Capitulo 9: "Despertar"

POV Katniss

Mi piel pareció agradecer realmente la exposición al sol después de mucho tiempo. El hormigueo en mis brazos era agradable. Sin duda la primavera ya estaba dejando atrás el frio invierno y pronto los distritos se revestirían de hermosos colores, signo de la nueva vida emergente. Fue una buena decisión salir al patio en este momento.

Di unos pasos mas, alejándome de la seguridad de la puerta, algo me decía que no la necesitaría en un futuro próximo. Al cabo de un rato, Rue se acercó hasta mí y caminamos por todo el lugar. Había pocos pacientes, acompañados de sus enfermeras, algunos de ellos eran personas mayores, pero también logré identificar uno que otro de una edad parecida a la de mi madre.

Rue no perdió tiempo, me habló sobre las plantas que comenzaban a crecer y de los arboles que fueron plantados desde el inicio en ese lugar.

—Saeta, en verdad que te estabas perdiendo de cosas lindas aquí afuera— mi amiga dijo por fin cuando nos sentamos en una banca libre, cerca de un árbol—. Eres valiente al haberte atrevido a salir.

—Gracias— murmuré bajito. Rye sonrió. Parecía que iba a agregar algo más, pero al final no lo hizo. Nos quedamos en silencio y supe que ese era un buen momento parís decirle lo que estaba rondando mi cabeza desde días atrás—. Rue...

—¿Si?— ella me miró realmente interesada en lo que le diría.

—Estoy confundida... hay muchos detalles que recuerdo, pero al mismo tiempo siento que no son reales— por fin lo admití en un tono bajito. Me sentía muy estúpida al decirlo—. Y no sé qué hacer. Me causa mucha ansiedad.

Rue elevó sus cejas preocupada, tenía el mismo gesto que mi madre cuando no tenía una respuesta a mis preguntas y antes de ir por mi padre para que él me explicara mejor. Ignoré la punzada de dolor al recordar, quizá eso también era falso. Mi amiga suspiró despacio antes de por fin hablar de nuevo.

—Saeta, eso puede ocurrir. Es normal en tu estado, pasaste cerca de tres meses encerrada en "tu mundo" y te has esforzado por salir adelante— su tono de voz era conciliador, como si temiera por mi reacción—. Lo estás haciendo realmente bien, ya que comienzan a surgir esas dudas. Pero creo que yo no sería la más apropiada para ayudarte.

—¿Crees que aun pueda ver a Gale?— la interrumpí sin consideración, pero en verdad necesitaba saber que alguien iba a guiarme. Me puse en pie, dispuesta a ir a buscar a mi psiquiatra, pero Rue tomó mi mano para detenerme.

—No estoy segura de si el doctor Hawthorne siga aquí y si lo hace, puede que esté ocupado— seguí la instrucción silenciosa de tomar asiento de nuevo—. Pero puedo preguntar por ti.

Sonreí y asentí de inmediato. Mi amiga sin duda era genial. Rue me preguntó si necesitaba la compañía de alguien más, a lo que me negué. Seguiría con mi paseo, sola después entraría por mi medicación e intentaría pasar un rato en la sala de televisión. Mi plan pareció gustarle, sin embargo me encargué de asegurarle que solo haría el intento y si fracasaba, podía buscarme en mi habitación.

Rue se fue conforme y me dejó seguir caminando por los jardines, disfrutando de la calidez del sol.

...

No aguanté mucho tiempo más afuera, así que fui a la estación de enfermeras donde Tresh y Gloss eran los encargados de repartir los medicamentos a los pacientes. Les sonreí a ambos gracias a sus halagos a mi aparente valentía por salir al exterior e ir por primera vez por mi medicación. Tomé las capsulas con ayuda de un poco de agua, por rutina ellos debieron revisar mi boca para evitar que escondiera la medicina. Una vez que terminé decidí irme a mi habitación.

—Katniss— escuché que me llamaban cuando iba por la sala de televisión y me detuve en seco, tratando de ubicar al que me llamaba. Estaba por reanudar mi camino cuando Seele llegó hasta mi lado. La sonrisa en su rostro era cálida y un tanto maternal—. Que gusto verte. Rue tiene razón, te ves muy diferente.

—Gracias— asentí por el cumplido de la enfermera.

