CAPÍTULO 10: UN SECRETO REVELADO.
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Marina se sentó en su cama. Se había encontrado a varias personas en el trayecto a su recámara, pero a ninguna le había prestado atención. Se había cambiado además, las lujosas ropas de Chizeta, por las antiguas de Céfiro. Su traje azul.
Sin darse cuenta, comenzó a llorar.
Siempre, en el fondo de su corazón había albergado la esperanza de que Guru Clef sintiera algo por ella. Aunque fuera simple atracción…y eso pensaba ella, porque estaba segura que era una muchacha tan bonita, que no podía pasar desapercibida para nadie.
Ya se lo habían dicho muchas personas: su padre, todos los chicos del colegio, incluso Paris, aquella vez en el Bosque del Silencio. Sí, era bonita…y ella siempre había tenido la sensación de que Guru Clef pensara eso, aunque fuera simple gusto físico…
Pero luego se preguntó, si Guru Clef sintiera algo por ella, ¿No habría dicho eso cuando le preguntó a quien quería ella? ¿Por qué pensaba que era Ascot? ¿Y por qué se había ido, porque tuvo que huir de ahí?
Sacó su libreta, que siempre estaba acompañada de un bolígrafo y comenzó a escribir…
Nada pasó, solo el tiempo lento entre tú y yo
Creo que acabó, lo que siempre supe que nunca existió
Y aunque yo no estaba sola, si sentía soledad
Tal vez por eso de un día a otro te comencé a amar
Y es por eso que lo pienso y tú solo te escondes sin hablar
¿Por qué te escondes? ¿qué es lo que hay en tu cabeza?
Ya lo sé, te escondes, ya no sé ni que pensar y sé que
Nunca entraré en tu corazón, no sé si lograré entrar
Me apartaste con tu muro
Ya te escondes, ya me basta suficiente
Y creo que, te escondes
Creo que empiezo a comprender
Que nunca te podré odiar ni amar
Y es que yo no así lo quise pero así parece ser
Te escondes, ahora lo sé…
Sus lágrimas también mojaban la tinta que se corría sobre el papel. Entonces, Lucy, entró en la habitación sin llamar a la puerta.
-¡Marina! – exclamó la pelirroja - ¿qué te pasa?
Ella se secó las lágrimas con el dorso de la mano, lo mas rápido que pudo.
-¡Lucy, no sabes que es de mala educación entrar sin tocar! – fingió ella.
Su amiga se sentó con ella. Estaba muy preocupada.
-Marina…- le dijo - ¿Confías en mí?
Ella miró a Lucy, desconcertada. Lucy la miraba con tristeza.
-Sí…pues sí.
-Entonces, ¿Por qué no me dices lo que te pasa? – le preguntó.
-Así es.
Marina volteó hacia la voz ajena y también se encontró con Anaís, que acababa de cerrar la puerta.
-¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio? – espetó Marina, enfadada.
-Tú lo haces que parezca así, porque no quieres confiar en nosotras, Marina. – le dijo Anaís, sentándose con ellas.
-Anaís tiene razón – dijo Lucy – últimamente estás muy rara. ¿Extrañas mucho a tus padres,?
-No… - dijo Marina sin pensar – no es eso.
-Entonces – dijo Anaís – tiene que ver con alguien de Céfiro.
-¡No! – exclamó ella - ¡Por favor, váyanse, quiero estar sola!
-¿Para qué? – la regañó Anaís - ¿Para seguir llorando? ¿Sufriendo con ésa cruz que sola no puedes cargar?
-¡Eso es asunto mío!
-¡Por favor! – rogó Lucy con lágrimas en los ojos - ¿Porqué discuten si somos amigas? ¡No, somos como hermanas!
Marina agachó la cabeza y guardó silencio. Anaís se acomodó los anteojos.
-Es más fácil combatir nuestros temores si los compartes con un amigo.
Marina agachó aún más la cabeza.
-¿Y si ésos temores no tienen solución? – preguntó.
