Hakuouki Shinsengumi Kitan no me pertenece, es propiedad de Idea Factory. Yo solo uso a sus personajes y me divierto con ellos, no lucro con esto de ninguna manera.


Capítulo 9

Todo vuelve

Me sentía a gusto estando en el festival. Las personas me miraban mucho y me sentía un poco incomoda. Sano-san me recalcó muchas veces que era porque me veía muy hermosa y que era la más hermosa de todas. Yo decía que era por el color del kimono, un color tan brillante como ese rojo no es muy común a menos que trabajes en el negocio del placer. Había escuchado que en el distrito amurallado de Shimabara las mujeres de ese tipo usaban muchos kimonos de colores brillantes.

Parte del día me la pasé caminado de aquí para allá. Intentaba siempre ver donde estaba Asuna junto a Heisuke-kun, lo bueno fue que Sano-san me garantizaba que Heisuke-kun no le haría nada a Asuna, él no era de ese tipo de persona. Aun así no pude verlos en ninguna parte, sabía que se estaban escondiendo de mí.

—Chizuru-chan—vi que estaba caminando con Okita-san y Hanami-san. Debía ser un poco incómodo para ella estar de extra ahí— ¿Qué haces aquí? Pensé que Hijikata-san te tendrían encerrada de por vida.

—Yo también, Shiori-san—por alguna razón se sonrojó al verme—disculpe que se lo diga… pero…

— ¿Pero qué? —le pregunté con curiosidad.

—Se ve muy hermosa con ese kimono—he ahí del por qué me arrepentía de usar ese kimono. Era muy llamativo y yo acostumbraba siempre a pasar desapercibida. No me gustaba que la gente me mirara mucho.

—Gracias, Chizuru-chan.

—Te dije que era cierto, que te ves bien—dijo Sano-san—si quieres estar un momento sola puedo irme—creo que se me notaba mucho que quería estar a solas o al menos con más compañía. No podía ser grosera con él, había estado conmigo todo el tiempo.

— ¿Podría concederme unos momentos a solas con Chizuru-chan? Quisiera hablar con ella un rato—él sonrió y asintió.

—Nos vemos más tarde, Shiori-san—no me acostumbraba a las formalidades, casi todas me decían solo por mi nombre—Chizuru, no la dejes irse lejos, no quiero que Hijikata-san me regañe por dejarte ir muy lejos.

—Sí, Harada-san.

Tome a Chizuru-chan por el brazo y empezamos a caminar por varias partes. Le conté parte de mi vida, el cómo llegué hasta aquí y como terminé donde estoy ahora. Una historia un poco larga pero nos mantuvo entretenidas por un largo tiempo.

Me daba lastima, estaba sola y viviendo con esos hombres. No quiero decir que sean malos pero hay veces que son muy bruscos en algunas cosas. En parte porque era joven, se veía que no le gustaba mucho estar ahí pero le aseguré que por el bien de ella era mejor quedarse así.

Y eso me hizo acordar de algo…

—Chizuru-chan, ¿Has sabido algo de tu padre? —nos sentamos en unos bancos de madera, cerca de los arboles donde estaban las tumbas de Misaki y Kyoko. No tenía casi hojas, el invierno llegaría pronto.

—No, nada. El Shinsengumi ha dicho que no han encontrado pistas sobre el paradero de mi padre pero…

—Descuida, estoy segura que tu padre debe estar en alguna parte, no pudo desaparecer así como así—ella asintió y le limpié una lágrima rebelde que amenazaba con bajar por su mejilla.

— ¿Por qué es tan amable conmigo? ¿No debería ser como ellos? —la pregunta me extrañó un poco. Claro que tenía mis razones, razones que eran válidas.

—Porque se ve que lo necesitabas, no todas las personas en este mundo son malas Chizuru-chan, siempre se lo digo a las chicas y con el paso del tiempo, en todo lo que he vivido estos años… yo sé que siempre hay alguien bueno en alguna parte, solo tienes que dejar que ellos te encuentren, tu no los buscas.

—Entonces… ¿Usted llegó a mí?

—Por alguna razón así fue, el destino quiso que nos conocieras y por algo debe ser. Las cosas en la vida pasan siempre por alguna razón y eso lo aprendí desde pequeña. Incluso cuando perdí a mi bebé me di cuenta de que tal vez yo no estaba lista y que fue mejor así—vi su cara de asombro, lo que alertó de algo. Yo no le había dicho nada sobre ese tema.