Seele me acompañó lo que restaba de camino. Fue bueno volver a hablar con ella después de un tiempo, esa semana se había mantenido realmente ocupada y pocas veces coincidíamos como antes. Al llegar a mi habitación, Rue y Gale ya me esperaban. Mi psiquiatra se veía un tanto preocupado por mi petición de verlo con un poco de urgencia, por ello no paraba de verme fijamente a la espera de una señal de que algo no marchaba del todo bien. Sonreí tratando de tranquilizarlo.

—Rue por favor ve por el medicamento de Katniss, Seele, ¿Hay algún cubículo disponible?— insegura, abrí la boca para interrumpir a Gale, rogando por qué no se sintiera mal por mi atrevimiento.

—La verdad acabo de ir al modulo de medicinas— tres pares de ojos me vieron fijamente y mi rostro no tardó en calentarse a causa del sonrojo— y no me importaria hablar contigo en mi cuarto.

—Oh, vale— el doctor Hawthorne se sorprendió por mis palabras y algo parecido al orgullo llenó su semblante. La cuestion era si se sentía orgulloso por mis acciones. Pronto me descubrí deseando que fuera eso—. Entonces gracias, chicas.

—Hasta pronto, doctor— Seele tomó el brazo de su hija y ambas se fueron despues de despedirse de mí con una amigable sonrisa.

No me detuve a pensar demasiado, simplemente abri la puerta y entre en la habitacion, esperando que Gale me siguiera. El sonido de la madera al cerrarse me confirmó la presencia de mi psiquiatra en el lugar y, de pronto, ya no me parecia una buena idea tenerlo ahi conmigo. Pero me obligué a dejar pasar ese sentimiento.

El se sentó en la orilla de la cama y con un ademán me invitó a acompañarlo. Asentí y caminé con la vista baja.

—Lei las cartas— no encontraba la forma adecuada de empezar una conversacion con él. Normalmente era Gale el que llevaba la pauta, pero por mi peticion era obvio que sería yo la encargada de decir las cosas—. Gracias.

—Sabía que te iban a gustar— Gale sonrió y se quitó los lentes de montura negra para despues ponerlos dentro de la bolsa de su bata blanca—. Katniss, Rue me informó de lo que hiciste hoy. ¿Cómo te sentiste al salir de nuevo?

—Fue...— bajé la mirada, no encontraba palabras para describir la sensación de los rayos del sol sobre mi piel, de recordarlo casi era capaz de experimentar de nuevo las sensaciones— como despertar.

—Despertar— Gale hizo eco a mis palabras y una pizca de duda se apoderó de mí. Tal vez esa no era la respuesta que esperaba—. Es curioso que lo menciones así, porque prácticamente eso fue lo que te está pasando— mis ojos se abrieron como platos y de inmediato levanté la cabeza, quizá no había escuchado bien a Gale—. Si, Katniss. Pasaste poco más de tres meses en un lugar algo lejos para nosotros.

—Rue dijo que era como estar en mi mundo— recuerdo lo que platicamos antes.

—Es una forma de decirlo. El punto importante es que te mantengas despierta, Katniss— por primera vez me di cuenta de su forma de pronunciar mi nombre. Era firme, casi como confirmándome que esa era yo, para no dejarme espacio a dudas. Era casi un recordatorio para evitar que me perdiera... de nuevo.

—Y yo... tengo muchas dudas— pasé el nudo en mi garganta—. Tengo recuerdos, pero algunos no se sienten reales.

Gale me vio fijamente por algunos minutos, tal vez tratando de decidir si eso era bueno o malo. Mi mirada viajó por todo el lugar, no podía negar que estaba nerviosa ante el silencio de mi psiquiatra. Me aclaré la garganta y jugué con mis manos en mi regazo.

—Bueno, eso es normal. Como te dijo Rue y ya tengo una manera un poco práctica de ayudarte con eso— no esperaba menos de Gale, por eso acudí de inmediato a él en busca de ayuda. Asentí con la cabeza para darle a entender que podía seguir—. Es un tipo de verdadero o falso, pero yo lo llamo "Real o No Real"

—Vale— antes me hubiera molestado que Gale me tratara como una niña con todos sus juegos. Lo de la escalera de mis logros y ahora con eso, sin embargo sentía verdadera curiosidad por lo que me pudiera decir.

