El tenso silencio dentro del carruaje real ponía incomodo a cierto rubio que estaba sentado del lado de la pelirroja. Tanto la reina como su caballero llevaban sin hablarse desde el incidente de Joan.
El grandulón libero un suspiro en señal de cansancio. No podía creer que después de esa experiencia tan cercana a la muerte por parte de su ex estudiante en vez de acercarlas las separo incluso más de lo que estaban antes de sus "accidentes" de los cuales estaba totalmente al tanto.
La reina de repente espeto -Sir Kristoff, espero que sepa controlar a su hermana en armas, no deseo ningún incidente en este torneo – por un momento hombre en su armadura con motivos de reno sintió una incontrolable necesidad de gritarles a ambas que lo dejaran a un lado y pudieran arreglar sus tontas diferencias de una buena vez, que ya no eran un par de niñas pequeñas y el no era el niñero ni el mensajero de ambas, pero se limito a hacer una sínica sonrisa diciendo desganadamente "si majestad".
Por su parte la pelirroja no aguanto más y de un golpe abrió la puerta del carruaje, saltando fuera y tomando el caballo de uno de los guardias, ordenándole que entrara al carruaje. Toda la escena fue observada por una estoica reina que ni siquiera mostro un ápice de enojo al ver al tímido guardia tomar asiento al lado de Kristoff.
-Tú y ella van a hacer que me salga una hernia – dijo el chico poniendo sus dedos índices sobre sus sienes masajeando lentamente.
-La única razón por la cual acepto tu comentario es porque estamos en un país extranjero sir Kristoff, sino ya habría mandado a castigarle tanto a usted como a su compañera en armas.
-Elsa, por el amor de los dioses, deja de comportarte como una niña y resuelvan sus diferencias. – una pequeña duda se deslizo por las frías facciones de la monarca.
-Más cuidado con su lengua sir Kristoff, tal vez nuestra reina decida congelársela – la voz provenía de una pecosa que claramente furiosa cabalgaba cerca de la ventanilla del carruaje.
-Tal vez debería castigarle ahora sir Anna y ver si puede pelear con una mano congelada – ambas hermanas se miraron con ira en los ojos pero más que eso era una mirada que relejaba lo heridas que ambas se sentían.
El guardia miro toda la escena hecho una pequeña masa temblorosa en un rincón del asiento, lanzándole una mirada de auxilio al rubio y este solo se limito a soltar un "por los dioses" mientras se llevaba las manos a la cara.
El viaje siguió tenso hasta la entrada del gran coliseo de Southern Isles, ya estaban allá así que debían guardar las apariencias, aunque eso significara seguir agrandando la herida entre las hermanas.
Hacia una semana, en la habitación de reina
Se sentía tan bien el calor emitido por algo suave a su lado. Un aroma familiar la hiso suspirar y acercarse más a la fuente de aquella agradable sensación. Aun con los ojos cerrados sintió unos dedos paseándose por sus cabellos, susurrando palabras suaves, como canticos antiguos, por un momento pensó que estaba en el paraíso.
"Esperen, ¿y si estoy muerta?", el pensamiento recorrió su mente como un rayo que corta el cielo durante una tormenta, haciéndola levantar de golpe para encontrarse con la estancia vacía, casi sin rastro de aquel calor que la mantenía en un limbo de suspiros.
Abrió y cerró varias veces los ojos, mirando alrededor, pudo reconocer que la habitación era de Elsa. También pudo ver que llevaba su ropa de noche y que el sol aun no había salido por el horizonte.
-¿Fue todo un sueño? – susurro para si en la oscuridad y noto como su aliento se materializaba en una tenue estela de vapor. Sabía que era invierno pero las habitaciones estaban constantemente cuidadas por los criados así que era casi imposible que la habitación estuviera fría por causas naturales, menos la habitación de la reina e incluso si ella estaba allí la posibilidad de un descuido por parte del personal a cargo era imposible.
Se levanto sintiendo su cuerpo ligero y descansado, por un momento pensó que había dormido para siempre "¿y aquella sensación? ¿Había sido un sueño también?", pero no tenía mucha certeza de los eventos ocurridos desde aquel baile.
Tomo una manta que estaba sobre la cama y camino lentamente hasta la puerta deteniéndose al sentir una corriente eléctrica elevarse por su mano, el pomo tenía una suave capa de hielo encima de él. Retiro la mano del frio metal mirándola detenidamente por un tiempo y comprendió todo en un segundo.
