Capitulo X

ESTRATEGIA

- ¿¡Se puede saber en que estaban pensando ustedes dos!? – Zuko y Sokka estaban sentados frente a Katara mientras regresaban al templo aire – Lo que hicieron no solo fue estúpido si no también peligroso, ¿Se imaginan que hubieran hecho si Suki o yo no estuviéramos ahí? Ahora mismo Azula los tendría como prisioneros o los hubiera matado – lo segundo iba dirigido a Zuko.

- Si que tiene carácter – dijo Chit Sang – mientras se encargaba de mantener la caldera del dirigible avivaba en fuego.

- Se parece a su madre – comentó Hakoda al ver como su hija regañaba a Sokka y al príncipe de la nación del fuego.

- Puedo entender por que quisiste ir Sokka – siguió regañando Katara – Pero tu Zuko. Tu más que nadie debe saber lo peligroso que es que sepan nuestras identidades. ¡Especialmente en una prisión! Tienen idea de lo preocupada que estuve cuando ustedes no regresaban.

- Te dejamos una nota… - trato de excusarse Zuko.

- "No hay carne Zuko y yo iremos por mas" – la forma en que lo dijo izo sonar muy ridícula la escusa que Sokka dio. Y todos estuvieron de acuerdo con eso.

- Que importa – dijo Sokka con desengana – Ya estamos bien ¿o no?, logramos rescatar a Suki y a mi padre… – termino de decir con alegría – de todas formas ¿Qué hacías tu ahí? – comenzó a ver a Katara de manera sospechosa - ¿Cómo llegaste a la roca hirviente señorita? ¿Eh? – tomó la actitud de padre regañón.

- Si tan solo se hubieran esperado un día hubieran sabido mi plan para rescatar a nuestro padre – dijo con impaciencia Katara.

- ¿Tu sabias que iba a estar ahí? – pregunto Zuko con sorpresa, pues ellos recién se enteraron en ese momento cuando lo vieron bajar del ferri. Ni siquiera estaban seguros de que estaría ahí.

- Por supuesto que si. Olvidan que tengo amigos entre los soldados de la nación del fuego.

- ¡Aja! – grito Sokka – Le diré a papa que has estado ayudando a soldados de la nación del fuego ¡Y que los dejaste vivir en la tribu agua! ¿En que estabas pensando? ¡Papa! - dijo muy oriundo mirando a su padre - ¡Regáñala! – y señaló a la acusada.

- Katara se sintió como una niña a la que acababan de descubrir de alguna travesura. En ese momento se dio cuenta que su padre no sabia de los refugiados de la nación del fuego que estaban ahora en la Tribu del Polo Sur. Había planeado contárselo pero de otra manera, no como Sokka lo grito. La hacia ver como una criminal.

Hakoda se acerco con seriedad a su hija. Zuko y los demás estaban expectantes de lo que el líder de la tribu agua le haría a su hija.

- Papa yo… - quiso explicarle Katara, pero antes de decir cualquier otra palabra, su padre puso una mano en su hombro y dijo.

- Lo se – Katara dudo un momento – Siempre lo supe.

- ¿¡QUÉ!? – gritó Sokka.

- ¿Desde cuando lo sabes? – pregunto Katara asombrada de que su padre supiera la verdadera identidad de los nuevos ciudadanos.

- ¿"Maestros tierra"? – dijo Hakoda. Katara abrió sus ojos con sorpresa. Desde ese momento el lo supo… desde hace dos años….

- ¿Cómo lo…?

- Al principio lograste engañarme y también ellos, pero cuando fui a ver su barco – sonrio – hija, tal vez no sepa distinguir a un maestro fuego de un maestro tierra, pero se reconocer un barco de guerra de la nación del fuego.

Katara cayó en la sorpresa, por supuesto, había sido muy ingenua cuando les pidió a los soldados que solo borraran la insignia de la nación del fuego del barco. Como si eso fuera a ocultar realmente quienes eran.

- ¿Por que no dijiste nada? – le pregunto Katara.

- Por que temía que pudieran hacernos algo, pero sobre todo – hiso una pausa – no entendía por que eras tu quien los ayudaba, especialmente por lo que le paso a tu madre.

Katara quiso explicarse pero su padre se adelantó.

- El día en ellos se marcharon yo los escolté ¿recuerdas? – Katara asintió con la cabeza – ese día les advertí que no regresaran jamás, que si tuvieron algún respeto por nosotros que no lo hicieran – pero me sorprendió lo que hicieron esos hombres – todos escuchaban atentamente – me hicieron una reverencia, y con sus cabezas tocando el hielo dijeron:

- Les estamos eternamente agradecidos – habló el Almirante Qian - Sabemos que la nación del fuego le ha hecho mucho daño a su familia y a su tribu. Pero queremos que sepa que de ahora en adelante nosotros también ayudaremos a los nuestros, así como su hija lo hiso con notros. Mis hombres y yo jamás olvidaremos la bondad de la princesa. Estamos en deuda con ustedes

Se avergonzó por la manera en que se habían dirigido a ella, y el agradecimiento que le dieron a su padre. A Katara solo le dieron las gracias y ya

- Poco después, cuando llegaron los primeros refugiados preguntando por ti, y diciendo que unos "maestros tierra" los habían enviado, supe de que se trataba todo eso.

- Lo supiste todo este tiempo – dijo finalmente Sokka – Yo creí que tu… por lo que le paso a mamá… - hablaba con tristeza.

