Capítulo 9.- Alevosía y ventaja

La tormenta había pasado y en su lugar, una fina lluvia refrescaba el ambiente. Apenas habían recorrido la mitad del camino hacia la estación de trenes. Las condiciones del clima no les habían permitido ir más rápido, pero Edward conservaba la calma aún en aquellos momentos, mientras Winry dormía entre sus brazos, mecida por el movimiento del carruaje.

Hacía casi media hora que había caído rendida, después de haber llorado durante largo rato. Ed no había parado de susurrarle dulces palabras para tranquilizarla. Palabras que habrían nacido sinceras desde lo más profundo de su corazón si ella no fuese el objeto de su venganza. Todavía le parecía increíble que se tratara de ella, de esa dulce chica de la que se había enamorado.

Sin embargo, enterarse de la dolorosa verdad acerca de la muerte de su hermano Alphonse había provocado que enterrase su incipiente amor en el lugar más inalcanzable de su alma. No creía ser capaz de amarla cuando la sabía culpable de haber provocado tanto dolor. No era algo que él pudiese olvidar. Su vida se había trastornado luego de perder a Al.

Edward no podía evitar pensar que pudo haber sido distinto. Que en lugar de obtener la venganza que estaba buscando podía haber obedecido a su corazón y olvidarlo todo junto a Winry. Su amor hubiese podido, con algo de tiempo, curar las profundas heridas que destrozaban su interior, pero ella no era lo que él creía. Había pisoteado el corazón de Alphonse, como la peor de las mujeres y él iba a darle su merecido. Se lo debía a su joven hermano.

Aún con todo, Ed mantenía a la chica en un abrazo protector, buscando que no pudiese hacerse daño con todo el ajetreo del camino. La estrechaba de tal forma que casi podía besarle la frente, la sostenía pegada a su pecho, a su corazón. Un corazón que ya no latía por amor o por justicia, sino por un motivo ruin. Edward Elric había muerto el día en que Alphonse había dejado de existir.

Atormentado con sus pensamientos, el joven apartó a Winry de sí. Ella era una mala mujer pero él no era mejor. Su alma se había corrompido y estaba a punto de ocasionarle a la chica el mismo sufrimiento que ella había proporcionado. Por esa razón, tal vez era lo mejor que estuviesen juntos y se destruyeran el uno al otro. Ambos lo merecerían.

Echando en falta los brazos de Ed alrededor de su cuerpo, Winry abrió poco a poco los ojos.

-¿Hemos llegado?

-Aún no, pero ya no falta mucho. La tormenta ha cesado y hemos podido avanzar más rápido.

Winry no dijo más y observó por la ventanilla. Las luces de la estación de trenes aún se veían lejanas pero sabía que a ese ritmo tardarían al menos veinte minutos más en llegar.

-¿A dónde iremos?

-Vamos directamente a Central, ya me he ausentado demasiado.

-¿E-Estaré contigo?

-¿A qué te refieres?

-¿Viviremos juntos en cuanto lleguemos a la ciudad?

-Naturalmente.- respondió Edward como si fuera algo demasiado obvio.

-¿Nos...casaremos?

Él la miró fijamente, con una intensa mirada, como si intentase descubrir lo que se escondía detrás de esos ojos azules. Winry no pudo evitar sentirse nerviosa y acalorada. La faceta nueva de Ed le parecía cautivadora y amenazante a la vez. Era todo un contraste.

-¿Es eso lo que te preocupa?

-Yo...siempre he pensado...que...qui-quisiera entregarme al hombre que...- no pudo terminar la frase, ya que un severo sonrojo podía apreciarse en su rostro.

Edward, en cambio, apretaba la mandíbula con furia. Le indignaba que ella se tomara el papel de la virgen ingenua. Estaba dispuesto a desenmascararla cuando llegara el momento.

-El tren saldrá por la madrugada pero ya hay un sacerdote esperando en la estación para oficiar la ceremonia.

-¿En la estación? ¿Tan pronto?

-¿No deseas que nos casemos?

