CAPITULO 10

El corazón de Albert estaba sobresaltado al escuchar esas palabras salir de la oscuridad de su cama. La risa de Escarlet se escuchaba por la habitación mientras salía de la cama. Su único atuendo que traía era un camisón fino de seda de color beige y muy corto para la época, su pelo estaba sujetado en lo alto por una horquilla de plata, sus labios rojos se podían distinguir en la oscuridad de aquella habitación al igual que sonrisa.

Albert se apresuro a tomar la camisa que recién se había retirado, se la coloco a toda prisa y giro a verla, su rostro era frio como hielo- Escarlet ¿Qué haces aquí?-

De la forma más sensual despejo las sabanas de su cama, un rayo de luna atravesó la ventana y dio en su piel blanquecina; salió despacio como si quisiera que ese recuerdo se quedara grabado en la mente de Albert. Salió por el costado de la cama que el había abandonado y se coloco delante de él. Su figura se podía apreciar perfectamente detrás del camisón de seda, la altura de este era arriba de la rodilla y sus hombros estabas descubiertos solo una tira fina de encaje sostenía aquella prenda. Su busto se podía observar por el escote provocativo del camisón.

Ella sonrió Al ver como Albert se sonrojaba al verla, se acerco y dijo- esperándote- con una voz aterciopelada y sensual, su mano derecha acaricio por arriba de la camisa el pecho de Albert y este inmediatamente se retiro, ella rio- por favor, no me digas que vas a tener miedo de una mujer-

Albert se retiro unos pasos atrás para dejar un buen espacio entre los dos- no, pero si tengo respeto a mí prometida; así que Escarlet y te recomiendo que salgas de mi cuarto en este instante- su voz era seca y profunda.

Ella rio y se sentó al borde de la cómoda cama y cruzo sus piernas- no lo creo- la cara de Albert se mantenía sin ninguna expresión- esta noche he decidido pasarla en tu cuarto y nadie me hará cambiar de opinión William- con su mano derecha acariciaba la sabana de seda fina que cubría aquella cama y mantenía una sonrisa retadora.

Este trago saliva al escuchar las palabras de aquella mujer. Sabía perfectamente que si ella quisiera podría gritar o hacer escándalo, si intentaba sacarla por la fuerza y lo peor Candy podría darse cuenta y malinterpretar la situación.

Así que como todo hombre de negocios pensó un escape rápido, mientras Escarlet lo devoraba con la mirada. El se aproximo a la cama y se inclino enfrente de ella, Escarlet contuvo la respiración al sentir el olor del perfume de Albert- entonces no me dejaras otra opción Escarlet- lo dijo en un tono muy sensual; la respiración de ella se acelero al sentirse atrapada por la mirada profunda de Albert, cuando levanto el rostro para verla y acto seguido sonrió de una forma muy peculiar- espero que duermas bien-

La cara de Escarlet se puso rígida cuando escucho esas palabras y Albert se levanto llevando consigo su saco que estaba tirado junto a su cama, a lado de donde Escarlet tenía sus pies. Lo llevo al hombro y dirigió los pasos a la puerta de aquella habitación.

Ella reacciono lo más rápido que pudo, al darse cuenta de las intenciones de Albert. No permitiría que arruinara ese momento lo tenía en sus manos y no se escaparía tan fácil de ella – William, espera- su voz era de desconcierto y se acerco rápidamente a él interceptando su avance. Albert se detuvo mientras ella se ponía enfrente suyo- no puedes irte y dejarme aquí, no te atreverías William-

Albert sonrió- claro que puedo y lo hare, tú misma has dicho que decidiste dormir en mi habitación entonces- sonrió – dulce sueños, yo iré a buscar una lugar apropiado para descansar- dio un paso a la derecha para esquivarla y siguió con su camino.

