvides.

La beso nuevamente, hundiéndose en los rincones de su boca. Fue una sensación dulce, motivadora, que le pedía a gritos no detenerse. Sus palabras se hundieron como agujas dentro de la piel. Le enseñó que, inclusive en ese tiempo lleno de guerras civiles, podía sentir el amor de una mujer. Todavía quedaba tiempo para recordar. Todavía quedaba tiempo para no olvidarse de los ojos carmines que lo llevaron a sentir algo extraordinario en su pecho.

Desesperado descendió por su cuello y su pecho desnudo, mientras sus manos se abrieron paso por sus caderas. Comenzó a escuchar nuevamente la voz femenina de manera entrecortada. Quería apresarla entre sus brazos como muchas veces antes, pero las cicatrices que había en la espalda era algo con lo que debía tener cuidado.

—¿Estarás bien? —Logró decir, agitado.

—Serás más amable esta vez.

—Cuenta con ello.

No le tomó mucho tiempo deshacerse de sus ropas que colaboraron fácilmente. Sabía que le mortificaba las heridas, pero haría lo posible para que tal experiencia se volviera inolvidable. Arriesgaron demasiado para que todo desapareciera con el amanecer. Quería impregnarse de su aroma por última vez, clamar todo de ella hasta verse satisfecho. Era impensable lo que obtenía con sólo rozar su piel, o escuchar su voz ahogada por cada sensación.

Nunca olvidaría ese sentimiento de entrega compartido con ella.

Transparente y sin ninguna duda.

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Las luces de las pequeñas casas todavía alumbraran las calles con ayuda de lámparas, alumbraban las aún pacíficas tierras del Daimyo. Le gustaba meditar en ese lugar, cefca del árbol en lo alto de la colina. Le generaba tranquilidad absoluta, mientras el viento relajaba sus pensamientos.

Suspiró relajado. Le prometió a Mosuke esperarlo en la colina para que le entregara a 'Harusame'. A pesar que una moribunda ansiedad lo hizo sentir inseguro, se dio ánimos a continuar con su plan inicial. La sensación era diferente Ahora.

Asahi no desapareció de su lado como la anterior ocasión; él mismo se despidió de ella para que cumpliera con la misión inconclusa de entregar los rollos de pergamino al Shogun. Le tomó mucho tiempo dejarla ir pero le pidió que no regresara, que terminara con todo lo pendiente. Fue una despedida difícil pero necesaria. No podían compartir el mismo destino.

—¡Al fin te encuentro!

Se sorprendió por la conocida voz.

Sin creer que alguien más pudiera estar ahí a esas horas de la noche, volteó hacia el hombre mayor que avanzaba hacia él en paso seguro y amenazante, con la espada entre sus manos. Ese rostro conocido de Aizawa mostraba odio tangible. Según lo contado por Mosuke, entendió sus razones. Para ese momento la noticia del escape de la ninja debía estar en boca de todos, y el más interesado en encontrarla sería él. No por nada fue el más 'divertido' con el castigo impuesto.

Lo llenó de satisfacción haber frustrado sus planes

—Veo que no lo esperabas —expresó, amenazante, el Samurái—. Firmaste tu sentencia de muerte al querer pasarte de listo y revelarte ante las órdenes del Daimyo.

—No sé de qué hablas. —Puso la mano sobre el cinto. Su frente se arrugó por la sospecha—. ¿Alguna noticia que me perdí?

—¿Si te dijera que tu amigo no vendrá? —comentó, confiado—. ¿Qué paso con tu lealtad?

Fue un comentario que no esperaba. Pensó que se refería a lo de Asahi, pero que le nombrara a Mosuke lo desubicó totalmente. Se suponía que nadie debería saberlo. Era un secreto estos su amigo y él. Apretó los puños ante el ruido que se formaba en otro lugar. Echó un vistazo hacia la base de la colina e identificó innumerables hombres que corrían en su dirección. Llevaban espadas y gritando que capturarían al traidor. Sólo pudo significar una cosa.

El plan de encontrarse con Mosuke fue descubierto.

Apretó los dientes a causa del error cometido. Alguien los debió escuchar en la noche cuando hablaron. Sacó rápidamente una espada del cinto, 'Harusame' no se encontraba con él. La blandió en contra del hombre mayor que comenzó a reírse.

—Veo que ahora entiendes. —Se carcajeó—. No te preocupes, esta vez no terminarás en una celda como la ninja que capturaste. No saldrás vivo de aquí.

El hombre mayor se lanzó al ataque. Intercambiaron varios choques de espada, pero no era lo suficiente rápido para alcanzarlo. Un superior sin una de pizca de habilidad que no lo hizo ni sudar. Su única preocupación se concentró en los hombres que se acercaban a la colina, cada vez era un mayor ruido, seguramente aumentando la cantidad de hombres.