-No es eso, es solo que no lo deseo así. Con prisa, sin algo que nos permita guardar un hermoso recuerdo de ello.

-Cuando lleguemos a la ciudad no tendremos tiempo para organizar una gran boda y además, quiero que seas mi mujer antes de que lleguemos.

-Pero...-

Winry bajó la mirada, entristecida por la inesperada noticia. Deseaba que su unión con Edward fuese algo especial. Algo que atesoraran juntos por el resto de sus vidas.

-Aún estás a tiempo para pedirle al cochero que gire y regrese al pueblo. Yo podría llegar caminando a la estación desde esta distancia.- dijo Ed, provocando que Winry lo observara con sorpresa y miedo.

-No quiero separarme de ti.

-Pero tampoco quieres casarte conmigo.

-No, es solo que no quería que fuera de ese modo...pero quiero ser tu esposa.

-Entonces lo arreglaremos en unos minutos más.- concluyó el joven, mientras de uno de los bolsillos de su abrigo sacaba una pequeña caja aterciopelada, de la cual sacó un pequeño anillo dorado.

Winry sonrió emocionada por el detalle, llegando casi al borde de las lágrimas. Edward se dedicó a colocar la sortija en el dedo de su futura esposa. En cuestión de minutos la ataría a él y le haría probar el infierno. No estaba seguro de que era aquello que había realizado de manera diferente a su hermano, pero era un hecho que la tenía comiendo de su mano y que haría cualquier cosa que le pidiera. Iba a usar las circunstancias a su favor. La justicia estaba de su lado

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La mano de Edward esperaba paciente para sostener la de Winry y ayudarle a descender del carruaje. El viaje había parecido bastante largo y ambos estaban cansados y adoloridos, pues el trayecto no había sido del todo cómodo. La chica se sujetó de Ed y se dispuso a saltar fuera del transporte, pero sus entumecidas piernas la traicionaron y casi le provocan una caída. El joven la sostuvo en sus brazos antes de que eso sucediera.

Winry se aferró a su futuro marido, tomando fuertemente el cuello de su camisa. No pudo evitar que sus mejillas se tiñeran de rojo. Cuando las miradas de ambos se cruzaron estando a tan poca distancia, ella pudo sentir como sus alientos se mezclaban, haciendo que un leve cosquilleo naciera en la parte baja de su espalda...y en otro sitio mucho más íntimo. Era algo totalmente nuevo para ella, algo que solo había experimentado con Edward.

Él, por su parte, no era indiferente a ese deseo que había entre ellos. Estaba consciente de la situación pero no se recriminaba a sí mismo por ello. Podía ser la culpable de la muerte de su hermano, sin embargo eso no hacía que dejara de ser una mujer, una muy hermosa. Edward la deseaba y no dejaba de repetirse que era igual que desear las caricias de una prostituta.

No habría amor. Solo dos cuerpos buscando placer. Él iba a proporcionárselo y esa sería su carta triunfal. De ese modo, esa joven se le entregaría en cuerpo y alma y garantizaría el éxito de su plan. Era solo cuestión de muy poco tiempo.

Después de pagar al cochero y asegurarse de que se llevaran las maletas, Edward y Winry se adentraron en la estación. Solo unas pocas personas se encontraban en la sala de espera, por lo que no fue difícil localizar al sacerdote que los esperaba. Un hombre bajo de estatura, regordete y con cabello cano, quien les sonreía amablemente.

-Creí que habías desistido del matrimonio.- dijo dirigiéndose a Ed.

-Hemos tenido problemas para trasladarnos hasta aquí. Le ruego que disculpe nuestro retraso.

-No hay ningún problema. Siempre es una alegría celebrar la unión de dos personas y más aún cuando se aman de verdad.

Winry mostró una sonrisa mientras se ruborizaba. Su rostro no podía disimular su felicidad. Edward solo podía mostrarse sereno.

Antes de comenzar, Ed se dirigió hasta el servicio de paquetes de la estación, y luego de intercambiar algunas palabras con la encargada, regresó hasta su prometida con un vestido blanco.