- Me dolió mucho la perdida de su madre – dijo Hakoda con dolor – Y odie por mucho tiempo a todos los de la nación del fuego – miro a Zuko – pero me di cuenta que desquitarme con ellos u odiarlos por siempre no me traería de regreso a Kya. Tu me enseñaste eso hija – Katara le sonrió a su padre – la mejor manera de olvidar el dolor y sufrimiento es comenzar de nuevo, tenemos que traer la paz y restaurar el equilibrio que esta guerra rompió, y el primer paso para lograrlo, es perdonando a tus enemigos – Zuko, creyó escuchar a su tío hablar y no podía estar mas de acuerdo con sus palabras. Hakoda miro al príncipe de la nación del fuego y dijo – Y se necesita de mucho valor y coraje para hacerlo – Sonrió y miró con admiración al líder de la tribu Agua del Sur, lo había aceptado y comprendía su motivo de estar ahí. Por segunda ocasión sintió que estaba en el camino correcto.

- ¡Perdón por ser tan malo! – grito mientras lloraba a moco suelto Chit Sang por las palabras de Hakoda – ¡Juro que ya no hare fuego control para herir a alguien nunca en mi vida! Desde ahora seré bueno. – Suki lo consolaba golpeando suavemente su espalda. Sus llantos como niño pequeño le sacaron sonrisas a todos.

- Ahora hija – hablo Hakoda – Quiero que me digas ese plan del que me estuvieron hablando los soldados cuando estuve en la prisión de la nación del fuego.

Todos se quedaron sorprendidos al escuchar esas palabras. Katara solo asintió. Llegaron por la noche al templo Aire del Oeste. Aang, Toph y los demás le dieron la bienvenida a los recién llegados, después de la cena. Katara comenzó a contar el plan.

- Cuando fue la caída de Ba Sing Se, pensé que ya no era no posible un ataque a la nación del fuego. Así que me deje capturar para tratar de obtener información acerca de los planes del señor del fuego, fueron días tortuosos y no pude obtener nada al principio pero cuando estuve viviendo en el palacio pude enterarme del plan de la "invasión".

- ¿Ya lo sabias? – pregunto Zuko.

- Tengo contactos, no lo olvides – le dijo Katara con satisfacción.

- Tendrás que decirme quienes son… - dijo con extrañeza, le parecía increíble lo bien informada que estaba – Katara solo le sonrió por el comentario.

- ¿Estuviste viviendo en el palacio? – pregunto su padre con asombro.

- ¡Ha! ¿Puedes creerlo? – dijo Sokka – Estuvo viviendo como una princesita muy cómodamente en el palacio ¡Mientras que tu fuiste enviado a esa prisión! – grito indignado.

Hakoda no podía creerlo.

- De todas formas – le corto Katara – no sabia que eran ustedes los que estaban planeando ese ataque, ahora entiendo por que Azula me torturo. Pero aun así, sabíamos que no podían tener éxito. Como la nación del fuego ya lo sabia ellos ya habían planeado las contramedidas para ese ataque. Sabia que fallarían.

- ¿¡Y no trataste de advertirnos!? – Grito de nuevo con indignación Sokka, el había sido quien estaba detrás del plan de la invasión.

- O al menos ayudarnos – hablo Aang.

- No había manera de poderlos contactar. Lo que nosotros sabíamos era información de adentro, no de afuera. Y sí pensamos en hacer algo, pero… paso lo de la Isla… - dijo con pesas Katara.

- ¿Qué paso? – preguntó Hakoda.

- ¡Ha! ¿Puedes creerlo? – grito Sokka de nuevo - ¡Hasta vacaciones le daban! ¿Qué clase de prisionera eras? – le reprochó con indignación.

Katara le reso a los espíritus para que le dieran paciencia con su hermano.

- Uno de los volcanes cercanos a la Isla Ember hiso erupción – explicó Zuko – Estuvimos en peligro y… Katara nos ayudó. Pensamos que había muerto – termino de decir con lamento. Aunque Katara ahora estaba con ellos, no podía dejar de culparse por eso. De sentir ese miedo intenso cuando casi la perdía.

- Mientras me recuperaba, nos dimos cuenta de que ya no era posible ayudarlos a ustedes. Sin el fuego control por el eclipse, los soldados de nuestro lado resultaban inútiles, además muchos de nuestros aliados fueron enviados a barcos o trasladados a colonias en el reino Tierra por protección. No había mucho que pudiéramos hacer – dijo con pesadez – Pero después nos enteramos que el Avatar estaba con vida – ahora hablo con alegría – y que habían sido ustedes los que estuvieron detrás de ese plan todo ese tiempo. Entonces comenzamos a poner en marcha un segundo plan.

- El primer paso consistía en la localización y liberación de los que hubieran sido capturados – miro con reproche a Sokka y a Zuko – El cual a duras penas logramos llevar acabo – Sokka y Zuko se miraron como niños regañados.

- ¿Y que pasa con lo demás prisioneros? – pregunto Haru.

- Por ahora ellos se encuentran en la prisión en la nación del fuego. No te preocupes estarán bien.

- Así es – aseguro Hakoda – los soldados que vigilan las celdas de los prisioneros se dirigieron a mi y me aseguraron que no correrían peligro. Ellos se encargarían de eso.

Haru no pareció tan convencido de esas palabras. Pero las acepto de buena manera, al menos sabia que su padre estaría bien.

– Y la segunda parte del plan es la mas importante. Daremos un golpe de estado.

Se quedaron sorprendidos.

- Eso suena increíble – dijo Sokka - ¿Cuándo será?

- El día en que llegue el cometa Sozin.

Y la sorpresa paso al miedo.

- Estas loca – le dijo Zuko – es el día en que los maestros fuego obtienen más poder, será imposible. ¡Tiene que ser antes!

- Supongo que esperas que Aang se enfrente al señor del fuego ese día ¿cierto? – hablo Toph.

- Así es

- ¿Qué? – grito Aang con miedo – No puedo vencerlo ese día, es imposible, apenas puedo dominar el fuego – Aang aun no podía dominar bien el fuego control y saber que tenia que enfrentarse a el señor del fuego el día del cometa lo ponía muy inseguro.

