Chicos! Como han estado? Aun hay alguien por aquí? Ha pasado mucho tiempo y le he avanzado algo a esta historia así que he decidido subir doble capítulo por que ahora sí no sé cuando volveré a subir otro.
Espero que ambos les gusten y quue disfruten la historia tanto como yo al escribirla.
CAPÍTULO X
Para cuando Brian abrió de forma estruendosa la puerta y se sentó sin ninguna delicadeza, Yuriy ya tenía los ojos cerrados, el olor a alcohol le llegó rápido y apretando los ojos luchó para no abofetear a su compañero
-idiota ¿cómo puedes llegar en ese estado?
-estoy bien, sólo fueron unas copas
-debiste pensar qué habría pasado si los policías te descubren- Brian frunció el seño con evidente molestia
-esos estúpidos policías no tienen idea de nada, ¡veme! Pasé en sus narices y ni siquiera me notaron. A esos me los paso por…
-tengo malas noticias.- Brian lo miró callado, esperando que en cualquier momento Yuriy se arrancara los cabellos de la desesperación
-ya dilo
-tenemos que irnos de aquí- y todo permaneció en silencio –Spencer e Ian ya han empacado sus cosas y se han marchado a un hotel, a donde iremos nosotros también
-¿qué te han dicho los abogados?
-que el juez no quiere ceder
-¿qué piensas hacer?
-aún no se me ocurre nada, pero tendrá que ser pronto, no podemos seguir pagando tantos abogados y tan caros, el dinero de Kai se iría en nada
-ni siquiera les pagaremos sino hacen bien su trabajo ¿ya se lo has dicho a Kai?- Yuriy bajó la vista y Brian cerró los ojos –oh, no ¡no! ¡tienes qué decirle!
-¿para qué? Sólo haremos que se sienta mal, no tiene caso
-no de nuevo- exclamó el otro, cansado de lo mismo –otra vez la misma cantaleta
-se sentirá impotente ¿no lo entiendes? Debe sentirse lo suficientemente incómodo como para que le demos más malas noticias- Brian se reía sarcástico, mientras movía la cabeza de un lado a otro
-no hay duda, estás enamorado de Kai- y el pelirrojo se rió calmado
-lo estoy tanto como tú- se levantó de su silla y salió del cuarto, caminando por los oscuros pasillos de la abadía casi desolada –muévete ya, Brian, no tenemos todo el tiempo
-…sigo pensando que amas a Kai
Después de que Rei recibió el llamado de Yuriy las cosas habían cambiado, él había decidido hacer lo que el pelirrojo le dijo y el chino no le contó nada a Kai, pero la conciencia no lo dejaba en ningún momento. Y la ansiedad tampoco, últimamente había notado a Kai distante, escurridizo, triste y él se sentía tan impotente como todos, hacía tiempo que el ruso no sabía noticias de su estado legal en su país y eso lo mantenía con los nervios crispados, estaba volviendo a su carácter seco y callado, se estaba volviendo arisco y malhumorado y Rei no sabía cómo ayudarle.
En una ocasión, después de una pelea entre Takao y Kai, en la que se dijeron un sinfín de groserías y frases hirientes, Kai le había expresado que deseaba marcharse de su casa por el único motivo de que se sentía como un tonto en ella, a la que no aportaba nada. El chino tardó dos horas mareándolo con un lindo discurso en el que le dijo que no tenía ningún problema, que él le había ofrecido su casa y no sentía arrepentimiento por ello, así como decía que estaba consciente de su situación económica y de todo lo que sucedía en Rusia. Kai aceptó continuar en la casa, pero después de esa manifestación de inquietud vinieron muchas más y Rei sentía que en cualquier momento, las cumpliría.
Intentando mantener su mente despejada, Rei le asignaba diversas tareas que mantenían los pensamientos del ruso distantes de sus problemas, cosas pequeñas: ir por la despensa, asear la casa, cosas que Kai no estaba acostumbrado a hacer, pero con el tiempo y la práctica se acostumbró a ellas. Así pasaron meses, del otoño llegó el invierno y los días fríos inundaron la ciudad. Pero así como el tiempo, el humor de Kai se marchaba también, los pequeños y hogareños trabajos asignados por su amigo le dejaron de satisfacer lo poco que lo satisfacían y la desesperación volvió a él de forma silenciosa, aunque Rei le notó. Fue así que comenzó a pedirle apoyo para tareas que él debía hacer en su trabajo, cosa que no fue fácil porque Kai sabía poco de su carrera, pero con todo el ingenio que portaba y las lecciones prácticas del chino se las ingenió para hacer los trabajos de la mejor manera.
