¡EL CAPÍTULO 10 ya está aquí! Me gustaría agrecerle a todos los que han logrado que esta historia continue hasta llegar a las dos cifras C: De no ser por ustedes no habría llegado tan lejos con este fic, y aprecio realmente el apoyo y los comentarios. Todo es muy alentador, de veras. Estaba esperando hacer este capítulo especial porque es el 10, así que está lleno de lazos Zutara (¡porque los episodios de La Isla de la Roca Hirviendo hacían una alusión obvia a un futuro MaiKo y necesito reforzara la Zutaraneidad D: !), un salto de casi una semana, un vistazo a Aang y a Toph, y la primera aparición de Azula. Unos cuantos giros se suceden en este capítulo, así que siéntense, disfruten y amaría infinitamente si pueden decirme lo que piensas. Este capítulo me llevó más tiempo terminar, por alguna razón. Me llevó tres días de trabajo, y definitivamente apreció cualquier crítica constructiva o comentarios que tengan C: Creo que he respondido a todos mis reviews, si no, griten y me aseguraré de pegarles un grito también :D


A Q U I E S C E N C I A


Smellerbee frunció el ceño.

-Más vale que te cuides, Cola de caballo. Estos chicos harán lo que sea que les diga.

Él rió.

-¿Qué, cómo pingüinos entrenados?

-¡A él!

Un suspiro unificado escapó de Zuko y Katara al ver a Sokka enterrado bajo una montaña de niños.

-¡Me retracto! ¡Me retracto!

Los maestros control pusieron los ojos en blanco, compartiendo un pensamiento.

Idiota.


Capítulo X

Tête-à-Tête *


-Gracias de nuevo por la comida, Yu -dijo Sokka con sinceridad desde su asiento sobre el piso de madera. El hombre sonrió de oreja a oreja desde el umbral, con una bandeja que había sido vaciada de todos los boles y vasos que había llevado hasta el departamente. Una habitación atestada con siete niños, Smellerbee, Sokka, Katara y Zuko con una sola cama y un único baño... vivir en ese lugar sería un poco mejor que en el infierno. Pero aparentemente tales preocupaciones estaban fuera de la mente del guerrero quien se llevó a la boca un poco de comida de la Nación del Fuego. Ignoró el comentario de Zuko de que quizás la comida fuera un poco más picane de lo que estaba acostumbrado, y despué sde un minuto de atiborrarse, Sokka gritó, abanicándose la lengua y buscando desesperadamente algo para tomar, volteando el vaso de alguien en el proceso.

Yu rió ahogadamente.

-No es el más brillante del montón, ¿verdad? -Le preguntó Katara, que suspiró un poco avergonzada-. Les traeré más agua -ofreció, volviéndose hacia la puerta-. Con calma, hijo -le advirtió al guerrero-. No querrás quemarte.

Zuko sonrió ampliamente con la ironía y se rió dentro de su tazón de pepinos en vinagres salpicados con especias. Sokka estaba demasiado ocupado en aplacar su monstruosa sed como para oír, y el príncipe no pudo reprimir su sonrisa de suficiencia. Separó sus palillos, cogiendo un pepino con practicada precisión.

-Te dije que estaría caliente -le recordó a su camarada.

Sokka frunció el ceño.

-Debería de haberlo sabido. ¡Todo en la Nación del Fuego está caliente!

Katara ahogó una risa en su vaso.

-¿Todo, Sokka? -se burló, los ojos le brillaban con malicia.

-El clima, las calles, la comida, el té...

-¿La gente? -Sugirió Smellerbee. Los niños empezaron a reír como tontos, ni siquiera Zuko y Katara parecían poder resistir. Smellerbee sonrió de oreja a oreja, levantando sapo-caracol frito de su tazón con los dedos y lo dejó caer dentro de su boca-. ¿Yu también está caliente, Cola de Caballo? ¿Su Alteza Real también?

Sokka enrojeció.

-Oye, yo nunca dije...

Su hermana se limitó a reír.

-¿Qué, se está poniendo muy caliente la cosa para ti?

-¡Es Zuko! -Exclamó Smellerbee con esa sonrisa malvada suya-. ¡Sokka no sopora el calor!

-¿Qué? -Resopló el guerrero con incredulidad-. ¡Zuko no me está poniendo caliente!

Katara soltó una risotada ante la idea, codeando a la muchacha.

-¿Zuko?

Ella sonrió con sastisfacción.

-Mírate a ti, Princesa, haciéndote la inocente.

-¡Qué se supone que significa eso!

-¡Mira ese sonrojo! -Acusó la luchadora de la libertad- ¡Te estás sonrojando con la idea de la Peste de Fuego!

-¡Es la comida! -Se defendió-. ¡Es muy picante! -Fue el turno de Katara de sonrojarse, y bajó la mirada a su bol con arroz y ciruelas en escabeche. De repente se sentía increíblemente incómoda, pero debería haberlo visto venir. Cogió un pedazo, clavando a la fruta fríamente. A su derecha notó a Zuko revolverse nervioso, claramente irritado por el súbito giro de la conversación.

Su propio rostro estaba en llamas con las repercusiones, y se acomodó incómodo. ¿Por qué era él el tema en cuestión? ¿Por qué tenía que ser él? Miró la comida con el entrecejo arrugado, intentando borrar las ideas de que cualquiera de los hermanos de la Tribu Agua sintiera algo por él, pero encontró que solo le sirvió para que sus mejillas se colorearan un poco más. No mucho al pensar en Sokka (eso era dolorosamente ridículo), pero sí al pensar en Katara. Porque ella era toda una mujer y él era todo un hombre y oigan, estaba "comprometidos" y habían llevado a casa media docena de niños.

El maestro fuego se maldijo por ruborizarse.

Smellerbee rió ruidosamente, sus lacayos imitándola (aunque claramente no entendían qué era tan gracioso) y se enjugó una lagrima.

-Los hermanos Maravilla compitiendo ambos por el afecto del Príncipe -aseveró la joven casi para sí misma. Codeó a Zuko, sonriéndoles divertida a los hermanos-. Que mal que nadie les dijo que eres asexual, ¿verdad?

Antes de que Katara pudiera responder que no estaba compitiendo por el afecto del maestro fuego, Sokka exclamó en algo así como una voz inapelable.

-¡Zuko no me calienta!

-... ¿Interrumpí algo?

