¿Advertencias? Éste es un mundo alternativo. Es decir, algunas cosas no son iguales a como las leíste.

Harry Potter me pertenece y escribo esto con fines de lucro.

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Lágrimas y pancitas

Por Janendra

Capítulo X: El pasado tiene catorce años

Lucius mira el biombo que mantiene a Severus alejado del mundo. Es un armazón de metal, algo de madera y una tela con pintados que no tienen estilo. El biombo es en ese momento como la muralla china mágica. Tan sólido, tan determinante. Hay un mundo de un lado de la muralla, un mundo frío y oscuro donde él y el maestro de cabellos rojos esperan. Hay otro mundo donde Severus y Harry yacen inconscientes, donde la magia hace correr a los adultos tras sus sueños perdidos. Donde los adolescentes comen dulces y sacan de algún rincón escondido sus juegos favoritos para corretear alrededor del castillo. Un mundo donde él siente que ama a Severus y puede recuperarlo.

Lucius respira despacio. Los Malfoy, se dice, no muestran emociones en público. Antes de ponerla en práctica detesta la idea. Abraxas Malfoy fuiste un pésimo padre se dice. Mira al maestro su lado. Abre la boca, la cierra y vuelve a abrirla.

—¿Cuál es la historia entre Severus y tú?

Karl mira al hombre rubio a su lado. Las pocas veces que lo vio fue desagradable y malicioso. Ahora no hay nada de eso en el hombre. Karl reconoce que está nervioso, igual que él.

—Es una larga historia.

—Tenemos tiempo, —dice Lucius y espera.

—Nos conocimos en Durmstrang. Severus estaba en cuarto año cuando yo estaba en sexto. Él quería ser Maestro en pociones y yo era el mejor alumno de la escuela, me convertí en su tutor...

Lágrimasypancitas

En las habitaciones de Severus siete niños saltan sobre la cama. Cinco son pequeños, dos tienen dieciséis años. Draco y Blaise toman las manos de Etianne y Julius, los impulsan a brincar entre risas. Los trillizos Lucius, Janael y Arian saltan con gritos de felicidad. Otros dos chiquillos, Ron y Hermione se persiguen por la habitación. Se pegan la roña uno al otro, algo que a Ron no le quedó claro, y se persiguen con carcajadas exhaustas. Fiski, el elfo, los mira mientras hace sonar música muggle de su completo gusto. La cena espera a que los niños terminen de jugar. Esta noche hay pastel de postre.

Lágrimasypancitas

Los profesores de Hogwarts tienen una fiesta. Hay piñas incendiarias para todos. ¡Yeah! Dumbledore viste una túnica donde ositos cariñositos vestidos de griegos y romanos se ensalzan en una guerra despiadada. Los maestros bailan la conga. Manos sobre la cadera del de enfrente, la cadera a un lado y al otro. Charity Burbage, la nueva profesora de pociones, es quien prepara las piñas incendiarias. Cada diez minutos una llama brota del caldero, sube hasta el techo. Charity ríe, el menjurje deja el caldero y se cuela en los vasos.

Lágrimasypancitas

El castillo respira burbujas, una vez moradas, otra azules. Se siente como si lo acabaran de fundar. Los retratos están vueltos locos, no hay poder humano que les haga respetar las contraseñas. Se ríen en la cara de los que intentan entrar. Muy abajo, un basilisco con lentes oscuros baila feliz por la cámara de los secretos. Le acaban de llegar sus lentes que impedirán que vuelva de piedra a sus futuros alumnos. ¡Será co-maestro de Defensa contra las Artes oscuras!

Lágrimasypancitas

Pomfrey acaba la revisión. Harry y Severus tienen una salud envidiable. Pliega el biombo con su magia.

—Ellos están bien, ahora deben descansar. No los molesten.

Pomfrey desaparece su ropa blanca por un atuendo negro y se marcha a la fiesta.

Lucius la mira sin saber qué hacer. Intercambia una mirada con Karl. Ambos se acercan. Un Severus pequeño y delgado parece perderse en la cama inmensa. Lucius sonríe porque ve un Severus en miniatura vestido con un pijama verde y plata. El cabello negro, corto y lacio le da al rostro adolescente una dulzura que el adulto sustituyó con mal humor. Los rasgos del Severus que él conoce están allí, suavizados por la adolescencia.

