Capítulo 10: "La Verdad de su Corazón
Cada caricia era una oleada de fuego y placer que jamás creyó que podía existir, menos experimentar. Lo abrazó muy fuerte del cuello recibiendo sus ardientes besos en su boca por un instante, luego él besó su hombro y después uno de sus senos. Inuyasha deslizó su lengua experta por el contorno del pezón y Kagome arqueó la espalda entreabriendo los ojos. Ella quería verlo, quería comprobar una vez más que era él, Inuyasha, quien estaba ahí, apoderándose de su cuerpo y de su razón.
El hombre la acomodó bajo su cuerpo, el roce de su piel era electrizante y delirante, la joven sentía el impulso de estar pegada a él, envolvió sus piernas alrededor de sus caderas.
Inuyasha arqueó la espalda y la miró fijo, con los labios entreabiertos, el cabello rosándole el pecho a ella, jadeando sobre su rostro, respirando fuertemente. La imagen de la dulce escritora se le clavó en la memoria y lo sorprendió. Estaba ahí Kagome, ardiente y desinhibida Kagome... con sus ojos castaños y expresivos, brillantes debido a la pasión que él le provocaba, con sus labios húmedos e hinchados por sus besos, con sus mejillas apetitosas que deseó morder suavemente. Oh... Kagome... Kagome, que musical era su nombre... tal vez no debería hacerla suya... ella era virgen aun y lo amaba... ¿o no? No estaba muy seguro si lo amaba, tal vez él pensaba que lo amaba sólo para satisfacer su maldito ego... pero... se le entregaba así... tan dócil...
- Yo... no... puedo evitarlo... Kagome...- Susurró al fin, sintiendo un nudo en la garganta. Un sentimiento de arrepentimiento lo embargó de pronto que no pudo reprimir. Ella lo miró atentamente y jadeó.
- Qu... que...
- Tal vez... tal vez no... pero... me gustas mucho... eres... más de lo que imaginaba... más...
Kagome entendió su duda. Lo entendió perfectamente. Y después de todo, Inuyasha no quería lastimarla, sabiendo que no sentía nada más profundo como ella, no quería utilizarla para satisfacer su repentino apetito carnal. Claro, él sabía que nunca había estado de esta forma con otro...
- No importa...- Susurró Kagome presionando la cadera del hombre hacia ella.
- No me odiaras... ¿verdad?- Gimió, casi conteniendo el aliento.
- No... no podría- Respondió sonriente.- No te presionaré... a nada... no te pediré... nada... sin... obligaciones...
El hombre suspiró profundamente y la penetró. Su contacto fue la cosa más dulce que había experimentado en toda su vida. Ella era tierna y suave, inocente y decidida. Tan diferente a las demás. Y sobre todo, él la conocía... había sido su compañera y amiga y ahora la tenía ahí, unida a su cuerpo y entregándose de la forma en que nadie lo había hecho. Sin juramentos ni presiones ni promesas. Y eso... eso le hacía experimentar un cada vez más creciente sentimiento de pertenencia. Kagome le había dicho que no le pediría nada... pero él tuvo el deseo de darle todo. Demostrarle... tantas cosas... que ella era única... que era maravillosa y que ahora era suya...
Kagome cerró los ojos con fuerza, había instantes en que le parecía abandonar el mundo terrenal y elevarse a las nubes, abrazó tan fuerte a Inuyasha para cerciorarse que era cierto, aun así le parecía irreal, irreal que estuviera ahí, besándola, acariciándola, haciéndole el amor y susurrando cosas que no lograba entender ¿qué podría decirle? Quien sabe, no lograba entender aquel lenguaje ronco cargado de deseo y calor que él murmuraba en su oído.
