Aquel jueves amaneció con un pequeño pero consistente diluvio que caía sobre los terrenos de Hogwarts. Como era costumbre cuando ese clima se hacía presente, ninguno de los gigantes tentáculos del calamar que habitaba en el lago emergió ese día, y en los bordes del bosque no se pudo divisar ninguna criatura que no apreciase la lluvia.
Para David, ese día tenía un condimento especial. La primera semana de duelos se había desarrollado con gran emoción y con una buena organización por parte del Consejo Escolar, sin sufrir ningún sobresalto. El equipo de David, por desgracia, había perdido el duelo del día anterior, protagonizado por estudiantes de sexto año. Pero en este día le correspondía a él defender su honor y el de sus compañeros.
David se desveló al instante al recordar esto, pensando en la forma en que se desarrollaría el duelo, y las repercusiones que esto tendría. Si él perdía, su equipo tendría una gran desventaja desde el arranque, por lo que debía ganar. Pero a la vez, no tenía demasiado interés en hacerlo. Por algún motivo, aquella competencia le simpatizaba poco y nada.
El duelo sería frente a Luis Pennsive, un estudiante de Slytherin que cursaba en ese momento su tercer año, y si bien David por lógica tenía las de perder, sus compañeros le tenían mucha confianza.

Durante el desayuno, los ánimos de los estudiantes se ajustaron a las circunstancias. Sin embargo algunos de ellos, como Silvia, notó que faltaba algo en aquel ambiente.
― ¿Dónde está el profesor Mauer? -preguntó.
Los que estaban cerca giraron la cabeza hacia la mesa de profesores, y elaboraron en sus mentes la misma pregunta que acababa de hacer Silvia.
― No lo sé -respondió Charlie.
― No creo que se haya tomado una licencia -apuntó Frank.
― ¡Por supuesto que no! Hace muy poco tiempo que enseña aquí.
― Entonces, ¿adónde fue?
En ese preciso momento, la habitual bandada de lechuzas que entregaba el correo a los estudiantes irrumpió en el salón. El agitar de alas y el ulular se escuchó por todo el Gran Salón, mientras las lechuzas iban dejando las cosas frente a sus destinatarios. Silvia recibió, como todos los días, El Profeta de la mañana.
Casi mecánicamente, fue pasando las hojas con velocidad, deteniéndose muy de vez en cuando para observar algún titular de interés. Sin embargo, hacia la mitad del diario, pareció interesarse en una noticia en particular. La leyó con rapidez -David lo supo por el movimiento de sus ojos-, hizo un ademán de decir algo, como sorprendida, pero lo único que salió de su boca fue:
― Miren esto.
Charlie fue el más rápido y tomó el diario, aunque por la brusquedad rasgó un pedazo de la portada, que se reparó por arte de magia. David acercó su cabeza al hombro de Charlie y también comenzó a leer mentalmente. Intentaba captar la mayor cantidad de palabras por segundo, algo muy difícil de lograr teniendo en cuenta el hambre que se apoderaba violentamente de él. Aun así, terminó de leer antes que su amigo, que lo hizo unos segundos después.
― Es horrible, pero... ¿qué significa? -preguntó Charlie.
― ¿Qué significa? -repitió Silvia-. No sé qué significa, pero un asesinato en masa de muggles por parte de magos no se da todos los días.
― ¿Cómo sabes que fueron magos?
― ¡Hay gente especializada que se encarga de determinar eso, Charlie!
― ¿Y van a decirle eso a los muggles?
― ¡Ay, por Dios!... Claro que no, no lo harán. La versión oficial muggle será alguna improbable justificación, que nunca los convencerá, pero terminarán por aceptarla.
― ¿Por qué alguien haría eso? -preguntó Frank.
― Por venganza, seguramente -se apresuró a decir Charlie.
― ¿Por venganza? -inquirió David-. ¿Matarías a treinta personas de un insignificante pueblo sólo para vengarte de alguien?
― No lo sé... Tal vez sí -dijo Charlie, irónico.
― Eso es algo extraño también... ¿cómo es el nombre del pueblo? Lo leí tan rápido que no presté atención a ese detalle.
― Mmm... -masculló David-. Aquí dice que fue en Querfurt.
― ¿Querfurt? -inquirió Silvia-. No me suena a que sea un nombre de por aquí.
Charlie tomó el diario y leyó la parte superior.