- Y a tu tierra control le hace falta mucho – agregó Toph desanimando más al avatar.

- No puedo hacerlo para el día del cometa. Tendrá que ser después – declaro Aang.

- No… - dijo Katara – No puede ser después.

- ¿Por qué no? – alegó Sokka.

- Por que no habrá nada que salvar después de que llegue el cometa – dijo Zuko.

Las palabras del príncipe los dejo mudos y no entendían a lo que se refería a excepción de Katara.

- En una de las juntas que tuvo mi padre – continuo – se planeó el ataque a las colonias del reino tierra que no habían sido conquistadas, Aprovecharan el poder del cometa para destruirlo todo.

- Así es – confirmó Katara – los soldados que están de nuestro lado se están movilizando ahora para ir en camino a las colonias que han sido ocupadas por la nación del fuego, el día del cometa derrocaran a los líderes ahí impuestos. El golpe de estado será simultaneo en todas las demás colonias. Ellos no se lo esperan. Lo mismo pasara en la capital, pero solo tu puedes hacerte cargo del señor del fuego Aang. Solo tu podrás derrotarlo.

El plan era bueno. Aprovecharían también el poder del cometa para usarlo contra la nación del fuego, pelearían con igualdad.

- Yo… - dijo Aang – no se si pueda estar listo.

- Lo estarás - aseguró Zuko colocando una mano en su hombro – yo me encargare de que lo estés.

El joven avatar pareció mas convencido por las palabras de su Sifu. Miro como todos lo veían con esperanza y determinación diciéndole "tu puedes Aang nosotros creemos en ti" Suspiro profundo y dijo.

- Esta bien. Lo haremos – dijo con algo de seguridad.

Después Katara comenzó a asignarles las habitaciones para dormir. Su padre y Chit Sang dormirían en la habitación conjunta a la de Zuko, como Suki siendo novia ya oficial de Sokka ella dormiría con él y Aang tuvo que ser cambiado a otra habitación pues dormía con Sokka. Termino en la misma habitación con Zuko, lo que creyeron muy conveniente pues ahora entrenarían más duro. Haru, Teo y el Duque continuaron durmiendo juntos.

Katara se encontraba buscando mantas entre las cosas que había traído cuando Zheng la llevó, en ese momento Zuko se le acercó.

- Katara…

Ella volteo pero al ver quien le hablaba, se quedo un poco sorprendida de reconocerlo. Recordó lo que le dijo a Mai en la prisión. Que ella había sido en parte la razón por la que ahora estaba con ellos, pero cuando le pregunto si la amaba, no hubo respuesta, se vio obligada a interferir. Se sentía confundida. Estaba segura que sentía algo por Zuko. Cuando la beso la noche que llego al templo aire se dio cuenta de sus sentimientos. Pero… ¿y él? como el había sido quien la beso creyó que él también la amaba, pero su comportamiento después de que regreso del viaje con Aang, hiso que sus ilusiones murieran. Ahora no sabia que pensar.

- ¿Si…? – le pegunto, tratando de ignorar ese cosquilleo en su estómago que le provocaba al verlo.

- Solo… quería… - decirte que te amo como nunca he amado a alguien y te agradezco que me hayas salvado – quería… darte las gracias… por lo de antes – cobarde.

- Oh… esta bien – dijo un poco decepcionada, esperaba algo mas – no tienes que darlas – le dijo con una ligera sonrisa.

Gracias a la pregunta de Mai y lo que pasaron al huir de la prisión Zuko se dio cuenta que no podía perder mas tiempo con ella, debía decirle sus sentimientos, en esos momentos de guerra, donde cualquier cosa podría suceder el no quería vivir de nuevo con el arrepentimiento de no decirle lo que sentía por ella, la había perdido una vez y ahora la vida le daba otra oportunidad que no desaprovecharía. Si existían maestros fuego que ahora estaban casados con miembros de la tribu agua quería decir que él también podía estar con ella. Que no existían diferencias de naciones o elementos cuando al amor se trataba.

- Katara… - estaba decidido, se lo diría - también quería decirte que…

El corazón de Katara latía con fuerza en su pecho. La manera en que Zuko le hablaba le hacia saber que le diría algo importante. Realmente deseaba escucharlo, quería saber que estaba a punto de decirle.

- Desde que estuvimos en la Isla Ember – continuo Zuko – Yo me di cuenta de que…

- ¡Katara! – era Sokka. Ambos voltearon y vieron a Sokka acercándose a ellos – Suki quisiera saber si le ayudarías a llevar agua a los baños. También si le puedes prestar algo de ropa. ¿Katara…?

Se hallaba perdida, la interrupción de Sokka evito lo que sea que Zuko le iba a decir y ni siquiera puso mucha atención a las palabras de su hermano. Pero cuando la llamo por segunda vez despertó del desconcierto.

- Eh… Si… yo le ayudo, no te preocupes, con permiso – y se fue de ahí.

Muchas gracias Sokka. Pensaba Zuko, había planeado decirle sus sentimientos a Katara y Sokka llegaba y lo arruinaba todo. Ahora tenia que buscar una nueva oportunidad para lograrlo. Y se fue de ahí molesto.

Katara suspiraba mientras se bañaba junto con Suki, Ayu y Toph la cual acepto a duras penas y por mandato de Katara.

El baño en el templo aire consistía en piletas de diferentes tamaños en forma hexagonal, poseía un borde que permitía a los que estuvieran dentro poder sentarse en la orilla. Unos chorros de agua productos de Katara, llenaban el baño con agua limpia, mientras una vez llena, el agua se desborda por un pequeño canal llenando las demás piletas hasta perderse en un rio subterráneo.

- Así que eres de la nación del fuego – dijo Suki a Ayu.

