Disclaimer: Los personajes y el Mundo de Harry Potter pertenecen a la escritora J.K. Rowling, no busco ánimo de lucro. Los elementos y personajes que aparecen pertenecen al escritor de manga Tite Kubo y otros elementos pertenecen a Masashi Kishimoto, ademas del uso de elementos y personajes que pertenecen a la serie de anime Code Geass de los estudios Sunrise.


- MMMMM - (Dialogo de personajes)

- MMMMM - (Personaje Pensando)

- MMMMM - (Dialogo de demonios e invocaciones)

- (MMMMM) - (Demonio Pensando e invocaciones)

- MMMMM - (Hechizos y Encantamientos)

- "MMMMM" - (Dialogo de Serpientes)


Créditos: Este capítulo fue una inspiración de las historias de AirdaIII, con permiso de él claro está, también del autor Tismen y de la ayuda siempre mi amigo kurai-sho.


Capítulo 7

Primeros Años

Rukongai, Complejo Zaraki-Unohana

Era el comienzo de año académico de Harry en el Seireitei, el día anterior la familia Zaraki-Unohana se había trasladado al enorme complejo que quedaba en la zona oeste de la isla, así que tendría que entrar por el Senkaimon Oeste, el complejo era el más cercano a la Academia por su alto estatus, vivían en la zona más rica de todos junto a otros complejos que pertenecían a otras Familias Nobles, muchas de esas eran de maestros que enseñaban en la academia y sus hijos estudiaban allí, por ejemplo estaba Ginrei Kuchiki, que era maestro de Kidō y experto en Shunpo, además de ser líder de la Casa Noble de los Kuchiki, tenía dos hijos llamados Byakuya y Rukia Kuchiki, el primero era el mayor y estaba en 7º año en la academia y su hermana comenzaría con junto a Harry el primer año, pero estaban los que pertenecían a una noble casa pero no tenían hijos como la Ukitake, el líder era Jūshirō Ukitake y era uno de los tenientes y asistentes del director Yamamoto, este no enseñaba pero era un experto en Zanjutsu, Kidō y combate cuerpo a cuerpo.

Así entre otros nuevos alumnos vivían ahora en el Rukongai, además de los maestros, mientras tanto en la academia vivían miembros del Gotei 13 que eran capitanes o tenientes. Las murallas del Seireitei están hechas de "piedra de sed de sangre", un material capaz de absorber toda la magia. La influencia de la piedra de sed de sangre, en ocasiones llamada también "piedra de la muerte", forma una barrera esférica alrededor del Seireitei, impidiendo cualquier entrada que no sea a partir de las cuatro puertas. Este material también impide dirigir la energía espiritual del ambiente a los pies del estudiante, y permitir que se mueva por el aire, como sí puede hacer en otros lugares, esta habilidad se enseñaba en primer año para comenzar a tener un control sobre la magia.

Harry había averiguado que todo el Seireitei estaba protegido desde cualquier ángulo posible, las 4 puertas están custodiadas por 4 confiables Guardias, aparte Danzōmaru en el Senkaimon Norte, estaban Kaiwan del Senkaimon Este, Hikonyūtō del Senkaimon Sur y finalmente Jidanbō Ikkanzaka del Senkaimon Oeste, Kenpachi le había contado que este guardián era el más grande y fuerte de los 4 pero el más problemático, solo dejaba pasar a los alumnos si lograban vencerlo, luego el mismo sostenía la entrada para que los alumnos pudieran pasar.

La parte superior del Seireitei estaba protegida por el Sekkiseki (Piedra de Reducción Espiritual) un mineral único que se encuentra en abundancia en el Seireitei con la capacidad de bloquear el poder espiritual de la magia, similar a los imanes. La barrera compuesta a partir del Sekkiseki es denominada Shakonmaku (Membrana de Protección de Almas), siendo la máxima seguridad que cubre a todo el Seireitei, esa era la razón por la que la isla parecía estar dentro de una burbuja.

Hoy era el comienzo del año escolar, así que los estudiantes de la zona Oeste, se estaban reuniendo frente al Senkaimon Oeste y delante de este estaba el reconocido Jidanbō que estaba diciéndole a los alumnos que no pasarían hasta que alguno lo venciera, al igual que ocurre con los otros tres Guardianes de los accesos al Seireitei, Jidanbō era de gigantescas proporciones, sino que el más alto de los cuatro, con sus cerca de diez metros de estatura y una tonelada de peso. Si ya de por sí parece ser una persona cuya sola visión impone a cualquier adversario, Jidanbō lucia unos poderosos músculos que realzan más si cabe la impresión de fuerza y poderío que emana de él. Quizás el rasgo que más hacia distintivo su rostro eran sus largas patillas, que se prolongan hasta la mandíbula y caen hasta el pecho, recogidas en unas pequeñas coletas. El color de su pelo era negro, y lo tiene largo y recogido en una larga coleta que le llegaba a la mitad de la espalda. Sus ojos eran pequeños y oscuros, y junto a un pronunciado ceño y un labio inferior mucho mayor que el superior, le confieren una apariencia brutal y poco inteligente. Jidanbō vestía el uniforme típico en el Seireitei dejando al descubierto toda la mitad izquierda de su pecho y luciendo en su brazo izquierdo una pieza de armadura. Sobre su cabeza lleva un Fez rojo con dos borlas amarillas, una a cada lado.

Harry al verlo pensó que era alguien muy imponente como para querer enfrentarse a unos simples niños, así que sin duda buscaba algo, se daba de cuenta que cuando alguno de los alumnos lo hacía con falta de respeto y con suficiencia o altanería, así que hizo lo que era lógico, dialogar. Salió de entre la multitud y todos se comenzaron a quedar callados al ver a Harry que se ponía frente a Jidanbō que lo veía con curiosidad, sin duda el chico era valiente o estúpido, pero no espero lo que hizo.

- Buenos días Jidanbo_san, quisiera saber si nos pudiera conceder el paso, por favor – Dijo Harry haciendo una inclinación de cabeza como saludo, el enorme hombre lo miro sorprendido, el niño frente a él estaba seguro que era más joven que los demás y demostraba respeto sin abandonar su porte y educación, pero sin ser arrogante o altanero, así que simplemente asintió para ver que hacía a continuación. Harry iba a comenzar a rodear al gigante para pasar, pero antes de llegar a su lado instinto le obligo a detenerse al ver como una enorme hacha se ponía en su camino, luego alzo la mirada para ver al enorme hombre y preguntarle por qué le tapaba el paso, pero no tuvo que hacerlo ya que este hablo.

- Veo que eres alguien educado, pero aun así tienes que vencerme, por algo dicen que soy el mejor guardián del Seireitei – Dijo Jidanbō y vio como empuñaba sus dos enormes hachas y atacaba a Harry con fuerza, todos los que estaban viendo pensaron en un segundo que el chico ya estaba muerto, pero al segundo siguiente vieron algo que los hizo abrir los ojos sorprendidos,

Harry había invocado de su anillo su Chokutō Kusanagi y esta se rodeó de relámpagos y lanzo su ataque.

- Rairyū: Nadegiri (Dragón de Trueno: Mandoble Limpio) – Exclamo y lanzo un haz de media luna a las enormes hachas que estaban a punto de caer sobre él y las enormes hachas se partieron, al hacer contacto creo una onda de explosión de polvo que los alumnos tuvieron que cubrirse y cuando el polvo se asentó vieron las enormes hachas del gigantesco hombre echas pedazos en el suelo mientras Jidanbō esta tirado en el suelo sentado sorprendido viendo sus hachas destruidas.