Con el objetivo de terminar la pelea, esta vez se pondría serio y usaría todas sus fuerzas para defenderse de todo aquel que se acercara.

—Todavía tengo dudas de porqué la ninja desapareció —expresó, el hombre, en plena batalla. Se cogió el estómago por un corte—. Eres más sospechoso que ella. —Respiró con dificultad—. No sabes en lo que te metes.

—Guárdese sus comentarios para alguien que sí le importe.

—No lo niegas, traidor. —Apretó los dientes—. Si sales vivo de esta, te harán pagar por tu atrevimiento.

Con la presión de los hombres subiendo por la colina, zanjó lo pendiente con el hombre frente a él, y terminó por traspasar la espada por la herida anterior. El cuerpo cayó sin vida junto a sus pies, no había vuelta atrás. Sacudió la espada en un movimiento seco, que hizo que el arma se limpiara rápidamente. Había olvidado completamente esa sensación lejana, pero no tuvo otra opción.

Escuchó varias voces acercándose a él, como si se tratara de un mar de personas. Rápidamente bloqueó ataques de las espadas que llegaron hacia él. Un blandir de su arma fue suficiente para acabarlos en fracción de segundos; su destreza era más avanzada.

El Daimyo debía estar muy desesperado para mandar a tantas personas juntas para acabar con él. Perdió la cuenta de los cuerpos que cayeron al césped a causa de su espada; debía proseguir defendiéndose de los ataques. Vivir o morir estaba en sus manos. Maldijo entre dientes por la demora de Mosuke, con 'Harusame' sería un juego de niños. No quiso pensar en la posibilidad que lo hubieran atacado. Mantuvo la esperanza que llegaría en cualquier momento.

Se abrió paso entre los hombres que llegaban. Tuvo que hacer uso de la segunda espada que descansaba en el cinto. Hasta los superiores que alguna vez conoció se encontraban ahí, mirándolo negativamente y haciendo señales que su vida se acabaría en cualquier momento. No quiso mirar atrás, seguro eran incontables cadáveres. Respondió un ataque que llegó desde todas las direcciones, sudor frío bajó por la espalda.

No perdería.

Un ataque imprevisto llegó por la espalda, pero no le hizo nada porque el hombre cayó a sus pies. Su rostro fue de absoluta sorpresa, Asahi estaba con su espada en la mano y mirándolo con sarcasmo.

—Los héroes Samurái no duran mucho.

—¡Qué haces aquí!

—Tengo derecho a decidir qué hacer. —Corrió en la dirección de Amidamaru y blandió el arma a un hombre que planeó atacarlo por la espalda—. Es el lugar al que pertenezco.

—Te dije que no vinieras —recalcó—. Yo me haré cargo de…

—No esta vez.

Voltearon hacia el ruido de los demás hombres que corrían por las casas, todavía lejos de la colina, pero llegarían en cualquier momento. Asahi fue quien dio el paso al costado del Samurái.

Era la última vez que se verían, necesitaban terminar lo que empezaron.

—Midori-chan me contó todo —añadió—. No quise dejarla en este lugar y la llevé a la frontera. Estará con mi amiga, no le faltará nada.

—Eso quiere decir que Mosuke…

—No encontré a tu problemático amigo —suspiró—. Le dedicó mucho tiempo a 'Harusame' lejos de aquí.

—No lo sé. —Fijó los ojos en ella—. Siento no contarte lo sucedido. No quise que regresaras —explicó, ansioso—. Alguien debió escuchar la conversación.

—Entiendo, Amidamaru. —Colocó la mano en su antebrazo—. Cumpliremos con tu promesa de esperarlo. Se arrepentirán de ayudar a alguien como el Daimyo.

—No tienes por qué pasar por esto. —Volteó la mirada hacia otro lado—. Es mi trabajo…

Una interrupción fuera de lugar la invadió.

Las manos de Asahi se colaron por sus mejillas y los labios se aproximaron sin previo aviso. Correspondió de inmediato. Las voces se acercaban amenazando acabar con ellos, pues matarían dos pájaros de un tiro, al Samurái traidor y a la ninja sin nombre. No le importó. Fue como un chirrido sin sentido mientras disfrutó del último contacto de sus labios, una cálida sensación que llenó completamente su pecho.

—Asahi-dono… —pronunció su nombre.

—No me hagas repetirlo. Este es mi lugar.

La besó por última vez.

—Son muchos, ¿estás lista?

—Siempre estoy lista.