Rei usaba su tiempo libre en las lecciones de Kai y en estar con Salima, con quien aún tenía una relación, una muy defectuosa alegaba Kai una y otra vez, mientras el chino simulaba no escuchar. En eso se iba su tiempo libre, así que la mayoría del tiempo estaba cansado, lo disimulaba muy bien, porque nunca Salima o Kai lo habían mencionado, pero a veces sentía que realmente necesitaba descansar, el trabajo, su relación con la pelirroja que cada vez era más estresante y toda la situación que Yuriy le contaba lo cansaban mucho, Kai y su sentimiento de insuficiencia le preocupaban demasiado, además, estaba Brooklyn, quien durante todo ese tiempo lo había ido a visitar con regularidad. Parecía que había una rivalidad declarada entre su amigo y el pelirrojo y, sólo para variar, él se encontraba en medio de la situación.
Por si fuera poco, la economía comenzaba a ser un problema, con el tiempo el dinero estaba comenzando a escasear, el sueldo que ganaba le parecía cada vez más pequeño y todo más caro. Nunca le había parecido que vivir con otra persona implicara gastar más de lo que él mismo había esperado, pero ese era el problema. Sabiendo cómo había sido la vida de Kai él se había empeñado en darle una vida con condiciones parecidas, y ya estaba sintiendo los efectos. Por supuesto, Kai no era tonto, estaba notando la preocupación que Rei sentía y que acrecentaba cada vez más. Fue por ello que tomó una decisión difícil, pero que no dudaba que podía ayudar al chino a aligerar sus problemas e incluso a los suyos propios: conseguir trabajo.
Aunque parecía una decisión fácil e incluso obvia, no resultaba así para él por una sencilla razón ¿cómo habría de buscar trabajo el dueño de una empresa rusa trasnacional? Debía cuidar esa fama que le envolvía, después de la muerte de su abuelo las cosas habían sido muy difíciles, pero el título de dueño lo había envuelto con honores que él había merecido desde mucho antes, porque un hombre tan maldito como Voltaire nunca las había merecido. La noche que Kai había estado pensando en todo eso una sonrisilla más bien conformista y triste había cruzado su rostro bajo la oscuridad que lo envolvía mientras veía por la ventana de su cuarto. De todo aquello había pasado mucho tiempo y él lo sabía. Esos honores que tanto merecía y que había ganado por su esmero se habían esfumado entre chismes y rumores de mala intención, cosa que ni él ni sus amigos habían podido detener. Por supuesto la gente como Brooklyn no lo habían creído ¿quién creería que un viaje de negocios habría de durar medio año? Brooklyn nunca dijo nada, pero no era necesario que lo dijera, ya Kai sabía que todos estaban enterados de su evidente ruina.
Una mañana Rei despertó molesto, eran esos días en los que no se desea ni salir de la cama. Kai veía pasivo como Rei iba y venía de la cocina al baño, del baño al cuarto y del cuarto a la sala arreglando su saco y su cabello, siempre en movimiento.
-aún es temprano
-tengo junta a las ocho
-…son las seis y media- Rei no dijo nada -quería hablar contigo
-te escucho- el ruso lo vio ir y venir y se resignó
-tal vez en otra ocasión
-no, adelante, dime Kai
-…hoy saldré a buscar trabajo- Rei, con su saco en la mano, permaneció parado delante de Kai que había bajado la mirada por vergüenza, cuando el chino reaccionó sólo atinó a sentarse frente a él
-¿…por qué?- Kai meditó lo que iba a decir, Rei parecía muy desconcertado
-quiero ayudar a la casa
-me ayudas mucho con las tareas que haces
-pero no es suficiente- los dos callaron de nuevo, Rei volteó hacia él con una mirada suspicaz
-¿a qué te refieres?
