Silencio, no había más que silencio en aquella casa enorme y llena de recuerdos. Se oían la música y algún que otro anuncio flotante de fuera, pero por lo demás, todo estaba en completo silencio. Autumn se pasó la mano por la frente, no sabía por qué, pero hacía ya una media hora que tenía mucho calor. Estaba sola, limpiando por aburrimiento. Zeen estaba trabajando, y Shilo se había ido con Graverobber en cuanto éste se había despertado. Había estado durmiendo más de quince horas, y Shilo había estado dando vueltas por la casa, esperando. Autumn rió mientras llevaba la escoba hacia el armario que había bajo la escalera y se sacudió las manos. Se dirigió al salón, sentándose en aquel sofá negro y pequeño que había en el centro. Comenzó a mirar a su alrededor, buscando el mando de la televisión, pero no había ni rastro de él. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no había televisión.
Se dejó caer contra el respaldo del sofá, dejando escapar un suspiro cansado. ¿Qué hacer en una casa tan grande cuando estás sola? ¿Cantar? No tenía ganas. ¿Bailar? Tampoco, además hacía mucho calor, no quería tener más. De repente sintió más calor, y decidió ir a por un vaso de agua a la cocina. Al abrir el grifo, el agua salió primero transparente, cayendo en un vaso de cristal que ella colocó bajo el chorro. Pero tras varios segundos, comenzó a sonar algo extraño y cayó un líquido negruzco que rebosó del vaso por la presión con la que salía por aquel agujero.
Autumn soltó el vaso, que se rompió en la pica, y sintió cómo el calor la azotaba más fuerte, y las náuseas la arañaban en la garganta. Corrió fuera de allí y subió la escalera con rapidez, entrando en la habitación que Shilo había adjudicado como suya, y abriendo la puerta del baño con el hombro, pues se sujetaba el estómago y se tapaba la boca con sendas manos, se arrodilló ante el inodoro y abrió la tapa con rapidez.
Una vez hubo terminado de vomitar, intentó levantarse para poder lavarse la boca con agua, pero no encontraba las fuerzas por ningún lado. Se dejó caer contra la bañera que había junto al inodoro y sollozó, gimiendo muy bajo mientras se apretaba el estómago y rezaba a cualquier cosa que hubiera allí arriba, para que terminase rápido aquel insoportable sufrimiento.
A Zeen le dolía la cabeza. Le dolía mientras pensaba en lo guapa que estaba Autumn esa mañana, cuando le había puesto una tortita y un café bien cargado sobre la mesa y le había sonreído, dándole los buenos días. En lo adorable que había sido Shilo, sonriéndole y preguntándole si había dormido bien. En Graverobber no iba a pensar, no hasta que se le olvidase cómo había roncado el tío, despertando a Zeen diez minutos antes de la hora a la que tenía previsto despertarse.
Pero a Zeen le dolía la cabeza. Sí, había dormido muy bien, lo cual ya le había dicho a su anfitriona. La cama era cómoda, la habitación algo fría y las mantas y colchas enormes, había dormido más que bien, jamás había tenido una habitación tan enorme y una cama más que enorme para él solo. Pero ahora le dolía la cabeza.
Se apretó las sienes y se miró de nuevo en el espejo de aquel lavabo diminuto de Rosie's, el bar donde trabajaba. No tenía buen aspecto, a decir verdad. Chasqueó la lengua y abrió el grifo, para poder remojarse la cara con agua fría.
Al salir del baño, la clientela seguía siendo la misma. Los típicos hombres de negocios que ayudaban a cualquiera que lo pidiese a conseguir cirugías (a cambio de dinero, claro), las típicas zorras de bisturí que solían vagar por allí tratando de llamar la atención de cualquier ser con dinero que fuese capaz de intercambiarlo por sexo sucio de callejón. Algunas simplemente se sentaban solas a comer y a llorar sobre el plato. Zeen frunció el ceño y pensó de nuevo en lo guapa que era Autumn por encima del dolor de cabeza, queriendo centrarse en algo bonito, no en algo triste y desgraciado como era aquel día Rosie's.