— ¿Ibas a tener un bebé? —mire al suelo y sonreí como tonta.

—Sí, lo perdí a los cuatro meses.

— ¿Qué pasó?

—No sé, solo pasó. Recuerdo que estaba con Sano-san ese día… y estábamos hablando y de la nada sentí un dolor muy fuerte en la parte baja de mi vientre. Ese día había ido al médico por el mismo dolor que me estaba molestando desde hace algunos días.

— ¿Puedo preguntarle algo? —entiendo que fuera muy formal conmigo, apenas me conocía. Con el tiempo se le pasaría.

—Sí.

— ¿Quién era el padre? —la pregunta que mata a todas las demás.

—El padre… pues… este… —me puse nerviosa y no sé por qué.

— ¿Sano-san?

— ¡No! No, no, no, Sano-san no era el padre de mi bebé—dije con tanta rapidez que creo que fue eso lo que la hizo reír—al menos te reíste, ¿Por qué dices que es Sano-san?

—Porque parecen una pareja y la forma en que él la mira a usted…

—Sí, ya entendí, ya entendí… —ella volvió a reír y yo me sonrojé.

—Su cara fue graciosa, si no quiere contestar…

—No, no hay problema con contestar esa pregunta… es solo que… no sé, me es difícil decirlo y no entiendo por qué.

— ¿Es del Shinsengumi? —yo asentí y le sonreí— ¿Sannan-san? —pensé que me diría cualquier nombre menos el de Sannan-san.

—No es por mal pero Sannan-san no creo que sea mi tipo de hombre—ambas reímos con complicidad.

— ¿Y quién es?

—Shinpachi-san—al decir su nombre Chizuru-chan se sorprendió tanto que casi se cae del asiento—no pensé que fueras a reaccionar así.

—Pero… usted… Nagakura-san… ¿Cómo? —no sé por qué pero siento que muchos se preguntaban lo mismo que Chizuru-chan.

—No sé, fue tan insistente en eso de que quería algo conmigo que… no sé, poco a poco fue ganándose mi corazón—creo que estaba sonriendo como tonta al recordarlo—yo fui la que le propuso tener un bebé sin casarnos, fue ahí cuando se me declaró. Pero…

—… eso no suena muy bien.

—Pero a pesar de lo que siento por él… hay cosas que me hacen sentir muy insegura y entonces la idea de una vida juntos se va de mí. Esta guerra… no quiero pensar de manera negativa, pero siento que va a terminar con ellos. No sé como pero siento que en algún momento los voy a dejar de ver—Chizuru-chan tomó mis manos y en las suyas y las acarició.

—No piense así, estoy segura que todo estará bien y que el nuevo gobierno no podrá con nosotros—después de lo que me había contado Naoko-san con respecto al pasado de su familia, me sentí más neutral que nunca con respecto a esta guerra—¿No tiene hambre?

—Sí, un poco.

—Vamos—se levantó y me jaló por la calle en busca de algo que comer.

Al caer la noche Hijikata-san había ordenado que Chizuru-chan regresara al cuartel y que el resto siguiera con las celebraciones. Me pareció muy injusto pero había que darle tiempo, apenas estaba llegando a nuestras vidas, solo había que esperar y todo cambiaría.

Como pasé toda la tarde con Chizuru-chan hablando, caminando de aquí para allá y haciendo más cosas, me olvidé completamente de Asuna y de Heisuke-kun. No estaba preocupada pero quería saber dónde estaba.

—Shiori-san, por fin te encuentro—la voz de Sano-san me hizo girar. Estaba solo—pensé que ya te habías ido a casa y que me habías abandonado en esta noche tan fría.

— ¡No! ¡No! ¡No! —me incline varias veces pidiendo disculpas—perdóneme, yo no pretendía tardarme tanto. Y no exagere, no hace mucho frío hoy.

—Mujeres… —me sonrió y me pude relajar—pero me alegro que lo hicieras, ella necesita una amiga en estos momentos y tú le has dado una.

—Creo que sí—me tomó de la mano y me guió a paso rápido hacia alguna parte. Estaba un poco escondido de lo que era el alma del festival. En realidad, no había casi nadie en la calles ahora, solo algunos hombres— ¿Dónde están los demás?

—Las personas que se fueron son parejas.

