Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la trama es mía y cualquier parecido a la realidad es porque lo vi por ahí o es pura coincidencia.


Capítulo 9, final.

«Sentía que esperaban mi reacción, pero hace tiempo me dije que ella no iba a arruinar lo que teníamos haciéndome dudar o dándole importancia a cosas del pasado, si fuera así, nadie podría avanzar en su vida si no lo dejaba ir y pasaba página. Por qué me influiría en algo esas fotos ahora, pasaron hace años, en otras situaciones y con otros sentimientos y fines.

—Oigan, estoy bien, todos tenemos un pasado y en esa época si los hubiese conocido quizás hasta hubiera dicho que eran lindos —expliqué tranquilamente, sintiéndome bien—. Mi problema es ella y cómo actúa, no lo demás, así que tranquilos, por favor, me ponen nerviosa esperando a que salga gritando o llorando por ahí.

De una u otra manera las iba a ver igual, incluso algunas ya las había visto y sabía de la existencia de más porque vi a Edward borrarlas, no caeríamos bajo comentando sobre algo de hace más de dos años atrás, pero sabiendo quién había sido la fuente de información, no me producía más que tristeza ver cómo alguien que tenía un buen futuro lo echa a perder por rencor, despecho o envidia.

Lamentablemente para ella y las demás personas, estaba en un momento de mi vida en que sólo me importaba mi familia.»


10

Alrededor del mundo

Felicidad

.

Como era de esperar, la gente siempre compraba sus regalos y detalles de navidad a última hora, personalmente, prefería hacer mis compras antes, y a antes me refiero a una semana nada más. Bueno, debía evitara eso y como el lunes no me sentí tan bien y sólo quería dormir… llegó el viernes, día especial para salir temprano de casa con mamá e ir a hacer las últimas compras.

Edward aún mantenía seguridad para mí, así que Renée condujo hacia el centro y luego como si de una sombra se tratara, dos guardaespaldas nos mantendrían seguras. Debo admitir que aunque me quejara, estos tipos me dan alivio.

Recorrimos varias tiendas sin ningún altercado, tan normal como simples mortales habitantes de una ciudad de famosos. Siempre encontrarás paparazzis en algún lugar, porque siempre puede haber un famoso que les de dinero. No me considero famosa para ellos, pero a veces viven de mí, como ahora. No hicieron preguntas ni fueron impertinentes, sólo tomaban fotografías desde cierta distancia, increíblemente no me molestaron. Quería pensar en que han estado en clases de respeto y convivencia, pero estoy segura que es más por miedo a ser enjuiciados como su colega que tiene prohibido acercarse a mí.

Sea como sea, mientras no me hagan querer golpearlos por comentarios ridículos, puedo ser tolerante.

—¿Quieres pasar aquí? —preguntó mamá apuntando a la tienda Chanel.

—¿Me ves cara de ser millonaria?

—Sí, la verdad es que sí —contestó riendo.

Dios, salí con dos bolsas y juro que el dinero es algo material, ¿pero miles de dólares en un pedazo de tela? Me sentía hasta culpable y consumista en proceso.

—¿Vas a usar ese vestido en la cena de navidad? Es muy tú.

—¿Qué quiere decir con que es muy yo?

—Que es clásico, sensual y con estilo. Tú.

—Oh… sería lindo poder usarlo en navidad, aún no estoy muy segura sobre la cena, quiero pasar momentos con Edward, luego pienso en que la navidad es en familia y a pesar de que él es mi familia ahora porque ya dejamos el nido —dije mirándola y sonrió—, también quiero pasarla con todos ustedes.

—Puedes hacer las dos cosas, cenar con Edward solos, ir a casa de Esme y terminar la noche todos juntos, quedarse y abrir los regalos, sabes que ya se pusieron de acuerdo para abrirlos ahí, no puedes echarte para atrás ahora.

—Lo sé, Edward llega el 24, veré qué tan cansado venga y ahí decidiré la cena.