- Si, pero he estado ayudando a mi hermano y a los demás a terminar esta guerra.

Mientras se bañaban, Suki y Katara contaron la travesía que tuvieron en la prisión además de las presentaciones así como lo que paso Katara en el palacio y como Ayu le había ayudado.

- Sabes Katara – hablo Toph – me parece increíble la manera en que convences a las personas de estar de nuestro lado.

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno… - comenzó – nadie jamás pensaría que ZUKO – el corazón de Katara dio un brinco al escuchar su nombre y Toph sonrió – se nos uniría, es decir después de que nos estuvo persiguiendo y todo eso y ahora resulta que una de las amigas de la loca de su hermana también están de nuestro lado.

- Te equivocas Toph yo no convencí a nadie y menos a Mai.

- ¿Y no sabes por que lo hiso? – pregunto la maestra tierra.

- Ya te dije que no se.

- No me refiero a ella, si no a Zuko.

Su corazón de nuevo latió con fuerza y se sintió un poco avergonzada. ¿Cómo les iba a decir que fue por ella que Zuko se les unió? O al menos eso creía. Por lo que le dijo a Mai. Pero un así, resultaba muy vergonzoso decirlo.

- No… lo se realmente… - mintió.

- No lo sabes o no nos quieres decir – atacó Toph por que sabia que mentía.

- ¿Enserio sabes por que Zuko se les unió? – Hablo Suki - A mi me sorprendió verlo en la prisión y mas cuando Sokka me dijo que estaba de su lado.

- El llego junto con Ayu diciendo que estaba arrepentido de todo lo que había hecho y que ahora era bueno – dijo Toph.

- Pues ahí tienen su respuesta – dijo Katara – Bueno yo ya estoy limpia así que me voy – Y se escapo del baño dirigiéndose rápidamente a los vestidores.

Se le había escapado. Toph bufó por la huida de Katara, pero aunque estuviera en otra habitación podía sentir los latidos nerviosos de su corazón. Estaba muy segura de algo y se divertiría mucho con eso.

- Salió muy apresurada – dijo Suki – ¿habrá pasado algo entre ellos?

Y esa era la pregunta del millón. Tanto Suki como Toph, fijaron como objetivo a Ayu.

- ¿Por qué me miran así…? – aunque lo decía de manera figurada refiriéndose a Toph aun así sentía también la atención de la maestra tierra hacia ella.

- Bueno tu estuviste en el palacio ¿no? – señalo Suki – ¿no supiste que pasara algo entre ellos?

La primera idea que se le vino a la mente fue cuando Katara le conto lo que paso entre ellos a causa del afrodisiaco. Eso si que fue algo fuerte y pudo influir en la actitud de ambos, ella lo sintió. Pero no podía contar algo como eso. Se puso nerviosa y dijo

- No… solo se que pelearon en dos ocasiones – logro decir eso.

- ¿Estuvieron peleando? – dijo Suki con sorpresa.

- Si… bueno, al principio no se llevaban muy bien, pero era natural supongo, pero el príncipe cambio cuando fuimos a la isla.

- ¿Que paso en la Isla? – preguntó Toph. Ellos solo sabían la versión corta donde Katara los salvaba.

- No se lo contamos pero… Katara y yo estuvimos a punto de morir ahogadas.

Suki se impresiono y en acto se llevo una mano a su boca, Toph también se preocupó.

- ¿Y que paso? – pregunto Suki temerosa y con gran curiosidad.

- No lo se con exactitud, solo se que Katara logro salvarme. Yo, tuve un calambre mientras nadaba y… lo ultimo que recuerdo fue que ella nadaba hacia mi. Mientras estuve inconsciente sentí algo muy cálido en mi pecho y cuando desperté vi a Katara y al príncipe sentados a mi lado. Katara me abrazo y supe había sido ella quien me salvó, pero… Katara tomo la mano del príncipe y le dio las gracias, el nos había salvado a las dos.

Se quedaron calladas.

- Yo se que después de que Katara murió, o cuando creímos que lo había echo – aclaró – el príncipe cambio mucho, por un momento pensé que me había equivocado…

- ¿Qué quieres decir? – pregunto Toph.

- Después de que me salvaran, vi como el príncipe la miraba. Por un momento creí que él sentía algo por ella. Incluso lloro cuando la vimos morir.

Toph se hallaba incrédula, Suki no podía imaginarse a Zuko llorando por alguien.

- Pero después de eso, el cambio por completo, en la isla le hicieron un funeral, yo estaba devastada, pero el príncipe no. Se veía tan serio y frio. Todo el viaje de regreso a la nación del fuego, yo me la pase llorando en mi camarote, y supe que él no salió del suyo hasta que llegamos a la capital. Desde ahí todo fue diferente. El príncipe seguía actuando como todos los días, como si la muerte de Katara no le afectara en nada y así lo creí todo este tiempo – Ayu se abrazaba a sus rodillas.

- Pero… el no sabia que estaba viva ¿verdad?

Ayu negó con su cabeza – La primera vez que vimos a Katara después de lo que paso en la Isla Ember fue cuando llegamos aquí. Cuando el decidió ayudarme a escapar el día de la invasión me dijo que tenia las misma intenciones que yo. Unirnos al avatar y terminar esta guerra. Pero sentí que había algo más – agregó - Pensé que lo hacia por Katara. Y Aun sigo creyendo eso – dijo con firmeza.

Toph le creía. Cuando Zuko estuvo contando lo que les paso, especialmente lo que tuvo que ver con Katara, pudo sentir dolor en su corazón, sus latidos eran muy diferentes.


Zuko se encontraba muy temprano entrenando a Aang. Era un Sifu muy estricto pero daba buenos resultados, Aang progresaba muy rápido en su fuego control. Incluso Zuko se impresionó de su progreso. Definitivamente ser el Avatar le daba mucha ventaja.

