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El albedrío de los condenados

Capítulo 10. Olas del mar

—Joder, soy el puto elegido —dijo Suigetsu, anonadado por la repentina aparición de Karin. Primero le caía una chica en los brazos sólo con pedirlo y luego encontraban a la zorra pelirroja, tal y cómo él quería. Eso tenía toda la pinta de superpoder, a la mierda el Sharingan, él era como un genio de los deseos. Tal vez debería empezar a pedir cosas importantes… como oro.

—Cállate, retrasado —bufó Karin dándole un codazo en el estómago para liberarse de él y ponerse en pie de un salto.

Iba a lanzarse a correr de nuevo cuando Suigetsu, todavía dolorido por el golpe, la tomó por el brazo tirando de ella para impedírselo.

—Jodida loca —se quejó el chico con voz estrangulada.

—Suéltame anormal, y no grites que nos van a oír —dijo Karin clavándole las uñas en la mano para obligarle a soltarla, al tiempo que miraba nerviosamente hacia la dirección por la que había venido.

—¿Pero qué mierda dices, zanahoria? —preguntó Suigetsu pensando que se había vuelto loca… o más loca de lo que ya estaba.

—Por si no lo habías notado, cerebro de pulga, estas últimas semanas no he estado precisamente de vacaciones, sino retenida en Konoha —espetó Karin—. He conseguido escaparme y me están buscando… ¿Y a ti no te habían liquidado los samuráis?

—También nos escapamos —intervino Juugo alzando la mano para saludar desde una distancia prudente.

—Sí, sí, sí, sí. Una conmovedora historia que estoy seguro que Juugo estará encantado de contarte más tarde —dijo Suigetsu al ver que ella abría la boca para preguntar—. Ahora tenemos que irnos de aquí antes de que nos localicen.

—¿Tenemos? —Preguntó Karin, incrédula— Nada de tenemos. No voy a ir con vosotros a ninguna parte, sólo traéis problemas.

—No seas desagradecida, bruja, hemos venido a rescatarte —espetó Suigetsu fulminándola con la mirada.

—¡¿Rescatarme? ¡¿Tú? JA —exclamó, indignada e incrédula—. Estás realmente mal si esperas que me crea eso. Además ya me he rescatado sola como puedes ver.

—Deja de gritar, estúpida —la regañó esta vez Suigetsu—. Tu querido Sasuke nos envió a buscarte. ¿Contenta? Necesita que encuentres a alguien.

—Pues ya puede esperar sentado —bufó Karin— ¿Acaso cree que voy a olvidar tan fácilmente que intentó matarme? He acabado mis tratos con ese idiota.

—¿Intentó matarte? —Preguntó el muchacho— Vaya, recuérdame que le dé las gracias cuando volvamos y que le diga que si quiere puedo terminarle el trabajo.

—¿Qué parte de "no voy a volver" es la que no entiendes? —Reiteró Karin.

—Eres tú la que no lo entiende, estúpida —espetó Suigetsu más serio, tirando de su brazo para que prestara atención—. ¿Dónde pretendes ir, eh? ¿A qué lugar escaparás con la Alianza pisándote los talones y Kabuto por ahí con su ejército de quien sabe qué? A Sasuke le eres más útil viva, a los otros bandos… no creo que les importe demasiado.

Karin se mordió el labio con nerviosismo y dedicó una mirada furtiva de nuevo hacia el bosque. Suigetsu por su parte maldijo las palabras de Sakura "de cortar piernas nada" cuando hablaron sobre la disposición que tendría la pelirroja a ir con ellos, y él ofreció una práctica solución.

—No tenemos todo el día —apremió el muchacho— ¿Qué vas a elegir?

—¿De verdad hay elección? —preguntó Karin enarcando una ceja. Suigetsu tenía razón, no duraría más de dos días por ahí sola a pesar de su habilidad de sentir chakra. Tarde o temprano se toparía con algo desagradable… y posiblemente, mortal. En mitad de una guerra no abundan los lugares seguros, y cualquiera de los dos bandos la atacaría en cuanto la viera. De modo que su única alternativa si quería vivir, al menos un tiempo más, era volver con Sasuke.

—No —contestó Suigetsu—. No, si lo que quieres es vivir, al menos.