Cuando cerró la puerta, Escarlet se quedo mirando a ella. Cruzo las manos y sonrió – así que eres un chico difícil William- se encamino a meterse a la cama y mientras se cubría con las sabanas dijo – veremos que tan difícil eres querido- pensando en su siguiente movimiento, pues no era recomendable hacer un escándalo ahora, sonrió tendría otra oportunidad o a lo mejor el regresaría, al fin de cuenta que hombre en su sano juicio no aceptaría a una mujer como ella en su habitación solo era cuestión de esperar.

En el pasillo Albert se quedaba pensativo, sin duda era un dilema. Si decidía dormir en otra habitación de la mansión, sin duda Escarlet tendría armas para decir que había pasado la noche en la habitación con él y Candy no sospecharía que fuera una trampa. Pero ¿en donde dormiría?, no le daría un solo espacio para que Escarlet pusiera en duda su reputación. Así que con una sonrisa y alzando los hombros decidió donde pasaría la noche para no tener problemas, ni malos entendidos. Sin duda William era muy listo. La mejor habitación para dormir en ese momento era….

La mañana despuntaba y el sonido de los pájaros era un bello despertador para los habitantes de aquella mansión. Candy se levanto con una sonrisa por recordar la bella despedida de su amado príncipe y los besos de este. Rápidamente y antes de que entraran la mucama que la tía dispuso para su ayuda. Se levanto y tomo un baño rápido.

Salió y abrió el amplio closet, encontró muchos vestidos y atuendos dignos de una princesa. Con una sonrisa y un movimiento en negación dijo – Albert, amor solo pasare aquí una semana y tú has mandado traer un guarda ropa para toda una vida- aun con la toalla enredada en su cuerpo. Comenzó a buscar su ropa, llevo su mano derecha a su barbilla y empezó a mover cada una de las prendas en busca de la que usaría ese día. Después de un rato de buscar encontró un traje de tres piezas, un saco, un chaleco y una falda larga de color vino y con detalles en encaje sutil negro. La falda recta y larga tenía unos hermosos botones en negro por un costado. Se apresuro a buscar una hermosa blusa de seda blanca. Todo lo tenía en una de sus manos acomodado.

De pronto se giro para colocarlo en un taburete, la pequeña sala estaba al lado derecho de la habitación, se retiro la toalla que cubría su cabello, se sentó frente al tocador, lo peino y se dirigió al taburete cerca de su cama donde había dejado la ropa. Llevo las manos a la toalla que cubría su cuerpo y cuando estaba a punto de retirarla una voz familiar, hizo que saltara de la impresión –Candy-.

Albert había decidido la noche anterior que dormiría en la sala del cuarto de Candy, muy de mañana se retiraría a oficina, mandaría George a cerciorarse que Escarlet hubiera salido de su habitación para asearse y arreglarse para ese día. Lo peor que pudiera pasar es que lo descubrieran en el cuarto de Candy, ¿pero eso no sería problema? Su cara de pícaro apareció cuando pensó eso. Si su tía lo descubriera salir del cuarto de Candy apresuraría el matrimonio y eso le convenía. Por otro lado si Escarlet quisiera hacer una jugada Candy no le creara pues él, la despertaría y al ver el desorden del sillón, por supuesto que ella seria testigo que paso la noche en su habitación.

Lo que no calculo fue que su pequeña dormilona se levantaría más temprano que él, como un hechizo abrió los ojos justo en el momento que ella salió del baño. Quedo hipnotizado con el espectáculo que vio. Su Candy estaba en toalla, saliendo de la ducha y ese espectáculo era digno de admirarse.

Lo blanco de su piel contrastaba con la toalla, su figura se delimitaba perfectamente y su piel. Ooo su piel se podía observar, el juraba que pudo ver como el humo aun del agua caliente salía de su cuerpo y tenía tanta envidia de las pequeñas gotas de agua que escurrían por el cuerpo de ella. Despacio y sin miramientos esas pequeñas gotas hacían lo que sus manos y su boca pedían agritos hacer, recorrerla despacio y sin barreras. Trago saliva cuando la vio escoger su ropa y veía como contoneaba su cuerpo en búsqueda de su ropa.

