Capítulo 10: Fantasia Final

Mientras Erza iba a investigar todas las Lacrimas alrededor de la ciudad, dejó a Natsu a cargo de vencer a Laxus, sin saber lo difícil que sería eso para él debido a sus lazos familiares. De hecho Natsu no sabía si, en la batalla, iba a dar lo mejor de sí. Sin embargo tomó una postura de lucha, porque frente a él estaba Laxus. La mirada en sus ojos era de arrogancia y desprecio.

–Natsu Dragneel, Salamander. –lo nombró el rubio, sonriendo de forma extraña.

El aludido rechinó los dientes, rabioso por el hecho de que su propio padre lo llamara así. –¡De qué carajo hablas! –rugió-. ¡No me llames así!

Laxus pareció confundido por unos segundos al ver la cara enfadada del Dragon Slayer. –Te digo como se me dé la gana.

–¿Por qué…? ¡Tú! ¡Argh! –gritó él, frustrado, y se lanzó hacia el mayor con los puños encendidos.

La pelea fue bastante intensa, pero pronto el mayor estuvo en obvia ventaja. No dudaba en golpear a su contrincante con todo su poder; ahora, Natsu podía asegurar que no era él mismo, pues ya habían peleado anteriormente cuando él tenía 15 años y en ese entonces él podía sentir el tono juguetón y cariñoso de cada golpe que recibía, pero ahora sólo sentía… vacío.

Natsu tomó distancia con Laxus, pero su padre lanzó un ataque que provocó que un fuerte dolor invadiera su estómago y lo hiciera doblarse completamente hasta caer al piso. Una sonrisa de dolor y a la vez orgullo surcó su cara; al parecer su padre aún era fuerte y no era tan viejo después de todo.

Una chispa frente a él despertó a Natsu de sus ensoñaciones. Levantó la vista y vio al hombre activando su magia nuevamente en forma de una gran esfera de rayos a su alrededor. No se podía mover, estaba petrificado. Nunca había visto a su padre usar tal cantidad de magia, era simplemente fascinante, casi hipnotizante.

La gran esfera golpeó su lugar y destrozó todo el suelo. Por suerte, Gajeel había aparecido y lo había cogido en el momento justo, llevándolo a un sitio seguro a varios metros de distancia.

–¿Gajeel? –preguntó confundido Natsu al ver al Dragon Slayer de metal.

–Tenías razón, hay algo mal con este tipo. –dijo él refiriéndose a Laxus e ignorando al otro.

Pero de pronto, el rubio sujetó su cabeza como si tuviera algún dolor insoportable. Cayó al piso y gritó varias maldiciones e instintivamente Natsu se encogió en su lugar; si Fried estuviera allí escuchándolo, le hubiera lanzado una fría mirada de advertencia y le hubiera dicho 'cuida el lenguaje.' Laxus volvió a rugir hasta que sacudió su cabeza y vio a los dos jóvenes. Lució desorientado unos segundos hasta que finalmente sonrió.

–Lamento la interrupción. Prosigamos. –volvió a preparar sus puños con electricidad mientras reía de forma extraña.

–¿Qué le acaba de pasar? –preguntó Gajeel, ronco.

–Ni idea. –en su interior, Natsu estaba decepcionado porque pensó que tal vez eso lo hubiera hecho entrar en razón, pero no pareció haber pasado nada.

–Salamander. –dijo el Slayer de metal, después de unos segundos de silencio.

–Dime. –respondió el otro, sin quitar un ojo de Laxus.

–Haré esto una sola vez en mi vida, así que escúchame bien. Luchemos juntos.

–¿Qué? ¿Estás seguro?

–Es la única manera de detener esto como puedes ver, genio.

–¿Eh? Pensé que no te interesaba Fairy Tail.

–Cierra la puta boca.

Gajeel volteó hacia Laxus, y atacó con un poderoso golpe con Natsu justo detrás, quien por el bien de su gremio y de su propio padre, tenía que detenerlo.

Rugidos, patadas, golpes y técnicas especiales fueron lo que recibió Laxus. Sin embargo, no sangraba, sólo adquiría algunas cicatrices. Sonrió ante las caras de estupefacción de los dos más jóvenes.

–Después de todos nuestros ataques, ¿Cómo sigue en pie? –susurró el de pelo negro.

–Sí. –dijo el otro, innegablemente orgulloso de su padre. Era fuerte, jodidamente fuerte, más de lo que les convenía en ese momento.

–¿Eso es todo? ¿Y se llaman a sí mismos Dragon Slayers? Qué vergüenza. Les voy a mostrar el poder de un verdadero Dragon Slayer.

