Capítulo 10
A fin de cuentas, Eren sí lo había seguido hasta el baño.
—¿Levi? ¿Se encuentra bien?
Su voz preocupada y dulce lo desconcertó: el pánico cedía y daba lugar a un vago deseo, aún no sabía de qué.
—Levi… ¿se desmayó o algo así? De verdad me está asustando, conteste…
Y de pronto, pasó la mano debajo de la puerta. Una mano grande pero delicada, con ese bonito lunar en la muñeca.
—Capitán Levi… ¿está acá?
Sorprendiéndose a sí mismo, Levi bajó su propia mano y se la tomó. Eren lo apretó y luego se relajó. Se sentía suave. Quiso que eso durara.
—Qué bueno que lo encontré… ¿se está escondiendo? ¿Es algún tipo de juego?
No pudo contestar nada y el tono de Eren cambió.
—Mmm ¿no se habrá metido acá pensando en algún juego pícaro? Mire que me encantan esas cosas, desde ya le aviso…
Se dio cuenta de que esa sola frase y la tersa sensación de la mano habían alcanzado para ponerlo duro. No sabía qué hacer. Creyó que lo mejor sería guardar silencio.
—Vamos, Levi, abra la puerta… ya me dieron ganas… ahora no me puede dejar así…
Le soltó la mano para ir hacia el pestillo. Apenas lo abrió, Eren asomó la cabeza. Mostraba una sonrisa traviesa que le brillaba también en los enormes ojos. Levi solo podía mirarlo deslumbrado mientras abría la puerta, se metía dentro del cubículo y lo cerraba. Casi no cabían, Eren de pie contra la puerta, Levi sentado en el inodoro tapado.
Sin disimulo, lo observó de pies a cabeza. Tenía un short de jean muy ajustado que no recordaba, ¿no llevaba unos pantalones con las rodillas abiertas? Pero por dios, agradecía ese short. Nunca había visto a alguien tan apetecible en su vida.
Eren, fingiendo acomodarse en el pequeño espacio, separó las piernas en torno a las suyas y finalmente se sentó sobre él, quedando sus torsos prácticamente unidos.
—Ya veo que sí le gustan los juegos, ¿verdad? Estoy seguro de que este lo divertirá bastante…
Lo agarró de las muñecas y las guio hasta colocarle las palmas sobre cada glúteo. Instintivamente, Levi se metió en sus bolsillos y apretó un poco. Eren soltó un suave gemido.
—¿No me va a dar un beso…? —murmuró el chico, haciendo un pucherito.
Levi presionó en sus caderas para atraerlo hacia él, con lo cual logró rozar sus pelvis de un modo que le hacía ver las estrellas. Sin dudas quería darle un beso. Ya mismo quería hacerlo. Lo quería desesperadamente. Sí, ahora mismo lo haría…
Sin embargo, entonces, reconoció el sonido de una llamada de Skype. ¿Qué? ¿Qué hacía ese sonido en un baño? Eren bajó los hombros y puso cara de decepción.
—Yo quería que me acabara en la boca pero creo que hoy no podrá ser, ¿no?
A Levi casi le dan convulsiones. ¿En la boca? ¿Cómo? ¿Qué? ¿POR QUÉ NO PODRÁ SER?
Eren le guiñó un ojo y se levantó. Sin previo aviso, alargó un brazo y lo agarró de los testículos.
—Sé que tu mami es más importante que yo, siempre hay algo más importante que yo, ¿verdad?
Con el esfuerzo atragantado entre el manoseo de sus partes, Levi logró articular sus primeras palabras.
—¿M—i m-mami?
Y ahí cayó. Era sábado. El maldito día de conversaciones a distancia con su madre. Y ese sonido era ella llamándolo. Y si escuchaba eso desde el baño de un bar, solo podía significar una cosa…
—¡La concha de la lora*! —gritó, incorporándose en la cama.
De inmediato se volvió a acostar y se tapó la cara con la almohada.
—¡Volvete a dormir, idiota, volvete a dormir! ¡Te juro que nada es más importante que vos, por favor… aparecé de vuelta!
Se llevó la mano libre a la erección casi de piedra que le había dejado el sueño. Mordiendo la almohada, se bajó parcialmente los bóxer y empezó a tocarse. Todavía tenía la sensación de ese culito en sus dedos. Era tan perfecto. Tan sabroso. Con ese short tan ajustado… ¡dios! Y esa voz… diciendo… con un pucherito… quería que me acabara en la boca… ahhhh…
Después de un minuto de absoluta inconsciencia comprendió que se había masturbado con la alarma del Skype de fondo, que era más o menos como decir que tenía a su mamá en la otra habitación. Sumado a ese horror (y al de la mano empantanada de semen; jamás dejaría de darle asco eso), estaba el hecho de que la causa de todo había sido una conversación de menos de media hora con un chico que no conocía y que cada vez temía más que no tuviera esos jodidos 27 años que había jurado… ¡por todos los santos! ¿En qué estaba pensando? ¿Desde cuándo se comportaba como un quinceañero que metía en sus sueños húmedos cada culo con que se cruzaba?
Turi turi tu… ¡La puta llamada!
Corrió a responderla, con la cámara apagada.
—Hola, ma… ¿no es muy temprano para que llames?