Desde luego. A eso se había reducido siempre su vida, vivir o morir, esa era la auténtica elección, la única que tenías. Si elegías vivir, hacías lo que fuera necesario para ello y eso te esclavizaba, nunca realmente tienes elección sobre tus propias acciones. Claro, tienes la ilusión de que puedes elegir, de pequeña pudo decidir si marcharse con Orochimaru cuando la encontró, o no hacerlo, pero la alternativa era vagar sola por ahí y seguramente morir de hambre. De modo que ¿Qué tipo de libertad era esa?

—Sasuke no te hará daño, Karin —intervino Juugo—. Viaja con una chica de Konoha, ella no le permitirá dañarte.

—¿Una chica de Konoha? —Preguntó Karin con repentino interés— ¿Quién?

—Una pelirrosa con mucha fuerza y poca paciencia —contestó impacientemente Suigetsu— ¿Podemos largarnos ya?

—Está bien —aceptó la pelirroja a regañadientes—, vámonos antes de que tu bocaza delate nuestra posición.

Por supuesto, la elección para Karin estaba clara, ella siempre elegía vivir.

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La primera vez que ocurrió, Sakura tuvo que parpadear un par de veces para asegurarse de que lo que estaba viendo no era un producto de su imaginación. Incluso estuvo tentada de tallarse los ojos o pellizcarse.

Aquel día, la pelirrosa estaba ayudando a Tsunami a tender la ropa tras la casa, en la parte que quedaba cercana a la costa. Dado que la mujer les había acogido bajo su techo, a pesar de saber que algo andaba mal, lo menos que podía hacer era tratar de ayudarla en algunas de las tareas cotidianas. Sasuke, como siempre, se había sentado a la sombra adoptando su actitud de vigía sin tan siquiera pronunciar una palabra.

Ya llevaban un rato tendiendo sábanas —en opinión de Sakura, parecía que la mujer había aprovechado para lavar todas las que tenía en casa—, cuando Tsunami se detuvo de pronto mirando hacia el mar. La pelirrosa, extrañada, se giró para ver qué era lo que había impactado tanto a la hija del constructor.

Sasuke se había quitado el cinturón dejando su katana apoyada sobre un árbol, bajo la sombra dónde había estado sentado, y caminaba lentamente sobre la arena dirigiéndose hacia el agua con la vista fija en el mar. Al llegar al borde del agua, se deshizo de su camiseta lanzándola a la arena, quedando sólo con sus pantalones. Seguidamente, se lanzó al agua dejando que las olas le golpeasen rompiendo su espuma contra él. Después, se hundió completamente y salió segundos después, sacudiéndose el agua del pelo. Tras esto, se dirigió de nuevo a la arena ante la mirada de las dos mujeres.

Tsunami le tendió una toalla a Sakura y le señaló a Sasuke con un ademán de cabeza. Comprendiendo lo que la mujer pretendía, la pelirrosa la tomó y se encaminó hacia el Uchiha que caminaba alejándose del mar. Se acercaron el uno al otro lentamente hasta estar frente a frente. Sasuke olía a sal del agua del mar y a arena de playa, notó la pelirrosa. Llevaba los hombros erguidos y respiraba profundamente, hinchando su pecho que subía y bajaba haciendo que las gotas de agua que goteaban de su pelo rodaran sobre su piel.

Sakura sin despegar los ojos de los suyos, le tendió la toalla en silencio, pero no era un silencio temeroso sino solemne, como si por alguna razón no quisiera romper el momento. Sasuke la miró un momento con los ojos brillantes, casi desafiantes, pero por primera vez, su mirada no le provocaba ese miedo frío y oscuro, aunque fuera por un solo segundo.

El muchacho tomó la toalla sin una palabra y revolvió su húmedo cabello con ella. Agradeció tener esa excusa para poder dejar de mirar a Sakura sin que pareciera que él se sentía incómodo. Porque lo hacía, se sentía incómodo por haber hecho algo tan estúpido y tan satisfactorio al mismo tiempo. No podía negarlo, le había encantado hundirse entre las olas, dejar que el mar se lo llevara todo por un segundo. Mientras había estado sentado bajo aquel árbol no había podido dejar de mirar al mar, de preguntarse una y otra vez cómo sería. Hasta que había pensado ¿Por qué no? ¿Qué se lo impedía? ¿Qué podía pasar si lo hacía? En ese momento no había nadie a quien perseguir, ningún jutsu que entrenar… Y antes de darse cuenta ya estaba andando por la arena.

