Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.


Capítulo 10

Tino pensó que sería una buena idea, aunque le intrigaba bastante cuál sería el gusto del sueco. Le costaba bastante descifrarlo, ya que no era una persona conversadora. De todas maneras, pasarían un buen rato, sin tener otra preocupación en la mente.

El rubio se levantó de la cama, pero debido a que hacía un poco de frío, decidió llevarse la sábana consigo. Tal vez era un poco raro, mas, quería estar cómodo. Y su ropa aún estaba mojada y chorreando, así que simplemente se cubrió con la manta, para luego, dirigirse a la sala de estar.

Por su lado, Berwald estaba ligeramente preocupado, ya que no estaba seguro sí la película en cuestión sería del agrado del finlandés. Se quedó meditando por un rato, dudando sí poner el dvd en cuestión o buscar otra cosa para ver. Sin embargo, cuando iba a cambiar el disco, el muchacho de ojos café se acercó, ya que tenía bastante curiosidad.

—¿Qué es lo qué quieres ver? —preguntó, al darse cuenta que el sueco estaba teniendo dudas —Sólo pon lo que tú quieres ver. No deberías preocuparte demasiado —explicó.

—¿Seguro?

—¡Claro que estoy seguro! ¿Qué tan terrible puede ser una película? —dijo el finlandés, aunque al mirar de reojo las cubiertas, se dio cuenta que eran de terror, un género que no era muy de su agrado.

—Si tú lo dices —el sueco terminó por insertar el disco que contenía dicho filme.

—Por cierto, ¿no tendrás palomitas? No hay nada como ver una buena película mientras las comes —afirmó el muchacho con una amplia sonrisa.

—En la alacena —dijo el hombre, en tanto preparaba el reproductor de DVD.

Tino fue corriendo hasta la cocina, en busca de aquel refrigerio. Dejó de lado la manta que hasta ahora le estaba cubriendo, ya que le entorpecía el camino. Tenía que estar en algún lado, estaba seguro que debía haber alguna bolsa por allí. Abrió cada uno de los gabinetes, hasta que creyó ver una. Sin embargo, estaba demasiado alto como para alcanzarla. Así que llevó una silla hasta allí y se subió encima de ésta.

Por su lado, Berwald fue a ver qué estaba haciendo el finlandés. Se estaba tardando demasiado y no había escuchado que la cocina fuera encendida. Apenas entró a dicha parte del piso, cuando encontró al rubio parado sobre las puntas de sus pie, procurando agarrar la bolsa de palomitas. El de ojos azules se quedó allí mirándolo, ya que no se había imaginado semejante escena. Luego de unos minutos, decidió ofrecer su ayuda, pues Tino parecía tener problemas.

—Déjalo, yo lo hago —aseguró el sueco, antes de que el finlandés pudiese tener algún accidente.

—No te preocupes, ya lo tengo —respondió el muchacho.

Sin embargo, apenas tomó la bolsa, la silla sobre la cual había estado parado, empezó a tambalearse bruscamente. Tino pensó que no era nada, así que dio un paso hacia atrás, y la silla inevitablemente cedió. Pero antes de tocar el suelo, el de ojos azules lo sostuvo entre sus brazos, lo cual fue un alivio para el otro nórdico.

—Gracias, no pensé que eso pudiera pasar —opinó Tino, aunque con la suerte que tenía, tal vez, era algo de esperar.

—No es nada —replicó Berwald.

—Bueno, creo que es hora de prepararlas, ¿no crees? —respondió el rubio, haciendo de lado el incidente.

Pero apenas había terminado de decir eso, el sueco le arrebató sorpresivamente la bolsa. El finlandés no entendía que había pasado, sólo sabía que las palomitas que estaba sosteniendo con sus manos, ya no estaban. Luego se dio cuenta que su compañero las tenía en su poder.

—No confías en mí, ¿verdad? No soy tan torpe para que lo sepas, sólo son extrañas coincidencias —se defendió de inmediato el muchacho.

Aunque en parte esa era la razón por la cual se encargaría él mismo de preparar las palomitas, también había otra. No quería decirla para no ofender al otro, pero éste parecía bastante molesto por su abrupta decisión.

—Tino...