Terminaron su intercambio y empezaron su defensa contra los primeros que llegaron. Atacaron con sincronía, dejando la marca de sus armas en el cuerpo de los Samuráis que pretendían matarlos. Cada cierto tiempo volteaba a verla, pendiente de su seguridad, y seguía con el arma entre sus manos, segura de luchar.

Debía esperar a su amigo que le llevaría a 'Harusame'.

Perdió la cuenta de los hombres que cayeron a sus pies, lo único que lograba sentir era la presencia de Asahi protegiendo su espalda. Estaban en iguales condiciones de cansancio, pero necesitaba seguir. Fue la única vez que pelearon juntos, en lugar de hacerlo en contra del otro. Agradeció por haberla conocido, y tal vez, todo hubiera sido diferente si elegía la decisión más fácil de huir, pero no podría vivir de esa manera. No se arrepentía de nada.

En algún momento perdió la noción del tiempo, sus brazos no sintieron sus movimientos. El cuerpo se movía por inercia, y simplemente se dejaba llevar por la fuerza de los ataques que desgastaban más visión. Sus espadas hablarían por él en aquel instante donde no identificaba a nadie.

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuánto tiempo más estaría en pie?

La respuesta nació dentro de él cuando siguió la voz profunda que se apagaba en su mente. Era cálida, suave y con mucha ironía que le recriminaba que los héroes Samuráis reían al final. Qué habría luz después de la oscuridad, y que todo sería mejor, cuando se volvieran a reencontrar.

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El viento sopló frío; tanto así que las hojas del antiguo árbol se agitaron fugazmente, e hizo que la nieve acumulada cayera lentamente sobre el invisible cubierto de una manta blanca de tersa nieve. No era un punto muy concurrido por las personas, pero sí por las dos presencias que descansaban su espalda sobre el fuerte tronco. Desde ese punto era propicio ver la moderna ciudad que se extendía debajo de la colina. Parecía sin fronteras.

—Eso fue todo, joven Yoh —suspiró, Amidamaru, en forma de esfera—. Lo demás debe figurar en el libro que tiene el joven Manta —señaló.

—¿Qué? —Se sorprendió, el shaman—. ¿C-Cómo que acabó?

—Yoh, cálmate —dijo, Manta—. No es para que…

El menos Asakura se sonó estruendosamente la nariz con el pañuelo.

—¿Por qué no nos contaste esto antes? —cuestionó—. Ni Anna me ha hecho llorar tanto.

—Yoh, ese era mi pañuelo —regañó, Manta. Su amigo le pasó el pañuelo maltrecho—. Mejor quédatelo.

—¿Yo pensé que conocía todo? —Se quejó, Yoh. Se limpió la nariz nuevamente y añadió—: Te haré pagar por mi terapia al escuchar la trágica última parte.

—No es para tanto joven Yoh.

El espíritu negó con la cabeza en símbolo de resignación por lo emotivo que estaba su amo. Nunca pensó que fuera escuchar muy atentamente lo que tenía que decir, y sobre todo mostrarse afectado por algo que pasó hace seiscientos años.

Ahora que le contó la historia relacionada a su vida notó que los tiempos fueron difíciles, que diferían mucho de los libros. No pudo evitar rememorar aquellos recuerdos que vinieron por sí solos mientras hablaba. Había estado presente como espíritu a la espera de Mosuke como prometieron, que no se sintió ansioso por buscar a Asahi. Si tan sólo no la nombraba como parte de su historia, no le hubieran insistido tanto que les contara sobre ella. Fue una parte crítica, pero a la vez muy difícil.

—¡Vaya Amidamaru! Tienes razón —dijo, Manta—. Esa parte del Daimyo está en los libros.

—¿En serio? —interrumpió, Yoh—. ¿Y por qué no me enteré?

—Es una respuesta muy obvia Yoh —acotó, Manta—. No pasó mucho tiempo después que el Shogun de ese tiempo tomara posesión de sus tierras. Como parte de las guerras posteriores se logró unificar el territorio, sólo que siglos posteriores.

—¿Será que vivimos aquí? —rió, el shaman.

—Por eso lo digo. —Miró, suspicaz. Se aclaró la garganta para seguir—. Me parece extraño que su nombre no apareciera a ninguna leyenda. Si murió aquí, debería estar en la historia.

—¿Se murió? —preguntó, Yoh—. Esa parte no nos relataste.

Ambos miraron con resignación al joven shaman que parecía muy seguro de lo que decía. El espíritu fue el primero en reaccionar, y dejando de lado su forma de esfera, apareció en cuerpo completo.

—Joven Yoh —nombró—. Pasaron seiscientos años de eso. No sabría decir lo que ocurrió en ese momento de la pelea porque no fui consciente de mis actos. No logré ver el final.

—Entiendo —dijo, pensativo—. Me dio mucha pena Asahi, pero ¿qué pudo haberle pasado?

