Gui: sólo el espacio para meter el disclaimer. Gracias a todos los que me han dejado un review y sobre todo lo demás... SIENTO HABER TARDADO TANTO! pero no lo he abandonado.

Disclaimer: Si no sé inglés, ¿cómo escribí HP?


Conversación con Hugo

(o cómo meter la pata hasta el fondo)

Hugo se sentó en el sillón verde pálido de su salón. Ella encontró una silla y se dejó caer en ella. Hugo solo había ido a visitarla. Quería intimar con ella, hacerse amigos, hablar. Estaba tan perdido como ella. Bueno, en realidad, no tanto. Hermione se relajó al saber que los "otros" no habían encontrado a Hugo.

-Hugo… ¿cómo fue para ti? Cambió tu vida a los once años o… ¿Cómo te separaron de la magia?

-Entiendo lo que quieres decir. Yo vivía en el campo. Mis padres murieron en un accidente de coche siendo yo muy pequeño. Mi madre no sabía conducir bien y chocaron contra otro coche cuyo conductor tampoco sabía conducir a las mil maravillas. Murieron los tres.

-Lo siento.

-No me acuerdo de ellos. Me crió mi abuela, junto con mi primo. Mi abuela era una mujer aislada del mundo exterior. Recibíamos pocas cartas y ninguna visita. Mi primo vivía allí porque su madre viajaba mucho y su padre era desconocido. Íbamos al colegio del pueblo. Nada más complicado. Había criadas que hacían la compra, la comida y la limpieza y así mi abuela no se preocupaba por nada. Vivimos un tiempo con mi abuelo, desde que llegué allí con tres años hasta que se murió. Debía de tener unos nueve años. Fue ese año cuando llegó mi primo. Tenía unos ocho años. Mi abuela estaba muy triste y fue cuando empezó a aislarse.

»Un día, recibimos una visita extraña. Mi primo y yo estábamos en el jardín, jugando, y entró un coche por el camino que llevaba a la casa. Exen, mi primo, y yo lo seguimos. Era una mujer bastante joven. Tendría unos veinte años. Se vio con la abuela a solas y después de marchó como había venido.

-¿Cuántos años…?

-Estaba a punto de cumplir doce y sí, ya me lo han preguntado, cumplo doce años el 4 de septiembre. Desde entonces, mi abuela, a la que veíamos poco, se dejó ver cada vez menos. Un día, haciendo una trastada para llamar su atención, Exen entró en su cuarto mientras yo hacía otra cosa y vio que no estaba. La buscamos por toda la casa y preguntamos a las criadas. Nos revelaron que la abuela salía todas las semanas en secreto pero que no podían decírnoslo. También empezamos a recibir más cartas y en vez de quemarlas, la abuela se las llevaba a su habitación y las contestaba.

»Empezamos a sospechar que algo cambiaba en nuestras vidas. La abuela decidió mandar a Exen a un internado, que era el que peor se portaba y quien originaba las trastadas. Así, me educó para que no hiciese lo que mi primo y él venía en vacaciones y cada vez más cambiado. Llegó el momento en el que quiso conocer a mis amigos y si eran los mismos que cuando él estaba allí. Fue cuando empezamos a salir más con amigos del pueblo. Y fue cuando conocí a Helena.

-¿Helena? ¿Helena Gannett?

-Esa misma. Había vivido en Japón con su madre y su hermana, pero vino a Inglaterra porque sus padres, que se habían separado, se reconciliaron. Llegaron a Londres pero el padre trabajaba de profesor de historia en un pueblo - que no era otro que el pueblo en el que yo vivía – y la madre quería vivir en la ciudad por lo que se pelearon de nuevo y se volvieron a separar, pero las niñas se quedaron en Londres con la madre. Un lío de pareja. Pero la madre, de salud delicada, murió cuando las niñas tenían once años - por lo que ya dudamos que muriese de muerte natural – y el padre las trajo al pueblo. El profesor Gannett, que nos enseñaba historia a todos los niños del pueblo, volvió al pueblo un día con dos niñas dos años más pequeñas que yo. Helena y Katrina eran mellizas y dos polos opuestos. Katrina era todo bondad y era muy abierta y divertida y admiraba a su hermana. Helena era como es ahora, cerrada y arisca, enfadada con todo el mundo, pero con un fuerte instinto de protección hacia su hermana – que era la pequeña.