— ¿Ah? No entiendo, ¿Eso que tiene que ver con que se hayan ido?—llegamos hasta un árbol grande y lleno de hojas color naranja y amarillas todavía. Había una vista hermosa desde ahí arriba, no me di cuenta que habíamos subido una pequeña colina que no estaba tan lejos de donde se llevaba a cabo el festival—que hermoso es este lugar y la luna te quita el aliento.

—Sí, como te decía, las parejas son las que se han ido—quité mi vista del paisaje y me concentré en lo que decía Sano-san—Heisuke y Asuna-chan deben andar cerca, tal vez debajo de otro de estos árboles al igual que Naoko-san y Kondo-san o también Hanami-chan y Okita-san.

—Pero, ¿por qué? ¿Qué tiene esto que ver con el festival?

— ¿No conoces la historia del festival de las flores de nieve? —yo negué con la cabeza.

—El tiempo que llevo aquí solo he venido a dos y jamás pregunté el motivo por el cual se celebraba—me dio pena admitirlo, no quería parecer tonta frente a él o frente a alguien.

—Es una historia de amor. Cuenta que hace mucho tiempo había una diosa que veía a los humanos desde las estrellas. Tenía un gran aprecio a los mortales y un día vio a una pareja que estaba debajo de un árbol muy parecido a este, si te das cuenta estos árboles están por todos lados—me volteé y era verdad, había muchos en toda la extensión de terreno—ellos estaban huyendo de un matrimonio obligado, la mujer era una princesa, él era un príncipe de otro reino y ambos eran perseguidos, querían casarla a ella con el hijo de un poderoso emperador pero el príncipe y la princesa eran amigos desde muy jóvenes y con el tiempo desarrollaron sentimientos de amor entre ellos. Habían huido para poder estar juntos. La diosa al ver el gran amor que se tenían decidió ayudarlos de cierta manera, envió una nevada para que no los pudieran encontrar.

— ¿Y lograron escapar?

—Por un tiempo, los encontraron y al resistirse lo mataron a él y ella escapó. Pero ese día había una ventisca muy espesa, tanto que ni se podía ver el suelo y ella cayó por un precipicio. Se había roto todos los huesos de su cuerpo, no podía huir ni moverse a ningún lado. No veía mal a la muerte, después de todo su amado ya estaba muerto también.

—… —él tomó mi mano y sentí mi corazón acelerarse.

—Antes de ella morir la diosa había visto todo lo que había pasado con ellos dos. No podía interferir en la vida ni en la muerte de los humanos, lo único que pudo hacer fue que nevara. La nieve caía y se asemejaban pétalos de sakura que parecían hechos de nieve, con el brillo de la luna parecían pétalos de plata. Dicen que ella se le apareció a la princesa en sus últimos momentos y le dijo que ya no tendría que sufrir más y que su amado la estaba esperando en las estrellas. La dejó ver ese espectáculo por última vez, la princesa le dijo a la diosa que parecían los pétalos de unas flores de nieve. Ella murió y la diosa subió su alma a los cielos nocturnos para que permaneciera al lado de su amado—Sano-san señaló a los estrellas en el cielo, unas que estaban cerca de la luna—dicen que son ellos dos y que van a estar juntos para toda la eternidad velando por las parejas que estén en desdicha.

—No conocía esa historia.

—Parte del festival es dirigido a las parejas, dicen que si te pones debajo de un árbol de este tipo con tu pareja—Sano-san me tomó por lo hombros y me hizo moverme hacia él—pides un deseo a los eternos amantes que están junto a la luna y si empieza a nevar entonces tu deseo se cumplirá.

Sano-san cerró los ojos por unos segundos, nuestras manos seguían entrelazadas. Yo estaba tan embobada con todo, la historia, el ambiente, el paisaje, la luna, con Sano-san… era tono pensar en él de una forma distinta a un amigo, no podía pensar diferente y no debía hacerlo porque yo estaba enamorada de alguien más… ¿verdad?

De la nada empezó a nevar poco a poco. Me sorprendí al ver que en verdad parecían pétalos de flores de nieve y que con el brillo de la luna parecían que estuvieran hechas de plata o de algún metal.

— ¿Pidió su deseo, Sano-san? —él abrió los ojos y me sonrió.

—Sí lo hice.

— ¿Cree que se le vaya a cumplir?

