Capítulo 9

El primer mes de clase pasó más rápido de lo que ella hubiera imaginado. Le costó acostumbrarse al nuevo ritmo de estudio, teniendo en cuenta que tenía el doble de deberes y horas de clase. El trato entre Elyon y Snape se había enfriado hasta el punto que les era casi insoportable verse, así que las clases suplementarias de Pociones se habían vuelto una tortura en las que reinaba un silencio que ninguno de los dos se atrevía a romper.

Otra explosión en el aula hizo salir a Elyon de sus cavilaciones que una vez más giraban en torno al ataque del Callejón del Sauce. El caldero de Lisa había vuelto a reventar manchando el techo de la mazmorra.

-Empiezo a pensar que tiene serios problemas de comprensión, señorita Atler –le dijo Snape en un susurro-. Diez puntos menos para Gryffindor y además en el próximo descanso se quedará castigada, al igual que el viernes, para limpiar este estropicio y el que seguro formará.

-Sí, señor –musitó la muchacha mirando al suelo.

Elyon se quedó mirando a su compañera, apenas había cruzado con ella un saludo de buenos días, sólo hablaba con Judit, Amber, Allyson y Sharon, y solo en la habitación antes de irse a dormir. Era una chica muy callada, siempre absorta en sus pensamientos, sus ojos perfilados con negro mostraban una profunda tristeza.

-Señorita McWilliams aguarde un momento –le dijo Snape mientras recogía unos pergaminos de su escritorio al acabar la clase-. Esta noche no podré dar las clases complementarias de Pociones, así que le he cambiado el horario a la profesora Croft.

Ella salió del aula sin ni siquiera asentir, odiaba las clases suplementarias de Defensa Contra las Artes Oscuras, aún más que las de Pociones. Le dolía admitir que esa asignatura era mucho más divertida e instructiva con Snape que con Zelda, la cual simplemente se dedicaba a mandarle leer libros. Elyon había tenido que aprender gran parte de los hechizos practicando de madrugada en las aulas vacías. Después de cenar se dirigió al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras y entró sin molestarse en llamar.

-¿Es que tus padres no te enseñaron que hay que llamar antes de entrar? –le preguntó Zelda mascando un chicle.

Elyon la miró desafiante y dejó su mochila en una de las mesas.

-¿Me va a enseñar algo de provecho esta vez o se va a limitar a limarse las uñas como de costumbre? –preguntó ella impertinente.

-Aprende a controlar tu lengua, o un día de estos habrá que cortártela –contestó la mujer poniendo sus botas de tacón sobre la mesa.

-A ti sí que habría que cortártela –murmuró Elyon entre dientes mientras sacaba su libro y lo habría por la lección que debía seguir esa noche.

A la una de la mañana se escurrió por los pasillos hasta llegar a un aula vacía y comenzó a practicar un nuevo hechizo, las horas pasaron y decidió que ya era bastante cuando los ojos comenzaron a escocerle tanto por el cansancio que apenas podía tenerlos abiertos.

...

-Elyon despierta, Elyon –la llamó Judit zarandeándola.

-Cinco minutitos más –gruñó ella dándole la espalda.

-Si duermes cinco minutos más no llegarás a la clase de Encantamientos –le dijo Sharon quitándole las sábanas.

Elyon se levantó de mala gana y se vistió.

-¿Qué demonios haces después de cenar para estar tan cansada? –le preguntó Allyson alargándole uno de los zapatos que Elyon estaba buscando bajo la cama.

-Estudiar –contestó ella con un bostezo.

-¿Estudiar? Sí claro –comentó Amber incrédula- ¿Te crees que somos tontas? No estás en la Sala Común y la Biblioteca está cerrada.

-No quiero parecer borde, pero me paso las noches estudiando y si no me creéis es vuestro problema –contestó ella abrochándose la túnica.

-Elyon, haz lo que quieras, de verdad. Solo te digo que te andes con cuidado con Filch y la señora Norris –le advirtió Allyson.

-Ten, cómete estos bollos de camino al aula, ya no hay tiempo para que desayunes en condiciones –Sharon le pasó cinco bollos envueltos en una servilleta.

...

-¡Qué desgracia, doble clase de Pociones! –sollozó Amber.

-¡Sht! ¿Quieres que te oiga Snape? –le murmuró Judit.