»Como eran nuevas en el pueblo y tenían esas facciones asiáticas a todos los chicos y chicas de mi edad nos parecían raras. Pero Exen, que acababa de volver del internado para pasar el verano, quiso conocerlas y fue como nos hicimos amigos. Katrina se alegró en seguida, pero Helena tenía la constante idea de que queríamos burlarnos de su hermana y la protegía a su manera, enfadándose con ella, regañándola pero sin explicarle nada. Al final, con muchos acercamientos, conseguimos que Helena nos aceptase como buenos para su hermana. Pero nunca se acercó a nosotros. Exen volvió a su internado y yo me quedé en el pueblo pero nunca se veía a Helena. Katrina hablaba poco de ella pero cuando lo hacía la ponía en un pedestal, siempre era su modelo a seguir y no hacía lo que Helena le prohibiese.

-¿Y cómo es que después os hicisteis amigos y cómo os encontraron?

-Fue hace medio año. Me mudé a Londres cuando fui mayor de edad para estudiar y me visitaron a mi casa Harry y Ron. Y cuando este verano fui al pueblo, Harry vino conmigo y conoció a Helena un día que fuimos a visitar a Katrina y claro, visto el nombre, llamó a dos o tres magos y hablaron con ella y la metieron también en esto. Y claro, visto que Helena me conocía, nos hicimos más íntimos, además de que yo ya no vivía en el pueblo.

-Ya veo.

Hermione y Hugo se callaron. Durante un tiempo estuvieron en silencio, un silencio de pensamientos y conjeturas. Pero Hugo rompió el silencio. Él también quería saber qué le había pasado a Hermione. Ella le resumió su marcha de Londres y la muerte de su madre.

-Volví a Londres porque mi amiga Anna, que me había metido en un trabajo suyo muy extraño y secreto detectó que alguien me estaba siguiendo y decidimos que me iría a Londres porque tenía el proyecto de volver algún día. Y toda la segunda parte del vuelo, desde París hasta Londres, estuve con Ginny. Y fui a parar al mismo piso de la misma casa que Luna y Neville, cosa que no creo que sea casualidad. Y esto me lleva a contarte algo… que no sabía a quién contarle. Pero creo que eres el más apropiado.

-¿Es sobre… la magia?

-Es sobre… Sobre que no estoy segura de que la Orden del Fénix quiera protegernos.

Lo dejó caer como una bomba en la mente de Hugo. Él se quedó atónito. Otro gran silencio empezó y Hermione no sabía cómo ni cuando romperlo. Queria haber empezado desde el principio. Desde sus descubrimientos. Desde su punto de vista. Igual que lo vivió ella. Y lo había soltado. Pero lo bueno era que Hugo no se aburriría, si es que podría aburrirse. No descansaría hasta saber por qué Hermione no confiaba plenamente en la Orden del Fénix. Querría argumentos y pruebas. Y era lo que Hermione iba a darle. Finalmente, repuesto del susto del momento, Hugo preguntó:

-¿Por qué?

Ciertamente era la pregunta que Hermione esperaba. Y se la había hecho muchas veces. Y sólo ahora que la formulaba Hugo, ahora que la formulaba alguien desde fuera, a Hermione le hizo efecto y se paró a pensarlo.

-Porque hay dos grupos opuestos de magos que dicen protegerme porque el otro quiere algo mío.

¿Para qué hacer el razonamiento en su cabeza si podía razonar con Hugo y no dejarlo en ascuas?

-¿Dos grupos…?

-Los otros no me han dicho como se llaman así que simplemente los llamo "Los Otros", pero he coincidido con un… miembro del otro grupo y él me ha llevado a su cuartel general o mansión, o como sea que se llame y allí me he encontrado con más magos que me decían que me querían proteger de un grupo que me buscaba. Me dijeron claramente y sin… sin rodeos que "La Orden del Fénix quiere usaros, a ti y a otros cuatro magos HG, para cumplir una leyenda".

-Tú… Entonces… ¿Has encontrado a los malos?