- Tienes mala cara, chico. – le dijo Rose, la dueña del local, mientras abría un botellín de cerveza sin siquiera mirarlo y lo deslizaba por la barra hasta las manos temblorosas de un chaval, para después darle una calada larga a su cigarro, sin quitárselo de los labios.
- No me encuentro demasiado bien. – aclaró, con un suspiro, mientras encendía la máquina de café.
Rose lo miró durante unos segundos más, dando otra calada. Esta vez, cogiéndolo después y echando el humo hacia arriba. La edad pasaba para todos, pero con las cirugías, Rose evitaba que le echasen diez años más a los cincuenta que solían echarle. Sus ojos color negro azabache escrutaron a su empleado preferido, el más animado, el más trabajador. El vestido verde oscuro que llevaba subía lentamente por la zona del pecho, enorme, que subía y bajaba con cada respiración y con cada calada.
Zeen suspiró de nuevo, y Rose puso los ojos en blanco con un chasquido de la lengua, apartando el cigarrillo de sus labios de nuevo y llevándose una mano a la melena plateada, colocándola.
- Mira, Zeen, cielo, no voy a dejar que ahuyentes a la clientela de hoy con esa cara tan larga, así que largo. Ya volverás mañana. – No le miró a los ojos cuando dijo esto, se había vuelto a limpiar unos vasos con el trapo que llevaba atado al cinturón. Zeen acababa de poner el café recién hecho sobre la barra, y la mujer que lo había pedido no le había dado ni las gracias. Sonrió, mirando a Rose, que seguía sin mirarle.
- Gracias, Rosie. – dijo, quitándose el trapo que también llevaba al cinturón y marchándose por la puerta trasera. Quizás podría echarse una cabezada y esos golpes internos, esas palpitaciones en las sienes se irían.
Por suerte Rosie's estaba bastante cerca de la mansión Wallace. Y pensar que antes tardaba más de media hora en llegar a casa del trabajo… ahora en diez minutos estaba en casa. "En casa…", pensó, sintiendo otra palpitación. Hacía apenas dos días que estaban allí, pero ya lo consideraba su casa. ¿Sería Shilo, con su hospitalidad y su cariño instantáneo hacia los recién llegados? ¿Sería la amistad de Graverobber? ¿O tal vez era Autumn? Sí, puede que fuese todo eso, pero sobretodo Autumn. Allí donde ella estuviese, Zeen se había dado cuenta, allí es donde estaría su hogar.
Entró por la puerta principal con una llave que le había dado Shilo, y al oír el ruido de agua proveniente de la cocina, fue hacia allí tras cerrar la puerta. Probablemente Autumn estaba preparando la comida. Le pediría consejo con el dolor de cabeza y se echaría después de comer. Oh, qué buena estaba la comida que preparaba su chica.
"¿Mi chica?", se preguntó.
"Es la costumbre", se respondió, encogiéndose ante otra punzada en la sien. Al llegar a la cocina vio el grifo abierto, el agua transparente saliendo de allí a chorro. Frunció el ceño.
- ¿Autumn? – llamó, mirando por la cocina, pero nada.
Avanzó hasta el fregadero para cerrar el grifo y vio que había un vaso roto dentro, un vaso con restos de algo negruzco. Se giró hacia la puerta y miró en el salón, pero no había nadie, y Autumn siempre contestaba cuando la llamaban, siempre estaba atenta. Subió al piso de arriba, subiendo escalones de dos en dos, entrando en la habitación de la chica y viendo que había luz en el baño, y las puertas abiertas.
Autumn estaba apoyada en la bañera, la cabeza hacia atrás y la boca entreabierta. La tapa del váter estaba abierta, y pudo ver salpicaduras de vómito.