—¡Sé que puedo hacerlo! Sólo tengo un poco de mala suerte, eso es todo... —justificó el joven, pero se detuvo al ver que el sueco le quería decir algo.

—No puedes alcanzar la cacerola ni el bol para poner las palomitas —explicó de la mejor manera posible.

El rubio estaba listo para rebatirlo, pero en realidad, eso era cierto. Tal vez podría tomarlas si se subía a alguna silla, pero luego de lo ocurrido apenas unos minutos atrás, quizás no era la mejor idea. Así que, aunque no quería aceptarlo, decidió dejar a cargo del otro nórdico.

—¿De verdad, no quieres que yo lo haga? No me importaría hacerlo —contestó Tino, pero era una batalla perdida.

—Enseguida van a estar listas —replicó el otro, quien ya estaba concentrado en eso.

El muchacho se retiró de allí, llevándose consigo la manta que había dejado en el suelo. Pese a que estaba un poco molesto, tal vez era mejor que el sueco hiciera las palomitas. Por alguna razón, decidió ir hacia al balcón, para observar el ambiente de la ciudad. Aunque la lluvia parecía haber terminado, aún había algunos truenos en el cielo.

El finés estaba intentando convencerse que no había nada de que temer, era una simple y llana película de terror, sólo debía aguantar las dos horas que duraba y luego, podría olvidarse completamente de ello. Estaba tan metido en sus propios pensamientos, que ni siquiera había escuchado a su compañero regresar a la sala de estar. Éste dejó el bol repleto de palomitas y fue junto al de ojos marrones, para avisarle.

Sin embargo, Tino estaba tan concentrado en lo que estaba pensando, que cuando el sueco le tocó el hombro, gritó despavorido. Su pulso se aceleró y dio unos cuantos pasos hacia atrás, ya que su compañero lo había tomado por sorpresa. Pero, al darse cuenta de que sólo se trataba de éste, se sintió bastante aliviado.

—¡No me des esos sustos! ¡Casi me matas de un infarto! —exclamó el rubio, quien decidió tomárselo con humor.

—Lo siento —respondió seriamente el otro.

—Vamos adentro, tenemos que ver una película —afirmó el finés, quien trataba de estar entusiasmado, a pesar de que el terror no era lo suyo.

El muchacho estaba sentado en uno de los extremos del sofá, mientras que el de ojos azules estaba en el otro lado. El primero mantenía una sonrisa en su boca, tratando de mantenerse tranquilo y calmado. El segundo estaba pensando una y otra vez sí ver eso sería una buena idea, aunque el finlandés lucía entusiasmado por esta razón. Sobre la mesa, Berwald dejó el bol, aunque seguía creyendo que no era buena idea.

Al principio de la película, Tino despejó su mente de todo lo que le había estado molestando hasta ese momento. Sólo era una pareja que había salido de vacaciones a un pequeño pueblo, lo cual le recordó a lo que había dejado atrás. Aprovechó para tomar las palomitas, ya que se veían bastante deliciosas y tentadoras.

Nada malo puede suceder en lugar cómo ese. Quizás sólo leí mal lo que estaba escrito en la caja de la película —se reconfortó el rubio, quien parecía aliviado.

Sin embargo, no tardaría demasiado para que éste cambiara de opinión. Apenas vio la cara desfigurada del asesino de aquel filme, gritó despavorido y el bol de palomitas que estaba sosteniendo salió volando. Además, estaba temblando de pies a cabeza, ya que no había esperado ver aquello. Lo había tomado completamente desprevenido.

—¿Estás bien? —el sueco detuvo enseguida la película, al darse cuenta de la reacción del joven.

—S-sí, ¿por qué paras la película de esa manera? —contestó el rubio, intentando fingir que no había pasado nada.

—Parece que estás temblando —comentó el otro.

—No es nada, sólo tengo frío. Eso es, sólo tengo frío —respondió el nórdico, pero enseguida se dio cuenta de que ahora había un montón de comida a su alrededor —¡Lo siento, no quise hacerlo!

—Luego lo limpiaremos —contestó el hombre.

A pesar de que estaba dudando de continuar con la película, Berwald volvió a prenderla. Ya la había visto con anterioridad, así que sabía con toda seguridad, de que las cosas sólo iban a empeorar. De vez en cuando, le echaba un ojo a su compañero, que se esforzaba para gustarle la película, aunque la realidad era que tenía bastante miedo.