Elsa había estado en la habitación pro mucho tiempo "¿Cuánto tiempo abre estado dormida?" y como una epifanía todos los recuerdos se agolparon delante de sus ojos, supo que no era un sueño, recordó el mensaje, al demonio, a Joan, a Elenna, el beso. Libero un pequeño grito ahogado de sorpresa, aquel beso entre dos ángeles separados por las circunstancias y también recordó el mensaje de su amiga que por años la escucho dentro de la soledad a la cual fue condenada en su niñez.
"…no cometas el mismo error que yo Anna, dile a tu hermana lo que sientes, tengo un buen presentimiento de todo esto…"
Siempre confió en su intuición y en ese sentimiento arrebatador que se siente cuando la certeza esta delante de tus ojos. Ahora con las palabras de Joan frescas en su memoria giro el pomo con decisión, esta sería la noche en la que por fin su Elsa supiera la verdad y aun cuando una parte de su corazón quería huir despavorido, ocultándose para siempre y sufriendo en silencio, la pelirroja que ahora corría por el gran pasillo a toda velocidad con una gran sonrisa en el rostro solo deseaba ver a la dueña de sus suspiros a quien había decidido proteger con toda su alma.
Llego rápidamente a la puerta del estudio, por algún motivo del destino sus pies supieron donde llevarla y la luz que emanaba por el espacio que debajo la puerta contra el suelo era la confirmación que ella estaba adentro, seguramente trabajando, seguramente pensando. Su, mano firmemente se poso en la puerta pero antes de girarla pudo escuchar dos voces conversando o más bien comenzando a discutir. Decidió esperar y apoyar su oído contra la dura madera, no se había colocado nada en los pies por lo que el frio de la baldosa comenzaba a molestarle pero hiso caso omiso, conteniendo su respiración para escuchar mejor cerró los ojos para imaginarse que sucedía dentro de la estancia.
Del otro lado de la puerta la monarca sentada en su dura y firme silla de madera miraba al caballero del pueblo de los trolls, su mirada era tan fría que casi se sentía como congelaba su alma cosa que molestaba al rubio sentado incómodamente en la silla de madera en la cual le había convidado a tomar asiento.
Carraspeo tratando de cortar la incomodidad del silencio mientras se acomodaba nuevamente contra el respaldo como si algo estuviera molestando físicamente y rascándose torpemente la nuca abrió la boca para intentar decir algo pero la reina lo cayo con un cauto y pequeño "shh".
-No aceptare un no por respuesta – sentencio la rubia mirando fijamente a su interlocutor.
-Pues no es la respuesta que tendrás, no importa cuántas veces me lo pidas – si esas palabras hubieran salido de cualquier otra persona en ese preciso momento su cabeza estaría rodando por el suelo con una última expresión de horror en su rostro. En vez de esto la de piel tan blanca como la nieve se limito a apretar el entrecejo y poner su pulgar junto con su índice apretando suavemente la zona del puente de su nariz.
Estaba cansada y por ende irritable. Su pequeño rayo de primavera, su luz, su pequeña había dormido por cinco días sin mostrar signos de alguna pequeña mejoría, físicamente estaba perfecta y lo comprobó unas diez veces llamando al doctor real a todas horas solo recibiendo el mismo diagnostico de vuelta.
"Mi reina, ella está en perfectas condiciones, debe de existir un motivo por el cual no despierte pero nuestra medicina lo desconoce"
De no ser porque el profesional la amenazo con irse a otro reino en busca de un nuevo trabajo lo habría llamado otras diez veces más. Algo no encajaba en el puzle en su cabeza y eso era que su Anna seguía durmiendo plácidamente en su cama, mientras que ella solo la observaba contiendo sus emociones, poderes y lagrimas.
Salió de su pequeño transe levantando sus ojos azules mirando al rubio delante de sí. Este le devolvió la mirada con una mescla de tristeza, empatía y rabia. Las grandes bolsas bajo los gélidos ojos de su compañera de conversación le indicaron que había permanecido despierta o semi despierta todos esos días, vigilante y expectante ante cualquier cambio en la serena expresión de la pecosa.
-Elsa, aunque pudieras darme a cambio tus poderes de hielo no hare lo que me pides – levantando una de sus rubias cejas la miro en todo serio pero burlón – y no aceptare otro argumento de tu parte – cruzo sus fornidos brazos sobre su pecho en expresión triunfante. Entretanto su interlocura libero un suspiro totalmente audible por detrás de la gruesa capa de madera que separaba a la pelirroja de la estancia.