- Aut. ¡Autumn! - se agachó junto a ella y le apartó el mechón de pelo que se le había quedado pegado a los labios, acariciándole la cara con suavidad y levantándole la cabeza de la bañera, apoyando su cuerpo contra el suyo. Estaba ardiendo, pero tan pálida... que Zeen perdería los nervios si no había respuesta. – Aut. – volvió a llamar. La única respuesta que obtuvo fue un movimiento en los párpados de la muchacha, que los apretó con fuerza, como queriendo evitar abrir los ojos y ver la luz de la habitación.
Zeen la levantó del suelo y la llevó en brazos hacia la cama, abriéndola con una mano y posando a Autumn sobre ésta. La tapó hasta el pecho y volvió al baño a mojar una toalla. Le mojó los labios, porque seguramente se despertaría con el amargo sabor de la bilis en la boca, y tras lavar la toalla de nuevo, empaparla y escurrirla, se la colocó en la frente, para después sentarse junto a ella en la cama.
Alargó una mano para coger la de la chica y entonces se dio cuenta: llevaba un comunicador, Shilo se lo había dado por si necesitaba algo. "Siempre viene bien estar comunicado". Lo había dicho con aire triste, pero Zeen no le había dado mucha importancia.
- ¿Shilo? – preguntó hablando contra el aparato, tras haber pulsado unos botones con dedos temblorosos, su dolor de cabeza aumentando. – Es Autumn, le ha ocurrido algo.
Las calles por la mañana temprano parecían distintas, Shilo se dio cuenta mientras Graverobber y ella paseaban por éstas, en silencio. No había casi nadie por la calle, y el sonido en los carteles flotantes estaba apagado. Había algún adicto por allí, algunos aún bajo sus efectos, tirados en callejones.
Pero por las grandes calles, por las que Graverobber llevó a Shilo a dar una vuelta, por aquellas no había casi nadie. Pasaba algún coche, y Shilo pudo ver que no todo eran callejuelas y suciedad, había una zona de la ciudad en la que la basura estaba en su sitio y los cadáveres más de lo mismo.
- Es la zona pija. – aclaró el ladrón de tumbas, mirando siempre a su alrededor. – Podemos estar por aquí ahora porque no hay mucha gente, pero si no fuese así… no estaría bien visto. – vio la decepción de Shilo y entonces se dio cuenta. – Bueno, no estaría bien visto que yo estuviese por aquí, tú seguramente podrías.
- ¿Podría?
- Claro, vas bien vestida, hueles bien y eres… - se quedó callado mientras conducía de nuevo a Shilo a uno de los callejones, de vuelta por donde venían.
- ¿Soy qué?
Pero no logró acabar, porque ya eran más de las nueve, y de repente el sonido de los carteles se activó, y Shilo pudo oír a la que fue su madrina ahí arriba. De nuevo, seguían queriendo a Mag y adorando su voz, no parecían querer olvidarse. Shilo tampoco quería.
Empezó a aparecer gente por allí, todos con prisa, riendo, o quejándose con otras personas, todos con aspecto de dirigirse al gran edificio por el cual acababan de pasar Shilo y su guía hacía minutos, GeneCo.
- ¡Vamos! – instó Graverobber, agarrando a Shilo de la mano y apresurándose por los callejones.
Estuvieron varias horas por allí, él enseñándole algunos sitios seguros a los que podía ir, y algunos sitios en los que tenía terminantemente prohibido poner un pie.
- ¿Por qué no puedo entrar ahí? – preguntó, cruzándose de brazos, señalando con la mirada el bar que había frente a la pequeña cafetería donde estaban almorzando.
- Porque no.
- ¿Y por qué no?
- Mira, niña, no puedes entrar ahí y punto, ¿entendido?
- Entendido. – esperó unos segundos en los que Graverobber llegó a parecer satisfecho y entonces añadió: - ¿por qué no?