Hakoda observaba fijamente al príncipe de la nación del fuego desde uno de los balcones que permitían una buena vista del lugar de entrenamiento. Pero que los de abajo no podían ver quien los observaba.

- ¿Le gusto la platica de anoche? – Toph se acercó al líder de la Tribu Agua del Sur.

Hakoda se impresiono de que la maestra tierra supiera que, sin querer hubiera escuchado la platica entre ellas.

- No fue mi intención… - se disculpó.

- Lo se – le dijo la bandida ciega - ¿Y que piensa?

La vista de Hakoda se fijo en el príncipe, después de obsérvalo un rato dijo.

- Katara es capaz de hacer cambiar a él mas confuso corazón y llevarlo a la paz – después agregó – El príncipe es un Hombre de honor, de eso no hay duda.

Toph sonrió.

- Solo recuerde esas palabras en el futuro – le dijo sonriente y se fue de ahí.

Hakoda suspiró. Podía imaginarse a lo que se refería la joven maestra tierra.

Por la tarde Katara caminaba por una de las secciones mas apartadas del templo. Le gustaba la idea de explorar el lugar pero al mismo tiempo resultaba peligroso, algunas partes estaban destruidas y otras no eran muy estables, pero eso no le impedía moverse en él. El templo Aire era muy hermoso, aunque descuidado por los años, pero eso no le quitaba la grandeza que una vez pudo tener. Admiraba los murales, se le hacia chistoso ver a Appa en ellos. O mejor dicho a los bisontes voladores.

Habían pasado dos días desde que tuvo esa conversación con Zuko, y después de eso ya no se pudo presentar la oportunidad de verse de nuevo y terminarla. Zuko se hallaba muy ocupado entrenando a Aang de sol a sol, mientras que ella platicaba con su padre y su hermano puntos importantes del plan que llevarían acabo. Pero en esos momentos disfrutaba de su tiempo libre.

Entro a una habitación y se quedo impresionada por lo que había dentro, en los muros y muy deteriorado se veía una representación de los cuatro elementos, el suelo estaba cubierto de mosaico en diferentes tonalidades de azul, en el medio del mismo estaba la imagen de la luna llena y alrededor de la misma las figuras de Tui y La. En dos de las paredes el viento, con paisajes de montañas, como los templos aire y bisontes voladores en un fondo blanco y rodeados de nubes. Del otro extremo un bosque en diferentes tonalidades de verdes y cafés con dibujos de topos-tejón escarbando en la tierra. En el techo un gran dragón en color rojo y naranja se enredaba a la figura de un enorme Sol. Todo estaba cubierto también en mosaico de colores rojos, naranjas y amarillos.

Estaba sorprendida, nunca había visto algo como eso antes. Los nómadas aire, al parecer creían en el equilibrio de los cuatro elementos y lo expresaban en aquella habitación. Era increíble de admirar. Toco con delicadeza el mural del viento, donde estaba la imagen del bisonte volador. Sentía tanta paz en esa habitación. La luz del sol comenzaba a bajar y aunque aun faltaba mucho para el anochecer, se obscurecía mas rápido en el templo debido al lugar donde se encontraban, muy a su pesar salió de la habitación. Camino de regreso a donde estaban todos, pero no lo hiso por el mismo camino por donde había llegado, lo hiso por la parte externa, le encantaba ver las edificaciones invertidas y como la naturaleza había reclamado parte del abandonado templo.

A Ayu le tocaba hacer la cena así que no tenia prisa por volver. Podía regresar tranquilamente tomándose su tiempo. Resultaba agradable que hubiera mas mujeres en el grupo. Antes, ella tenia que encargarse de todo, era como la mama, les decía que hacer y que no, y cuando Toph se les unió, pensó que al fin había ganado una amiga que le entendiera y le hiciera mas llevadera su estancia con Sokka y Aang pero aunque si gano una amiga, gano a otro "hijo", pues Toph estaba lejos de comportarse como una señorita de su edad. Al menos ahora con Suki y Ayu, las cosas resultaban mas fáciles para ella y podía permitirse esos paseos.

Seguía admirando la arquitectura cuando vio una llamarada a lo lejos seguida de otra. Camino asta llegar a donde provenían.

Zuko se encontraba entrenando. Le pareció extraño. A esa hora ya debió de dejar de entrenar a Aang, ¿Por qué estaba entrenando solo? Y en un lugar tan apartado. Recordó como en ocasiones pasadas, después de entrenar a Aang Zuko se iba y no regresaba hasta la hora de la cena. Ahora sabia a donde iba y que hacia.

El lugar donde se encontraba, era una explanada rodeada de un extremo de vegetación y lianas, del otro lado daba vista al acantilado. A un lado había una especie de estanque que se extendía desde el extremo donde terminaba la explanada hasta por debajo de donde se encontraba Katara, se llenaba con el agua de un riachuelo, el agua pasaba de la piedra al estanque y después caía por el borde en forma de cascada hasta la parte baja, ramas y raíces tocaban el estanque llenándose del vital líquido.

La luz del atardecer tocaba el agua dándole hermosos reflejos que tocaban el cuerpo del maestro fuego. Se encontraba sin camisa dejando ver los músculos de su torso desnudo cubierto por una fina capa de sudor. Lo grande de aquella explanada le permitía moverse con libertad; después de lanzar patadas al aire, giros y lanzamientos de fuego, tomo sus espadas Dao y comenzó a entrenar con ellas. Se movía con maestría y sutileza mortal. No cabía duda que era un experto espadachín. Katara observaba anonadada, por alguna razón resultaba muy hipnotizante ver a Zuko entrenar.