- Vaya, debí resbalarme y golpearme la cabeza – dijo Jidanbō mientras se paraba y se acercaba a los pedazos de sus hachas y para sorpresa de todos, tanto que quedaron en shock mientras Harry lo veía con una gota de sudor bajando por su nuca, el gigantesco hombre comenzó a llorar – Oh mis pobres hachas, no estaban listas para algo así – Gimoteo el gigantesco hombre que caía de rodilla cogiendo los pedazos de sus hachas.

- Oye Jidanbo_san lo siento, creo que me excedí un poco, perdóname por haber partido tus hachas – Dijo Harry mientras enfundaba su espada y le ponía una mano en el enorme brazo tratando de consolarlo.

- Oh no te preocupes, eres un buen chico, ha pasado mucho tiempo desde que alguien me venció y creo que también estoy llorando de emoción por eso – Dijo Jidanbō mientras se paraba y comenzaba abrir la enorme puerta sosteniéndola sobre sus hombros – Adelante, ya pueden entrar – Dijo mientras los estudiantes felices comenzaban a entrar mientras Harry veía al gigante con gratitud, por otro lado, algunos alumnos veían con curiosidad al ojiverde y otros con envidia y una con una mirada brillante y un sonrojo en las mejillas. Cuando todos entraron Harry le dijo al gigante.

- Te aseguro que te compensare el haber partido tus hachas, Jidanbo_san, te veré luego, amigo – Dijo mientras entraba y se dirigía a la entrada de la academia mientras Jidanbō lo veía con algo de aprecio, respeto y admiración, ese chico sin duda será el mejor de todos, estaba seguro que grandes cosas le depararían a él y estaría ahí para verlo.

Mansión del Director del Seireitei,

Shigekuni Yamamoto Genryūsai, el director de la academia, estaba reunido con la familia Zaraki-Unohana, los tres adultos veían en una pantalla el Senkaimon Oeste donde Jidanbō cerraba la puerta, habían visto lo que había hecho Harry y la técnica que uso, mientras tanto la pequeña Yachiru estaba admirando la pantalla con sus ojos brillando al ver el poder de su Oni_chan.

- Ese chico tiene mucho talento, los felicito Ken_chan, Retsu_chan, han educado y entrenado muy bien a su hijo – Dijo Yamamoto viendo con algo de cariño a sus ex-alumnos, mientras veía como la pequeña Yachiru trataba de alcanzar el tazón de dulces que había sobre el escritorio, el anciano cogió un dulce y se lo dio a la pequeña con una sonrisa, la escena parecía surreal, era como ver una reunión familiar.

- Harry_chan se esmeró mucho en entrenar y aprender, además es un chico muy noble e inteligente pero también astuto y persuasivo – Dijo Retsu sonriendo maternalmente a su hija que saltaba por la sala tatareando.

- Harry es alguien que quiere llegar lejos, aun no tiene seguro que hará, pero sin duda quiere que lo entrenes si vez su esfuerzo y esmero – Dijo Kenpachi mientras sonreía con sus ojos cerrados.

- Ese chico sin duda lo conseguirá, además, quisiera saber la razón por la cual se han esmerado tanto en el entrenamiento de su hijo y sobre todo me di cuenta que él no es hijo suyo de nacimiento, pero es como si lo fuera, quizás podrían informarme de lo que ha acontecido los últimos años y su repentino regreso a sus viejas divisiones – Dijo Yamamoto ahora con más seriedad a sus viejos alumnos.

- Sin duda hay muchas cosas que debemos contarte, y esperamos que tú, Sōtaichō (Comandante General) mantengas esta información entre nosotros – Dijo Retsu con mucha seriedad, cosa que hizo estremecer mentalmente al anciano hombre, este asistió y los Zaraki-Unohana comenzaron a contarle lo que había sucedido hace ya casi 8 años.

Sala de Banquetes, Seireitei, horas después.

Se encontraban todos los alumnos reunidos en una enorme sala donde se los estudiantes vendrían a tomar sus comidas de ahora en adelante, había 8 mesas y cojines frente a estos y sentados en ellos en posición Seiza estaban los alumnos esperando el discurso de bienvenida del director, todos se sentaban con todos, no había orden o clasificación, Harry estaba sentado con Uryū Ishida, el chico que había conocido en los exámenes, los viejos alumnos estaban sentados en los asientos de siempre, dejando hueco a los nuevos. Junto a Harry, además de Uryū estaba Rukia Kuchiki de 10 años y de baja estatura, de constitución menuda, piel pálida y el pelo de color negro y suave, cortado por encima de los hombros y dejando que caiga un mechón en medio de su frente, dándole un estilo paralelo al de su hermano Byakuya que estaba sentado con los alumnos mayores, y Nemu Kurotsuchi que tenía 13 años, era menuda y atractiva, de piel pálida y gestos tímidos y llenos de cautela. Su expresión era casi siempre triste o melancólica, y siendo bastante extraño verla sonreír o mostrar algún signo de alegría en sus característicos ojos verdes que eran un más oscuros que los de Harry. Su pelo era de un color violeta oscuro, y lo lleva muy largo, recogido en una trenza que le recorre toda la espalda. Dos mechones le caían por las sienes enmarcándole su rostro, y un flequillo cubre la mayor parte de su frente, los tres se habían sentado juntos después de conocerse hacia minutos antes de la presentación. Finalmente, el anciano director se levantó y las conversaciones se callaron.

- Bienvenidos a un nuevo año en el Seireitei, tan los nuevos como los antiguos y los que han sido transferidos – Hablo Yamamoto con su voz grave pero con fuerza – He de advertirles de unas cuantas cosas antes de que empiecen su año académico; primero no se quiten por ningún motivo sus colgantes-emblemas, además de la cualidad más obvia, también es un detector de salud o un localizador en casos de emergencia o fuerza mayor; segundo, robarle o destruir conscientemente la colgante de otro alumno será penado con la expulsión, es por eso que se han reforzado estos para que eso no pase; tercero, sigan las reglas y normas que se les ha informado con anterioridad, los que ya las conocen, respétenlas de igual manera; finalmente si tienen preguntas, pueden ir a visitar a vuestro tutor de curso o hablarlo en sus complejos con sus padres – Termino, y en cuanto se sentó, la comida apareció en las mesas.

Harry se sentía cómodo con sus nuevos amigos, los dos habían visto lo que había hecho en la entrada y estaban impresionados, sin duda a pesar de que fuese el más joven era alguien prodigioso. Su familiar, Gintaro se había quedado en el complejo, mientras se acostumbraba al cambio de lugar, luego podría ir con él por la academia libremente.

Harry vestía su uniforme estándar, pero además llevaba un Haori blanco, además de los collares, sus anillos y su reloj, él alguien que muchos alumnos además de llevar su uniforme estándar llevaban algún complemento adicional, pero él siendo de la más alta estirpe, estaban los sangre-pura o los "arrogantes y pomposos" que vestían con sus más finos kimonos o vestidos elegantes, como el caso del hermano de Rukia, Byakuya. Rukia tenía como familiar a un gato blanco como la nieve que estaba en su regazo y de ojos azules que estaba profundamente dormido, Nemu llevaba un lagarto sobre su hombro, esta como el cruce de un camaleón y una iguana, ahora era de color negro como el uniforme de Nemu, pero se podían ver sus ojos morados parpadeando, por otro lado, Uryū llevaba un lobo negro sentado a sus espaldas.

