Sí, has leído bien, he actualizado.

Ehmm ¿sorpresa?

¡Lo voy a terminar! Es lo que me he dicho esta mañana.

Este es el penúltimo capítulo del escondite de Sam, con mucho retraso, sí, lo sé, lo sé... matadme.

Con esto oficialmente dejo fanfiction en el campo de iCarly. La razón es simple; he perdido interés en esta serie, ya no me ilusiona, el seddie ya no es mi pasión... y me gustaría que no fuera así pero después de ver mi expectativas cumplidas en esos capítulos de iCarly... ya no es lo mismo, simplemente. Incluso he de decir que ya no sigo la serie.

Muchos me odiaréis, estaréis resentidos por haber dejado esta historia aparcada, pero la verdad es que tenéis todo el derecho ya que no tengo justificación para haber desaparecido de la nada.

No sabéis la de veces que he intentado escribir esto pero... no he podido, ya no me atrae el seddie, lo siento :/

Todos estos meses sin actualizar he estado con remordimientos, pero aunque intentaba alejarlos de mi cabeza, supongo que ya no podía aguantarlo más y por eso decidí actualizar. Este será el penúltimo capítulo, repito, en deuda a vuestro apoyo y reviews.

Supongo que os lo debo, aunque en cuanto a mi otra historia inacabada mucho me temo que no podré terminarla, lo siento mucho a todos.

Algunos habíais pedido anteriormente algo de Cibby así que, estaréis satisfechos con el capítulo, espero.

Sin más dilación un pequeño recordatorio del capítulo anterior

Anteriormente en "El escondite de Sam" …

Sam había descubierto lo que Freddie había hecho, o al menos eso es lo que Freddie pensaba, por lo que decidió dejar su plan de "Del uno al cien" e ir directamente al grano, pero para su sorpresa, la chica malinterpretó su declaración como una venganza por su actitud con él durante todos esos años, así que tiro las flores que el chico le había regalado — no sin antes guardar una margarita en su puño— y huyó dejando a Freddie con el corazón destrozado, como sus flores.

Mientras tanto Carly y Gibby se embarcaban en la búsqueda del cuaderno de Sam…

Sam huyó y corrió lo más rápido que pudo, aferrando la margarita en su puño hasta el punto de dejar caer un par de arrugados pétalos al suelo. Cuando le hubo perdido de vista completamente paró de correr y comenzó a merodear por ahí sin un rumbo fijo y su mirada clavada en sus zapatos.

Lo había hecho, había detenido lo que hubiera sido la mayor humillación de su vida, la venganza de "Fredrarito".

Su mecanismo de defensa había servido para lograr que Freddie no se saliera con la suya, pero el propósito principal había sido conseguir defenderse a sí misma, colocándose una coraza hecha de orgullo alrededor al obligarse a creer que el propósito de Freddie había sido hacerle daño, porque no podía ser de otra manera, ¿no? No había forma de que él puediera sentir lo mismo se decía Sam— al fin y al cabo es lo que cabe esperar entre dos personas que llevan toda su vida "odiándose".

Cuando quiso darse cuenta, varias gotas empapaban ya su cabello. Sam corrió a refugiarse de la lluvia mientras cubría su cabeza con la capucha de su sudadera.

Sam paró de correr y dobló su cuerpo con los brazos sobre su estómago, agitada por su reciente carrera. Cuando se incorporó, se dio cuenta de donde había acabado, estaba frente al edificio de Carly. Metió las manos en sus bolsillos y entro en el recinto arrastrando los pies haciendo caso omiso a los gritos de Lewbert mientras subía al ascensor.

Se apoyó contra la pared del elevador mientras este ascendía y, al mirarse en el pequeño espejo que descansaba sobre la pared, descubrió, con sorpresa, sus propios ojos llorosos y enrojecidos.

Todo por culpa de de ese Freddestúpido — pensó para sí mientras las puertas del ascensor se apartaban— me ha hecho débil... ugh. — se dijo caminando por el pasillo.

Por un momento su mirada quedó fija en la puerta de Freddie, pero después sacudió la cabeza y abrió la puerta de Carly, que permanecia sin cerrojo, preparada para ella.

Sam entró al apartamento, ya había anochecido y parecía no haber nadie allí.

—Extraño —murmuró.

Se quitó los zapatos y guardó la margarita en su bolsillo. Después tiró su chaqueta empapada al suelo sin molestarse en colocarla y, dejándose caer en el sofá, enterró la cabezá en el cojín para después caer en un profundo sueño.

Al parecer había pasado por alto la nota que en esos momentos descansaba sobre la mesita.

Carly y Gibby se hallaban ahora frente a la escuela.

La operación "Traer de vuelta el cuaderno de Sam" comenzaba.

Gibby había propuesto entrar por una de las ventanas de la parte trasera del instituto, la cual solo había que empujar hacia dentro para conseguir abrir.

—Será pan comido — comentó Carly animada

—Jaja… — rió Gibby con la mano detrás de la nuca —Pero hay un problema, Carly…

—No puedes echarte atrás ahora, Gibby —dijo alzando una ceja

—No es eso, Carly, el problema es, ¿cómo pensamos llegar ahí arriba?