—Este es el Severus de mis recuerdos, —dice Karl. La nostalgia es honda y algo de tristeza se percibe en ella.

—¿Crees que esté embarazado?

—Estaba próximo a los cuatro. No se le notaba.

Karl es pura nostalgia. Se pone una mano en los ojos y llora por su amor perdido, por los hijos que quiso criar con Severus y los tantos sueños que no llegaron a ser, por la soledad y el desamor que en cambio llenaron sus días. Durante toda su vida deseo volver atrás y hacer las cosas diferentes. Se ríe, feliz, fascinado por su deseo cumplido.

—Disculpa. Me siento como si tuviera dieciséis y a esa edad solo pensaba en él.

Lucius no dice nada. Con mucho cuidado acaricia el rostro de Severus.

—Algo fuerte nos haría bien, —llama a un elfo y un par de vasos son servidos.

Karl abre grandes los ojos. Se sienta en la silla al lado de la cama de Severus. Parece muy concentrado. Lucius lo mira con atención y ve desaparecer una arruga sobre la frente.

—¡Oh por los dioses! —Musita Karl tembloroso—. ¡Severus está en el pasado! Tengo un recuerdo que puedo asegurar que no estaba allí antes de hoy.

Karl se cubre la boca y estalla en carcajadas.

—¡Eso fue tan bueno! ¡Severus eres un genio!

Lágrimasypancitas

Dumbledore bebé una poción extra fuerte para la resaca. La cara del viejo mago cambia de tortura a completa relajación. Agradece a la enfermera y vuelve la atención a Harry y a sus padres. Severus en la otra cama, o mini Severus piensa Dumbledore, ¿quizá chibi Severus? ¿Severitus? El asunto es que aún duerme. Harry en cambio está despierto y desayuna con ganas. Lucius también está presente.

—Harry querido, ¿cómo te sientes? —dice Dumbledore.

Harry levanta los ojos de su plato, sonríe y arremete contra el desayuno. Su mami le preparó pastel de verduras y pastel de mango, sus favoritos. No tiene tiempo para hablar.

—Como, no hablo.

Remus y Sirius intercambian una sonrisa. Draco entra triunfante por la puerta de la enfermería. Se dirige a la cama de Harry, le besa la frente, la nariz, un suave beso de labios cerrados y se acomoda a su lado.

—Buenos días, amor. Te extrañé.

Los ojos verdes se encuentran con los grises. Harry sonríe y le ofrece a Draco una cuchara de pastel.

—Está delicioso, Sirius.

Sirius y Remus sonríen. Los chicos se abocan al desayuno y después se relajan. Harry en brazos de Draco.

—¿Cómo está Severus? —Pregunta Harry.

—Sin contar el hecho de que tiene catorce años y está embarazado su salud no puede ser mejor, —dice Remus.

—Explícanos qué pasa cachorro —pide Sirius.

Harry evade las miradas. No sabe si es correcto que les cuente el secreto de Severus. Se mira las manos, Draco lo estrecha, sus brazos lo instan a relajarse y es él quien comienza a hablar.

—Ayer volvimos de nuestro paseo vespertino y Harry se quedó a hablar con Severus. Lo sentí ponerse muy triste y luego furioso.

Los ojos plata buscan los verdes. Sabe lo que sintió, desconoce qué lo provocó. Harry suspira, acaricia las manos de Draco en su cintura.

—Severus estaba triste. Me contó que él y Lucius decidieron separarse, había otra cosa por la que su corazón lloraba y él me contó... Cuando era adolescente se embarazó y un sanador malvado lo engañó y le hizo creer que debía abortar a sus bebés. Era joven y estaba asustado.

—Así que lo hizo, —dice Draco.

Mira al pequeño que duerme en otra cama. Se parece mucho a Severus aunque ahora es más joven que él. Harry aprieta los puños. Se relaja cuando Draco toma el control de los sentimientos compartidos.

—¿Qué hacía el hechizo? Me sentí como un crío hasta que desperté. Creo que incluso soñé con unicornios y chocolates.

Harry sonríe. Oh sí, tuvo un breve vistazo a los sueños de Draco y fueron muy divertidos.