Harry, que estaba a favor de tener un familiar, que era como tener un compañero de aventura, sabía que en lugares como Hogwarts, que eran gente tan mediocre y no conocían las ventajas de tener un familiar, había reducido su lista de tener a un gato, un sapo o una lechuza. Desde que se había enterado de su procedencia y su origen y había leído todo sobre este veían que Hogwarts tenía muchas prohibiciones estúpidas o absurdas, sin mencionar su gabinete de maestros, que eran por no decir otra cosa, que mediocres y pésimos comparados incluso con Beauxbatons o Durmstrang. Se preguntó qué pensarían los alumnos de Hogwarts si se dieran cuenta que otras escuelas los veían de forma risible al comparar las escuelas. Eso le había hecho preguntarse, con preocupación, como haría su hermano para aprender en un colegio como Hogwarts, esperaba que su hermano pudiera al menos superar por mucho a los demás, así quizás podría graduarse antes de tiempo, claro si se lo permitían.

Seireitei, Una semana después.

Una semana había pasado desde que comenzó el año escolar en la Academia, y Harry ya se encontraba ocupado intentado coger el ritmo de sus clases. Ahora se daba cuenta de unas cuantas cosas:

Primero, al ser los horarios fijos y variando solo las materias, era porque la mayoría de clases, sobre todo las teóricas, en el Seireitei se realizaban en un mismo salón, así se evitaba la congestión en los pasillos donde los compañeros conversarían entre ellos, en vez de eso el Seireitei tenía su hora y media de descanso al día, y conversar con los amigos, además de que así no se perdería el tiempo en los pasillo y habría más para estudiar en vez de recorrer quizás toda la academia para ir a otra aula, en vez de eso se podía, por ejemplo, impartir Historia, Protocolo, Leyes y Estrategia en un solo salón.

Por otro lado, durante esa semana le había costado un poco coger el ritmo de trabajo, siendo mucho más grande del que sus compañeros, o él, estaban acostumbrados en sus casas, pero estaban agarrando el ritmo. Era un alivio saber que, cada año, la estructura del horario no iba a variar, solo lo que dieran en dichas horas. Podía pensar menos rato en saber que le tocaba y donde y dirigir su atención en los estudios. Realmente lo había montado genial. Además, como no tenía que entregar tareas, podían leer antes de dormir o en los descansos adelantados, de esa manera siempre seguían el hilo de las clases.

La biblioteca, que estaba ideada para toda la academia y por eso ocupaba gran parte de este, siempre estaba disponible y tenía libros nuevos y antiguos, pero de rigor. Cada vez que alguien tocaba un libro quedaba registrado en el colgante y en el libro de registros así que, si ese libro se perdía, en mal estado o fuera de lugar suponía la pérdida de puntos, algo que nadie quería así que todos cuidaban atentamente de la biblioteca. Su colgante, que tenía ya 210 puntos, algo inverosímil, era de forma de rombo sostenida, en el caso de Harry, por una cadena de oro, en la placa había una calavera y en la boca era de fondo negro con números blancos.

Harry quería guardarse los puntos porque, realmente, no tenía nada en que gastárselos. Si, quizás pudiera gastarlos pidiendo comida más elaborada en la academia, pero para que, si podía ir hasta su complejo y comer las delicias que preparaba sus elfos, además estaba el hecho que podía aparecer y desaparecer distintos platillos por medio de su Kamui. Uryū, con quien se había apuntado se había apuntado con 2 personas más para ser compañeros de habitación, todavía no sabía cómo lo hacía Harry, pero cada noche, en el dormitorio, cuando las cortinas de sus compañeros se cerraban, habían estado comiendo un postre diferente.

- Oí Harry – Llamo en japonés uno de sus compañeros de clase y de dormitorio, Hanatarō Yamada, quien practicaba el japonés con Harry y él mandarín en Hanatarō - ¿Cómo ha ido tu clase de transfiguración?

- Bien, es interesante, ha sido teoría – Le contesto, ya había leído su capítulo de teoría y realmente era maravilloso y excitante, aunque no tanto como practicarla – Has hecho magia mental ¿no? ¿Cómo ha sido?

Hanatarō rodo los ojos a su nuevo amigo, a veces era tan inteligente y astuto que daba miedo, lo peor de todo era que Harry no se daba cuenta de sus propias capacidades hasta que, o veía a que los demás no lo eran tanto o le era sencillo vencer a los que se cruzaran en su camino. En cuanto se enteró que Harrison estaba cursando cuarto de magia mental casi se le salieron los ojos de sus orbitas ¿Qué niño de 9 años era capaz de guardar su mente y leer la de otro con tanta sutileza? Harry, con la ayuda sutil de su Sharingan, al parecer. La edad de este también era algo que les había sorprendido a todos. Era el alumno más joven desde hacía casi 5 siglos y, para ese entonces, las cosas eran duras siempre, así que no era sorprendente esperar que los Herederos intentaran perfeccionarse desde los 8 años.

Sin embargo, Harry media lo mismo que él, 1.60, y tenía un aspecto un poco musculoso e incluso más atlético que él. Era uno de los únicos de primero que podían aguantar la hora entera de entrenamiento por las mañanas, sudando y jadeando al acabar, sí, pero sin desmayarse o sin tener que parar unos minutos (y eso que solo estaban entrenando y ejercitando, no combatiendo aun). Además, estaba el hecho que Harry había sido el primero del curso en haber aprendido a volar, ya Harry se lograba mantener en el aire y planeando o deslizándose en el aire. Sacudió la cabeza y miro con sus ojos claros como aparecía la comida en la mesa. Uryū, que siempre era visto con Harry, apareció por la puerta del comedor y se sentó cansadamente, él había tenido pócimas.

Al parecer, todos tenía un horario más o menos parecido, Uryū y Harry tenía todas las clases iguales exceptuando pócimas, encantamientos, Kidō y transfiguración, teniendo más conocimientos Harry en los tres últimos y Uryū en el primero. Entonces aparecieron Rukia y Nemu, compañeras de clase que Harry les había presentado el primer día, junto con Ganju Shiba, el otro compañero de dormitorio y heredero de los Shiba. Se sentaron delante de los 3 chicos y se pusieron de comer suspirando cansadamente. Ellos habían tenido Herbología. Suspiro, le costaría tiempo acordarse de todo.

- ¿Han escuchado? – Pregunto Rukia en japonés, la única lengua que conocían todos y en la que se habían puesto de acuerdo hablar, inclinándose en su asiento y mirando con entusiasmo a su grupo de amigos – La semana que viene empieza la competencia mensual de los puntos.

- Había un cartel en el pasillo que va a nuestro dormitorio – Dijo Nemu, llenándose el vaso con jugo de naranja,

- ¿Qué van a hacer? – Pregunto Harry con curiosidad, lo más beneficioso seria unirse a un grupo mayor que ya sabía cómo iba el sistema, pero eso no garantizaba que dicho equipo ganara más puntos – Yo lo he estado pensando y, sea cual sea el equipo, no es favorable hacer uno nuevo o unirse a uno antiguo, en realidad no influye en la cantidad de puntos sea el equipo novato o no.

