Entre leones, peces, escorpiones y…¿vacas?
- Te digo que no es una buena idea. -refutaba el Patriarca Shion.
En la Cámara Patriarcal los tres santos de mayor rango del Santuario se encontraban reunidos conversando del futuro de los aprendices de santos dorados. El Santo Padre se había enfrascado en una discusión con Aioros de Sagitario acerca de cierto viaje que el arquero quería realizar con los niños.
- Piénselo bien su Santidad, será una experiencia enriquecedora para ellos. -insistió Aioros.
Saga de Géminis se mantenía al margen de la conversación, en el fondo sabía que era suficiente con Aioros para persuadir al Patriarca; si algo sabía hacer el santo de Sagitario era convencer a los demás para seguirle. El hombre más cercano a Atena se cruzó de brazos y apoyó su espalda en el respaldo de su trono.
- ¿Podrías explicarme Aioros cómo es que una visita al zoológico de Atenas puede ser edificante para nuestros jóvenes educandos? -preguntó seriamente.
- ¡Ah! Pues porque podrán aprender acerca de la organización de los animales, sus especies, sus hábitats, además esto les inculcará una conciencia ecológica y despertará su interés en el medio ambiente. -respondió convencido el santo de Sagitario.
- Entonces tu insistencia no tiene nada que ver con que Aioria esté llorando que quiere conocer un león de verdad. -dijo el Papa con una sonrisa en los labios.
- Este…pues no…digo, tal vez… -intentó responder el señor de la novena casa visiblemente avergonzado al verse descubierto.
Una carcajada escapó de la garganta de Saga ante la accidentada reacción de su colega. Era obvia que su amigo haría cualquier cosa por ese pequeño león, inclusive discutir con el santo padre. Por un momento las risas cesaron y dieron lugar a la nostalgia, si tan solo él hubiera sido capaz de hacer lo mismo por su hermano…no, no había lugar para arrepentimientos. Trató de olvidarse de esas ideas y volvió a enfocarse en la plática de los otros dos santos.
- Señoría, si me permite intervenir. -interrumpió Saga.- La idea de mi amigo puede ser algo…diferente, sin embargo es bien intencionada. Ellos apenas son unos niños, y dentro de poco no tendrán tiempo para nada más que estudio y entrenamiento.
- ¿Tú también apoyas esa loca idea, Saga? -preguntó sorprendido el Patriarca.
- Sí. -respondió el geminiano mientras miraba con una sonrisa a Aioros.
- Pues no queda otra opción más que permitirles llevarlos a Atenas… .el rostro de Aioros se iluminó al escuchar las palabras del Santo Padre.- …Pero deberán ir acompañados por Shura, Máscara y Afrodita. -ordenó el antiguo santo de Arie.s- Controlar a los seis aprendices dorados no es tarea fácil.
- No se preocupe, nos haremos cargo. -sentenció un emocionado santo de Sagitario.
La siguiente mañana, los chiquillos se alistaron desde muy temprano para su primera salida del Santuario. El grupo se reunió en la entrada de la casa de Aries, donde se podía ver sentados en las escalinatas a los seis niños y, de pie junto a ellos, estaban Saga, Aioros y Shura.
- ¿Dónde diablos están Máscara y Afrodita? -preguntaba ansioso el santo de Capricornio.
- Ya deben estar al llegar. -respondió con algo de preocupación Saga mientras con su pie golpeaba el piso e señal de impaciencia.
Pero Shura y Saga no eran los únicos ansiosos de empezar el día.
- Hermano, ¿podemos irnos ya? -preguntaba el leoncito mientras jalaba la camisa del de la sagita.
- Aún no Aioria, tenemos que esperar por Máscara y Afrodita.
- No entiendo porque tenemos que llevarlos a ellos. -refunfuñó el niño cruzándose de brazos a lo cual su hermano no pudo hacer nada más que sonreír.
Trascurrieron un par de minutos antes de que pudieran divisar al santo de Piscis quien traía a rastras a un malhumorado cangrejo.
- Disculpen la tardanza, tuve que "convencer" a Mascarita para que nos acompañara. -se excusó con ironía el dueño de la última casa.
Tres pares de miradas asesinas se fijaron en Cáncer, quien les dio la espalda y comenzó a descender los escalones con rumbo a la salida del recinto sagrado, seguido unos pasos detrás por el resto de la comitiva.
Un par de horas después los santos dorados llegaron al zoológico de Atenas en compañía de los aprendices. Los chiquitos abrían los ojos lo más que podían, todo lo que veían era tan colorido, tan vivo, tan vibrante para ellos que estaba acostumbrados a la simpleza y sobriedad del Santuario.