-¡Es que no sé si son los malos, Hugo! ¡No sé quien me busca y quién me ayuda! No tengo ni idea y estoy confusa. Me han contado historias y leyendas y me han dicho que me buscaban y que me protegían… Pero cada grupo lo decía del otro y ¿a quién creer? No tengo confianza en ninguno de los dos, no conozco a nadie en Londres, sólo a vosotros y esto es un lío.

-Te entiendo, o sea que… a lo mejor la Orden nos está mintiendo y a lo mejor quienes mienten son "Los Otros".

-Eso mismo. Mira, toma, lee esto.

Hermione le tendió el cuadernito que había rellenado el otro día. Se levantó y fue a hacerse un café mientras Hugo leía asombrado en el papel, negro sobre blanco, página tras otra, lo que Hermione había vivido.

Hermione iba por el tercer sorbo – contado – de su taza de café, cuando apareció Hugo en la cocina. Hermione le propuso un café y Hugo aceptó, uno cortado, por favor. El silencio se volvió a hacer y coincidió con el inicio de la lluvia. Hermione, apoyada contra la pared, la taza de café en la mano, mirando por la ventana, la lluvia caer. Hugo de pie sobre sus piernas y bebiendo café sorbo a sorbo, rápidamente.

-¿Lo has leído?

-Todo.

-¿Las historías?

-Sí, y tu opinión, todo.

-¿Y… qué crees?

-No lo sé. Creo que hay que investigar y averiguar algo. Si, como dice la Orden, los otros son antiguos mortífagos, debería poder probarse fácilmente. Si no recuerdo mal, fueron a juicio.

-Sí, eso había pensado.

-Entonces habría que ver dónde se hacen los juicios…

-En el Ministerio de Magia.

-¿Cómo…?
-He estado leyendo unos libros estos días.

-Bueno, entonces habría que entrar en el Ministerio de Magia, que a saber dónde lo han camuflado.

-La entrada para visitantes está en una callejuela vacía entre cubos de basura.

-Predecible. Bien, y habría que descubrir dónde están los resumenes de los juicios o lo que sea que se escriba en un juicio… y si podemos verlo. Y si no, preguntar. La guerra es muy reciente. La gente debe de saber quiénes eran mortífagos y quienes no, ¿verdad?

-Según lo que he leído, cualquiera podía ser reemplazado por un mortífago que cambiase de imagen o ser controlado por la maldición imperios y nadie se fiaba de nadie, se hacía contraseñas para saber si con quien hablabas era o no quién tú creías que era.

-… Ya veo. Pero los del Ministerio deben de saberlo. Bien, y si no, tenemos la opción de… buscar historia. Libros sobre la guerra, sobre El-que-no-debe-ser-nombrado, sobre Harry Potter…

-No podemos preguntarle a él. Está claro que nos pondrá de su parte.

-Harry fue el gran enemigo de El-que-no-debe-ser-nombrado.

-Pero la grandeza oscurece el alma.

El nuevo silencio fue más tenso. Y más largo, más incomodo. Fue un silencio de pelea.

-Mejor nos ponemos de acuerdo.

-Sí-admitió Hugo.

-Que Harry haya podido pasarse al lado malo tiene que considerarse. No porque él sea miembro de la Orden hay que clasificarla como buena.

-Vale. Bien. Y sobre los Malfoy… ¿qué sabemos?

-Mortífagos arrepentidos.

Hermione sorprendió a Hugo. ¿Cómo sabía eso?

-¿Cómo…?

-Lo leí en el periódico. El Profeta contaba que habían donado una gran cantidad de dinero al colegio Hogwarts para reconstruirlo. Lucius Malfoy decía que se sentía culpable por no haberse dado cuenta antes de lo equivocado que estaba y que si él no hubiese estado entre las filas del Señor Tenebroso en ese momento, quizás el colegio no tendría tantos daños. A mí me parece una forma de tener buena fama pero me ha confirmado que el señor Malfoy era mortífago y que su mujer colaboraba. De su hijo no se dice nada.

-Draco Malfoy. A él hay que sacarle información.

-¿A Draco…?

-Sí. Él debe de saber algo. ¿Te sería fácil encontrarlo?

-Debe de estar esperandome en el callejón Diagon para la próxima vez que lo pise. Los Malfoy protegen como los reyes a sus princesas. Encerrándolas.