-a que necesito ayudar si es que quiero seguir viviendo en esta casa
-nunca te he puesto condición
-lo sé, pero sé también cuánto pesa mantener a una persona
-Kai, yo puedo con los gastos de la casa
-no es cierto- y Rei se crispó –sé que haces todo lo posible y te lo agradezco mucho, pero sé que las cosas no están muy bien- el chino volteó el rostro en expresión de impaciencia –te he visto hacer cuentas. Yo no dije nada porque no quería incomodarte… pero quiero que me entiendas, no puedo aceptarme si sigo siendo un mantenido- Rei suspiró un tanto resignado
-Kai quiero que me entiendas… para ser honesto estoy preocupado de cómo te vaya a tratar la vida afuera- el ruso frunció el seño
-me estás tratando como un niño, Rei
-no, es que no sabes lo que es ser un empleado. Tú siempre has sido el jefe- el ruso alzó los hombros
-¿qué tan difícil puede ser?- el chino volteó hacia su reloj. Considerando el temperamento de Kai, iba a ser muy difícil, pero ahora no tenía tiempo de explicárselo ni humor tampoco
-hablaremos cuando llegue ¿bien? Tengo que llegar temprano, lo siento- el ruso asintió taciturno. Desde que despertó había notado a Rei sin muchas ganas de nada, creía que había sido mal momento para hablarle, pero no quería seguir perdiendo tiempo, y aunque Rei dijera que iban a hablar, no significaba que Kai lo ponía a deliberación, él ya había decidido. Por eso, en cuanto el otro se fue, tomó la computadora y escribió su curriculum de forma minuciosa, viendo también los lugares en el que pudiera comenzar a buscar. Siempre planteándose cómo es que haría para lograr mantenerse respetuoso y correcto mientras decía "vine a buscar trabajo"
A veces, cada que llegaba al trabajo, cerraba la oficina con seguro y descolgaba el teléfono, pero ese día no podía hacerlo, su secretaria siempre le daba la cantaleta de todos los que le habían hablado o quienes habían ido a buscarlo. Salió de la junta perdido, ni siquiera escuchaba a la mujer que lo seguía por el pasillo. La secretaria permaneció de pie cuando él se metió a su oficina alegando que no podía atenderla y que después le dijera el trabajo pendiente. Su jefe nunca había sido así, siempre la trataba muy bien, la escuchaba paciente, charlaba con ella, nunca la traía corriendo como ese día. Frunció el seño, ese hombre estaba teniendo problemas desde hacía un tiempo, porque lo notaba rígido o taciturno y sin muchas ganas de nada, y se sentía mal, porque algo le decía que ella no podía hacer nada para arreglarlo.
Kai caminaba por la calle callado, con un humor de perros y un cielo nublado. Llevaba su traje negro con zapatos negros, Rei le había dicho que era uno de los trajes más bonitos que le había visto, y desde entonces, sin que Kai lo notara, ese traje se había vuelto su favorito. Como el chino estaba en su trabajo, se había llevado el carro, por eso el ruso andaba en el transporte público, nunca en la vida se había subido a uno y hacerlo fue una de las peores experiencias que había vivido. Nunca se había imaginado que cabría tanta gente en una cabina tan relativamente pequeña, había alcanzado un asiento, y sin dudarlo se sentó, pero a los quince minutos notó a una mujer con un niño en brazos y se levantó para cederle el lugar. Mientras la madre le sonreía agradecida, el niño le contemplaba la media sonrisa resignada que el ruso se cargaba, sin despegarle la mirada ni por un instante, siempre escudriñándole los ojos y Kai, por una vez en subida se cohibió.
Esa mirada mostraba curiosidad, simple y llana curiosidad. Lo miraba como si quisiera saber qué era lo que ese hombre escondía con tanto recelo y lo más extraño para Kai, sin una intención de retarlo. Kai no se sentía agredido por la mirada del niño, ni tampoco notaba que su mirada aplastante hiciera efecto en él y eso era algo que no podía controlar, cuando se dio cuenta de ello volteó a su alrededor y miró una realidad extraña, la gente empujaba sin notarlo, todos intentando acomodarse, cada uno yendo a su destino, sin siquiera mirarlo. Se bajó del autobús con una incómoda sensación de ahogo, de inseguridad que hacía mucho no sentía y cuando miró donde estaba se sintió perdido de todas las formas posibles. Ese no era su mundo, no era su ambiente, no sabía cómo moverse en él, no sabía qué hacer, estaba perdido en un mundo de costumbres, circunstancias y alternativas distintas a lo que él solía hacer. No podía controlar lo que estaba a su alrededor. Y eso le aterraba.
