DISCLAIMER: Los personajes son de Meyer. La trama de la historia es una adaptación


Primera Lección

"A fuego lento, revoltosas caricias que parecen mariposas se cuelan por debajo de la ropa y van dejando el sentimiento, amor forjado a fuego lento"


(Bella)

El sonido que precedió a Edward al descender la escalera me aceleró el corazón.

No íbamos a hacer el amor hasta el día siguiente. Entonces, ¿por qué estaba tan nerviosa?

Edward se había cambiado el traje por unos va­queros y una camiseta blanca. Me recordaba al es­tudiante de instituto que había sido tiempo atrás, pero con aquel atractivo sexual del hombre ma­duro. Iba descalzo y con el pelo echado hacia atrás, como si hubiera tenido tiempo de peinár­selo.

-¿Joshua se ha quedado dormido?-

-Sí, hace unos diez minutos - atravesó la habi­tación, agarró la revista que tenía en la mano y la lanzó a la mesita central.

Me tensé por completo.

-¿Qué haces?-

Su mirada de depredador era suficientemente explícita.

-Vamos a tumbarnos en el sofá y resarcirnos de tantas interrupciones e inconvenientes-

-Pero si no tenemos anticonceptivos...

El se acomodó en el sofá abrazándome amoro­samente. Sus muslos y caderas presionaban las mías y su caja torácica rozaba mi brazo. El aroma a colonia y a crema de afeitar resultaba provoca­dor. Comprobé que se había afeitado para mí y eso me asustó.

-No vamos a necesitar condones hoy-

Me abrazó aún con más fuerza y detuvo su boca a sólo unos milímetros de la mía.

-Si no te gusta algo, todo lo que tienes que ha­cer es decir «no»-

-De momento, no tengo reparo alguno-

-Bien, Bella, porque llevo todo el día pen­sando en esto- posó la cálida palma de su mano sobre mi mejilla y cubrió mis labios con un beso tan sensual que me debilitó las rodillas.

El sorbió la esencia de mi boca y me sedujo hasta lograr que abriera la boca en una clara señal de entrega. La danza de su lengua en el interior de mi cavidad untosa me provocó un fuerte cosqui­lleo en el estómago.

No sabía qué hacer con las manos, pero estaba segura de que debía colocarlas en algún lado: en el cuello, en sus hombros, en su cintura...

De pronto me sobresalté al sentir que me acari­ciaba el escote.

-¿Alguna vez has hecho algo de esto en un sofá?-

-No-

-¡No es posible!-

-Yo era el cerebrito de la clase, ¿recuerdas? Nadie me invitaba a salir-

-Los chicos adolescentes se caracterizan por su estupidez. Pero seguro que en la universidad...

Me ruboricé avergonzada. Había estado tan ocupada ayudando a mis padres a criar de mi hermano, que no había tenido tiempo para salir ni conocer gente. Además, había estu­diado como una loca para no perder la beca que me habían concedido.

-No me fui a vivir al campus. Iba y venía cada día a la universidad-

-Bella, ¿eres virgen?-

Habría deseado poder mentir, pero no era mi naturaleza.

-Sí-

Él se levantó y comenzó a pasear inquieta­mente de un lado a otro de la sala.

-Quizás sería mejor que reconsideraras esta idea de tener una aventura de verano-

Lo miré con temor.

-No, Edward, no quiero reconsiderarlo. Conozco a todos los hombres de esta comunidad y no me apetece estar con nadie. Además, tú eres de fiar, nos conocemos de toda la vida y no te vas a que­dar aquí mucho tiempo. Eso significa que no me acordaré de ti desnudo cada vez que me cruce contigo en la frutería-

-Pero Bella...

Su rechazo me hirió. Me levanté del sofá, me puse las sandalias, dispuesta a escaparme a la sole­dad de mi cuarto antes de hacer algo necio como echarme a llorar.

-Olvídalo todo. Ya veo que muchos hombres consideráis la virginidad como una enfermedad infecciosa-

-Bella, no es eso-

-Olvídalo, probablemente te decepcionaría-

Apreté los labios y traté de escapar de él. Pero él se interpuso de nuevo.

-Esto no es algo que se pueda deshacer una vez hecho-

-Lo sé –dije entre sollozos- Pero tengo veintiocho años y tú eres el único hombre que he conocido en mi vida que me hace sentir feme­nina y sexy.

-En tal caso, señorita Swan, permítame ser su tutor por una vez-

Me quedé sin palabras mientras él me to­maba las manos y me invitaba a enlazarlas alrede­dor de su cuello. Luego rodeó mi cintura y se me acercó suavemente.

-Si hago algo que no te gusta o voy demasiado deprisa, dímelo-

Una sonrisa tembló en mis labios.

-No tienes que...

-Quiero hacer el amor contigo, Bella.

Apreté mi cuerpo hasta que mis senos se ex­pandieron sobre su torso masculino. Su calor pe­netró por la fina tela de mi vestido y él notó que se me endurecían los pezones como si los estuviera acariciando con la mano. La idea de que pudiera tocarme tan íntimamente me provocó un estremecimiento.

Mi mente estaba confusa y los pensamientos se entrelazaban difusamente.

«Piensa, concéntrate en lo que debes hacer»

Flexioné los dedos en un gesto indeciso. A los hombres, según los artículos que había leído en revistas, también les gustaba que los tocaran. Pero, ¿dónde exactamente? Hundí las yemas en su pelo. Los cortos mechones acariciaron mis palmas distrayéndome momentáneamente, hasta que sus besos vol­vieron a captar mi atención. Deslicé las ma­no sobre los músculos de sus hombros. Pero mis movimientos resultaban poco ágiles y descoordi­nados.