—Bien, tú vas a preguntarme cualquier cosa o recuerdo que tengas, al final vas a agregar la pregunta ¿Real o No Real? Y yo te voy a contestar dependiendo del caso. En caso de ser "no real" te daré una explicación para que tú puedas corregir el recuerdo— parecía sencillo de hacer, así que asentí de nuevo—. Cada recuerdo correcto que digas va a valer un punto que se agrega a tu escalera. Si es falso, te resto un punto y si yo no tengo la respuesta a eso, paramos el juego y me doy a la tarea de investigar con tu familia y amigos. Si después de eso, vemos que es real, te doy dos puntos y si es falso no te quito ningún punto. ¿De acuerdo?

—Si— Gale sonrió por mi entusiasmo.

—El juego termina cuando ya no tengas puntos por perder ese día y podemos retomarlo al día siguiente— mi psiquiatra me vio fijamente, esperando por alguna duda pero para mí era más que claro—. ¿Puedes hacer un resumen de las reglas?

—Yo digo un recuerdo y pregunto ¿Real o No Real? Si es real gano un punto, si no, pierdo uno. A menos que no lo sepas e investigues, en ese caso en real gano dos puntos y en no real no pierdo— repetí de forma pausada, tratando de no olvidar ningún detalle y por la expresión en el rostro del doctor Hawthorne, lo estaba haciendo bien—. El juego termina cuando ya no tengo puntos. Los puntos que gane van a mi escalera.

—Excelente, Katniss— Gale aplaudió animado, ocasionando un leve sonrojo en mis mejillas. No entendía la necesidad de hacerme repetir lo que acababa de decir—. ¿Quieres comenzar ahora?

No respondí de inmediato. Era una posibilidad obtener las respuestas, pero algo, muy en el fondo, me decía que no era una muy buena idea. Hice las manos puños y me obligué a dejar de lado ese pensamiento, no necesitaba retroceder. Necesitaba mantenerme despierta. Respiré profundamente varias veces y tomé una decisión.

—Si— me acomodé mejor en la cama, lista para empezar con el juego. Gale hizo un gesto con la mano para alentarme a hablar—. Sae sigue internada en un psiquiátrico, ¿Real o no real?

—Real— la pregunta pareció sorprender a Gale—. Ella ha mejorado muy poco. Tiene días buenos y días malos, pero sigue adelante.

—Cuando me internaron... Mamá ya había vendido la casa, ¿Real o no real?

—Real— llevaba dos puntos. Quizá no estaba tan mal como pensaba. En esta ocasión Gale no dijo nada más.

—Mamá y Madge me internaron para deshacerse de mí, ¿Real o no real?— la pregunta salió con el tono de resentimiento que sentía. No me preocupó en absoluto lo que mi psiquiatra pudiera pensar y sin embargo, Gale no reaccionó como esperaba.

—No real— perdí un punto así de fácil—. Susan y Madge solo buscaban tu bienestar y si te mandaron aquí fue porque les gustó esta opción.

"Claro, porque era la más alejada". Apreté mis labios en una delgada línea al escuchar ese pensamiento. Mi psiquiatra pareció notar el cambio en mi semblante porque me observó con más detenimiento. Iba a preguntar algo si permanecía en silencio.

—Ellas me hicieron firmar algo cuando estaba en el hospital, ¿Real o no real?

— ¿A quién te refieres con ellas? — su pregunta me descolocó, pero traté de responder lo más rápido que pude.

—Mamá y Madge— Gale se relajó, seguramente esperaba escuchar el nombre de Primrose y Clove.

—Real. Era un documento donde tú cedías la responsabilidad a tu madre para que tomara decisiones por tu bienestar, Katniss.

—Mamá lo planeó en secreto, ¿Real o no real?

—No real, ese documento ya existía y tú lo sabías

—Yo no sabía nada— impulsivamente, me puse de pie, sin embargo, al poco tiempo me di cuenta que eso era innecesario y retomo mi lugar.

—Cuando cumpliste 18 años, Katniss, yo sugerí que redactaran un documento donde cedieras el poder a tus padres para tomar decisiones en tu nombre. Para ello tenías que ser declarada mentalmente desorientada— crucé mis brazos ante sus palabras. Justo cuando comenzaba a confiar en él salía con esas cosas—. Ese es el procedimiento a seguir con todos, o la mayoría, de los pacientes en tu condición, Katniss. No es nada personal.