- ¡Increíble! -gritaba emocionado el escorpioncito alzando las manos.
Sin pensarlo más, Milo emprendió la carrera hacia un vendedor que sostenía en sus manos varias docenas de globos de diferentes colores. No había avanzado más que unos pasos cuando sintió que alguien le atrapaba por la cintura y le levantaba del suelo. Aquel no era otro más que Saga, quien adivinando las intenciones del pequeño se había apresurado para detenerlo antes de que se perdiera entre la gente.
- Tranquilo Milo. -le dijo comprensivamente el Santo de Géminis.- Recorreremos juntos el zoológico. No te separes de nosotros o podrías perderte.
El niño solo miró a Saga con una cara de "yo no fui" logrando sacarle una sonrisa al geminiano.
- Muy bien… -explicó Aioros.- No quiero que ninguno de ustedes se quedo solo, podrían perderse en este lugar ¿entienden niños? Todos deberán tomar la mano de uno de sus mayores, si quieren o necesitan algo avísenle a su acompañante.
Rápidamente los niños buscaron a uno de los santos para que les haga compañía. Aioria se trepó como pudo en los hombros de su hermano, mientras que Shaka se colgaba de la mano del Santo de Sagitario. Por su parte Milo ya había acaparado por completo la atención y el tiempo de Saga, el de la segunda casa no se daba abasto tratando de cuidar al joven escorpión. Shura agarró de la mano a Mu, estaba seguro que de todos los niños el pequeño de Aries era el más fácil de cuidar y vigilar. Aldebarán apretó fuertemente la mano de Afrodita y casi casi comenzó a arrastrarlo para que avanzara al mismo ritmo que el resto del grupo, el pobre santo de Piscis intentaba a duras penas seguirle el paso al pequeño gigante del Santuario.
Camus y Máscara de Muerte se miraban recelosos, ninguno de los dos estaba dispuesto a pasar tiempo con el otro. El de Cáncer se cruzó de brazos mientras que el acuario metía las manitas en los bolsillos de su pantaloncillo.
- Ni pienses que voy a agarrarte de la mano, mocoso. -le dijo de mala gana Máscara.
- Pues ni sueñes que pensaba pedírtelo, idiota. -le respondió sin miedo Camus.
- ¡Camus! -gritaron a coro Aioros y Saga que había escuchado la respuesta impertinente del chiquito.
- ¿Qué? -fue la respuesta de un "inocente" santito de Acuario.
Después de matar con la mirada a Máscara de Muerte, Shura regresó para tomar de la mano a Camus. No podía permitir que alguno de esos chiquitos se extraviara en el zoológico, "¿qué tan difícil puede ser cuidar a Mu y a Camus?" pensaba el santo de Capricornio, "Nada comparado con cuidar a Milo".
Sin más miramientos comenzaron a recorrer el zoológico. La primera parada fue el recinto de las jirafas que pastaban acompañadas de algunas cebras.
- ¡Wow! ¡Miren! ¡Unas vacas con rayas en lugar de manchas! -gritó a todo pulmón el escorpioncito apuntando con su dedito a las cebras.
Varios de los paseantes voltearon a ver entre risas al grupo de santos quienes apenados se hicieron a los desentendidos ante el comentario de Milo. Saga, quien sostenía al niño de la mano había adquirido el color de un tomate ante las miradas y risas de los demás.
- Milo, esas no son vacas son cebras, tonto. -le respondió el niño de Acuario.
- ¡Ahh! Pues para mi parecen vacas. -insistió el santito sacándole la lengua a su amigo.
- Son cebras, Milo. -le dijo entre dientes Saga.
- ¿De verdad? -contestó el escorpioncito a Saga con cara de sorpresa.
Visitaron a los venados, los mapaches, las panteras y por fin llegaron a la muy esperada jaula de los leones. Un enorme león africano con su impresionante y brillosa melena dormía plácidamente bajo el cálido sol del mediodía. Junto a él tres leonas jugueteaban con un par de cachorros que traviesamente brincaban sobre ellas y se mordisqueaban los unos a los otros.
- ¡Bravo! -gritó emocionado el joven cachorro dorado aplaudiendo.
- ¿Te gustan los leones? -decía con una enorme sonrisa el Santo de Sagitario.
- ¡Me encantan!
- Y pensar que algún día vas a ser como ese impresionante león. -decía Shaka viendo asombrado al enorme ejemplar.