El instante llegó como una ola que la cubrió por completo. Sintió las manos duras de él en su trasero, presionándola contra su cuerpo vigoroso, llenándola por completo. Vio luces de colores bajo sus párpados y un momento de profunda tranquilidad después. Su espalda al fin tocó el colchón de la cama y su cabeza descansó derrotada en la almohada. Inuyasha suspiró fuertemente y le dio un beso corto en el cuello. Kagome se quedó inmóvil, intentando recuperar la tranquilidad de su respiración y también su corazón. Entreabrió los ojos poco a poco para sentirlo a él caer al fin sobre su hombro. Vio su cabellera negra y desordenada, el cuerpo atlético y malditamente bien formado sobre el suyo aun, sin separarse, los músculos de su espalda se movían y ella lo acarició con las yemas de sus finos dedos. Sudaba igual que ella y la chica creía que de pronto estaba entre la tierra y el cielo. Esto era... esto había sido... algo completamente diferente a lo que pensó... algo... tan extrañamente... superior... le había entregado su cuerpo a él porque lo amaba pero... Inuyasha no le correspondía. La sonrisa que tenía desapareció de su rostro y a duras penas lo empujó a un lado. Se ovilló como un bebé dándole la espalda ¿y si le decía ahora sus sentimientos? No, no podía decírselo, ahora más que nunca, ella misma le había dicho que todo esto era sin compromisos... ¿cómo podría decirle que lo amaba? Inuyasha se sentiría atado a ella... o creería que debía responderle... lo que menos quería era obligarlo a amarla. Jamás. De pronto tuvo deseos de llorar, no por lo que habían hecho, sino porque no podía engañarse e imaginar que él la amara... Había jugado con fuego por su propia decisión... ahora sentía que lo estaba pagando.
- Kagome...
El susurro varonil y tierno la hizo acurrucarse más. Sintió su aliento en su oído y sus manos grandes y calientes en su cintura, obligándola a voltear. No quiso hacerlo, no deseaba hacerlo.
Inuyasha frunció el ceño y se incorporó casi sobre ella para mirarla. Kagome ocultaba el rostro con sus manos y él sintió una dolorosa e insoportable punzada en el pecho.
- Ka... Kagome... ¿estas llorando?
Ella negó pero Inuyasha supo que le mentía. La observó con dolor y le tomó la muñeca apartándola del rostro, la volteó con dificultad y la muchacha bajó los ojos intentando sonreír.
- No... no es nada... no es nada...- Sollozó.
El editor la acurrucó en su pecho, sus labios acariciaron la frente tibia de la muchacha que no se movió. Kagome deseaba recuperarse y dejar de sentir la tristeza que la embargaba, pero por algún extraño motivo no podía y sollozó suavemente un momento más.
- ¿Por qué lloras?- Preguntó él buscando su rostro. Le tomó la barbilla y ella lo miró apenas.
- Porque... porque... por muchas cosas...
- Dijiste que podíamos hacerlo... si te lastimé... si crees que fue incorrecto...
- No...- Negó rápidamente y entonces lo enfrentó. Sentía un nudo doloroso en la garganta.- No es eso... no me lastimaste... y no fue incorrecto... lloro porque... – Se atragantó con sus sollozos y bajó el rostro, abrazándolo con fuerza- Abrázame... abrázame fuertemente... como... si me amaras...
Inuyasha lo entendió. Ahí estaba el punto. Amor. Sentía aquel dolor de su sentimiento royéndole el corazón, un nudo en el estómago y el deseo irresistible de abrazarla muy fuerte. Lo hizo deseando protegerla y alegrarla, hacerla feliz. Sus labios rosaron la sien de la muchacha una y otra vez. Cómo deseaba darle consuelo.
- Kagome... Kagome... no llores...- Susurró, deslizando sus labios en sus mejillas- Kagome... mi... Kagome... – Sus labios buscaron los de la muchacha quien ahogó sus sollozos en su boca, él le tomó el rostro con ambas manos, intensificó el beso como si quisiera transmitirle todo lo bueno de él... si es que lo tenía. Oh, pero sí la quería... le gustaba, le atraía... y lo tenía malditamente loco...
Su beso se volvió nuevamente ardiente, la lengua de Inuyasha acarició el interior de su boca de una forma suave y lenta, Kagome se sintió bajo su cuerpo otra vez, el calor comenzó a apoderarse de ella, sus manos se aferraron a sus fuertes antebrazos, gimió cuando Inuyasha posó su pierna entre las suyas, rozando su sexo nuevamente.