—Y yo acepté que lo hicieran, ¿Real o no real?— una cascada de imágenes llegó de pronto a mi mente y no necesité otra respuesta.

—Real. Te opusiste al inicio y no volvimos a tocar el tema, pero en nuestra siguiente cita nos dijiste que estabas de acuerdo— bajo la mirada apenada, estoy siendo muy injusta con él.

—Lo siento.

—No te preocupes, es de esperar tu reacción y está bien enojarse pero también hay que hablarlo para encontrar la solución— asentí menos tensa— ¿quieres hacer otra pregunta?

—Sí. Papá…— mi voz se negaba a salir, ese era uno de los temas que más rondaba mi cabeza y era la razón central de mis pesadillas al inicio—. Papá murió en la mina, ¿Real o no real?

Gale guardó silencio por demasiado tiempo para mi gusto, logrando ponerme realmente nerviosa. Sus ojos se pasearon por la habitación, quizá, en busca de la manera adecuada de contestarme. Mordí el interior de mi mejilla, extrañamente recordaba no haberlo hecho en mucho tiempo y me molestó regresar a eso.

—No real— el doctor Hawthorne por fin habló y no era para nada la respuesta que esperaba. Mi cara debía ser un poema ya que prácticamente estaba rompiendo con una de las ideas más fuertes que tenía—. Tom estuvo en un accidente de la mina, sin embargo no murió en ese lugar. Pasaron varios días antes de que el falleciera en el hospital número doce de Panem.

—Estuve internada en ese hospital, ¿real o no real? — tenía recuerdos de estar en una cama, conectada a varios aparatos y con medicamento intravenoso, sin embargo podía ser el recuerdo de cuando me llevaron al once.

—Real. Fueron en dos ocasiones. La primera fue a causa de de un ataque de ansiedad al estar con Tom mientras su salud se complicaba. Y la segunda fue después de que Peeta te encontrara en el bosque

—Peeta me acompañó toda la noche una vez que fui internada, ¿real o no real?

—Vaya, no estoy muy seguro de esto. Solo supe que te internaron y que a partir de ahí comenzó tu tratamiento de Aripiprazol— de acuerdo a las reglas, el juego había terminado por ese día—. Prometo investigar con tu familia.

—Pregúntaselo a Peeta—. El era la mejor opción. Si era real, solo él y yo podíamos saberlo.

—Lo haré— Gale lo prometió con mucha solemnidad— ¿quieres hablar de otra cosa?

— ¿Podría escribir otra carta? — pedí permiso esperando que aceptara.

—Lo siento, Katniss pero deberíamos revisar tu escalera. Mañana prometo agregar los puntos que obtuviste hoy y los que ganes. Prometo decirte si ganaste algo más, ¿vale? — esperaba esa respuesta, pero no por eso fue mejor.

—Vale— Gale asintió y se despidió de mí con una sonrisa a la que respondí con una igual. Me agradaba.

POV Peeta.

El haber escrito una carta para Katniss significó un verdadero cambio y deseaba poder entregarle las demás que había escrito en los meses anteriores, pero algo me decía que ya no era adecuado. El Peeta que las hizo tenía un millón de dudas aún, respecto a mi relación con a la chica Everdeen. Prueba de ello era la carta que tenía en mis manos que, de no ser porque lo estaba viendo, no la recordaría.

Esa la escribí después de salir de fiesta con Johanna, seguramente cuando llegué en la madrugada, ya que mi letra era un poco tambaleante y las líneas parecían ondas. Sin duda todo gracias a los efectos del alcohol en mi sistema. No podía leerla, en parte por su pésima presentación y en parte por los recuerdos que traía con ella. Prácticamente me despedía de Katniss, le entregaba el peso que aceptó poner en mis hombros y le recordaba que yo solo era su amigo y no alguien responsable de su condición y cuidado. Le planteaba las razones de mi distancia, además de rogar por su perdón y comprensión. Decía que era la última carta que le escribiría y que después me encargaría de mandarle cada una de ellas con Finnick.