—Espero que te dé tiempo de hacer una cena si decides quedarte a último minuto —pasamos por fuera de un local donde vendían helados, la tomé de la mano para entrar—. Vas a congelar a mi nieto —susurró.

—Derretiré el hielo con mi amor, madre.

Esa noche antes de ir a dormir revisé que los obsequios en la habitación de invitados estuvieran todos envueltos y con sus tarjetas. ¿Una mujer embarazada y sola en casa en vísperas de navidad? Pues envolviendo regalos, qué más.

—¿Bella?

—¡Aquí, mamá! —grité caminando hacia la puerta.

Venía de mi cuarto y se quedó esperando hasta que entré en él.

—¿Te vas a quedar? —le pregunté mientras subía a la cama. Solitaria cama.

—Ajá —respondió yendo a acomodar las tapas de la cama y arroparme. No me quejaba, amaba ser mimada por mamá—. Tu papá llamó…

No me gustó el tono que usó. Me senté en la cama deshaciendo sus mimos.

—¿Qué pasó?

¿Estaba bien? ¿Herido? ¿Sue? ¿El bebé? ¿Por qué me seguía mirando y no hablaba? ¡Habla!

—Sue había estado teniendo molestias, ya sabes que tiene seis meses, se preocupó porque aún faltaba demasiado como para que el bebé naciera, así que le dijo a Charlie que la llevara al hospital.

—¿Y…? ¿Todo bien?

—La dejaron en observación, de hecho estaba hospitalizada porque no la dieron de alta hasta asegurarse de que todo iría bien, tu papá dice que ella sentía pequeñas contracciones regulares y que estaba entrando en pánico.

—¿Cuándo pasó esto? ¿Por qué no llamó antes? —pregunté molesta, obviamente podría haber llamado yo, pero cómo iba a adivinar.

—Hace dos días, no querían preocuparnos hasta que les dieran una respuesta —explicó mamá con voz suave.

No necesito su voz suave de tranquila, Bella, no te alteres.

—¿Ya está en casa?

—Sí, Charlie llamaba para informarme de eso, le dije que te ibas a molestar por no haber avisado antes, pero también entiendo por qué no quiso preocuparte —dijo dándome una sonrisa de disculpa.

—Sabiendo que Sue está bien y el bebé igual, supongo que no debería molestarme —murmuré más para mí misma. Mamá seguía mirándome—. ¿No piensas rehacer tu vida amorosa?

—¿A qué viene eso? —preguntó frunciendo el ceño.

—No lo sé, llevas años separada de papá y él ya formó su familia de nuevo, ¿no quieres algo más que trabajar conmigo? No sé, un hombre con quien salir, divertirte o algo.

—No estoy cerrada a conocer a alguien, Bella, pero no estoy interesada en este momento.

Espera…

—¿Hay alguien? —inquirí demasiado curiosa.

—Déjalo.

Se levantó de la cama y comenzó a pasearse. ¿Mamá tenía un pretendiente? ¿En serio?

—Vamos, dime —insistí sonriendo—. Mamá… no te voy a dejar tranquila hasta que me digas quién es.

Se dio la vuelta frente a mí, manos en su cadera y mordiéndose el labio. Habla ya, Renée Higginbotham.

—Su nombre es Phil Dwyer, es fotógrafo y trabaja para el New York Times, lo conocí hace unos años y hemos sido sólo amigos.

—¿Phil Dwyer? ¿El fotógrafo que ha ganado hasta un premio Pulitzer por ser más que genial en su profesión? —pregunté sorprendida, ella sólo asintió avergonzada—. Woha, tienes a un buen profesional ahí, mamá.

—No hay nada, es una muy linda amistad —replicó en defensa romántica.

—No digo que sean algo, pero también debes vivir tu vida, mi carrera no se irá a pique si tienes un novio, a menos que él te robe de mi lado, ahí estaríamos en serios problemas, señorita.