—El hechizo trajo algo del pasado y se llevó al pasado algo del presente. Él es el Severus embarazado antes de que abortara sus bebés. Nuestro Severus está en su lugar.

Las caras de los adultos intercambian una mirada de preocupación.

—Creí que no podías ir al pasado e interactuar con otros, —dice Draco—. Se supone que si cambias cosas en el pasado, cambias el futuro.

—Confío en Severus, —responde Harry—. Creo que él no hará nada que dañe el futuro.

—¿Hay alguna forma de cerciorarse qué está en el pasado? —Pregunta Lucius. No es que desconfíe de Harry, es que necesita saber que está bien.

Harry sonríe encantando. Que lo aspen si Lucius ya no quiere a Severus. La puerta de la enfermería se abre y el profesor Karl entra con una sonrisa de oreja a oreja y un viejo diario en sus manos.

—Disculpen la demora, me costó encontrarlo.

Lucius lo mira. Ayer después de decir que Severus estaba en el pasado se marchó, por pruebas. Karl les da copias de un diario mágico de hace quince años.

—Ayer descubrí un recuerdo que no tenía. Estábamos en la sala de espera cuando Severus abortó. No me dejaron entrar con él. Lo vi marcharse con la enfermera y luego de un rato el sanador salió perseguido por un Severus adulto muy enojado.

Draco lo mira atónito. Los adultos comparten expresiones de asombro.

—Karl era el novio de Severus cuando tenía catorce años, —informa Lucius—. Supongo que por eso el pasado de Severus parecía tan cercano

—¿Tú sabías eso? —Le pregunta Draco a Harry. Su novio asiente.

—Lo vi cuando reunía mi energía para el hechizo.

La enfermería se sume en el silencio, las miradas recorren las palabras del diario.

Sanador abusivo expuesto por Maestro de pociones del futuro. Una fotografía acompaña el diario. Severus, embarazado, y con su habitual túnica negra apunta la varita al trasero de un hombre vestido de blanco. El hombre chilla y se lleva las manos a las nalgas. La sonrisa maliciosa de Severus es épica.

Ayer por la tarde Nicholas Ljótr, un sanador de prestigio de nuestra comunidad fue atacado y expuesto por Severus Snape, un maestro de Pociones del qué poco se sabe porque viene del futuro. Según nos cuentan un adolescente de catorce años estaba por someterse a un aborto cuando en su lugar se encontraron con el Maestro Snape.

El Maestro no dudo en segundo en atacar al sanador. Tras pedir la intervención de la policía mágica y poner una denuncia, el Maestro nos contó su versión de los hechos. El sanador Ljótr se valió de su posición de poder para hacer abortar a un chico de catorce años, que aunque joven, gozaba de perfecta salud igual que sus bebés. Snape vino del futuro para impedir que esta tragedia que aconteció en su pasado sucediera. El adolescente Severus fue llevado al futuro en lo que se conoce como un clásico intercambio de lugares. El Maestro Snape nos asegura que en el futuro no se hacen viajes al pasado como quien sale a visitar a la tía.

El Maestro se quedará en Durmstrang. Aprovechará para dar algunas clases de pociones y charlar con sus viejos profesores. El Maestro Snape nos pidió que aclaráremos, para las personas que comparten su futuro, que se encuentra en perfectas condiciones, su embarazo sigue viento en popa y él está muy feliz. Espera regresar pronto a casa y le envía su amor a todos.

Lucius es el primero en bajar la copia del diario. Su mirada se encuentra con la de Karl. Los labios se curvan en una sonrisa. De esa habitación solo ellos dos saben lo que es ser pareja de Severus.

—Severus era muy diferente cuando fue mi novio —dice Karl—. Después del aborto él cambió mucho. Yo también lo hice.

Las miradas se posan en el maestro de cabellos rojos. Lo que sea que sucedió en su pasado, al ser modificado, lo cambiará a él.

—No tengo más recuerdos del pasado, de hecho cada vez que pienso en esa época de mi vida hay una bruma densa y pesada.

—Eso es el hechizo, —dice Harry—. Lo que pase aquí cambiará el pasado. Por eso no puedes verlo. Creo que esto fue un regalo de Severus, una forma de decirnos que está bien.