Rompí el papel por la mitad varias veces, hasta que tuve un montoncito de pedazos. A esa carta le siguieron las demás. Katniss no se explicaría mi cambio de actitud después de la carta que le mandé. Al terminar tenía suficiente papel como para hacer confeti. Estaba por tirarlo al bote de basura junto al escritorio de mi cuarto, cuando escuché la melodía de mi celular. Lo encontré en el centro de la cama y en la pantalla estaba el número de Johanna.

Fiesta en casa de Dave, hoy a las ocho, pero quiere que lleguemos como a eso de las cinco para ayudarlo con todo. El maldito zángano no ha comprado nada— Jo ni siquiera se molestó en saludarme, algo muy típico de ella—. Así que tienes cerca de una hora para dejar todo listo.

—No tengo muchas ánimos, Johanna— eso parecía un deja vú.

Tú nunca tienes ganas, cariño— su tono me dio a entender que hablaba en doble sentido. Negué con la cabeza aunque ella no me viera—. Voy a ir por ti, ¿bien?

— ¿Sabes que el secuestro es ilegal? No sería bueno tener antecedentes para una futura abogada— sostuve el teléfono entre mi hombro y mi mejilla para poder deshacerme del confeti de mi escritorio.

Mellark, yo ya tengo antecedentes. Conozco la cárcel, bueno la que es provisional en la estación de los agentes de la paz— reí por su broma—. Pero es un punto a mi favor, podré tener empatía con mis clientes y les prometeré que los sacaré de ahí.

— ¿Tú con empatía? — la pregunta salió de mis labios sin pasar por el filtro del cerebro—boca. La sangre abandonó mi rostro y la ausencia de ruido al otro lado de la línea me demostró que Johanna se encontraba en shock—. Jo…

Vete a la mierda, Mellark— y después colgó sin consideración. Bueno, no es que la mereciera.

Suspiré y dejé el celular de nuevo en la cama. Fui muy injusto con Johanna y hablé sin pensar, ella no necesitaba que alguien más le reclamara por su postura. Si lo consideraba, era demasiado hipócrita de mi parte el siquiera pensar en criticarla. Arrepentido, la llamé y desde el principio supe que ella cortaría la comunicación. No me defraudó. Lo intenté pocas veces antes de darme por vencido. Lo dejaría pasar por ahora.

Seguí limpiando mi armario cuando llamaron a la puerta de entrada, me extrañó demasiado porque era temprano para que mamá llegara y no esperaba a nadie. Seguramente un vendedor. Insistieron y no tuve más que atender, recordando que sucedió la última vez que ignoré a quien tocaba.

—Peeta— Delly estaba parada frente a mí. Su atuendo la hacía ver un poco mayor por la formalidad que le daba el vestido rojo sin mangas y su rubio cabello arreglado con pasadores. Abrí la boca sin saber bien que decir, me hice a un lado y la dejé entrar—. Siento llegar sin avisar— acarició su mejilla izquierda y con ese movimiento solo fue más evidente su anillo de compromiso. Aparentemente mi sorpresa no pasó desapercibida porque se apresuró a quitárselo y guardarlo en su bolso.

—No te preocupes— ella sonrió de medio lado—. ¿Quieres algo de tomar?

—No, gracias

—¿Algo de comer?

—No tengo hambre, gracias.

—¿Y tomar asiento?— comenzaba a desesperarme verla parada junto a la puerta sin decir nada. Delly suspiró y se sentó en el sillón individual, estaba en la orilla, casi como si esperar a tener que levantarse rápido para irse.

—Peeta— repitió mi nombre casi en un susurro.

—Delly— la imité, ocasionando una risita de su parte. Hace mucho tiempo que no hacíamos eso—. ¿En qué puedo ayudarte?

La chica Cartwright suspiró de nuevo, cualquiera pudiera decir que lo hacía para no comenzar a llorar. Nos quedamos en un silencio demasiado prolongado. No la entendía, después de tanto tiempo sin hablarme venía a mi casa y en verdad dudaba que fuera solo para vernos fijamente durante horas. Cuando Delly volvió a mirarme sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas.

—Perdón, fue un error venir— se puso en pie y sus tacones repiquetearon contra el suelo al ritmo de su paso acelerado— gracias por no dejarme afuera. Lo merecía, pero eres demasiado bueno como para hacerlo— se acercó hasta mí y besó mis labios brevemente.

—¿En verdad vas a casarte?— al parecer mi filtro no funcionaba muy bien ese día. Digamos que también influyó ese beso.