Se apartó la toalla de la cara echándosela sobre un hombro y miró a Sakura desafiante, como retándola a que dijera algo sobre lo que había hecho, algunas de las observaciones que acudían a su propia mente —Al final no todo es odio y oscuridad en ti ¿no?—, o tal vez —¿No decías que lo odiabas todo? Parece que el mar te gusta—. Seguramente era lo que todos estaban pensando, el frío vengador chapoteando como un crío entre las olas… patético.

—Tienes razón, hacía demasiado calor —dijo de pronto Sakura—. Ayer vi a dos pescadores que tuvieron que hacer lo mismo porque el sol caía a bombas.

Sasuke retuvo un poco más la mirada en sus ojos. Lo que había dicho era mentira y ambos lo sabían. Hacía calor, pero no más que los otros días que habían estado allí. Y desde luego, no habían visto a ningún pescador meterse en el mar como había hecho él. Sin embargo, decidió aceptar la salida que le estaba ofreciendo la pelirrosa, asintiendo evasivamente. Él pretendería que eso fue lo que pasó y ella fingiría creérselo. Al fin y al cabo, qué más daba una mentira más entre todas las que les rodeaban.

Esa noche, Sasuke se juró que no perdería el control de esa manera otra vez, era una estupidez. A la mañana siguiente volvió a hacerlo, y otra vez por la tarde, también al día siguiente. Había llegado a la conclusión de que si quería hacerlo, lo haría., de todos modos, no había nadie más que Sakura para verle, y ella se comportaba como si nada ocurriera. Únicamente la chica había tomado la costumbre de llevar una toalla cuando iban a sentarse cerca de la costa y se quedaba mirándole desde la sombra, guardando sus cosas mientras él peleaba con las olas. Luego volvía a sentarse junto a ella oliendo a arena y agua del mar.

—¿Cómo es? —preguntó Sakura una tarde cuando él volvió salpicando agua.

Sasuke se giró hacia ella enarcando una ceja con mirada inexpresiva.

—Muchas veces he… caminado por encima —explicó la pelirrosa volviendo su vista hacia el mar—, incluso nadado, pero… nunca como tú lo haces, contra las olas…

El muchacho volvió también su mirada hacia el mar en el que el sol pronto comenzaría a ocultarse lanzándoles rayos naranjas. Y cuando parecía que ya no iba a contestarle, Sakura oyó su voz, baja, como si estuviera contestándose a sí mismo. Tal vez, más por de encontrar sentido a sus pensamientos diciéndolos en voz alta, que por responder a la chica.

—En el agua, las olas tiran de mí en todas las direcciones, quieren llevarme arriba, abajo, a un lado o a otro, empujan fuerte para hacer su voluntad, pero yo me mantengo firme, no me dejo arrastrar y chocan contra mí deshaciéndose o girando para intentarlo de nuevo en otra dirección, pero no dejo que lo consigan, entonces se retiran y solo quedo yo —contestó Sasuke sin mirarla.

Igual que su vida, pensó Sakura, todos tiran de él queriendo llevarle de un lado a otro según su conveniencia, convenciéndole de que este o aquel objetivo es el suyo sin que él pueda realmente elegir nada. Todos tratando de ganárselo para su propio bien… ataca Konoha… vuelve a Konoha… ¿Realmente eran ellos muy diferentes de Tobi queriendo que volviera a una aldea que le había hecho sufrir tanto?... ¿Lo era ella, arrastrándole como lo estaba haciendo?

—…Parece bueno —contestó Sakura de forma ausente, perdida en sus melancólicos pensamientos.

Sasuke se giró para mirarla al notar su tono. ¿Qué mierda le pasaba a esa molestia ahora?

—Hmp. Muévete —ordenó el Uchiha poniéndose en pie—. Levanta.

—¿Qué? —preguntó Sakura mirándole desde abajo cómo si se hubiera vuelto loco.

—Sé que vas a hacerlo tarde o temprano, así que es mejor que esté delante para que no termines ahogándonos a los dos —espetó Sasuke cruzándose de brazos con aburrimiento.

Sakura se mantuvo inmóvil unos segundos, tratando de averiguar si hablaba en serio. Ella siempre se había mantenido al margen, le parecía algo demasiado personal como para entrometerse, algo que Sasuke deseaba hacer sólo, una de las pocas cosas que le gustaban, y una parte de ella se emocionó al pensar que quería compartirlo con ella. Seguía siendo tan estúpida, aunque ahora por lo menos reconocía que lo era aun si no podía evitarlo. Era el primer paso.

