Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo. Las leyendas pertenecen a la herencia cultural del pueblo.
Advertencia: Contienen Ooc y no siempre serán finales felices.
GRACIAS: Anahis: Me alegra que te haya gustado la historia y gracias por el comentario, me sube la autoestima, las leyendas las tomó de internet. (Bendito Google-Sama XD). HOTARU SATURN BLACK: Si yo también no pude evitar sentirme nostálgica cuando escribí la historia, es que es triste que nunca los dejen ser felices. Darisu-chan: que bueno que te gusto la historia, espero que esta también sea de tu agrado.
¡Ah!, algo muy importante: Por favor a pesar de lo que lean terminen la historia ¿Sí?
LA LEYENDA DE LA DONCELLA TRISTE
LEYENDA AZTECA
Esa fresca mañana de abril los pájaros entonaban dulces y alegres canciones sobre las ramas de los pinos del espeso bosque, la suave brisa movía las hojas de los arboles provocando una suave melodía y el sol brillaba en el cielo.
Y ella caminaba por el bosque buscando frutos, con su vestido blanco, descalza y su canasta a un lado. Iba muy alegre y entonaba una bella melodía. La niña de tan solo ocho años era muy bonita, dueña de una linda y cálida sonrisa, de unos ojos muy expresivos y sinceros, pues siempre reflejaban lo que de verdad estaba sintiendo a pesar de que tratara de ocultarlo y también era dueña de una maravillosa voz, con sus cantos era capaz de alegrar los corazones de las personas que la escuchaban, asimismo cuando estaba triste y entonaba una canción era capaz de conmover hasta las lágrimas a quienes la escuchaban.
Al llegar a un arbusto de frutas rojas, se agacho y comenzó las bayas, de repente escuchó un ruido extraño, por inercia sacó la mano del arbusto. Se asustó al ver que una serpiente de cascabel salía de entre las hojas, lentamente retrocedió hacia atrás y ya se preparaba para echar a correr, pues les tenía pavor a las serpientes ya que hacía un año que su mamá había muerto a causa de una picadura de cascabel.
―¡No corras! ―gritó un niño pocos años mayor que ella al imaginarse sus intenciones y que salió de una vereda. ―No te muevas o te atacara. ―dijo la voz a sus espaldas. El chico se acercó lentamente y sacó su arco. La serpiente al sentirse acorralada se lanzó sobre la chica para morderla en la pierna, ella comenzó a llorar asustada, el chico lanzó la flecha y logró atravesar la cabeza de la serpiente en el aire, evitando que picara a la niña.
La chiquilla seguía llorando asustada.
―Calma, ya está todo bien. ―le dijo el chico guardando su arco. Ella volteó a verlo y se sonrojó al ver que el niño de doce años era muy apuesto, tenía ojos marrones y cabello naranja.
―¡Me asusté mucho! ―decía la niña mientras seguía llorando y se tallaba los ojos. ―Ya no vendré al bosque nunca más. ―El niño la miró con ternura. Aunque era muy joven, había desarrollado un gran espíritu protector, tal vez porque era el príncipe y sentía que su deber era proteger a todo su pueblo. Aunque en gran medida fue porque vio a esa niña tan dulce y frágil y la conmovió verla llorar de esa forma.
―No te preocupes, a partir de ahora yo te cuidaré. ―le dijo con una sonrisa, la chica sintió algo cálido en su corazón y dejo de llorar. ―Vamos. ―le dijo extendiéndole la mano.
La niña sonrió alegremente, ya no tenía miedo, con solo ver la sonrisa del chico se sentía protegida.
―¡Gracias! ―dijo ella y se abrazó fuertemente a su pecho. Él se sorprendió al principio pero luego la abrazó cálidamente.
Luego de presentarse ella le tomó de la mano para regresar al pueblo, iba nerviosa y sonrojada, sus ojos grises brillaban de alegría, se acomodó tras la oreja un mechón de su largo cabello naranja.
―Huēyi Tlahtoāni. ―dijo la niña que al saber que él era un príncipe y heredero al trono no lo podía llamar de otra forma. ―Gracias por salvarme. ―le sonrió. ― Me gustaría agradecerte con una canción. ―Le dijo tímidamente.
―Orihime, solo llámame Ichigo, somos amigos, recuérdalo. ―le dijo revolviendo la cabeza de la niña. ―Y si me gustaría escuchar esa canción. ―le dijo mirándola tiernamente.
Entonces Orihime comenzó a entonar una linda canción, Ichigo se regocijó de alegría. Juntos regresaron al pueblo.