—Según el relato —añadió, Manta—, si el cuerpo pertenecía a una ninja peligrosa, no creo que el Daimyo haya querido dejar pruebas de su existencia. Podría ser una opción para que no esté su espíritu.

—¿Desaparecerla? Qué crueles. —Yoh se rascó la mejilla, confundido. Meditó unos momentos hasta que le surgió una idea—. ¿Si Manta busca alguna historia parecida para saber su paradero? Es el que estudia más que cualquiera, así que le será fácil.

—¿Qué? ¿Por qué yo? —se quejó el hombre pequeño.

—No deseo causar problemas al joven Manta —intervino, Amidamaru—. Será mejor dejarlo así.

Manta se sorprendió por la respuesta y el rostro de resignación del espíritu. Pensó durante unos momentos.

—Esperen —prosiguió—. Si para Amidamaru es importante entonces lo haré. —Se mostró confiado—. Además, contamos con la ayuda de Anna. Nos podría apoyar en última instancia.

—¡Es una excelente idea! —animó, Yoh—. Ya ves Amidamaru. Estoy seguro que todo saldrá bien y podrás verla nuevamente.

—Si el joven Manta puede saber cómo.

—¡Confía en mí!

Amidamaru emitió una leve sonrisa por el comentario de sus amigos. Nunca se la pasó por la cabeza sucedería y que la volvería a ver. Aquel recuerdo era tenue pero muy fuerte que lo hizo sentir nuevamente. Como espíritu las sensaciones terrenales se percibían de manera diferente; sin embargo, si en algún momento se reencontraran, tendría mucho sentido las frases de los protagonistas de las novelas que veía la señorita Anna. Qué el amor prevalecería hasta después de la muerte, aunque fuera trillado.

Lo que vivió con ella fue muy profundo, y si el joven Manta descubría su paradero, sería una satisfacción muy grande.

Con las ideas claras, se apartaron a paso lento de la colina. Se hicieron espacio entre la nieve y él se limitó a volar detrás de su amo.

—Amidamaru —llamó, Yoh. Detuvo su paso y añadió—. Tengo una duda

—¿Qué parte? —preguntó, inconsciente, el espíritu.

—Cada vez que mencionabas una parte interesante de tu encuentro con ella, cambiabas abruptamente la escena y saltabas de tiempo —dijo, inocente—. Me hizo confundir.

Los dos acompañantes se quedaron estáticos en medio camino.

Amidamaru se sobresaltó tanto que regresó a su estado esfera de un solo golpe. Un rojo intenso lo cubrió totalmente. Daba la idea impresión que se trataba del espíritu de Ren cuando volvía a ese estado. Se sintió avergonzado por el comentario de su amo que no supo qué responder. Si bien relató las partes importantes de lo sucedido mientras estuvo vivo, no pretendió contar exactamente… esos detalles personales, demasiado personales.

—¿Dije algo malo? —preguntó, Yoh.

—¡Nada joven Yoh! —Negó, rápidamente—. No fue nada importante.

—Pero me parece que sí —añadió, pensativo. Alzó un dedo al aire como si se tratara de una clase magistral y añadió—: Las relaciones siempre son así de intensas cuando conoces a… —Se detuvo cuando vio al espíritu volar lejos de él—. ¡Amidamaru! ¡¿Dónde vas?!

—¡Ay Yoh! —se quejó, Manta—. Mejor no preguntes.

—Sólo era curiosidad. —Puso los brazos detrás de la nuca—. Creo que se avergonzó. —Se rió entre dientes.

El joven Shaman sonrió ampliamente.

Era un buen síntoma que su espíritu acompañante haya mencionado con detalles su vida pasada. Conocía a grandes rasgos lo sucedido hace seiscientos años por los libros, Mosuke y su propio relato de aquellas épocas; pero todo el relato fue tan nuevo, que nunca pensó enterarse que algo así pudiera ocurrirle a su espíritu. Su amor pasado fue un tema que lo emocionó muchísimo. No siempre se tiene la suerte de volverse un espíritu y saber que su alma gemela estaría rondando por ahí.

Sonriendo, volteó la cabeza hacia la colina que dejaban atrás. A pesar que no veía a nadie, pudo sentir esa conexión especial que dejaba el árbol.

Harían lo posible por encontrar a la muchacha del relato, y así devolverle la felicidad a su amigo espíritu… una vez más.


-FIN-


N/A: Gracias por llegar hasta el final. Fue una idea que surgió hace mucho tiempo, lo organicé mejor, y cambié la redacción. Todo quedó hasta aquí, y prometí una continuación. Esta llegará en un Oneshot que publicaré.

Gracias a todos nuevamente.