—Solo tienes que cargarme, y me colaré por la ventana

El muchacho se quitó la camisa y cerró los puños con determinación

—¡Hagámoslo! —gritó con entusiasmo.

Carly sonrió ante esto y, acercándose a Gibby, le dio un suave beso en la mejilla.

El rostro del chico se sonrojó.

—Gracias Gibby, me estás ayudando mucho. —y se cruzó de brazos, pensativa.

—Mhmm…

Carly permaneció mirando el edificio

—Necesitaríamos subirnos a algo más, de lo contrario no alcanzaremos la ventana, Gibby.

Gibby miró alrededor, ¿qué podían utilizar?

—¿Qué te parece… ese contenedor? —dijo haciendo un gesto con la cabeza.

Carly lo contempló por unos momentos.

—Un poco asqueroso pero… servirá —y arrugó la nariz en señal de desagrado. —supongo… —agregó.

—Bien, entonces iré a moverlo.

—Espera, Gibby, ¡no puedes moverlo tú solo! Parece muy pesado…

Gibby sonrió

—No me subestimes, Carly, esas horas que pasé entrenando con Sam cuando iba a pelear contra Freddie dieron sus frutos. —y se encaminó hacía el contenedor.

Unos momentos después Carly oyó unos Gritos. Era Gibby.

Sobresaltada, Carly se dio la vuelta para encontrar a Gibby empujando el contenedor con todas sus fierzas.

—¡Uuuaaaaaagh! —gritaba Gibby mientras hacía fuerza contra el contenedor —Soy un… ¡remolcador! —y gruñó de nuevo —¡Ghhhhaaaaaarrg!

—¿Remolcador? —preguntó Carly totalmente pasmada, pero cuando quiso darse cuenta, Gibby ya había arrastrado el contenedor contra la pared del edificio.

El chico respiró agitado. Cuando se recompuso, avanzó hacia la gran estructura y subió de un salto. Desde lo alto del contenedor, miró a la chica y le tendió la mano

—Señorita… —dijo inclinándose

La chica solo rió y tomo su mano. Una vez arriba, colocó sus brazos en forma de jarra

—Estamos aquí. Bueno, súbeme. Cuando esté dentro te lanzaré una cuerda para que puedas entrar y ayudarme, ¿estamos?

Gibby asintió, y se colocó delante de Carly, agachándose levemente, con los brazos preparados para sostenerla.

Carly apoyó las manos en los hombros de Gibby, presionando hacia abajo para tomar impulso. La muchacha saltó y se aferró a su espalda, notando los brazos de Gibby alrededor de sus piernas, sujetándola.

Carly se estiró.

—Bueno, ¿puedes alcanzar la ventana? —preguntó el chico mientras observaba su camisa en el suelo (sí, seguía ahí)

—¿Puedes subirme en tus hombros? —preguntó Carly estirándose —Aún no llego.

—No hay problema.

Gibby deslizó las manos por sus piernas, hasta llegar a sus muslos, los cuales agarró ayudando a la chica a colocarse sobre sus hombros.

Carly estiró los brazos. Solo un poco más, necesitaba otro empujoncito.

—Gibby… —dijo la chica —coloca las manos en mi cintura e impulsame hacia arriba, solo me llevara un momento empujar la ventana.

Gibby se sonrojó levemente. Sus manos temblorosas ascendieron hacia su cintura, y cerraron su agarre levantándola hacia arriba

—Casi… puedo. Solo un poco más…

—Date prisa… —susurró el chico bajándo la cabeza, le temblaban las piernas. No era que no pudiera soportar su peso… es decir, hace unos momentos había podido con un contenedor que pesaba más de la quinta parte del peso de la pequeña Carly, el problema era que a Gibby le ponía nervioso este repentino contacto físico…

—¿P-puedes? —preguntó el muchacho con voz temblorosa.

Las manos de Carly ya habían alcanzado la ventana y se encontraban empujando el cristal.

Entonces la ventana cedió, y Carly se precipitó hacia el interior. Después, asomándose, dejó caer uno de los extremos de la cuerda hacia el fuera, y Gibby lo tomó, escondiendo su rostro aún teñido de un leve rubor.

—Bueno, ¡lo conseguimos! —exclamó la morena

—Sí…

Gibby comenzó a escalar.

Después de las duras palabras de Sam, Freddie se había derrumbado. Pensó que, por una parte, era una reacción comprensible después de haber leído sus diarios e invadido su privacidad.

—¿Cómo llegué a la conclusión —susurró el castaño —que leyendo sus secretos vergonzosos, ella saltaría a mis brazos…? Yo mismo me descubrí intentando seguir los pasos de su novela…

Freddie suspiró

—Tengo que arreglar esto —se dijo.

Sacó su teléfono móvil y marcó con nerviosismo, pero no dio rastro de señal. Sam debía haber apagado su teléfono.