Sokka se giró para encontrarse con Yu parado en la puerta, con una bandeja con agua en las manos. Su expresión delataba sorpresa y un dejo de hilaridad ante la situación. Era un agradable cambio tener vida en ese lugar, en ese apartamento. Los vecinos eran unos viejos cascarrabias demasiado perezosos para bajar y tomar té y se quejaban con frecuencia de la carencia de atractivo estético. Eran irritantes y no hacían nada para mejorar las condiciones de la casa de té - quizás si pagaran la maldita renta de vez en cuando...

-Nada importante -respondió el guerrero lacónicamente, levantándose para ayudarlo a entrar la bandeja (haciendo un exagerado esfuerzo por no pisar ninguno de los niños desparramados por todos lados)-. Solo Smellerbee siendo... -La susodicha entornó los ojos y se aclaró la garganta, alzando una ceja como diciendo ¿Acaso no aprendiste tu lección Sokka tosió mientras dejaba la bandeja en el centro del cuarto-: ... Una perfecta invitada y una conversadora simpatiquísima -miró de nuevo a Yu-. ¿Necesitas ayuda en el negocio? -Se ofreció casi rogando-. Creo que necesitas ayuda.

El hombre parpadeó.

-Mm... no, no en verdad. No tenemos muchos clientes...

-¿Qué, Yu? ¡Sí necesitas! Bueno, ¡yo te ayudaré, Yu! -Y se rió de su propia broma dejando la habitación donde los niños lo miraban, esperando que Smellerbee les diera la señal.

Smellerbee se rió.

-¿Estás emparentada con ese tipo, Princesa?

Katara puso los ojos en blanco, tomando un vaso de agua.

-Según nuestros padres, sí.

-Tienes suerte -observó la joven-, de tener a tu familia contigo.

Todos quedaron en silencio, los niños comiendo su comida, todos acostumbrados al picante. Estaban contentos, desparramados por el puso, comiendo con las manos, compartiendo los vasos de agua, como una gran familia. Pero ellos no eran una gran familia, se recordó Zuko dejando los palillos, eran huérfanos. Todos ellos. Una parte de sí se preguntó que familia había tenido Smellerbee, una parte de él quería preguntar, quería saber - pero una parte mayor de él respetaba su privacidad (y una pequeña parte no quería saber qué había hecho su nación).

-Lo soy... ¿verdad? -Replicó la maestra agua con suavidad, mirando la puerta por donde su hermano se había ido-. Aunque a veces puede ser muy molesto, no sé lo que haría sin Sokka.

Smellerbee sonrió ampliamente.

-Yo tenía una hermana mayor.

-¿Ah, sí?

-Sí, era insoportable.

Katara bufó, sacudiendo la cabeza.

-Todos los hermanos lo son.

-Pero vale la pena al final, ¿no? -Continuó Smellerbee.

-No siempre.

Todos los ojos se fijaron en el príncipe del Fuego que había puesto su tazón a un lado, apilándolo arriba de otro para hacer lugar para los niños que estaban intentado estirar las piernas. Smellerbee supo que no debía preguntar y dejó caer el tema sin mucha reticencia. Era un tema delicado, después de todo. Zuko tenía una expresión solemne en el rostro, con los ojos dorados gachos mientras limpiaba los platos sobr ela bandeja. Trabaja retraído, acostumbrado a limpiar después de cena, y Katara lo observó, notando pequeñas cosas.

La manera en que apartó con suavidad el pie de un chico a un costado para agarrar un palillo olvidado, o como sonrió cuando le pidió el plato a alguien que estaba sentado encima. La forma en que sonaba casi afectuso para con esos niños, esos jóvenes huérfanos. No dijo nada más después de su comentario, nada relevante a la conversación, de cualquier modo, y se paró de su lugar en el piso, haciendo un último vistazo general para ver si no había olvidado nada.

Él hubiera sido un estupendo hermano, se dio cuenta, si se le hubiera dado la oportunidad. Pero claramente nunca se le había dado, no con una hermana como Azula. Se preguntó si tal vez Zuko hubiera sido mejor con un hermano normal, o al menos con ninguno. Se preguntó como hubiera sido, pero llegó a la conclusión de que sería incluso más brusco e implacable (siendo hijo único y por lo tanto el heredero, el prodigio) o confiaría más en la gente, estaría más abierto a dar y recibir afecto.

Katara lo estudió, la entrenada impasividad de su mirada, y se levantó lentamente del suelo.

-¿Necesitas ayuda?

Y él le sonrió, haciéndole una seña para que levantara un vaso volcado.

-Sí.


Sokka dio un vistazo rápido a la habitación, a todos los niños peleando sobre la cama, y se llevó las manos a las caderas.

-Sí, esto no va a funcionar.

Katara lo acribilló con la mirada, claramente sobrepasada por el griterío y las peleas, y los lloriqueos y las intimidaciones y los ¡Yo soy mayor así que me toca a mí! y las refutaciones de ¡Nosotros somos más pequeños, así que más de nosotros entran! La estaban enloqueciendo y no podía imaginar lo que sería para Smellerbee - hasta que se dio cuenta que Smellerbee era parte de la escaramuza.

El príncipe del fuego estaba al otro lado de Sokka, mirando antetamente y con los ojos como platos la escena que se desarrollaba delante de ellos.

-¿No debería alguien hacer algo? -Les preguntó a sus compañeros.

-¿Qué propones que hagamos? -Inquirió Katara, exasperada-. ¿Ponerlos a todos en penitencia?

Zuko frunció el ceño.

-Bueno, ¡deberíamos hacer algo antes de que dejen la cama hecha trizas!

Sokka chasqueó los dedos.

-¡Lo tengo! -Y se adelantó para llamar la atención de los niños.

Los maestros compartieron miradas desconfiadas.

-¿Realmente crees que lo tiene? -Le preguntó Zuko.

Katara negó con la cabeza.

-Esto no va a terminar bien.

-Los niños no son lo suficientemente maduros para manejar soluciones diplomáticas...

-Son demasiado inmaduros para escuchar y hacer lo que es más facil -agregó la maestra agua.

Su hermanó demandó su atención y señaló con severidad al grupo.

-Ustedes son un monton, y hay solo una cama. La única solución justa que ninguno de ustedes duerma en la cama. Es nuestro departamente -hizo un gesto para incluir a Zuko y Katara que estaban contando los segundos antes de que Sokka se conviertiera en parte de la pelea-. Y nosotros deberíamos dormir en la cama.