-¡Claro que la tiene! – dijo Lucy - ¡Estas en la tierra de los deseos! ¡Todo puede ser realidad!
-He deseado mucho…- dijo Marina, muy triste – pero al parecer solamente ése sueño se aleja…cada vez más…que ya ni siquiera lo veo.
-¿Qué es lo que no ves? – preguntó Anaís.
-El amor…
Tanto Anaís como Lucy se miraron, muy confundidas.
-¿Estás enamorada de alguien? – dijo Anaís, sonriendo. – Eso es lindo.
-¡No lo es! – espetó Marina, enfadada - ¡Lo sería si fuera como tú con Paris, o Lucy con Látis! ¡No como yo…!
-Marina – le dijo Lucy – no olvides que antes de ser feliz con Latis también sufrí mucho…
Y ella logró superar sus miedos, Marina…por eso ahora es feliz…
-Es que…la persona que yo quiero…es inalcanzable…pero…por más que lo intento no puedo olvidarme de él…quisiera despertar y ver que solo es un sueño, y ser feliz, pero tengo su nombre en la cabeza como si fuera hierro ardiente…
-…
-Y no puedo olvidarme de sus ojos, de su sonrisa…y aunque no quiera admitirlo…porque una chica como yo, que siempre se ha burlado del amor ahora no pueda ni dormir…pensando en él…
-Marina…
-No puedo evitarlo, no puedo sacarme a Guru Clef del corazón…
Anaís se tapó la boca con ambas manos, atónita, y Lucy dio un grito y se cayó de la cama.
-¿¡QUÉ?!
-¿G…Gurú Clef?
También Marina se tapó la boca, arrepentida. Acababa de revelar su valioso secreto…
-Yo…no…quiero decir, que…
Anaís abrazó a su amiga, muy contenta y aunque Lucy no se recuperaba del impacto sonrió.
-¿Pero porqué sufres? ¡Si Guru Clef es una persona muy comprensiva!
-¡Así es, y te aprecia muchísimo! – dijo Anaís.
-No se trata de eso…
-¿Entonces?
-Yo solo tengo 17 años – dijo Marina, llorando – voy a la preparatoria, pero eso no es lo que Guru Clef espera. Soy caprichosa, rebelde, enojona…soy una malcriada e insensible…soy muy inmadura…
-Pero…
-Y el es tan bueno, tan maduro…tan comprensivo, tan paciente, tan sabio….¡No espera una niña rica tonta!
-¿Cómo puedes saberlo? ¡Ni siquiera se lo has dicho!
-Yo sé…cual es la respuesta. Él cree que amo a Ascot, no sé porqué…también…está tan apegado a Presea…que es tan sofisticada …igual tan madura…es muy parecida a él…
-Pero polos iguales se repelen – cientificó Anaís – no lo olvides.
-Yo me burlé de él siempre – dijo Marina – nunca lo tomé en serio. Estoy tan arrepentida…y a pesar de que le pedí disculpas…no sé…no podría arriesgarme.
-Pues si no arriesgas no ganas, amiga – le dijo Lucy.
-Mejor hubiese sido quedarme en Tokio – dijo Marina – aunque odie ese lugar.
-¿Hablas en serio? – dijo Anaís - ¿No te gusta Tokio?
-No. Antes, la primera vez que venimos a Céfiro anhelaba tanto regresar…tener mi vida anterior. Las fiestas, los viajes…las compras. Quería volver al colegio, hacer esgrima.
-¿Y que pasó?
-Pasó que cambié – dijo Marina, con una leve sonrisa – él me cambió.
-Eso es evidente, pues ya no quieres dejar este planeta.
-Cuando regresé de nuevo a Tokio lo veía todo tan diferente…- recordó – tan…vacío. Las personas corriendo en las avenidas, en los trabajos. La escuela llena de apatía y apariencias. Los muchachos tan fríos…tan huecos…
-Entiendo…- dijo Lucy
-Y yo estaba…rodeada de gente. Y al mismo tiempo me sentía tan sola… A pesar de que las veía a ustedes, ya no era lo mismo. Céfiro nos unía de un modo que nada en Tokio podría. Extrañaba tanto el palacio, los paisajes…la gente. Y sobre todo… a Guru Clef. Me pasaba todo el día imaginando su cara, y qué estaría haciendo…
-¡Por eso debes decírselo!