Desde ese día los dos se hicieron grandes amigos, casi siempre iban juntos a todas partes, al bosque, al rio, a las cuevas a explorar. Ichigo siempre se preocupó por Orihime y cumplió su promesa, siempre cuidaba de ella, ya que era muy propensa a los accidentes. Solo permanecían alejados cuando Ichigo tenía que ir a las misiones a los pueblos vecinos o cuando visitaba a un rey amigo de su padre. Así pasaron diez años.
Como es normal, en Orihime se desarrolló un amor secreto por el príncipe Ichigo, nunca se atrevió a confesárselo y simplemente se conformaba con seguir a su lado y ver todos los días sus hermosos ojos y recibir de él una linda sonrisa y palabras de afecto. Pero en ella siempre se albergaba una duda ¿él también la amaría?, y ese día estaba por despejarla.
Esa mañana Ichigo se levantó muy temprano, a decir verdad casi no pudo dormir, pues el día anterior había descubierto algo increíble, estaba enamorado. Era increíble porque nunca había pensado en ella en el plano sentimental, pero hacia unas semanas que se sentía raro a su lado, que se sentía nervioso, que se molestaba al verla sonriendo a otros chicos, porque solo quería que sonriera para él, que deseaba no separarse de ella y probar sus labios, y fue el día anterior cuando al estar cerca de ella, de oler su fragancia, de escuchar su melodiosa voz, que aceptó que estaba enamorado de ella.
Y este día se le iba a declarar, le iba a decir que la amaba con toda su alma y que no quería separarse de ella jamás. Por supuesto ella tenía que ser la primera en saberlo. Se vistió rápidamente y corrió hacia el bosque, donde seguro ya lo esperaría.
Cuando llego al bosque la vio sentada sobre una roca viendo hacia el arroyo y peinando su largo cabello naranja.
―Orihime. ―le dijo él cuando se acercó a ella. ―Me alegra que vinieras.
―Hola. ―le dijo nerviosa. En la mañana había recibido una nota suya citándola en ese lugar, porque le tenía que decir algo muy importante. ―¿Qué es lo que querías decirme? ―preguntó impaciente. Ichigo se sentó junto a ella poniéndola más nerviosa aun, su corazón latía acelerado.
―Sabes, ayer me di cuenta que estoy enamorado. ―comentó Ichigo viendo hacia el arroyo. Orihime se sonrojó.
―¿Enamorado? ―preguntó tímidamente.
―Sí, y quería que fueras la primera en saberlo. ―dijo Ichigo mirándola a los ojos. Ella sonrió. Tal vez su amor si era correspondido después de todo. ―Quería que supieras que yo…
―¿Sí? ― preguntó Orihime ante el silencio de Ichigo, quien estaba apenado por lo que iba a confesar.
―Amo a Rukia Kuchiki….
―¿Eh? ―preguntó Orihime que creyó no escuchar bien.
―Me enamoré de Rukia. ―dijo Ichigo apenado. Rukia era la hija del rey Byakuya, amigo de Isshin.
―¿De Rukia? ―preguntó confundida Inue. ―¿De la chica a la que te referías como enana idiota, como la chica de mal carácter y la de un pésimo gusto por los conejos? ―Ichigo siempre que iba a visitar al amigo de su padre terminaba peleándose con Rukia y siempre se quejaba con Inue de ella.
―Ella misma. ―contestó nervioso Ichigo tallándose la nuca. ― Como me dijo mi padre uno nunca sabe de quien termina enamorándose.
―Me alegro por ti. ―dijo Inue fingiendo alegría, pero en realidad tenía el corazón destrozado, tanto que las palabras ya no podían salir de su boca.
―¿Pero por qué estas triste? ―preguntó Ichigo al ver sus ojos. Inue negó con la cabeza.― De seguro piensas que ahora me olvidare de ti. ―dijo Ichigo. ―Pero cumpliré mi promesa, siempre cuidare de ti, porque desde ese día te quiero como mi hermana. ―dijo Ichigo y abrazó a Inue. Ella no aguantó más y comenzó a llorar.
Después de que la dejo más calmada, Ichigo se fue al reino de Byakuya para confesarle su amor a Rukia, esperaba ser aceptado. Orihime a pesar de sentirse mal, en silencio le deseo sinceramente que fuera feliz con Rukia.
Cuando Orihime se quedó sola, comenzó a entonar una canción, era la más bella y triste melodía que alguien hubiera escuchado.
A unos metros de ahí una expedición de mercaderes recorría el bosque y al oír aquella bella melodía decidieron buscar que o quien la producía. Se asombraron de ver que era una bella joven quien cantaba y cuya mirada triste y llorosa dirigía al cielo.