Los otros dos quedaron boquiabiertos.

-¿Compartir la cama con él? -Clamó Katara con disgusto, señalando al maestro fuego cuya expresión reflejaba perfectamente la de ella-. ¿Estás loco?

Zuko sacudió la cabeza.

-Ni modo... es estúpido.

-¡No cabremos! -Razonó Katara.

-¡Probablemente me tiraran de una patada! -Añadió Zuko.

Eso no fue una buena idea.

-¿Estás diciendo que voy a acaparar todo el espacio? -Rebatió la maestra agua.

Su compañero frunció el entrecejo.

-¡Oye, aguarda un minuto, yo nunca dijé eso!

-¡Estás diciendo que te tiraré a patadas de la cama! -Chilló, claramente ofendida-. ¿Cuán inmadura crees que soy?

Zuko bufó.

-¿Realmente quieres que te responda eso?

-¡Niños! -Gritó Smellerbee sobre la discusión que se había armado. Sokka estaba sentado al pie de la cama, los huérfanos a su alrededor, algunos recostados contra su pierna, otros sentados en su regazo, uno mirándolos por encima de la cabeza del guerrero. La luchadora por la libertad miró al par con el ceño fruncido-. ¡Cállense, me están dando dolor de cabeza! La unica solución lógica es esa. Hay demasiados niños en el piso para que usteden puedan dormir bien. Y si uno de los niños obtiene en la cama, todos la querrán. ¡Así que aguanténsela, hagan su parte y dejen de quejarse, cielos!

Zuko y Katara quedaron silenciosamente ofendidos.

Y Smellerbee se giró hacia Sokka.

-¿Cómo los soportas?

Sokka suspiró, encogiéndose de hombros sin preocupación.

-Estoy tan acostumbrado que no puedo dormir sin escucharlos pelear.


No hay necesidad de decir que esa noche fue particularmente difícil para Katara. Su hermano estaba a su lado, roncando contento en su oreja izquierda, y Zuko estaba a su derecha, dándole la espalda, su cuerpo estaba demasiado cálido para estar tan cerca. Obviamente había pateado y gritado para no estar en el medio (figurativamente hablando obviamente), pero no se había rebelado lo suficiente porque allí estaba, tipo el relleno de un emparedado entre los dos chicos - uno haciendo su mejor esfuerzo por dominar el lado izquierdo de la cama, y el otro... bueno, el otro durmiendo pacíficamente, haciendo nada para molestarla salvo por el pequeño detalle de estar allí.

Lo cual era suficiente.

La maestra agua frunció el ceño, intentado dormir un poco, intentando y fallando en relajar su cuerpo, tratando de olvidar que Zuko estaba justo allí, tratando de olvidar que su brazo rozaría su espalda si ella intentara ponerse en una posición más cómoda. Meditó salirse de la cama, pero el piso estaba abarrotado de niños desparramados, protegiendo sus lugares con la naturaleza territorial de los rinocerontes. Salirse no era una opción, y lo entendía así, ¿pero Sokka de veras había tenido que insistir que estuviera en el medio? Recordó la conversación, lo parcial que había sido.

Cómo Sokka se había porfiado en estar en un costado (porque odiaba tener movimiento limitado) y como Zuko simplemente había evitado la conversación de dónde dormiría cada quién, concentrando su atención una mancha de la pared momentáneamente interesante.

Katara miró la mancha en la oscuridad, tirando de lo poco de la delgada sabana que todavía cubría sus piernas (la mayor parte envolví los miembros de Sokka). Esta era su segunda noche de insomnia, y empezó a preguntarse si podría dormir alguna vez mientras estuviera en la Nación del Fuego, lo cual era todo, porque ella, Sokka, Toph y Aang ya se habían refugiado una vez en la Nación del Fuego y había dormido muy bien entonces. ¿Así que cuál era el problema esta vez?

Esta vez, ni Toph ni Aang estaban con ellos.

Esta vez, estaba compartiendo una cama con el Príncipe del Fuego Zuko.

La maestra agua gimió por dentro ante la idea y se volvió para ver la parte posterior de la cabeza de Zuko, su cabello más oscuro por las sombras, cosquilleándole la pálida piel de su cuello. Estaba quieto, muy quieto, ni siquiera podía oír el sonido de su respiración (o los ligeros ronquidos de Sokka lo habían ahogado). Cerró los ojos, acomodando la cabeza contra la almohada de plumas e intentó dormir.

-Deja de moverte.

Abrió los ojos de inmediato al escucharlo, esa abrupta ruptura del silencio, y parpadeó mirando la nuca de Zuko. No parecía haberse movido, ni una pulgada, pero sabía que había hablado, que estaba despierto. Katara frunció el ceño.

-Perdón. Es difícil ponerse cómodo.

Él gruñó por respuesta, revelando su propio cansancio.

Katara siguió con mala cara, sintiendo la necesidad de justificar sus movimiento.

-Sokka está acaparando la cama -continuó-. Está roncando en mi oreja.

Zuko alzó el hombro, dejándole saber que estaba despierto, que la había oído, que no le importaba.

-Pátealo.

¿Acaso era una sonrisa lo que detectaba en su voz?

-Lo haría, pero aplastaría a cualquiera que esté de su lado, y entonces todos los niños se despertarían -respondió.

Zuko permaneció inmóvil por un momento, y Katara decidió que se había dormido. Se contentó con el hecho e intentó dormirse también, pero él se giró, moviéndose tan sigilosamente que no lo hubiera notado de no haber estado tan plenamente consciente de su entorno. Él la encaró, sus facciones en la oscuridad a excepciónd e sus ojos que parecían atrapar la luz de la luna que se filtraba por la ventana. ¿O quizás era solo una idea suya? Eran de un dorado penetrante incluso en la oscuridad, y tenía que fijar la mirada en cualquier otro lugar. Su respiración era calma, queda, precisa después de sus esfuerzos por meditar, y Katara imaginó una sonrisa en sus labios, pero bien podía haber sido un truco de las sombras.

-Eso es lo último que quieres -replicó por lo bajo.

Katara sonrió ampliamente.

-Quizás, pero al menos Cabeza Hueca tampoco podría dormir -se entristeció un poco, recordando a Toph.

Ante eso el príncipe exhaló algo que pudo haber pasado como una risa ahogada, suave, ligera, para no despertar a los demás ocupantes de la habitación. Su aliento se esparció por su almohada, caldeando su ya cálida mejilla.