Cuando creyó que era suficiente, empezó ejercicios de respiración. Movía sus brazos de manera extraña haciendo círculos. Por un momento Katara pensó que se trataban de movimientos de agua control. Estuvo repitiendo durante un momento, como si esperaba que pasara algo pero no paso nada. Respiró cansado y se dirigió al estanque. Katara se pudo dar cuenta, por las diferentes tonalidades de azul que era un poco profundo en la parte del centro, pues el agua se veía mas obscura. Se agacho y tomando el agua con sus manos baño su cara, su cabello se mojo y se pego a su cara, tomo mas agua y la hiso correr por su nuca, las gotas caían por su espalda. Entonces comenzó a desatarse el pantalón.

Katara miraba con asombro lo que Zuko hacia, ¡Se estaba desvistiendo! Cuando el pantalón cayo Katara desvió la mirada y se pegó mas al pilar donde estaba, pero después de unos segundo volvió a echar un vistazo, Zuko quedo cubierto solo de una muy pequeña prenda de color obscuro. La ropa interior de Sokka consistía en unos pantalones cortos a medio muslo, pero la de Zuko era mucho mas corta y ajustada… dejaba muy bien marcado su… trasero y también… ese bulto de enfrente… Pero casi gritaba al ver como se desprendía de aquella prenda también.

Desvió de nuevo la mirada, estaba que echaba humo por el inmenso calor que tenia. La sangre le había subido a la cabeza y sabia que estaba mas roja que nunca, se sentía avergonzada y su corazón latía tan fuerte que sentía que se le saldría del pecho, después escucho como Zuko entraba al agua. ¡Por Tui y La Zuko se esta bañando desnudo! Sintió un ligero temblor en sus pies y sus piernas ya no podían sostenerla, se dejo caer al suelo, sentía como si el suelo temblaba. Comenzó a respirar lento y profundo. Con la mayor pena del mundo se levantó, apoyo sus manos en el borde y poco a poco comenzó a asomar la cabeza. Nadaba tan tranquilamente, Katara se dio cuenta que había partes en el cuerpo de Zuko que eran más blancas de lo que creía.

¿Pero que estaba haciendo? Eso no era correcto ¡Katara deja de espiar a Zuko y vete de ahí! se repetía, pero su cuerpo no la obedecía, seguía mirándolo. Al final recupero algo de su sentido común y se dispuso a marcharse, sigilosamente comenzó a gatear, no se atrevía a levantarse, pues de nuevo se vería tentada a quedarse como idiota viendo a Zuko y no podía pasar eso o peor aun, que la descubriera, dio media vuelta y comenzó la huida. Apenas logro moverse unos centímetros cuando el suelo comenzó a temblar y para su desgracia a crujir, solo para después caer al estanque junto con los pedazos del suelo que no la lograron sostener.

Estaba tan concentrada en ver a Zuko que no se dio cuenta que el temblor que sintió hace unos momentos era por que suelo se iba a derrumbar y no tenia nada que ver con el temblor de su cuerpo al ver a Zuko.

Zuko nadaba tranquilamente en su escondite favorito, desde que lo descubrió le resulto cómodo y practico entrenar ahí, cuando se cansaba podía nadar y refrescarse un poco en el estanque. Pero en ese momento estuvo a punto de que le cayera en la cabeza unos escombros que cayeron inesperadamente. Pero lo que mas le sorprendió fue ver a Katara caer junto con los pedazos de piedra, pensó que estaba alucinando pero cuando la vio salir a la superficie se dio cuenta que no era así. Ella en verdad estaba ahí.

Cayó en la parte no tan profunda del estanque y salió con rapidez en busca de aire, al hacerlo un par de ojos ambarinos la miraban.

- ¿Katara?

Al escuchar su nombre un horrible escalofríos recorrió su nuca, su sangre se heló, se dio la vuelta. Zuko la miraba entre la sorpresa y la duda.

- Hooo… la… - ¡Maldición!

- ¿Qué hace… - no pudo terminar, el resto del piso del pasillo donde Katara estuvo se termino de derrumbar, Zuko jalo rápidamente a Katara, la recargo en la orilla del estanque, como ahora se encontraban en la parte interior, pego el cuerpo de ella a la pared y con el suyo la protegió de las piedras que ahora caían a escasos centímetros de ellos, uno de esos escombros golpeo con fuerza el hombro de Zuko, dejo salir un quejido de dolor. Al terminar el pequeño derrumbe la mitad del estanque se hallaba cubierto de roca y piedra. Por suerte no quedaron atrapados, pero las piedras cubrieron la mitad de donde se encontraban , Katara y Zuko se encontraban en la mitad libre.

- Creo que ya paso – dijo Zuko. Tenia un mano en la pared y con la otra abrazaba a Katara a manera de protección - ¿Te encuentras bien? – le pregunto.

Katara estaba roja, su corazón se le saldría en cualquier momento. Zuko estaba frente a ella, mejor dijo cerca de ella, muy cerca, la abrazaba, su pecho estaba desnudo, ¡El estaba completamente desnudo! El agua le llegaba a la cintura, pero ella sabia que no había nada mas que pura piel ahí. ¡POR LOS ESPIRITUS CÓMO LLEGO A ESA SITUACIÓN! Por alguna razón su cuerpo se tensó y se quedo inmóvil.

- ¿Katara? – volvió a preguntar Zuko al no escuchar respuesta de ella, comenzó a preocuparse, tal vez se golpeo con la caída o algo. entonces empezó a revisarla, se fijo en su cabeza, puso sus manos ahí y después examino con su vista si había alguna herida en el resto de su cuerpo. Pero no había nada, todo parecía estar bien.

Sus manos tocaban su cabeza y después sobre su cuerpo para, finalmente quedarse en su cintura. Su cuerpo comenzó a temblar por su tacto él lo noto. pero Katara estaba más nerviosa que nunca. Lo único en lo que pensaba era en que Zuko estaba desnudo y ella estaba frente a él.

