Ciao! Adivinad qué he hecho para vosotros… He creado el tráiler de "Chain Girl", sí, lo he hecho y por eso he estado desaparecida todo este tiempo. He aquí el link: watch?v=SR-nKGFd0m8 , la canción puede que no fuera la más adecuada pero… combina bien con los tiempos. Espero que os haya gustado si ya lo habéis visto y si no decídmelo.
Por cierto, he notado que últimamente no tengo apenas un review sobre si os gusta, sobre si no, sobre con quién os queréis quedar o un simple "ánimo". Vamos, todos sabemos que a los autores nos motiva el saber que habéis gastado uno o dos minutos en escribirnos una notita.
Este es el final de Ayato. Que lo disfrutéis!
Ese cabrón de pelo rubio le había atrevido a amenazarle, a él, ¡al gran Ayato! Abrase visto… ¡¿Pero quién coño se creía que era?! Estas y otras palabras igual de agradables pululaban por la mente de Ayato en esos momentos, los mismos en los cuales tú estabas corriendo hacía casa con una bolsa de la compra. Se te había hecho muy tarde después de ensayar con Kaito la misma canción una y otra vez, hasta el punto de acabar grabándose en tu mente a fuego.
Os chocasteis y te quejaste, él te reconoció con solo echarte un vistazo, miraste para arriba sorprendida por la dureza del golpe. ¿Es que te habías chocado con un poste de teléfono o algo así? no era otro que Ayato, el muchacho era por demás fuerte y sinceramente, estabas segura que el solo hecho de abofetearle te dejaría la mano más roja que tú a él la mejilla. Aunque tampoco era como si fueras a poner a prueba esa teoría.
Oh, solo eres tú [Nombre] – te dijo aburrido pero en el fondo estaba más que contento de verte así de pronto. – ¿Y eso que no estás con el idiota rubio?
¡No le llames así! ¡Kaito es un amigo! – le contestaste bastante molesta, él muchacho estaba siendo tan amable como podía y Ayato ahí insultándolo. No era justo.
Sí claro y yo soy una paloma. – te respondió sarcástico.
¡¿Pero qué te pasa?! – Le gritaste enfadada, primero decía que quería verte sonreír y ahora te venía con comentarios sarcásticos. "¡Agh! ¡Hombres! ¡No hay quién los entienda!" fue tu pensamiento al levantarte de mal talante del suelo, te sacudiste el polvo y pasaste por su lado lo más digna que pudiste.
Un tirón y unos brazos rodeándote fueron lo siguiente que notaste.
Es solo… que no soporto verte tan cómoda con él. – te confesó al oído flojito, con vergüenza y seguro que hasta un poco rojo. Dicha sea la verdad le daba muchísima rabia que con él te pusieras a llorar con solo verle y con Kaito por otro lado te llevases tan bien. Era como un berrinche de niño pequeño pero, estaba bien actuar así por una vez ¿No?
O-oye Ayato. – tartamudeaste un poco, no estabas acostumbrada a estas situaciones y menos con Ayato, quien te apretaba un poco más fuerte por cada intento tuyo por que se alejase. – ¿Qué mosca te ha picado ahora? – le preguntaste, te estabas poniendo cada vez más y más nerviosa. Y cada vez más roja, jurarías que podías competir con un tomate.
Silencio fue su respuesta e hizo el abrazo más estrecho, bueno, eso no había ido muy bien… y la verdad, ninguno de los dos erais de piedra. Y finalmente el delicado equilibrio se rompió y al intentar empujarlo con toda la fuerza que tenías conseguiste separarte. Pero en el proceso, la causa de que lo lograses era que había movido sus manos de sitio, ya no estaban en tu espalda o cintura, ahora te cogían tiernamente la cara y en contraste con eso, un brusco tirón suyo te llevó hacia delante otra vez.
Lo que pasó no fue muy distinto de una de esas escenas de telenovelas, te besó con dura pasión. Cómo si de ese beso dependiera su vida entera. Y tú… tú estabas estática, te podías haber esperado muchas cosas pero no esa. Aunque en el fondo de tu mente oías a una vocecilla gritarte "¡Mentirosa, sabías que algo pasaba desde que te abrazó!" y así era, pero no esperabas que se cumpliera.