-Eso es cruel, arrastrando gente a tu desgracia.

-Ey - intenta estar emparentado con Sokka por catorce años y dime si no harías lo mismo.

Zuko rió esta vez, todavía suavemente, pero obviamente había sido una carcajada.

-Intenta estar emparentada a Azula.

-Y seguiría sientiendo lo mismo -terminó Katara, destellando una sonrisa que él no podía ver.

Se deleitaron en el amigable silencio, intercambiando susurros en la oscuridad como compartiendo secretos que solo ellos sabían. Existía una extraña comodida en eso, en quedarse despiertos y hablar con alguien de una manera tan clandestina, como confidente - aunque en verdad no había demasiadas confidencias, en verdad, se entretenían el uno al otro. Su conversación fluía con sorprendente facilidad, y pronto sus comentarios sobre Sokka evolucionaron en historias de familia.

-Una vez fuimos a ver un carnaval ambulante, y había un juego que giraba muy rápido. Sokka se quedó atorado en el por dos horas.

-¿Dos horas? -Inquirió Zuko ligeramente divertido...

Katara ahogó sus risitas.

-Dio vueltas y vuelta.

-Eso explica mucho -observó el príncipe en broma- ¿Y aún así es un genio militar?

Ella asintió, el susurro de su cabeza contra la almohada siendo el único indicio.

-Él ayudo a crear esos... esos globos de guerra.

-Oh.

Y a veces sus charlas terminaban con una incómoda dosis de realidad.

Pero la mayoría de las veces hablaban de su infancia ("Y entonces me caí en la fuente con ella" o "Sokka se enganchó dos anzuelos en el dedo"), hasta que Katara se durmió.

-... No sabía en lo que me estaba metiendo...

Zuko dejó sin terminar la oración y parpadeó al notar a la muchacha durmiendo plácidamente a su lado. La miró rápidamente en la oscuridad, intentando distinguir sus ojos, enormes y divertidos, y hermosos incluso cuando no podía verlos (porque aunque no se sentía atraído para nada por ella, en ningún sentido de la palabra, era un hombre y reconocía un par de ojos bonitos cuando los veía). Se acercó lo suficiente para que sus ojos se ajustaran a la oscuridad, y se dio cuenta que se había dormido. El príncipe se sonrió con algo parecido a la satisfacción (por qué se sentía satisfecho no lo sabía, y estaba demasiado cansado como para cavilar sobre ese asunto) antes de permitirse dormir para evadirse finalmente del mundo consciente.

Los días pasaban sin que sucediera mucho. Nada más que acostumbrarse al distrito, pero después de eso las horas pasaban lentamente sin mucho para hacer. Los niños y Smellerbee consiguieron trabajo en la casa de té - aparentemente eran mucho mejores meseros (y preparadores de té, notó Katara con diversión) que Zuko (o que ella misma, pero eso era un detalle pequeño) - sin olvidar que los adorables niños atraían más clientes. El dinero entraba a medida que le hacían publicidad al negocio, y Sokka supervisaba el manejo de dinero, creando fondos para una mano de pintura fresca o para arreglar el interior.

Smellerbee era la chica de alterne.

Zuko ayudaba en una chatarrería y de vez en cuando traía algo que podían usar en la casa de té.

Katara estaba de aprendiz con una ama de llaves.

Se habían adaptado a una vida cómoda en ese distrito con alarmante facilidad, pero con cada segundo que pasaba Katara se encontraba pensando en una de dos cosas: en Aang (y por extensión en Toph y Iroh y todos los demás) o en Zuko (y... en solo Zuko). Era espantoso, lo fácil que ella y Sokka se habían adaptado a vivir en la Nación del Fuego, como todos trabajaban por el sustento, lo fácil que era y cómo se reían cuando estaban en el departamento, lo fácil que se dormía por la noche, cómo podía olvidar por que estaban allí en primer lugar.

Y entonces pensaba en Aang, en que estaría haciendo, o que estaría tramando Toph.

A veces hablaría con Sokka sobre esos días... y él soltaría una carcajada y diría que probablamente estaban bien, que oirían de ellos pronto...

Ayudaba, aunque sea un poquito, saber que Sokka no estaba preocupado.

Las noches seguían un patrón similar a la primera conversación de Zuko y Katara, y sus conversaciones clandestinas se convirtieron en algo normal. Por supuesto, eso no significaba que fueran amables el uno con el otro durante el día - al contrario, parecían extremadamente impacientes cuando salía el sol, cuando simulaban ser una pareja, cuando lidiaban con lavar los platos y de quién era el turno de hacer qué - pero por la noche, seguros en la cama, eran como niños pequeños. Inocentes y libres de preocupaciones, y quizá era que todo se sentía más natural y reconfortante cuando hablaba con Zuko, pero Katara se dio cuenta de que ya no tenía problemas para dormir.

Y había tantas cosas en la historia de Zuko que nunca hubiera siquiera adivinado.

-¿En serio? ¿Lo probaste? -Preguntó Katara con una sonrisa que no hacía más que ensancharse.

-Era joven -repuso Zuko-. Y curioso.

La maestra agua se cubrió la boca con la mano al reír.

-Bueno, yo tenía curiosidad de como se afeitaba mi padre, pero nunca intenté afeitarme.

Zuko frunció el ceño (de broma, por supuesto).

-Bueno, afeitarse es más peligroso que ponerse maquillaje.

-Claro, por supuesto -replicó Katara, complaciente-. ¿Entonces, que dijo tu madre cuando te vio?

Él se puso colorado, agradecido de la oscuridad.

-Dijo que parecía una niña muy bonita.

La carcajada de respuesta de Katara sobresaltó una Smellerbee muy gruñona que amenazó con echarles a los niños encima si no cortaban sus susurros y confesiones de amor secreto. Los maestros sintieron la incómoda tensión, se sonrojaron aún incapaces de ver la incomodidad del otro. Sin embargo la tensión era evidente entre ellos, casi tangible, espesándose hasta desaparecer cuando la (pesada) respiración de Smellerbee se volvió regular.

Zuko fue el primero en romper el silencio.

-Deberíamos dormir un poco -propuso bajito.

Katara asintió.

-Sí -y dejó que un silencio se extendiera- ¿Zuko? -lo llamó con voz queda, cansina, haciendo un esfuerzo por mantener los ojos abiertos.

-Mmm.

-¿Dejarás que te maquille algún día?