—¿Qué es lo que hace el hechizo, Harry? —Pregunta Lucius.

—Trajo a Severus del pasado para que sus bebés vivan. No puedo tener mucho tiempo a alguien del pasado en el futuro y viceversa, eso puede crear muchos cambios. Así que este hechizo durará tres semanas. En cada semana transcurrirán tres meses para el cuerpo del pequeño Severus. Luego Severus y sus bebés regresarán al pasado. El futuro, nuestro tiempo, nuestras relaciones, cambiarán. Lucius mi hechizo hará que en algún momento tú y Severus se encuentren y tengan a sus hijos. No sería justo que recuperará a sus bebés del pasado y que perdiera a los del presente. Sin importar su pasado y cómo afectará el resto de su vida, ustedes tendrán a sus bebés. Lucius lo que sucede entre tú y el pequeño Severus marcará el futuro entre ustedes. Si tú eres odioso con él, te detestará. Si consigues hacerte querer por él, quizá haya amor entre ustedes. Tanto a uno como a otro —dice Harry, su mirada primero en Karl luego en Lucius—. Puedo asegurarles que sus hijos vivirán, pero no como será su relación con Severus o a quién amará él en este tiempo. También asegurará que los dos estén aquí cuando él regrese.

Las palabras calan profundo en el corazón de los dos hombres. Se miran uno al otro. Lucius sonríe cansado, contento. Si algo le enseñó Harry Potter es que nada en la vida es definitivo.

—Y hay algo más —dice Harry.

Los ojos azul plata miran al muchachito en brazos de su hijo.

—Es una consecuencia del hechizo. Severus necesita saber de su pasado o cuando vuelva no lo recordara. Ustedes, —mira a Lucius, a Karl y a Dumbledore—, deben contarle qué sucedió con él desde los catorce hasta...

Harry mira a Draco.

—¿Cuántos años tiene Severus?

—Veintinueve —dicen Lucius y Karl al mismo tiempo.

—Hasta los veintinueve. Cuéntenle con detalle, el Severus del pasado debe saber quién fue para que el Severus del presente lo recuerde cuando el hechizo termine.

Lucius mira Dumbledore. Por primera vez desde que el caos inició sabe que está en problemas. El viejo mago le devuelve una mirada igual de preocupada.

—No tengo idea de qué hizo Severus antes de que yo lo conociera, —dice y en su tono se percibe una vieja vergüenza.

—¿A qué edad se conocieron? —inquiere Harry.

—Yo entré al consejo de Hogwarts cuando Draco tenía diez años. Severus impartía Pociones y tenía veintitrés años.

Sirius y Moony intercambian una mirada. Eso es el colmo de las malas parejas. Ellos se saben hasta los lunares que cada uno tiene en el cuerpo.

Karl piensa y se da cuenta de algo que no notó antes. Severus le preguntó mucho de su vida, le contó en cambio poco de lo que vivió cuando se separaron. Sabe de Malfoy, de sus niños. ¿Hay un patrón aquí?

—A mí me contó sólo de lo que vivía ahora, no de lo que hizo cuando nos separamos.

—Dumbledore Severus tiene papeles de Hogwarts. Karl dice que se cambió de escuela a los catorce años. ¿Qué puedes decirnos de su pasado? —inquiere Lucius.

El viejo mago niega con la cabeza. Se pone en pie, convoca una bolsa de caramelos y los reparte.

—Verán, —dice Dumbledore apesadumbrado—, Severus debió venir aquí a los catorce años. Lo esperábamos para el inicio del año escolar y no se presentó. Levantamos un acta en el ministerio, lo hicimos buscar. Severus era huérfano, perdió a sus padres siendo un niño. Un adolescente no puede perderse del sistema mágico, Severus lo hizo. No supimos de él hasta los veinte años y fue porque él se presentó en la escuela.

Harry hace cuentas. Aprensivo aprieta las manos de Draco.

—¿Nadie sabe qué fue de Severus en esos seis años?

La respuesta es negativa. Es Dumbledore quien habla.