― ¿Acaso no leen el subtítulo de las noticias? Aquí dice que fue en un pequeño pueblo de Alemania, y por eso está dentro de la sección de noticias internacionales.
Silvia releyó la noticia, y mientras lo hacía, pudo oír el comentario de Charlie, que, casualmente, había pasado también por su pensamiento.
― Qué extraño que justo hoy se ausente Adelbert, ¿no?
― ¿Qué tiene de extraño? -preguntó David.
― Bueno... él es de Alemania.
― No digan tonterías... ¿no estarán pensando que fue él, no?
― No, claro que no -corrigió Charlie-. Es sólo un comentario.

El duelo se disputó una hora después del almuerzo, y fue el que abrió esa jornada. El equipo de Luis había ganado el duelo anterior, por lo que él no estaba tan obligado como David a obtener un buen resultado.
El Gran Salón fue adornado de la misma manera que en los días anteriores. Los estandartes seguían siendo los mismos, aunque habían recibido varias críticas por parte de las chicas de los cursos superiores.
Neville Longbottom llamó a los dos combatientes y, acto seguido, dio inicio al duelo.
David y Luis comenzaron midiéndose. Al principio ninguno atacó a su rival, sino que intentaron calcular los movimientos del otro, como Adelbert lo había hecho con McGonagall. Ambos combatientes caminaban hacia sus costados, aprovechando todo el ancho de la plataforma, y se encontraban a una distancia considerable.
Finalmente, fue Luis quien realizó el primer movimiento.
― ¡Incárcero!
Una gruesas cuerdas se materializaron y salieron disparadas desde la punta de la varita, aunque David eludió el hechizo. Dedujo, entonces, que lo que Luis buscaba era inmovilizarlo, y no se equivocó.
― ¡Petrificus Totalus!
El intento de Luis fue evadido nuevamente por David, que ahora intentó desarmar a su oponente, pero no tuvo éxito. ¡Cuánto le gustaría volver a conjurar un encantamiento de desarme tan potente como el primero que hizo en su vida, el que le había roto un brazo a Nicholas! Pero aquel había tenido un agregado, y fue que las emociones de David tuvieron un peso importante. Quizá ahora no podría producirlo porque, muy en el fondo, no le importaba mucho el resultado que podría conseguir su equipo.
Así, el final de aquel duelo fue predecible. David, distraído y despreocupado, bajó la guarda después de intentar desarmar a su oponente por enésima vez, y Luis retomó su táctica de inmovilización.
― ¡Petrificus Totalus!
David sintió cómo su cuerpo se quedaba sin movimiento al tiempo que caía al suelo de la misma forma que lo hubiese hecho una pesada tabla de madera. El duelo había terminado, porque si bien David no había sido desarmado, estaba imposibilitado para seguir combatiendo.

― ¿Tendremos clases? -preguntó Charlie a media tarde, cuando llegó el turno de la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
― No si Adelbert aún no volvió -contestó Silvia.
― Sí, lo hizo -dijo Frederic, que acababa de acercarse al grupo-. Lo vi entrando apresuradamente al despacho de la directora.
― Pero quizá le permitan tomarse el día... si fue un viaje muy largo... -se esperanzó Charlie.
Pero la voz de la directora le quitó las ilusiones cuando en ese momento, amplificada, anunció la vuelta del profesor y confirmó que las clases retomarían su curso normal desde ese momento. Los chicos de Gryffindor se incorporaron, dejando la comodidad y frescura de la sombra del árbol donde habían estado descansando tan plácidamente, y emprendieron camino hacia el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras. Frederic se despidió de ellos y se dirigió a la sala común de Ravenclaw, pues era su hora libre.

Cuando entraron al salón de clases, no había nada fuera de lo común, sólo que notaron a Adelbert un poco cansado.
― Hoy fue un día muy agitado -se explicó, mientras pasaba con sus largos y delgados dedos las hojas de un libro que había sobre su escritorio-. En fin, aquí estamos, y es hora de ocuparnos de lo que nos compete. Tengo entendido que una persona que está aquí adentro disputó un duelo hoy.
David no contestó, pero en realidad Adelbert no necesitaba que su afirmación fuera confirmada.
― Y parece que esa persona en particular, por lo que pude oír, no se preocupó mucho por lograr un resultado diferente al que finalmente se dio.
Los ojos de Adelbert estaban clavados en los de David. ¿Estaría enojado su profesor por algo así? No tuvo tiempo de averiguarlo, porque dos personas irrumpieron en el salón.
