Capitulo 10
POV EDWARD:
-Entonces ¿qué harás hoy?- mis fosas nasales se llenaron del horrible perfume de Jessica y bufé en mi interior.
-Enfermera, creí que habíamos pasado esta etapa- me giré y Senna estaba a unos pasos más allá de Jessica, viéndome con lo que tal vez sería una mirada de "lujuria"-, y la respuesta a tu pregunta es: saldré con mi novia.
Salí directo a buscar a Bella. Éstos días ella no había podido ir a dormir conmigo como lo veníamos haciendo desde esa primera mágica y espectacular noche, hace un mes. Ahora había ropa de ella en mi apartamento y cosas femeninas. El pensamiento de pedirle que se mudara conmigo rondaba mi cabeza, pero tenía miedo, sí, creanlo, yo tenía miedo de que ella me dijera que no.
Estábamos bien, y estos días sin ella se habían vuelto una tortura; sin abrazos, sin sonrojos, sin su risa... y maldición, sin su calor a mi alrededor. La extrañaba.
Llegué a la galería y le mandé un mensaje. La puerta tenía el cartel de cerrado. Esperé cerca de quince minutos, hasta que la vi con esa ropa de trabajo: falda apretada y ceñida a sus piernas de color gris y una franela sin mangas de color rojo. Cuando me vio su sonrisa dibujó su rostro al igual que la mía. Abrí mis brazos para ella y cuando su cuerpo entró en contacto con el mío me sentí de nuevo completo.
No le di tiempo a hablar, agarré su cara con mis dos manos, besé sus labios y una sensación cálida me recorrió entero. Su lengua pequeña y cálida se rozaba con la mía. Mi pene estaba duro, así que bajé la intensidad del beso y la apreté hacia mí.
-Te extrañé- dijímos los dos al mismo tiempo.
-¿Cómo estás, nena?- le pregunté soltándola para abrirle la puerta del carro.
-Bien, aunque te he extrañado a montones.
-Yo también, Bella, yo también- puse su mano en mi pierna y conduje al restaurante hablando de nuestra semana.
Mi polla se negaba a relajarse; seguro que se me marcaría el ziper, pero no me molestaba, aunque obvio tenía ganas de ella. Escucharla hablar de su trabajo era también un placer.
Para el momento que íbamos en el ascensor que había en mi apartamento, ese placer había sido satisfecho, así que la agarré de la cintura y la subí a mi hombro.
-¡Edward!- gritó entre risas.
Abrí la puerta y entonces todo lo demás se desdibujó. Solo existia ella junto a mí, besándonos, amándonos y yo empujando en ella, mientras sus jadeos y los míos llenaban la tarde.
...
A las 6:00 pm ambos caímos rendidos y pude dormir, pues ella estaba en mis brazos. En su lugar.
Un sonido, no sabía cual, se escuchaba en el fondo de mi mente. Bella se removió y se apretó más a mí. Pasé un brazo por su espalda y la apreté, besé su cabeza y la solté. Con cuidado me levanté; todo estaba oscuro. Solo la luz del pasillo alumbraba mi camino hasta la sala, donde en el piso, junto a la puerta, habíamos dejado los abrigos. Revisé los bolsillos hasta que di con el teléfono de Bella y contesté.
-¿Sí?
-¿Hola, Bella?
-No, soy Edward, ¿quién habla?- la voz del hombre se escuchaba medio raro.
-Oh, eres el novio, soy Martín, su compañero de trabajo. ¿Sabes? ella siempre habla de ti; en fin, sé que es tarde, pero Bella necesita estar mañana temprano en la galería. Renée quiera verla. Vio unas fotos. ¿Le dirás?
-Sí, claro, ¿Martín?- a juzgar por su voz sería Martina. Me reí de mis propios pensamientos.
Vi la hora en el teléfono. Las nueve de la noche. Tanto raro dormimos...
Recordaba llegar a casa a las tres, bueno, aunque no fue todo dormir. Bella, maldición, ella era tan deseable...
