Disclaimer: El mundo de Harry Potter no me pertenece, son propiedad de JK Rowling, yo solo los uso para alimentar mi loca imaginación

Hace siglos que no publico, lo siento. pasaron muchas cosas y el tiempo no alcanzaba. pero ahora tendré mas tiempo y tb ganas de terminar el fic. espero que alguien siga leyendo esta bizarra historia.

Gracias a quienes dejaron rw la ultima vez: LaOdisea, The Mistress of Pain, EliDramion, MaJoSaMe, Aid4, lis07, clauditah18, Hogwartspasion.

La proxima semana espero traerles otro cap, espero sus opiniones y nuevamente me disculpo por todo este tiempo en silencio.


Capítulo 10: Una larga noche de sombras

El crepitar de la madera ante las llamas logró calmarlo, incluso, hipnotizarlo junto al movimiento danzante del fuego mismo en la chimenea. Theodore Nott se encontraba sentado en el sillón enfrente de ésta, con los codos apoyados en los muslos y los dedos entrelazados al nivel de su boca –la cual tocaba ligeramente con la primera falange de su dedo índice-. Su mirar estaba fijo en las llamas, que danzaban cuan velos de una bailarina Árabe, y el calor que de ellas irradiaba apaciguaba el miedo en su interior. Miedo de lo que pudiera pasarle a su amigo.

Blaise no dejaba de moverse de un lado para el otro, detrás del sillón en el que estaba Nott, la preocupación y el miedo lo inundaban y el silencio de aquella habitación no le daba consuelo. El crepitar de la leña no lo ayudaba como a Theodore, en cambio, estar en movimiento le daba la falsa ilusión de estar ocupado, aunque no lo ayudaba como quisiera.

― Blaise, harás un hoyo en el piso ― Comentó Nott al no soportar más el ir y venir de su compañero de Casa. Blaise, se detuvo a observar al de cabello oscuro, no podía entender que él estuviera tan tranquilo mientras Draco estaba pasando por quién sabe qué cosa.

― No puedo quedarme quieto mientras Draco está en esa habitación sufriendo por no sé qué razón ― Dijo mientras apuntaba –con todo su brazo extendido- hacia las escaleras que llevaba a las habitaciones, ya no soportaba la espera ― ¡Hace más de una hora que Snape está con él y no sabemos aún que fue lo que pasó!

Theodore dejó su lugar junto al fuego tras escuchar a su amigo, quien había puesto en palabras sus propios pensamientos sobre esa extraña y desagradable situación. Nott se acercó al otro Slytherin y lo observó en silencio, encontrando su propio miedo reflejado en Zabini.

― Sólo nos queda esperar ― Declaró un derrumbado Nott, demasiado impotente y, a la vez, demasiado racional ― Debemos confiar en Draco y Snape.

― ¡Ese es justamente el problema! ― Exclamó el de piel morena, prácticamente tirándose de las mechas ― No han confiado antes en nosotros, no nos han informado qué es lo que sucede. ¿Qué te hace pensar que será distinto?

El cuestionamiento de Zabini era válido, nada sabían de los asuntos de Malfoy, aquellos que lo tenían en tan deplorable estado. Habían confiado en su rubio amigo lo suficiente para no cuestionarlo mientras observaban en las sombras como se iba consumiendo, pero lo de esa noche era diferente. El grito de Draco aún los atravesaba en las penumbras de su sala común como para hacerlos temblar, esa situación claramente estaba fuera de las manos de Malfoy y ellos estaban dispuestos a dejar de estar desinformados sobre los asuntos que lastimaban al rubio, esa situación ya había pasado a ser cuestión de ellos también. Desde el momento en que habían observado el dolor del de ojos grises, su determinación fue tan grande como su miedo.

― No dejaré que nos dejen afuera de esto nuevamente ― Contestó Nott, impasible y seguro, no volverían a dejarlo de lado. Draco los necesitaba, así no lo aceptara.

Blaise, vio la determinación en los ojos de Theodore y su corazón dejó de tener dudas. Tenía una misión que cumplir.

― Tendrán que incluirnos les guste o no ― Dijo el de piel morena, sonriendo como todo un Slytherin, listo para inyectar su veneno ― Nos involucraron desde el momento en que ese imbécil de Malfoy se descompuso frente a nosotros ― Declaró, tan cruel como toda serpiente, tan protector como todo fiel Slytherin. Theo sólo pudo asentir a las palabras del hombre frente a él, compartiendo su determinación tanto como su miedo.

El silencio los envolvió, en un pacto secreto de dos amigos muy fieles. Sin embargo, esa situación no duró mucho más, escucharon pasos en las escaleras y voltearon en el preciso momento en que Snape descendía por ellas, seguido por un abatido Draco.

El rubio se veía sudoroso y descompuesto, pero su altivez seguía presente, se notaba en su porte y en sus pasos seguros. Sin embargo, sus ojos grises estaban opacos, carentes de vida, como si nada le importara y sólo fuera un ente que camina en dirección a su destino. Tal vez fuera así, pero ellos no lo dejarían caminar solo.

― Draco… ― Logró articular Nott, pero Snape le dio una mirada que no admitía objeciones. Una mirada que le decía que se callara, que no era el momento para hablar.

― Le sugiero…señor Nott, que vaya a dormir, lo mismo va para el señor Zabini. Nosotros tenemos asuntos que resolver― Su tono de voz no admitía replicas y que Malfoy pasara por el lado de sus amigos sin siquiera mirarlos, hizo que estos se paralizaran. No era el momento para hablar.