-Pero posiblemente él ya tiene alguien a quien querer…
-¿Y por eso no puedes decírselo? – sonrió Anaís – no subestimes tus propios sentimientos, Marina…
-Alguien ya me dijo eso una vez – dijo Marina – la princesa Esmeralda.
-¿Cómo? – preguntó Lucy, expectante – Pero si ella…
-Lo sé, pero cuando estaba buscando el Veritas, caí en un barranco…y sobreviví. Entonces la princesa apareció ante mí, como un ángel o algo así…
-La princesa sigue ayudándonos – dijo Anaís – es maravilloso.
-Ella me dijo que no podría ser capaz de controlarme tanto para no darle importancia a lo que sentía. Y que tenía que abrir mi corazón, si no…sería muy peligroso vivir en la tristeza y la desolación…
-¿Por qué diría eso? – preguntó Lucy
-No lo sé. Lo que no entiendo, ¡es porqué tuve que enamorarme de él! ¡No lo entiendo!
Lucy sonrió.
-Águila me dijo una vez…que no debía preguntarme porqué estaba enamorada, porque el amor no tiene explicación. Simplemente lo amas, y ninguna ley hará que desistas.
-Es cierto, no existe una regla que nos diga de quién debemos enamorarnos, en el corazón no se manda…
-Quisiera…poder decirle lo que siento, lo que pienso. Decirle, que sin verlo…no me siento tranquila, que necesito quererle…
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Rommel estaba muerto de rabia. Desde que llegó a Chizeta se había estado acumulando energía, que estaba a punto de explotar… de sus manos salió un aura negra, que fue tomando forma… una daga…una gran daga se formó ante él…
-Todos van a pagar…no se olvidarán nunca de mi nombre. ¡NUNCA!
Ascot entró en la habitación de Rommel, bastante contrariado. Daba la impresión de que no sabía ni lo que estaba haciendo.
-Me dijeron que Guru Clef y Marina habían escapado…- anunció.
-Así es – sonrió Rommel – pueden correr, Ascot. Pero no esconderse…y van a lamentar haberse burlado de mí, mis hermanas…los cefirianos…
-¿Qué…que vas a hacer? – preguntó Ascot.
-Tomaré la venganza a las Guerreras Mágicas mas lenta que jamás se haya visto…
-¿Qué vas a hacer…? Deberías pensarlo…ya te derrotaron dos veces y…
-¡Cállate! – rugió Rommel - ¿ya se te olvidó todo lo que ellos te hicieron?
-No… pero…
-¡Marina se burló de ti! – estalló el príncipe - ¡Guru Clef te rechazó como alumno! ¿Ya lo olvidaste? No eras nadie en el palacio, todos eran grandes espadachines, o magos, o realeza… pero tú…
-¡Yo sí era útil!
-¡No seas ingenuo! Todos te mintieron… ¿Ya olvidaste? Te dijeron que Presea estaba viva porque no querían que supieras la verdad… que eras un asesino, que tú mataste a Presea y que la verdadera no es quien crees que es.
-Lo sé…tú me lo dijiste…
-Al menos tuve el valor para decirte la verdad, Ascot, Guru Clef ni siquiera se molestó…creía que si sabías la verdad, serías un asesino…matarías a otros…
-Pero yo no…
-Y eso es lo que vas a hacer. – dijo Rommel finalmente – vas a matar a quien yo te diga.
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Caldina caminaba por uno de los largos pasillos del Palacio. Entonces, sintió una presencia conocida…y en la oscuridad de la noche, una figura extraña se acercó.
-¿Quién es? – preguntó ella. No parecía Ráfaga, ni Latis. Pero la figura se asemejaba a Paris.