-Espero que te quede.- fue todo lo que dijo antes de entregárselo a su futura esposa, quien lo recibió con alegría.

-¡Gracias! Iré a ponérmelo.

Sin perder más tiempo, la chica se dirigió a un rincón donde pudiese ponerse el vestido para su boda.

-Creo que podría ser un recuerdo más grato si esperan a casarse cuando lleguen a su destino, muchacho.- dijo el sacerdote, ganando la atención de Ed.

-Eso no va a ser posible. Además, queremos casarnos ahora.

-No lo dudo. Esa jovencita parece muy enamorada, en cambio tú...-

-¿Está poniendo en duda mis sentimientos?

-No son tus sentimientos, es la forma en la que la miras. Es como...si hubiera algo frío en tu corazón.

-Todo el mundo tiene sus propios fantasmas, ¿no lo cree así, padre?

El hombre estaba a punto de decir algo más pero Winry se aproximaba hasta ellos. Lucía muy hermosa aún con ese sencillo vestido de bodas. Antes de que la chica estuviese lo suficientemente cerca, Edward miró al padre.

-Así es, todos tenemos nuestros propios fantasmas...y yo debo cumplirle a los míos.- finalizó severo. Su mirada era de nuevo distante.

El religioso parecía no comprender del todo lo que estaba ocurriendo, pero algo dentro de sí le decía que esa unión iba a desencadenar una serie de sufrimientos, pero quizá fuera solo una tonta idea suya. Había una radiante mujer vestida de blanco y un hombre esperando hacerla suya. Supuso que era suficiente para llevarlo a cabo, además de que ya había recibido su paga.

-Winry Rockbell, ¿Aceptas a Edward como legítimo esposo, para amarlo y respetarlo, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

-Sí...acepto.

-Edward Hughes, ¿Aceptas a Winry como tu esposa, para serle fiel y amarla y protegerla, hasta que la muerte los separe.

-Acepto.

-Entonces, los declaro marido y mujer.

Sin poder contener su alegría, Winry se lanzó a los brazos de su marido. No hubo felicitaciones ni aplausos, pero ese acto la había hecho inmensamente feliz. La chica buscó los labios de Edward para besarlos con dulzura y él le correspondió sin una pizca de amor. Eso iba a quedarse atrás.

Después de algunos minutos ambos abordaron el tren. Winry aún llevaba puesto aquel vestido blanco que se amoldaba a su silueta. Edward avanzaba con ella de la mano por el vagón para buscar el camarote que había reservado. De pronto sintió que ella se detenía.

-Edward, necesito un bolígrafo.

-¿Por qué necesitarías uno?

-He pensado...que no tenemos nada para recordar este momento, ni siquiera una fotografía, pero se me ocurrió que tal vez pueda conservar el talón de los boletos del tren y podría anotar esta fecha en ellos...para poder conservar este día tan especial.

Ed sonrió de lado y se apresuró a sacar uno del interior de su chaqueta. Observó cómo su esposa anotaba la fecha con una impecable caligrafía. No pudo evitar pensar, que muy pronto ella iba a desear olvidar esa fecha.

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¡Hola a todos los lectores!

Finalmente he concluido mis estudios y entro a una nueva etapa en mi vida, con muchísimas ganas de actualizar mis fics. Prometo que haré lo posible por actualizar muy pronto. En fin, les aviso que el próximo capítulo tendrá contenido sexual, por lo que tendré que cambiar el rated del fic. Esto estaba contemplado desde que concebí esta historia y espero que no afecte a nadie.

Agradezco mucho los reviews que me han hecho llegar, los leo todos, aunque a veces no pueda hacerles llegar la contestación. Al anónimo que me pregunta, Edward tiene 24 años y Winry 18. Sin más, agradezco a quienes leen y a: Miu Furinji, arual17, MacheSalas, Doshi-san, luna de elric. Rinsita-chan, yimel y a los anónimos por sus comentarios.

¡Nos leemos pronto!