Otra vez tuve que poner de nuevo a Kikyou por como lo deje, pero bueno espero les guste n.n
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Kikyou's POV
En la noche no pude pegar un ojo, estaba muy preocupada debido a que ese monje me había descubierto y realmente me preocupaba si el delataría mi ausencia a mi padre, estaba decidida a hablar con el cuándo llegara el amanecer después de todo era una sacerdotisa y él era un monje por lo tanto me debía respeto aunque si él estaba a las órdenes de mi padre dudaba que le importara ese detalle.
Cuando los rayos del sol entraron por las ventanas de mi habitación y dieron de lleno en mi cara, me tape con las sabanas más por inercia que por otra cosa. Realmente no había podido dormir quizás fueron dos horas como mucho. Tocaron a mi puerta y extrañada de quien podría ser accedí el paso sentándome en la cama.
-Buenos días señorita Kikyou –dijo aquel monje entrando a mi habitación - ¿Durmió bien?
-Si muchas gracias por preguntar –dije tranquila aunque era evidente que mentía ya que mis ojeras me delataban - ¿Se le ofrece algo?
-Si…Realmente quería hablar con usted, ¿Podemos?
Ante aquello mis ojos se abrieron y en mi boca se hizo un pequeño círculo debido a la sorpresa, ¿Quería hablar conmigo? Supuse que era sobre lo ocurrido en la noche anterior ese monje se me había adelantado. Con la mejor calma lo observe aunque no estaba nada tranquila mi corazón latía frenéticamente pero era una conversación que debía enfrentar.
-Por supuesto, ¿De qué quiere hablar? –dije lo más tranquila y colocando un rostro frio aunque claro está en mis ojos se veía la incertidumbre y los nervios.
-Ayer…-comenzó tranquilamente, tomando toda la calma posible buscando las palabras exactas como podía abordar el tema, lo espere paciente aunque mis nervios no cesaban -¿A dónde salió? –pregunto por fin.
Me quede en silencio un momento realmente no estaba segura de decirle la verdad después de todo si comentaba algo delataría a InuYasha y lo menos que quería era eso ya que sabía que podrían dañarlo, en mis ojos se reflejaba ese miedo de que algo le pasara a mi amado pero tampoco podía mentir ya que mi condición de sacerdotisa no me lo permitía, debía tener un corazón puro a eso conllevaba a no mentir. Me sentía completamente acorralada aunque intente no demostrarlo.
-Señorita, por favor dígame la verdad…Puede confiar en mi –dijo tranquilamente notando mi inseguridad, transmitiéndome esa seguridad, pude ver en sus ojos que realmente podía confiar en él y no pude evitar sonreír.
-Bueno, la historia es realmente larga –dije taciturna como siempre no iba a mostrar debilidad ante este monje.
-No importa tengo mucho tiempo –dijo sonriendo- además que recuerde que estoy encargado de su seguridad.
Bien eso era todo lo que necesitaba escuchar para empezar a contarle sobre InuYasha y porque me había escapado de casa la noche anterior pero antes de que pudiera formular las palabras adecuadas, su joven esposa aquella exterminadora hizo presencia en mi habitación.
-Buenos días, Kikyou –dijo aquella mujer entrando a mi habitación con una sonrisa- estaba preocupada por usted ya que había desaparecido pero me alegro que ya esté en casa -Me sorprendí mucho ante aquel comentario, ¿Acaso ella también se había dado cuenta de mi ausencia?
-Ella fue la que me llamo preocupada cuando entro y no la vio –dijo Miroku respondido a mis preguntas como si había leído mi mente- no te preocupes, Sango es de fiar ella también podrá guardar el secreto.
-Así es, no te preocupes Kikyou estamos de tu lado –dijo Sango sentándose al lado de Miroku para darle un dulce beso para saludarle como era debido.
Con el ceño fruncido me levante de la cama para dirigirme aquella mesita de noche y sacar todas las cartas que el joven InuYasha me había dado en todos estos meses apretándolas contra mi pecho me acerque a los dos jóvenes.