Para su salud y la mía, dejé los teléfonos en la barra de la cocina y me dispuse a preparar unos sanwich de pollo y mayonesa con tomate. Serví dos vasos de leche y me fui a despertar a mi hermosa. Ella dormía profundamente con su espalda descubierta. Puse la bandeja en la mesita de noche y comencé suavemente a besar desde el inicio de sus nalgas. Ella hacía sonidos graciosos. Cuando llegué a su cuello retiré el cabello y ella estaba riendo.
-Despierta, amor.
Poco a poco abrió sus ojos y...
-Hola-... su voz hermosa estaba ronca.
-Es hora de comer- comencé a decir pero ella se dio la vuelta y sus redondos pechos, los cuales, habían pasado a ser mi talón de Aquiles, quedaron a la vista. Tanto así son mi debilidad, que Bella podría pedirme que me lanzara de un avión en vuelo sin paracaidas solo con mostrarme esos pechos blancos crema adornados con ese pezón rosado, el cual se ponia duro cuando solamente los veía. La risa de Isabella me trajo de mi hechizo y sentí su mirada a mi polla sin cubrir. Negó con la cabeza y se levantó al baño aún riendo-. ¿Sabes que daña mi ego que te rías de mi pene así?- su carcajada se hizo mayor.
Entró de nuevo al cuarto. Su cabello cubria sus senos y las puntas rozaban su ombligo. La senté en mi regazo y comimos en un silencio agradable.
-Oh, lo olvidaba; te llamó Martín.
-¿Qué dijo?
-Que mañana debes estar temprano en la galería. Que Renée quiere hablar contigo.
-Oh. Entonces tengo que irme- dijo levantándose de mi regazo y salió corriendo por todo el cuarto recogiendo su ropa. Esto no era lo que yo queria. Me levanté y la volví a sentar en mis piernas.
-Nena, cálmate. ¿Por qué debes irte?
-Porque no tengo ropa del trabajo aquí, Edward, y voy a conocer a Renée.
-Tienes ese traje negro que usaste el lunes que te quedaste- comencé a besar sus hombros-. Quédate, duerme conmigo- pasé mi lengua por su cuello y la sentí relajarse. Le quité su ropa de las manos, la acosté en la cama y la besé antes de que hablara.
Una hora después estábamos tratando de regular nuestra respiración. Después del cuarto orgasmo de la tarde/noche que habíamos estado haciendo el amor, acomodé a mi hermosa en mi hombro y viendo sus ojos supe que jamás volvería haber otra mujer como ella para mí.
La amaba con la fuerza de un ciclón y el pensamiento de que se mudara conmigo vino con más fuerza esta vez, y solo salió de mi boca.
-Ven a vivir aquí, conmigo- su sonrisa se borró. Se inclinó en su codo dejando su cara al nivel de la mía.
-¿Qué dijiste?
Viendo su cara seria tuve miedo.
-Que te mudes conmigo- le volví a decir-. Nena, amo dormir contigo. Me gusta los días que vienes directo del trabajo para acá y cuando llego del hospital estás leyendo en mi sofá. Quiero eso, Bella, y lo quiero contigo amor. No es solo por el sexo, aunque maldición, somos buenos en eso- ambos reímos-. Solo quiero que sea siempre, ver tus cosas aquí, saber que estarás aquí... Bella, te amo como jamás nadie a amado ni han escrito. Preciosa, eres todo lo que quiero- sus ojos estaban aguados. Besé su boca suavemente, solo pequeños roces.
-Sí- dijo suavemente-, sí me mudaré contigo. Yo quería, solo que... no sé, pensé que era pronto. Amo esperar que llegues del trabajo o que me estés esperando cuando yo llego. Te amo Edward, y sí, tienes razón, nadie a escrito este tipo de amor que nos une.
-Te amo- la dije besando de nuevo sus labios. Luego la acosté en mi pecho y me dormí en paz. Paz que conocía desde que ella volvió a mi vida.
...
Desperté de nuevo y estaba solo en la cama. Llamé a Bella, pero no se escuchaba nada. Entré al baño y allí, en el espejo, escrito con labial rojo, decia:
"TE AMO DORMILÓN. TE VERÉ A LAS CUATRO".