Una era una mujer entrada ya en la tercera edad, aunque era notorio que intentaba ocultar las señales del tiempo con algún tipo de maquillaje mágico, que de todas formas no era del todo efectivo. Una extraña pluma flotaba frente a ella, sobre un considerable trozo de pergamino. La persona que la acompañaba era un hombre de aspecto necio y dócil.
― Buenos días -dijo la mujer, acercándose a Adelbert y tendiéndole una mano-. Soy Rita Skeeter, reportera y futura directora del diario El Profeta.
Adelbert estrechó la mano de Rita Skeeter con educación, aunque no parecía muy contento por la llegada de esos dos visitantes.
― Estoy en medio de una clase, y, además, tengo entendido que usted tiene la entrada prohibida a este edificio.
― ¡Qué interesante, llegamos en plena clase! -exclamó Skeeter, haciendo caso omiso a la segunda parte del mensaje de Adelbert-. En realidad, quería hacerle a usted unas simples preguntas.
La pluma que flotaba mágicamente se tensó, lista para ser utilizada.
― No creo que sea el momento -replicó Adelbert, con la vista fija en la pluma encantada.
― ¿Está al tanto usted de lo ocurrido ayer por la tarde en su país natal?
― Sí, y creo que es un tema muy delicado como para discutirlo en estas circunstancias -empezó Adelbert, pero no obtuvo consideración alguna por parte de su entrevistadora. No conocer de antemano a Rita Skeeter le jugó en contra.
― ¿Tiene idea de qué pudo haber ocurrido?
― Por supuesto que no -contestó Adelbert, inocentemente.
― Tengo entendido que usted se ausentó ayer por la noche, ¿fue a causa de eso?
― Ese es un tema que, como digo, prefiero no tocar en clase.
― Interesante... se niega a declarar... Seré curiosa, ¿cómo obtuvo usted su actual puesto de profesor en este colegio?
― Demostrando mis habilidades, como es obvio.
― ¿Y dónde adquirió usted esas habilidades de defensa contra las artes oscuras siendo que anteriormente se dedicaba a la pintura?
― ¿Es esto una entrevista para publicar mi biografía? -se defendió Adelbert.
― ¿Vivía usted aún en Alemania cuando Grindelwald tomó el poder?
― Sí, pero no entiendo realmente adónde quiere llegar.
― ¿Qué opina usted sobre su postura ante los muggles? ¿Lo apoyó en su momento?
― No pienso hacer declaraciones de ese tipo. Voy a pedirle que se retire -sentenció Adelbert, y su figura pareció aumentar de tamaño. Sin embargo, Skeeter no aparentó intimidarse.
― ¿Sabe usted que en esta escuela se encuentra ahora mismo el biznieto de Gellert Grindelwald?
― Sí, lo sé. Retírese, por favor.
― ¿Y sabe que es hijo de muggles?
― No tiene ninguna importancia para mí.
― Muy interesante, en verdad... ¿Qué diría usted, señor Adelbert, si le comento que, por mera casualidad, encontré una foto en la cual Grindelwald se encuentra en primera plana?
― Le diría que es muy afortunada, porque no hay muchas de esas, por lo que sé.
― Así es. Qué curioso que lo sepa. ¿Sabe con quién estaba Grindelwald en la foto?
― No, y realmente no me intere...
― Con Adolf Hitler. Supongo que sabe quién fue Adolf Hitler.
― Por supuesto que sí -respondió Adelbert.
― Sin embargo no están solos. Hay también un pequeño grupo de personas. Y una de ellas se parecería enormemente a usted si, con todo respeto, rejuveneciera unos mmm... digamos... sesenta años.
El rostro de Adelbert palideció, algo que parecía imposible por su tonalidad natural de piel. No tardó mucho en estallar:
― ¡No sé nada más sobre Gellert Grindelwald que lo que puede saber cualquiera que investigue un poco sobre él! ¡Váyase de aquí!
― ¡Ay!
Muy pocos oyeron el grito de dolor de David debido a la discusión que se produjo entre el profesor y la detestable reportera. David sintió un gran calor en su pierna, justo en el lugar que tenía contacto con el bolsillo derecho de su túnica. Cuando el ardor pasó, introdujo su mano en él y sacó un sickle falso, en el que podía leerse claramente la palabra "Mentiroso".