- Inuyasha...
Él deslizó su lengua en su garganta, la joven suspiró con fuerza perdiéndose en el mar de su pasión. El editor amó su forma de ser, amó como se entregaba a él y como su propio cuerpo reaccionaba ante las caricias de la escritora. Se sentía excitado otra vez, tanto que ansiaba sentir nuevamente el calor suave de su cuerpo envolviéndolo, escuchar su respiración en su oído, sentirla moverse y aferrarse a él como sólo ella sabía hacerlo. Dulce y decidida Kagome.
Le alzó una pierna hasta su cintura, obligándola a envolverlo otra vez, la acercó fuerte y gimió ronco cuando entró en ella. Esta vez pareció perder el control, se movió ansioso y casi rudo, la obligó a incorporarse, quería que estuviera a su altura, la sentó a horcajas sobre él, deseaba mirarla a los ojos mientras le hacía el amor y su mirada lo conmovió. La besó nuevamente aumentando el ritmo de sus embestidas, la tendió en la cama cuando terminó y esta vez la abrazó con fuerza besando sus labios cansados de tanta pasión. Fue en ese momento en que la tuvo tranquila y casi dormida en su regazo, tibia y suave entre sus brazos, que sintió un profundo sentimiento de no querer separarse de su lado. Recordó lo loco casi se había puesto cuando supo que ella se alejaba de su lado, el sentimiento que experimentó cuando se dio cuenta de sus verdaderos sentimientos... lo absurdo que le parecía haberla alentado a entablar una relación con otro... lo mucho que deseaba volver a besarla y tenerla siempre así...
- Eres... muy tierno... ¿sabes?- Musitó Kagome aspirando otra vez su aroma, con la nariz casi pegada al pecho de él.
Inuyasha quiso reír, acarició el cabello largo y sedoso tras su espalda mientras enterraba el rostro en ellos.
- Maldita sea, Kagome...- Susurró, acurrucando más el cuerpo de la joven al suyo-... creo que te amo...
Ella también quiso reír. Debía estar delirando.
- No digas eso...
Él se apartó para mirarla fijamente, la sonrisa de Kagome se borró de sus labios. La intensidad del dorado de sus ojos era como fuego, demasiado oscuro, demasiado hipnotizante, para dejarla muda.
- ¿Desde cuando me quieres?- Preguntó finalmente Inuyasha, ansioso.
Ella comenzó a respirar con dificultad, se sintió más débil que nunca, sorprendida, asustada.
- Qué... qué dices...
- Todo lo que escribes es por mi... ¿verdad? Yo ahora lo siento... todo eso era para mi...
Kagome tragó fuertemente sintiéndose paralizada. Había descubierto el secreto de su corazón. ¿Desde cuando? Oh...
- Estuve tan ciego...- Musitó él ronco, con pesar.
- No digas eso... tu...- Murmuró y tragó esquivando su mirada-... no tienes porqué sentirte culpable... el corazón no se manda... – Lo miró enfrentándolo por primera vez-... lo que yo siento no tiene que ser un peso para ti...
- Pero es lo que tú sientes... – Respondió con fervor-... lo que tú sientes no es cualquier cosa... ¿me amas? Dime que me amas...- Suplicó ansioso.
- Sí.
Inuyasha sonrió de medio lado.
- ¿Sabes? Jamás una confesión de amor me ha regocijado tanto...
La escritora sonrió. Un "sí" no era precisamente una confesión de amor.
- ¿Lo dices porque satisface más tu ego?
El editor la miró asombrado. Qué mal concepto tenía de su persona.
- No, lo digo porque yo también te amo.
Kagome volvió a reír.
- Mentiroso. Esa no es la verdad de tu corazón.
Quiso separarse, pero él la retuvo de las muñecas. Se miraron de forma extraña, ella sorprendida, él desafiante, Kagome tembló de pronto ante el fuego de su mirada.
- Tenía dudas... es cierto... hasta ahora... no sé qué me hiciste... no sé porqué... pero cuando hacíamos el amor tuve sensaciones nuevas que sé son verdaderas... te entregaste a mi sin condiciones... y ahora soy yo quien te obliga a ponerlas.