-Kristoff, por favor, viste lo que sucedió, casi perdimos a Anna en ese incidente… ¿realmente crees que esté preparada para tomar decisiones importantes, sola, delante del campo de batalla?- ese comentario llego como un flechazo directamente en su corazón, quería interrumpir, el ímpetu de querer responder frente a esa insolencia a sus habilidades hacían rechinar los dientes a la pecosa quien se había pegado más aun a la madera.
Dentro de la habitación el grandulón miraba a la reina con cara de "no lo hare, no insistas" – ella está preparada – sentencio el ex maestro exhalando un pequeño bufido de superioridad – ella está más que preparada.
-Si, pero por su pequeño entrenamiento casi la pierdo en esas cavernas – sintió un nuevo escalofrió que lo obligo a reacomodarse casi en posición de sumisión contra la silla – no te rogare más Kristoff, tu posición ha quedado clara, pero como tu reina te ordeno a participar en lugar de Anna en el torneo.
Esas palabras cerraron el contrato para la destrucción y el anuncio de este fueron las puertas siendo abiertas de golpe, mostrando a una furiosa Anna mirando primero al rubio quien solo se limito a sonreír nerviosamente, luego subieron a la monarca pero su vista cambio del rudo sentimiento de ira a la decepción.
La pelirroja quiso decir una y mil cosas, quiso golpear a la de piel nívea por no confiar en ella, quiso golpear al rubio por no haberse ido ya de aquella discusión que estaba a punto de ocurrir, quiso golpearse ella misma por tomar decisiones apuradas que no le correspondían, pero en el fondo sabia que lo dicho por su Elsa era totalmente cierto, pocas o realmente ninguna vez se había detenido a ver la implicancia de cada una de sus decisiones.
El grandulón deslizándose por la silla con flexibilidad inesperable, se despidió con un tímido gesto de su mano y camino directo hacia su hogar.
Ahora ambas hermanas se hallaban a solas en la pequeña habitación, se miraban con rabia, con pena y con decepción.
Prometiste que creerías en mi – las palabras se sintieron amargas en su boca así q se limito a mojar sus labios.
Tú prometiste no hacer nada precipitado o estúpido – respondió la reina con tono tajante – prometiste muchas cosas más pero no las cumpliste.
-SE LO DEBIA A JOAN – le había gritado, la pelirroja le había gritado y algo en su interior se quebró con cada letra que salía de esos perfectos labios sonrosados. Por primera vez su gélido disfraz se cayó dando paso a una avalancha de emociones.
-¡POR CULPA DE TU JOAN CASI MUERES'– las palabras se agolparon en su lengua y salieron cual explosión delante de ella, por un momento pensó que todo había sido un sueño y su pelirroja seguía jugando despreocupadamente en el jardín.
-recuerda que ahora soy sir Anna y debo proteger tanto a mi reina como a mi pueblo de cualquier amenaza – la manta sobre sus hombros cayó pesadamente al suelo liberándola de la atadura de acercarse más a la chica de piel nívea – o acaso me quitaras mi título.
Esa última frase se escapo de los labios de la pecosa no en tono de pregunta sino en tono de resignación, casi sintió su alma desnuda frente a esos ojos azules como los suyos, sintió que no la estaba viendo a ella sino a sus pensamientos, pero luego cayó en cuenta que su pequeña la conocía demasiado bien como para no darse cuenta de sus intenciones.
-puede que lo haga – esas sentenciosa cuatro palabras cayeron como plomo en el agitado corazón de la guerrero, sin pensarlo mucho se abalanzo sobre la rubia tomándola por los bordes de su vestido y azotándola contra la pared más cercana.
Ni siquiera la pecosa sabia porque había hecho ese estúpido movimiento, seguramente era la mezcla del accidente, haber dormido demasiado profundo y las ansias de sentir ese calor cerca de su cuerpo la tenían ahora mirando fijamente a los ojos de la mayor desde una distancia demasiado comprometedora.
Luego de un tiempo de estarse mirando, la pecosa pregunto -¿porque? – Esta vez sus ojos estaban llenos de lágrimas que salpicaban cada vez que esta pestañaba cerca de su rostro -¿Por qué no confías en mí? – su corazón finalmente se rompió y la mayor quiso gritarle que nada de lo que dijo era real, que ella seguiría participando, que sería su caballero toda la vida si eso deseaba.
Tomo el rostro de la menor entre sus manos pero el daño ya estaba hecho, y aunque quisiera retroceder el tiempo aquellos ojos heridos no cambiarían su expresión.
Aun así sentía la esperanza de poder cambiarlo todo y antes de poder siquiera hablar la menor la soltó con si su cuerpo hubiera comenzado a quemar las palmas de sus manos.