El gatito hinchó el pecho de orgullo ante el comentario de su vecino de casa, él sería igual de poderoso que el rey de la selva. A la derecha de la jaula encontró un cartel con información referente a los leones, por lo que el niño comenzó a leer la ficha.
Unos instantes después el pequeño león dorado comenzó a lloriquear sin razón aparente.
- Aioria, ¿estás bien? -preguntó Shura.
- ¿Qué? ¿Qué te pasa? -decía Aioros mientras bajaba al niño de sus hombros.
- Ya no quiero ser un león. -decía entre sollozos el pequeño.- Ahí dice que los leones solo duermen y que las que hacen todo son las leonas. -continuó mientras apuntaba al letrero que acaba de leer.
Saga, Shura y Afrodita se acercaron curiosos a leer la ficha de los leones.
- ¡Yo no quiero dormir todo el día! ¡Eso es aburrido! -lloraba ante la atenta mirada de sus compañeritos.
- Ya cálmate, Aioria. -le intentaba tranquilizar Mu.- Dormir no es tan malo.
-¡Pero yo no quiero!
Desesperados por el llanto del niño, los santos mayores no buscaban como tranquilizarlo para que dejara de llorar. Aioros se rascaba la cabeza, Shura estaba de cuclillas dándoles palmaditas en la espalda a Aioria, Afrodita estaba de pie mirando la escena con preocupación, Máscara ni siquiera se molestaba en acercarse y Saga…bueno, Saga intentaba domar a Milo quien se entretenía imitando a los monos de una jaula cercana ante las risas de los visitantes que pasaban por ahí.
- ¡Ya sé! -exclamó el de Sagitario.- Quizá tu puedas ser el primer león que realmente hace algo más que dormir ¿no sería genial? -le dijo a su hermanito.
- ¿El primero dices? -preguntaba el futuro santo de Leo secándose las lágrimas.
- ¡Sí! ¿Te imaginas? -decía Shura siguiéndole el juego a su amigo de la novena casa.
- Creo que podría hacerlo. -respondió el niño algo pensativo.
- ¡Excelente! Ahora continuemos con el paseo. -habló emocionado Aioros, se habían librado de un problema.
La siguiente parada era el acuario del zoológico. El enorme edifico azul albergaba cientos de peces. Justo en el medio, un estanque contenía varias especies de colores muy llamativos y brillantes, que inmediatamente atrajeron la atención de los santitos.
-Me gusta ese pescadito naranja que no deja de moverse-decía Shaka -Ojala se quedara quieto para que pueda verlo mejor.
-No te preocupes Shaka, lo congelaré para que puedas verlo mejor-le comentó Camus mientras metía las manos al estanque con la intención de congelar el agua.
-¡No!-gritaron a coro Aioros, Saga, Afrodita y Shura.
Este último alcanzó a jalar a tiempo al acuariano alejándolo del estanque para evitar un homicidio masivo de peces.
- Camus, ¿Qué crees que estás haciendo? -le dijo Shura al niño de Acuario, detrás de él los otros santos observaban.- ¿Acaso querías matar a todos los pececitos?
- No, nada más los iba a congelar para que pudiéramos verlos mejor.
- Eso no esta nada bien, Camus. -le reprendió Shura.
- ¿Y comérselos sí? Por que eso es lo que acaba de hacer Alde. -se defendió Camus apuntando al santo de Tauro.
Los cuatro santos volearon hacia el enorme niño de Tauro quien tenía la boca llena y les miraba haciéndose al inocente.
- ¡Alde, escupe ahora mismo a ese pobre pez! -le dijo Afrodita mientras lo arrastraba como podía al borde del estanque para que sacara de su boca al pececito.
Después de escupir al pez de vuelta al estanque, los santos se apresuraron a salir del acuario para evitar pasar más vergüenzas dentro del lugar. La siguiente visita: el serpentario.
En un enorme pasillo cerrado varias vidrieras contenían algunas de las especies más peligrosas de reptiles y de insectos. Lógicamente el escorpioncito se sentía feliz en ese lugar rodeado de los animales que tanto le gustaban.
- ¡Ew! ¡Ese animal se esta comiendo a una araña! -dijo con asco Afrodita.
- Es un alacrán. -dijo Mu observando al bicho del otro lado del cristal mientras devoraba a su cena de ocho patas.
Abriéndose paso entre todos el bichito del Santuario se aproximó lo más que pudo para observar tan "hermosa" escena.