- ¿Y lo dices tú? ¿La persona con más de 200 puntos en solo una semana? – Pregunto algo incrédulo y divertido Uryū, que había estado presente en las más de 20 veces que los maestros le habían dado a Harry 10 puntos por conocimientos más que razonados, expresado y bien investigados.

- El caso es que Harry tiene puntos, perdonen la ironía, para que los demás le quieran en su equipo – Dijo Ganju, que era alto y corpulento, tenía el pelo negro y largo, hasta llegar casi a los hombros. Sus cejas eran bastante gruesas, y bajo ellas se encuentra la señal inequívoca de que es un miembro de los Shiba, las gruesas pestañas inferiores distintivas de la familia.

– Supongo que es por eso que los puntos de esta semana se cuentan, en realidad así se aseguran que los alumnos se esfuercen la primera semana para ganar más puntos y llamar la atención de otros grupos veteranos – Dijo Harry con sabiduría pensando que esa era una buena estrategia.

- Es cierto, al parecer tu llamaste la atención de mi hermano, Harry – Dijo Rukia mientras giraba su mirada a ver a su hermano que estaba sentado con su grupo de amigos.

- Oiga, ¿Y por qué no creamos nosotros uno? – Pregunto saltando en su asiento Nemu, sus ojos verdes oscuros estaban brillando como esmeraldas relucientes – Es decir, somos 6 y los puntos son proporcionales a los miembros que tenga un equipo así que no importa no ser 12.

- A mí me parece bien – Contesto Harry, sonriendo, sabía que los demás no dirían nada si no lo hacia él, temerosos a que pensara que querían aprovecharse de sus ya más de 200 puntos, pero él lo prefería así ya que no quería tener que relacionarse con los alumnos más mayores.

- A mí también – Secundo Uryū y los demás asintieron más decididos.

Antes de acabar la comida e irse todos a clases de Encantamientos, sumaron los puntos y salió el interesante resultado de 600 puntos. Con amplias sonrisas, pasaron las próximas 5 horas intentando recaudar más puntos para el equipo, acabando con 100 puntos adicionales.

Cuando llego viernes, a Harry ya lo habían interceptado unos cuantos alumnos mayores por si quería formar parte de su grupo, sin embargo, todo parecieron entender como era de excitante ganar junto con sus amigos y no con personas que no conoces; algo que le sorprendió, Harry estaba seguro que entre los mayores alguno pensaría distinto. Cuando se acabaron las clases dando paso al fin de semana, Ganju estaba a punto de gritar y enloquecer de felicidad. Esa noche, Harry decidió mostrarles a sus otros 2 compañeros su nuevo casillero portable.

- Hanatarō, Ganju, ¿Quieren disfrutar de un postre antes de dormir? – Pregunto desde su cama, donde Uryū había conjurado una pequeña mesa donde estaban los 4 platos de postres.

- ¿De dónde lo has sacado? – Pregunto sorprendido, Hanatarō, rápidamente lanzándose sobre la cama de Harry, sentándose en las sábanas blancas - ¿Has gastado puntos?

- ¿Estas obsesionado con el dulce, no Yamada? – Bromeo Ganju, acercándose y sentándose junto al Zaraki en su cama.

- En realidad no he tenido que gastar puntos – Respondió Harry riendo, al ver la cara sorprendida de Ganju, que había querido probar dulce desde que comenzó su obligada dieta al entrar al Seireitei – Mi madre es un genio en las runas, sello y encantamientos, fabrico un buzón portable que conecta directo a las cocinas de mi complejo.

Hanatarō y Ganju se quedaron en shock, mirando el buzón que colgaba en la pared junto a la cama de Harry, parecía un buzón de correo común y corriente, ni siquiera le dieron una segunda mirada. Uryū rio, empezando a comer su postre, menos mal que a él no le habían visto meter la pata, todavía.

- Mis padres o los elfos si se los pido, me mandan lo que yo quiera, cartas, libros, ropa, comida, etc. – Dijo Harry sonriendo – Es por eso que yo no he traído lechuza, me hablo con ellos cada noche y con mi pequeña hermanita.

- ¡Sugoi! – Exclamaron Ganju y Hanatarō mirando maravillados el buzón.

- Podría decirle a mi madre que le hiciera un par a cada uno como regalo de navidad – Bromeo Harry – Pero recuerden es una invención Unohana.

- ¿Qué más ha inventado tu madre? – Pregunto Uryū, escuchando en la frase de su amigo que esa no era la única cosa que había creado.

- Oh unas cuantas cosas muy interesantes, en realidad – Dijo Harry mientras se encogía de hombros, sin contestar nada detallado.

Los otros asintieron, sabedores que todavía no se conocían tanto, y lo dejaron pasar, cogiendo postres y flanes. Gintaro estaba en su cama junto a la de Harry, los chicos no podían evitar ver con maravilla y algo de temor al kitsune, sus colas se agitaban aun estando durmiendo, estas lo hacían como medio de alerta. Kuromaru, el lobo negro de Uryū veía de vez en cuando levantando la cabeza donde estaba tumbado, en la cama de su compañero, con curiosidad al kitsune, mientras las dos águilas de Ganju y Hanatarō, solo les dieron las espaldas a todos mientras metían sus cabezas bajo sus alas para dormir.

King´s Cross, 2 años después.

Dos años habían pasado desde que Charlus llego a vivir a la mansión Potter y se había reencontrado con su padrino, durante esos dos años, los estudios de Charlus rindieron mucho más, según Remus, estaba a nivel escolar estaba al nivel de un estudiante de cuarto año, conocimiento de uno de quinto, pero en poder, el chico tenían mucha magia, tanta que podría enfrentarse a varios magos de cursos mayores, vencerlo y solo terminaría agotado, mas no aun sin magia, Charlus se había entrenado más que todo en magia blanca, magia antigua, encantamientos y defensa contra las artes oscuras, pero sin duda su especialidad era el combate cuerpo a cuerpo. Sin duda en lo que era un prodigio era en combate cuerpo a cuerpo, su estilo de lucha se hacía cada vez más impecable, además de tener un estilo duro. Estaba tratando de crear su propio estilo de combate donde combinara su velocidad, elasticidad, fuerza y brutalidad.

Charlus se dedicaba todos los días a fortalecer su cuerpo, mente y espíritu recordando los entrenamientos que tuvo con los del Clan del Loto Blanco, después de haber vencido al forastero, los del clan lo consideraron miembro del clan y uno de los futuros miembros más prodigiosos, antes de irse, su maestro le entrego un pergamino con técnicas que le ayudarían en combinación al uso de su magia, al llegar se dedicó a entrenar, pero también a pasar tiempo con su padrino y sus amigos, el tiempo iba pasando hasta que llegó el momento de la verdad.

Era 1 de septiembre y la estación de King´s Cross era un hervidero de gente, los carros llenos de equipajes y los padres acompañando a sus hijos que iban recorriendo el andén 9 ¾. En medio de toda esa gente, se encontraba Charlus esperando apoyado contra el muro del fondo observando el panorama.