-Pero es que es una tortura… -se siguió quejando ella.

-A nadie le gusta, Amber. Bueno, salvo a los slytherins, que consiguen puntos gratis –comentó molesta Sharon.

-Nosotros no nos podemos quejar, quien lo pasa mal de verdad es Lisa. Hoy le va a volver a tocar limpiar el aula de Pociones ¿Os imagináis lo que debe ser tener que estar a solas con Snape? Recordad que Lisa no ha querido mencionar nada –dijo Allyson con horror.

-Me hago una ligera idea –murmuró Elyon-. Pero si no hace explotar el caldero de nuevo no tendrá que quedarse castigada.

-No quiero ser ceniza, pero estamos hablando de Lisa, siempre le ha ido mal Pociones, pero ahora con este profesor lo lleva mucho peor –comentó Sharon afligida.

Elyon miró a la joven morena que estaba apoyada unos metros más allá, sus manos temblaban mientras sostenía su caldero.

-Pues yo digo que hoy no se queda castigada –dijo Elyon con decisión.

-¿Cómo estás tan segura? –preguntó Amber.

-Porque voy a ayudarla –respondió la semielfa con una sonrisa.

-Elyon, está prohibido hablar en clase, te vas a meter en un buen lío –intentó hacerla razonar Judit.

-Me da igual lo que diga Snape –contestó ella con enfado.

La puerta de la mazmorra se abrió y entraron en el aula, Elyon siguió a la silenciosa muchacha y se sentó a su lado ante la mirada nerviosa de sus compañeras de cuarto.

-¿Te importa? –le preguntó ella con una sonrisa.

-No, por supuesto que no –contestó Lisa débilmente.

-Me llamo Elyon –se presentó ella colocando su caldero encima de la mesa.

-Lisa, aunque tengo la sensación de que ya lo sabías –contestó la chica con una leve sonrisa-, nuestras compañeras se han encargado de eso.

Elyon ahogó una risita para no empezar con mal pie la clase de Pociones y recibir un castigo o la pérdida de puntos para su casa. Los alumnos encendieron los fuegos y comenzaron a echar los primeros ingredientes a las pociones que aquel día debían realizar.

-¡No, espera! –le susurró Elyon a Lisa- Espera cuarenta segundos más antes de echar la crin de kelpie.

-Gracias –le respondió Lisa apartando su mano del caldero.

-De nada, y recuerda, solo una cerda de la crin.

-¿Se puede saber qué es eso tan interesante que le está contando a su incompetente compañera, señorita McWilliams? –preguntó Snape levantándose de su escritorio.

-Nada importante, profesor –contestó con frialdad.

-Yo no estoy tan seguro –insistió el profesor cruzándose de brazos.

-Piense lo que quiera, entonces –comentó Elyon volviendo a concentrarse en su poción ante la mirada asombrada de su compañera ante el comentario.

La clase se inundó de susurros de sorpresa ante el atrevimiento de su compañera mientras la miraban como si se hubiera vuelto loca. Mark rió por lo bajo a la espera de la reacción del profesor, ansioso porque la castigara.

-¿Cómo ha dicho? –Snape bajó su tono de voz amenazadoramente.

-Creo que ya me ha oído, profesor –respondió Elyon mirándole a los ojos con desafío.

-¿Te has vuelto loca? Pídele disculpas –le murmuró Lisa asustada.

-Ni de coña –le dijo Elyon con los dientes apretados a su compañera que la miraba llena de espanto.

-Muy bien señorita McWilliams, veinte puntos menos para Gryffindor y un castigo que aclararemos a solas y que seguro le bajará los humos –sentenció Snape, Mark sonrió complacido.

-Por mí como si son cincuenta y me castiga a limpiar hasta el último rincón de este castillo –comentó Elyon con una sonrisa impertinente envalentonándose.

-Está poniendo al límite mi paciencia –le advirtió el profesor.

-Usted ya ha rebasado el mío con su inaceptable método de enseñanza –le dijo Elyon con voz demasiado audible.

-Que le quede claro que no es nadie para cuestionar mis métodos de enseñanza –contestó Snape irritado, los alumnos contenían el aliento.

-¡Ya lo creo que sí! –Elyon se puso en pie con enfado- No es justo que favorezca a su casa y que ridiculice en público a los alumnos ¡No tiene ningún derecho ni como profesor ni como persona! Y creo que sabes perfectamente que yo soy una de las que tiene todo el derecho del mundo a criticarte –añadió ella con voz amenazante.