—Sí. Eso parece— puso una mano en el pomo de la puerta.

—Supongo que felicidades— me encogí de hombros pero por su mirada supe que ella no estaba realmente feliz.

—No era necesario— negó con la cabeza y apartó la mirada, disimuladamente limpió sus ojos. Metí las manos en los bolsillos de mi pantalón deportivo y me balanceé entre mis talones y puntas de los pies—. Pero gracias.

—Por nada— ella abrió la puerta de par en par y en la calle ya la esperaba un carro que no reconocí, además el chofer no era Darius. Dio un paso afuera y la tomé amablemente por el brazo para frenar su avance—. Pero Delly, si necesitas hablar con alguien... bueno, eres bienvenida ¿vale?— quizá no era una buena idea decirlo, pero algo muy en el fondo me decía que necesitaba escucharlo.

—Peeta, se van a decir muchas cosas— se deshizo de mi agarre muy despacio y después mantuvo unida su mano con la mía—. O tal vez no, pero quiero que te mantengas al margen. Para tú ya desaparecí.

—Delly...

—Solo es para protegerte— frenó mi réplica con una sonrisa triste—. Créeme. Adiós.

En esta ocasión la dejé ir, no entendía su actitud y no lograría hacerlo. El chofer abrió la puerta para ella y me dedicó una mirada antes de ir a su posición. Cerré la puerta de mi casa, aun demasiado confundido.

Estaba por llegar de nuevo a mi recamara pero me detuve ante un nuevo llamado en la puerta principal. En verdad deseé ignorarlo, pero no le haría eso a Delly, sobretodo después de lo que le dije. Tallé mi rostro con una mano y de nuevo abrí tratando de que mi semblante no reflejara mí sentir, para mi sorpresa no era mi ex novia la que esperaba si no Caesar Flickerman, el presentador de espectáculos del Capitolio. No entendía la razón para que ese hombre me visitara.

—¿Señor Mellark?— fruncí el seño, ese hombre no podía conocerme. Caesar sonrió ampliamente por mi gesto y sin permiso tomó una de mis manos para darme un efusivo saludo—. Mi nombre es... bueno, supongo que me conoce y...

—¿Qué hace usted aquí y porque conoce mi nombre?— aparté mi mano con demasiada brusquedad. En ningún momento la sonrisa desapareció de su rostro.

—Porque es mi trabajo saberlo— elevó una de sus cejas color morado que combinaban con su cabello—. Ahora, ¿Puedo pasar junto con mi equipo para hacerle algunas preguntas?

—No— me crucé de brazos. Seguramente mi rostro denotaba mi molestia, pero ese hombre no se inmutó—. Por favor retírense.

—¿Era la señorita Delly Cartwright la chica que acaba de estar aquí? ¿Cuál es su relación?— me bombardeó con preguntas mientras que sostenía un block de notas y una pluma a la espera de mis respuestas. Ahora sí que entendí a que se refería Delly con sus palabras y no esperaría demasiado para emplearlas.

—No sé que tengo que ver con la prometida del jefe Thread, ni tampoco sé porque vienen a mi por información— entré a mi casa, afortunadamente el hombre no hizo el intento de seguirme a la fuerza—. Solo la he visto en la universidad, es una chica más.

—Bien, gracias por su tiempo— asentí con la cabeza y cerré tras de mí, ignorando la punzada de culpabilidad.

Para cuando Johanna llegó yo en verdad no estaba de humor para lidiar con ella. Esperaba que después de todo no se presentara en mi casa, pero quizá esa era su forma de joderme la vida. Mi mala suerte solo se confirmó cuando ella entró con su propia llave. Ni siquiera me levanté de mi lugar en el sillón.

La chica Mason llegó a mi lado y de la nada me dió una cachetada, haciendo que mi rostro se girara a un lado por el golpe. Lo merecía, así que no dije nada, ni siquiera toqué el área afectada que seguramente a esas alturas ya estaría completamente roja.

—Nunca vuelvas a usar eso en contra mía— me apuntó con su dedo índice y su mirada llena de ira.

—Yo...

—No digas nada. No digas jodidamente nada, Mellark. No a menos que quieras una patada en tu...

—¿Lindo trasero?— era hombre muerto. Johanna levantó la mano para golpearme pero se detuvo. Se sentó a mi lado y me dió un empujón con su hombro.