La chica se levantó sacudiéndose la arena de la ropa, por supuesto, él no le había tendido la mano para ayudarla ni ella tampoco esperaba que lo hiciera.

—Estoy segura de que tú te ahogarías antes que yo —bromeó Sakura tanteando una sonrisa—. Pesas el doble, eso te hunde más rápido.

—Tú llevas más ropa —se limitó a señalar el Uchiha caminando hacia la orilla.

Sakura casi se atragantó al oír aquello, a pesar de saber que Sasuke no estaba insinuando nada de lo que pasaba por su mente. En ocasiones, Sasuke se le antojaba incluso inocente en muchos aspectos. No parecía advertir el efecto que su atrayente aspecto tenía en los demás, o si lo hacía, no le daba ninguna importancia. Sakura se consolaba a sí misma pensando que él no se daba cuenta de esas cosas, y por lo tanto, no percibía que el sonrojo involuntario de sus mejillas cada vez que se quitaba la camisa se debía precisamente a eso.

Se detuvieron junto a la orilla, en el lugar en el que las olas rompían a sus pies. En realidad, aunque Sasuke lo hubiera tomado como su piscina particular, era un sitio en el que las corrientes eran fuertes y el mar embestía con grandes olas que se volvían espuma contra la arena.

La chica giró la cabeza para mirar a Sasuke que observaba el mar embravecido sin perder detalle con sus ojos oscuros. Entonces, divisó algo por detrás de él, unas figuras que se acercaban en la lejanía.

El Uchiha notó un toque en el brazo, poco debajo del hombro. Apenas un roce tan suave como el aleteo de un pájaro allí dónde Sakura le tocó para llamar su atención casi con timidez. Se tensó y casi estuvo tentado de apartarse bruscamente del contacto de su mano, más por extrañeza que por desagrado, pero este ya había desaparecido dejando sólo el fantasma de una caricia en su piel.

—Sasuke-kun…

Sasuke dirigió la vista hacia dónde la chica señalaba. Tres personas se acercaban hacia ellos bordeando la costa, no había que ser muy observador para darse cuenta de que sólo podía tratarse de Juugo, Karin y Suigetsu. Sus sospechas se confirmaron cuando una de las figuras hizo que la cabeza de otra se deshiciera en agua con un puñetazo.

Sakura vio cómo Sasuke se dirigía hacia dónde había dejado sus cosas para volver a ponerse la camisa y ajustarse la katana a la cintura, sus ojos no volvieron a posarse en el mar, sino que observaban con desconfianza como sus antiguos compañeros se acercaban. La pelirrosa suspiró lanzando una mirada a las olas con melancolía, parecía que sus días en el país de las Olas tocaban a su fin.

No pasaron más de unos pocos minutos hasta que los recién llegados estuvieron tan cerca como para oír la voz de Suigetsu berreando hacia ellos.

—¡Sasuke! ¡Mira, te traemos a la perra! —Gritó hasta que un furioso golpe de Karin se estampó en su coronilla— ¡¿Qué mierda te pasa? ¡Ahora no he dicho nada ofensivo!

—¡Me has llamado perra, estúpido idiota! —Vociferó la pelirroja con indignación.

—¡No es culpa mía que tengas las habilidades de un jodido chucho rastreador!

—Ya basta, Suigetsu —intervino Sasuke.

No alzó la voz lo más mínimo, su tono impasible fue suficiente para que el grupo, que ya había llegado hasta ellos, guardara silencio. De pronto, al estar frente a frente, la tensión en el ambiente se hizo palpable con el repentino silencio. Todos tenían su atención puesta en Karin que miraba a Sasuke seriamente, irguiéndose con rigidez cuando este comenzó a hablar.

—Karin, te hemos traído hasta aquí porque queremos…

—Necesitamos… —corrigió Sakura por lo bajo, provocando que Sasuke apretara las mandíbulas con crispación.

—…que encuentres a alguien —prosiguió el Uchiha ignorando la intervención de la pelirrosa.

—…por favor —volvió a añadir Sakura por lo bajo ganándose una mirada de advertencia.

—¿Encontrar a quién? —espetó Karin bruscamente.