- Qué... qué estas diciendo...- Gimió impávida.
- Siiii...- Sonrió él malvadamente-... quiero que me demuestres tu amor una y otra vez... que estes conmigo siempre... no puedes dejarme... – Acercó sus rostro y su agarre se suavizó-... me vuelvo loco si no estas cerca...- Susurró, besando suavemente sus labios-... te amo... esa es... la verdad de mi... corazón...
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Kagome tomó el notebook, abrió el archivo de su novela y buscó rápidamente la escena erótica que había escrito hacía un par de días. La releyó rápidamente y sonrió. Qué absurdo. Carecía de sentimiento, de emociones, de sensaciones... la borró por completo y la reescribió. Cuando lo hizo volvió a lo último que tenía y comenzó a escribir rápidamente. Inspiración. Eso era lo que la embargaba en estos momentos. Si seguía así, en un par de horas la novela estaría finalizada. Finalmente. Sonrió complacida.
Él despertó sintiendo el frío de la alcoba. De espaldas en la cama con los brazos abiertos, recordó de inmediato al sentirse desnudo lo que había sucedido. Sonrió e incorporó la cabeza. Aun no amanecía, pero ya estaba claro, y desde donde estaba escuchaba el tenue sonido de las teclas del notebook de la escritora.
Vestía sólo el pantalón de su pijama y se quedó en el umbral de la puerta, con los brazos cruzados y observándola atentamente. No se equivocó en sus sentimientos, porque sintió el pecho con un extraño calor que lo complació y tranquilizó.
Kagome usaba su camiseta y las piernas desnudas provocaron un ronco jadeo de Inuyasha. Llevaba el cabello suelto y su rostro serio en frente del computador fue nuevo para él. La estaba viendo con otros ojos, ahora todo lo que ella hacía lo amaba.
Se acercó lentamente y le pasó el dorso de su mano por la suave mejilla, la joven alzó la mirada y le sonrió.
- Buenos días...- Saludó ronco.
- Buenos días- Respondió, poniéndose de pie. No estaba muy segura como reaccionar. Se habían dicho tantas cosas la noche entera, se habían desnudado más que el cuerpo, las emociones.
Él la tomó de la cintura y la acercó a su pecho, la besó inesperadamente, impetuoso y ardiente. Sus dedos acariciaron la tela de su propia camiseta palpando la piel de ella suave y tibia otra vez.
- Creí... que... todo eso... había acabado...- Musitó la chica, sorprendida.
- Ya te dije que no puedes dejarme...- Declaró con aquella sonrisa que le provoca escalofríos-... ya no...
Kagome apoyó la cabeza en su pecho con satisfacción. No sabía si esto iba a durar o no, tampoco sabía si él decía la verdad de su corazón... conociendo a Inuyasha... decirle que la amaba... pero mientras lo vivieran... aunque sólo fuera el tiempo de estancia en aquella cabaña... lo disfrutaría... sí... para quedarse con aquel recuerdo el resto de su vida.
Continuará...
N/A: Je, lamento lo corto del cap. pero escribir un lemon para mi es bastante cansador y difícil, jeje.
Agradezco como siempre sus comentarios a todos y a todos quienes leen.
- El cap. anterior lo corté porque como ya saben, escribir un lemon me cuesta y necesitaba tiempo. Jaja.
- En el cap. pasado tampoco puse comentario porque como ya dije, terminé tarde de escribir, ni siquiera me acordé en agradecer los mas de 200 reviews, muchas gracias amigas.
- Como conclusión para este cap. (es que muchas veces algunas interpretan otras cosas), Inuyasha ama a Kagome, se dio cuenta de eso porque ella es diferente y porque debía admitirlo, estaba ya loquito por ella desde antes, ya saben esa escena del bar jeje... bueno, él declara su amor, Kagome como que no cree mucho pero acepta esto porque piensa que cuando vuelvan a la ciudad, todo volverá a ser como antes, entonces desea aprovechar el momento...
Sin nada más que decir, ahora me voy a dormir, gracias por leerme, cuídense.
Lady Sakura.