En un parque, a pie, con un traje caro y arrugado, sin nadie a su lado que pudiera ayudarle y a punto de llover sobre él. Se sentó en una banca solitaria, sólo estaba él y eso le ayudó, podría poner en orden su mente y decidir bien qué es lo que haría. Se curveó colocando sus codos en sus piernas y su frente la apoyó en sus manos. Había pasado una hora desde que tomó el camión y de esa zona de la ciudad no sabía llegar al sector de las empresas, el único camino que se sabía era para volver a casa, seguro Rei ya estaría ahí. Suspiró amargamente, definitivamente no le había resultado como él esperaba.
Entre tanto silencio se escuchó un ligero ladrido que sonó claro por todo el parque, el ruso levantó la vista y se sorprendió, era el mismo hombre que había visto la otra vez, con el mismo aspecto sucio y desaliñado, en la misma posición que la otra ocasión, en el mismo lugar, con el mismo perro y con la misma mirada que lo absorbía. Lo miró atento, a pesar de sus andrajos ese hombre inspiraba seriedad, aquella mirada era tan pesada como la suya, y después de un rato de mirarlo tan fijo como este lo miraba, llegó a la conclusión de que aquel hombre le causaba mucha curiosidad.
Reaccionó cuando sintió una gota fría en su nariz, volteó al cielo y vio caer las gotas cada vez más rápido y con más fuerza, se metió a un pequeño café que estaba cerca y esperó a que dejara de llover para luego marcharse resignado y cansado de un mal día, siempre con la mirada de ese hombre sobre él.
Cuando Rei llegó a la casa notó la ausencia de su amigo en cuanto cruzó la puerta, la mayoría de las veces Kai lo esperaba en el comedor o la sala, lo observaba en silencio y ambos se dirigían a la cocina, luego de que Kai hiciera discretas preguntas sobre su día en el trabajo. Si, definitivamente no estaba, se sentó en la sala y reclinó su cabeza en el sofá ¿a dónde habría ido? Kai era muy adepto de salir a pasear por ahí, pero el sobreprotector de Rei censuraba que lo hiciera al menos sin dejar una nota, además, Rei necesitaba hablar con él, aquello del trabajo no le convencía en absoluto, aunque Rei sabía que no era una decisión fácil estaba convencido de que Kai no cedería y de que ésta ya estaba tomada. Pero sobre todo, necesitaba darle la noticia de que esa noche iba a terminar con Salima.
Cuando Kai llegó vio a su amigo dormido en el sofá, se le acercó callado y lo observó un tiempo, parecía apacible, tranquilo, hacia un tiempo que Kai no le veía ese rostro, y lo extrañaba. Extrañaba al Rei tranquilo y pacífico, toda su vida desde que lo conocía, había descubierto que Rei tenía facetas increíbles, pero la que más le agradaba y la que más le había visto era cuando se mostraba amigable, sereno y feliz, y eso era lo que su rostro mostraba estando dormido. El ruso suspiró, los dos eran muy distintos, pero suponía que eso era bueno, uno complementaba al otro, mientras Kai se dejaba cegar por cosas tontas Rei le ayudaba a serenarse, sentía que incluso podía con él más que el propio Yuriy, con quien había compartido toda su infancia, pero esos últimos meses…
-las cosas se están yendo al carajo- se dijo, cerrando los ojos y tomando una posición que suponía fragilidad, ver a Rei tan indefenso mientras dormía lo hacía sentir pesaroso, con una inmensa nostalgia, le hacía recordar las noches de hotel en las que su amigo con su ligero y rápido sueño le inundaba de paz sus noches solitarias. En ese tiempo Kai y Rei nunca hablaban al anochecer, era el tiempo que el ruso utilizaba para sí mismo y Rei lo entendía, era su tiempo, por eso siempre que dormían, Rei, tal vez de aburrimiento caía pronto, y Kai en cambio, velaba por un rato más el sueño de su amigo, cambiando a la ventana monótona por la ligera respiración del chino. El ruso siempre ha tenido la duda de saber cómo reaccionaría Rei ante revelaciones tan extrañas y a veces le ganaba la risa de imaginar el incrédulo rostro del otro mientras hacia la confesión. Pero no, Rei nunca se enojaría con él por algo así y, por supuesto, Kai nunca se lo contaría.