Tras sus intentos fallidos de contactar con la chica, su impaciencia aumentó, así que, emprendió la búsqueda del pequeño demonio rubio.

Era aún de día, y el primer lugar en el que Freddie buscó fue en casa de Carly.

Pero no había nadie allí.

Freddie suspiró y busco papel y lapiz. Pensó que si Sam decidía pasarse por allí, podría escribirle una nota y ella la encontraría.

Se sentó en el sofá con un cuaderno sobre sus rodillas y comenzó a escribir. Cuando hubo terminado, las ultimas palabras que podían leerse fueron:

"Te quiere, Freddie."

El castaño arrancó el trozo de papel del cuaderno y lo dobló con cuidado. Lo dejó en la mesa, y abandonó la residencia de los Shay.

Segundos después Gibby ya se encontraba en el interior del edificio.

Junto a Carly, se dirigió hacia el aula de biología, donde el profesor que había confiscado el cuaderno de Sam, lo había guardado.

—Bueno, este es el momento decisivo, Gibby. Tenemos que encontrar ese cuaderno. Verás, es morado y solo sé que se encuentra en algún lugar de esta clase… ¿aceptas el desafío?

—Gibby lo acepta —respondió el muchacho mientras golpeaba su mano contra su pecho desnudo.

Carly sonrió.

—Bien, pues la búsqueda comienza… ¡ya! —y ambos chicos se dirigieron a un extremo cada uno de la sala.

Mientras Carly registraba la mesa del profesor, Gibby revisaba todos los pupitres, mirando bajo las cajoneras e incluso levantando las mesas.

Después de unos minutos, ambos casi se habían dado por vencidos. Es decir, una clase no era tan grande cómo para buscar en demasiados sitios…

Gibby, de vez en cuando, le lanzaba miradas furtivas a la chica. Él disfrutaba observándola cuando ella no parecía darse cuenta, pero solo duraba unos instantes, porque enseguida retiraba la mirada, por miedo a ser descubierto.

Carly también se sorprendió a si misma buscando la mirada de Gibby, que se encontraba revisando la papelera. En realidad no sabía el motivo por el que lo hacía, pero sentía la necesidad de fijar sus ojos en él.

En ese momento, Gibby giró la cabeza, descubriendo su mirada escrutadora. Carly había sido descubierta, y ahora no podía apartar la mirada. Gibby tampoco lo hizó, y permanecieron observándose.

Después, lentamente, el muchacho dejó la papelera en el suelo y, como atraído por una fuerza misteriosa, se vio arrastrado hacia ella, dando pasos en su dirección.

Carly no conocía la razón la cual la llevaba a hacerlo, pero, dejándose llevar también, comenzó a avanzar lentamente.

En ese momento ambos se encontraban el uno frente al otro.

Gibby la agarró de la cintura acercándola hacia él y depositó un suave beso en sus labios, el cual Carly correspondió, sumiéndose ambos de lleno en el besó. Carly recorrió su espalda con sus manos. No tenía idea de la razón por la que hacía esto, pero se sentía bien.

Por su parte Gibby tampoco tenía claro cómo habían llegado hasta ese punto, pero acarició su cabello y comenzó a caminar hacia delante, en dirección a la pared, donde apoyó a la chica contra la cortina de la ventana.

Justo en ese momento oyeron algo caer. De golpe ambos se separaron, y observaron durante un instante sus rostros agitados y enrojecidos por el rubor, para despúés percatarse del objeto que había provocado aquel sonido. Un cuaderno morado había caído de detrás de la cortina.

—¡Gibby! —exclamó Carly —¡Ese es, es el cuaderno de Sam!

Sus ojos reflejaban el entusiasmo y la felicidad de haber cumplido su propósito.

Alegremente, Carly abrazó al chico de alegría, que respondió a su abrazo rodeándola con sus brazos.

Cuando Sam despertó la casa estaba aún vacía. Bostezó y se estiró, y de repente todos los recuerdos de lo que había ocurrido invadieron su cabeza.

Sam suspiró y, cuando fue a alcanzar el mando de la televisión para ver alguno de esos "programas estúpidos", se percató de la nota que descansaba sobre la mesita:

Sam, tenemos que hablar. Te espero en tu casa del árbol.

Te quiere, Freddie

—Te quiere, Freddie —repitió en voz baja.

Y de pronto sintió la ira, la furia ¿cómo se atrevía? Definitivamente, Sam iría a su encuentro en el escondite "secreto" ¡vaya que si iría! Y le daría la paliza de su vida.

Bueno, solo queda un capítulo para el desenlace, la verdad es que me siento inspirada. Llevo todo el día escribiendo esto, he conseguido terminarlo y la verdad estoy bastante satisfecha con el capítulo.

El próximo capítulo estará antes del día 7 de julio, o el día 7 mismo, porque me voy de vacaciones y tengo la determinación de dejar esto terminado.

En fin, siento los… 8 meses retraso pero, mejor tarde que nunca.

No voy a dejar esto a medias, os lo prometo.

Con toda mi determinación, PattyAM.

(Es ser cara dura, lo sé, pero ¿review?)