Natsu abrió desmesuradamente los ojos al darse cuenta del aumento de poder de su padre. Alguna vez él le había contado que era un Dragon Slayer falso, y por eso casi nunca usaba una magia como esa. Pero ahora, sería testigo de ella.

"¡Rugido del dragón del trueno!"

–Mierda. –eso fue lo último que dijo Natsu antes de que el ataque los alcanzara.

Lo siguiente que supo fue que estaba gritando de dolor. Sintió cómo los rayos alcanzaron su cuerpo y golpearon cada maldita célula en él. Dolía mucho. Su cuerpo luchaba en vano para mantenerse en una condición estable, pero ni si quiera podía respirar. Y luego todo terminó. No pudo sentir nada después de eso; la electricidad lo había paralizado, y tenía todo el cuerpo entumecido. El poder de Laxus era increíble. Cuando abrió los ojos vio a Gajeel en el suelo, en iguales condiciones que él, y el humo a su alrededor no le dejaba ver dónde estaba su padre, lo que los dejaba realmente en una situación peligrosa.

–Uugh. –se quejó su compañero, levantándose muy lentamente.

Los dos se pararon, sintiendo como si mil hormigas venenosas les hubieran picado en todo el cuerpo.

–¿D-dónde está ese bastardo? –dijo Redfox sin respiración.

Finalmente el humo se disipó y pudieron ver la ubicación de Laxus. Justo frente a Natsu.

–Ugh. –Gajeel dio un rugido ronco cuando intentó moverse para apartar a Natsu, pero simplemente no podía. Natsu tembló, y sintió un escalofrío recorrer toda su columna vertebral. No quería pensar de esa manera, pero ese era el final. No había más. Su propio padre iba a matarlo. Cerró los ojos.

Pero de pronto, Laxus lo miró.

–¿Qué estás haciendo, hijo?

Natsu abrió los ojos, estupefacto. ¿Lo acababa de llamar 'hijo'? Una chispa de felicidad y alivio llenó su pecho cuando vio los ojos de Laxus llenos de vida, nuevamente.

–Oooi, Tierra llamando a Natsu. –le dio un golpecito a la nuca de su hijo. Sin decir nada Natsu se tiró al suelo sobre su espalda y rio con fuerza, y unas cuantas lágrimas de alegría cayeron de sus ojos, bajo la mirada confundida de su padre.

(En algún lugar de Magnolia)

–¿A qué te refieres con 'expulsado'? –Ivan Dreyar estaba furioso. Su mejor pieza, Laxus, había expulsado el shikigami soul de su cuerpo, el espíritu que lo controlaba.

–Simplemente me sacó de su cuerpo. –explicó el espíritu, flotando a su alrededor.

–Sí, eso ya lo sé. ¿Pero cómo?

El espíritu titubeó frente a su amo, que estaba pensativo. Se suponía que ese espíritu tomaba la conciencia de su huésped completamente, sin que éste se diera cuenta. ¡La técnica era absoluta! El espíritu sólo podía salir si no le quedaba poder mágico al cuerpo que usaba. Así que, ¿Cómo hizo Laxus? tal vez gracias a una emoción muy fuerte fue capaz de echarlo.

¿Pero cómo? él no tenía por qué sentir ninguna emoción fuerte.

¿Cómo?

¿Cómo?

El espíritu estaba nervioso, e Ivan lo sabía, pero le importaba bastante poco. Necesitaba saber cómo hizo su hijo para desalojarlo de su mente.

–¿Instinto? –intentó el espíritu.

–¿Instinto? –repitió su amo-. ¿Pero qué clase de instinto puede ser tan fuerte como para repeler mi magia? –Ivan golpeó la mesa frente a él. De pronto una idea se le vino a la mente. –Sí, sólo se me ocurre un tipo de instinto. Pero no, no sabía que Laxus tuviera un hijo –susurró, más para sí mismo que para el otro. No, definitivamente no recordaba ningún embarazo por parte de Fried. Para nada. –Dame tu visión en la catedral –le ordenó al espíritu, quien inmediatamente mostró lo que habían visto los ojos de Laxus durante la lucha. Ahí estaba Natsu Dragneel, no había nada extraño. Bueno, no había nada extraño hasta que el chico habló, diciendo cosas como 'De qué hablas' y '¡No me llames así!'

Parecía que Salamander ya conocía a Laxus de antes. Además, no peleaba con todo su poder. Estaba actuando raro.

De pronto, todo cobró sentido.

Natsu Dragneel, Slamander, tenía unos 18 años.

Laxus se alejó de Ivan y se casó con Fried hace 19 años.