—Solo si tú quieres cumplirlo—me tomó de la barbilla y me levantó la mirada.

— ¿Ah?... —en un instante nuestros labios se juntaron. No era un beso forzado, no era un beso salvaje… era solo un beso. Algo tan natural como respirar.

No me resistí a él. No puse marcha atrás cuando debí hacerlo y ahora estaba besándolo como si mi vida dependiera de ello. No lo empujé, no lo desprecié… estaba haciendo algo que era muy bajo hasta para mí. Pero no podía evitarlo, sus labios se movían a un ritmo igual a los míos y me hacían seguir. Metí mis dedos en su cabello y él acariciaba mi mejilla. Creo que si hubiéramos estado en otro lugar y en otras condiciones, tal vez hasta hubiéramos llegado a más.

Nos separamos al sentir que no faltaba el aire. No podía mirarlo a los ojos, no quería verlos, debían tener una mirada de esperanza que me harían sentir peor de lo que ya me sentía.

Y siempre sería igual, si una vez lo intestas con varios hombres entonces al parecer se hace costumbre. Por eso decían que las mujeres como esas jamás se casarían, las geiko… porque ella no merecían amar, pero yo no era una geiko… yo fui una prostituta, así crudo y realista. A pesar de haber abandonado ese estilo de vida hace tiempo al parecer aún me seguían algunas consecuencias de este.

— ¿Por qué? —no quería llorar, debía calmarme— ¿por qué lo hizo?

—Porque ese fue mi deseo—se acercó a mis labios y depositó otro beso en ellos—porque tú sabes cómo siento al verte, el que sonrías me hace sentir vivo. Sé que tu corazón es para Shinpachi… pero quería intentar esto una vez antes de fueras a aceptar su propuesta de matrimonio—me abrazó y yo no me moví.

—…

— ¿Sabes cómo me hubiera gustado que hubieras sido tú la madre de mis hijos? —me enterré en su pecho y lloré un poco—ahora soy el malo, te hice llorar.

—No es eso, usted no es malo. Solo no le importa los demás, eso es todo—él rió y me dio otro besó el cual no me resistí, ni ese ni los otros más que me dio.

Nevó solo por unos pocos minutos. Nos sentamos en el suelo y seguimos besándonos por un rato más. Cada vez que sus labios tocaban los míos la culpabilidad en mi crecía. No debía seguir así, no debía darle esperanzas a él… o ilusionarme yo.

—Sano-san… ya, es suficiente—despegué mis labios de los de él y lo miré a los ojos—lamento si no lo intentaste antes. Yo amo a Shinpachi-san.

— ¿Y estos besos no fueron nada?

—Fueron algo que jamás sentí antes pero… no van a llegar a más y no voy a sentir diferente de lo que siento ahorita. Yo amo a ese cabeza dura, lo amo con mi alma—Sano-san se sorprendió al escuchar mi confesión—tú me gustas pero yo lo amo a él y eso… no lo va a cambiar nadie, ni siquiera tú.

—Entiendo—tome su rostro entre mis manos y le di un beso en la frente.

—Lo siento—me levanté del suelo y decidí regresarme a casa. Ya había tenido suficiente por un día.

Debía busca a Asuna y a las demás antes de que se hiciera más tarde. En el caminó logré divisar algunas parejas debajo de algún árbol, todos besándose. La cabeza me daba vueltas con todo lo que había pasado con Sano-san, me había sentido tan bien, era un sentimiento diferente. Luego pensé en Shinpachi-san y en lo que estaría haciendo.

—Ese cabeza de… nuez… —antes de poder salir de ese lugar con rumbo al festival nuevamente, me encontré con un kimono morado muy familiar. Me acerqué con cuidado— ¿Asuna?

Ahí estaba mi hermanita, besándose con Heisuke-kun, imagino que le contó sobre lo que se trataba el festival. Sentí ganas de ir y separarlos de un solo golpe… pero no soy tan mala. Las estúpidas propuestas de Heisuke-kun hacia Asuna pueden que sean reales pero ella aún era muy niña para algo serio y formal. Cuando cumpliera más edad hablaríamos de eso. Por lo que se veía solo era un pequeño beso te patico, algo inocente.

—Esta niña… un día de estos me va a matar—decidí no hacer nada e irme directamente a la casa.

