Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Antes que nada Muchas Felicidades a todos mis Fans y una disculpa... creí que podía planear una boda, terminar un trimestre de preparatoria y uno de universidad pero nada más no.

Y luego se vino la luna de miel (no esperaban que escribiera ahí!) y Navidad, Año Nuevo, Reyes... el viernes es mi cumpleaños... Pero bueno! En el Día 2 de los festejos de mi cumple lo dedico a mis fans y me pongo a postear como loca, en un rato espero subir de mis otros dos fics.

De viaje o en mi casita siempre los tengo en mis pensamientos y mis experiencias pasadas han servido para enriquecer mis fics... así que sin más preámbulos... ah! Mil gracias por todos sus reviews, casi lloro con algunos!... Ejem, bueno comienza el capítulo 10 de Aiaru.


Nunca como en ese invierno en Kyoto hubo semejante expectativa, luego de un terrible incendio que acabó con una de las más importantes okiyas, en donde Loto había vivido su terrible adolescencia antes de independizarse, el terreno fue comprado por la misma hermana mayor de Rin con la finalidad de convertirlo en una hermosa casa de té.

Mientras la geisha recorría de arriba abajo el país encargando toda clase de telas, materiales y otros objetos para decorar el lugar, era trabajo de Rin visitar a todas las geishas del lugar e invitarlas a asistir a la casa con sus clientes, lo que la mayoría esperaba ansiosa.

La inauguración tendría lugar la primavera siguiente siendo la ceremonia de conversión de Rin de aprendiz a geisha el primer evento que se llevaría a cabo. Aunque este hecho le emocionaba, esperaba más el evento siguiente, totalmente discreto y sin más asistentes que su hermana, ella y Sesshomaru: la unión de ella con el youkai.

La vida de Rin había cambiado mucho en esos días, ahora estaba a punto de convertirse en geisha y ya era socia de su hermana mayor en lo que parecía iba a ser uno de los negocios más prósperos de la ciudad, además iba a tener como danna a Sesshomaru, el hombre al que más amaba lo que hacía que su vida fuera completa. Esa tarde en especial había ido a visitar a una de las geishas a las que debía invitar y había resultado muy fructífero, la hermosa mujer había comentado a Aiaru que pasaría con algunos de sus clientes.


La tarde había pasado, ya era de noche y hacía algo de frío, pensó la aprendiz mientras se acomodaba un cuello de piel y metía sus manos en un manguito del mismo material ambos de un blanco tan puro que, por ser regalo de su futuro danna, habían hecho pensar Rin que estos eran parte de la estola que Sesshomaru usaba. Cuando comentó esto a Loto, su hermana mayor se echó a reír y le preguntó si estaba conciente que Sesshomaru era un demonio perro con un objeto largo y peludito que llevaba a todas partes y que esporádicamente se movía al parecer de acuerdo con los deseos de su dueño, lo que hizo que la aprendiz se sonrojara como cereza.

Al salir a la calle, sintió el frío en el rostro pero no en el resto de su persona gracias a los regalos de su danna y a que las ropas que llevaba bajo el kimono eran de un material muy calientito que Loto mandaba a pedir a uno de los países del continente. Mientras caminaba, Rin reflexionaba sobre lo diferente que era ahora su vida a como era antes de llegar a Kyoto o incluso de conocer a Sesshomaru; tan solo hacía unos días había reconocido no sin cierta turbación entre los asistentes de una fiesta al hijo de aquel terrateniente que la había recogido cuando niña y que tan horriblemente la había tratado. Temerosa de que la reconociera, la chica había tratado de evitarlo al comienzo de la fiesta, por lo que su sorpresa fue muy grande cuando se dio cuenta que no solo no la había reconocido, sino que el hombre la admiraba y se sentía sumamente intimidado por ella; lo cierto era que no solo en su físico había cambiado, también su forma de andar y de conducirse eran distintas; aunque en el fondo seguía siendo la chiquilla que alguna vez había caminado al lado del gran Sesshomaru.

Mientras caminaba hacia su casa completamente indiferente al resto del mundo, sumida en sus recuerdos, no reconoció entre todos los rostros una sombra que la seguía y que solo esperó el mejor momento para apartarla de la calle y alejarla de ahí.


Sesshomaru se encaminaba lo más rápido que podía en dirección a las afueras de Kyoto, no había encontrado ni a Loto ni a Rin en su casa y la criada le dijo que la geisha había entrado prácticamente a la carrera, se había cambiado y tomado unas cosas y había salido de nuevo. Eso le había dado mala espina.

Seguía el rastro de la geisha y de su hermanita desde hacía un rato y, posteriormente, le había llegado otro rastro de sangre, lo que le hizo apresurar su búsqueda hasta encontrar a la geisha en un recodo del río sentada con la espalda recargada en un árbol, vestida con una yukata, llevando una katana sobre el hombro y en sobre la nieve blanca, resaltando en un intenso tono escarlata, no muy lejos algo que parecía haber sido un ser humano, ese era el rastro de sangre.

- Pudo haber sido peor, pero no pasó a mayores… - dijo Loto al verle llegar.

- ¿Podrías explicarme dónde aprendiste a utilizar una katana? – Sesshomaru lo dijo más como una orden que como una pregunta.

