—¿Alguna vez pensarás en ayudar? -Zack gruñó mientras acomodaba los paquetes de hierba al fondo de una caja.
Reí y me asomé desde el auto, levanté el aceite de motor del piso, él me miró, levanté el dedo corazón y él sonrió volviendo a lo suyo.
—Si no estuviera con esto, lo haría. -dije en voz alta, para que él me escuchara.
—Esa mierda está bien. No sé por qué te empeñas en estar siempre metiendo la cabeza en el motor.
—Tenemos que tenerlo en las mejores condiciones posibles. Además este bebé es mi responsabilidad hasta que logre conseguir uno.
Él terminó y cargando un par de cajas se acercó a mí con una sonrisa burlona.
—Claro, al paso que vas, gastando tu dinero en alcohol y putas, rápido lograrás obtener tu auto.
—Imbécil.
—Sólo decía. —Rió.
—¿Listos? -Entró Johansson seguido de cinco hombres que de inmediato fueron a sellar las cajas.
—Más que eso —Cerré la cajuela y palmeé levemente la 4x4 negra al lado de mí.
—Eso suena perfecto —Se acercó a mí y levantó sus gafas oscuras mirando la enorme camioneta-. Eres muy bueno para darle mantenimiento a este monstruo.
—Sólo le hago lo que puedo.
—Espero no nos deje varados a medio camino -comentó Zack desde atrás de la camioneta, mientras acomodaba las cajas.
—Al que dejaré abandonado en la carretera será a ti, por idiota -mencioné apretando el paliacate amarrado a mi cabeza.
—Ustedes están peor que niños —El ruso negó con la cabeza-. Vamos, subamos esto y larguémonos de aquí.
Terminamos de acomodar todo y subimos a la camioneta, los otros hombres se fueron en un auto aparte. Nosotros, que llevábamos la mercancía, íbamos detrás del automóvil que andaba a velocidad normal sobre la carretera a Dresden, estuvimos por unos cuantos kilómetros charlando y bromeando hasta que de repente algo golpeó fuertemente la camioneta empujándonos hacia adelante.
—¿Qué sucede? –dijo Johansson volteando hacia atrás.
—Mierd…
Otro golpe nos empujó de nuevo, pude verlo, era otra camioneta que trataba de emparejarse a la nuestra, aceleré y pude notar un par de motocicletas que iban alcanzando al auto frente a nosotros, apreté el claxon para alertarles.
—Señores, saquen sus armas –mencionó Zack sacando el revólver.
—Hijos de perra –Bufó Johansson imitando la acción del rubio.
Volvieron a golpearnos y por un instante perdí el control de la camioneta, golpee las ruedas delanteras con la división de concreto que dividía los carriles, los disparos no se esperaron a escuchar, rompieron el vidrio trasero y Zachary se volvió para disparar, por mi parte intentaba librarme de los ataques de aquella estorbosa camioneta.
Las motocicletas, ambas con dos hombres, uno que manejaba y otro que disparaba, estaban de lado a lado del auto rojo que iba delante nuestro, mis compañeros disparaban y lograron darle a uno que iba manejando, la moto se descontroló y yo aproveché a moverme hacia ellos para empujarlos hacia el sendero de árboles que bordeaba la carretera.
Volvimos a sentir otro empujón ahora más fuerte, el hombre de la moto giró el brazo apuntando directamente hacia mí, y yo moví la 4x4 hacia un lado, pasando por sobre la división hacia el carril contrario. Johansson le reventó una de las llantas a la camioneta que se quedó a un lado de nosotros, y yo maniobraba por no chocar con los pocos autos que transitaban de manera contraria.
—Son los americanos –gritó Zack recargando su arma.
—Vaya, has hecho un gran descubrimiento, genio. –dije moviéndome hacia el carril de origen.
—Cállense –Gritó el ruso—, debemos de quitarnos de encima a estos mal nacidos.
Pude ver que la otra camioneta seguía avanzando, con menor velocidad pero continuaba detrás de nosotros, Zack le disparó al conductor y aquella fue a estrellarse contra un árbol que sacaba sus raíces en la carretera.