-Si tu no confías en mí, yo tampoco lo hare en ti – cada una de esas palabras atravesaron el ya roto corazón de la reina del hielo y por primera vez en mucho tiempo la coraza de cristales dentro de su corazón comenzó a crecer lentamente.
En el tiempo presente, Southern Isles, a un día del torneo
El azul del cielo contrastaba con la algarabía por parte del pueblo quienes gritaban y se regocijaban ante la festividad. Las trompetas sonaron y el carruaje donde iba la comitiva por parte del reino de Arendelle se preparo para bajar ante su inminente anunciamiento.
Por su parte en el exterior, Sir Anna se bajo del caballo con lentitud, sentía un poco acalambrado sus muslos debido al largo viaje sobre un caballo al que no estaba acostumbrada, "debí haber tomado el mío al menos" pensó luego de acomodarse la armadura y acariciar suavemente la cara del equino. Se coloco al lado de la puerta esperando la señal.
"Reina Elsa del reino de Arendelle, Sir Anna caballero de Arendelle y Sir Kristoff segundo caballero"
La pecosa abrió la puerta bruscamente para colocarse a un lado esperando a que bajara su hermana, como el protocolo decía ella debía ir al lado derecho de la reina mientras que el segundo caballero al lado izquierdo.
Al bajarse la reina de hielo todos quedaron boquiabiertos con su belleza y más con la confirmación de los rumores, su vestido hecho completamente de hielo relucía bajo el cálido sol de invierno. Un silencio se apodero del lugar cuando comenzaron a caminar por la larga e interminable alfombra de bienvenida hasta llegar a la entrada del castillo.
Formados en hilera uno detrás de otro estaban los doce hermanos que su enemigo acérrimo describió, la rubia los miro a todos y cada uno sintiendo una extraña sensación de desconfianza por todos aunque era de esperarse, compartían características con el pelirrojo que casi destruyo su reino.
Se acerco ceremoniosamente al viejo rey quien le devolvió el saludo con una pequeña inclinación de cabeza, la reina a su lado lo siguió en el gesto. Ambos parecían de edad, sus cabellos canosos y arrugas en los ojos indicaban su edad siendo el rey, un poco más rechoncho y con tono más cansado, el más viejo de la pareja.
-primero que todo reina Elsa, le pido perdón por el comportamiento de mi treceavo hijo, Hans, quiero que sepa que se le ha castigado de la forma más severa que se conoce en nuestra cultura – sintió pena al ver ensombrecer los ojos de ambos, se sentían culpables y tristes pero más que nada desilusionados, castigar a un hijo nunca era fácil, bien lo sabia ella que tenía que cuidar a su única familia, su hermana.
-Mi señor, mi lady, no necesitan preocuparse por eventos del pasado, todo ha quedado perdonado – un pequeño rayo de esperanza surco los ojos de ambos y con una pequeña inclinación la reina de hielo siguió su camino seguida por sus dos caballeros. Pero antes de continuar la pelirroja sintió un pequeño agarre en su brazo.
-Perdonen mis señores, se me olvido el protocolo – a pesar de ser un caballero nombrado eso no la privaba de su título de princesa.
La mano que se ceñía contra su brazo era la de la reina quien le dedicaba una mirada de infinita dulzura – mi lady, espero usted también pueda perdonarnos ante la falta de nuestro hijo – su voz sonaba áspera y cansada, parecía que a pesar del tiempo sentía fresca la herida producida por su querido hijo, siempre dicen que las madres aman mucho más a su primer y a su último hijo cosa que ella no podría saber debido al trágico destino que conocieron sus padres.
Se conmovió ante la escena y saliéndose de toda norma abrazo a la anciana reina generando la sorpresa por parte de todos – mi lady, todo ya esta perdonado, sea cual sea el castigo que recibió Hans espero pueda levantarlo para que vuelva a su lado, ninguna madre merece sufrir.
La escena fue vista por una atónita Elsa. –Está madurando – la frase dicha en forma de susurro por parte del rubio a su lado le hiso sacar una sonrisa. Su pequeña estaba madurando y creciendo.
Una vez instalados en sus respectivas alcobas fueron escoltados por uno de los hermanos hasta el comedor principal.
Era el momento de la cena de bienvenida y cada monarca junto a su caballero principal se sentaron en el puesto designado con anterioridad.
