Repentinamente, uno de los miembros más viejos del parlamento, que está sentado a la derecha de Inglaterra, se pone de pie.
—Apreciaríamos unas breves palabras de nuestro máximo representante en esta sala —indica formalmente.
—What? —Inglaterra que es tomado de improvisto echándole miraditas a Francia, se sonroja.
El hombre le da unas palmadas en la espalda a Inglaterra para que se ponga de pie, recargándose en su bastón para volverse a sentar, satisfecho. Francia se ríe un poco, medio embobado, he de decirlo... y nervioso.
—No, no, no... I'm sorry, but... —la mirada de la baronesa lo fulmina porque no le ha visto en la ceremonia y además ha llegado tarde al convite—. Es que no tengo nada preparado... —sigue excusándose cada vez más bajito, así que de ahí lo aprendió Canadá.
—Tu siempre puedes hacerlo bien, mon amour...
Inglaterra le mira de reojo y como se siente un poco forzado por todos se pone de pie, soltando la mano de Francia, que se la aprieta suavemente antes de que se la suelte y se ponga de pie. Sonríe, porque el inglés habla muy bien y está seguro que quedará satisfecho.
El británico se toma unos segundos para pensar en qué decir. El galo se echa atrás en la silla tomando su copa, concentrado.
—Hoy, ha pasado algo insólito y... maravilloso —confiesa—. Y yo suelo actuar no hablando al respecto y destruyéndolo torpemente —trata de hacer un chiste, algunos se ríen—. Estoy seguro que Jane me odiaría por esto si pudiera oírme —se refiere a Jane Austen—. Puesto que odiaba que dijera ser el más torpe en cuestión de hablar sobre el amor. Ella decía que mi corazón es puro y fiel a sí mismo —cambia el peso de pie sin mirar a Francia—. Por un asunto relacionado con el devenir inalterable a través de los tiempos y debido a ello, siempre que lo utilice para hablar saldrán cosas hermosas —se humedece los labios—. Lo que ha pasado hoy en Notre Dame me llenado como nada lo había hecho nunca, porque ese es, yo creo la simple finalidad del amor que siempre pretende complicarse. Espero de todo corazón que seáis dichosos —les brinda a los novios.
Francia sonríe idiotamente y si no aplaude es porque está muy ocupado en buscar un pañuelo para limpiarse los ojos y la nariz porque las palabras le han parecido absolutamente hermosas y le han llegado a lo más profundo de su corazón.
Inglaterra se sienta rojo como un tomate porque no ha hablado de los novios ni una sola vez y tiene esa sensación de que todos lo saben.
El francés espera unos cuantos segundos a que nadie mire al inglés y todos dejen de aplaudir, antes de echársele casi encima a abrazarle, de manera bastante cursi, por cierto, en modo "hablas precioso... Cheeeer... Tu... La luz de mi vida... t'aimeeee..."
El británico se asusta cuando se le echa encima por esos problemas que tiene que Francia se emocione cuando dice cosas que además son sinceras. El galo se tarda en recuperar la compostura y luego se pasa un rato largo después teniendo que limpiarse periódicamente el borde de los ojos cada vez que se acuerda.
—Y lo que hicimos nosotros no fue del todo abominable —añade Inglaterra para el francés como si hubiera estado hablando de la boda realmente.
Francia se ríe y le da un golpecito en el pecho con la mano abierta recargándose sobre él. Inglaterra se ríe y le deja, abrazándole un poquito.
Mientras que los novios son llamados a la pista para hacer su primer baile. A Francia le brillan los ojos y le mira de reojo. Inglaterra le mira y niega con la cabeza porque aun así, sigue siendo el convite de los novios y tienen que abrir el baile ellos solos.
Francia se ríe bajito pensando que bueno, que no esperaba realmente bailar antes que nadie, pero sí que espera bailar después. Le acaricia un poco la pierna.
—¿Vas a bailar conmigo? —pregunta sonriendo de lado.
—No —miente sin mirarle, el francés sonríe.
—Vaya, qué malo...
—Yes —sonríe orgulloso.
—¿Así de malo has sido siempre? —le da un beso en la mandíbula.
—Y más... —sigue cínico. El francés le da otro beso en la mejilla, estirándose un poco para acercarse a sus labios y acaricia un poco más su pierna.
Empieza a ponerse un poco nervioso intentando apartarle pero él e resiste, sonriendo cínica y malignamente. Así que pelean un poco en la silla, mientras Inglaterra se sonroja
—Te estas sonrojando —advierte Francia sonriendo maligno.
—No! —responde intentando capturarle las manos y apartarle la cara todo a la vez.