—¡Puntos para nosotros! –gritó emocionado—. ¡Hijos de puta, coman eso!
Por el retrovisor noté la segunda motocicleta, a la que le habían lesionado al conductor, iba detrás nuestro, y a lo lejos, los tipos de la camioneta blanca, corrían con escopetas en mano, disparando hacia nosotros.
—¡Maldita sea! –dije acelerando lo más posible.
—Son persistentes. Pero no más que nosotros –comentó Johansson girándose y disparando hacia atrás.
Un impacto se escuchó y zigzaguee golpeando sin querer el auto aliado.
—¡Joder! –Grité enojado al escuchar el sonido repetitivo de la camioneta—. Tenemos fuga.
Zack soltó un juramento y pude ver cómo ambas motocicletas disparaban reventando las llantas del auto haciéndoles perder el control, se fue hacia un lado, al carril contrario estrellándose con otro auto para después irse contra un árbol. Los hombres salieron del auto disparando logrando derribar una moto con todo y los conductores, los perdí de vista ya que continuaba a gran velocidad, busqué por el retrovisor a la otra moto, no la encontraba, alce la mirada y los vi frente a nosotros, regresando hacia nuestra dirección, el hombre disparó rompiendo el vidrio haciendo que todos los pedazos cayeran sobre mis piernas astillándome por completo, Johansson gimió y supe que le habían dado, la camioneta volvió a moverse sin control y yo la manejaba desesperadamente intentando apartarme de su amenaza, apreté el freno haciendo que derraparan las llantas un largo tramo hasta estrellarnos contra los matorrales que serpenteaban el lugar.
—¡Ahhh! Infelices –Gruñó tocando su pecho, al lado de su clavícula.
Lo miré y escuché las risas burlonas a lo lejos, como hienas a punto de devorar su presa, las voces se alejaron mientras seguían riendo, la furia me invadió, esos hijos de puta no debían de salirse con la suya, la camioneta aún estaba encendida, y sin importarme nada bajé, escuché la voz de Zack pero no le hice caso, sentí una severa punzada en el muslo derecho, era un pedazo de vidrio que se había clavado; a como pude salí a la carretera, y noté a lo lejos cómo los hombres de la camioneta desvalijaban el auto de nuestros compañeros.
Ellos ya estaban muertos.
Saqué mi arma al ver al conductor de la moto a unos 30 metros lejos de mí, ya se había quitado el casco y yo estaba tan enfurecido que sin importarme el dolor en la pierna ni las probabilidades de que él me derribara, avancé comenzando a dispararle, escuché el sonido del motor, y él arrancó con la moto, con una mano llevaba el control del manubrio y con la otra llevaba una pistola, se acercaba y yo estaba ahí a media carretera disparándole colérico, una bala perforó mi brazo izquierdo y escuché otros disparos de sus compañeros.
Mientras se acercaba pude verle, tenía un parche en el ojo derecho, empecé a retroceder y logré darle un disparo en el pecho que lo lanzó hacia atrás cayendo de la motocicleta.
—¡Idiota! –Zachary gritó mientras disparaba cubriéndome.
—¡Suban! –La voz de Johansson se escuchó acompañada del sonido del motor de la camioneta.
Las balas se me acabaron y corrí junto con Zack hacia la camioneta que estaba con una de las puertas traseras abierta, a la orilla de la carretera, todo pasó tan rápido que no supe cómo fue que derribe a ese hombre, ni cómo ellos pudieron sacar la camioneta.
Los demás venían corriendo detrás de nosotros, me arrojé hacia adentro y Zack hizo lo mismo. Sin esperar a más, Johansson aceleró aprovechando lo poco que quedaba de potencia en la carcacha que era la 4x4.
Grité al sentir el dolor en mi cuerpo, Zack cerró la puerta y continuó disparando hacia esas pirañas que venían detrás.
Zack llamó por refuerzos, Johansson aceleró lo más que pudo ya que las motos comenzaron a perseguirnos de nuevo, tal pareciera que esos infelices no se darían por vencidos, llegamos a la ciudad y maniobrando con la poca gasolina que quedaba Johansson pudo perderlos mientras la ayuda llegaba.