Me encontraba caminando sola por las calles. Todos se habían ido, casi todos en realidad, y la nieve comenzó a caer nuevamente, ahora no me podía quitar la historia de la cabeza. Subí mi mirada había el cielo y vi las dos estrellas. Cerré mis ojos y pedí un deseo, no era creyente de ciertas cosas pero tenía la certeza de que había algo más, una fuerza que hacía que los hilos de nuestras vidas se movieran en direcciones que "eso" quisiera.

En mi cabeza solo había un deseo, solo uno…

—Idiota… quiero que estés aquí—bajé la mirada y me puse a llorar como niña pequeña. Tape mi rostro con mi brazo y las lágrimas caían en el kimono—cabeza dura…

—Piernas de nabo—detuve mi marcha tan rápido que me resbalé con la nieve. Me preparé para sentir un golpe contra el piso pero no llegó a pasar—no puede ser que me voy por unos días y ya te estás cayendo. Menos mal que llegué a tiempo o sino ya estarías dejando las marcas de tu trasero en la nieve.

—… ¿Qué haces aquí?

—… ¿Es lo único que me vas a decir? —con la otra mano me limpió una lágrima que estaba cayendo por mi mejilla— ¿Llorabas por mí? —yo asentí con lentitud, creo que no sabía que estaba haciendo—tan linda.

—… eres un idiota.

—Solo me fui por unos días—me ayudó a levantarme. Me acerqué a él y lo abracé con fuerzas—me vas a sacar el estómago si me abrazas así de fuerte.

—No me importa—dije aun dándole el fuerte abrazo—te extrañé mucho—sentí sus brazos rodearme con fuerza.

—Yo también.

Nos fuimos caminando hasta la casa. Le dije que todos estaban aún en el festival y de seguro regresarían hasta un poco más tarde. Me contó que solo regresó por unos días y que tendría que irse de nuevo pero que esta vez Hijikata-san y Saito-san irían con él.

—Vi que estabas pidiendo un deseo—estábamos sentados en el jardín mirando las estrellas junto a Maro. Era como nuestro bebé— ¿Qué pediste?

—Que estuvieras aquí—el rió como si hubiera dicho algo gracioso— ¿Qué te parece cómico?

—Nada, nada.

—…

— ¿Dónde está Asuna? —me quedé petrificada con la pregunta y él lo notó—Shiori… ¿Dónde está Asuna? —él quería a Asuna como su hermanita también y eso implicaba ser sobreprotector y que estuviera alejada de todo hombre.

— ¿Tú tienes hermanos? —vi como puso cara de extrañes—es solo una pregunta

—Solo hombres, ¿Por qué la preguntada? —solo volteé y no dije nada—Shiori, ¿Dónde está la criatura que se conoce como Asuna, tu hermana?

—Está en el festival…

— ¿Con quién?

—… Heisuke-kun.

—… lo mato.

—Quédate tranquilo, ella está bien y estoy segura que Heisuke-kun la va a cuidar como si fuera el shogun. Ven, quédate tranquilo ¿sí? —me acerqué y le di un pequeño beso en los labios— ¿más tranquilo? —le volví a dar otro.

—Eres una manipuladora—tomó mi rostro y pegó nuestros labios por mucho más tiempo.

Estaba muy feliz de tenerlo conmigo en esos momentos. Quería abrazarlo, besarlo y verlo reír como tonto. Aunque sabía que se iría otra vez no me importó, el tenerlo el tiempo que fuese me hacía sentir completa, esa era la palabra, completa.

—Te amo—le dije entre besos—te amo con toda el alma…

—Yo también… con toda mi vida… —nos seguimos besando mientras caía la nieve.

—No me dejes… —él se separó de mí y me miró.

— ¿Por qué haría eso? ¿Por qué dices eso?

—No sé… —me miró con preocupación—no me hagas caso, es que estoy cansada y tiendo a decir tonterías cuando estoy cansada.

—Deberías ir a dormir.

—Sí… debería… pero quiero estar contigo aquí afuera—me colocó entre sus piernas y me acosté en su pecho, sus brazo me rodeaban y sentía calor. Poco a poco fui perdiendo el conocimiento hasta que me sumí en un sueño tan profundo que no supe nada más después.

Me desperté al sentir llegar a mi hermana, noté que ya no tenía el kimono puesto y estaba acostada en mi futon. Shinpachi-san debió dejarme aquí después de quedarme dormida en sus brazos, me dio pena pero estaba muy cansada. Asuna había regresado a la casa temprano, me dijo que Heisuke-kun la trajo de vuelta y que Sano-san se había ido a beber en algún distrito cercano. Me sentí un poco culpable pero yo también había sido una estúpida.