-¡Se acabó! –le cortó Snape furioso- Al despacho del director, ¡ahora mismo! ¡El resto atended vuestros calderos si no queréis compartir castigo con la señorita McWilliams!

Elyon recogió sus cosas armando más escándalo del necesario y salió del aula con la cabeza bien alta. Estuvo alrededor de dos horas dando vueltas por el castillo, no pensaba ir al despacho del director hasta que acabara la doble clase de Pociones, después de la cual seguro que Snape iría a hablar con Dumbledore sobre lo ocurrido. Así que decidió subir a ver al director cuando también lo hiciera el profesor, con lo que sólo tendría que escuchar un sermón, aunque fuera a dos bandas.

Estaba apoyada en la gran gárgola que custodiaba el despacho de Dumbledore cuando escuchó acercarse por el pasillo unos pasos rápidos y airados. Snape apareció doblando una esquina. Con su ondeante capa y su expresión enfurecida parecía dos veces más alto, pero Elyon no pensaba dejarse intimidar por él.

-¿Qué haces aquí? Aprovecha tus horas de libertad, porque me voy a encargar de castigarte el resto del curso y el tiempo que tengas que estar entre estos muros –le dijo Snape acercándose a ella peligrosamente.

-Estaba esperando a entrar en el despacho, me dijiste que viniera, no que entrara –rió Elyon jugando con su paciencia, que parecía estar al límite.

-Por las barbas de Merlín –le dijo Snape a la gárgola, que se movió dejando a la vista una escalera de caracol- Adentro.

El chico le puso una mano en el hombro a la joven y la empujó al interior de ésta con fuerza.

-Ten más cuidado, profesor –le contestó ella molesta usando un tono despectivo en la última palabra.

-Sigue jugando conmigo y te aseguro que lo pasarás peor que si te cogiera un mortífago –contestó él sin mirarla.

-¿Uno como tú tal vez? –murmuró ella.

Elyon se dio cuenta de que había dicho aquello en voz alta, y lo miró de reojo con miedo a su reacción. Pero el chico se limitó a mirarla con la mandíbula apretada. La escalera siguió subiendo hasta quedar frente a una puerta de madera oscura. Snape se adelantó y llamó a la puerta.

-Adelante –contestó Dumbledore desde el interior.

El profesor abrió la puerta y los dos entraron en silencio.

-¿A qué se debe esta visita? –preguntó el director desde su escritorio frunciendo el ceño.

-Quiero castigar de por vida a esta mestiza –explicó el chico cogiendo a Elyon del brazo para que se adelantara.

-Severus esa lengua... Sabes que no me gusta la forma en que utilizas esa palabra –le dijo Dumbledore con enfado- ¿Qué ha hecho para merecer tal reprimenda?

-Ha cuestionado mis métodos de enseñanza y ha puesto en duda mi autoridad en medio de una clase y de forma muy poco educada –respondió Snape con enfado.

-¿Y por qué lo has hecho Elyon? –le preguntó Dumbledore a la chica que estaba con los labios apretados en parte por el enfado y en parte por el fuerte agarre de Snape sobre su brazo, que comenzaba a dolerle.

-No es justo que se dedique a favorecer a los suyos y humille a los alumnos en público –dijo Elyon con voz firme.

-Puede que tengas razón o no, Elyon, el profesor Snape y yo tendremos una conversación al respecto. Pero no por ello has de perderle el respeto a un profesor –le dijo el anciano con seriedad- Me temo que te vas a tener que acoger a un simple castigo Severus, nunca ningún alumno ha sufrido castigos mayores por algo parecido bajo mi dirección y no haré una excepción.

-Sí, señor –contestó Snape con fastidio y dirigiéndose hacia la puerta.

-Por cierto, ¿cuántos puntos le has restado? –preguntó Dumbledore curioso.

-Veinte –contestó él abriendo la puerta- Debí quitarle más.

-Has hecho lo correcto Severus, teniendo en cuenta que no está verdaderamente ubicada en una casa, los puntos que gane o pierda afectarán a las cuatro casas.

-¡¿Cómo?! –exclamó Snape girándose.

-Es un pequeño detalle que se me olvidó mencionar –dijo Dumbledore como disculpa con una leve sonrisa.