Su respiración se quedo estática, al verla como se movía por toda la habitación y era como un hechizo que lo llamaba; su corazón se quedo paralizado al ver con que sensualidad naturalidad podía alterar su cuerpo solo en minutos. Pero de repente una luz de conciencia atravesó por su mente al ver como ella estaba a punto de quitarse la bata. Se maldijo por dentro pero no podía aprovecharse de la situación, así que inconsciente abrió la boca- Candy-

La cara de Candy estaba sorprendida cuando levanto la cara para ver de ¿donde salía aquella voz?- Albert- se llevo las manos a su pecho tratando de cubrirse.

Albert se levanto rápidamente, fijo la mirada y vio los ojos de Candy fijados en su pecho- Te puedo explicar, solo que- vio como ella se sonrojaba y bajo su cabeza, pues su camisa estaba abierta y su pecho estaba expuesto. Rápidamente se cubrió con la misma camisa y se ajusto su pantalón acercándose a ella.

Ella lo miro con cara de susto, Albert trago saliva y comprendió que ella está nerviosa- esperare afuera a que te arregles y hablamos por favor, te explicare todo- ella asintió.

Albert salió y espero unos minutos en la puerta de la habitación. De pronto la puerta se abrió y se dejo ver; Candy tenía el pelo suelto, ya estaba vestida con el traje que escogió- pasa por favor-

Albert tenía la cara abajo, mientras entraba y se dirigía a la sala- discúlpame si te asuste al despertar- Candy lo seguía de cerca.

Se acomodo en la sala frente a él. Sus cara estaba abajo y aun las tenían sonrojadas- no te preocupes solo que me sorprendiste-algo dudosa dijo - ¿Qué paso?-

El subió la cara y la vio fijamente- tuve un problema anoche y preferir venir a dormir aquí-

Candy lo vio con rareza y se preocupo- ¿Qué paso Albert?-

El suspiro – anoche cuando te deje, me recosté en la cama y estaba ahí- guardo un minuto de silencio – estaba Escarlet esperándome-los ojos de Candy se abrieron- le pedí que saliera de mi habiatacion pero se negó así que preferí salir yo; evitando malos entendidos y pues- nerviosos- preferí dormir en tu cuarto por una noche, así si hubiera un mal entendido no sería problema, al fin de cuentas- una sonrisa se dibujo en su rostro- eres mi prometida y lo peor que pasaría seria adelantar nuestro enlace-

La cara de Candy estaba sorprendida con aquella declaración- ¿Qué?- dijo y su rostro paso de apenada a coraje- ¿qué diablos hacia esa mujer en tu cuarto?-

Albert alzo los hombros- no lo sé, dijo que pasaría la noche ahí –

Candy se levanto y camino firmemente a la puerta, Albert se sorprendió y camino detrás de ella – Candy-

Esta no lo escucho y salió de la habitación, abrió la puerta y camino a la habitación de Albert; su coraje estaba al máximo y se cegó. Si pensaba que no pelearía por este a mor, estaban muy equivocados era suyo y no volvería a cometer el error de no luchar por él, mucho tiempo lo dejo a merced de la suerte; ella no era la misma niña tonta que no lo defendería. ¿Cómo esa mujer se había atrevido a regalarse de esa forma? Abrió la puerta de la habitación y entro a paso veloz. Atravesó la habitación y se acerco a la cama de Albert y efectivamente vio como en ella se encontraba acostada sin reparos en la cama de su novio.

En ese momento Albert entraba a la habitación y vio como Candy tenía los puños cerrados y la mirada fija en aquel bulto. Antes de acercarse escucho la voz de Candy- ME PUEDES EXPLICAR QUE DIABLOS HACES AQUÍ- dijo gritando y espantando a Escarlet que aun dormía. El prefirió dejar que ella arreglara la situación, pues nunca había visto esa expresión en su rostro.