—No seas tonta —rió volviendo a mi cama y dejándome un beso en la frente—. Basta de opinar de mi vida, debes descansar. Recuerda que la otra semana quieren un avance, mañana vendrá Esme y Alice de visita, te despertaré para el desayuno.

—Buenas noches —dije despidiéndome y acomodándome en la cama.

El cansancio vino de repente, no eran más allá de las diez de la noche y al parecer necesitaba dormir. Sentía esa sensación de estar quedándome dormida, entrando a esa primera etapa del sueño, cuando una musiquita comenzó a sonar. Abrí mis ojos parpadeando rápidamente para despertar bien, tomé mi celular y contesté rápidamente.

—Hola —murmuré feliz.

—Hola, amor —sonreí como colegiala, esa voz era lo que me hacía falta—. ¿Cómo estás?

—Todo bien ahora —contesté acomodándome en la cama y acariciando mi vientre hinchado—. ¿Cómo vas allá? ¿Me extrañas?

—Demasiado, me encanta mi trabajo, ¿sabes?, pero siento que… algo cambió —murmuró.

—¿Un cambio bueno o malo?

—No lo sé, preferiría estar mil veces contigo, abrazándote y viendo cómo crece nuestro hijo, que estar en este lugar que a pesar de ser extraordinario no me tiene completamente feliz.

Edward amaba su trabajo y ahora me decía que no era completamente feliz cuando hace unos meses sí lo era. ¿Y si el motivo de su cambio era específicamente por nuestro bebé? Eso me angustiaba, su carrera va en ascenso, está trabajando con las personas que siempre ha querido a su alrededor y en papeles que críticos no hacen más que alabar.

¿Puedo sentirme con culpa porque él esté así?

—¿Es por mi embarazo?

No hay filtro en mi boca justo ahora.

—¿Qué?

Déjalo pasar, por favor. No dije nada. Nada verbalmente, las estúpidas lágrimas gritaban un poco en mis mejillas.

—¿Bella?

—¿Mmm?

—¿Qué ocurre? —no me hagas hablar mientras lloro—. ¿Por qué me preguntas si es por tu embarazo? ¿Qué quieres decir, cariño?

—Nada, no me hagas caso —intenté hablar animadamente a pesar de que la carga emocional estaba sobre mí como nunca antes—. Estaba quedándome dormida antes de que llamaras, no estoy despierta del todo.

—Puedo saber cuándo me mientes, Bella, no hagas esto cuando no puedo verte a los ojos mientras hablamos —dijo con tono serio, quizás molesto, no lo sé, mi sensibilidad encontraba que todo estaba en mi contra ahora. Sorbí mi nariz—. ¿Estás llorando?

—No.

—Vamos, cariño, dime qué pasa —ahora sonaba preocupado e impaciente—. ¿Dije algo que te molestó? —no era molestia—. Es eso, qué fue.

—Sólo estoy demasiado sensible, Sue estuvo hospitalizada y recién me acabo de enterar, y te extraño, quiero que estés conmigo y que me abraces mientras me duermo y no estar sola en esta casa ni en esta cama sin ti.

¿Podía escucharme más malcriada y mimada? No. Pero mientras dejara pasar el tema no me importaba.

—También te extraño, Bella, quiero estar en cada momento contigo y no perderme nada de ti ni de nuestro bebé, me hubiese encantado armar el árbol de navidad y decorar nuestra casa, pero prometo que después de grabar seré todo tuyo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —murmuré.

—En unos días estaremos juntos, si pensamos en eso, puede que no nos sintamos tan miserables —reí por su acento tan británico en esa palabra.

—¿Ese acento de dónde lo sacaste?

—Jasper y los otros chicos son británicos, me obligan a practicar y justo hoy la palabra fue miserable. Es un poco estúpido, les dije que tú podías imitar acentos mejor que yo y que me dejaran en paz.

—Así que me entregas a mí para salvarte.

—Jamás, tú eres mía —afirmó, sonreí soltando una risita—. ¿Cómo está Sue, todo bien?