Los días siguientes estuvimos juntos varias veces, me iba a visitar y en ocasiones terminábamos desnudos en brazos del otro. Lo amaba y me costaba admitirlo a veces. Si hubiera visto mi vida desde otra perspectiva hace cuatro años jamás pensaría que estaría como estoy ahora.

Cuando se tuvo que ir de nuevo me sentí muy triste y sola. Él una vez me dijo que tenía que cumplir con su deber y yo debía entenderlo al igual que él intentaba entenderme a mí, yo también lo intentaría.

Con el paso del invierno se vinieron muchas cosas. La boda estaba cerca y se necesitaban muchas cosas. Sano-san no me hablaba desde el festival, Naoko-san a veces desaparecía misteriosamente, Kondo-san era el mismo de siempre, Heisuke-kun se la pasaba metido en la casa, Chizuru-chan se adaptaba y me ayudaba a veces con la casa o yo iba al cuartel junto a las demás a ayudar con la limpieza, son hombres ¿Qué más puedo decir? Es un lugar sucio.

Hanami avanzaba muy bien con su embarazo, Okita-san seguía siendo él mismo pero un poco menos sádico. No podía decir nada malo de él, no buscaba compromiso con Hanami pero si la ayudaba con ciertos asuntos por los que yo también pasé durante mi embarazo. Era buen hombre y un guerrero excepcional.

Nuestras vidas seguían con normalidad. Isae estaba más rara aun, me preocupaba un poco pero algo me decía que no se acercaba al Shinsengumi era por algún problema o le gustaba alguien. No era una persona que expresara mucho esos tipos de sentimientos; por eso se nos hacía difícil saber qué era lo que le pasaba, poco a poco lo íbamos resolviendo.

¿Yo? Yo me busque algunos problemas durante un tiempo. Unos hombres pensaron que nosotras veníamos de Shimabara, no sé de dónde sacaron esas ideas. Habían otros que nos dijeron que si éramos unas geikos especiales. Yo no soy ni una ni la otra y aun así ellos nos respondían con que Naoko-san tenía una okiya en Gion. Nos sorprendió mucho, menos mal que Okita-san estaba patrullando en ese momento y vio todo.

Esa no había sido una confusión por parte de esos hombres. Había algo más en todo esto. Si Naoko-san estaba con ese tipo de cosas entonces, ¿En quién deberíamos confiar?

10mo día del primer mes, 1864

— ¿Tiene todo? —me preguntó Miwa—no queremos que salga mal.

—Primero me mato antes de que salga algo mal, es la boda de Naoko-san, todo debe salir perfecto.

En los meses que siguieron al festival de las flores de nieve estuvimos ocupadas preparando todo. Hanami tenía ya cinco meses de embarazo, estaba muy bien y podía realizar tareas relacionadas a la tienda de té sin ningún problema. Muchas mujeres la felicitaban por la llegada del bebé pero al momento de preguntar dónde estaba el afortunado padre todas nos tensábamos.

Suerte que Hanami es buena diciendo mentiras pequeñas y les dijo que el padre estaba en Edo.

Más que eso, estábamos como locas por la llegada del nuevo bebé. La noche antes de que se fuera Shinpachi-san a Edo, le dije que quería tener otro bebé ya y que lo intentáramos luego de que Hanami diera a luz al suyo, un mes o dos después. Él estuvo de acuerdo con eso y muy ilusionado con un bebé.

A veces me parecía imposible que le hombre del que estaba enamorada fuera el que Heisuke-kun, Sano-san, Hijikata-san, Inoue-san, Okita-san… prácticamente todo el Shinsengumi, me dijeran que era un borracho mujeriego y que solo se la pasaba en eso. No conocía ese lado de él y me aterraba que se volviera como mi padre, un borracho que jugaba todo el dinero que apenas teníamos.

Lo bueno de todo era pronto sería el día más feliz para Naoko-san.

15to día del primer mes, 1864

— ¿Está usted jugando con nostras, verdad? —estábamos las que quedamos con Naoko-san en su cuarto, hablando de algo que no nos esperaríamos jamás.