Esa tarde fue terrible.
—¿Eres un idiota, o qué? –Dante gritó frente a la cama, había llegado con Johansson la misma noche del accidente.
—Lo siento. –dije mientras lo miraba caminar de un lado a otro frente a mí.
Me encontraba sentado a la orilla de la cama mientras Johansson observaba desde la puerta, y Dante… bueno, él se miraba muy enfurecido.
—¡Ya les he dicho que cuando eso pase, no se detengan por ninguno! ¡Por ninguno!
—No me detuve… Ellos se burlaron, se burlaban de nosotros –Argumenté indignado aún.
—¿Y eso qué? Era tu puta vida. –Reprendió.
—En ese momento no pensé… sólo salí y ya.
—Espero que para las siguientes ya empieces a usar tu cerebro. –Se detuvo mirándome enojado, se cruzó de brazos y preguntó—. ¿Qué era lo que tenías que decirme?
Miré al ruso, estaba con algunos raspones en la cara y ya tenía el brazo vendado, apoyado contra la pared, a un lado de la puerta, él asintió y volví la mirada hacia nuestro jefe.
—El tipo de la motocicleta, es el mismo con el que Richman hacía tratos, tenía un parche en el ojo, y si bien no le vi las demás referencias, te puedo asegurar que es el mismo –dije seriamente—. Eso quiere decir que de alguna otra manera ellos nos están espiando. Ellos supieron nuestra ubicación y eso no pudo ser más que por otro soplón. Hacemos envíos cada dos días, a diferentes áreas, ¿qué no se te hace sospechoso que nos pillaran en el momento preciso?
—Esas malditas ratas –Soltó volviendo la mirada hacia el ruso—. No habrá que confiar en nadie.
—Por tu bien, no deberías de estar solo –comenté—, ellos van por ti, y si tienen contactos aquí dentro, no dudes de que alguien pretenda entregarte… o algo.
Pasó la mano por su cabello, se notaba preocupado, Johansson se notaba prudente e igualmente turbado, Dante habló:
—Tendremos que hacer limpieza de quienes no nos sirvan, no importa quienes sean, necesito deshacerme de los elementos inservibles. Johansson, sígueme –dijo caminando hacia la puerta—, y tú, permanece aquí hasta que ya puedas andar.
—Dante, ya estoy bien –dije poniéndome de pie, el ardor en la herida me hizo tambalear y él continuó.
—Sólo hazlo –agregó—. Luego hablaré contigo.
—Dante… —Le llamé antes de que se fuera—. Lamento lo que pasó hoy. Te aseguro que no volverá a pasar. Te lo juro.
Él asintió mientras me miraba fijamente, me sostuve con la orilla de la cama, la maldita pierna aún me dolía.
—Sé que ya no volverá a pasar.
—No te defraudaré, eso tenlo por seguro.
—Más te vale muchacho. Ahora descansa, ya mañana tendrás tiempo de preocuparte.
Estaba demasiado inquieto por lo que estaba sucediendo, la cara del enemigo aún no tenía una forma definida y estábamos combatiendo contra algo que desconocíamos. Dante hizo severos cambios con todos sus trabajadores, a los que consideraba débiles o posibles traidores los envió a misiones de las cuales jamás volvieron. A los otros los movió de distrito y a nosotros... bueno, ahora nosotros parecíamos unos más de sus guardaespaldas personales.
Todo esto se estaba volviendo una locura, días después de nuestro accidente reportaron otra baja más de siete hombres que regresaban de Berlín con paquetes de más de trescientos millones euros. Bien sabíamos quienes habían sido y que nos vigilaban desde sitios que poco podíamos imaginar. Dante se había vuelto loco con la seguridad, y tal pareciera que últimamente se había dedicado a reclutar a todo un ejército para desarrollar los trabajos.