- ¿Qué te sucede? ¡Dime! – Tenia miedo. Katara estaba inmóvil delante de él. No hablaba, no decía nada, su respiración era agitada. Cuando quiso mover su brazo otra vez, le provoco un dolor muy grande. Su quejido hiso salir a Katara del shock momentáneo en el que se encontraba.

Fijo su vista en el hombro de él y vio como se ponía entre morado y rojo.

- Estas… lastimado… - fueron sus palabras y sin pensarlo ya tenia un guante de agua en su mano, brillaba, puso su mano sobre su hombro y comenzó a sanarlo.

Sentía calidez en su hombro y como el dolor iba disminuyendo hasta irse por completo. La expresión de Katara cambio, estaba seria, concentrándose en curar su herida. A Zuko le pareció extraño ese comportamiento en ella.

- Katara – le hablo y ella pareció asustarse, de hecho el guante de agua se rompió. – Zuko coloco su mano en la de ella, la que tenia en su hombro y la sujeto - ¿Qué te sucede? – le pregunto en voz baja pero con preocupación.

Quería decir algo pero las palabras no salían de su boca ¿Qué pasaba con ella? Zuko la miraba con gran preocupación.

- Eh?… - fue lo único que pudo decir, no supo de donde salió su voz, pero parecía recuperar el control de su cuerpo. Escucho como dejo salir un respiro de alivio y después comenzaba a reírse. ¿Por qué se estaba riendo?

Pero se dio cuenta de algo. La sonrisa de Zuko, nunca lo había visto sonreír se veía tan bien…

- Nunca me vuelvas a dar estos sustos – dijo Zuko con calma al terminar de reír - ¿Qué hacías ahí? – le pregunto.

Y de pronto recordó que Zuko estaba desnudo. La sangre le volvió a subir a la cabeza. Zuko aun tenia su mano sujeta y la mantenía en su hombro. La quito de ahí como si su cuerpo quemara, aunque para ella si lo hacia.

- Yo… - pasaba por aquí y me quede mirándote – caminaba… por aquí… - te vi entrenar y bañándote desnudo – y me caí…

Estaba mas roja y avergonzada que nunca. Ni siquiera era capaz de mirarlo a la cara ¿CÓMO PODRIA? Lo estuvo espiando. Bravo Katara y ahora el sabe que lo estuviste haciendo.

Zuko por alguna razón no le creía, de alguna manera sintió que alguien lo estaba observando pero al estar lejos de los demás supo que era solo su imaginación, pero ahora sabia que en verdad lo estaban espiando y tenia al culpable enfrente.

- No será… ¿que me estabas espiando? – el solo ver su reacción le dio la respuesta. Ella se puso aun mas sonrojada y lo miro con los ojos bien abiertos diciendo.

- ¡Claro que no! – niégalo Katara, niégalo hasta que sea el fin del mundo.

- ¿Y que hacías aquí entonces? – le pregunto divertido.

Entonces ella bajo la mirada de nuevo, balbuceaba algo pero el no le puso atención, solo se fijaba en ella, se veía tan linda, sonrojada, nerviosa, parecía un gatito pantera asustado y a él le encantaban los gatos pantera.

- Bueno yo… es que… - ¡piensa en algo pero ya! No pudo continuar una mano se puso en su mentón y la obligo a mirarlo. Que los espíritus le dieran fuerza, Zuko la miraba tan intensamente y lo peor se acerco mas a ella.

- Me estabas mirando – le dijo entre serio y divertido.

Katara sintió que no podía mentirle.

- Si... – afirmó ella mirando hacia otro lado.

- ¿Me viste mientras me desvestía?

Abrió los ojos como plato – Yo no quise… - dijo avergonzada. Quería decirle que en verdad no era su intención aunque se había quedado a verlo sabiendo lo que iba a hacer, pero aun así…

- Esta bien – le dijo él. Katara lo miro con sorpresa. Zuko lo noto y le dijo lo siguiente – Yo te vi desnuda una vez. Es justo que tu también me veas.

El decir esas palabras hicieron que ambos recordaran ese momento en que la vio desnuda. Y lo que hicieron después. Katara se puso aun mas roja por eso.

- Pero eso fue diferente… - comenzó a hablar ella sin mirarlo – tu y yo… bueno… - ¡Maldición! ¡Por que se le hacia tan difícil hablar!

El movió su mano de su mentón hacia su mejilla. Ella se estremeció por eso, y lo miro. Sus hermosos ojos azules lo miraban de una manera tan inocente, tan dulcemente avergonzada. Zuko sabia que jamás encontraría ojos tan bellos como los de ella. Se acerco mas y dejo que sus frentes se tocaran. Ella dejo salir un suspiro. De nuevo se hallaban así de cerca.

Los labios de Zuko tocaban suavemente su mejilla muy cerca de sus labios. Su corazón latía desbocado. Cerró los ojos, no podía soportarlo más busco su boca y la beso. La beso como había estado deseando besarla desde la última vez. Como en sus sueños lo hacia desde que ella regreso a su vida. Desde que se dio cuenta que la amaba. Ya no la dejaría ir. No lo permitiría.

El beso de Zuko fue bien recibido. Katara olvido por ese momento lo que había pasado antes, solo pensaba en él. la mano de Zuko abandono su rostro y se fue a su cintura, Katara puso sus mano en la cabeza de él, la sujetaban con firmeza, mientras que el comenzaba a reclamar más su boca. Katara la abrió más y sus lenguas se tocaron. El intruso se apodero del interior de su boca y cuando salió Katara no pudo resistirse a morder ligeramente su labio. Eso lo éxito de sobremanera pues comenzó a besarla con mas frenesí. En un impulso la cargo de su cintura alzándola un poco, Katara enredo sus piernas en la cadera de el, y se abrazó con fuerza al cuerpo de Zuko. Estaba entre la fría pared y su hirviente cuerpo. Se besaban con mas exigencia, con reclamo de más.