—Sí, justo eso— resopló y cruzó sus brazos sobre su pecho— creo que me excedí con la cachetada.

—Solo un poquito— hice un gesto con el dedo índice y pulgar— tienes la mano pesada.

Johanna rió y recargó su peso contra mí antes de suspirar. Supuse que ahora estábamos bien y era agradable estarlo, Jo se convirtió en una verdadera amiga. La chica Mason se puso de pie y me tendió las manos para levantarme, no iba a rendirse. Tiré la cabeza hacia atrás y gruñí a manera de protesta.

Al final me levanté, estábamos por salir cuando el sonido de mi celular me salvó. Troté a mi habitación dejando a Johanna en la sala y atendí la llamada antes de que se perdiera.

—Finnick— lo saludé después de ver su número en la pantalla.

Peeta, Susan acaba de llamar, Katniss salió— me quedé en shock por sus palabras.

—¿Ya viene al doce?— logré tartamudear.

No, es decir, perdón. Me refiero a que salió al patio de la casa de reposo— casi reí por el malentendido, obviamente la salida de la chica Everdeen no podía ser tan precipitada. Sin embargo, aunque ella seguiría en ese lugar eran excelentes noticias que ella saliera al patio.

—Fue mi culpa, me adelanté— negué con la cabeza y una sonrisa en los labios—. Sabes que eso es muy bueno, ¿Verdad Finnick?

Ni que lo digas. De hecho esto se dio por una idea que tiene Gale, algo como un programa de recompensas para Katniss. Los avances son impresionantes—. No pude dejar de lado el hecho de que si tan solo Katniss hubiera acudido adecuadamente con su psiquiatra este asunto se pudiera haber evitado—. El asunto es que ahora están trabajando con los recuerdos de Kat, pero Hawthorne no tiene la información necesaria y Susan me pidió que fuéramos a su casa para hablar con Gale. Y es muy importante que asistas.

—Claro, ahí estaré yo...— me giré hacia la puerta de mi recamara y la sonrisa se congeló en mi rostro al ver a Johanna de pie, escuchando todo—. Finnick, lo olvidé, yo ya tenía un compromiso.

Solo hubo silencio al otro lado de la línea, quizá el chico de ojos verdes trataba de asimilar mis palabras, me preocuparía por ello si no tuviera que lidiar con la decepción en el rostro de mi amiga. Johanna se cruzó de brazos y se mantuvo en su lugar, esperando.

Prometo que no va a durar mucho, tal vez media hora— Finnick me sorprendió dándome esa alternativa—. Si es necesario que vayas, al parecer tú tienes información acerca de algo que Kat preguntó hoy.

La duda me carcomía, ¿Que era lo que Katniss había preguntado? Le dirigí una mirada apenada a la chica Mason. No iba a faltar a la casa de Susan, no si podía ayudar en algo.

—Bien, ¿A qué hora debo estar ahí?— la boca de Jo se abrió por la sorpresa. Ella esperaba que su presencia me obligara a negarme.

Susan y Madge salen a las siete por esta ocasión, así que nos esperan a las siete y media. Yo puedo ir por ti quince minutos antes.

—Vale, entonces nos vemos. Gracias.

Corté la comunicación después de una breve despedida y guardé mi celular en el bolsillo de mi pantalón deportivo. Johanna levantó una ceja y se recargó en el marco de la puerta, esperando.

—¿Cuál es tu nombre de súper héroe?— bromeó pero en su voz no identifiqué ese tono juguetón.

—Vamos, Jo, no voy a tardarme mucho y hasta tu podrías ir, quizá tienes algo que aportar. Gale...— ella negó para silenciarme.

—Uno, no sería bienvenida. Dos, yo tengo que ir con Dave, a estas alturas ese idiota no ha hecho nada aun. Y tres, no quiero ir a donde vaya Odair— se encogió de hombros y se acercó hasta mí y besó mi mejilla—. Adiós Mellark, te salvaste esta vez.

—Podría ir cuando me desocupe— ofrecí, sabiendo de antemano que eso era mentira.

—O podrías dejar de mentir, Pinocho— me guiñó un ojo y se fue de mi cuarto. Segundos después escuché la puerta de la entrada cerrarse.

Johanna me sorprendió. Por lo menos había actuado un poco más razonable.