Por algún motivo, lo sabías, desde el principio desde que te consoló aquella, ahora, lejana noche.
Después de todo a veces sí que pasa como en una película, dos polos opuestos que se atraen sin remedio. Santo cielo, que empalagoso había sonado eso, solo faltaba poner unas fresas y tendrías un pastel todo rosa de esos que sueñan las niñas cuando son pequeñas. Pero era la única manera de la podrías describir este amor que acabas de admitir por Ayato, al menos por el momento, ya se te ocurriría otra cosa más adelante.
Fuera ya del shock, le correspondiste. Pocos segundos después os separasteis y Ayato mostró su lado más mono, estaba rojo por la vergüenza y tenía una cara adorable. Te reíste y volviste a besarlo. Sonreíste mientras lo besabas.
Entonces, eso significa que… – dijo el muchacho indeciso, no parecía él. No pudiste evitar que se te escapara una pequeña risa.
Sí, yo también te quiero. – contestaste a la pregunta no formulada. – Eres un idiota celoso ¿Sabías?
¡No me llames idiota! – te recriminó, pero volvió a envolverte la cintura en un abrazo posesivo. – ¿Qué tiene de malo que lo sea?
Bueno, la verdad es que si no te sintieras celoso me enfadaría bastante. – contestaste abrazándolo por el cuello, la bolsa de la compra había quedado olvidada hacía mucho rato en el suelo. – Pero ten cuidado si me das celos tú a mí…
¿Y qué me vas a hacer? – preguntó Ayato divertido. – Sakura está bastante buena ¿sabías?
Acabas de arruinar el ambiente. – le soltaste del cuello y quitaste sus brazos de alrededor tuyo. Recogiste la bolsa de la compra y seguiste tu camino, mientras caminabas cogiste el móvil y llamaste a Kaito. – ¿Kaito? Sí, soy yo… ¿A qué hora vamos mañana a por un vestido?... ¿En serio puedes?... ¡Gracias!... Allí estaré… Hasta mañana. – terminaste la conversación, como esperabas oíste a Ayato correr tras de ti, contaste los segundos "3…2…1" y se había puesto delante de ti cortándote el paso.
¿Cómo que un vestido? – preguntó por lo que eso podría significar.
He dicho que te quiero, pero no que vaya a ser tuya. – aclaraste con una sonrisa superior. – No perderé mi libertad nunca más… a menos – condicionaste. – que me demuestres que vale la pena hacer ese sacrificio por ti. Suerte. – le deseaste y te fuiste.
Ayato se había quedado atónito, era una broma ¿verdad? Al parecer eras más difícil de lo que había pensado en un principio.
Sonrió.
Tienes agallas. – dijo al viento. – Muy bien, acepto el reto.
Así empezó el cortejo que acabó con un dulce final.
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Después de tantos tropiezos y enredos, de escenas de celos y peleas de pareja, allí estabas. Vestida de blanco, y con Kaito esperándote en la puerta.
¿Lista principessa? – preguntó ofreciéndote un brazo.
Sabes que no. – sonreíste, le cogiste el brazo y echasteis a andar camino al altar. Recordabas el día que te lo propuso. Fue justo como vuestro primer beso, como en una telenovela.
Avanzasteis lentamente, podías ver a Aisha del brazo de un chico hindú llamado Shoma, un muchacho de mente tan abierta como tu amiga, claro que de otra manera habría sido imposible que ambos llegasen a prometerse. Te reíste mientras recordabas la bronca que te había echado Aisha cuando se enteró de que te ibas a casar antes que ella.
Más adelante viste a Sakura, con el pequeño ghoul que había adoptado. Era una madre soltera, fuerte e independiente. Tu otra amiga del alma, era una perfeccionista sin remedio. En los preparativos de la boda parecía que la novia iba a ser ella y no tú.
Finalmente llegasteis, allí estaba Ayato, peleándose con la pajarita por quinta vez. Negaste y el velo ondeó siguiendo tu movimiento de cabeza, pero ante todo tenías esa sonrisa de Chesire que no podías ni querías borrar de tu boca. Después de todo este era tu día especial ¿No es verdad?