Por un momento, había pensado que cuando tuviera delante a Sasuke le reclamaría por todo, por haberla traicionado, por haber tratado de matarla y haberla abandonado a su suerte, le gritaría a la cara lo despreciable que era y le haría suplicar por su ayuda si es que la quería. Pero en cuanto lo miró a los ojos supo que todo eso sería una pérdida de tiempo, sus palabras ni siquiera harían que cambiara su expresión, y por mucho que le pesara, el idiota de Suigetsu tenía razón, si quería sobrevivir no había otro sitio al que pudiera ir.

—A Kabuto —respondió escuetamente Sasuke.

Karin arrugó la nariz inmediatamente al oír ese nombre.

—¿Ese gusano? —Exclamó incrédula y desdeñosa— ¿Para qué? No es más que una de las ratas de Orochimaru.

—¿Recuerdas a Naruto, el jinchuuriki del Kyuubi? —preguntó Sasuke.

La mirada de la pelirroja se desvió un segundo hacia Sakura.

—Me suena —contestó esquivamente, cruzándose de brazos. Por supuesto que lo recordaba, aquel chico rubio de chakra brillante y cálido, lo había conocido justo después de que él tratara de matarla.

—Kabuto lo tiene prisionero. Parece que ya no es solo una rata de Orochimaru —explicó Sasuke.

—Ya veo —dijo Karin, esta vez deteniendo visiblemente sus ojos en Sakura que le devolvió la mirada algo tensa—. Está bien, lo haré.

—Saldremos mañana, nos encontraremos en el puente al amanecer —ordenó Sasuke, y sin más, se dio la vuelta para volver a la casa del constructor.

—Eh, Sasuke…

En un segundo, Karin se había acercado decidida y le había tocado el hombro para retenerle.

—…Esto es por intentar matarme, bastardo —espetó la pelirroja alzando la rodilla en un golpe poco honorable. Afortunadamente para él —y para ella—, los reflejos de Sasuke eran rápidos y consiguió desviar el rodillazo que le acertó en el costado con menos fuerza de la que Karin pretendía. Esto no evitó que Sakura soltara un gemido y se doblara disimuladamente debido al dolor compartido con el Uchiha.

Antes de que pudieran tan siquiera parpadear, Sasuke aferró a Karin por el cuello estampándola contra el árbol bajo el que Sakura y él solían sentarse. El chico, que no había hecho ni una mueca de dolor ante la agresión de la pelirroja, la amenazaba con el Sharingan coloreando sus ojos y su mano ciñéndole la garganta.

—Ten mucho cuidado, Karin —siseó el Uchiha—. No eres irremplazable.

—…Yo confiaba en ti… te apoyé… arriesgué mi vida para ayudarte… y tú me traicionaste —contestó la pelirroja entrecortadamente por la presión de la mano de Sasuke.

—Sasuke, suéltala —pidió Sakura tirando inútilmente del brazo con el que Sasuke retenía a la chica.

Al sentirla tironear de él, Sasuke simplemente la empujó fuertemente con el brazo que tenía libre, sin tan siquiera mirarla. Sakura cayó al suelo por el empujón, pero el Uchiha ni siquiera se inmutó al sentir el impacto, frunció un poco más el ceño y apretó más el agarre de Karin que se retorció tratando de liberarse.

—¡Sasuke, basta! Por favor —suplicó Sakura.

Sasuke parpadeó y giró bruscamente la cabeza hacia la pelirrosa. Estaba todavía en el suelo, mirándole con aquellos ojos verdes que le gritaban que se detuviera, había miedo en ellos igual que aquella vez… "Sasuke-kun, detente. Basta…por favor". Ese miedo que había visto en sus ojos fue lo que le detuvo aquel día en el Bosque de la Muerte, miedo de él, de lo que era. Se giró con la misma brusquedad para mirar a Juugo y Suigetsu, ambos habían retrocedido unos pasos y dieron un respingo cuando sintieron la mirada de Sasuke puesta en ellos… el mismo miedo. ¿A eso se había reducido todo? ¿A inspirar terror en cualquiera que le rodeara? Sus ojos se posaron de nuevo en Karin y se volvieron negros. La soltó.

—No vuelvas a provocarme —gruñó cuando la chica calló de rodillas, tosiendo y respirando a bocanadas. Dicho esto, se dio la vuelta y se alejó hacia la casa de Tazuna sin mirar a nadie. Olvidándose por una vez de su constante vigilancia a la pelirrosa.

Sakura se levantó acercándose a Karin y agachándose a su lado.

—Soy Sakura. ¿Me recuerdas?