El chico iba vestido con unos pantalones y zapatos negros, una camisa roja y una chaqueta negra por encima de ella. Sus ojos color avellana iban escaneando la multitud en busca de alguien mientras su cabello negro desordenado le caía libremente por su rostro cubriendo un poco sus ojos. A pesar de que atento, el joven no se daba cuenta de que estaba llamando la atención, principalmente de las mujeres. Ahora con 11 años, estaba midiendo 1.65 y con una buena musculatura que era fácilmente perceptible bajo sus ropas, se había vuelto un chico muy atractivo que atraía la atención de las chicas que eran 2, incluso 3 años mayores que él.

Su búsqueda llego a su fin cuando percibió a la persona que estaba buscando.

- ¡Gin! – Exclamo, la chica en cuestión se hecho a sus brazos provocando una ola de celos de sus observadoras. Ginny Weasley se estaba convirtiendo en una bella adolecente, vestía con un bello vestido azul turquesa que resaltaba su brillante y hermoso cabello rojo, además de una chaqueta color blanco que no hacían nada para disimular su figura en crecimiento.

- Hey, jovencita, no te vayas muy lejos – Se oyó una voz atrás de la niña.

Ambos niños se giraron en su dirección y vieron a Molly Weasley, regordeta como siempre, pero vestida de manera elegante, se acercaba escoltada por sus hijos, en su prisa por querer abrazar a su mejor amigo, había dejado a su familia atrás.

- Señora Weasley, que alegría verla – Dijo Charlus sonriendo.

- Hola querido, cuantas veces te he dicho que me puedes decir Molly – Dijo la mujer antes de imitar a su hija y darle un enorme abrazo al niño que había llegado a considerar como un hijo más.

Los años no solo habían hecho bien en Charlus y Ginny sino también en toda la familia Weasley desde que Arthur Weasley comenzó a trabajar en Muggle Stuff, le había dado una mejor vida a toda su familia aun sin perder la humildad, Molly Weasley vestía de manera elegante y sobria, detrás de él estaban 5 de sus siete hijos, Percy Weasley que cursaría su quinto año, había sido elegido prefecto, se resaltaba por su insignia en el pecho sobre la túnica del colegio, después de él, siguieron los gemelos Weasley Fred y George, amigos de Charlus que sonreían divertidos al ver a Ginny abrazando a Charlus, muchas veces hacían bromas entre ellos pero no tardaban en arrepentirse por que Ginny se enfurecía, sin duda había heredado el temperamento de su madre, los gemelos comenzarían su tercer año, mientras tanto el siguiente era Ron, el mejor amigo de Charlus, todos tres vistiendo de manera Muggle como Charlus y no era ropa de segunda mano, toda hecha en Madame Malkin en Diagon Alley, semanas atrás tanto la familia Weasley junto a Charlus habían ido a comprar los útiles para su primer años escolar.

Tristemente, para Ginny, ella comenzaría el otro año, y estaría lejos tanto de sus hermanos como de Charlus, que se había acostumbrado a verlo muy seguido, pero él le había jurado desde que le llego su carta que le escribiría tres veces a la semana, y que cuando su padrino se lo diera podría enviarle unos espejos de doble vía, como bien se llamaban eran unos espejos con los que podías comunicarte con el que tuviera el otro espejo, así podrían hablar todos los días si quisiera, eso llevo a las burlas muchas veces de los gemelos y de Ron, este había perdido su inseguridad y complejo de inferioridad y había obtenido un poco de la chispa de los merodeadores que Charlus le había contagiado junto a los gemelos, estos dejaron de hacerle bromas cuando vieron que Charlus sacaba de ellas a Ron, así que mejor los unieron a su equipo.

- ¿Cómo están, chicos? – Pregunto a sus amigos, estos respondieron que bien mientras Ron le pasaba un brazo por los hombros, en medio había quedado la pequeña pelirroja, Charlus y Ron eran igual de altos y dijo Ron con una sonrisa.

- Bueno mi querido amigo, aliviados, ya que así nuestra querida hermana nos tenía cansados con sus constantes afanes diciendo "rápido, deprisa que Charlus nos espera" así que ahora estamos bien – Dijo Ron mientras los gemelos se reían mientras Ginny le daba un codazo, roja como su cabello mientras Molly sonreía.

- Y dime querido, ¿Dónde está tu padrino? – Pregunto Molly, Charlus sonrió a modo de disculpa.

- Tenia una reunión con Dumbledore en el colegio antes de que empezara las clases, quizás era algo referente al asunto de la Orden – dijo Charlus en voz baja solo para ellos, Molly asintió mientras sus hijos quedaban un poco curiosos.

Charlus sabia sobre la orden del Fénix, organización que había fundado Albus Dumbledore para poder enfrentarse a Voldemort, pero Remus le había dicho que Dumbledore la había creado para lograr reunir a gente influyente para lograr cambiar al ministerio. Remus le había informado todo a Charlus y este estaba de acuerdo con Dumbledore, así que secretamente se había dedicado a conseguir gente influyente en el ministerio y convencerlos de que se unieran, ya fuera de manera activa o anónima, Charlus lo hizo de manera anónima recurriendo a su padrino para que ayudara a la orden con que el mismo Charlus había designado para eso.

Charlus con la ayuda y concejos tanto de Remus como de Steven Greengrass habían invertido en varias empresas y negocios tanto mágicos como Muggles, hoy en día tenía un 40% de Nimbus, 30% de Madame Malkin, 50% en el Daily Prophet entre otros negocios mágicos y la mayoría en empresas Muggles donde ganaba más dinero. Todo esto bajo el absoluto secretismo.

Pero aun así era inevitable que llamara la atención de las personas en el poder y la de los de comunicación, sobre todo porque estaban hablando pura basura, a pesar de ser el dueño de la mitad del Daily Prophet, este decía solo puras sandeces que muchos creía, pero lo bueno era que eso desviaba la atención de Charlus, solo les interesaba saber sobre el hombre que estaba detrás de las novedades y el aumento de la economía del mundo mágico.

Los últimos 2 años no solo habían servido para afianzar su poder político sino también para preparar a Charlus para este día.

Remus le había informado que ese año comenzarían a estudiar hijos de personas importantes, gente influyente, poderosa y por demás está decir que la mayoría eran puristas de sangre, estos harían lo que fuera para obtener el control de la casa de Slytherin, Charlus no podría controlar lo que hicieran en la sala, pero si influenciar a personas para que se enfrenten a los que intenten imponer su autoridad, mientras tanto él los enfrentaría desde afuera.

El silbido del tren que anunciaba su salida cercana lo saco de sus pensamientos.

- Parece que ya es hora de despedirnos – Dijo triste Ginny.

- Tranquila Gin, te había prometido y te aseguro ahora que te escribiré y luego de navidad estaremos en contacto más seguido – Dijo Charlus mientras abrazaba a la pelirrojo que comenzaba a llorar mientras tanto Percy ya se había ido alegando que tenía que estar con los prefectos.

- Bien, espero se comporten y no hagan tonterías, espero no tener que recibir cartas con sus quejas – Dijo Molly y se giró entonces hacia el pelinegro – Eso también va para ti jovencito – Dijo con voz severa.

- No sé de lo que me estás hablando, mi querida Molly – Dijo Charlus sonriendo de manera suficiente y astuta fuera de lugar debido al tono inocente y su mirada.

Molly maldijo por enésima vez a Remus, en el poco tiempo que han compartido, le había pegado las mañas de los merodeadores.

- Adiós Charlus querido, espero ustedes dos al ser mayores cuiden a su hermano menor y a Charlus – Dijo Molly señalando a los gemelos que bufaron divertidos.