-Está bien, voy a confiar en ustedes – dije tranquilamente aunque aún había cierta duda en mi pero la determinación de aquella pareja me hizo tomar animo- Escuchen esto no lo sabe absolutamente nadie y espero su discreción.
-No te preocupes por eso –dijo Sango sonriéndome- te damos nuestra palabra.
-Bueno creo que esto es algo difícil de creer por eso creo conveniente que lean estas cartas para que puedan entender –dije extendiendo las cartas para segundos después ser tomadas por aquel monje.
Empecé mi relato, jamás les dije que me sentía muy atraída por aquel joven después de todo estaba hablando con un monje y una exterminadora, pero sobre todo porque era una sacerdotisa del cual no podía enamorarse de un hombre y peor aún si este hombre era un hanyou, un ser que yo debía matar no enamorarme. Me escucharon atentamente sin interrumpirme cosa que agradecí pero realmente se sorprendieron cuando en medio de la plática se me escapo que estaba profundamente enamorada de él, claro realmente sonaba absurdo y por eso entendía la cara de sorpresa de ellos. Enamorada de un amor imposible pero yo sé que estaba dispuesta a luchar por eso, aunque eso me llevara a la muerte por traición.
Les conté que me había escapado era para ver a mi amado, ellos me miraron con comprensión, conté todo con detalle cómo nos habíamos conocido, como había crecido nuestra relación también les mostré el labial que me regalo, aquel preciado objeto que pertenecía a su madre. Conté que realmente estaba desesperada por salir, odiaba que me encerraran solo por ser una sacerdotisa tenía que estar aca encerrada. Por eso me sentía como aquel hanyou, en ese momento me di cuenta que no éramos diferentes no pude evitar sonreír ante aquel descubrimiento diferentes pero iguales a la vez. Termine con un suspiro bien, había contado todo aunque en realidad no sentí arrepentimiento ya que muy en el fondo deseaba compartir esto con alguien y esos dos jóvenes me dieron seguridad y ánimo para hacerlo, creí que al terminar el relato me arrepentiría pero no fue así en realidad me sentí libre como si un peso se me había caído.
-Ya veo- dijo Sango rompiendo el silencio que se había formado en el momento que termine mi relato- entonces ¿estás muy enamorada de ese joven?
-Así es- dije completamente seria sin dudas en mis palabras.
-Bueno entonces vamos a ayudarte en todo lo que podamos –expreso Miroku con una radiante sonrisa tomando de las manos a Sango-
-¿Enserio? –exprese completamente sorprendida, no había esperado que ellos me ayudaran en un principio pensé que me mandarían a matar por traición y luego buscarían a InuYasha para matarle realmente esa posibilidad se me había ocurrido luego de habérselos contado pero la determinación en sus ojos fueron los que me hicieron contar aquel secreto.
-Pero con una condición –dijo Sango observándome seriamente- prométenos que vas a cuidarte, recuerda el castigo que les espera si llegaran a enterarse.
-Eso lo sé perfectamente –dije apretando los puños mientras mi rostro se oscurecía, tenía que dejar de ser sacerdotisa para poder estar con él ya que si se daban cuenta me matarían ya que no solo estaba saliendo con un hombre si no con un hanyou, mi castigo sería más severo por eso. InuYasha tenía que reclamarme para que pudiera dejar de ser sacerdotisa pero sabía que eso por el momento iba a ser imposible.
- Y... ¿cómo es el? –Pregunto Sango curiosa.
-¿No lo han visto? –pregunte sorprendida- Ustedes van todos los días a ese lugar, ¿no es así?
-Bueno…es que son demasiados lo que se encuentran en ese lugar, por lo que es difícil distinguirlos –dijo Miroku un poco avergonzado.