- Que ignorantes son. Ese es un escorpión Centruroides noxius, una de las especies más venenosas del mundo. -dijo extremadamente seguro Milo y luego continuó.- Cuando sea más grande me voy a comprar uno de esos.
Todos miraron con cara de sorpresa al pequeño niño de cabellos azules, vaya que les gustaban los escorpiones al punto de conocer las especies por nombre científico y por apariencia. Para ellos, todos esos bichos se veían iguales lo cual hacía más meritoria la observación de Milo.
- Que suerte que yo no voy a ser su vecino. -comentó Piscis viendo de reojo a Aioros y continuando su camino.
Así recorrieron todo el zoológico hasta que ciertos ruidos en el estómago de Aldebarán los pusieron al tanto de que no habían comido nada desde la mañana y ya era bastante tarde. Por suerte ninguno de los niños se había quejado puesto que estaban muy entretenidos disfrutando del paseo, pero la hora de la comida había pasado hacía varias horas.
Salieron del área de animales con rumbo a la food court donde ubicaron un local que vendía hamburguesas y hot dogs. Tenían sus dudas acerca del efecto de la comida en los chiquitos del zodiaco, con las energías renovadas solo Atena sabía de lo que podían ser capaces, pero no tenían otra opción más que alimentarlos.
Pidieron hamburguesas para cada uno de ellos, y se las arreglaron para que el señor del restaurante les sirviera una improvisada ensalada para Shaka que era vegetariano. La comida transcurrió sin novedades, hasta que Alde decidió usar la camisa favorita de Afrodita como servilleta. Un par de manitas de mostaza adornaban la espalda del santo de Piscis.
- ¡Mi camisa favorita! -decía desesperado el santo de la última casa mientras Shura intentaba quitarle la mancha con una servilleta.
Desafortunadamente solo consiguió que la mostaza se esparciera más en la camisa, haciendo más evidente la acción del toro dorado.
- ¡Vale tío! No hay manera de salvar tu camisa, tendrás que comprarte una nueva. -dijo Capricornio concediéndole la victoria a la mancha de mostaza.
- ¡Te equivocas! -exclamó contrariado Afrodita-Aioros y Saga me van a comprar otra ¡Venir a este lugar fue SU idea!
Los pobres chicos de Sagitario y Géminis solamente suspiraron bajando la cabeza. Fue un día muy largo y aún faltaba el regreso al Santuario, de hecho, sería mejor regresar en ese momento para que la noche no les tome desprevenidos.
- Es hora de regresar a casa niños. -dijo Aioros.
- ¡No!-dijeron los niños al unísono.
- Me temo que sí. El Patriarca nos dijo que regresemos ante de que anochezca y no debemos desobedecerlo, de lo contrario no nos volverá a permitir traerles. -les explicó Saga.
Sin nada que refutar ante el comentario de Saga los chiquillos se dirigieron a la salida del zoológico. Estaban felices de haber podido conocer tantas cosas nuevas para ellos, aquel día seguramente permanecería en sus mentes para siempre.
El pequeño león dorado iba sujeto de la mano de su hermano mayor, caminando a su lado se sentía tan importante como lo era Aioros. De pronto recordó algo que quería comentarle al arquero.
- ¿Sabes Aioros? -dijo.
- ¿Qué pasa? -le respondió intrigado el mayor.
- Hoy descubrí por qué Máscara no quería venir con nosotros al zoológico.
- ¿De veras? ¿Y por qué? -preguntó sonriendo Sagitario.
- Pues porque en este zoológico no había cangrejos para que vea. -respondió seriamente el niño.
Tanto Aioros como los demás santos que escuchaban la conversación intentaron no reírse de la observación del gatito.
-Sí, creo que tienes razón. -contestó el joven santo sonriéndole.
Caminaron unos cuantos metros más en completo silencio. El sol comenzaba a teñir el cielo de naranja y las nubes brindaban ese hermoso color gris que suelen tener durante el atardecer.
- Hermano… -volvió a hablar el chiquito viendo al de la novena casa.
- ¿Qué pasa ahora Aioria? -respondió mientras le observaba.
- Gracias, muchas gracias por atraernos.
-FIN-
NdA: Estoy de vuelta. Esta vez traigo una historia no muy corta (demasiado larga en realidad jeje) pero que en lo personal me gustó mucho. Ojala les haya gustado y agradezco mucho sus reviews.
Agus y Moony nuevamente gracias por tomarse el tiempo de seguir mandándome sus comentarios y a Luna-sj me alegra que te hayas divertido con las travesuras de los santitos.
Sunrise Spirit