Ella me vería porque vendría a dormir otra vez.
"Sí, prepararé algo especial".
Tenía que ver a Esme.
POV BELLA:
Estaba emocionada, estasiada.
Iba de camino al trabajo en un taxi y no hacia más que pensar en que me iba a ir a vivir con Edward. Era emocionante saber que aunque llevasemos poco tiempo juntos, parecía que llevabamos mucho tiempo.
Al momento dudé, pero recordé las palabras de Jasper...
+++Flash Back Mode On+++
-Bella, no tengas miedo a lo que vives con Edward.
-Pero Jass, no quiero separarme de ustedes. Ya ves que Rose está molesta, porque ahora entre el trabajo y Edward no nos vemos como antes- realmente me sentía mal por eso. Ella era mi hermana. No quería decidirme entre ella y Edward porque entre mi lealtad y hermandad versus amor, mi corazón iba ganando.
-Ella está feliz de que seas feliz, Bella. Solo está triste y celosa- iba a contestar, pero Rose entró a la cocina.
-Celosa- dijo-, estoy celosa porque estoy acostumbrada a tenerte cerca siempre- Jass y yo la miramos fijamente-. ¡¿Qué?! No me vean así, no es como si estuvieran hablando en privado. Están en la cocina.
-Ya, Rose- me acerqué a ella-. En verdad, chicos, siento de corazón no pasar tanto rato con ustedes, pero...- tan rápido, que no lo vi, Jasper tapó mi boca.
-No te disculpes, Bella, es normal que estés con él. Diré esto una sola vez, pero me alegro que sea Edward- Rose y yo reímos porque ambas sabíamos que no odiaba a Edward, solo que le gustaba jugar al hermano mayor-. No me gusta ese Jacob que cada vez que te ve parece que va a brincarte encima- me estremecí, porque yo también lo pensaba-. Así que Rose dejará de ser tan ella, y tú seguirás siendo feliz.
-Sí, Bella, solo estoy celosa. Eres mi hermana y estoy feliz de verte feliz al fin.
-Gracias, ¡los amo!- estaba llorando.
-Sí, además, estoy seguro que te irás a vivir con él algún día.
+++Flash Back Mode Off+++
... y tuvo razon.
Llegué al trabajo con tiempo. Entré y dejé mis cosas debajo del mostrador y fui al comedor. Martín estaba sentado con su té y al verme sonrió como el gato que se comió al canario.
-Hola, Belli-Bell.
-Buen día, Martín.
-¿Y esa sonrisa? ¿Acaso el buen pedazo de homber que tienes te hizo feliz?- dijo moviendose arriba y abajo en la silla.
-Siempre lo hace- le dije bebiendo de mi café-. Me voy a mudar con él- le dije como si no fuera nada y él escupió su amado té de naranja.
-¡Perra, lo sabía! Desbordas azucar cuando hablas de él; y son tan calientes cuando se besan las veces que viene a buscarte...- mi cara ardia. Seguro estaba roja-. Me alegra, Bella.
-Yo también estoy feliz. Hoy, después del trabajo voy a hablar con Rose y Jass.
-Hablando de ese rubio... ¿segura que es heterosexual?
-Sí, estoy segura.
-Es una lástima- su cara de pesar era tan cómica.
-Para ti, Martín, para ti. Estoy segura que las mujeres lo agradecen.
-Eres tan cruel, Isabella- entre risas salimos del comedor.
-Oye, Mar, ¿sabes por qué estoy hoy aquí en sábado; mi día libre?
-Renée vio tus fotos- me quedé muda. No sabía que decir y no entendía porqué o como las había visto.
-Dejaste tu folio aquí anoche- dijo mostrandome mi carpeta con fotografías-. Ella vino después que te fuiste y dijo que eran realmente buenas.
-¡Oh! ¿En serio dijo que eran buenas?- él me sonrió.
-Bella, te dije que son geniales. ¿Crees qué una mujer como Renée, amante del arte, va a pensar que no lo son?