-¿Le acabo de quitar veinte puntos a mi casa? –murmuró él sorprendido.

-En realidad, como ya he dicho, a todas las casas restar o sumar puntos a Elyon no afecta al resultado final de… –el portazo de Snape saliendo del despacho dejó a Dumbledore con la palabra en la boca.

Elyon tenía la impresión de que Snape iba a elegir un castigo mucho peor del que seguro que había tenido pensado en un principio.

-¿Elyon por qué te has comportado así? –le preguntó Dumbledore entristecido.

-Porque no es justo lo que hace en clase, lo del favoritismo para mí es lo de menos. Lo que no soporto es que humille a una compañera constantemente –contestó Elyon cruzándose de brazos con enfado.

-Pero en lugar de haberte quejado en clase debiste venir a hablar conmigo, es más, debiste animar a tu compañera a venir aquí y hablar del tema –le dijo Dumbledore.

-¿Bromea? Está demasiado intimidada por Snape como para quejarse de algo –dijo Elyon molesta.

-Pero esa sería su batalla no la tuya, no digo que no intentes ayudarla, pero hay otras formas. No utilices ese pretexto para descargar tu ira y frustración sobre el profesor Snape, no ha hecho nada con maldad –reflexionó Dumbledore levantándose del escritorio.

-¿Que no ha hecho nada con maldad? ¿Y lo del Callejón del Sauce qué? –preguntó ella con lágrimas en los ojos.

-Sí, participó en el ataque, pero no fue tan cruel como…

-Yo lo vi, vi lo que hizo, vi como mataba a aquellos elfos –sollozó ella, no sabía por qué Dumbledore ponía tanto empeño en defenderlo.

-¿Cómo lo viste? –preguntó él alarmado.

-Snape me lo enseñó, dejó escapar ese recuerdo cuando lo toqué en la enfermería para saber si tenía fiebre la noche que volvimos de Azkaban.

Dumbledore suspiró entristecido y le ofreció asiento a la joven mientras él mismo se sentaba.

-¿Qué fue lo que viste? –le preguntó Dumbledore con calma.

-Todo. Como mató a los dos jóvenes, al niño…

-El pequeño no sufrió ningún daño, fue uno de los pocos supervivientes, Severus lo salvó de una muerte segura. Lo durmió para que pareciera muerto y así no lo atacaran.

-¿Y los demás? ¿Esos no cuentan? –le dijo Elyon con frustración.

-Mató a los dos jóvenes en defensa propia y por accidente –explicó Dumbledore con los ojos llenos de tristeza al recordar los hechos-. Creeme que a los únicos que mató de buen grado fue a un par de mortífagos, sobre todo a uno que pretendía aprovecharse de una elfa de tu misma edad.

Elyon miró al director, ¿cómo podía defenderlo? ¿Cómo aun sabiendo todo lo que había hecho como seguidor de Voldemort? La chica negó con la cabeza, no había excusa para aquellos actos, ni por defensa propia, ni por espía tenía el perdón de todos aquellos asesinatos y muchos otros que seguro había cometido.

-Es un asesino y siempre lo será, diga lo que usted diga –dijo Elyon levantándose de la silla con brusquedad- Y jamás tendrá ni mi respeto ni mi confianza.

-Elyon, por favor… -Dumbledore intentó estrecharle una mano con cariño para tranquilizarla.

-¡No! –ella se alejó llena de furia- Voldemort tenía razón, usted es un manipulador que protege a asesinos como Snape.

Corrió hacia la puerta, necesitaba alejarse del castillo, alejarse de todo lo que le rodeaba, escapar de tanta mentira…

-¡Elyon! –la llamó Dumbledore preocupado- ¡Elyon vuelve!

Siguió corriendo escaleras abajo haciendo oídos sordos a los gritos de Dumbledore. No quería oírle, no quería oír más excusas que libraran de culpa a asesinos. Al final del pasillo pudo ver el patio trasero del castillo, en cuyo centro había una pequeña fuente, siguió corriendo todo lo rápido que le llevaban sus piernas cuando algo se interpuso en su camino y la agarró con fuerza por la espalda levantándola del suelo.

-¡Suelta! –gritó ella golpeando los brazos que la sujetaban con firmeza.

