Los días siguientes se quedó en la casa de su amiga Kagome. Ella no le había permitido que le falte nada y Rin en cambio, se dejó mimar un poco.

Estaba realmente contenta, había visitado varios lugares en el centro que podrían ser su próximo hogar. Aún no lo podía creer. Algo en el fondo de su corazón no le permitía dejar de ver a Naraku. Hacía unos días que le habían dado de alta en el hospital y ella aprovechaba las tardes para visitarlo y ayudarlo con los quehaceres del hogar.

El en cambio, se sentía mejor. Evidentemente estaba algo decaído por la situación y por no tener bajo control a la bella joven, pero en el fondo había entendido que esa no era la forma de tratar a la mujer que amaba tanto.

Había empezado a ir a terapia e inte taba dejar los vicios como el alcohol, para poder hacerla sentir mejor.

Rin le comentaba todo esto en un apartamento vacío del centro de la ciudad a un joven Albino que la observaba inexpresivamente. Ambos de encontraban sentados en medio de la habitación vacía tomando un café.

- Ya te lo dije Sesshomaru, Naraku no es tan malo como parece -las imágenes de él violentandola vinieron a su cabeza y se dio una pausa para reformular lo que había querido decir- Mira, su vida no fue fácil y creo que eso lo hizo convertirse en la persona que es.

- Yo sigo pensando que es un idiota.- dijo cruzandose de brazos y cerrando los ojos-

La joven río internamente ante la actitud del joven. Dejó su café a un lado y se acercó a su rostro, depositando un sutil beso en los labios del muchacho. Sintió sus mejillas arder y pude notar al separarse una imperceptible sonrisa en la cara de su pareja.

El por su parte se sorprendió ante el acto de Rin. La tomo de la nuca y profundizó el beso recostandola en las maderas del piso.

Su relación había avanzado bastante ahora que Naraku ya no podía someterla. No podía olvidar todo lo ocurrido y cada vez que sentía su nombre le hervia la sangre, mucho más si salía de los labios de su bella ¿novia? aún no tenían nada decidido. Pero por lo pronto, disfrutaba de sus sutiles caricias.

xxx

Naraku se encontraba en su casa. Aún le dolía la herida y le costaba movilizarse con normalidad, el médico le había recomendado hacer fisioterapia un par de veces a la semana y se dirigía hacia allí cuando sintió que alguien abría la puerta con familiaridad.

- Mi querido amigo, ¡mira en que te ha convertido esa chiquilla!

- Onigumo vete, ya te he dicho que no quiero verte nunca más- dijo con un deje de furia-

-Oh vamos! ¿te vas a dar por vencido tan fácilmente? No lo permitiré.

-No te entrometas, y por nada del mundo te acerques a Rin o no respondo.

-Que interesante... creí que lo que sentías por esa mujerzuela era solo obsesión. No me digas qué - se acercó con una maquiavélica sonrisa - ¿El gran Naraku está enamorado de una prostituta?

No tardó en sentir un puñetazo en su cara que lo hizo caer al suelo.

- No te atrevas a dirigirte a ella de esa forma, ¡imbécil! - dijo ya no pudiendo contener la furia.

- Había olvidado que eras tú el único que podía referirse a ella de esa forma - contestó riendose luego de levantarse - me iré, pero te aseguro que esto no quedará así, será muy divertido.

Una vez afuera pensó -esa chiquilla me las va a pagar-

Naraku se quedó pensando en lo que le dijo. Tenía razón, había sido una completa basura con ella, no se merecía si quiera que le dedicara tiempo de sus días. Pero estaba completamente seguro que a partir de ahí dejaría libre su camino para que fuese felíz. Aunque eso signifique, tener que sacrificar su propia felicidad.