Miroku y Sango me observaban pude notar que estaban realmente sorprendidos y algo tristes después de todo nunca se habían preocupado por la seguridad de esos prisioneros pero al encontrarme a mí y que realmente me importaba empezaron a pensar lo horrible que debería ser estar en el lugar de InuYasha. En sus ojos pude ver culpabilidad e incluso odio por ellos mismos. Mi pequeña charla les había servido era como si razonaran con respecto a aquellos youkais y hanyous, pude darme cuenta que ahora sus pensamientos con respecto al tema eran muy diferentes a como solían ser hace 24 horas atrás. Se habían puesto en su lugar y el sufrimiento en especial porque a los hanyou's los separaban de sus madres entendían lo doloroso que podría llegar a ser ese acontecimiento. Sin embargo ahora había una luz de esperanza iban a enmendar sus actos crueles.
-¿Chicos? –pregunte sacándolos de sus pensamientos.
-Señorita Kikyou –empezó a decir Miroku tranquilo- vamos a hacer todo lo posible para mantener a salvo a InuYasha.
-¿De verdad? –comente realmente feliz.
-Tienes nuestra palabra –dijo Sango abrazándome.
-Oigan, ¿podrían llevarme a ese lugar? –dije seria haciendo que Sango me soltara y me viera con horror.
-No –respondió Miroku- No podemos hacer eso.
-Pero… ¿Por qué? –pregunte viéndolos sin entender.
-Ese lugar no es adecuado para una señorita como usted- dijo levantándose y dispuesto a irse junto con Sango.
-¡Esperen! –intente detenerlos pero era inútil tras recibir un "nos vemos "abandonaron mi habitación dejándome sola.
Luego de un rato me aliste para empezar con mis deberes del día. Pasaron unas cuantas horas baje a la planta baja para buscar a Miroku o Sango quería preguntarles si me ayudarían a ir a ver a mi amado, realmente debía admitir que no me gustaba pedir ayuda siempre resolvía yo sola las cosas pero en ciertos casos siempre era necesaria la ayuda de los demás y este era uno de ellos. Entre a la cocina, llevándome una gran impresión al ver a Miroku sentado con una herida en el rostro parecía un golpe bastante fuerte. Sango estaba atendieron la herida del joven monje.
-¿Qué ha sucedido? –pregunte sorprendida acercándome a los jóvenes.
-¡Kikyou! –dijo mi nombre sobresaltado- no es nada..
-¡Miroku! –dijo Sango reprendiéndolo- ¿cuándo va a entender que no puedes decir mentiras?, el joven Onigumo le ha golpeado –exclamo después de haber regañado a su esposo mientras colocaba con delicadeza una crema en el rostro del chico. Miroku suspiro resignado.
-¿Qué? –dije sorprendida.
-No sé, qué paso –dijo Miroku- ese hombre ha actuado demasiado extraño últimamente.
-Mantente lejos de 'el Kikyou –dijo Sango advirtiéndome, yo solo asentí.
-Al parecer, el sospecha –dijo Miroku- me ha preguntado quien es InuYasha- sentí como todos mis músculos se tensaban al escucharlo, el pareció notarlo –no te preocupes, le he dicho que es un pajarito que has recogido.
-Qué alivio –dije suspirando y relajándome, si algo le llegaba a pasar a InuYasha yo me moría ese hombre me daba muy mala espina, no confiaba en el por eso accedí a hacerle caso a los chicos me mantendría alejada de él.
-Por ahora solo debemos ser cuidadosos –dijo Sango yo solamente asentí – tranquila vamos a apoyarte en todo y no vamos a dejar que tu historia termine en tragedia- yo solo me limite a sentir agradecida.
-¿Me pueden llevar a ver a InuYasha? –pregunte tranquilamente.
-Eso no será posible –explico Miroku- pero te vamos a cubrir para cuando vuelvas a salir a verle
-Así es- corroboro Sango- recuerda que no puedes salir y sería un riesgo si el supremo sacerdote se enterara
-Sí, tienen razón –dije tranquila- chicos muchas gracias.
Continuará…