Por mi parte todo se resumía en pensar y recordar el rostro de ese tipo, quizás estuviera muerto, quizá no, y eso me dejaba un amargo sabor de boca cada que recordaba la herida en mi brazo. Era tan molesto pasar los días en el departamento sólo y sin acción que decidí regresar a la bodega a los diez días del accidente, a veces iba sólo medio día ya que Johansson insistía, peor que una alarma sin cancelar, a que fuera a descansar, detestaba tanto estar en solitario, así que casi a diario iba a dar vueltas y vueltas por la ciudad en el auto, que sí, ya lo habían mandado a componer y barnizar. Digo, lo que menos les falta ahí es dinero, a pesar de que los americanos estuvieran luchando por robárselo.
Entré a la cafetería arrastrando los pies, no quería que se me notara demasiado que aún cojeaba, llevaba aún puestos los lentes oscuros y me dejé caer en una de las sillas con cojín al lado del ventanal adornado con las promociones del día, la construcción de madera muy bien pintada y las decoraciones hacían de ese un lugar propicio para ir a hundirse en los pensamientos que parecen torturar la cabeza.
Al menos la mía sí.
Por un momento me entretuve con el celular, contesté algunos mensajes mientras esperaba a que me entregaran el frapé que parecía tardar siglos. Levanté la mirada buscando a alguna mesera cuando, cerca de la caja registradora una alta y estilizada figura caminaba hacia mí, con el sorbete de su bebida entre los labios y una sonrisa juguetona avanzó familiarmente hasta mi sitio, dejó sobre la mesa el tarro de cristal y miré el sorbete, llevaba la marca de su labial.
Color rosa, casi imperceptible, pero rosa al fin.
—Está muy frío para mi gusto –dijo como si yo le hubiese preguntado su opinión.
—Se supone que estás trabajando –mencioné mirándolo desde mi sitio.
—Se supone que estás descansando –arremetió sentándose frente a mí, al otro lado de la pequeña mesa de cristal.
Reí y Amber sostuvo la mirada fija en mí, probé la bebida, me di mi tiempo y él aguardó silencio.
—Me gusta… —comenté—. ¿Ahora me dirás, qué haces aquí?
—Vine por unas galletas integrales –Sacudió en su mano la envoltura que previamente había sacado ágilmente de su bolso—. Te vi y se me hizo imposible no acercarme.
Volvió las galletas en el gran bolso negro con estoperoles y me miró seriamente, ese había sido el lugar en donde nos vimos por primera vez.
—Bien sabes que no se puede abandonar el área de trabajo por más de diez minutos –comenté con un toque de reprimenda, ahí, inmóvil, frente a mí, me pareció que sonrió.
—Y tú no sabes que yo puedo ir y regresar cuando quiera –dijo insolente con un gesto en su rostro de mera superioridad.
—Abusas mucho de tus privilegios.
—Sólo los uso en cuanto los necesito –Estiró la mano acercando el frapé hacia su lado—. Es parte de los beneficios que tengo…
Bebió un poco y continué:
—Te aprovechas sólo por ser la "amiguita" de Dante –Solté punzante y esto le provocó más risa.
—Ohh, hasta eso sabes. –dijo sin asombro.
—No es tan difícil de imaginármelo al saber el interés que tiene en ti y las libertades que te da.
—No soy el único que tiene beneficios con él. Dante siente cierta predilección por ti, y no precisamente estoy pensando que te anda cogiendo todas las noches… —Volvió a beber como si lo que dijera fuese algo sin importancia—. Ya, mejor dime –Dejó el frapé a un lado, y se inclinó hacia mí—, ¿qué tratos tienes con Dante para que se comporte así contigo?
—¿Y cuáles son los tuyos con él? –pregunté de inmediato alejé el tarro de cristal de su lado acercándolo conmigo.
Bien sabía que no me iba a responder.
—Lo que tengo con él es completamente diferente a lo que ustedes piensan –dijo justificando pausadamente.
—¿Ah sí? ¿Qué tan diferente?
—¿Qué tan diferente es lo que tienes con él?
Me quité los lentes y la miré fijamente, al parecer esa conversación no iba a llegar a nada y sólo me provocaría golpearle la cara o en su defecto…
Bueno, creo que ambos suponíamos qué otra cosa podría provocarme.
