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Hinata

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6 años antes

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Planes de guerra

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La ciudad de Seki, capital de la prefectura de Sekigahara, estaba en medio de las tierras centrales, rodeada por interminables bosques. Construcciones de piedra de cantera y techos de teja negra. Estaba dividida a la mitad por un rio de aguas tranquilas.

El castillo del Daimyo, y nuevo señor de los Hyuga, Toyotomi Hideyori, estaba al borde de la ciudad, cerca del bosque. Sus murallas blancas se alzaban sobre los arboles como montañas rectangulares.

Hinata miraba el suelo, distraída. Intentando pasar desapercibida. Los adultos a su alrededor discutían cosas que apenas alcazaba a entender.

—¡Es una locura! —gritó un hombre de mediana edad, azotando las palmas sobre la amplia mesa de madera vasta, los mapas revolotearon, unas hojas de informes de inteligencia cayeron al suelo. Hinata levantó la vista sobresaltada. Era Eiji Totomi, primo lejano del Daimyo Hideyori. Cabello bien peinado y ojos redondos. Vestía una armadura samurái de placas rojas— ¡Mis hombres serán masacrados!

Según le había dicho su padre era el general del ejército regular.

—Servirán de carnada, Eiji —dijo Hideyori con paciencia. El Daimyo era un hombre joven y guapo, en sus veintes. El cabello largo y negro brillándole como obsidiana. Vestía un pomposo kimono blanco y era el único de los presentes que estaba sentado, con las manos en los reposabrazos, emanando estoicismo y seguridad como el sol irradia luz—. Cuando el enemigo empuje a los regulares hacia las murallas, los Hyuga los flanquearan.

—Y cuando intenten retroceder, los Shimura les cortaran el paso —dijo Hideyoshi con una sonrisa curva como la luna menguante. Hermano de Hideyori. De pie, a la derecha de su hermano. La misma ropa, el mismo cabello, el mismo rostro; pero la expresión y los ojos eran completamente diferentes, como dagas gemelas, pero no sabes cual esta envenenada hasta que te cortan con ella.

Hinata no quería estar ahí. Aquellos hombres la asustaban. Descargó su ansiedad alisando los pliegues de su kimono.

—¡Es demasiado obvio! —volvió a gritar Eiji— ¡No caerán en una trampa tan estúpida!

—Es por eso que disfrazaremos a parte de los regulares como ninjas —dijo Hideyoshi—. Tranquilízate Eiji. El plan funcionara.

Hinata quería volver a su cuarto, pasear por los campos de naranjos, jugar con su hermana, que su madre le contara un cuento. Pero su padre la obligó a quedarse. Dijo que era parte de su formación, como futura heredera del clan tenía que saber cómo funcionaba su mundo.

Hiashi Hyuga estaba frente a ella, alto como una torre oscura, su espalda le parecía demasiado ancha y fría.

Algunos de los líderes de las ramas principales también estaban ahí, junto con otros generales del señor Hideyori.

—Aunque los ninjas de Masashiro cayeran en semejante trampa, el costo para mis hombres sería demasiado alto. Hay otros planes que podrí…

—¿Quisieras callarte, Eiji? —una voz grave y rasposa brotó desde el fondo de la sala de guerra—. Te quejas más que una mujer. El plan ya ha sido decidido ¿O es que acaso estas dudando de la capacidad de nuestro señor Toyotomi?

De todos los hombres presentes, el que acababa de hablar era al que Hinata le tenía más miedo; no era sólo por la correosa cicatriz que le cruzaba el lado derecho de la cara o por la piel lustrosa y dura como la de un cocodrilo. Era el aura que emanaba, amenazante como los colmillos de un lobo. Hanzo, líder del clan Shimura. Contratados recientemente por Hideyoshi para que los ayudaran en su guerra contra el Daimyo Masashiro Michi. Señor de la prefectura de Kane.

Eiji cerró los puños y habló conteniendo la frustración. Unas palabras y unas ordenes más y la reunión estratégica había terminado. Hinata suspiró de alivio.

Los hombres estrecharon manos, se despidieron con reverencias de su señor y fueron saliendo en grupos. Excepto Eiji que se quedó de pie, en silencio, junto a los mapas y los informes.