En algún momento de nuestra conversación, Edward me dijo que cortara la llamada y durmiera, supongo que lo hice aunque cuando Renée me despertó el celular estaba en mi mano. Hablar con él, escuchar su voz y la noticia de que podría llegar antes puso en marcha mi día con un entusiasmo que creí perdido. Esme y Alice llegaron después del desayuno y al parecer mi alegría las hizo feliz, y me pregunté si había estado tan deprimida como para que mi futura suegra y cuñada se alegraran de verme así.

—¿Hablaste con mi hermano?

—Anoche.

—¿Y? ¿Te dijo algo para que tu felicidad aumentara?

—Lo más probable es que puedan llegar antes, aunque todo depende del ritmo de las grabaciones —su cara se iluminó, quizás yo estaba igual.

—¿Por qué Jasper no me ha dicho nada? —su rostro ahora mostraba un lindo puchero.

—Tal vez no quería ilusionarte, Edward me lo dijo para tranquilizarme, porque no creo que en realidad haya querido contarme.

—Jasper vivió todo el embarazo de Alice, y Carlisle también pudo estar conmigo, así que espero que Edward pueda estar lo que más pueda contigo —comentó Esme con una sonrisita—. Veo a mi hijo tomarse unas vacaciones antes de que nazca mi segundo nieto.

—Más le vale, lo que más necesita una mujer después de sufrir y parir, es ayuda —agregó Alice, lo que otra vez trajo a mi mente si mi embarazo conllevaría a que Edward dejara su trabajo—. ¿Bella?

—Cariño, ¿por qué lloras? —preguntó Esme preocupada, me encogí de hombros sin saber darle una respuesta—. ¿Dijimos algo?

—No —murmuré rápidamente—. No, Esme, de verdad, he estado muy sensible, no me hagan caso.

—¿Segura que es eso? ¿Quieres hablar? No deberías tener cargas emocionales.

—Gracias, Alice, pero ahora estoy bien —traté de sonreírle—. ¿Ya es hora de la comida de Allison?

Esa noche Edward volvió a llamar, sabía que Esme o Alice le habían comentado mi estado «sensible», intenté no darle preocupaciones, lo quería conmigo y lo extrañaba cada segundo, pero no podía ser tan egoísta con él, yo no era la única que extrañaba a alguien. Después de cortar la llamada lloré hasta quedarme dormida.

Sinceramente, no tenía idea qué le pasaba a mi maldita cabeza. Y en los días siguientes antes de navidad no hubo cambio alguno.

—¿Bella?

Me di la vuelta para alejar esa voz.

—Despierta, Isabella —era mamá—. Es 24, cariño, hay que empezar a trabajar.

—No quiero —murmuré acomodándome más en la cama.

—¿Te siente mal? —la sentí sentarse a mi lado y tocar mi frente—. ¿Qué pasa? ¿Por qué no quieres hacer nada? Tu estado de ánimo me preocupa, Bella.

—Sólo… no tengo ganas, quiero dormir.

—De acuerdo, te vendré a despertar antes de almorzar, ¿bien?

Dejó un beso en mi cabeza y oí cerrarse la puerta de mi cuarto unos segundos después. Volví a intentar dormirme, me sentía demasiado cansada incluso para ir al baño.

—No sé qué le ocurre… ha estado así por unos días y no dice nada, no sé si está triste porque estuviste lejos o el embarazo le afecta, quizás ambas cosas.

Renée hablaba con Edward. En presente. Intenté abrir mis ojos a pesar de que mis párpados se sentían pesados. Imposible.

—¿Crees que está deprimida?

Esa voz. Esa bendita voz me hizo sonreír sinceramente.

—Tal vez lo esté, o sólo es su desequilibrio hormonal, lo que no ayuda que estés lejos, por cierto. Creo que hay algo, hay algo que desencadenó su estado, estoy segura.

—¿Pudo haber sido lo de Sue?