—¿Por qué viniste aquí?
—Ya te dije por qué –Levantó el brazo y apoyó su barbilla sobre la palma de su mano, me miraba interrogativamente como yo a él.
—No-te-creo –Solté inclinándome hacia él.
—Da igual si lo crees o no.
—Podría obligarte a que me dieras tus razones, pero bien sabes que aquí no se puede.
Sonrió y se mordisqueó el labio inferior, casualmente volteó a ver hacia la salida y volvió su mirada hacia mí.
—No, no podrías…
Le sonreí y me correspondió con un gesto juguetón de sus ojos, ¿qué nos estaba pasando?, primero nos cuestionamos agresivamente y ahora… ¿coqueteamos?
¿En qué momento cambiamos tan drásticamente?
¿Por qué diablos no puedo dejar de sonreírle?
Lo cierto es que debía saber la relación que mantenía con Dante, no era que me interesara, sólo me serviría para alimentar un poco mi curiosidad.
Sí, sólo eso.
—¿Me dirás cómo es que llegaste a ser el predilecto de Dante? –preguntó manteniendo la mirada en mis ojos, parpadeaba lentamente como si estuviese contemplándome.
—Es simple. He hecho bien mi trabajo –espeté recargándome en el sillón alargado en el que estaba.
—Ah. ¿Sólo eso?
—Así es.
—¿Desde cuándo trabajas para él?
—¿Desde cuándo trabajas tú para él?
—Desde hace algunos años –respondió tranquilamente.
—Esto no nos va a llevar a ningún lado. –dije algo irritado poniendo las manos sobre la mesa, estaba por irme.
—Yo sólo quiero saber un poco más de ti –comentó rápidamente mientras se observaba las uñas, todas perfectamente barnizadas de negro—. Es todo.
—Ah ¿sí? Y ¿por qué?
—Porque me gustas –Soltó sin más—. ¿Qué eso no es motivo suficiente?
—¿Sólo por eso?
—Vamos, tenemos el mismo jefe, estamos en los mismos círculos. ¿Qué más da el conocernos un poco más a fondo?
—Claro –dije escéptico—. Y eso le has de decir a todos los imbéciles para que te suelten su información, ¿no es así?
—Si crees que soy así de directo al averiguar cosas, te equivocas. Estaría completamente loco si quisiera venir a sacarte información importante de esta manera y en un lugar como este.
—¿Entonces cuál es tú interés en mi relación con Dante?
—No me interesa tanto lo que tengas con él. Me interesas tú. Esta era una simple forma de iniciar una plática. Sólo que no pensé que te pondrías de esta manera.
—¿Ahora soy yo?
—Sí, tú.
Reí, en realidad parecía que estaba discutiendo con una mujer, Amber me miró, ahora más serio que nunca como si ya no quisiera estar ahí, y hablé.
—¡¿Esto es en serio?! –exclamé mientras sonreía—. Amber –Al decir esto, me acerqué de nuevo hacia él, me miraba fijamente—, si fueras más amable, tal vez podría decirte.
—Créeme, demasiado amable he sido contigo. Si ya sabes a lo que me refiero… –Acercó su rostro hacia mí, estábamos a pocos centímetros el uno del otro y su mirada aún me parecía provocadora.
—Así como lo has sido con todos –Agregué recordando su peculiar trabajo.
—No. Verdaderamente amable, sólo contigo. –dijo en un susurro sólo para nosotros dos.
—Y con Dante…
—No. Contigo.
Nos mirábamos fijamente y aquello parecía no querer tener fin, su perfume me alcazaba y todo eso parecía completamente absurdo de acuerdo a cómo todo empezó. Se levantó ya con la bolsa en la mano y salió de allí dejándome sin saber qué decir, tenía en cuenta que confiar era como ponerme la pistola en la cabeza, bien me lo había dicho Johansson, sin embargo Amber se estaba volviendo esa tentación exagerada que provoca los sentidos por sobre las reglas.
Y a los instintos por sobre la mente…
Maldita sea.