Él sonrió con suficiencia.

-Solo si dejas que te afeite la cabeza.

Ella sonrió de oreja a oreja, enterrando la cara en la almohada y murmurando algo que sonó como:

-No sé si confío en ti con una navaja.

El príncipe del Fuego permaneció despierto por un par de minutos después de eso, mirando fijamente a la muchacha que dormía, preguntándose por su pasado y sus relaciones con su padre y su hermano, y quizás, solo quizás, si esa era una sonrisa en sus labios, y si, por algún inexplicable motivo, él era la razón.


-¡Lee! -Clamó Daichi mientras cruzaban las calles del distrito-. ¡Lee!

Zuko miró al muchacho que tropezó con él, con Katara y Sokka (en su camino a la Provincia de Hin Siu para encontrarse con Mai, como se les había indicado en un mensaje que les había llegado un par de mañana atrás).

-¿Sí? -Preguntó con entrenada paciencia- ¿Qué sucede?

El niñito miró al muchacho con sus enormes ojos dorados.

-¿A dónde van?

-A la Provincia de Hin Siu -respondió el maestro fuego con calma.

-¿Puedo ir?

Katara rió.

-No te va a gustar. Está lejos, hace calor y no hay nada para hacer allí.

-De hecho, escuché a Daga decir que va a haber un fe...

Katara fulminó a su hermano con la mirada, por haber osado a mencionar el festival del que Daga, la única niña en la tropa de Smellerbee, había estado hablando. Aparentemente los festivales y cosas similires eran algo común en las Provinicias de Hin Siu, había uno cada fin de semana para celebrar el reinado de la Nación del Fuego.

-...tidez. Fetidez... mm, olores nauseabundos. Porque las águilas-arañas van allí a comer.

Los ojos de Daichi se pusieron como platos.

-¡Genial! ¿Puedo ir?

-Deberías preguntarle a tus padres -respondió Katara lógicamente, pero el pequeñín sonrió con su preciosa sonrisa desportillada.

-¡Dijeron que podía! ¡Confían en Lee!

-¿Confían en Lee? -Repitió con cinismo, su mirada azul revoloteó sobre el maestro fuego quien evitaba sus ojos adrede- ¿Por qué confiarían en alguien que no conocen?

Zuko se encogió de hombros evasivo.

-No todos en la Nación del Fuego son desconfiados...

-¡Ellos lo conocieron! -Cortó Daichi con orgullo.

Katara miró al maestro con una ceja arqueada.

-No, pero aparentemente tú sí -murmuró con sorna.

Sokka se rió.

-Zu... -su hija le dio un codazo fuerte-. ¡Lee! ¿Conociste a sus padres? Espero que esto no signifique que estás planeando dejar a mi pequeña Sa-Sa.

Katara se encogió cuando él le pasó un brazo paternalmente por los hombros.

-Ja, no le des ideas, papá.

Zuko le sonrió a su futuro suegro.

-No se preocupe, Señor Fuego, soy hombre de una sola mujer.

-¡Llámame Wang, muchacho! ¡Prácticamente somos familia!

-Está bien, Wang.

-¿Puedes no hacerlo? -Bromeó Katara, incómoda por su espectáculo, por la química gestándose. Después de una semana o más juntos, aquellos dos se habían hecho inseparables y era desconcertante ver a su hermano y a Zuko llevarse bien. (Sin importar que ella también se llevaba bien con el príncipe, al caer la noche). El hecho de que Sokka parecía tan divertido con la idea de que ella estuviera compremetida con Zuko era lo suficientemente irritante, pero para ellos interpretar sus papeles - ¡con fervor, nada menos! - era perturbador.

Podría haber enloquecido sino fuera por el castigo que recibía Zuko por sus esfuerzos en irritarla.

Katara no podía ocultar la sonrisa de su rostro cuando el niño tiraba de la camisa de Zuko en reiteradas oportunidades. El príncipe parecía bastante molesto, pero hacía su mejor esfuerzo en ser amableKatara no podía esconder la sonrisa de la cara cuando el niño tironeaba de su manga incontables veces. El príncipe del fuego parecía bastante molesto, pero hacía su mejor esfuerzo para ser amable al mirar hacia abajo, a la peste de ojos dorados y cabello color carbón, y soltó un suspiro exasperado.

-Sí, Daichi, ¿qué sucedes? -inquirió, manteniendo su voz bajo control.

El pequeñito le sonrió de oreja a oreja a su ídolo, soltando inmediatamente el puño de su camisa.

-¿Ya llegamos?

La maestra agua tuvo un ataque de risitas, y Zuko la fulminó con la mirada, antes de responder que no, que no habían llegado, que "allá" estaba muy, muy lejos, y que les llevaría al menos medio día de viaje llegar, ¡y que solo habían estado caminando por quince minutos!

Daichi se ocupó en patear una piedra, y Katara le dedicó a Zuko una sonrisa sarcástica.

-Lee, Lee, Lee -se burló.

El príncipe frunció el ceño.

-No. Empieces

Ella bufó.

-Es lo que te mereces por ser un patán.

Zuko puso los ojos en blanco.

-Creí que ya te habrías acostumbrado a nuestro matrimonio.

-Toma más de una semana encariñarme con la idea de estar comprometida.

-Ocho días.

-¿Qué?

-Son ocho días.

La maestra agua sacudió la cabeza molesta y preguntó de forma muy sarcástica e igualmente retórica:

-¿Qué, estuviste contando? -y se adelantó, tratando y escapando de su irritación.

Zuko se limitó a caminar a su lado, imitando su paso.

-Obviamente.

Se giró para enfrentarlo, preparada para dispararle un comentario inteligente:

-... ¡Lee!

Sonrió de oreja a oreja.

-Creo que tu mayor fan te está llamando.

Zuko la miró con el ceño fruncido antes de volverse hacia Daichi. Su expresión se suavizó en una más paciente (a pesar de su frustración con el muchachito, era difícil enojarse con él con ese rostro redondo y esos inocentes ojos que eran tan grandes y curiosos).

-Sí, Daichi -respondió por enésima vez- ¿Qué sucede?

El niño, de apenas un poco más de siete años, sonrió con esa adorable sonrisa desportillada suya.

-¿Puedo sentarme sobre tus hombros?