El desconocido no contestó.
-¿Paris?
A Caldina le dio un vuelco al corazón cuando vio de quien se trataba. No era Paris, sino Ascot.
- ¡ASCOT! – gritó Caldina, asustada - ¿Qué…?
-¡Cállate! – le espetó el chico, y la aprisionó por el cuello. – dime donde está Guru Clef, ahora.
-¿Qué…? – dijo Caldina, con la voz ahogada - ¿Qué haces…Ascot…?
-¡DÍMELO O TE MATARÉ AHORA MISMO!
Caldina sabía que Guru Clef estaba en la sala del trono.
-¡Ascot, cálmate…estás lastimándome…!
-¡DIME AHORA MISMO DONDE ESTA O TE MATARÉ Y DESPUÉS A TODO EL QUE ENCUENTRE!
-No…no sé…Ascot…
-¡Estás acabando con mi paciencia Caldina! – rugió Ascot, completamente transformado. - ¿quieres que mate a Ráfaga…o a Anaís, Lucy…?
-Está… - tartamudeó Caldina – está en su habitación…
-¿Estás segura?
-Sí…
-¿Está solo?
-Creo que solo está Nikona con él…
Ascot soltó con violencia a la ilusionista y la empujó hacia una de las paredes, dejándola inconsciente.
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Airmed se tocó el pecho, al tiempo que despertaba de su sueño. Estaba muy alterada, y su respiración era muy agitada.
-No puede ser… ¿Qué es esto? ¿tan pronto?
Se levantó lo más rápido que pudo, corriendo por los corredores hasta la habitación de Guru Clef. La encontró vacía, y su corazón se le salía del pecho. Entonces vio la recámara de Marina a lo lejos.
-Solo tú… solo tú puedes…
Marina se secó la última lágrima, ahora estaba sonriendo. Las palabras de sus amigas la habían no solo reconfortado, sino que también le habían dado grandes esperanzas.
-Muchas gracias, Anaís, Lucy…
-No hay de qué, amiga… - dijo Lucy y la abrazó.
-Para eso estamos… - le dijo Anaís.
Las tres se abrazaron, y justo segundos después la puerta se abrió de golpe, tan fuerte que todas se sobresaltaron.
-¡Marina…! – dijo Airmed, con los ojos muy asustados. - ¿Dónde está Guru Clef?
La aludida se desconcertó.
-Yo… no lo sé…
-¡Airmed! – dijo Lucy - ¡Estás pálida! ¿te encuentras bien?
-Marina… escúchame – dijo Airmed acercándose sin contestarle a Lucy – Guru Clef está en peligro… muy grave… debes salvarlo…
-¿Qué… peligro? – tartamudeó Marina sin comprender, pero de pronto el corazón se le había acelerado - ¿Cómo lo sabe?
-¡SOLO LO SÉ! – desesperó Airmed – Por favor, te juro por mi vida…nunca mentiría en algo así.
-¿Dónde está él? – preguntó Marina, automáticamente.
-No sé, lo vi con Caldina en el comedor… pero no está ahí, ni en su habitación…
-¿Habrá salido del castillo? – preguntó Lucy
-Tal vez deberíamos separarnos – propuso Anaís, que era la única que conservaba la calma – y si encuentro a alguien, le avisaré también.
-D- de acuerdo… - dijo Airmed
-Voy a ver al jardín – dijo Lucy
-Yo iré por abajo – dijo Anaís
-Bien, yo iré arriba – dijo Marina, finalmente. Pero antes de que ella saliera, Airmed la jaló del brazo.
-Marina, por favor…no permitas que algo malo le suceda…
-¿Por qué me dice esto? – preguntó Marina, angustiada
-Porque sé que tú eres la única persona que más le importa.
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Guru Clef permanecía sentado en la sala del trono. Pensaba en las palabras de Marina…si serían verdad o no. ¿Realmente amaba a Ascot?… podría ser, Ascot, antes de ser dominado por Rommel era un buen chico, y siempre la había ayudado en todo…
-Marina… - murmuró.