Esta se levanto de rápido, cubriéndose el pecho con la sabana y su cara de espanto era memorable cuando vio a Candy parada al costado de la cama- PERDON- dijo con una voz de recién levantada y tratando de observar alrededor de la habitación.

Ella seguía parada fijamente – TE HE DICO QUE DIABLOS HACES AQUÍ- el tono de su voz era más elevado y su mirada seguía fija en ella.

Escarlet se apresuro a levantarse- MEJOR DIME TU QUE HACES AQUÍ- se levanto de inmediato cubriéndose con una sabana el cuerpo.

Candy frunció el ceño y le dijo – YO ESTOY AQUÍ POR QUE ES LA HABITACION DE MI PROMETIDO ¿TU QUE DIABLOS HACES AQUI?-

Escarlet no vio Albert y dijo – pues Albert y yo hemos pasado la noche, juntos querida, solo que ahora se está tomando un baño- sonrió. Su tono era de malicia y su postura de seguridad

Candy apretó mas los puños – JAJAJA- la cara de Escarlet se quedo intrigada por la reacción-PUES DUDO QUE SEA VERDAD POR QUE DONDE PASO LA NOCHE MI PORMETIDO FUE EN MI HABITACION Y NO TUVE QUE METERME A SU CAMA. EL VINO SOLO A MÍ-

La cara de Escarlet se palideció al escuchar esas palabras- MENTIROSA-

Candy sonrió sarcásticamente- SI SOY UNA MENTIROSA, TU ERES UNA OFRECIDA-

Escarlet sonrió – eso dirás tu; pero el paso conmigo una rica noche, por lo menos soy más mujer que tu- la barrio de cabeza al pie- tu eres solo una niña, el necesita una mujer, porque tu no pues satisfacerlo querida-

Candy sonrió aun mas- al menos no soy una cualquiera, que necesita escabullirte en la habitación de un hombre comprometido-

Escarlet la reto con la mirada- eso a ti no te importa- alzo su mirada- al fin de cuentas ¿tu quien eres en esta casa para decirme algo?-

Candy suspiro y le dijo firmemente- LA FUTURA SEÑORA DE ESTA CASA Y LA PROMETIDA DE ALBERT. El por ser un caballero se retiro de su cuarto para no discutir contigo o ocasionar un daño a su reputación- sonrió- haya él, pero como soy yo una mujer no tendrás la misma reacción, yo si podre sacarte de aquí-se acerco a Escarlet y la tomo del brazo, la giro y la jalo para llevarla a la puerta de la habitación- así que te largas de aquí ofrecida- mientras Escarlet estaba en shock por lo que había escuchado- y si vuelves a poner un pie en esta habitación te juro que no seré tan educada-

Escarlet se zafo- estúpida suéltame huérfana-

Candy estaba furiosa y sin pensarlo le dio una cachetada- LARGO Y YA TE DIJE, SERE UNA HUERFANA PERO SOY UNA DAMA NO UNA CUALQUIERA COMO TU- la aventó dejándola tirada en el pasillo del corredor mientras cerraba la puerta en su cara.

Albert se mantuvo estático y fuera de la visibilidad de ella. Dejo que Candy actuara, al fin de cuentas ella seria la nueva matriarca y no podía quitarle autoridad; algún día esta sería su casa y seria la dueña de la misma, en ella su palabra seria ley.

Se aproximo a ella sigilosamente y le dijo – Candy ¿estás bien?-

Su cara de furia era notoria y dijo – si- respiro profundo y lanzo una mirada de enojo – la quiero fuera de la mansión Albert-dijo en un tono demandante- LA QUIERO FUERA-

Albert entendió que estaba enojada y le pareció muy acertada su petición, la tomo de las manos y la mira fijamente- hablare con la tía abuela y le pediré que se vaya lo prometo- ella sintió.

