Capítulo 9

ADVERTENCIA: contiene lemon y violencia moderada

Una oleada de rabia se apoderó poco a poco de su cuerpo al escuchar aquella confesión.

Durante décadas, Taiki había estado atormentado preguntándose quién y por qué habían matado a su amada, sin imaginarse que el asesino había sido Ziocite y ahora, con la mano en la cintura y su sonrisa burlona, le decía descaradamente que él era el autor de tan terrible crimen.

- ¿¡Cómo pudiste!? – gritó lleno de dolor el castaño, mientras se removía entre la enredadera, lo que provocó que las espinas de la planta se comenzaran a clavar en su piel.

- No era mi intención hacerlo – respondió el rubio, disfrutando el dolor de Taiki – pero las cosas se me salieron de control. ¿Cómo pudiste aguantar tanto sin tomarla? La hubieras visto, parecía una puta, gozando y gimiendo.

Ante aquel comentario, Taiki se soltó de las ramas que lo apresaban y se dirigió a toda velocidad hacia Ziocite, pero éste, con un hábil movimiento, lo proyectó contra una de las paredes de la gruta, enredándolo de nuevo con sus mortales ramas.

- ¿Cómo pudiste ser tan imbécil? – dijo Ziocite, acercándose a él - ¿Cómo es posible que Taiki Kou, el genio, el de gran jerarquía, no pudiera darse cuenta que su damisela le pertenecía a otro?

El íncubo se acercó al castaño, tomándolo de la mandíbula y enterrando sus largas y filosas uñas

- Josephine me pertenecía desde hacía tiempo, ¿es que jamás la notaste diferente?

FLASHBACK

Se encontraban en el Jardin des Tuileries, lugar donde podían verse fácilmente sin que las personas pensaran mal de ellos, ya que era un espacio público.

Marie, la nana, los vigilaba desde lejos.

Taiki tomó la mano de la jovencita, llevándola a sus labios, para después, acercarse a su rostro y depositar un beso en los rosados labios, pero ella se opuso.

- ¿Qué sucede? – preguntó el castaño, sorprendido de aquella actitud

- Nada – respondió ella evasiva

- Llevas días portándote así conmigo, ¿te encuentras bien?

Josephine se mordió un labio, sin atreverse a mirarlo a los ojos. ¿Cómo podría confesarle que llevaba noches soñando con otro hombre que le hacía el amor? ¿Cómo podría decirle al amor de su vida que esos sueños se hacían cada vez más reales y era despertaba por sus propios gemidos y orgasmos? La muchacha simplemente se sonrojo al pensar en ello y levantó la vista hacia los hermosos ojos violetas que la miraban con profundo amor.

- Si Taiki, estoy perfectamente bien

- Recuerda que si algo te llegara a suceder, puedes llamarme

- ¿Cómo hacerlo? Si no sé dónde encontrarte

- Cuándo necesites ayuda, solo di mi nombre – le dijo él, sosteniéndole las manos.

- Taiki – dijo ella, con los ojos cristalinos

- No, ese no es – e inclinándose al oído de la chica, éste le susurró su verdadero nombre.

FIN DEL FLASHBACK

El castaño abrió mucho los ojos al recordar aquello, comprendiendo por fin el por qué Josephine actuaba de manera tan extraña, ¿cómo había sido tan ciego?

Al ver su expresión, Ziocite soltó una sonora carcajada.

- ¡Tú eras el que la tenía perturbada! – gritó Taiki, mientras su carne era masacrada con las punzantes espinas.

- La muy estúpida se entregó a mí, por eso no te diste cuenta de nada – volvió a reir – ¿puedes creerlo? – Ziocite se dirigió a Amy – no fue capaz de salvar a su gran amor, ¿Qué te hace pensar que a ti si te va a salvar, querida?

Amy miraba con ojos tristes a Taiki, quien se encontraba ensangrentado e igual de imposibilitado como ella, mientras sus ojos reflejaban rabia y dolor.

El rubio voló hasta donde se encontraba Amy, quien, suspendido en el aire, tomó por la mandíbula el rostro de la peliazul.

- ¿Al menos te dijo su verdadero nombre?

La chica desvió su mirada hacia donde se encontraba el castaño, quien miraba aquella escena, bufando al sentirse impotente.

- No – respondió ella, sin quitar la vista de Taiki

Ziocite volvió a soltar una estrepitosa carcajada, mientras se separaba de Amy

- ¡Ay Romeo! ¿Por qué no le dices de una vez a esta mujer que jamás la amaste ni la amarás como a Josephine Lemoine? – gritó

- ¡Eso no es verdad! Amy yo te amo, ¡perdóname!

- ¡Si la amaras de verdad, la hubieras protegido y le hubieras contado todo! A Josephine le dijo que era un íncubo, a ella le dijo su verdadero nombre y tan la sigue amando que mira cómo se puso después de que le dijera que yo la maté – señaló el rubio, mientras las mejillas de Amy eran surcadas por las lágrimas – observa ahora como acabo con ella – dijo malévolamente.