-No lo sé, Martín. No lo hago como profesión, pero me gusta.
-Bueno, ella cree que tienes un don.
Él se fue a su puesto de trabajo, pues era restaurador de pinturas antiguas y recién había llegado un lote, y me dejó allí sola y nerviosa. En los dos meses de estar trabajando acá no había conocido a Renée, pues su mamá estaba enferma.
Me dispuse a prender las luces de los cuadros a la venta y me volví a mi mostrador a ver mis fotos.
Estaba viendo la foto de una niña de la calle que estaba sentada en el muelle viendo a las familias con sus hijos correr, reír... En sus ojos se veía el anhelo, el deseo de ser hija de alguna familia, pero en ella no había rabia ni odio.
-Es una foto perfecta. Enmarca el anhelo- dijo una voz suave-. Hola, soy Renée- me quedé muda. Ella era como Emmett, pero su cabello era marrón. Un tirón en mi ser me hizo sonreir. Antes de hablar, ella me la devolvió. En mí había un montón de cosas que no sabría decir que eran. Era como si esa voz la hubiera escuchado antes.
Sacudí mi cabeza y respondí.
-Mucho gusto, Sra Renée. Soy...
-Isabella, ¿cierto? Disculpa, es que Emmett y Rosalie hablan mucho de ti, y Esme también- mis cachetes estaban calientes. Seguro que estaban como un tomate.
-Lo que diga Esme, exagera, y bueno, para lo que diga Emmett, yo tenía una razón- ambas sonreímos.
-Bien, Isabella, le dije a Martín que te llamara porque tienes en ese carrete arte como no he visto en mucho tiempo. Un don es lo que tienes. Pude ver en tus fotos que no son solo tomas, si no que hay pasión. Entiendes los sentimientos que capturas.
-Yo... Vaya, no sé que decir. Solo me gusta fotografiar.
-Por eso eres tan buena en ello. No porque necesites una buena toma para ello, si no porque a ti te gusta esa toma.
Después de hablar con Renée sobre una posible y muy segura exposición, mi ánimo ya de por sí genial, subió hasta la estratosfera. Martín me felicitó y me dijo que él ayudaría a Renée.
Salí justo a las cuatro, y como casi siempre, menos cuando tenía turno, Edward estaba recostado en el Volvo. Su cabello estaba secado al viento en direcciones contradictorias, seguro por pasarle sus manos.
No lo pensé y corrí hacia él.
-Woow, nena, también te extrañé- dijo besando mi cabeza. Me separé de él y dejé mi bolso en el asiento del carro. Sin hablar volví a abrazarlo y lo besé. Ésta emoción que tenía debía ser expulsada o sentida de alguna manera ¿y que mejor que fuera con mi novio?-. Te amo- dijo suave cuando poco a poco separamos nuestros labios.
-Te amo- tomé aire-. Tengo noticias.
-Amor, puedes decirme lo que sea, Bella, lo que quieras, nena, pero respira, ¿si?- pidió y pude ver la angustia y lo hice. Respiré profundo.
-Hablé con Renée y ella, ¡ella quiere exponer algunas de mis fotos!- lo perdí. A las dos últimas palabras terminé gritando y brincando en los brazos de Edward, quien al terminarme de oir me cargó y dio vueltas conmigo.
-¡Es fantástico, hermosa. Felicidades!- dijo y luego me volvió a besar. El roce se fue volviendo exigente. Sentí las manos de Edward aplanarse en mis caderas y las mías estaban en su cabello-. Debemos parar justo ahora, Bella- dijo poniendo su frente contra la mía-. Estoy muy orgulloso de ti. Ahora la celebración será doble.
-¿Doble?
-Sí. Tú solo confía en mí, princesa.
-¿Me llevas con Rose y Jass?
-Te llevaré a cualquier parte, en cualquier lugar y momento. Te amo.
-Te amo, Edward.
Hola chicas, esperamos que hayais pasado unas felices fiestas, una buena entrada a este año 2015 y que os haya gustado el capitulo.
Besitos =)