El líder de la expedición, un rico mercader de cabello negro y ojos verdes se interesó por la joven. Se acercó a ella con cautela.
―¿Quién eres? ―le preguntó el joven. Ella volteó a verlo pero no contestó, estaba asustada y triste a la vez. ―No me tengas miedo, soy Ulquiorra un rico guerrero y mercader del reino de Hueco Mundo. ―le dijo tratando de tranquilizarla, pero ella siguió sin contestarle. No haciéndole caso, Orihime volvió a mirar al cielo y entonó de nuevo la triste canción. Su corazón estaba tan destrozado que solo cantando sentía que podía desahogar un poco de aquella gran tristeza que la embargaba.
Al oírla y ver que era una bella doncella, Ulquiorra se interesó más en ella, así que no dudo en llevársela por la fuerza, a pesar de que ella se resistía. Después de caminar por unas horas llegaron a un rio donde ya los esperaba una embarcación, Ulquiorra obligó a Orihime a subir a ella y la llevo a Hueco Mundo.
Cuando Ulquiorra llegó a su palacio llevó a la chica a su habitación, esta era grande y de color blanco, la sentó en la cama.
―¿Cómo te llamas? ―le preguntó otra vez, pero ella no le contestó, solo se limitaba a llorar con la mirada en el suelo. Por más preguntas que le hizo ella no contestaba. ―¿Me tienes miedo, mujer? ―le preguntó alzando su cara para que lo viera a los ojos. En ellos no vio miedo, solo pudo ver una infinita tristeza. ―No me tengas miedo, no te hare daño. ―trató de tranquilizarla. Y como no sabía su nombre, decidió ponerle uno, no podía llamarla mujer toda la vida. ―Desde ahora te llamaras Cenzontle. ―le dijo él. ―Y aunque ahora no me quieras sé que muy pronto tomaré tu corazón. ―le dijo Ulquiorra.
Con el paso de los días él le ofreció todas sus riquezas, el oro, el jade, las plumas multicolores de los pájaros, las esmeraldas, las pieles de tigre y todos los vestidos hermosos que las tejedoras hacían, pero ella ni siquiera se emocionaba al verlos. Solo suspiraba tristemente.
Solo quería volver a ver la sonrisa de un chico de cabello naranja, sentarse junto a él frente al arroyo y ofrecerle sus más hermosas melodías. Pero como sabía que nada de esto ya era posible, se resignaba a su cautiverio. Aunque en lo más profundo de su alma esperaba que algún día el príncipe Ichigo fuera a rescatarla.
Los días pasaron y Ulquiorra cada día se enamoraba más de Cenzontle, como la llamaba, así que decidió casarse con ella. Para ello preparo una gran fiesta para presentarla ante el reino y para agradecer a los dioses por haber encontrado a tan bella mujer.
En la fiesta de agradecimiento hubo oloroso copal en los incensarios, se repartió néctar de flores, así como de otras sustancias, y por último se sirvió un espumoso y dulce liquido de cacao. Sin duda, Cenzontle destacaba por su gran belleza entre todos los participantes. Vestía un hermoso traje confeccionado con las más finas telas, regalo del rey Aizen.
Y aunque los invitados la adulaban y le hacían preguntas, ella no contestaba, solo se limitaba a esbozar una pequeña y fingida sonrisa.
―Cenzontle, me lastima verte así. ―le dijo Ulquiorra en un momento que quedaron solos durante la fiesta. ―Yo te he ofrecido todo lo que tengo y todo mi amor y aun así tú sigues triste. ¿Qué puedo hacer para que me quieras?
Pero la chica no contestó, giro la cabeza para ver el patio a través de una ventana. Eso era lo que deseaba, ser libre, volver al bosque donde era feliz entonando bellas canciones.
―Eso es lo único que no puedo darte. ―le dijo él. ―No quiero que te alejes de mí. ―le dijo, ella lo volteó a ver con tristeza. ―Yo hare que me quieras. ―le dijo y mientras la besaba, las lágrimas de Cenzontle le recorrían las mejillas.
El festejo duró tres días. Al término, Ulquiorra se desposó con la encantadora Cenzontle.
A pesar de todos los regalos que le ofrecía su esposo, Cenzontle no era feliz. Pasaba los días postrada en el umbral de su palacio sin pronunciar una palabra. Solo por las noches cuando le cantaba a la luna podía sentirse un poco mejor. Ella seguía añorando su libertad, recorrer los bosques junto a Ichigo, no había día que no pensara en él. A veces por las mañanas, pensando en él, entonaba alguna alegre canción y era en ese momento cuando los sirvientes del palacio o el mismo Ulquiorra se sentían más alegres pues pensaban que por fin ella dejaría de estar triste, pero Cenzontle al terminar de cantar volvía a ser la misma chica triste, solitaria y sin ganas de nada.