El tiempo concordaba.

Ivan sonrió; esto se ponía interesante. Ya había visto la fuerza del instinto paternal, era hora de probar el instinto maternal.

(Con Mirajane y Elfman)

–¡Hermana! –Elfman corrió hacia Mira, que recién se había vuelto a transformar en humana.

–Elfman. –lo llamó ella al verlo acercarse, con Juvia inconsciente en sus brazos y Cana corriendo tras ellos. –¿Estás bien?

–Sí, ¿Qué hay de ti?

–Totalmente bien. –respondió la chica de pelo blanco, volteando la cara hacia el cielo. –Pero ese tal Fried, escapó.

–¿No lo habías vencido? –preguntó Cana.

–Casi, pero parece que recibió alguna clase de mensaje y escapó.

(Con Natsu, Gajeel y Laxus)

El rubio estaba sentado frente a los dos adolescentes, que al parecer aún no podían mover sus extremidades nada bien, observando con cierta diversión cómo los chicos intentaban moverse y luego se detenían al mismo tiempo por el dolor y casi sincronizadamente intentaban respirar para calmarse.

–Papá, ¿Cómo expulsaste a esa cosa que te estaba poseyendo? –preguntó Natsu, echándose rendido en el suelo.

Laxus suspiró. –No lo sé. Ni si quiera me acuerdo de nada de lo que pasó hace unos minutos.

–¿Cómo así?

–Sólo me sentía como durmiendo. Pero luego… –padre miró a hijo. –Sentí algo, no sabría decirte qué. Pero era como si me estrujara el alma, como cuando te caíste del acantilado y yo estaba muy lejos por negocios y no podía hacer nada por ti.

Natsu pestañeó un par de veces y luego miró fijamente a Laxus. –En realidad no lo entiendo, papá.

Laxus estaba agradecido de que su hijo a veces fuera tan idiota porque no podría soportar que se burlara de él cada vez que se preocupaba, porque aunque en general ocultaba su preocupación mediante gritos o algún castigo, podía ser muy sobreprotector. Sin embargo ahora podía estar tranquilo sabiendo que ninguna magia era capaz de hacerlo lastimar a Natsu, porque seguía sintiendo cuándo estaba en peligro.

–¿Esa que usaste era una técnica especial? –preguntó Natsu, cambiando de tema, y el Slayer de metal al fondo resopló.

–A juzgar por los daños que causó, creo que ya sé qué técnica usé. Sí, podría decirse que es especial.

–¿Eh? ¿En serio? ¡Entonces enséñame! –dijo Natsu, removiéndose en el suelo por el dolor junto a Gajeel, que intentaba pararse.

–Parecen un par de bebés. –se burló Laxus, ya con un humor renovado.

–Oh, sí, ¿Y de quién es la culpa? –contraatacó el menor mientras Gajeel miraba al rubio con molestia.

Laxus sonrió y se acercó para despeinar a su hijo, pero se detuvo bruscamente y sus ojos se abrieron desmesuradamente al darse cuenta de qué era lo que lo había parado. Una barrera invisible. Runas.

–¡Pero qué…! –Laxus no pudo terminar de gritar cuando una fuerza mágica lo hizo pegarse al suelo, como si la gravedad hubiera aumentado muchísimo. Natsu volteó lentamente hacia donde miraba su padre, y Gajeel gruñó. Ahí estaba Fried Dreyar con la espada desenvainada, caminando directo hacia ellos. Llevaba la ropa arrugada y quemada en algunas partes, y tenía mucha suciedad en las manos y en la cara, como si hubiera tenido una gran batalla antes, pero sus ojos seguían vacíos.

–¿Mamá? –llamó Natsu.

–¡Fried! ¡Despierta! –gritó Laxus mientras intentaba moverse. Sabía que había un buen lío ahí, los chicos ni si quiera podían moverse por sí solos. –Mierda –se dijo a sí mismo-. ¡Corran!

–¡No puedo, ¿Que no se nota!? –rugió Natsu mientras trataba de ayudar a Gajeel sin ningún resultado.

Laxus miró con horror cómo Fried, lenta pero firmemente, se acercaba a las dos figuras temblorosas. El rubio golpeaba el piso con toda su fuerza pero no conseguía nada, no le quedaba ningún poder para liberarse del hechizo. No quería ver a Fried lastimar a su propio hijo, cuando despertara del trance se sentiría… no, no quería pensar en eso. Tenía que evitar esa lucha por el bien de su familia completa.

