Me enfermas.
Dio un paso hacia atrás. Lo miraba a la cara ¿Realmente estaba ahí? ¿O su mente desquiciada lo estaba alucinando?
-¿Qué pasa, mono? ¿El gato te comió la lengua o qué?- La rubia dio otro paso hacia atrás, él la miró intrigado. Dio la vuelta lentamente y salió corriendo como un petardo.
Se sorprendió pero fue detrás de ella, alcanzándola no muy lejos, si bien las piernas de la chica era más largas que antes nunca superarían las de Shinji por su altura.
-¿Qué carajos te pasa? ¿Por qué huyes?- Agarro el codo de la chica y sintió como tembló ligeramente. – Perdón, había olvidado que no te gusta que te toquen.-
Sintió como poco a poco las lágrimas iban saliendo de sus ojos. ¡Maldición! Se sentía tan débil cuando lloraba. Las secó con el dorso de su mano pero seguían brotando. Todo iba tan normal y se creía ya absuelta de su pasado cuando todo esto sucede.
-¿Qué pasa, Hiyori?- Preguntó Shinji, pero ella solo lloraba ahí, de pie, frente a él. Nunca la había visto llorar, se sentía extraño ante este hecho. Lo único que se le ocurrió fue abrazarla; la rodeó con sus brazos y sintió como la cálida cabecita de la chica se recargaba en su pecho. Se le hacía extraño estarla abrazando con el cuerpo tan cambiado. Ella temblaba ligeramente dado que no traía suéter y el clima no se prestaba.
-Toma.- Dijo mientras se quitaba su propio abrigo. Ella se negó a aceptarlo pero siguió insistiendo.- No seas tonta, Hiyori. Pescarás un resfriado si no te abrigas con este clima. No quiero que mi mono se enferme.-
Ella rió un poco, al fin había parado de llorar.
-¿Qué haces aquí, Shinji?-
Era cierto, ¿Qué hacía él ahí? Bien pudo haberse ido hacía unas horas pero se quedó observándola en el trabajo.
-Bueno, yo…he venido por ti.- Admitió
-¿Por mí? No digas tonterías, Shinji. ¿Para qué me necesitas?- Entrecerró los ojos, sabía que no la buscaría si no necesitara algo.
-Es una larga historia, necesitamos hablar.- Quería explicarle lo que había pasado en la sociedad de almas, el ataque de los Quincy y cómo logró la última voluntad de Momo. Quería contárselo todo, pero había algo que lo frenaba, bien sabía que bajo ese aspecto duro la chica era tan frágil como la porcelana. La miró a los ojos ambarinos y se sintió reflejado en ellos.
-Está bien. Vivo aquí cerca, no tardaremos en llegar.- Cedió al fin .El rubio asintió con la cabeza y empezaron la marcha de nuevo, uno al lado del otro.
La chica sentía unos horrorosos calosfríos desde hacía un rato, sentía el aliento caliente. Creyó que eran sus nervios y lo condujo hasta su departamento, subieron en silencio las escaleras. Llegaron a la puerta y lentamente sacó la llave para poder abrir.
Cuando la puerta se abrió, Shinji no imaginaba que Hiyori pudiera vivir en un lugar tan pequeño, sabiéndola inquieta o como solía decirle "con hormigas en el trasero". Era un modesto departamento, arreglado de manera occidental. Desde su punto podía distinguir una pequeña cocina con comedor y un pasillo que supuso conducía a las habitaciones.
La chica pasó y se dejó caer en el mullido sofá de su diminuta sala. Se sentía peor, ahora padecía de un horrible dolor de cabeza y le dolía el cuerpo, parecía que le iba a dar un resfriado.
-Dios mío Hiyori, ¿Te sientes bien? Te ves terrible.- Dijo Shinji, quien se sentó a su lado.
-Si, es… sólo un resfriado, supongo.- Volteó a verlo y notó cierta preocupación en su rostro.
-Sabes, lo mejor será que descanses. Te ves muy cansada.- Hiyori asintió. Se levantó y un horroroso vértigo la embargó repentinamente, se sintió caer y espero el golpe contra la alfombra pero en lugar de eso unos brazos la sostuvieron por los hombros. Después de eso, cayó en la inconsciencia.
Sostuvo a Hiyori un momento y después la recargó en el sofá de nuevo. "Otra vez me toca sostenerte, tonta" pensó Shinji. Parecía ser que tantas emociones en un lapso de tiempo tan corto habían hecho trizas su salud. Decidió que lo mejor sería llevarla a su habitación y la sostuvo en brazos, la sintió ligera, contrario a lo que creía al ver el larguirucho cuerpo. Paso por el pasillo hacia lo que creía era el cuarto de la chica y lo abrió haciendo malabares, estaba en lo correcto, era este. Se sorprendió al ver la habitación ligeramente vacía, teniendo solo un closet, una cama con una mesita de noche y una butaca al lado de una lámpara de pie con un libro abierto en el asiento.
La depositó con suavidad en la cama y la metió debajo de las cobijas, había olvidado lo tierna que podía parecer cuando estaba dormida. Fue a la cocina y mojó un paño para bajarle la fiebre. Regreso a la habitación y arrimó la butaca al lado de la cama de la chica, se sentó y puso el paño en su frente.
-Creo que me acostumbraré a verte así, Hiyori.- Dijo antes de retirar el paño y darle un beso en la frente. Se quedaría en el sofá de la sala, después de todo, ella no estaba en posición para quejarse.
Despertó y se sentía ligeramente menos enferma que el día anterior. Tenía la cara caliente y el cuerpo cortado. Se levantó para cambiarse al pijama con lentitud. Tuvo vértigos de nuevo y unas náuseas la invadieron, se incorporó y caminó lo más rápido que pudo al baño, donde las arcadas la invadieron. Después se enjuagó la boca y se lavó los dientes.
Estaba sedienta, así que fue a la cocina por un vaso de agua. Volteó a la salita y se le salió un grito, había alguien en su sala. Soltó el vaso de vidrio y éste se rompió al estrellarse contra el suelo.
Shinji se despertó alarmado por el ruido. Se levantó y así Hiyori pudo verlo, suspiró aliviada, creía que alguien más había invadido su sala.
-¿Qué tal te sientes mono?- La chica lo miró desdeñosamente y él rió. Se acercó y puso una mano en su cara, aún la tenía con fiebre.- Será mejor que te recuestes de nuevo.- Asintió sin protestas, dio media vuelta de regreso a su habitación cuando paró en seco.
-Sabes.- Le dijo a Shinji.- En todo este tiempo que llevo aquí jamás me había puesto así. Creo que tú me enfermas.- Soltó una risita tímida y siguió andando.
El rubio rió para sus adentros. La enfermaba, pero al menos le provocaba alguna reacción, pensó.