Paso media hora en la que Kai siguió recordando viejas anécdotas que lo hacían sonreír, Rei continuaba dormido y de vez en cuando se movía ligeramente en el sofá.
Cuando Kai decidió levantarlo para avisarle de la comida escuchó como tocaban insistentemente a la puerta. La abrió medio irritado por semejante falta de educación y su molestia se convirtió en incredulidad. Al otro lado se encontraba Brooklyn con la misma facción de sorpresa que la que Kai portaba, asomó la cabeza hacia dentro y le pareció ver a alguien recostado
-¿está Rei?
-no- Brooklyn frunció el seño
-necesito hablar con él
-¿sobre qué?
-quiero hablar con él- insistió
-no está
-entonces le diré que metes personas desconocidas a su departamento- dijo apuntando hacia la persona que estaba en el sofá
-¿cómo sabes que le es desconocida?
-no tengo ánimos para jugar contigo, Kai- el duelo de miradas cesó cuando Kai dirigió los ojos hacia el pasillo que conducía a las escaleras para la entrada. Se había escuchado un ruido muy fuerte que venía de los pisos inferiores, como si algo muy pesado hubiese caído y sin haberlo notado Brooklyn había volteado hacia Kai con un evidente gesto de culpabilidad
-¿qué está pasando Brooklyn?
-¿Brooklyn?- ambos voltearon hacia el dueño de la voz adormilada y el pelirrojo le sonrió feliz
-Rei, lo siento tanto, lamento haber llegado así pero necesito pedirte un favor- Rei aún adormilado le miró confundido, con los ojos pequeños y el cabello alborotado Kai podía jurar que veía al Rei que conocía de pequeño, que siempre despertaba en las mañanas con una sonrisa suave y un tono de voz sumiso
-¿qué es lo que necesitas?
-que me cuides un piano
-¿…qué?
-sí, un piano ¿puedo meterlo a tu casa y dejarlo ahí hasta que remodele la mía?
-¿qué pasa si no cabe?
-lo medí y tengo la idea de que hasta podría caber en tu sala
-no lo creo, Brooklyn ¡es un piano!
-pero no es muy grande, por favor Rei, mi casa es un asco, la están arreglando, yo ni siquiera puedo vivir ahí por ahora, estoy en un hotel, te lo había dicho ¿no? El caso es que no me permiten meter un piano nuevo a mi habitación de hotel y Mystel se ha vuelto a ir de viaje, además me acorde de ti al instante y sé que no me puedes negar este favor, es nuevo Rei, vamos- Rei seguía un poco atolondrado pero había escuchado muy bien todo, sobre todo las últimas frases, había algo en Brooklyn que incomodaba tanto a Rei como a Kai y era exactamente lo mismo, el pelirrojo era demasiado atento y condescendiente con el chino, pero por alguna extraña razón el ruso lo notaba más.
Creyendo no tener ningún inconveniente sobre meter un piano a la casa aceptó sin más idea de que aquel favor era sumamente extraño y original, como muchas cosas que solían pasarle con Brooklyn, así pues, comenzó el trabajo de unas personas traídas por el dueño del objeto para que lo armasen, siempre siendo seguidos por los recelosos ojos del ruso.
Brooklyn parecía bastante agradecido y aliviado pues le había dicho a Rei que si él no aceptaba entonces no habría sabido donde meter un piano nuevo para guardarlo durante tiempo indefinido. Cuando Brooklyn por fin se marchó mostrando siempre su agradecimiento Kai permaneció callado, con ese semblante de molestia al que Rei desgraciadamente se estaba acostumbrando y que ponía cada que el pelirrojo se paraba en casa del chino. Sin prestarle mucha atención Rei se acercó al piano observándolo más detenidamente, mientras Kai se detenía a observarlo a él.
En sus momentos de ensimismamiento Rei sonrió sin notarlo y el ruso se interesó en tan sutil acto, seguro estaba recordando
-¿en qué piensas?- hubo un silencio agradable antes de que Rei contestara
-en mis clases de piano- y Kai levantó una ceja incrédulo
-¿qué?- Rei soltó una risilla y se sentó frente al piano. Todo quedó callado antes de que Rei comenzara a tocar y luego las notas sonaron tranquilas en el silencio. Kai estaba pasmado, ver a Rei sentado moviendo los dedos con esa agilidad era algo que no se habría imaginado. Con sutiles movimientos Rei lograba hacer fluir la música con armonía, y la sala fue inundada de ese ritmo pacífico.