Zuko parpadeó mirando su pequeño reflejo, desacostumbrado a ser tan admirado (la única otra vez había sido es muchacho llamado Lee...). Le dedicó a Daichi una sonrisa, agachándose para dejar que se suba a sus hombros. Se aseguró de que el niño estaba bien seguro antes de erguirse, y Katara no pudo evitar notar lo mucho que Daichi se parecía a Zuko, y cómo, de no haberlos conocido mejor, hubiera creído que eran parientes.

La Provincia de Hin Siu era todo un viaje, y pararon alguna que otra vez para conseguir algo para comer, o, por Daichi, para simplemente descansar (aunque él fue sentado en los hombros de Zuko todo el tiempo, así que descansar era superfluo). Katara encontró justicia en la incomodida de Sokka (su barba se estaba volviendo insoportablemente irritante, y con mordacidad le recordó con un "Papá" extremadamente dulce, que no podía quitarsela) y sonreía con suficiencia cada vez que la fulminaba con la mirada.

Bien, quizás lo merecía por haberla puesto a ella y a Zuko en su situación actual, pero a él realmente no le importaba, no cuando esos dos arreglaban sus diferencias de forma pública como cualquier pareja - y eso servía como entretenimiento.

-Deja de comprarle cosas, lo estas malcriando -le susurró Katara a su supuesto prometido mirando a Daichi alejarse corriendo, sacudiendo una moneda de cobre en el aire con la esperanza de comprarse un vaso de jugo helado de coco del desierto.

Los ojos de Zuko nunca dejaban al niño que le recordaba mucho a sí mismo.

-No somos sus padres -respondió.

-Lo sé, ¡Ese es el punto! -Replicó la maestra agua lacónicamente-. Deja de tratarlo como... como...

-¿Cómo qué?

-Como... ¡Cómo lo estás tratando ahora! -Terminó patéticamente.

Sokka se rió, añadiendo un gracioso:

-Creo que no está lista para ser madre aún -ganándose una mirada asesina de parte de su hermana.

-¡Oigan, miren! ¡Carteles de un festival! -Chilló Daichi con una felicidad infantil al regresar, sacudiendo un colorido volante (y un vaso de jugo en la otra mano, volcando el contenido).

-¡Cuidado... ! -Empezó Katara, pero Zuko le dirigió una mirada.

-No somos sus padres, cariño.

Y se sonrojó un poco, enfadándose en el lugar, porque él la callaba con sus propias palabras (¡pero ciertamente no porque la había llamado cariño!)

Sokka miró sin interés el afiche de la mano de Daichi, solo para quedar boquiabierto por la sorpresa. Agarró la muñeca del niño, acercando el volante a su rostro, y mirándolo con cómica reverencia.

-¡Es... es un festival de la carne! -Prácticamente estaba babeando- ¿Podemos ir? ¿Podemos ir? -intentó persuadirlos con ganas.

Katar lo miró con el entrecejo fruncido, por el ejemplo que le estaba dando a Daichi.

-No estamos aquí exactamente para un festival, ¿recuerdas?

Pero Daichi ya estaba saltando de aquí para allá, tirando sin darse cuenta de la manga del maestro fuego (el puño de la cual ya estaba estirado por tanto jaleo).

-¡Oh, vamos! ¿Por favor, podemos ir?

-Bueno... estamos un poco ocupado... -Katara estaba a punto de decir que no, que no podían porque tenían cosas que hacer... o que quizá podrían ir más tarde, cuando Zuko decidió tomarle simpatía a su papel.

-Seguro, lo que tú quieras, amiguito.

-¡Sí! -Exclamó Daichi, volcando completamente su bebida- ¿Y qué tenemos que hacer primero?

Zuko frunció el ceño ligeramente, eligiendo sus palabras, cuando Katara le rodeó los hombros con el brazo, dedicándole al niño una enorme sonrisa maliciosa.

-Él tiene que visitar a su ex-novia.


Smellerbe sonrió ante el resultado de la casa de té de Yu. Había bastante gente adentro, conversando y bebiendo y jugando al Pai Sho, y el hombre a su lado río con afabilidad contemplando la escena.

-Ha pasado un largo tiempo desde la última vez que había venido gente -comentó restándole importancia, asintiendo con la cabeza de modo paternal-. Tú y esos niños...

-Luchadores por la libertad -le interrumpió la joven, mirándolo-. Nos llamamos Luchadores por la libertad.

Él asintió con la cabeza, recorriendo con la mirada el pequeño local, sonriéndose ante la sensación de estabilidad, paz y relax.

-Cierto, ustedes los Luchadores por la libertad han sido una adición fantástica a este viejo y lamentable lugar. Solo mira a la gente, les encanta el té.

Smellerbee rió, echando un vistazo a la cocina donde el niño más grande de su pandilla estaba ocupándose de las teteras y pavas. Era alto, más alto que ella, y muy pálido, con los ojos de un color apagado y el cabello negro y desordenado escondido detrás de una bandana.

-Sí, Short-Bow siempre ha sido bueno con ese tipo de cosas.

Yu volvió a reír, mirando brevemente al hacedor de té.

-Sí. Su té es delicioso. Ahora, si me permites, tengo que enviar un par de cartas -se giró para dirigirse a las escaleras.

-Oye, gracias por permitir quedarnos aquí.

Él sonrió.

-Es un honor.


Tus amigos han llegado seguros a destino.

Les desean lo mejor.

No es seguro mandar cartas, pero la muchacha creyó que querrían saber donde están y cómo les está yendo.

Los extrañan, y lo dirían ellos mismos, pero tienen cosas importantes que hacer.

No intenten visitarlos, ni siquiera pongan un pie en esta Nación, o podrían arriesgar su misión.

Cálidos recuerdos de

El Equipo Fuego.

-¿Ves? ¡Te dije que estaban bien! -Exclamó Jing-Wei cuadno Aang terminó de leer el mensaje. Ella se estaba afilando las uñas, balanceando perezosamente su pie a un ritmo inaudible-. Te preocupas demasiado. Solo ha pasado una semana, si algo malo hubiera sucedido, ya nos habríamos enterado.

El Avatar asintió con la cabeza, doblando la carta y guardándosela en el bolsillo.

-Supongo. Simplemente se siente mejor, saber que están bien...

Jing-Wei le dedicó una sonrisa al muchacho, y él notó que ella era en realidad bastante bonita, con sus facciones angulosas y nariz prominente.