El alzó la cabeza y soltó un largo y reconfor­tante gemido. Bien. Al menos uno de los dos es­taba disfrutando de aquello.

El me besó una vez más, con más intensidad, más profundamente. Tiempo atrás, me había memorizado un mapa con las zonas erógenas de los hombres, pero mi recuerdo era difuso y aún me emborronaba más a medida que él me besaba. ¡Él sí que sabía lo que hacía!

Una vez había leído un artículo titulado «Cómo seducir a tu hombre». Pero en el momento en que me agarró mis glúteos, empujó su pelvis y en­tró en contacto con mi feminidad, toda informa­ción se desvaneció.

él se detuvo un momento y me miró fijamente.

-Bella, ¿cuántos libros sobre sexualidad y rela­ciones de pareja has leído? -me preguntó, como si supiera exactamente lo que estaba en mi mente

-Por lo que veo no los suficientes-

-Pues a mí me parece que más de la cuenta. Estás pensando demasiado-

Avergonzada, me ruboricé de arriba abajo. Traté de apartarme, pero él me sujetó con más fuerza.

-Relájate. Estás demasiado tensa -me dijo en un tono de voz seductor e hipnótico-. Concén­trate sólo en lo que sientes al notar mis dedos so­bre tu piel. Hacer el amor es algo que hay que sentir, no que pensar-

Aquel comentario captó de inmediato mi aten­ción.

-Pero no vamos a hacer el amor-

-No en el sentido estricto de la palabra, pero sí de un modo más indirecto-

¡Cielo santo! Sus palabras acabaron de tur­barme

El me besó los párpados y me rogó que cerrara los ojos.

Me concentré en el olor masculino, en su tacto, en la textura de aquellas manos que me aca­riciaban desde el cuello a la cintura, pasando por los hombros y recorriendo la columna.

-Se te ha puesto la carne de gallina. No te puedes imaginar lo excitante que es para mí sa­ber que puedo provocar ese efecto-

Tampoco él se podía imaginar lo excitante que era para mi el tacto que eso me provocaba. Había logrado sensibilizarme la piel hasta el ex­tremo de que incluso el roce de mi propio pelo sobre la espalda me atormentaba.

El describió un erótico camino con la lengua sobre mi hombro y no pude evitar gemir sobreexcitada.

Me llevó de nuevo al sofá, se sentó y me in­vitó a posarse sobre su regazo. Noté de inme­diato su erección y una inmensa necesidad gritó en mi interior.

-Cierra los ojos de nuevo-

En el instante en que lo hice, comenzó a desli­zar el dedo por la línea de mi pelo, mis cejas, nariz, hasta llegar al cuello Luego volvió a mi cuello, a mis labios, al hombro. No saber qué vendría después acrecentaba el erotismo.

Finalmente, un par de dedos tiraron del lazo que ataba la parte superior del vestido al cuello. Lo desató, pero no dejó que la tela me descu­briera por completo. Lentamente, fue desli­zando la pieza y haciendo que su mano rozara mi piel, mis senos. Los dos gemíamos llenos de de­seo.

-Eres deliciosa, Bella. Tu piel es tan suave-

Me empujó lentamente hasta que yací sobre el sofá. Una vez allí, me besó repetidas veces. Cuando noté su palma sobre el seno suspiré llena de deseo.

Levantó la mirada y sentí que el intenso fuego de sus ojos podía quemarme.

-¿Estás bien?-

me limité a asentir. Inclinó la cabeza y atrapó uno de mis pezones entre los labios. Hundí los dedos en su pelo.

El deseo era tan intenso que me incitaba a gri­tar su nombré.

-Edward, por favor -no sabía realmente lo que estaba pidiendo, pero necesitaba algo que me apla­cara aquella incontrolable tensión.

Llevó la mano hasta mi tobillo y fue ascen­diendo lentamente, mientras su boca jugueteaba con mi seno.

Lo invité a acercarse aún más.

Él me besó con más entrega aún, justo antes de deslizar la mano por debajo de mi falda y de encontrar la goma de mis braguitas. Al introducir los dedos notaría lo caliente y húmeda que estaba.

Pronto su roce experto provocó mi primer y rápido clímax.

Antes de que recuperara la cordura y pu­diera sentirme avergonzada de lo que le acababa de suceder, él se deleitó de nuevo con mis senos, provocándome un inmenso gozo.

En aquella segunda ocasión, la explosión de placer se produjo aún más rápido. En sólo unos segundos ya estaba gimiendo por el alivio.

Con mi apetito satisfecho, quise devolverle el favor y me lancé a sus brazos dispuesta a hacer lo que me pidiera.

Pero el llanto de Joshua nos interrumpió.

él apoyó la cabeza sobre mi hombro y reso­pló desesperado.

-Me temo que éste es el final de la primera lección. Y es una pena, porque la continuación prometía-

-Que duermas bien, Bella-

-¿Y tú?-

A pesar de la patente tensión que había en su cuerpo y en su rostro me hizo un guiño.

-Mañana-

Edward me dejó con la sensación de haber descu­bierto algo nuevo y demasiado excitante y con ansia por devolverle lo que me había dado. Ya no temía mi viaje para comprar los condones. Muy al contrario, lo estaba deseando.


Holas

Ok....me demore mas de a cuenta.....perdon chicas.......

me fui de viaje........jejejje........pero bueno aqui estamos.....

espero que les sea de su agrado el cap...

vemos que las cosas estan mas calientes........

REVIEWS?????

-flowers-