—Usted no nos puede hacer esto—dijo Isae molesta. Tenía sus razones y yo también—usted nos dijo que más nunca lo haríamos.

—No hay de otra, hay que hacerlo—Naoko-san estaban usando su voz autoritaria—

—Nosotras no somos geikos, Naoko-san, ¿Ir a Gion? ¿Qué podríamos hacer nosotras allá?—dijo Miwa— ¿a qué viene todo esto?

—Es un favor que me pidieron.

— ¿Quién? —pregunté molesta.

—No voy a decírselos, tienen que hacerlo por mi—nos miramos las caras, teníamos muchas dudas.

— ¿Quién se lo pidió? —dijo Kaori molesta.

—Responda, Naoko-san—mi voz sonó molesta y las demás se sorprendieron al escuchar mi tono de voz—usted no tiene sentimientos, ¿Qué quiere lograr con nosotras yendo hasta allá? Me cansé de secretos y misterios, si no nos va a tener confianza entonces es mejor que nos vayamos de su lado.

—Shiori no…

—Lo siento Hanami, no puedo seguir así, ¿es que no lo ven? ¿No la escucharon? Quiere que seamos unas "geikos" por tres meses o más. Nosotras son sabemos nada de eso, no somos cortesanas de nadie.

—Una geiko no es una cortesana, es una artista. Cada una de ustedes tiene las habilidades para esto y por eso les estoy pidiendo ayuda.

— ¿Quién le pidió el favor? —esta vez el tono molesto vino de Isae—si quiere que lo hagamos entonces díganos quien le pidió el favor, al menos merecemos eso si vamos a arriesgarnos en Gion.

Gion no era peligroso pero era conocido por sus geikos. Me sentí aliviada de que no nos mandara a Shimabara, era mejor pretender ser una geiko que ser una cortesana.

—Kondo-san lo hizo.

— ¿Está loca? —preguntó Miwa—él no pudo haber pedido eso.

—Es para espiar, Yamazaki-san no puede hacerse pasar por mujer y hay rumores de que hay persona pro imperialista tramando algo desde hace algún tiempo, se reúnen mucho en una casa de Gion desde hace un tiempo, el dueño es amigo mío y esta con el shogun, todo es un plan pero necesito que ustedes participen en esto.

— ¿Y quién más sabe sobre esto? —pregunté.

—Nadie, solo Kondo-san, Yamazaki-san y yo—vi sinceridad en sus ojos

Naoko-san nos había llamado a su habitación para decirnos que volviéramos a trabajar de cortesanas. Jamás pensé que ella me volviera a decir algo como eso. Sentí muchos recuerdos volver, unos no muy gratos. Me recordó la primera vez que estuve con un hombre, la primera vez con Shinpachi-san… y la muerte de Misaki.

Era una idea loca y jamás la aceptaríamos… pero había algo más en todo eso. ¿A quién se supone que debíamos espiar?

— ¿No vas a decir quiénes son los sospechosos?

—Algunos del clan Chosu. Es solo por un tiempo, con maquillaje y ropas distintas nadie las va a reconocer.

—Pero eso implica algo, ¿Qué tendremos que hacer? —preguntó Isae. Me miró y creo que ambas pensábamos lo mismo; esto iba a ser muy peligroso.

—Muchas cosas, tocar música, ser sociables con ellos…

—Y le apuesto que también acostarnos con ellos—dijo Miwa molesta.

—… si se llega a eso entonces sí—Naoko-san había usado un tono de autoridad muy fuerte.

La había escuchado así antes. Al final aceptamos solo porque debíamos obedecer. A veces me preguntaba si era nuestra madre o nuestra dueña… quien sabe…

Tenía miedo, mucho miedo de hacer esto aunque fuese solo por un día pero no, era por más tiempo y eso me hacía temer mucho por lo que nos pudiera pasara. Era Gion pero eso no significara que no fuéramos a estar en peligro por ese tiempo.

Música, abanicos, kimonos de colores, sake… todo estaba volviendo y de un solo golpe.

Continuara.


Holiiiiiiiiiis! Volvií con capi nuevo. Muchas gracias a las que siguen, comentan y leen este fic. Ya son más de 300 visitas, casi 400, y me hace sentir feliz que hay varias chicas que leen esta historia.

Por ahora me despido, les mando besos y abrazos a todas. Dejen sus comentarios y que pasen un buen fin se semana.

Althea de Leo.