-Relájate. Iroh dijo que mantengamos las apariencias, ¿no? Incluso Bumi se las arregló para mantener un perfil bajo. Lo último que necesitamos es que el Avatar aparezca de la nada para salvar sus amigos encubiertos en la Nación del Fuego.

-Supongo... -empezó Aang, pero ella le interrumpió.

-Deja de preocuparte.

Toph frunció el ceño en su lugar en el piso. Había escuchado la carta, las palabras, escuchado los temores en la voz de Aang, detectado la pena en ella, el alarma, y golpeó con el puño la pared contra la que estaba recostada.

-Deja de decirle que no se preocupe -le espetó irritada, fulminando con la mirada donde creía que estaba Jing-Wei-. ¡Ha pasado más de una semana desde la última vez que vimos a nuestros amigos! ¡Y sabemos que no están en exactamente uno de los lugares más seguros! Tú no querías ir a la Nación del Fuego - ¿y por qué no? ¡Porque es un lugar peligroso! ¡Por supuesto que estamos preocupados por nuestros amigos! ¡Están allí!

Jing-Wei también fulminó a la maestra tierra con la mirada.

-Sí, de acuerdo, ¿pero cuál es el punto de preocuparse una vez que ya has oído de ellos?

-Quizás porque ellos no escribieron la carta -replicó Toph, levántandose del piso de su escondrijo debajo de Omashu-. Y de cualquiero modo, es un poco estúpido, ¿no? No intenten visitarlos, ni siquiera pongan un pie en esta Nación... ¡Cómo si fuéramos a hacerlo! ¿Por qué quien fuere que escribió la carta sintió la necesidad de decirnos que no arruinemos nuestro plan?

-Quizá Iroh la escribió -sugirió Aang.

-¿Dice algo sobre el té?

-No.

-Entonces no fue él que se dedica al té.

-¿Quizás la escribió el Mocoso Real? -Propuso Mazo desde su propia esquina, masticando ausentemente un junco.

Aang se encogió de hombros.

-Quizás...

-Cara de Piedra nos considera sus amigos también. ¿Por qué escribiría "sus amigos"?

-¡No lo sé! -Respondió el Avatar, confundido e inseguro de qué pensar. Estaba esperando oír de Katara y Sokka por ellos mismos, no de parte de un misterioso tercero que firmaba en nombre de sus amigos como Equipo Fuego. ¿Qué significaba eso siquiera? ¿Era porque estaban apostados en la Nación del Fuego? ¿Era una alusión a los nombres falsos de Katara y Sokka? Aunque el nombre no era algo muy importante, era el principio del asunto y el asunto era que...

Extrañaba a sus amigos.

-Voy a salir a dar un paseo.


La casa de té de la Provincia de Hin Siu era mucho más grande que la de su Distrito (que, Katara notó luego, ni siquiera había sido asignado un nombre propio, solo un número - nueve - y ni siquiera un buen número). Las puertas estaban cargadas de hojas dorada, la pintura fresca y brillante, rojo y negro con intrincados diseños en ámbar. El esplendor del interior desafiaba las grandes casas de Ba Sing Se, y el pequeño grupo se aventuró hacia adentro, preguntando a la anfitriona por las reservaciones hechas para Fuego.

Los condujo hasta una mesa en la parte más alejada del loca y se sentaron, Katara y Sokka de un lado y Zuko y Daichi del otro. Daichi miraba todo con los ojos como platos, sorprendido por el Nacionalismo que era tan raro en su distrito.

-Guau -jadeó asombrado tirando de la camisa de Zuko-. ¡Mira! ¡Mira, Lee! ¡Tienen un retrato del Señor del Fuego Ozai!

Zuko asintió tenso, con los ojos mirando cautelosamente el tapiz.

-Lo sé, es grande, ¿verdad?

Daichi soltó una carcajada.

-Parece muy malo.

El pobre niño no sabía ni la mitad.

Arrugó la cara, tensó los labios y miró a Zuk o con el ceño fruncido.

-¿Me parezco a él?

El príncipe no pudo evitar reír y asintió, revolviéndole el cabello cariñosamente.

-Sí, estás igual.

-¿Sabes quien se le parece? -Inquirió el muchachito pensativo, estudiando el tapiz con una mirada escrutadora.

-¿Quién...? -Preguntó Zuko por cortesía, bajando los ojos a la mesa.

Daichi señaló hacia adelante.

-¡A Wang!

Un unísono "¿Qué?" escapó del grupo.

Pero Daichi se limitó a asentir con solemnidad.

-¡Es verdad! Si cierras un ojo y entrecierras el otro...

Katara se tapó la boca para reír, haciendo como el niño decía.

-¿Sabés qué? Sí se parece un poco.

-Oh, sí, ya lo veo -añadió Zuko con una sonrisa de oreja a oreja.

Sokka frunció el ceño.

-Sí, claro, diviértanse a costa del tipo con la barba.

-Con la barba falsa querrás decir.

El guerrero se sobresaltó al escuchar la voz susurrante y se volvió para encontrarse con una joven encapuchada a sus espaldas. Daichi (que estaba ocupado riéndose de sí mismo imitando las muchas expresiones de Ozai) se perdió el comentario de Mai, y Sokka miró a la recién llegada con el ceño fruncido.

-Deberías cuidar lo que dices en público.

Katara se enderezó en su lugar.

-Daichi -llamó al niño que se había entretenido en jugar con el pelo de Zuko-. ¿Por qué no vas a tirar monedas a la fuente y pides un deseo?

Él sonrió.

-¡Bueno! -Y se alejó saltando, dejando a los cuatro para que hablaran.

Zuko esperó que Daichi estuviera fuera del rango de audición (pero aún a la vista) antes de volverse hacia la intrusa.

-Habla, y que sea rápido.

Mai puso los ojos en blanco.

-Encantador. No hay duda de porque caí por ti.

Estaba a punto de responder cuando Sokka levantó la mano.

-Ahora no es el momento.

Mai asintió con la cabeza, no se molestó en tomar el lugar de Daichi (porque era al lado de Zuko o porque estaba apurada, realmente no importaba, ¿o sí?).

-Azula dice que tiene un arma secretas -reveló la maestra de armas, sus labios apenas se movieron cuando habló-. No se exactamente que es, epro algo sobre el Avatar y el Estado Avatar.

-¿Qué del Estado Avatar? -Preguntó Katara preocupada, inclinándose hacia adelante para oír mejor.

-Ella sabe como evitarlo.

-¿Evitarlo, cómo? -Presionó Sokka.