—¿Temprano? —se escuchó la voz, un poco entrecortada por la mala señal—. Son las cuatro de la tarde como siempre, a menos que hayan cambiado el huso horario otra vez… acá son las ocho.
Con espanto, Levi buscó el reloj en el escritorio y comprobó que había dormido como un tronco. Después, se preguntó por qué tenía la computadora prendida. ¿Qué se había quedado haciendo anoche? Sospechaba que viendo fotos del Facebook de Eren, aunque su memoria le estaba jugando una mala pasada.
—No, no, tenés razón… perdoná… esperame un segundo que voy a lavarme la cara.
—No me digas que… ¡te quedaste dormido! —escuchó desde el baño.
Se apresuró a volver para contestarle, con las manos más lavadas que la cara, sin lugar a dudas.
—Sí, supongo que sí… ¿qué hay de tan emocionante en eso?
—¿Me estás jodiendo? ¿Quién sos vos y qué hiciste con mi hijo relojito alias me-levanto-a-las-seis-cuando-me-levanto-tarde?
—Tampoco para tanto, che… a veces… a veces me levanto a las ocho…
—¡Ajá, a tu madre no la engañás! ¡Vos saliste anoche! ¿No es cierto? Decime por favor que conociste a alguien y que no fue otra de tus salidas fracasadas con Hange…
Levi suspiró. Tenía mucho que contarle a su madre. ¿Desde cuándo le pasaban tantas cosas en una semana? Desde… no… nunca le habían pasado tantas cosas en una semana.
—De hecho…
—¿Sí…?
—Bueno…
—¡Ay, ya decilo, hijo!
—¡Dejá de interrumpirme, mamá!
—Es la ansiedad, Levi, tenés que entenderme…
—Si estás así vos, imagínate yo…
—¡O sea que sí hay alguien! ¡Hay alguien! ¡Al fin!
—Ya, mamá, si no te calmás me va a dar un infarto y nunca te vas a enterar de si conocí a alguien o no.
—Diosss… sí, sí, tenés razón, perdoná… bueno, contame, por favor, te escucho.
—Está bien… igual… no es para tanto… no quiero que después te decepciones, ¿está bien?
—Siiii ¡ya basta de preparación, hijo!
—Ok, ok… bueno… me hice un Facebook —no era necesario admitir la intervención de Hange—. Y conocí a un chico… y bueno, estamos hablando. Por ahora es solo eso.
—Ohhh no, no, vos ayer saliste, estoy segura… ¿no se vieron?
—Es gracioso, porque sí, o sea, nos vimos, pero—
—¡AHH LO SABÍA LO SABÍA! Mi hijo está hablando con otros seres humanos, al fin…
—Bueno, pero fue una casualidad… bah, en realidad no… uy me había olvidado de esa parte.
—¿De qué parte?
Las piezas fueron acomodándose en su mente lentamente. Eren había dicho algo crucial a este respecto. ¿Qué era? ¿Cómo era? Sí… que no había sido casualidad… que él había visto la publicación de Hange (¿qué publicación?)… y que había ido sin decirle nada… Un momento… ¿Este hombre lo estaba acosando o qué? ¿Había rastreado adónde había salido solo porque no le contestó unos mensajes (bueno, muchos)? ¿Se estaba dejando seducir por algún tipo de psicópata? ¿Ese short sería su perdición? No, no, no vestía short, eso había sido invento de su imaginación, definitivamente. Pero seguramente le quedaría bien. ¡ARGHHH! ¿¡En qué estaba pensando!?
—¿Hijo…?
Sacudió la cabeza para volver a la realidad. O al menos, a la realidad virtual de su madre en la pantalla.
—¿Sabés qué, mamá? Perdoná, pero no creo que esto vaya muy lejos…
Notas de Autora: ¡Tada~! Nos hacía falta un poco de acción ;) Sé que me salteé algunos acontecimientos, no se preocupen que los explicaré pronto. Bueno, ¡espero que les haya gustado el capítulo! Yo me divertí mucho escribiéndolo y debo decir que es todo gracias a Daris Teufell, ya que conversando con ella me vino la inspiración como un rayo; a ella le debo mucho de este fic. Además, ha ilustrado parte de este capítulo. Como algunas se imaginarán, se trata de nada más y nada menos que de la imagen con la que participó del concurso (la pueden ver en mi página de Facebook). En fin, para ser completamente sincera, tenía escrito hasta acá, así que voy a ver si esta semana en la marea de correcciones y escritura del maldito artículo que debo entregar el 1° de diciembre, encuentro el modo de escribir el capítulo 11. Sean pacientes conmigo. Por de pronto, esperen algo más tranquilo que en este, creo que aprovecharé para hacer un repaso de los acontecimientos y refrescarlos un poco. Millones de gracias por sus reviews, follows y favs, contestaré todo en algún momento. Y sepan que amo absolutamente los reviews largos, no se contengan :P Bien, ¡hasta el próximo sábado! ¡Les mando un abrazote!
Glosario
* la concha de la lora: exclamación de enojo o mucha frustración. Es el equivalente fuerte de "¡maldición!" y "¡mierda!". Para ser más precisos, "concha" es el vulgar para "vagina" y "lora" creo que quiere decir "prostituta". Pero bueno… cualquier argentino que se precie en la situación de Levi habría gritado esto xD