― Si, profesor ― Contestó, pausadamente, Theodore Nott, no dispuesto a insistir en el tema por hoy, pero incapaz de dejar ese tema sin resolver. Blaise solo observó con preocupación a su mejor amigo salir de la estancia detrás de Severus Snape. Se sentía miserable por no poder ayudarlo, pero debía aguardar, Snape no dejaría que se involucraran tan fácilmente y Draco no parecía dispuesto a escucharlos esa noche. El príncipe de las serpientes parecía en trance, como si su mente estuviera muy lejos de ese lugar y Zabini entendía, que en ese estado, él no los atendería. Sabía que era mejor esperar.

Severus entró en su oficina, seguido de su ahijado. Draco aún pensaba en las palabras de él, « Sabes lo que eso significa ¿no? », sí, por supuesto que sabía que significaba. El señor oscuro lo estaba llamando, quería saber de sus avances. «Inexistentes» pensó mientras su pecho se oprimía, iba a defraudar al señor oscuro y eso no auguraba nada bueno.

― Siéntate― Ordenó quedamente el mayor, el rubio Slytherin obedeció sin decir ninguna palabra, tenía claro lo que debía hacer. El señor oscuro quería un informe, el cual sería al día siguiente, así funcionaba El que no debe ser nombrado. Siempre mandaba a llamar a sus lacayos y estos o asistían de inmediato o iban al día siguiente, sólo dependía de lo que quisiera su señor ― El Señor Oscuro se está impacientando, querrá saber todo lo que planeas, Draco, y hay cosas que es mejor guardar para uno mismo…

― Ni siquiera sé dónde encontrarme con él ― Dijo, angustiado. ― Además, no tengo nada que ocultarle ― Ante esa declaración, Draco se ganó una mirada condescendiente de Snape, quien no sabía si su ahijado estaba siendo muy arrogante o muy estúpido.

― Draco, querrás mantener al mínimo lo que él sepa de ti, tampoco querrás que sepa que no sabes cómo realizar tu misión, debes hacerle creer que todo marcha lento, pero bien. Debes mostrarte seguro, pero sumiso. No debes dudar en ningún momento y aun así el señor oscuro sabría la verdad. No subestimes el poder de la legeremancia. ― El rubio sabía que ese era un buen consejo, así que asintió en silencio y procedió a preguntar:

― ¿Cómo puedo ocultarle mis pensamientos?― En su interior sentía cómo el frío calaba hondo en él, ya no era un niño y Hogwarts dejaba de ser esa escuela de magia y hechicería con la que los chicos soñaban, debía comportarse como se esperaba que lo hiciera. No podía fallar.

― Oclumancia ― Dijo simplemente Severus, sabía que Draco conocía la oclumancia, sólo debía enseñarle como llevarla a cabo ― Sé que conoces la base, por eso te traje aquí, debemos practicar y usaremos las horas que quedan para hacerlo…Será agotador, pero es la única opción.

― ¿Qué debo hacer? ― Preguntó, había oído hablar de la oclumancia, pero no conocía las implicancias de esa magia

― Debes reprimir tus pensamientos, crear una barrera imaginaria para que no pueda acceder a tus pensamientos más importantes ― Draco observó a su maestro con incredulidad, esa explicación era la peor que pudo haber recibido, no lo ayudaba en nada para entender bien la oclumancia ― Prepárate ― Dijo Severus, dispuesto a usar legeremancia en su discípulo. Malfoy, se puso serio, se concentró y, antes de que Severus pudiera atacar, un pensamiento llegó a él: «Es como una máscara » eso lo ayudaba a entender la oclumancia. Muy sencillo, era usar una máscara mental, así como usaba una máscara en su vida diaria.

Snape atacó, entró en la mente de Draco sin reparos, pero no encontró más que sombras e hilos de la conversación reciente, siguió investigando, a pesar de que podía sentir la incomodidad de su ahijado. Continuó cada vez con más fiereza, pero no habían más que sombras y recuerdos de la actual situación, debía admitir que el otro Slytherin parecía haber nacido sabiendo oclumancia, todo lo contrario a Potter. «¿Cómo es esto posible?» se preguntó antes de salir de la mente de su discípulo. Draco aspiró una bocanada de aire una vez terminado el ejercicio, el sudor perlaba su piel y el cansancio hacía mella en su rostro, pero lo había conseguido. Había logrado evitar que Snape entrara en sus pensamientos «Y al primer intento» una sonrisa orgullosa surcó su rostro unos segundos, antes de que el mayor volviera a hablar.

― Nada mal, sin embargo, no puedes mostrarte así de agotado frente al señor oscuro o sospechará que lo estas engañando. Debes ser capaz de usar oclumancia como si se tratara de una túnica ― Draco, asintió y se secó el sudor antes de que Severus volviera a hablar ― Debes ser capaz de hablar tranquilamente, de crear memorias falsa en caso de que estimulen tu memoria con alguna pregunta, debes ser un maestro en oclumancia y no tenemos más que esta noche para lograrlo. Deberás someterte a este entrenamiento y triunfar.

Junto con la última palabra, Snape colocó una pócima sobre la mesa a su lado, Malfoy no tuvo tiempo para pensar. Sus manos ya sostenían la pócima para beberla, sabía que era una poción para no dormir y la bebió como si hubiera vagado por el desierto tres días enteros sin una gota de agua.

Cuando depositó el frasco en la mesa, el ruido que este hizo anunció el comienzo de su adiestramiento en oclumancia y una larga noche llenas de sombras.