-No lo se.

-¿De forma permanente? -Indagó Zuko, frunciendo el ceño ante la idea

Mai sacudió la cabeza, molesta.

-Juzgando por la forma en que Azula estaba actuando, sí.

-¡Grandioso, grandioso! -Gruñó el maestro espadachín-. La mejor estrategia de Aang se acaba de ir por el caño basicamente. ¿Así que qué tenemos para enfrentar a tu hermana ahora?

-Todavía hay esperanza -continuó Mai-. No estoy segura de que es esta arma secreta, pero estoy segura de que trabaja en ella en el palacio. Hay un cuarto subterráneo que esta vigilado constantemente...

-Los planos deben estar allí -asumió Katara.

Sokka asintió.

-O el arma misma.

-Bueno, ¿cómo sugieres que entres al palacio y la tomemos? -inquirió Zuko mordaz, mirándola-. Eso es lo que sugieres, ¿verdad?

Mai miró a su amor de la infancia con una ceja arqueada.

-¿Cuánto tiempo has estado lejos de casa? ¿Te has olvidado del Festival del Señor del Fuego?

Agrandó los ojos al comprender.

-¿Cuándo es?

-El próximo fin de semana.

-¿Ya?

Ella bufó.

-¿Qué, extrañas tanto tu hogar que quieres quedarte más tiempo?

Zuko frunció el ceño y apartó la vista, y Katara intervino en su discusión.

-¿Cuándo es exactamente el festival?

-Todo lo que necesitan saber que el Señor del Fuego y su familia van a estar allí -respondió Mai, sin apartar la vista de Zuko cuya mirada también estaba fija en ella como compitiendo en un desafío no verbal.

-Así que el palacio será el lugar más seguro para entrar -concluyó Sokka- ¿Pero a quién enviar...?

Fue el Yo iré de Katara que hizo que Zuko rompiera el contacto visual.

-Tu no vas. No vas a ir -le espetó deprisa, volviéndose hacia la maestra.

Ella levantó la barbilla, desafiante.

-Tú no eres mi padre.

-No, pero yo sí, y yo digo que tú no irás -se metió Sokka.

Mai sacudió la cabeza irritada.

-Bueno, tienen una semana para decidir quien va. Los veré cuando descubra algo nuevo -y sin decir adiós, dejó la casa de té con la capa haciendo ruido al mismo tiempo que Daichi regresaba, chorreando agua.

Con una pila de monedas de cobre y plata en las manos y una sonrisa un poco tonta.

Zuko palideció.

-¡Se supone que no tienes que tomar las monedas!

El mensaje ya ha sido enviado.

Azula dejó la carta, oteando el cielo con sus ojos dorados en la dirección en que el halcón mensajero había llegado, y prendió fuego el papel. Se quemaba lentamente, la llama naranja devorando el pálido material, chamuscándose, ardiendo y poniéndose marrón oscuro hasta que no quedaron más que cenizas. Dejo que los restos cayeran al piso de su balcón y se volvió, atrevesando a grandes zancadas las cortinas de seda, de regreso a su cuarto, y llamó a un sirviente para que limpie lo que había hecho.

-Ty Lee -ladró la joven princesa, demandando la atención de su amiga.

La acróbata se paró de un salto de la cama real, luciendo esa sonrisa sempiterna de ella.

-¿Sí, Azula?

-Mai y tú no irán al Festival del Señor del Fuego la semana que viene.

-¿Qué? ¿Por qué no? -La alegre muchacha hizo un mohín, su rostro angustiado ante la orden. ¡El Festival del Señor del Fuego era la celebración más grande de la Nación del Fuego! Un feriado nacional. Era un festival ambulante que tenía lugar en cada una de las cuatro provincias, la Capital, Gen Kou, Hee y Hin Siu - y en cada festival el Señor del Fuego aparecía y honraba a sus súbditos con su presencia. ¡Era una temporada de juegos, fiestas y vistosos disfraces!

Los ojos de Azula estaban calmos, fríos, serenos y la comisura de sus labios perfectamente coloreados formaron una irónica sonrisita.

-Porque sería rudo no tener un Comité de Bienvenida para cualquier invitado que pueda pasar por aquí.


Capítulo XI - Un renacimiento azul Extracto

-¿De dónde sacaste esa máscara? -Inquirió Katara, los ojos como platos buscando entre la multitud a sus amigos, a cualquiera, incluso a Zuko. Pero no veía más que gente, ¡y maldita sea la Provincia de Hin Siu por ser mucho más grande que el Distrito Nueve! Estaba sola, atrapada allí con ese muchacho con una mascara demoníaca, la misma máscara que Smellerbee había arrojado, abandonado en el depósito.

Su compañero se rehusaba a hablar, sin embargo, miraba de reojo la esquina del callejón, a la gente pasar. Tenía una espada sujeta a la espalda, y no podía distringuir que parecía en la oscuridad. Pero el hecho de que portara armas era suficiente para hacerla tensar, y se alejó un paso de él, cerrando la mano en un puño.

Él la observó en silencio, llevándose un dedo a la boca de la máscara.

-¿Por qué no hablas? -Susurró ella, sintiéndose por alguna razón, segura, a pesar de las circunstancias menos que favorables.

De nuevo, silencio.

Katara frunció el ceño.

-¿Quién eres?

El muchacho se encogió de hombros con despreocupación, antes de responder con un divertido e inesperado:

-Tu príncipe azul.


N/T: Na, que buen final para el extracto, por eso de azul y bla, no? Jaja, que les parece? Les gustó, a mí sí. Mucho. Me estoy enamorando de Daichi, he's so adorable in my mind! (L) Me imagino un mini Zuko en miniatura pero con la carita más redonda, típico de nene chiquito... jaja y bue.

Espero que si les gustó, me lo hagan saber. ¡zutaraa forever, KaoruB, Sol Meyer M. G. P, funny-life, Pamex17 y NinieN GRACIAS GRACIAS GRACIAS Y MÁS GRACIAS! Sus reviews sí que dan ganas de traducir, me encanta ver nicks viejos y nuevos con cada capítulo, por favor no dejen de transmitirme sus comentarios! Un beso grande, gracias por el aguante y la buena onda! :D

*Tête-à-tête: es una conversación privada entre dos personas, para los que saben la traducción inglesa del francés, el título les fue un spoiler gigante, si no tenían idea como yo, es sorprendente los detalles en los que está presente la autora ;)