Él gruñó por lo bajo y apoyó la cara en las manos, suspirando. Al levantar la mirada, Shilo seguía esperando una respuesta con una ceja alzada.
- No es un lugar seguro para… señoritas.
- ¿Por qué?
- Porque no lo es, está lleno de asesinos, putas y de cosas que no deberías ver.
- ¿Por qué no puedo ver esas cosas? He visto a mi padre morir, a mi madrina morir, he visto cómo extraías droga del cerebro de un muerto, ¿y no puedo ver putas, asesinos y demás? ¿Y si quiero tomarme un vaso de whiskey?
Graverobber no sabía qué decir. Era uno de esos momentos en los que se daba cuenta de que Shilo ya no era esa niña de diecisiete años a la que conoció en el cementerio. Ahora era más madura, testaruda, decidida a aprender. Era uno de esos momentos en los que quería besarla.
- …porque a ver, tú vas allí, ¿no? Entonces porque no puedo yo ir y… - así que había seguido hablando… pues él no había prestado atención. De repente, unos dedos chasquearon ante su cara. – ¡Graverobber! Ni siquiera me escuchas. – se llevó una mano al corto cabello y lo revolvió, exasperada.
- Eh, te estaba escuchando.
- ¿Ah sí? ¿Y qué he dicho?
Shilo apoyó los codos en la mesa, apartando la taza de chocolate que había estado bebiendo y apoyó la cara sobre sus manos, con una sonrisa falsa pegada en la cara.
- Que estabas de acuerdo en que no puedes ir a Torture.
- ¡Así que has estado allí!
- Claro que sí, básicamente tienen una foto mía y una placa de "mejor cliente" bajo esta.
Shilo soltó una risa y puso los ojos en blanco. Mirando por la ventana de nuevo y viendo cómo echaban a un tipo delgaducho del local y le amenazaban con un cuchillo y una pistola. Al volver a mirar a su acompañante, vio que éste también estaba mirando la escena.
- Aún no estás lista. Todavía tienes mucho que aprender.
Shilo asintió, sobresaltándose al oír un disparo muy cerca de allí.
Poco después estaban en el cementerio, Graverobber desenterrando muertos y Shilo sentada sobre una tumba, mirando.
- ¿No es peligroso que hagas esto a pleno día? – preguntó, ladeando la cabeza sobre los hombros mientras observaba al hombre.
- No suelo hacerlo, pero hoy era un día especial.
- ¿Por qué hoy tenías que hacer de guía?
- No, porque es sábado. Los sábados los guardias comienzan a trabajar más tarde, y esperan que yo lo haga también.
-No me lo creo.
- Genial, porque es mentira.
Shilo vio la sonrisa que le dirigió Graverobber, desatendiendo por un segundo su trabajo, y se la devolvió, sintiendo un sonrojo crepitar en sus mejillas. Fue entonces cuando vio algo pasar ante su rostro, algo de un tono morado. Con una exclamación se bajó de la tumba y siguió al insecto, abriendo mientras caminaba su bandolera y sacando el bote metálico que siempre llevaba con ella.
Graverobber estaba sacando el Zydrate de aquel cuerpo, bastante fresco, por cierto, cuando Shilo comenzó su caza. La siguió con la mirada, fijándose en cómo fruncía el ceño cuando casi lo cogía, en cómo se mordía el labio inferior cuando estaba a punto de conseguirlo, y en cómo esas piernas que no terminaban nunca se movían con más agilidad, no con la torpeza de un cervatillo recién nacido como cuando la conoció. Inhaló aire de la sorpresa y negó con la cabeza. No debía pensar esas cosas. Acababa de terminar de rellenar aquel vial, cuando le sobresaltó la voz de Shilo.
- ¡Aha! ¡Lo tengo, Graves, lo tengo!
Se giró para poder contemplar cómo Shilo se aferraba al bote con alegría, con un brillo en los ojos que no había visto desde hacía mucho, y sonrió. Se acercó a él, sonriéndole.