Éste estaba bastante concentrado en lo que sucedía en la pantalla, así que ni se dio cuenta de que el sueco se había acercado bastante. La distancia, con la cual habían estado separados al inicio de la película, ya no existía. Pero, por supuesto, el finés estaba tan inserto en su mente, repitiendo una y otra vez que "sólo era una película, sólo una ficción" que no notaba nada de lo que pasaba a su alrededor.

Pasaron unos breves minutos, cuando nuevamente una escena asustó a Tino y a éste, sólo se le ocurrió arrojarse hacia el otro lado del sofá, donde estaba sentado el sueco, creyendo que podría taparse la cara con el cojín. Sin embargo, al sentir que estaba recostado por algo que era bastante cálido y firme, en lugar de un cojín suave y frío, le pareció bastante sospechoso.

Así que decidió levantar la mirada, y allí encontró a su compañero de piso, quien le estaba abrazando, para intentar reconfortarle un poco. El finlandés se sonrojó y enseguida se apartó. Se sentía terriblemente avergonzado y apenado, ya que le había dicho antes que no era para nada miedoso, cuando la verdad era que las películas de terror le causaban pavor.

—¡Lo siento! Es sólo que, ya sabes, esa escena no me la esperaba y bueno... —Tino intentó justificarse de manera inútil —Así que no te preocupes, no es necesario que... —pero, pese a que quería negarlo, se sentía un poco más seguro teniendo al de ojos azules cerca de él.

—Pensé que tenías frío —respondió el sueco, quien había actuado al ver al otro rubio tan atemorizado.

El nórdico no supo que responder o qué hacer en ese momento. Con el nerviosismo encima, se había delatado solo. Aunque tampoco era que estaba disimulando bien. De todas maneras, decidió continuar viendo la película, sólo que esta vez estaba aferrado a su compañero. Se sentía un poco raro al estar así con otra persona, pero tampoco podía quejarse.

En realidad, era mucho más fácil de observar el filme con el otro estando tan de cerca. Aunque tampoco estaba planeando en decírselo. El sueco tampoco estaba pensando en admitirlo, pero también le agradaba tener al finlandés tan próximo. Tino había terminado por apoyar su cabeza sobre su pecho, mientras que él seguía abrazándolo. Era como si ambos hubiesen acordado de no hablar de aquello, sólo estaban disfrutando del momento.

Luego de finalizar el filme, el finlandés bostezó y decidió estirarse, ya que había estado en la misma posición por mucho tiempo. Quiso comentar algo sobre la película que habían visto, pero al darse cuenta de que había estado recostado todo ese tiempo por el sueco, se levantó con mucha prisa. Estaba totalmente sonrojado, ya que se había dejado llevar por el momento y ahora se había dado cuenta.

—Creo que va a ser mejor que me vaya a dormir, mañana tengo que ir a buscar trabajo —explicó el finlandés, que quería evitar el tema de cualquier manera.

—Tino —le llamó el otro, quien aún estaba sentado en el sofá.

—¿Qué sucede? Si es por... —pero fue bruscamente interrumpido por su compañero.

—Lo siento si no te gustó la película —se disculpó Berwald, pues no sabía qué era lo que estaba pasando por la mente del finlandés.

—Sí, me gustó. Sólo que hace mucho que no veía una película así —afirmó Tino, quien quiso animar al sueco —. Espero que volvamos a ver otra pronto.

Sin embargo, al recordar otra vez lo que había pasado, el chico de ojos café se retiró rápidamente al dormitorio. Quería olvidar por completo lo que había sucedido, es más, seguía sin entender cómo se había permitido recostarse por su compañero. Sólo esperaba que el otro no le hubiese dado importancia y no dijera absolutamente nada acerca de ello. Aunque, muy dentro de él, le había gustado.

Mientras tanto, en la sala de estar, el sueco no se había movido aún del sofá. No entendía completamente nada de lo que estaba sucediendo. En esos pocos días que habían transcurrido desde que el finlandés se había mudado al piso con él, había pasado de todo un poco. Aunque éste último era bastante torpe y constantemente tenía que sacarle de los apuros en los que se metía, le había caído bastante bien y disfrutaba plenamente de su compañía.