La pelirroja asintió tragando para aliviar el dolor de su garganta, y Sakura levantó la vista para mirar a Juugo y Suigetsu que seguían observando sin decir nada.

—Supongo que no tenéis ningún sitio para pasar la noche. Os recomiendo que vayáis al hostal del pueblo a preguntar si no queréis dormir a la intemperie —aconsejó a los dos chicos—. No os preocupéis, yo me ocupo de ella.

Ninguno de ellos se movió, ni siquiera Suigetsu, ambos siguieron mirando a Karin como si esperaran alguna señal por su parte de que realmente iba a estar bien.

—Largaos, no tengo ninguna gana de dormir otra noche en el suelo —dijo la pelirroja echándolos con un gesto de la mano.

—Lo siento —dijo Sakura cuando los dos chicos ya se habían alejado—. No debí permitir que Sasuke te hiciera daño.

¿De verdad creía esa chica que podía impedirle algo a Sasuke? Pensó Karin. La sola idea era absurda. La muchacha observó con curiosidad a la pelirrosa que usaba su jutsu médico sobre su cuello, aliviando el dolor que le producían las magulladuras

—Sé lo que estás ocultando —dijo Karin llanamente tras unos segundos de silencio.

Sakura se detuvo y elevó los ojos lentamente hasta encontrar los de la chica.

—Reconozco perfectamente el chakra de Naruto y, aunque estuviera a un nivel muy bajo, estaba en Konoha cuando me marché —continuó la chica.

—… —Sakura apretó los labios y siguió mirándola en tensión. No tenía nada que decir contra esas acusaciones, era verdad y no había manera de negarlo. Naruto estaba en Konoha, inconsciente tras el enfrentamiento con Tobi pero vivo aunque su situación fuera muy delicada. Lo que no sabía es porque, aun sabiéndolo, Karin había aceptado buscar algo que sabía que no estaba perdido.

—Mira, no sé qué es lo que pretendes exactamente con esto, pero sí sé que me ayudaste aquella vez —farfulló Karin a regañadientes—. Y a mí tampoco me conviene que Sasuke se entere de que no tiene nada que buscar…

—En realidad sí que hay algo que buscar —apuntó Sakura clavando sus ojos en ella con intensidad.

—¿En serio? ¿A Kabuto? —preguntó Karin con incrédulo desdén.

—Kabuto no es más que un medio para encontrarle —respondió la pelirrosa moviendo la mano como si apartara una mosca molesta.

Karin enarcó una ceja sorprendida e interesada por las palabras de la chica.

—A quien realmente busco… es a Uchiha Itachi.


Bueno, después del shock del capítulo pasado, espero que esta última revelación no haya hecho sufrir demasiado a vuestros nervios. Alguna ya adivinó que era posible que Itachi saliera por ahí jeje pillada.

Espero que os haya gustado la escena de Sasuke metiéndose en el mar. Traté de no hacerla muy sentimental ni nada así, simplemente un arrebato de Sasuke, le apetece y nadie tiene por qué impedírselo, sin embargo, al mismo tiempo se avergüenza porque se sale del rol que ha preparado para sí mismo.

¿Qué os ha parecido Karin? ¿La han convencido demasiado rápido? Puede ser, pero en realidad ella es bastante práctica y lo que busca es sobrevivir. No creo que de pequeña se fuera con Orochimaru por lo agradable que era con los niños, así que ¿por qué no iba a hacer lo mismo con Sasuke a pesar de guardarle rencor? De todos modos ahora se sabemos su ascendencia Uzumaki, se pueden entender mejor sus arrebatos (mira que intentar pegarle un rodillazo a Sasuke… inconsciente).

En fin, muchas gracias por todos vuestros reviews y espero que este capítulo os haya gustado tanto como el anterior.

Besos, Ela.

PD: No sabéis lo cerca que he estado del pánico hace unos minutos cuando muy alegremente he tratado de encender mi ordenador y NO PODÍA, antes de ponerme a gritar como una histérica, lo he iniciado en modo seguro y he salvado todos mis archivos (incluido este) por si acaso, y después de encenderlo y apagarlo 18.000 veces, he conseguido restaurar el sistema y tará, por fin ha funcionado, si no evidentemente no estaría aquí… bueno sí pero desde el ordenador de mesa que es más viejo que yo y no sé si… En fin, ¿Algún informático en la sala? Me da miedo que vuelva a ocurrir.