Al tenerlo enfrente y como si una fuerza se apodero de ella. Se acerco sin previo aviso y lo beso de una forma demandante y profunda, Albert no sabía cómo actuar y dejo que la furia que Candy traía saliera de esa forma. Así que la beso igual. Ella trataba de sacar toda la furia acumulada en ese beso y recordarle que ella ahora era su única dueña- eres mío y nada mas mío, al igual que soy tuya, ¿me entiendes?- el asintió- peleare por este amor, con uñas y dientes, te amo demasiado para no pelear por ti amor- volvió a besarlo con desesperación.

Sin pensarlo empezaron a caminar, hasta que llevo a Albert al poste de aquella cama y lo aprisiono empezaron a desabotonar aquella camisa y las manos de Albert empezaron a explorar su espalda. Con movimientos firmes ella rozaba en cuestión de minutos su tórax y la imagen de Candy saliendo del baño se estaciono en su mente. Sus cuerpos empezaron a reaccionar de una forma salvaje y llena de pasión.

Las manos de ella estaban en la espalda de él, por debajo de la camisa y sus manos de él, lograron quitar los botones molestos de aquel saco, mientras el beso continuaba también desabotono el chaleco y la camisa, pudo rozar la fina tela que separaba el cuerpo de Candy de sus manos.

De pronto ella abandono sus labios y con gran perspicacia llego a su cuello y siguió con su tortura, besándolo con frenesí y la respiración de ambos sonaba alterada. Sus cuerpos sentían un fuego abrazador que salía de ellos mismos. Albert no supo ¿qué paso?, de pronto de su boca salió un gemido profundo, despertó de aquella ensoñación al sentir el leve mordisco excitante de Candy en su cuello y se dio cuenta que la parte superior del atuendo de ella no estaba, solo el fino camisón que deja ver sus hombros y como poseído, llevo su boca a ellos y empezó a degustarlos.

El turno fue de Candy para soltar un gemido abandonando su tarea con el cuello de Albert y doblándose ligeramente hacia atrás, al sentirla Albert se despego un poco de ella, para apreciar ese espectáculo magnifico. Con su mano derecha en la cintura de ella la apretó más a su cuerpo y con la mano libre acaricio cual terciopelo fino el contorno de sus pechos y su mirada se nublaba de excitación, el cuerpo de ella se dejaba acariciar perdido por la sensación.

De pronto la llevo de nuevo a su boca para besarla y sus manos agiles retiraron la estorbosa falda que cayó a sus pies, descubriendo por completo el fondo de satín suave que la cubría; ella no se resistió y dejo caer la falda.

El cegado por la pasión, la aprisiono a su cuerpo levantándola del piso unos centímetros después se giro un poco dejándola caer en el suave colchón de su cama. Sus rizos quedaron esparcidos en la cama blanca y el estaba arriba de ella. Sus miradas se encontraron y dijo – Candy, eres bellísima amor-

Ella le sonrió llena de pasión y con su mano derecha acaricio su mejilla, sonrió de una forma que termino por nublar la conciencia de Albert- quiero sentirte en mi, y apagar este fuego. Que tu cuerpo sepa quién su dueña y el mío te reconozca como tal-

Albert trago saliva, la tenia rendida y en completa disposición ¿pero sería correcto?, su mente le decía que no era el momento que ella merecía más que un arranque de pasión, merecía lo mejor para que su primera vez fuera inolvidable y no producto de una situación como esa; pero la espera había sido larga y dolorosa; no quería perderla, era suya y algo en su interior lo incitaba a tomarla. Su mente se debatía entre lo correcto y el deseo.

Intento levantarse pero las manos de ella se sujetaron de cuello y dijo con la voz cegada por la pasión – quiero ser tuya ahora, deja de pensar por un momento- se levanto un poco aproximándose a oído y le dijo suavemente – quiero y necesito sentirte en mi, ser una contigo amor- sus ojos suplicantes le llamaban y esa mirada de deseo lo consumía por dentro.