Solo la necesidad de aire separó sus labios y Zuko no perdió mas tiempo.

- Te amo – dijo entre los ligeros jadeos de su boca – Te amo como nunca Katara. Pensé que te había perdido, pensé que jamás volvería a verte. Solo he pensado en ti todo este tiempo, en tenerte en mis brazos. No sabes lo difícil que es para mi tenerte tan cerca sin poder tocarte, sin poder hacerte mía.

Ella se sintió llorar. El la amaba, pero todo ese tiempo se estuvo conteniendo, por ella. Su corazón latía de felicidad ella también lo deseaba. Deseaba sus caricias, que la tocara de nuevo como aquella vez en el baño del palacio de la nación del fuego y ya no le haría esperar más algo que ambos estaban esperando por tanto tiempo.

- Yo también te amo Zuko y te deseo – no pudo decir más, su boca fue reclamada por el maestro fuego.

La besaba con ímpetu como si sus labios fueran la fuente de la vida y el deseaba estar vivo por siempre. De su boca paso a su cuello. Lo lamio y mordisqueo. Katara solo dejaba salir dulces gemidos por los besos de él. Zuko reconoció esa dulce melodía. La ropa de ella le estorbaba se separo un poco y comenzó a desvestirla de la parte superior. Abrió su vestido y beso con delicadeza su hombro. La prenda comenzó a bajar por sus brazos. Su pecho estaba cubierto pos unos vendajes, lo que molesto al príncipe. Se acerco a su pecho y exhaló fuego, una pequeña llama comenzó a quemar débilmente las delicadas vendas sin llegar a quemarla, poco a poco la prenda se aflojo y callo dejando al descubierto esos senos con los que había estado soñando. Se apoderó de uno con su boca. Katara gimió un poco mas fuerte y lo abrazó apegándolo mas hacia ella.

Comenzó a sentir algo protuberante en su entrepierna. Se encontraba con las piernas enredadas en la cadera de Zuko y pudo notar la creciente excitación que estaba teniendo, siendo mas palpable por que el se hallaba desnudo. Con placer movió su cadera sobre el. Zuko dejo salir un gemido por el roce de ella. Katara disfruto el escucharlo, y siguió moviendo con malicia. Notaba como se ponía mas duro y caliente. Zuko no pudo soportarlo. Bajo a Katara y comenzó a desnudarla.

Sentía un inmenso calor en cada parte que su mano tocaba sobre su piel desnuda. Se dio cuenta que en verdad los maestros fuegos poseían un calor corporal que superaba al normal, y estando en esas condiciones el cuerpo de Zuko estaba que hervía, por un momento Katara pensó que podría ser fiebre pero no era debido a una enfermedad, era por ella que Zuko tenia tan alta temperatura. Ahora sus cuerpos se encontraban desnudos. Aun seguían en el agua, no les importo estar ahí. Se sentó en uno de los escalones que se hallaban dentro del estanque, en el borde, Katara estaba sentada sobre él.

Zuko con su calor había logrado calentar solo el agua alrededor de ellos. Sus cuerpos se abrazaban. Ella sintió su calidez, él su suavidad. Sus besos, no podía dejar de besarla, de marcarla como suya y de nadie más. Le parecía un sueño del que no quería despertar. Y ahí, en el agua, el Sol tomo a la Luna.

Entro en su cuerpo, Katara ahogó un gemido en su boca de placer y dolor. Zuko la invadió por completo. Se aferro a su espalda y encajo sus uñas en el. A Zuko no le importo o no lo sintió. El solo estaba concentrado en el enorme placer que sentía el estar dentro de ella. Katara por instinto movió sus caderas suave y torpemente al principio, pero los jadeos de Zuko le indicaban que hacia bien su trabajo. Después ella también comenzó a acompañarlo en la melodía. No podía detenerse, le era imposible.

Los movimientos de Katara se hicieron mas rápidos, y en ocasiones sentía como llegaba mas en su interior. No quería parar la tortuosa danza de placer que tenía bajo sus caderas. Se sintió en el cielo y sabia que estaba a punto de alcanzar el paraíso. Katara gimió con fuerza y arqueo su espalda. Zuko sintió las contracciones internas acompañadas por el vaivén de ella, un enorme placer lo cubrió y sintió como se vaciaba en su interior, al igual que ella dejo salir una exclamación que no dejaba a dudas la satisfacción de él.

Katara dejo caer su cuerpo cansado sobre el pecho de su amado. Zuko abrazó con fuerza el pequeño cuerpo de ella. Sus respiraciones eran agitadas, sus corazones latían con gran fuerza. Zuko respiro su perfume. Katara tenia su cabeza por arriba de el hombro de él y Zuko estaba en el hueco de su hombro y su cuello. Comenzó a sentir como el le daba pequeños besitos a su hombro. Sonrió delicadamente.

- ¿Qué es tan gracioso? – pregunto Zuko sin despegar sus labios del hombro de ella.

- Me haces cosquillas – le dijo ella, mientras se incorporaba y lo veía.

Aun seguían unidos íntimamente. Puso sus mano en su cara. Cerca de su cicatriz. El se dejo acariciar inclinando su rostro hacia su mano, cerrando sus ojos momentáneamente para después mirarla a ella. Katara creyó que nunca vería ese rostro de paz y felicidad en el príncipe exiliado. Le pareció de lo mas hermosa y le sonrió de igual manera. Unieron sus labios en un delicado beso.

- Te amo - dijeron al mismo tiempo y sonrieron por ello.


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