Tal vez estaba pensando demasiado, así que fue directamente a acostarse. El día había sido largo, había tenido una visita bastante inesperada, pero al menos, se sentía aliviado de que no tendría que lidiar más con él. Además, no podía quejarse demasiado de cómo había culminado aquel día lluvioso.

Luego de cambiarse la ropa y dejar los lentes sobre la mesa de luz, se quedó un rato contemplando a su compañero, quien, como ya acostumbraba, le daba la espalda. No obstante, y repentinamente, el rubio se dio la vuelta. A pesar de que estaba semidormido, se había olvidado de algo . En realidad, quería aclarar lo que había pasado durante la película, ya que nunca antes había estado abrazado de esa forma con alguien.

—Oye... —dijo el muchacho, con bastante sueño, pero al darse cuenta de que el otro le estaba mirando con esos intensos ojos azules se quedó paralizado.

—¿Qué pasa? —éste no estaba esperando que Tino se volteara, había intentado estar en silencio para no molestarle, pero quizás había fallado.

Por unos breves minutos, el silencio dominó a ambos. El finlandés se había olvidado de lo que estaba a punto de decir, mientras que el otro no entendía qué era lo que le pasaba al primero. Tino se dio cuenta enseguida que Berwald estaba esperando por alguna respuesta suya así que sólo atinó a decir lo primero que se le vino a la cabeza, aunque no era eso lo que en primer lugar había querido comentarle.

—Buenas noches —contestó y luego volvió a darle la espalda.

El sueco se quedó pensando en lo que acababa de pasar. Luego de estar sentado sobre su cama por unos ratos, mientras repasaba todo lo que había ocurrido aquel día. Hacía un buen tiempo que no había tenido un día tan movido como ése, y aunque procuraba dormirse de una vez, estuvo un rato simplemente observando el techo. Tras eso, recordó que no había dicho nada de vuelta al rubio.

—Buenas noches —respondió, pese a que estaba seguro que Tino ya estaba durmiendo y no lo escucharía.

A la mañana siguiente, el finlandés hizo el esfuerzo de levantarse más temprano de lo que acostumbraba. Pero se había mentalizado que debía ir a buscar empleo en cuanto antes. No podía estar dependiendo de su compañero de piso, tenía que conseguir su propio dinero. Y tampoco quería regresar al pueblo del cual había venido, mucho menos ahora que conocía todo lo que podía ofrecer la ciudad.

Sin embargo, cuando se levantó, miró hacia la otra cama. El sueco aún estaba acostado, para su sorpresa. Eran las siete de la mañana apenas, pero desde que se había mudado allí, siempre se había encontrado con éste, ya trabajando. Por unos minutos, dudó en qué debía hacer. Tal vez, sólo estaba demasiado agotado por todo lo que había ocurrido el día de ayer, así que decidió no darle importancia.

Tras terminar de vestirse, fue a recoger el periódico. Debía haber algo interesante, tenía que haberlo. A pesar de que tenía bastante sueño, sabía que no podía seguir desperdiciando las mañanas. Luego de mirar atentamente cada página de aquel diario, encontró lo que parecía algo para lo cual era apto. Estaba tan motivado, que obvió el hecho de que no había desayunado nada.

Dejó una pequeña nota sobre la mesa, tomó la carpeta que había estado guardando todo ese tiempo y sin perder más tiempo, Tino salió del apartamento. Si bien no estaba seguro de sólo avisar que se iría por un par de horas o más, tampoco quiso despertar a Berwald, ya que notó que estaba bastante agotado. Cerró con delicadeza la puerta y se retiró.


Sieglinde: Te respondo acá, porque no se puede responder a los que no tienen cuenta. Bueno, el tema del trabajo de Fin, originalmente iba a suceder unos capítulos atrás, pero después pensé que sería muy poco probable que alguien consiguiera trabajo, apenas se muda a una ciudad.

Sí, la trama es lenta porque no me gusta apurarme en la relación entre los dos personajes.

Por cierto, lo de Abba, me dio bastante risa. Pero no, por alguna razón, no consigo imaginarme a Su-san escuchando ese grupo, jajaja.

En fin, les agradezco a todos por los comentarios que me dejaron~

Hasta la próxima~