—Severus no dio explicaciones y tampoco podía exigírselas, ya era un adulto. Lo ayudé a presentar los exámenes de Hogwarts a los veinte años. Recibió su diploma en seis meses. Era un muchacho extraordinario. Hizo la carrea de pociones en dos años y la maestría en uno. Cuando lo contratamos en la escuela, a los veintidós aún no tenía título. Yo decidí confiar en él.

—Una buena decisión, viejo, —dice Lucius con aire ausente.

—Esto es grave —dice Harry—, el pasado es quien hizo a Severus como es, si ustedes no son capaces de decirle quién fue, será una persona diferente cuando vuelva. Sin seis años de su vida no quiero imaginar qué tipo de persona será.

Draco vuelve a Harry contra su pecho. Lo abraza mientras los sollozos de su novio llenan el silencio de la enfermería. Siente la desolación de Harry y le comparte su miedo, su angustia, de perder a su mamá.

—¿Qué pasará conmigo si Severus no me ama? —Le pregunta angustiado a su padre.

Lucius se sienta en la cama de la enfermería. Atrae a sus dos entristecidos adolescentes en un abrazo.

—Él te amará Draco, averiguaré lo que pasó con Severus y él te querrá como lo hace ahora.

Lucius mira a Dumbledore. Piensa en las palabras del viejo mago.

—Dijiste que era huérfano. ¿Sabes quienes fueron sus padres?

—Sí, por supuesto. Tengo los papales de cuando Severus debió cambiar de escuela.

—Es un buen lugar para empezar, —dice Lucius.

Lágrimasypancitas

Las pestañas negras, largas, curvas, se mueven muy lento. Tiemblan con el movimiento de los parpados. Los ojos negros se abren. Miran sin saber dónde está. Recorren la enfermería. Mucho blanco, ventanales iluminados por el sol. Se sienta y jala sus piernas cerca del cuerpo. Una tristeza larga y profunda se acomoda en el corazón. Es igual y peor que perder a sus padres. Sabía que el corazón se le rompería en mil pedazos... no tenía otra opción. Se pregunta si algo salió mal. Recuerda entrar al hospital, caminar por un pasillo blanco, no dejaron que Karl lo acompañara.

—Ya estás despierto.

La suave voz femenina hace que Severus levante los ojos.

—Soy Madame Pomfrey, querido. Seré tu enfermera durante tu embarazo.

Severus abre la boca y la cierra.

—Yo, estoy aquí para abortar.

Ella sonríe y Severus ve la compasión y el cariño en la mirada de ella.

—Gozas de perfecta salud y tus bebés también. ¿Aún quieres abortar?

Severus niega. La mira fascinado, los ojos negros llenos de luz.

—¿No tengo que hacerlo?

—No.

Severus inhala profundo, una enorme sonrisa toma sus labios.

—¿Dijiste bebés?

Madame Pomfrey le da la mejor de sus sonrisas. Se sienta a su lado y asiente.

—Estás embarazado de gemelos. Tienes catorce semanas. ¿Quieres oír sus corazones?

La sonrisa de Severus es dulce. Algunas lágrimas empañan sus ojos. Asiente entusiasmado. Eso es lo que quiso desde la primera vez que fueron al sanador.

Madame Pomfrey hace un hechizo sobre el vientre de Severus. Los corazones rápidos, como el aleteo de una mariposa, llenan la enfermería.

—Suenan rarísimo —dice Severus.

Madame Pomfrey termina el hechizo. Ayuda Severus a sentarse cómodo para desayunar.

—Cuando termines, tendrás visitas.

Severus hunde la cuchara en la avena tibia. Está feliz. La visita tiene que ser Karl. Estará tan contento como él. ¿Karl ya sabrá que son gemelos? Quiere ver su cara cuando se lo diga. Seguro que se desmaya. Severus ríe malicioso.

Tras el desayuno quienes se presentan son dos adolescentes que deben estar en sexto. Severus los mira, no hay nadie más en la enfermería.

—Hola, yo soy Harry Potter, este es mi novio Draco Malfoy.

—Severus, —el adolescente de cabellos negros les tiende la mano.

—Es un placer conocerte, —Draco devuelve el saludo cortés, elegante—. Somos tu bienvenida oficial. Nos envían los adultos.

—Tenemos mucho que explicarte, —sonríe Harry.