Ziocite desnudó a la peliazul por completo. Haciendo un movimiento de su mano, las enredaderas que apresaban a la chica se movieron, abriéndole las piernas, y entonces el rubio introdujo su cabeza entre ellas.

Al sentir aquello, la peliazul soltó un desgarrador grito, mitad de horror, mitad de repugnancia, al tiempo que no podía evitar arquear el cuerpo al sentir la viperina y viscosa lengua de aquel engendro envolver su clítoris y recorrer su vagina.

El rubio íncubo movía con frenesí la lengua, bebiendo el néctar que manaba de Amy mientras apresaba fuertemente los glúteos de ésta, haciéndola sangrar.

Taiki se removía desesperado en su prisión, tratando de romper aquellas ramas que no permitían salvar a la chica; si hubiera estado en buenas condiciones, habría sido muy fácil romperlas.

Ziocite hundía más y más su lengua, excitándose con los gritos de la muchacha, cuando un frio golpe que pronto se tornó caliente lo proyectó lejos de Amy, haciéndolo aullar de dolor. Aturdido, el rubio se incorporó, observando a sus atacantes.

- Vaya vaya – dijo, mientras su ahora afeminada figura se alzaba – parece que tenemos una bella reunión. Hola Seiya, hola Yaten – al mencionar el nombre del platinado, un destello de lujuria se asomó en sus ojos.

- Qué tal Ziocite. Es una lástima que si esto era una reunión, no hayamos recibido una invitación – contestó sarcástico el pelinegro.

Con cara de desagrado y repugnancia ante los comentarios de Ziocite, Yaten se dirigió hacia su hermano para liberarlo, mientras Seiya volaba hacia Amy para ayudarla.

- ¿Ustedes también? – preguntó horrorizada la chica

- Tranquila, nosotros somos del bando de Taiki. Jamás te lastimaríamos – respondió Seiya mientras rompía algunas ramas.

- ¡No la toques! – gritó histérico el rubio - ¡Sirvientes ataquen!

En ese instante, cientos de demonios menores antropomorfos aparecieron para atacar a los íncubos que intentaban rescatar a la chica, mientras Taiki, recuperado con las fuerzas que su platinado hermano le había dado, voló furioso contra Ziocite, atacándolo.

- ¡Maldito! ¿Por qué haces todo esto? ¡¿Qué te he hecho?! – gritó el castaño, mientras le rompía el labio al rubio

- ¿Qué me has hecho? – Ziocite escupió sangre - ¡Tienes una mayor jerarquía que yo cuando tu naturaleza ni siquiera es la de un demonio! Yo soy hijo de Caos y Lilith*, jamás he sido humano, pero tú – lo señaló con índice de fuego - ¿ya se te olvidó cómo te convertiste?

Taiki lo miraba perplejo; después de tantos milenios, ya casi no recordaba lo que lo había condenado.

- Por la maldita expresión de tu rostro, veo que no lo recuerdas. Permíteme refrescarte la memoria – Ziocite sonreía malévolamente – cometiste tres pecados mortales, querido, tres más un bonus que no te permitieran entrar a la Gloria. Incesto, fratricidio doble y suicido. Dime, ¿qué se siente fornicar con tu hermana gemela? Era como muy pervertido hacerlo con tu reflejo, ¿no?

El castaño abrió mucho los ojos; había pasado tanto tiempo que había preferido borrar de su mente aquél suceso ocurrido en la antigua Roma D.C.

Talía, su hermosa hermana gemela idéntica a él. No sabía cómo había pasado todo, simplemente ambos se enamoraron y se hicieron amantes. Tiempo después. Talía descubrió con horror que estaba embarazada y como sabía que aquello era pecado, le pidió a Taiki que la matara. El castaño, desesperado por el sufrimiento de su hermana, decidió ahogarla, matando con ello al fruto de aquél amor prohibido, para después, al no poder con el sentimiento de culpa, colgarse de un árbol.

Lágrimas empezaron a brotar de los rojizos ojos. Era cierto, lo había olvidado, había olvidado el dolor de matar a su hermana, a quien amaba con locura y asesinar a su propio hijo – sobrino.

Taiki se abalanzó contra Ziocite, golpeándolo fuertemente.

- ¡No tenías derecho a esto! ¡No lo tenías! – aulló de dolor el castaño

- ¡Claro que sí! Tu no eres de mi estirpe, no tienes mi linaje, ¿crees que es justo que un humano sea de rango mayor que yo, un Hijo de Caos? No lo creo.

TxA

- ¿Crees que Caos se enoje por matar a sus sirvientes? – preguntó Seiya a Yaten, mientras aplastaba a los demonios menores

- No lo creo. Las reglas dicen que un demonio de menor jerarquía no debe revelarse contra un superior. Por eso no ha intervenido entre Taiki y Ziocite – respondió el platinado, mientras aplastaba a otros más.

- ¡Mira! – señaló el pelinegro – Creo que Taiki está en problemas

- Así parece. Pero nosotros no podemos meternos. Esa es su batalla y debe librarla solo.