—Ouiiii —se ríe un poquito impidiendo que le capture una de las manos, acariciándole el abdomen con ella.
—Nooo —suelta la mano capturada para ir a por la otra... Otra mano que es estratégicamente colocada sobre las regiones vitales del inglés, escondidas más o menos bajo la mesa y la reacción es más o menos la misma, soltar la mano para ir a por la otra mientras se sonroja más y se pone histérico.
El francés se ríe pensando que eso siempre, siempre funciona.
—No! Stop! Stop!
—No! Stop! Stop! —le imita en inglés, bajito, riendo más sin detenerse.
Inglaterra acaba protegiéndose con sus propias manos con Francia muerto de risa, con la frente en su pecho, prácticamente echado sobre él.
—¡No es divertido! —protesta.
—¿Por qué no? —pregunta sin dejar de reír—. Te ves lindísimo sonrojado e histérico y SIEEEMPRE funciona.
—¡No es verdad! —chilla.
Francia levanta la cara y le mira a los ojos, sonriendo, él le mira también, muy nervioso
—Creo que ya podemos bailar... non? —pregunta tocándole nariz con nariz un instante antes de girarse a la pista, sonriendo, pero el británico aprieta los ojos porque no está seguro de querer levantarse.
—Ehm...
Francia sonríe más aun, malignillo, mirándole de reojo.
—Podemos esperar el tiempo que necesites... Piensa en bosques tranquilos, en dragones... NO pienses en moi.
—¡No necesito nada de tiempo! ¡No estoy pensando en ti! —miente en un chillido.
El galo se ríe de buena gana mirándole a los ojos y acariciándole la mejilla. Él inglés se sonroja más porque sus caricias no ayudan.
—Quizás debería ir al baño antes de ir a la pista.
—What?
—Creo que mi presencia aquí te preocupa —sigue sonriendo cínicamente acariciándole otra vez la mejilla y un poquito el cuello.
—¡No me preocupa! shut up! ¡No me pasa nada!
—Entonces vamos a la pista —se humedece los labios haciendo amago de levantarse.
—NO! —se asusta soltándose el asunto y abrazándole para que no se separe.
El francés levanta las cejas y sonríe mirándole de reojo cuando nota que le abraza. Se acurruca un poco en el abrazo incluso.
—Bien... esperemos entonces —concede.
—¡No! Estoy bien —protesta porque está muy cerca, es decir, notándole demasiado cerca. Él cierra los ojos azules y suspira.
—Adoro este día en general, pero hoy está siendo absolutamente perfecto —señala sonriendo de lado.
—Eh? —vacila por que no se esperaba eso.
—Quizás despierte mañana y descubra que llevo toda la noche soñando —agrega.
Los ojos verdes parpadean mirándole. Entreabre un ojo azul. Inglaterra sonríe maligno y le pellizca la nariz con fuerza.
—Auuuuu! —insertar grito de nena que le hace sonreír más. Le suelta y este se lleva la mano a la nariz y frunce el ceño haciendo muecas.
—¿Ves? no duermes, solo eres tonto —se ríe.
—No soy tonto... tú eres un bestia —arreito en el pecho con el puño cerrado, con la otra mano aún en la nariz.
Inglaterra se levanta de repente esperando tirarle al suelo y lo hace bastante, en realidad, yéndose un poco de espaldas y teniendo que detenerse de la mesa y del mantel.
—JA! torpe!
—Eso no es ser torpe, es tener un marido bestia —suelta absolutamente sin pensar.
Inglaterra se sonroja con lo del marido, porque aún no se hace a la idea y se pone nervioso. Francia parpadea, cayendo en la cuenta de lo que acaba de decir, sorprendido por completo.
—Y-Yo... no... pe-pensé, no sé qué... —balbucea estirándose la ropa.
—¡No puedes decirlo!
—Lo sé... losélosélosé... Je... —se pasa una mano por el pelo y traga saliva, dando una vuelta sobre sí mismo para ver si alguien le escuchó pero hace rato que como ellos no le hacen caso a nadie, nadie les hace caso. Suelta el aire al notarlo, poniéndose una mano en la cintura y mirando al inglés aun con una mano en el pelo. Sonríe un poco—. Eso... pasó solo.
—No puede pasar —le señala con el dedo.
—Lo sé, es... je... je suis desole —se pellizca el puente de la nariz.
Sonríe un poquito con eso y el francés se rasca un poco la cabeza y suspira otra vez, mirándole.
—Nadie nos oyó, venga... no es TAN grave.
—Es MUY grave —sonríe igual.
—No es taan grave —se le acerca con una mano extendida para que se la tome, sonriendo un poco al verle sonreír, pero a la vez sin estar seguro de que no haga un drama, conociéndole.