Las puertas del trono se abrieron de golpe.
-¡Qué linda habitación! – se burló Ascot. Y Gurú Clef se puso de pie, con el báculo en mano - ¿¡No crees que es demasiado grande para ti?!
-Ascot – dijo el mago, muy serio - ¿Qué haces aquí?
-¡Ah! Sí…supongo ahora necesito invitación para entrar a tu palacio…
-Éste no es mi palacio.
-Claro que no – dijo Ascot, acercándose – pero eso no te impidió expulsarme como si fuera un montón de basura ¿verdad?
-Ascot, te equivocas…tú te fuiste por voluntad propia. Yo no te expulsé.
-¡No! ¡Pero sí lo provocaste! – rugió Ascot, completamente descontrolado – me dijiste que era un inútil…me mentiste todo el tiempo…
-¡Claro que no, Ascot! – exclamó Clef – estás bajo el efecto del control de ése príncipe…si deshiciéramos el hechizo…volverías a ser como antes…
-¡Volver a ser el idiota! ¿¡El perdedor!?
-Ascot…estás equivocado…
-Me mentiste en todo. Me dijiste que era un buen alumno, y sin embargo, cuando las Guerreras Mágicas se fueron me reclamaste lo mal hechicero que era…
-¡Porque no ponías atención en tus deberes! – dijo Clef - ¡Porque pensabas todo el tiempo en Marina! ¿Así ibas a ser un buen hechicero?
-¡Claro, a ti no te convenía que yo fuera un buen mago! ¡Ni que pensara en ella! ¡PORQUE SIEMPRE TE HA INTERESADO MARINA!
Guru Clef calló por un momento.
-No… Ascot… estás confundiendo las cosas…
-¡Ah! ¡Ahora yo estoy confundido! – Ascot se acercó Más. - ¿También estoy equivocado en que tú me mentiste sobre Presea?
-No sé de que me hablas…- se confundió Guru Clef.
-¡Me mentiste! ¡Sabías que yo era un asesino, que había matado a Presea!
Guru Clef se desconcertó.
-Ascot, tú…tú solo eras un niño. Escúchame, no tenías edad ni porqué cargar con un accidente…eso no fue a propósito…
-¡Pero Presea murió! – gritó Ascot con lágrimas en los ojos - ¡Por eso nunca pudiste perdonarme!
-Claro que no…tú eras un niño…no sabías lo que hacías. ¿Para que darte esa responsabilidad de conciencia siendo solo un niño?
-Claro… para ti siempre he sido eso…solo un niño idiota. Es verdad. También Marina piensa eso…
-Marina te quiere mucho – dijo Guru Clef – no tienes idea cuánto.
-¡NO ME MIRES ASÍ!
-¿Así… cómo? – preguntó Guru Clef, sinceramente.
-¡Como si fuera un perdedor que trata de aferrarse a algo que nunca ha tenido!
-Marina te quiere, Ascot…te aprecia muchísimo…
-¡Pero no de la forma que yo a ella!
-¡Eso debes preguntárselo!
-Yo ya sé cuales son sus sentimientos. – dijo Ascot – por eso…he tomado una decisión ya.
Ascot siguió caminando hacia Guru Clef.
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Marina corría por uno de las corredores que daba al área residencial. Cuando algo, tirado en el piso le llamó la atención.
-¡Caldina!
Caldina se levantaba lentamente, agarrándose la cabeza.
-Marina…
-¿Qué pasó, Caldina?
-Ascot… estuvo aquí…
-¿¡QUÉ?!
-Me atacó…buscaba a Guru Clef…
Las palabras de Airmed vinieron a su cabeza. "Guru Clef está en peligro… muy grave… debes salvarlo…"
-No puede ser…- dijo Marina. - ¡Caldina, le dijiste donde estaba!
-No… le dije que estaba en su habitación. Pero está en la Sala del Trono. ¡Rápido, creo que…quiere hacer algo malo, Marina!