Albert llevo su mano a la pierna derecha de ella, subió suavemente por su piel mientras le robaba un beso lleno de pasión, subió sin barrera alguna por su muslo y llevo la mano a la intimidad de ella. Candy solo podía sentir como su corazón amenazaba con salir de su pecho y su repsiracion se agitaba cada vez más. Su cuerpo se contorsionaba bajo el calor del cuerpo de Albert.

Un grito salió de pronto al sentir como Albert con su mano llegaban a la entrada de su parte intima y sin cruzar la barrera de su ropa interior, el empezó a jugar con un rico masaje disminuyendo la sensación palpitante de aquella área.

La velocidad de aquel masaje hiba en aumento y el cuerpo de ella parecía que esta hirviendo de calor. Jadeaba y se contorsionaba al sentir aquel placer. Albert sonrió al ver como ella disfrutaba ese peculiar encuentro. La beso otra vez y bajo su boca hasta colocarse en su pezón derecho, este estaba duro y erecto. Incitaba hasta el más santo a ser probado, así que él no pudo resistirse ante esa provocación y sobre la tela del camisón lo beso, mordiéndolo suavemente y ella gemía de nuevo.

Casi al borde de la locura Candy quería que Albert igual sintiera esa sensación. Haciendo mella en sus últimas fuerzas, llevo una mano a la espalda de Albert y la acaricio. Como imán la otra entro entre el pequeño hueco que hacían los cuerpos de ambos y empezó a bajar, encontró la primera barrera y con una gracia antes desconocida, la cruzo entrando a una área antes desconocida por ella, pero deseada al mismo tiempo. Introdujo su mano cada vez mas pues esa parte empezó tener más espacio, el cuerpo inconscientemente de Albert se acomodaba para ser tocado. Ella sonrió cuando sintió algo duro, suave y caliente, como todo novata y dejándose llevar por sus instinto; empezó a acariciarlo.

Al sentir aquella intromisión por parte de Candy, el solo pudo soltar un gemido. El no quería parar su perfecta ternura y solo giro su cabeza para verla a los ojos- Amor, si haces eso no podre parar-

Su rostro sonrojado y su voz cortada por la excitación que sentía dijo entre jadeos- y ¿quién quiere que pares?- dejando en su rostro una sonrisa.

Sus cuerpos respondían ante el calor de aquellas caricias en la intimidad de cada uno. La razón se fue de la mente de Albert, saco la mano de aquella cálida y húmeda zona, provocando un suspiro de desaprobación por parte de Candy y una sonrisa en su cara.

Se coloco entre sus piernas, al igual que un felino cuando esta asechando a su presa- entonces no parare amor, hasta hacerte venir y tomar posesión de lo que es mío – Candy se sonrojo y llevo las manos a su cara, asintiendo con la cabeza.

El empezó a subir delicadamente el fondo de ella, hasta llevarlo a pecho y con una sonrisa le pidió permiso a ella, para retirarlo. Ella accedió y al ver el cuerpo de Candy desnudo en su cama, termino de enloquecerlo- eres hermosa- la vio con una mirada entre lujuria y deseo, su mirada estaba oscurecida ante esta hecho.

Rápidamente se levanto y como un experto se retiro el pantalón dejándolo caer. Candy lo vio y algo en su corazón y su mente le pedían a gritos que se detuviera. Pero cuando la pasión y el deseo nublan el entendimiento es imposible volver de ese punto. Ella empezó a agitarse por la excitación y lo que vendría.

El sonrió al ver la cara de ella, llena de pena al querer desviar la mirada y de lujuria por el lugar donde había centrado su atención, sonrió y subió a su cuerpo. Se dirigió a su oído derecho y susurro- en el momento que quieres me detengo amor, pero si pudieras sentir lo que yo siento tan solo al tenerte en mis brazos de esta forma, podrías como yo morir en paz, eres perfecta y deliciosa-

Antes de que se retirara, Candy lo abrazo y le susurro – mejor no te detengas y si muero por experimentar esta dicha amor mío que sea en tus brazos y enredada a ti-

Los besos comenzaron de una forma demandante, el recorrido de las manos de ambos en los cuerpo del otro era una forma sublime, cada caricia, cada beso y cada roce era una tortura que disfrutaban. La sensación del calor de cuerpo de cada uno era quemante y delirante.