- No sería más fácil que Charlus nos cuidara a nosotros, mamá – Dijeron los gemelos mientras se subían al tren.

- Adiós Charlus – Dijo Ginny mientras le daba un beso al chico en la mejilla mientras se ponía roja, al igual que Charlus que se subió al tren mientras se despedía con la mano de la mujer y la niña.

Subieron al tren y los 4 chicos recorrieron los pasillos buscando compartimientos vacíos, pero por el camino se toparon con tres chicos, el chico del medio, que parecía ser el líder del grupo era de rostro puntiagudo y de piel pálida, de cabello rubio platinado y ojos grises, era una cabeza más bajo que Charlus, los otros dos solo eran unos centímetros más altos que los gemelos, parecían un par de gorilas detrás del chico rubio. Charlus los conocía de nombre, pero conocía al rubio, los dos gorilas eran de apellido Crabbe y Goyle, pero el del medio a diferencia de los otros dos, era más peligroso, era Draco Malfoy, hijo de Lucius Malfoy, un hombre peligroso, con influencia en el ministerio y un sujeto que se salvó de Azkaban.

- Vaya pero que tenemos aquí, si son los nuevos ricos Weasley y su amo, el que los saco del agujero donde vivían antes, al parecer ahora los Weasley se dedican a chuparle las medias a Potter, que triste es ver a una noble casa caer tan bajo – Dijo Malfoy viendo a los 4 chicos mientras los dos gorilas se reían.

- Cuidado, Malfoy, no estás en condiciones de insultarnos y menos a nosotros, ahora no nosotros también tenemos influencias – Dijo Ron sonriendo mientras lo miraba.

- Si, ahora podemos devolverte las palabras con hechos…- Dijo Fred.

- …Podemos hechizarte…- Dijo George.

- …O darte una paliza…- Dijo Fred.

- …Ya que los 4 podemos hacerlo…- Dijo George.

- …O lo puede hacer él que según tu es nuestro amo…- Dijo Fred.

- …Sin duda puede hacer ambas cosas a la vez – Termino George mientras sonreía y los tres chicos vieron a Charlus que estaba viendo a los 3 chicos frente a él.

- Sin duda será una lección que deben aprende, a saber que no deben de meterse con los herederos de los merodeadores – Dijo Charlus y sin más saco su varita y le lanzo un levicorpus a Malfoy mientras Charlus le lanzaba un petrificus totalus a los dos gorilas que caían como costal de papá, luego conjuro unas cuerdas que envolvieron al chico rubio y para finalizar le lanzo la maldición de lengua atada, los cuatro chicos riendo se fueron mientras entraban a un compartimiento vacío y se sentaron mientras reían y charlaban amenamente.

Tiempo después un chico de cara redonda toco a la puerta y asomo su cabeza.

- Disculpen, no han visto un sapo – Dijo el chico con expresión afligida.

- No, pero podemos ayudarte a buscar tu sapo, ¿Cómo se llama? – Pregunto Charlus sonriéndole amistoso al chico.

- Oh, gracias, bueno, se llama Trevor – Dijo el chico sonriendo agradecido, pero con timidez.

- Accio Trevor – Dijo Charlus saliendo del pasillo, segundos después el sapo apareció en su mano y se lo entrego al chico – Mira aquí está tu sapo.

- Muchas gracias – Dijo sonriendo mientras sujetaba su sapo.

- Porque no entras con nosotros, así no tendrás que seguir buscando compartimientos – Dijo Charlus amigablemente, el chico con timidez acepto mientras Charlus apuntaba con su varita al baúl y lo subió en los portaequipajes. El chico se presentó como Neville Longbottom, Charlus lo reconoció de inmediato, era el hijo de Alice y Frank Longbottom, la mujer era la madrina de Charlus, su padrino Remus se lo dijo, ella era la mejor amiga de su madre Lily así que la había elegido como madrina de él.

- Bueno Neville, ellos son Fred y George Weasley, los gemelos bromistas, él es Ron, su hermano y yo soy Charlus Potter y ahora eres bienvenido al grupo, amigo, puedes contar con nosotros para lo que sea, y si es una broma mejor – Dijo sonriendo mientras los hermanos reían y el chico sonreía feliz al verse aceptado en un grupo de amigos. Rieron y se divirtieron un rato hasta que paso la señora del carrito, entre todos compraron casi la mitad del carrito y comenzaron a reír y divertirse con los dulces variados, grageas de todos los sabores, ranas de chocolate, varitas de regaliz, y más. Fue después de un rato que una niña ya vestida con el uniforme entro sin tocar, tenía cara de malhumorada y una expresión mandona.

- Disculpa, algunos de ustedes saben que le paso a tres chicos, fueron hechizaron, uno de ellos termino amarrado, amordazado y colgando del techo, ustedes saben que les paso – Dijo la chica que tenía el cabello enmarañado de color castaño.

- Bueno, al parecer ya liberaron a esos chicos, pero ¿tú que tienes que ver con ellos? – Dijo Ron mientras todos los demás la miraban.

- No, solo que los prefectos estaban buscando a los que los hechizaron, les preguntaron a los chicos, pero no dijeron nada, yo les pregunte, pero me dijeron que no me entrometiera – Dijo la chica mostrando porque estaba malhumorada.

- Vamos, chica, tranquila, ¿si te dijéramos que fuimos nosotros nos delatarías? – Dijo uno de los gemelos.

- Pues, no sé, depende de la razón por la que hechizaron a esos chicos – Dijo la chica algo dubitativa dejando de lado su lado mandón, Charlus se levantó y le dirigió una sonrisa encantadora tipo merodeador y le paso el brazo por los hombros haciéndola entrar.

- Mira, linda, lo que paso es que los chicos se pusieron de muy bocones a insultarnos, no tuvimos otra opción que devolverles sus insultos por medio de hechizarlos, así porque mejor no te relajas, ten invitamos a formar parte de nuestro grupo de personajes importantes – Dijo Charlus mientras la chica roja sonreía un poco y los veía a todos que sonriendo la invitaban a unirse, ella emocionada acepto quedarse un rato con ellos. Se presentó como Hermione Granger y cuando todos se presentaron y al final fue el turno de Charlus, la chica quedo encantada ya que había leído algunos libros sobre él. Fue cuando los gemelos decidieron meterse con ella al ver que hablaba sobre muchas cosas de Charlus.

- Vaya Charlus, al parecer ya tienes una admiradora… - Dijo Fred.

- …La futura Prefecta perfecta parece ser una acosadora más – Termino George haciendo que la castaña se ruborizara y a trompicones salió del compartimiento diciendo que estaban a punto de llegar y que deberían cambiarse y se fue con la cara roja mientras los chicos sonreían, comenzaron a cambiarse colocándose las túnicas del colegio. Tiempo después llegaron a la estación de Hogsmade, allí se bajaron y fueron recibidos por un hombre enorme, según sus serpientes ese fue el hombre que lo había llevado a la casa de los Dursley junto a los dos ancianos, al parecer el hombre era un semi-gigante, esa fue la explicación a la que llego Charlus, un hombre parte criatura. Su padrino le había contado cosas sobre eso.

Charlus había estudiado sobre las diferentes criaturas que parecían humanas como las arpías, Veelas, entre otras, pero también estaban los que eran criaturas oscuras como los vampiros y hombres-lobo, le pregunto a su padrino como era que estas personas tenían magia, o al menos los que eran parte criatura.