–Laxus Dreyar, sabes que es inútil. –dijo el de pelo verde fríamente mirando las acciones desesperadas del rubio. Luego giró hacia los dos jóvenes Dragon Slayers, y Natsu lo miró sin creérselo. Fried era la persona más dulce que conocía, y en realidad aunque sabía que era un mago, nunca lo había imaginado como tal. Jamás lo había visto usar sus poderes en algo más que un par de runas simples, y no sabía que podía ser tan peligroso, tan poderoso como para inmovilizar al mismo Laxus.

–Natsu Dragneel, Gajeel Redfox. –Fried se acercó a ambos levantando su espada.

–¡Fried! –gritó Laxus desde su lugar, inútilmente. Natsu sólo atinó a mirar a Fried a los ojos, sin importarle el filo que se acercaba a él. Pero él no lo reconoció y firmemente bajó la espada hacia ellos.

"Mueran."

Natsu miró la espada ir hacia él, como en cámara lenta, y también vio cómo Laxus concentraba todo el poder que le quedaba pero aun así fallaba en su último intento por liberarse.

Luego, hubo silencio. Padre e hijo estaban en shock por toda la tensión de unos segundos atrás y no comprendían qué había pasado justo frente a ellos, ni por qué Fried estaba ahora como estaba. Sólo Gajeel había estado lo suficientemente tranquilo para haberlo entendido.

Gajeel vio cómo Fried se despertó de repente justo cuando su espada estaba a unos centímetros de su hijo, y vio cómo su expresión cambió al miedo al ver que no podría parar el ataque, y sólo atinó a cambiar la dirección del golpe unos cuantos grados. Justo en su estómago, desafortunadamente.

–Aagh. –Fried se quejó suavemente con algo de miedo al ver su propia herida y cayó al suelo justo frente a su hijo. La boca de Natsu se abrió suavemente y se quedó totalmente seca.

–Mamá –llamó, con un nudo en la garganta que sólo le permitía susurrar. Cuando el submissive vio la cara de Natsu le sonrió un poco, tan sólo para calmarlo, y le dijo que todo estaría bien. Mientras decía eso un poco de sangre salió de su boca.

–Dios, menos mal que no te metí esto a ti. –susurró Fried, tomando a su hijo de la mano y encorvándose un poco. Nastu actuó casi mecánicamente cuando lo tomó entre sus brazos y lo envolvió con suavidad. Colocó la cabeza de cabello verde sobre su hombro y le apartó algunos mechones de cabello de la cara, y sostuvo la espada para que no se moviera y no lo lastimara más.

Laxus tampoco la estaba pasando bien. Tuvo que ver todo eso mientras seguía encerrado en las runas de alteración de gravedad, esperando que, al igual que su esposo, éstas se fueran debilitando poco a poco hasta no existir más. Una vez que Fried estuvo muy débil ellas desaparecieron por completo y él corrió hacia su familia. –Fried –intentó llamarlo el rubio.

–Hmm.

–No te atrevas a dormirte. –lo amenazó Laxus.

–Pero tengo sueño. –replicó Fried débilmente.

Laxus miró a su hijo. –Tenemos que llevarlo a un hospital.

–Sí. –dijo él levantando a Fried, quien gritó de dolor al instante. –¡Mierda, la espada! –Natsu podía sentir sus brazos temblar cuando bajó a Fried. Nunca había enfrentado nada como eso antes; siempre había sufrido él y su madre lo ayudaba, no al revés.

–¡La espada, sácala! –le ordenó su padre.

–¡Papá, tus manos están libres, sácala tú! –dijo Natsu desesperado. No tenía el valor de hacerle eso a Fried, sabiendo que le dolería muchísimo.

–P-pero… Natsu, tú sácala. Aún tienes una mano ahí. –intentó el mayor, sintiéndose también incapaz de hacerlo.

–¡Por Dios, papá! ¡Tenemos que llevarlo a un hospital! –rugió él, temblando.

–¡Lo sé, sácala de una vez!

Gajeel, al fondo, suspiró con fastidio por la estúpida pelea padre-hijo frente a él. Ese par no tenía remedio. Vio el abrigo de Laxus en el suelo y se acercó a él con algo de esfuerzo, porque su cuerpo aún estaba hecho mierda, y se dirigió hacia donde estaban los tres. Él se arrodilló frente a Fried y los dos que discutían pararon abruptamente al ver al pelinegro envolver al submissive con el abrigo. Sacó la espada lenta y suavemente e hizo un nudo sobre la herida para detener la hemorragia. Fried se movió un poquito, una nada, lo suficiente como para decirle al muchacho "gracias" y cerrar los ojos, tal vez por unas horas o tal vez para siempre.