Una danza perfecta en un baile legendario, los compases perfectos y una música especial que solo es audible por las almas de dos personas que sea aman tanto para esta entrega era suficiente preámbulo para lo que sigue. La unión de dos almas al entregarse por completo. Deseo, lujuria, pasión solo eran sutiles aromas que tenía el ambiente pero la verdadera fragancia era el amor que sin duda había entre ellos.

Albert se despejo del cuerpo de Candy para dejar un camino de besos por él y comenzó a bajar, ella se retorcía de placer en aquella cama, que de pronto le pareció una nube perfecta bajada del cielo. El sentía tocarlo cada vez que recorría otro milímetro de su piel. Sin pensarlo más llego al punto de la puerta más perfecta, con la delicadeza al acariciar una rosa perfecta retiro su ropa interior, dejando ver una linda flor que estaba dispuesta para él, era el momento para detenerse o seguir. El dilema de un verdadero hombre al tener a la dueña de su corazón en esa posición. Pero la amaba tanto y su deseo de que fuera perfecto aun quedaba en un recóndito lugar de su conciencia casi perdida.

Alzo la mirada y le dijo - ¿quieres que siga?- ella cegada por la pasión asintió. Abrió delicadamente sus piernas para observar aquella zona que antes había tocado, estaba húmeda perfecta para él y sonrió. Delicadamente se acerco, su cara casi tocaba esa parte intima, desconcertando a Candy que inmediatamente quiso levantarse. El asomo su cabeza y la movió para decirle que no y con su mano derecha sujeto su vientre para volverla a recostar en el lecho y dijo – confía en mí, te gustara amor-

Ella suspiro profundo y asintió, no supo si Albert la pudo ver o no ella lo hizo y nada más. El confiado y obteniendo su permiso se acerco aquella zona y empezó a lengüetearla y disfrutar de su sabor, despacio, muy despacio fue haciendo suyo aquel lugar.

Mientras Candy gemía y se remolinaba acostada. En un momento intento cerrar sus muslos pero la fuerte mano que sostenía el vientre se dirigió a su muslos y dijo despejándose un poco- por favor déjame continuar no sabes lo deliciosa que eres-

Afuera de la habitación, en el pasillo unos pasos se aproximaban a la puerta de aquel lugar. Escarlet no se había quedado con las manos cruzadas y está dispuesta a todo. Al ser sacada de aquella forma, corrió con la tía abuela y le comento lo que pasaba, claro le dijo que Albert pasó la noche con ella y que Candy la corrió al entrar muy temprano al cuarto de Albert.

La tía abuela estaba que hechaba lumbre por los ojos, esa maldita huérfana como se había atrevido, ellas dos se dirigían a la puerta de Albert cuando una sombra salió a su encuentro solo a unos pasos de la puerta.

La mirada de la tía abuela era fría y de enojo- quítate-

La sombra sonrió y dijo – no, puede pasar señora- ella solo apretaba sus puños y Escarlet lo miraba retadoramente.

HOLA CHICAS MIL DISCULPAS POR EL RETRAZO PERO ME PASO ALGO LOCO, COMO ESTA SEMANA HE ESTADO ALGO OCUPADA JURABA QUE YA HABIA SUBIDO ESTE CAPITULO Y REVISANDO ME DI CUENTA QUE SOLO LO SOÑE ASI QUE DISCULPAS.

MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS Y ESPERO SU AYUDA PARA SEGUIR CON ESTA Y LAS OTRAS HISTORIAS.

LAS QUIERO MUCHO Y UN GRAN ABRAZO. YA VAN HACER VACACIONES Y TENDRE MUCHO TIEMPO PARA ESCRIBIR JIJIJI YA NO TENDRE HIJOS CON TAREAS JIJJI LAS QUIERO MUCHO.

ATTE ANA