- No a todos mis clientes les cobro en efectivo, un samurai buen amigo mío necesitaba de mi compañía y bueno, aprendí mucho de él – luego miró a lo que quedaba del hombre – me lo debía, es el mismo que ya una vez intentó propasarse con mi Aiaru, luego de perder su status y enloquecer por ello comenzó a arruinar el futuro de todas las aprendices que podía tanto en Kyoto como Tokio, pero supongo que nunca dejó de obsesionarse con mi hermanita – Loto se incorporó, guardó su katana y se acercó al youkai – pudo haber sido peor, pero ella se defendió, ninguna de las dos sale nunca sin algo con que protegerse, esta un poco más adelante siguiendo el río – dijo señalando el lugar para luego pasar muy rápido su mano cerca de Sesshomaru – creo que le gustará más verte a ti que a mi.

Loto comenzó a caminar de regreso a la ciudad mientras que Sesshomaru, entre molesto y todavía queriendo matar a alguien caminó por el río en busca de su niña pequeña.


Con la mirada perdida entre las suaves corrientes del río y sus manos metidas dentro de sus heladas aguas, Rin permanecía ajena a todo lo que le rodeaba, totalmente pensativa. Sus cabellos caían largos y brillantes en su espalda y hombros, como tenía mucho tiempo que el youkai no la veía. A su lado una katana corta, con el mango en seda rosa y oro, resaltaba sobre la nieve con el mismo escarlata que había visto antes.

Sesshomaru se acercó y acarició el rostro de su pequeña niña para luego darle un suave beso en los labios cuando ella volteara.

- Me alegra ver que estas bien – le dijo con una media sonrisa.

- Supongo que si – dijo ella bajando la mirada – pero solo fui capaz de herirlo en el brazo para que no me dañara.

- ¿De qué hablas?

- Ese hombre estaba dispuesto a hacerme cosas horribles, matarme incluso y yo solo pude herirlo en la mano para alejarlo de mi, si Loto no hubiera llegado…

- Rin, te defendiste y te protegiste a ti misma…

- Pero, ¿no soy acaso discípula tuya? ¿No esperas más de la que va a ser tu geisha? Tú el gran señor Sesshomaru, a quien todos los demonios temen, aquel que es capaz de destruir a sus más terribles adversarios sin dudarlo ni siquiera, el demonio más poderoso de todos los que existen – en ese instante Rin fijó sus hermosos ojos cafés en los ojos dorados de su señor – y yo no pude siquiera acabar con el hombre que intentaba asesinarme, creí que podría llegar a ser alguien digna de ti, pero me doy cuenta que no lo soy – dijo con una nota de desesperación en su voz.

Sesshomaru tomó entre sus manos el rostro de Rin y la miró a los ojos atónito, claro que él era todo eso que ella había dicho y se sentía orgulloso de serlo, pero nunca habría deseado que su pequeña e inocente niña hiciera cosas semejantes a las que él hacía, después de todo lo que amaba de ella era esa blancura y esa inocencia que tenía, esa era su Rin y el solo pensar que ella no fuera digna de él era una completa tontería, ella por sobre cualquier otra mujer o demonio femenino en el mundo era a quien él había escogido como su compañera.

Desde luego que si él acababa de hacer este descubrimiento, era natural que Rin se sintiera de esa forma.

Rin lo miraba sonrojada, el youkai no apartaba sus ojos de ella ni la dejaba apartar su mirada de él, la miraba con una intensidad que jamás había creído posible en su amo y actualmente ni su mayor perspicacia la hacían entender los pensamientos de su amo: ¿enojo, desprecio, odio? Esta vez no lo sabía, entonces el youkai sonrió.

Sesshomaru claramente comprendía la actitud de Rin, lo cierto era que nunca en sus viajes la niña que ahora sostenía entre sus manos y que se había convertido en una preciosa mujer le había molestado o perturbado; se había convertido en una compañera silenciosa que aceptaba los deseos de su amo y los obedecía, ahora la tendría mientras durara su vida pero a ella simplemente le dijo:

- Eres completamente digna de mí, simple y sencillamente porque tu valor radica en la belleza de tu ser, en tu inocencia, pureza y dulzura que hacen que no sientas deseos de asesinar ni siquiera a aquel que buscaba tu muerte. El matar es cosa sencilla, pero una vez que lo has hecho ya no hay vuelta atrás y no deseo que tú te conviertas en una asesina.

- ¿Tú crees que si soy digna de ti? – murmuró Rin.

- Estoy completamente seguro – y cubrió sus labios con un beso tierno.


De regreso en Kyoto, Loto colocaba de nuevo su katana luego de limpiarla dentro de su funda en un compartimiento secreto junto con algo más: unas cuantas hebras de plata que depositó con mucho cuidado dentro de un cofrecito. Le había costado mucho trabajo y disimulo conseguirlas para que su dueño no se diera cuenta que las había tomado y al parecer debido a la preocupación de Sesshomaru por Aiaru no había notado que la geisha le había cortado un mechón de sus largos cabellos. Luego de ello, Loto tomó unos papeles que comenzó a leer con mucha atención.


Espero les haya gustado, se que puede estar un poco lento pero mi querido Sessho necesitaba darse cuenta de la forma de ver el mundo para Rin. Ya falta poco para el desenlace y las dejo con una incógnita ¿Por qué Loto tomó un mechón de cabellos del demonio?