—Of course lo es. Y por eso ahora mereces un castigo.
—No quiero un castigo —protesta un poquito.
—Ah, haberlo pensado antes...
—Pero lo hice sin querer.
—Es no es una excusa.
—Sí que lo es, no pensé... además es a lo que estábamos jugando en la mañana.
—Por eso el castigo, así lo pensarás a la próxima.
—¿Y qué castigo tienes en mente...?
—I don't know, puede que me vaya a bailar con alguien más mientras miras...
Francia abre la boca cómicamente por un instante, luego la cierra y frunce un poquito el ceño.
—Ya, claro, como tú sueles irte a bailar...
—Pues... —se da la vuelta y le pide bailar a la primera mujer que pasa... que se niega.
Francia se ríe un poco sin poder evitarlo, abrazándole por la espalda.
—¡No! ¡Suéltame! ¡No te rías! —protesta
—Mon petit lapin que no tiene suerte...
—¡Es tu culpa porque me abrazas y no quieren por eso!
—Te abrazo porque eres mío.
—¡Pero así no me dejas!
—¿De verdad quieres bailar con alguien más? —pregunta.
—Pues es tu castigo —explica sin responder.
—No me gusta el castigo —le empuja un poco.
—Pues haberlo pensado antes —replica riéndose y acercándosele de nuevo.
Le saca la lengua y me encanta porque están en un sitio lleno de gente y no le hacen caso prácticamente a NADIE. El inglés se ríe más intentando tomársela.
—Nooon —se tapa la boca.
Se ríe aun intentándolo.
—Noooon! —dos pasos atrás con la boca tapada con las manos—. Vamos a bailar, anda.
—Noo —le persigue y le abraza para que no se escape.
—¡Pero tú dijisteeee! —se deja abrazar sin soltarse la boca, recargándosele encima.
—Yo no dijeeeeee —le imita abrazándole de la cintura con una mano y con la otra intentando que quite las manos de la boca.
—Pues debiste haberlo dicho —se quita una y luego la otra. Aprieta los labios, el inglés le da un beso rápido en ellos.
—Pero no.
Francia le abraza del cuello y sonríe estúpidamente con el beso.
—Porque eres un tontoooo —canturrea mientras empieza a mover las caderas para bailar.
—No soy un tonto en lo absoluto, mira que tan listo soy que he conseguido lo imposible contigo —echa un poco la cabeza atrás y le mira con ojos entrecerrados.
—¿Lo imposible?
—Oui... —sonríe más, evidentemente moviendo las caderas junto con él y abrazándole más, recostándose en su hombro.
—No sé a qué te refieres con eso —susurra, sin dejar de moverse.
—Yo creo que sí lo sabes bien —sonríe y le besa la mejilla.
Le mira de reojo porque no sabe a qué se refiere.
—Eso... hoy... sobre Notre Dame... —susurra suavemente al ver que no está convencido.
—Oh... —se revuelve un poquito.
—Y además estás bailando conmigo —agrega bajando una de las manos que tiene en el cuello del inglés, tomándolo él de la cintura para llevarle, haciendo que den una vuelta—. Y me has dado un beso.
—¡No te he dado un beso! —protesta dejándole hacer.
—Bien, ¿quieres darme uno ahora? —pregunta haciendo que den otra vuelta y complicando un poco más los pasos.
—No... —le sigue sin demasiados problemas.
—Este es nuestro primer baile —sonríe cerrando los ojos y tratando de identificar la canción que está sonando.
—¡NO! —se sobresalta de repente deteniéndose y empujándole para que le suelte.
Francia le mira tenso dando un paso atrás con los brazos medio en alto aun en posición de baile y no se puede decir que de una u otra manera no esperara este momento tarde o temprano.
—¿Qué pasa? —pregunta en un susurro.
—No... no —responde muy serio, mirándole.
—Pero si no dije nada... —se defiende pasándose una mano por el pelo.
—Ve... ve a por algo de beber, please —pide.
—Pero solo dije que era el primer baile... de la noche, a eso me refería —protesta haciendo los ojos en blanco, pensando que no le va a dejar decir nada nunca al respecto de esto al parecer. Suspira.
—Ve —insiste.
—Vaaale, vale... —ojos en blanco otra vez, yendo hacia la barra a pedirse algo doble.
Inglaterra se larga corriendo hacia el otro lado. Francia se pide un cognac en la barra y empieza a calentarlo buscando al inglés con la mirada, con el ceño fruncido.
Inglaterra, en el fondo, es un romántico empedernido, pero que bien habla el cabrón.