- Bueno Charlus, si te fijas bien, Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang son las 3 escuelas de los magos y brujas de Europa, y digo magos y brujas porque realmente estas escuelas no permiten la entrada de alumnos que son mayoritariamente no humanos, es decir, criaturas mágicas – Dijo Remus con amargura – Por eso las tres, son el hazmerreír de otros países y continentes, sobre todo los de oriente y América, quizás la única escuela que permite la admisión de alumnos con claras características no humanas es Beauxbatons y solo dejan entrar a la escuela a las mujeres que solo son un cuarto Veela, es decir, que no tienen el poder para transformarse y no suponen un peligro para los magos y brujas, aunque las Veelas están mal vistas en Francia, por otra parte creo que hay otra escuela que si permite la admisión de alumnos que son parte criatura o en su totalidad, pero no recuerdo cómo se llama, dicen que está en una isla en Chipre por el mar Mediterráneo.

- Pero tú fuiste a Hogwarts – Pensó en voz alta Charlus, suponiendo que lo que Remus decía la verdad entonces él tampoco hubiera podido asistir.

- Si, fue gracias al Profesor Dumbledore que yo asistiera y, aun así, nadie sabía lo que yo soy – Le contesto Remus, mirando hacia la nada, le miro de reojo – Dumbledore ve lo bueno en las personas, no en lo que son, pero él suele ser alguien misterioso y algo manipulador, él ha querido sacar adelante Hogwarts pero ya sabes, la comunidad mágica británica está retrasada y no le gusta mucho el progreso, es por eso que si logras llamar su atención, él podría entrenarte, o si no buscara la forma de que aprendas y progreses, pero te advierto, se más astuto que él y no te dejes manipular.

Fue sacado de sus pensamientos cuando llegaron a un claro abierto, frente a ellos se alzaba el colegio Hogwarts. Los gemelos se habían se parado de los demás chicos ya que ellos tenían que ir de otra forma, por medio de carruajes, a la escuela. Cuando llegaron al lago había varios botes atorados en la tierra.

- No más de 4 por bote. Repito, no más de 4 por bote – Dijo el semi-gigante.

Charlus subió a un bote junto a Ron, Neville y una aun apenada Hermione. Los 4 esperaron en silencio hasta que notaron como los botes empezaron a moverse recorriendo el lago con la vista de Hogwarts.

Hogwarts era un regalo para la vista, un castillo enorme iluminado por las diferentes luces de las torres y torrecillas de las ventanas del castillo en la noche oscura, construido sobre roca solida a la orilla del lago que estaban cruzando ahora junto a unos extensos terrenos de pradera, todo ello rodeado por un bosque gigantesco que se extendía por millas. Con todo ello, la escuela era un auténtico regalo para la vista.

Los botes siguieron navegando por el lago dirigiéndose hacia el castillo, unos minutos después, vieron un pequeño hueco tapado por varias plantas en la formación rocosa y los botes se dirigían hacia ahí.

- Cabezas abajo – Grito el semi-gigante antes de tumbarse encima del bote. Aunque era inútil, el pobre hombre era el único lo suficientemente alto para chocarse la cabeza contra la parte alta del pequeño hueco. Pasando el túnel, los botes llegaron a la orilla frente a unas escaleras que daban a unas puertas dobles inmensas. Los niños bajaron y siguieron su camino, subiendo las escaleras donde su guía los estaba esperando. Cuando todos se reunieron en las puertas, el hombre barbudo dio 3 golpes contra la puerta y espero. No pasó demasiado tiempo antes de que la puerta se abriera y vieran a una mujer mayor con un vestido verde y una túnica negra por encima de este con un sombrero negro a juego, parecía bastante estricta.

- Los de primer año, profesora – Dijo el semi-gigante.

- Gracias Hagrid, voy hacerme cargo desde aquí – Dijo la mujer a Hagrid, este sin más propósito para estar allí se fue dejando a los chicos con la anciana.

- Síganme por favor – dijo antes de darse vuelta y entrar en el castillo con los niños siguiéndola detrás.

El grupo fue avanzando hasta que llegaron a una antecámara donde la profesora se detuvo y espero a que todos entraran. Cuando estuvieron reunidos, tomo la palabra.

- Bienvenidos a Hogwarts, soy la profesora McGonagall, subdirectora de la escuela. En breve pasarán por la ceremonia de selección donde serán ordenado en… - Dijo, pero Charlus se desconectó completamente, conociendo ya el procedimiento. En su lugar, se inclinó ligeramente en la oreja de Ron.

- ¿Es cosa mía o parece que se moviera como si tuviera su varita en el culo? – Pregunto, el pelirrojo tuvo que reprimir una carcajada con una tos.

- Es cosa tuya… a mí me parece que es un palo de escoba – Dijo y el dúo de chicos soltaron un bufido.

- Debería relajarse un poco, por la cara que lleva, parece como si se hubiera tragado un paquete entero de grageas con sabor a vomito – Dijo Charlus.

- ¿Cuánto tiempo crees que tomara antes de que le dé una ulcera? – Pregunto Ron sonriendo.

- No mucho ahora estamos nosotros aquí – Dijo con una risita, Charlus.

- Te he dicho ya lo bien que me caes, hermano – Dijo riéndose entre dientes Ron.

- No, pero está bien saberlo compañero – Dijo riéndose entre dientes.

La subdirectora se dio cuenta de dos alumnos que la estaban ignorando, iba a reprenderlos severamente hasta que reconoció a uno de ellos, y se puso blanca como el papel.

El chico en cuestión era alto para su edad, 1.60, era uno de los chicos más altos de todo el grupo y también él que estaba en buena forma, con su pelo negro azabache cayéndole por la cara tapando un poco sus ojos y desordenado y ojos avellana picaros no le costó mucho saber quiénes eran sus padres, brevemente le pareció curioso que no llevara gafas, pero lo que realmente le asusto fue la forma con la que había estado bromeando con uno de sus compañeros a su lado. La forma en la que hablaba, su expresión facial y la forma de reírse le recordaba demasiado a James Potter en sus años más jóvenes. El día que tanto temía había llegado, el sucesor de los merodeadores había llegado a Hogwarts.

- ¿Profesora, se encuentra bien? – Pregunto un niño al azar.

La anciana saliendo de sus pensamientos se recompuso rápidamente.

- Si, por supuesto, les daré un tiempo para prepararse antes de entrar en el Gran Comedor – Dijo, salió a paso ligero de la sala.

Hermione le dio un golpe en el hombro a pelinegro, que apenas noto nada.

- Ni siquiera hemos empezado las clases y ya estás buscando problemas – Dijo algo molesta la niña.

- ¿Yo? Para nada – Dijo con su siempre sonrisa astuta.

- Simplemente estamos comentando que parecía una profesora estricta – Dijo Ron.

- …Y que debería aflojar… - Dijo Charlus.

- …Mucho… - Dijo Ron.

- …Pero en caso de que no pueda hacerlo… - Dijo Charlus.

- …A nosotros no nos molestaría ayudarla – Finalizo Ron dedicándole una sonrisa junto a Charlus a la chica.

- Ustedes dos ya se están pareciendo a los gemelos – Dijo la chica negando con la cabeza, mientras junto a ellos estaba Neville que sonreía con timidez ante la amistad de los chicos.