Kai estaba perplejo, veía con asombro y sin ninguna disimulación la manera en que Rei hacía fluir las notas y su piel se enchinó, aquella música lo estaba envolviendo. Estaba sintiendo. Respiró profundo, se inundó de todo, sintió tristeza, nostalgia, alegría, paz y frustración ¿cómo podía pasar? Eso era imposible, y sin embargo lo sentía, la visión que tenía frente a él nunca había sido maquilada en su pensamiento, Rei era deportista, "psicólogo", abogado, colega, amigo, no músico… nunca había creído que pudiera tocar de tal manera que le hiciera sentir tanto al mismo tiempo. Sin notarlo, su corazón palpitó muy fuerte y no intentó reprimirlo, ese día estaba sintiendo más de lo que había sentido en mucho tiempo.
-¿desde cuándo sabes tocar el piano?- preguntó Kai en cuanto el otro se detuvo, porque el silencio se volvió incómodo. Lo miró profundo, como si esperara una explicación
-hace un tiempo- Kai no contestó, aunque esa respuesta le dejara insatisfecho "eso no dice nada"
-¿qué canciones sabes tocar?- Rei contempló el piano, parecía que no le iba a contestar
-de todas ésta es la que más me gusta- Kai asintió la cabeza, y Rei, entendiendo, comenzó a tocar con tranquilidad. Kai abrió la boca ligeramente, otra oleada de sentimientos lo inundaban con el transcurso de la melodía y al cerrar los ojos sintió como si las notas lo abrazaran, las sentía, más que con el oído, con la imaginación. Se imaginó a Rei sentado, delante del piano, se imaginó sus dedos largos siguiendo las notas sacadas de su cabeza y se dejó llevar por su impulso de recordar, a los dos caminando por el puente en su niñez, mirando la luna posarse sobre el rio, recordándose entre las risas del otro con la luz platinada de la luna bañándoles el cuerpo. Y sintiendo. El aire que les golpeaba, la brisa en el rostro, la frescura de la noche, la jovialidad de su compañero, eran tantos los recuerdos que todo lo sacudió. Una inesperada oleada de sensaciones volvió a golpearlo y se tensó, se sentía tan placentero que lo asustó.
El silencio repentino lo hizo abrir los ojos y posar su mirada a Rei que le sonrió jovial
-es todo lo que se- Kai pasó saliva con dificultad, estaba temblando
-es todo lo que necesitas saber- y no dijo más porque su voz tembló también, Rei no respondió y, ante el temor de que todo terminara en un triste silencio, Kai dijo lo primero que pasó por su cabeza –la décimo cuarta- Rei le vio sonriente, era extraño que le denominaran así
-me gusta más Claro de Luna
-Sabes que ese no era su verdadero nombre ¿verdad?- Rei alzó los hombros
-¿qué más da? El otro suena muy elegante
-y ese muy romántico- Rei volvió a sonreír, dejando por un pequeño tiempo el lugar en silencio sin que esta vez hubiera frustración, Kai estaba ocupado en observar la sonrisa de Rei, no prestó atención a otra cosa
-no puedes decir que ese nombre no te trae recuerdos- y el ruso abrió muy grandes los ojos, por supuesto que a él le traían recuerdos, el asunto era que a Rei también. Hizo un ligero mohín, tenía la duda si acaso eran los mismos recuerdos aunque hubiera pocas posibilidades de eso
-por supuesto- confesó con un hilo de voz, teniendo presente la imagen de la luna sobre el rio –muy, muy buenos recuerdos
Cuando los dos callaron los golpes a la puerta aturdieron a Rei, quien cambio la sonrisa tranquila por una mirada brusca y Kai vaciló, algo le decía que Rei sabía quién era
-¿…quieres que abra?- pero Rei negó con la cabeza -¿qué quieres que haga entonces?- y sintió como le rehuía la mirada
-había algo que quería decirte- el ruso miró como su amigo se levantaba de su asiento y abría la puerta con aparente molestia, ahí estaba de nuevo ese Rei que le había acompañado en la actualidad. Mas él también se molestó cuando vio a Salima parada al otro lado de la puerta con esa actitud de prepotencia que bien le conocía. Si alguien le hubiera dicho seis años antes que esa niña se volvería lo que ahora era no lo habría creído, de niña Salima parecía una mujer maravillosa, agradable e incluso madura, no sabía qué había causado tal cambio en sus formas, y para entonces no le importaba mucho, sólo quería que dejara de contagiar con su mala vibra a su amigo
-Kai- fue lo primero que Salima pronunció –qué extraño- Kai le sonrió en respuesta, las sensaciones anteriores aún lo tenían un poco apaciguado y la verdad era que para un día tan extraño y lleno de cosas bizarras y sentimientos encontrados no tenía muchas ganas de pelear con aquella mujer, en cambio vio como Rei se apartaba cuando ella intentó besarlo, logrando que ambos se sorprendieran
-dije que quería hablar
-¿él tiene que estar aquí?- preguntó ella molesta por la actitud que Rei le estaba mostrando
-¿por qué te molesta tanto?- ella no dijo nada, se limitó a seguir con la mirada a su novio, sintiendo un desconcierto que comenzaba a invadirla
-¿qué pasa Rei? ¿por qué no quisiste que nos viéramos en otro lado?