TxA

- Estúpido – dijo Ziocite mientras pateaba a Taiki, quien ya estaba muy débil de nuevo – hagas lo que hagas, no podrás salvarla y yo obtendré mi venganza.

Dejando al castaño malherido, el rubio voló de nuevo hacia Amy, quien tenía un brazo libre con el cual luchaba para zafarse. Cuando lo vio acercarse, abrió mucho los ojos, horrorizada.

- Te dije que no te iba a salvar – dijo el íncubo, al tiempo que su miembro se mostraba completamente erecto – y es hora de que consuma mi venganza de una buena vez.

Bruscamente, Ziocite rompió las ramas que apresaban las piernas de la peliazul y las colocó sobre su cadera, dispuesto a penetrarla. Amy gritaba con todas sus fuerzas ante el inminente ataque, pero antes de que el íncubo lograra siquiera rozarla, una espada atravesó su estómago.

El rubio miro horrorizado el brilloso metal ahora manchado con su sangre, mientras soltaba a la muchacha y se proyectaba al suelo.

Taiki, sucio, pegajoso y cansado, había logrado reunir todas las fuerzas que le quedaban para invocar La espada de la Creación, la cual él custodiaba y era por eso que tenía una alta jerarquía, y con ella, matar a Ziocite.

Después de esto, se dirigió hacia Amy para liberarla.

- Y yo te dije que te salvaría – intentó esbozar una sonrisa, mientras tomaba delicadamente a la chica en brazos.

- Gracias – respondió ella, un tanto en estado de shock

- Te sacaré de aquí.

Y con la chica en brazos, Taiki se dirigió a la salida de la caverna, seguido por sus hermanos.

TxA

Ziocite respiraba con dificultad, mientras que los demonios a su servicio perecían inmediatamente. Sabía que pronto se acercaba su fin.

Alzó la mirada hacia lo más alto del lugar y vio a Malachite, quien estuvo atento a todo lo ocurrido.

- Malachite, mi amor… - dijo el rubio con dificultad, mientras extendía una mano hacia el platinado.

Malachite, general del primer ejército de Caos, lo miraba fría y despectivamente, mientras, a su lado, se materializaba una figura femenina.

Con ojos burlones, Kakyuu miró al moribundo mientras abrazaba al hermoso macho platinado y se fundía con él en un ardiente beso, para después desaparecer, dejando a un destrozado Ziocite quien, al instante murió, llevándose como único recuerdo la traición de su gran amor.

TxA

Los primeros rayos del sol empezaban a percibirse cuando Taiki, con Amy en brazos, emergía del mar, y detrás de él, Yaten y Seiya; los tres chicos presentaban su forma humana.

Apenas tocó tierra firme, el castaño cayó de hinojos, depositando a la chica en el suelo, para después desplomarse en la playa.

- ¡Taiki! – la muchacha gateo hacia el chico, sin atreverse a tocarlo.

- Amy – dijo él con dificultad, mientras giraba el rostro hacia la peliazul.

- Creo que es mejor dejarlos solos y buscarles un poco de ropa antes de que los humanos empiecen a aparecer por la playa – susurró Yaten a Seiya, y se retiraron del lugar.

- Amy – las lágrimas surcaron las mejillas de Taiki – te he hecho mucho daño. No debí… perdóname.

- Taiki – Amy lloraba, mientras acariciaba el enmarañado cabello castaño

- Ya no me queda mucho tiempo. Mi energía se está agotando, pero quiero que sepas, que te amo con toda la intensidad de las estrellas del firmamento, aquél que jamás podré pisar – el castaño alzó su mano, acariciando el rostro de la chica – te amo Amy, te amo como jamás me imaginé amar a alguien – un rictus de dolor cruzó su cara.

- ¡No Taiki! Por favor no me dejes

- Para sobrevivir debo alimentarme, y no estoy dispuesto hacerlo, perdóname

La chica tomó al castaño y recostó su cabeza sobre sus piernas, para después, lentamente, acercar sus labios a los de él.

Taiki respondió aquél beso, mientras sentía como la energía comenzaba a fluir en él, por lo que, poco a poco, fue profundizándose aquel encuentro.

- Si para que estés conmigo debo alimentarte, así lo haré – jadéo la peliazul, recuperando el aliento – pero no quiero perderte. Te amo Taiki Kou.

- Y yo a ti Amy Mizuno – respondió el chico, más recuperado.

- ¿Me dirás tu verdadero nombre?

- Algún día, tal vez, lo haga –

Y volvieron a fundirse en un romántico beso, mientras el sol comenzaba a brillar en todo su esplendor.


*Lilith: primera mujer de Adán, expulsada del paraiso. Madre de los íncubos y súcubos

Nota de autor: A Taiki ya no le quedaban fuerzas para lograr que su ropa aparecia al transformarse en humano, por lo que llegó desnudo a la playa. Seiya y Yaten si traían ropa al momento de tocar tierra.