Cierto día, Ulquiorra tuvo que partir a una expedición hacia las fortificaciones de un reino lejano pues tenía que cumplir una misión militar.
―Cenzontle, tengo que ir a una misión. ―le dijo él a su esposa. ―pero regresare muy pronto. Espérame. ―le dijo y besó sus labios. Pero Inue no correspondió a su beso, como siempre. A pesar de que él era bueno con ella y le ofrecía todo, ella no lo podía amar, su corazón siempre le pertenecería a su amigo de la infancia, a su amado príncipe Ichigo. Además tampoco podía olvidar que él la mantenía cautiva en ese palacio.
Ulquiorra dejó a su mujer a cargo de sus esclavos y se encomendó a los dioses para llegar con bien a su destino.
Después de varios días cuando la expedición avanzaba cerca de los bosques que colindaban con el rio de las Mariposas, cerca de Karakura, Ulquiorra escuchó un hermoso canto que le pareció conocido. De inmediato ordenó desembarcar y se adentró en los espesos follajes. En el sitio donde se entonaba la melodía, descubrió parado en una rama un insignificante pajarillo de color gris, que huyó despavorido al verlo acercarse sigilosamente.
La caravana cumplió su misión y meses después iban de regreso a su hogar. Al llegar a su palacio. Ulquiorra fue recibido con la terrible noticia de que Cenzontle había muerto.
Una tarde nublada Cenzontle había fallecido y su alma se convirtió en un hermoso pájaro que emprendió el vuelo hacia la lejanía emitiendo tristes y desgarradoras notas. Ulquiorra, dolorido, recordó el pájaro que había visto meses atrás junto a las aguas del rio y sufrió mucho al saber que su mujer se había alejado de sus brazos para siempre.
Frente al arroyo y sentados en una piedra se hallaban las figuras de un hombre y una mujer abrazados.
―¿Todavía no hay noticias de tu hermana? ―preguntó la chica de cabello negro y la que tenía un abultado vientre de cuatro meses de embarazo.
―No. ―dijo triste Ichigo. ―Desde aquel día no la he vuelto a ver, y por más que la hemos buscado no la encontramos.
De repente una bella y alegre canción inundó el lugar.
―¿Orihime? ―Ichigo se sorprendió al oír la melodía y busco a su hermana alrededor. Se sorprendió al posar la vista sobre un pequeño y lindo pájaro gris.
El pajarillo se posó sobre el hombro de Ichigo y entonó otra canción aún más bella, después de que Ichigo le sonriera tomó vuelo y se perdió entre los pinos del bosque.
―¿Qué fue eso? ―preguntó confundida Rukia.
―No lo sé con exactitud. ―contestó Ichigo. ―Pero de repente sentí que Orihime está en un lugar mejor y que es feliz. ―dijo Ichigo a un emocionado por el canto del pájaro. Luego regresó junto a Rukia y se fundieron en un tierno beso.
Orihime, reencarnada en un pájaro al que se le conoce como Cenzontle, cruzaba volando el bosque alegrando con su hermoso cantó a todas las personas que la oían. Por fin era libre de nuevo, por fin podría estar junto al hombre que amaba y ofrecerle hermosas canciones.
Desde ese día Ichigo tuvo la visita de un cenzontle todas las mañanas, que parado en su ventana le regalaba las más hermosas melodías que alegraban su corazón.
El nombre original de la historia es La Leyenda del pájaro de las cuatrocientas voces, el cenzontle.
¿Acaso pensaron que iba a haber Ichihime?, sinceramente espero que sí, porque ese era el plan XD. Pero no, poner algo así sería traicionar mis principios como Ichirukista.
Cuando leí esta historia automáticamente pensé en un Ulquihime, en la leyenda no cuentan porque ella estaba tan triste y no aceptaba el amor de su esposo, así que pensé que se debería a que ella ya estuviera enamorada de alguien más.
Es la primera vez que escribo una historia con Inue como protagonista, así que espero que me haya salido bien.
Huēyi Tlahtoāni: Expresión usada para referirse a los gobernantes, significa 'gran gobernante, gran orador'. El cargo se obtenía por herencia de padre a hijo o de hermano a hermano.
Cenzontle: Significa cuatrocientas voces.
Espero que les haya gustado la historia.
Saludos y que estén bien.