-porque no tengo ganas de nada, ni siquiera de pelear contigo, así que abstente de un comentario grosero hacia mi o hacia Kai- el ruso alzó la ceja en cuanto la mirada explosiva de ella le atravesó, bueno, no podía negar que le daba risa, ella estaba comenzando a enojarse con él y ni siquiera había dicho una sola palabra
-¿por qué él siempre tiene que estar en todo? En todas nuestras pláticas, en todo momento y lugar ¡ve esto! Ni siquiera puede respetar que estemos hablando entre nosotros- sin ganas de escuchar algo más Kai se levantó, pero Rei se le acercó y le toco el hombro, empujando levemente de él hacia el sofá, invitándolo a sentarse nuevamente y Kai no se opuso
-¿qué te pasa, Rei?- preguntó ella estresada –esto debería ser sólo entre tú y yo ¿por qué tiene que estar él a fuerzas?
-no le veo lo malo, de cualquier forma se enterará tarde o temprano, como todos lo harán. Salima, esto no va bien. Todo se torna enfermizo y burdo, dependiente y agresivo y yo ya no quiero eso. Me desgastas con tus celos. Por eso ya no quiero continuar con esta relación- Kai quedó pasmado y Salima se aturdió, algo le decía que el chino estaba jugando –lo siento, Salima. Ya se acabó- Kai abrió la boca ¿qué era eso? Esa expresión tan seca con la que le hablaba no era normal, ese no era Rei, el que había intentado salvar una relación que no se podía salvar, el que hablaba de aquella mujer como la más maravillosa del mundo no era él ¿qué le pasaba a Rei?
Kai agachó la mirada cuando vio como Salima se le acercaba atónita y el chino la alejaba. Cuando ella comenzó a llorar, Kai se acomodó en el sofá y contempló el piano, y así continuó cuando Salima llevó a Rei al corredor, intentando hacerle entender que ella no deseaba eso. No escuchó más que balbuceos y llanto mientras él se oprimía lentamente por el silencio pesado de la sala. Necesitaba a Rei ahí, feliz y tranquilo.
Aunque habían sido muchas las veces que había deseado el momento en que el chino se alejara de esa relación enferma nunca había imaginado como sería, había pensado que tal vez ella gritaría, haría berrinches y se iría advirtiendo su venganza, pero nunca pensó en llanto por parte de ninguno de los dos y ahora que él estaba en medio ¿no haría nada para ayudar a su amigo? ¿qué cosa podría hacer?
Tal vez pasó una hora, imaginándose la silueta de Rei frente a ese piano, con los gritos y sollozos de los dos a sus espaldas. No se dio cuenta cuando terminaron, ni cuando se cerró la puerta, y solo reconoció a lo lejos los pasos que se le acercaban, cuando sintió su presencia levantó la mirada y luego volvió a bajarla. No supo qué hacer
-¿…estas…?
-no- tampoco supo que decir –sigamos- se sentó frente al piano y, con la mirada del ruso en el suelo, volvió a tocar.
Les dejo el otro capítulo aparte…