Fue cuando la mayoría dio un respingón al ver como unos fantasmas que estaban conversando pasaban por encima de ellos hablando. Después de un rato, la profesora McGonagall volvió a entrar en la sala.

- Todo está preparado, síganme por favor – Dijo la mujer.

Los niños siguieron a la mujer mayor y entraron entonces en el Gran Comedor, 4 largas mesas se extendían por la sala, cada una con alumnos vistiendo el color de sus casas, de izquierda a derecha estaba: Slytherin, Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff, y al fondo en un estrado se encontraba otra mesa reservada para los profesores. La sala estaba iluminada por velas flotando suspendidas en el aire, y bajo estas estaba el techo encantado que mostraba una vista magnifica del cielo estrellado.

Circularon por el medio de las mesas centrales y avanzaron hasta pararse delante de un pequeño estrado sobre el cual se encontraba un taburete y sobre este un sombrero puntiagudo. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:

Oh, podrás pensar que no soy bonito,

Pero no juzgues por lo que ves.

Me comeré a mí mismo si puedes encontrar

Un sombrero más inteligente que yo.

Puedes tener bombines negros,

Sombreros altos y elegantes.

Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts

Y puedo superar a todos.

No hay nada escondido en tu cabeza

Que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.

Así que pruébame y te diré

Dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor,

Donde habitan los valientes.

Su osadía, temple y caballerosidad

Ponen aparte a los de Gryffindor.

Puedes pertenecer a Hufflepuff

Donde son justos y leales.

Esos perseverantes Hufflepuff

De verdad no temen el trabajo pesado.

O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,

Si tienes una mente dispuesta,

Porque los de inteligencia y erudición

Siempre encontrarán allí a sus semejantes.

O tal vez en Slytherin

Harás tus verdaderos amigos.

Esa gente astuta utiliza cualquier medio

Para lograr sus fines.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!

¡Y no recibirás una bofetada!

Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).

Porque soy el Sombrero Pensante.

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.

- Vaya, un sombrero que canta, quien lo diría – Dijo Ron sorprendido.

- Si, el sombrero seleccionador, uno de los regalos que los 4 fundadores dieron a la escuela para siguiera funcionando después de sus muertes, Gryffindor fue el que ofreció el sombrero para repartir a los alumnos en las diferentes casas, pero mi padrino me dijo que dentro de este se encuentra algo mas – Dijo Charlus algo emocionado, sus amigos quedaron maravillados por lo que decía.

La profesora McGonagall desenrollo un pergamino y sosteniendo el sombrero en sus manos empezó a llamar a los alumnos por orden alfabético. Uno por uno comenzó a llamarlos para ser seleccionados. Cuando fue el turno de Hermione, esta fue enviada a Gryffindor, luego fue el apellido Greengrass, una chica rubia de ojos azules muy linda salió, Charlus la conocía ya que el padre, Steven Greengrass era su abogado y aliado a la familia, ella fue seleccionada para la casa de Slytherin, luego fue el turno de Neville que termino en Gryffindor, después fue el turno de Malfoy que, como ya había sabido, termino en Slytherin, fueron pasando hasta que fue su turno.

- Potter, Charlus – Dijo, y una ola de murmullos se desato en todo el salón.

- Charlus Potter, ¿es él? – Dijeron algunos.

- Debe ser él, me pregunto cómo será – Dijeron otros.

- ¿Dónde estará su hermano? – Dijeron otros.

Charlus ya sabiendo la reacción que iba a causar, no se inmuto y decidió proseguir con la ceremonia con normalidad y además mostrar su linaje, así que, mostrando una sonrisa y porte arrogante como buen Potter, se dirigió hacia al taburete con paso confiado. Un buen número de mujeres se sonrojaron al observar al chico apuesto mientras que los profesores lo observaban con interés, todos excepto uno.

Severus Snape veía molesto al chico Potter, era la viva imagen de James Potter, desde su porte hasta su sonrisa, todo mostraba ser que ese chico era el hijo de James Potter, su mayor rival en la época de la escuela.

Por otro lado, Albus Dumbledore veía al chico con una mezcla de curiosidad y diversión, era como volver a ver a James Potter siendo seleccionado, el mismo porte decidido y arrogante, pero una sonrisa amable y suficiente, sin duda era él hijo de su antiguo alumno y amigo, pero lo que le llevo a preguntarse y a estar pensativo era ¿Dónde estaba su hermano? Antes del banquete había estado hablando con Remus, y le había dicho que Charlus Potter iba ir a la escuela, y que todo este tiempo había estado con él cuidándolo, le sorprendió mucho pero se alegró de saber que él chico estaba bien, sin duda debería estar en un lugar muy seguro para que nadie lo encontrara, eso lo alegro, al ver con más detalle al chico se dio cuenta que el chico era alguien que venía preparado, que había estado estudiando y practicando antes den entrar a la escuela, eso le pareció muy interesa, sin duda el chico tenia talento, solo tenía que ver que podía hacer.

Charlus se había sentado en el taburete y noto entonces como la mujer mayor coloco el sombrero en su cabeza.

- Ohh vaya si, oh si, Lord Gryffindor, vaya son admirables tus barreras mentales, debo alabar tu esfuerzo, pero no tienes que molestarte, lo que hablemos se quedara entre nosotros – Dijo el sombrero.

- Así que tú eres donde guardo mi antepasado lo que yo he heredado de él ¿verdad? La espada de Gryffindor está dentro de ti – Dijo en su mente el sombrero emocionado.

- Oh si, y es toda tuya, recuerda esto, Hogwarts está dispuesto ayudar a quien lo necesite, cuando eso pase podrás disponer de la espada cuando quiera, es tuya mi Lord – Dijo, el sombrero – Ahora pasemos a lo importante, la selección, tienes todas las aptitudes para las cuatro casas, eres leal, valiente, inteligente y ambicioso, pero todo eso lo reúnes en una gran determinación a salir adelante y no darte por vencido, así que ya está decidido, mi Lord Gryffindor con habilidades de Slytherin, tu casa será… ¡Gryffindor! – Se escuchó lo último por toda la sala después de varios minutos.

El chico sonriendo arrogante y feliz se quitó el sombrero y fue feliz a la mesa de los leones donde lo aceptaron felices celebrando, sentándose junto a Neville y frente a Hermione junto a ella estaba Percy y junto a Neville estaban Fred y George, todos esperando la selección de Ron que no demoro y también fue seleccionado en Gryffindor junto a los aplausos de sus amigos y familia, el chico choco las manos con sus hermanos gemelos, Charlus y Neville antes de sentarse frente a él.

Ya todo estaba hecho, ya estaba en Hogwarts, y ahora solo tenía que demostrar lo bueno que era para llamar la atención de Dumbledore, se había girado para verlo y se dio de cuenta que este lo estaba mirando con una sonrisa afable, él se la devolvió, iba aprender todo de ese hombre, incluso si tenía que demostrar que era él mejor del colegio, no le importaba, quería aprender, quería ser fuerte y estaba seguro que su hermano también lo estaba logrando, incluso tenía la sensación de que él sin duda se estaba haciendo cada día más fuerte, así que no debía quedarse atrás estaba en el lugar que a pesar de ser en el hazmerreír de muchos a nivel educativo, estaba seguro que tenía mucho que ofrecerle y no solo conocimientos, sino también, amigos y aliados.