—Bueno, después de ese día todo cambió, ¿cuándo la llamaste no dijo nada?

—Hizo una pregunta sobre si era por su embarazo, intenté que me explicara a qué se refería pero sólo me dijo que me extrañaba, ¿tienes una idea de lo que quiso decir?

—No… No, y me preocupa, espero que ahora que estás aquí puedas averiguarlo. No es propio de Bella no querer ni levantarse de la cama, son las dos de la tarde, me fue imposible despertarla para que comiera.

—Me haré cargo, Renée, y muchas gracias por estar aquí para ella.

—Haría lo que fuera por mi hija, Edward, no debes agradecerme nada.

Oí que la puerta se cerraba, así que esperé a que se acercara y trajera con él toda esa calma y felicidad que había extrañado tanto. Sentí cómo se acomodó a mi lado, su mano fue directamente a mi cabello dando pequeñas caricias y respiré hondo por primera vez desde que se fue.

—Hola… —susurró dejando besitos por mi rostro, me acerqué más a él—. ¿Qué hace mi hermosa prometida acostada a las dos de la tarde el 24 de diciembre?

—Mmm, ¿descansando?

—Noop, respuesta incorrecta.

—¿Extrañándote? —subí mi mano hasta su cabello y respiré el olor de su cuello.

—No quiero arruinar tu día, pero sabes que tenemos una conversación —se alejó de mi rostro y abrí los ojos para verlo, me sonrió y no puedo mentir, sentí que todo volvía a estar bien—. Ahora, vas a levantarte y me acompañarás a comer, ¿de acuerdo?

Movió su mano debajo de las sábanas y la posó en mi vientre. Lo vi sonreír tiernamente.

—¿Ha crecido? —pregunté poniendo mi mano sobre la suya.

—Sí —esa sonrisa es la que siempre quería ver—. Amo verte así.

—Recuerda que vamos a esperar unos años para el próximo.

—Lo sé, lo que no quita que sea un hombre con esperanzas —reí por su expresión de ilusión total—. Vamos, arriba. Te voy a alimentar.

Bajamos a la cocina luego de yo fuera al baño, mamá no estaba por lo que supuse que había ido a su casa. Edward me sirvió la comida y también se hizo un plato él, trajo jugo y servilletas y se sentó frente a mí. Comimos en silencio porque además de que tenía hambre, cuando tocara el tema de mi estado de ánimo el apetito se me iría de inmediato. No es que fuese un tema delicado, habría ahorrado preocupaciones a todos si sólo les hubiera dicho lo que pasaba por mi mente, pero sabía lo que me dirían, y necesitaba hablar con Edward en persona, ver sus ojos cuando me hablara. Eso necesitaba.

Seamos valientes, Bella, terminemos con la angustia.

—Lamento haberte preocupado —dije atrayendo su atención—, y a tu familia.

—Te amamos, lo sabes.

—Sí, yo igual —esperó a que continuara—. Es sólo que una cosa me ha dado vueltas en la cabeza y… puede que me haya deprimido un poco.

—Cualquier cosa que sea puedes decírmelo, Bella, he intentado descubrir qué puede tenerte así y sólo puedo pensar en una cosa.

—¿Qué has pensado?

Me observó y negó con su cabeza.

—Tú vas a hablar y decirme qué ocurre, luego hablaré yo —le hice una mueca y alargó su mano para tomar la mía—. Dime qué te preocupa tanto.

Y ahí vamos.

—Es un comentario que hiciste la otra noche —frunció sus cejas como sabía que lo haría—. No fue nada malo, pero me pregunté si es por causa mía… por el embarazo.

Vi su expresión de entendimiento.

—Así que sí tenía que ver tu embarazo —asentí, qué más iba a hacer—. ¿Te arrepientes?

—¿Qué?

—¿Crees que fue muy pronto?

