-Sera mejor que regrese a casa- comento Ryouta mientras miraba el obscuro cielo y se levantaba del pasto- Perdí la noción del tiempo

-¿Estás seguro? Si quieres puedes pasar la noche aquí- le ofreció la pelinegra, pero el muchacho negó enseguida con la cabeza

-Por ahora volveré, estas cosas no pasan todos los días- sonrió de forma burlona- necesito descansar.

Kagome estaba por contestar cuando gritos resonaron por todo el bosque, de pronto una fuerte luz naranja invadió el cielo; era fuego, y venia de la aldea.


-¡Son demasiado Inuyasha, necesitamos atraerlos fuera de la aldea antes de que la destruyan por completo!- grito Sango mientras le destrozaba la cabeza a un ciempiés gigante

-¡Maldición!- dijo por lo bajo el hanyou al tiempo que esquivaba por poco un golpe de la marioneta de Naraku- ¡Sango, Miroku! Protejan a los aldeanos, Kikyo y yo nos encargaremos de esta basura

La exterminadora asintió y junto con el monje comenzaron a abrirse paso hasta la gente. Entonces Inuyasha por fin saco a colmillo de acero, los aldeanos se encontraban con Sango y Miroku, así que no había peligro de dañar a alguien ahora.

Rápidamente lanzo un viento cortante, pero la marioneta se regenero en cuanto el ataque termino: entonces se dieron cuenta de que no era una marioneta, era el mismísimo Naraku.

-Los fragmentos Inuyasha, están más cerca de lo que podemos imaginar: Kagome ha regresado, eso facilita las cosas- comenzó a hablar el demonio- ¿Qué harás Inuyasha? Cualquiera de las dos mujeres que has amado me servirían ¿Seguirás con Kikyo? ¿O estarás indeciso otra vez? El menor descuido, y tomare a una- dijo mientras se regeneraba- Esta vez, será diferente- aseguro mientras sonreía ampliamente

-¡Suficiente!- se escuchó de pronto la voz de Kagome: esta se encontraba en la entrada de la aldea, a una distancia razonable del demonio, venia acompañada de Ryouta, quien observaba con atención su alrededor, todos aquellos demonios eran algo nuevo para él.

-¡Conseguiremos los fragmentos restantes Naraku!-dijo mientras tomaba el arco dispuesta a disparar en cualquier momento – Y te derrotaremos de una vez por todas- la pelinegra lucia furiosa: cierta aura comenzaba a rodearla, su poder espiritual estaba aumentando rápidamente.

-No te perdonare, lo que le has hecho a todos…- y sin más que decir, lanzo una flecha.

Ahora todos la miraban sorprendidos; incluso Naraku. ¿Acaso ella tenía todo ese poder espiritual sin saberlo? Pues ese disparo había sido totalmente nuevo y poderoso, algo que había superado a todas la veces anteriores

Su lanzamiento fue directo y certero, era igual o incluso mejor que el de Kikyo. Obviamente en estos tres meses había mejorado bastante.

La flecha atravesó el campo con rapidez y fue a parar directo al pecho de Naraku: al igual que en aquella otra ocasión, lo único que lo salvo fue unos centímetros de piel intactos para alcanzar la marca en su espalda. Naraku hizo su desaparición de inmediato, no sin antes advertir al hanyou

-Ella ya no está contigo Inuyasha; es vulnerable a mí. Y tu corazón también…


-¡Tenemos que apagar el fuego!- anuncio Miroku en cuanto era seguro que el enemigo había desaparecido. Todas las personas se movilizaron y comenzaron a traer el agua, en tanto el grupo del hanyou se recuperaba

-¿Paso algo Kikyo?- le pregunto Inuyasha preocupado mientras guardaba su espada y se acercaba a ella. Desde que Naraku había dicho eso, la sacerdotisa parecía haberse perdido, como un estado de shock, ni siquiera había reaccionado a lanzar una flecha

-No es nada- contesto ella intentando despabilarse- Estoy bien.

El peli plata se tranquilizó, y con cierta discreción comenzó a buscar a Kagome con la mirada.

-Esta con Kaede y ese chico, al parecer se desmayó- le comento la sacerdotisa ya más atenta a la situación

-Ya veo…-Inuyasha enseguida se inquietó ¿Ella estaría bien?

- Al parecer usar su energía espiritual después de tanto tiempo la debilito-

- Iré a ver cómo están los demás-comento con rapidez mientras se marchaba antes de que pudiera darle una respuesta

"¿Estoy perdiéndolo otra vez?" pensó mientras veía como su amado corría tras otra. ¿Cuántas veces Kagome se habría sentido así?


Un rayo de luz cayó directamente en sus ojos, y la obligo a despertar poco a poco. El aire era agradable, sin embargo su cuerpo se sentía cansado y pesado.

-No debiste apresurarte tanto Kagome- la reprendió suavemente una voz al ver que había recuperado la conciencia

-Lo lamento Kaede- le sonrió mientras intentaba incorporarse- Ataque sin pensar

-Toma este té- le tendió un vaso mientras tomaba una jarra de agua y se disponía a salir de la choza – Bébelo, te ayudara a recuperarte-

-Gracias- sonrió y comenzó a beber el líquido,

-Iré por más agua, le diré a los muchachos que pueden pasar a verte ¿está bien?- la pelinegra asintió y la señora salió del lugar.

Unos segundos después Sango entro al cuarto.

-¿Cómo te sientes Kagome?- pregunto la exterminadora mientras se sentaba a su lado

- Solo estoy cansada Sango. No es nada-

-Me alegra oír eso- suspiro aliviada-¡Fuiste muy imprudente al usar tus poderes de esa forma Kagome!

-Lo sé, lo sé-admitió un poco avergonzada-¡Es solo que…!- parecía estarse conteniendo, cualquier cosa que hubiese pasado por su mente se la guardo para ella- ¡me enfureció lo que dijo Naraku, Sango! ¡Decir cosas tan hirientes, y después sonreír de esa forma!

-Kagome, Kagome- negó con la cabeza riendo- Tu no cambias ¿verdad?

-¿A qué te refieres?-

-No es nada- y la abrazo con ternura a lo que la muchacha correspondió enseguida.

-Por cierto, ¡¿Dónde están los muchachos?! ¡¿Y Ryouta, él está bien?!- se alarmo en cuanto recordó que se había quedado a su lado cuando se había desmayado

-Tranquila- respondió Sango intentando tranquilizarla-los chicos fueron a dar ayudar a la aldea, volverán en un rato, ellos se llevaron a Ryouta, así que estarán bien-

-Eso espero, después de todo Inuyasha y Ryouta no parecen llevarse muy bien…- comento Kagome mas para ella misma que para su amiga

-! Todo saldrá bien! Ellos ya son gente madura, podrán arreglar las cosas…-

Ambas sabían que no era así, pero prefirieron creer que las cosas no se les saldrían de las manos. Definitivamente las cosas cambiarían a partir de ahora.