- Sujeta el bote. Por favor. – añadió, como si acabase de acordarse de que era educado decir eso.
Sacó un bote de su bandolera, un bote negro, y le indicó que abriese un poco el bote. Al hacerlo, roció el interior donde el insecto morado brillante se encontraba y tosió un poco, igual que Graverobber. Aquello olía fatal, como insecticida hecho con muertos. Y que lo piense un ladrón de tumbas… da que pensar.
- Ahora ya podemos verlo. – musitó ella, concentrada.
Con una mano sobre el bote, rozando la mano del hombre, usó la otra para abrirlo, y ambos acercaron los rostros para ver a un insecto enorme y extraño de color morado, parecido al que Shilo había cazado cuando se conocieron, solo que este no era azul.
Estaba tan ensimismada que no vio cómo Graverobber había dejado de mirar el insecto para mirarla a ella bajo aquella triste luz gris del día y aquel reflejo morado del bicho. Shilo movía los labios, probablemente hablaba del insecto o con éste, quién sabe, pero él estaba ocupado observándola.
No quería pensar así, no quería verla y sentir un nudo en la garganta, no quería sentirse mal por pensar en lo dulces que serían sus labios puros y castos, y en el aspecto suave que tenía su piel de porcelana. Era Graverobber, se tiraba a las zorras del bisturí y vendía droga, no era un príncipe azul digno de nadie, era libre, era demasiado pobre, era…
Era un idiota. Y se estaba dando cuenta mientras seguía mirando a Shilo cuando esta ya estaba mirándole, sonrojada al darse cuenta de la atenta mirada de su compañero. En la cara de la chica, había un interrogante invisible, en la de él, nada. No sabía qué pensar, Shilo estaba confusa.
- Graverobber, qu-
- Eres preciosa.
No le había dejado terminar, pero es que no podía hacerlo, tenía que decírselo. Tan pura, tan preciosa, tan intocada, tan frágil… no, frágil no, eso estaba cambiando, y él no podía permitir que el mundo que había ahí fuera la hiriese. No era ningún caballero, no era un héroe. Pero podía ser quien la ayudase y quien la enseñase. Quien la protegiese. Ahora entendía a Nathan Wallace y por qué quería protegerla, era instintivo. No le había pasado esto con nadie, jamás, y era tan nuevo que le asustaba, ¡a él!.
Shilo fue a contestar, con un sonrojo mayor aún que el anterior en las mejillas y el corazón palpitando rápido y pesado en su pecho, cuando un pitido les sobresaltó a los dos. Cerró el bote con rapidez, aún ruborizada, y apretó un botón de su comunicador, viendo la cara contorsionada en una mueca ridícula de Zeen, de la foto que le había echado ayer para las comunicaciones. Graverobber se había dado la vuelta e intentaba respirar el aire impuro que no llevase el aroma floral y tan seguro de Shilo, cuando oyó el mensaje.
"Es Autumn, le ha ocurrido algo."
Se giró y Shilo ya le estaba mirando. Ambos se apresuraron hacia la entrada del mausoleo, el cadáver sin enterrar de nuevo y el espray para insectos tirado en el suelo.
N/A: ¡Hola, hola! No voy a dar muchas explicaciones porque básicamente, no las hay. Esta historia y yo "nos peleamos" por así decirlo, y tuve problemas escribiendo nuevamente. Así que borré lo que había escrito y el otro día después de ver repo por millonésima vez, pensé, "eh, ¿por qué no sigues con eso ahora?, va, estás inspirada", así que seguí, y aquí lo tenéis. No os quejéis mucho, ahí ha habido algo de grilo, eh (? Tengo nuevas ideas, pero aviso desde ya que hasta la semana que viene no podré subir nada. Sí, habéis adivinado, exámenes. Reviews, dear readers!
PD: Gracias a los que seguisteis ahí pese a que visteis que no avanzaba, sois geniales, besis 3