—No. No, claro que no, no pienses eso —qué mierda pasaba por la mente de él y mía—. No me arrepiento de nada, para eso tendría que arrepentirme de ti, de amar la idea de un futuro contigo. No pienses ni por un segundo que no quiero un hijo contigo, que no quiero una familia contigo, porque es lo que más deseo y quiero, Edward —vi que me creía, no es que necesitara convencerlo, él sabía que esas dudas eran tontas—. Con mi embarazo me refiero a ti, sé que fue una sorpresa, lo esperábamos de alguna manera, sólo… quiero que estés conmigo la mayor parte del tiempo y quiero que cuando nazca y empiece a crecer también…

—Voy a estar con ustedes, cariño, no dudes de eso.

—Sí, lo sé, no se trata de lo que yo quiero, sino de lo que tú quieres, siento que… que el embarazo hizo que tu visión sobre tu trabajo cambiase y no puedo evitar sentir culpa por eso.

Se quedó en silencio unos segundos y movió su cabeza.

—Claro que cambió, pero no de mala manera, me encanta mi trabajo, pero amo estar contigo, quiero estar a tu lado y acompañar cada cambio que pase en nuestras vidas, no te acomplejes por este tema, Bella, no tiene que preocuparte nada.

—Me preocupa porque no quiero que dejes de hacer lo que te gusta por quedarte en casa, te extraño, ¿de acuerdo? Quiero estar más que nunca contigo, despertar y ver que estás a mi lado, saber que si quiero hablarte puedo hacerlo cara a cara, y creo que al estar embarazada no lo llevo demasiado bien, y eso no significa que debas dejar de lado tu carrera por un capricho de embarazada hormonal y estúpida.

Bien, lo dije y evité que las lágrimas me hicieran más idiota, las detuve. Él se levantó y dio la vuelta para venir a mi lado. Me tomó el rostro con ambas manos y observé sus labios, no nos habíamos besado aún y esa fuerza que me atraía a él me aturdía un poco. Quería sus besos, sus caricias, específicamente en nuestra cama, sólo por comodidad.

—Te estás desviando del tema —sonrió cuando dejé de mirarlo como si quisiera atacar su cuerpo—. No voy a dejar mi trabajo por siempre, quiero estar contigo durante el embarazo, quiero estar contigo cuando nazca nuestro bebé, quiero ayudar, apoyarte, tener esa conexión de padre, ver cómo crece en un mes, dos, tres, los que sea necesario para sentirme con ganas de volver a grabar lejos de ustedes por semanas o meses —vale, entendía eso—. Soy feliz con lo que hago, al menos hasta hace poco, soy infinitamente más feliz cuando estoy contigo en casa, así que terminaré este proyecto, aún no he firmado nada más, por lo que sólo me tomaré un descanso.

—Pero tenías proyectos con directores que habías esperado por años —repliqué sin estar convencida—. Mira, quizás el que la locación haya sido tan lejos no ayudó mucho…

—Bella, no voy a cambiar de opinión —dijo interrumpiéndome—. No me siento mal dejando proyectos ni guiones ni nada por estar en casa. Sí me siento mal estando lejos, no quiero que te sientas culpable por algo que en realidad no me hace daño hacer.

—¿Seguro?

Besó mis labios unos segundos, puede que me haya derretido un poquito.

—Tan seguro como te amo.

—Esa es mucha seguridad —comenté sonriendo mientras me abrazaba y atraía más hacia él.

—Para que veas mi determinación —y me besó como deseaba.


Descubrí que hace un siglo no actualizaba este fic, para qué decir lo siento si no tengo excusas, a no ser que estar en último año y a un mes de egresar de mi carrera sea considerada válida.

Sólo quiero decir que terminaré todo algún día, probablemente después de año nuevo porque antes estaré muriendo con tanto examen final. Se agradece que me lleguen alertas aún, me sorprende, muchas gracias, gente linda.

No le queda mucho a este fic en todo caso, la idea final ya la tengo desde que empecé. Sólo tengan paciencia si aún siguen aquí o nuevas llegan, no sé.

Saludos.