-Lo sé..
Ella se echó a correr. El mal presentimiento lo sentía en el pecho, y los latidos de su corazón le rebotaban en las orejas con potencia. Corría lo más rápido que le daban las piernas… y el camino se le hacía cada vez mas largo…
Ascot quedó a escasos tres pasos del mago.
Pero él sujetaba con firmeza su báculo.
-Se que solo tú puedes ayudarme, Guru Clef. – le dijo Ascot, calmado…pero de una manera extraña.
-¿Qué quieres decir?
-Solo tú…puedes deshacer el hechizo al que estoy sometido…no quiero herir a nadie…
Guru Clef sonrió.
-Sí…por supuesto. – dijo él – ven…voy a tratar de romper el hechizo con mi magia…
-Gracias Guru Clef…
Clef acercó su mano a la frente del chico, y éste cerró los ojos. La energía de Guru Clef empezó a emanar…y Ascot abrió los ojos, llenos de odio…y le dijo al oído:
-Paga todo el daño que me has hecho…
Ascot sacó una daga, llena de diamantes negros, Guru Clef apenas alcanzó a verla…Ascot la tomó, y la atravesó en el estómago de Guru Clef…
Guru Clef miró a Ascot con decepción, mientras la sangre brotaba de su vientre…
-Ascot…¿por qué…? – le dijo con voz ahogada.
Entonces Marina entró por la puerta, corriendo. Si hubiese visto lo que realmente estaba pasando, podría haberse desmayado. Guru Clef estaba de pie con Ascot.
- ¡Dragón de Agua!
Ascot fue mandado muy lejos del salón por el poder de la magia de Marina. Ella corrió hacia Guru Clef, preocupada.
-¿Estás bien…? Airmed me dijo que…
La palidez de Guru Clef extrañó a la muchacha, y cuando vio la daga que estaba en su estómago, y la sangre cayendo por su ropa y goteando en el suelo, ella sintió que el alma se le caía a los pies.
Guru Clef se sacó la daga, con todas sus fuerzas, y sin embargo estuvo a punto de caer, pero fue sostenido por ella.
-Marina…
-¡GURU CLEF!
-Ah…
Él se deslizó hasta el suelo, yéndosele la vitalidad. Marina sintió como las lágrimas le caían de las mejillas sin detenerse. Guru Clef quedó recostado en el suelo, y Marina le sostuvo la cabeza con delicadeza.
-No… no te preocupes, vas a estar bien – dijo ella, muerta de miedo – Anaís llegará en cualquier momento…y te curará…
Guru Clef cerró los ojos con dolor, y sonrió a medias.
-No…Marina…ya es tarde…
-No…no… - negó ella, llorando con más fuerza – claro que no…vas a estar bien. No te preocupes…
-No…Marina…ésa daga no es ordinaria…
-Pero…aún así, no debes rendirte…por favor…
-Ya no hay tiempo…- dijo él, casi sin poder hablar. – escúchame…quiero que me prometas algo…
-No… - dijo ella, sin poder creer lo que estaba pasando – no me pidas promesas porque no voy a dejar de verte – dijo ella, incrédula
-Quiero…que seas feliz – dijo Guru Clef, débilmente – y que me…perdones…
-¡No, no! ¡NO!
Ella lo abrazó con fuerza. Sin escucharlo. No quería, no podía estarle pasando eso.
-No llores…
Él se quitó con dificultad una pequeña gema de la tiara. La puso en la mano de Marina y ella la sostuvo por inercia, pero no podía dejar de verle los ojos, que se cerraban poco a poco.
-Perdóname… Marina…
-¡NOOOOOO!
Una luz cegadora inundó el lugar. Ella podía escuchar sus propios gritos en la distancia, relámpagos…lluvia…y su angustiada voz gritando el nombre de Guru Clef…
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Éste es uno de los capítulos más fuertes. Espero les haya gustado, ¿Qué sintieron?
Kayleigh