La larga mesa de madera estaba cubierta por un excesito mantel de seda bordado con hilos de oro en los bordes. Sobre la mesa se encontraban delicias de todos los tipos y sabores, cerdo, pollo, pato, cordero y vacuno se distribuían intercalados con otros alimentos como verduras y frutas, todas de distintas partes del mundo conocido por el hombre. Los cubiertos de porcelana y plata se distribuían pomposamente a los lados de cada plato y las copas servidas con un líquido rojizo que claramente era vino esperaban para ser levantadas.
La reina de Arendelle miro con desconfianza el brebaje y quiso discutirlo con su pequeña sentada a su lado, pero cuando lleno sus pulmones de aire para iniciar una plática tal y como lo hacían los otros reyes con sus caballeros desistió mirando hacia la ventana esperando que la velada no fuera tan larga.
Por su parte la pecosa solo deseaba hablar con su reina, estaba harta de estar enojada con ella y quería decirle que sus palabras no habían sido reales en ningún momento, las había dicho solo por el dolor y la ira de sentir que no tenía su apoyo, aunque después luego de meditarlo se dio cuenta que su Elsa le estaba pidiendo eso a Kristoff solo para protegerla.
Se emociono al sentir el sonido de un flujo de aire a su lado pero al darse vuelta pudo ver solo la nuca de la monarca, se sintió miserable y con ganas de llorar, no sabía porque su rubia estaba tan enojada con ella, bueno si sabia pero nunca pensó que esas palabras le harían crear distancia de nuevo.
Sacudió mentalmente su cabeza y aspiro aire para comenzar a hablar, el sonido llamo la atención de la gobernante y se dio vuelta. Después de días sin hablar mirándose directamente ese contacto ocular las paralizo por un momento y en el instante que Sir Anna comenzaría a hablar el rey hiso sonar su copa en señal de atención.
-Mis queridos invitados, estamos aquí reunidos no solo por la competencia, sino para afianzar más nuestras relaciones como reinos, creando así nuevos lazos de confianza que se adherirán a los anteriores – el viejo monarca aclaro su voz un poco y prosiguió – también delante de todos los reinos reitero mis más sinceras y profundas disculpas a la reina de Arendelle y a la princesa de Arendelle… perdón por las faltas de mi hijo – ambas asintieron en señal de aceptación – ahora levantemos nuestras copas amigos míos, por nuestros reinos, por el torneo y por…
Las puertas de repente se abrieron de golpe dejando entrar a un pequeño hombre de pelo canoso y lentes, su rostro adornado por un pomposo mostacho mostro una sínica sonrisa en el – le pido me perdone mi lord, tuvimos algunos problemas para entrar a su reino, parece que algunos caballeros no son muy bienvenidos por aquí.
La audiencia se quedo en silencio al ver quien entraba a paso lento y serio posicionándose al lado derecho de aquel hombrecito – creo que ya todos conoces al campeón de Weselton, antes conocido como el príncipe Hans Westerguard y ahora sir Hans Weselton, un digno y fuerte hijo de las tierras de Weselton si me permiten decir.
Con una pequeña sonrisa burlesca miro a los asistentes a la cena, partiendo por los del fondo, lanzando un ápice de odio a donde se encontraban las hermanas de Arendelle y finalmente llegando a sus padres.
-tienes prohibida la entrada Southern Isles Hans, ¿que haces aquí? – el rey miraba con una mescla de dolor y terror la imagen que tenia frente a él.
El pelirrojo de ojos verdes sin ningún signo de cortesía miro asqueado al anciano hombre lo que logro que su adolorida mirada se profundizara más.
Bajo la luz de las velas su reluciente armadura color blanco con bordes azules y negros, en el centro de su pecho había un águila negra bicéfala con dos coronas doradas sobre ellas y llevaba una capa del mismo tono negruzco con bordados rojos.
-Mi lord, debo de recordarle que ya no soy ciudadano de su pequeño reino – termino su frase casi arrastrando las palabras – en cambio me he vuelto un ferviente servidor del prospero reino de Weselton, los próximos campeones del torneo – una sonrisa de pura maldad se formo en sus labios – por cierto mi lord, ¿ya les ha dicho del pequeño premio sorpresa para el ganador de este encuentro? – Todos comenzaron a cuchichear unos con otros intentando encontrar información – ups, creo que se me ha escapado un poco de información – el pequeño hombre y el pelirrojo se sentaron en su debido puesto sembrando el caos en la mesa y dejando un muy mareado anfitrión desplomándose sobre el banco.
Por debajo de la mesa Anna busco la mano de Elsa y la apretó con fuerza dándole solo un mensaje "aunque no me hables, te protegeré de él con mi vida"