-Pues te basta con ir al Callejón Diagón, disculparte y explicar que estabas confusa… Y pedirle que te cuente cosas. Qué quiere la Orden, de qué se compone… su opinión… Todo desde su punto de vista. Y yo le preguntaré a Harry. Y me documentaré. No sé si contarle a Helena…

-No lo sé.

-Ya…

-¿Y cómo le sonsacaría la información a Draco?

-Puea, no sé… tienes que… ¡seducirle!

-Pero ¿¿Qué dices??

-Eso es, es estupendo…

-¿Qué?

-Sedúcele y te dirá más cosas.

-Pe…Pero…

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Hermione respiraba normalmente. Todo lo normalmente que era capaz teniendo en cuenta que casi pierde el autobús y que ha tenido que correr. Y como el esfuerzo físico hace trabajar a los múculos, necesitan más oxigeno y te hacen respirar más rápidamente. Y en el autobús, con tanta gente, una se asfixia. Con lo cual Hermione estaba agitada por el agobio del autobús y la carrerita. Y nada más.

Charring Cross estaba especialmente agitada ese día. Y el Caldero Chorreante estaba prácticamente lleno. Tanto que Hermione se llegó a preguntar si había sucedido algo, pero no, es que había un cumpleaños.

A Hermione los magos le parecían extraños. Extraños seres de los que hacía parte. Golpeó los ladrillos con la varita pero la escondió en seguida, no fuera a ser… que se la quitase alguien. A lo mejor eso ocurría en el mundo mágico. Ya había pensado lo extraños que eran los magos.

Se quedó parada en medio del callejón. Una luz se encendió en su cerebro. Ella había ido allí a recoger sus libros. Se dirigió derechita hacia Flourist & Blotts.

En un caldero llevaba los libros y tenía un gato en un cesto en la otra mano. Con todo, el gato pesaba. Y los libros, es natural que pesen. Así que ya estaba otra vez cansada y con la respiración agitada. Dejó las cosas y miró su reloj. Las siete. No podía quedarse más tiempo, tenía que cenar.

Se dirigió derechita hacía el muro de ladrillos cuando una mano le cogió el caldero.

-¿Quieres que te ayude?

Ajj… Sólo estaba cansada y se había asustado, lo que le había acelerado el corazón. No se había sobresaltado por ser él el que le había cogido el caldero. Era sólo que no se lo esperaba de nadie. Y menos de él… Tachó la ultima frase de su mente.

-Eh, gracias… Esto, siento lo del otro día.

-Ah, me dejaste algo confuso. Pero llegué a la conclusión que te sabías cuidar tú sola y que en algún sitio vivías, ¿no?

-Pensaste bien…-Hermione cambió la cesta de mano, resopló, moviendo la cabeza y se recolocó un mechón de pelo tras la oreja. Pestañeó dos veces.- Y bueno… ¿qué tal?

-Hermione…

-Lo siento…-volvió a pestañear, y miró al suelo, culpable.- Es que estaba algo confusa y…-alzó la mirada entrecerrando algo los ojos.

-¿Sí?

-Esto… no sabía qué hacer – se pasó la mano por el pelo y dejó un mechón suelto. Se mordió el labio y…

-…¿Hermione?

-¿Sí?

Draco la miró. Pestañeó exageradamente y se despeinó y colocó de nuevo el pelo. Hermione lo entendió a la primera y se puso colorada. Miró al suelo y empezó a respirar más agitadamente.

-Tú… Mejor paro.

-Sí… Pero…- Draco movió el brazo izquierdo y se quitó la manga para ver el reloj.- Me tengo que ir, ya nos veremos… No huyas de mí. Si quieres que te dej ir, lo haré.

-Ah… Pues… ¿Adiós?

-Sí, esto… adiós – Draco se le acercó y, por costumbre de otro país, o por un impulso no reprimido, o por cualquier otra cosa que Hermione meditaría más tarde, le dio dos besos. Uno en cada mejilla. Y se desapareció. Hermione, ya más parecida a una tomate maduro que a otra cosa se quedó atónita.

-¿Qué…?


Gui: Espero que no me preguntéis si me gusta dejaros en ascuas... porque la respuesta sería ¡SÍ! jaja que mala soy, acepto avada kedavras y todo lo que queráis... a menos que queráis saber el final.

Titulo próximo: No lo sé.

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Gui
SdlN