Dio una patada hacia atrás y escuchó un gemido de dolor antes de que los brazos la soltaran dejándola libre. No miró a quién había golpeado, no le importaba. Siguió corriendo hasta pasar la fuente y llegar a un pequeño muro, sin saber muy bien lo que hacía se subió en él y miró hacia abajo. La sensación de vértigo la atacó y se agarró a la columna que tenía a su derecha con piernas temblorosas, debía de haber más de cien metros de caída. Cerró los ojos e intentó calmarse, no podía haber pensado realmente en la idea del suicidio, bien que así se acabaría todo el dolor y el sufrimiento, ¿pero realmente quería escoger…?

-¿El camino fácil? –terminó una voz fría como el acero.

Elyon abrió los ojos con lentitud y resbaló hasta quedar sentada en el muro aun agarrada a la columna.

-Deja de leer mi mente y lárgate –sollozó ella.

-Solo lo haré si te bajas de ahí –le contestó el chico a su espalda.

-¿En serio crees que voy a tirarme? –preguntó Elyon, todo su cuerpo temblaba.

-No, pero no quiero que sufras un accidente.

-Y si lo sufriera ¿Qué? ¿Acaso a ti te importaría, le importaría a alguien? Si me tirara nadie notaría que ya no estoy –dijo Elyon con voz débil-. Ya no queda nadie que pueda echarme de menos.

-No digas tonterías, creía que eras más inteligente –le dijo Snape.

-No me interesa lo que pienses… así que déjame en paz y desaparece de mi vista –insistió ella con desprecio.

Escuchó sus pasos acercarse, ella se aferró con más fuerza a la columna y cerró los ojos.

-Cálmate, no voy a tirarte –rió él con una ceja levantada.

Al abrir los ojos Elyon vio con sorpresa que Snape se había sentado junto a ella apoyando la espalda en otra columna, con lo que una de sus piernas colgaba en el vacío. Ella lo miró con el ceño fruncido.

-¿Qué ocurre? ¿Es que no me puedo asomar al peligro como tú? –se mofó Snape.

-Por mí como si te matas ahora mismo, no haré nada por impedirlo –contestó Elyon con indiferencia-. Te lo merecerías.

Snape se encogió de hombros y se puso de pie en el muro con la intención de bajarse cuando perdió el equilibrio sobre la piedra. La chica se movió con rapidez y lo agarró por la muñeca.

-¿Seguro que no ibas a hacer nada para impedirlo? –preguntó él.

El chico se había agarrado con firmeza a la columna y con las piernas colocadas sobre el saliente del muro impedía su caída, Elyon lo miró sorprendida. Como acto reflejo lo había agarrado para impedir que cayera al vacío y se matara ¿Pero por qué?

-Vamos baja, ya has asustado bastante al profesor Dumbledore por esta noche –le dijo Snape para persuadirla.

Elyon aceptó su ayuda para bajar, se sentía especialmente débil. Se quedó de pie frente al chico mirando al suelo inmóvil. Miles de dudas la asaltaban ¿Cómo era posible que lo hubiera intentado salvar? ¿Es que acaso lo estaba perdonando? ¡No, eso jamás! No se merecía ser perdonado, o tal vez sí… Elyon se dio cuenta de que aun sujetaba la muñeca de Snape y la soltó con enfado, se dio la vuelta y se dispuso a alejarse de allí con rapidez.

-Elyon espera, ya basta de salir corriendo, así no arreglarás nada –el profesor la retuvo cogiéndola del hombro- No podremos ayudarte si no nos dejas, y no podemos leerte la mente para saber qué te pasa porque estás tan confusa que dudo mucho que pudiéramos entender lo que pasa ahí dentro.

La joven cerró los ojos con cansancio y unas lágrimas se derramaron por sus mejillas.

-Elyon… por favor… si tienes que derrumbarte al menos hazlo delante de alguien que pueda ayudarte a levantarte –insistió él.

Entonces ella se dio la vuelta y lo abrazó mientras dejaba escapar la amargura que la había estado destrozando por dentro todo ese tiempo.

-Los echo de menos, no me hago la idea de que no podré volver a verlos –lloró ella abrazando al chico con fuerza- Cada día al abrir los ojos por la mañana solo deseo verlos junto a mí para saber que todo ha sido sólo una pesadilla.

Snape se había quedado completamente inmóvil y con los ojos desmesuradamente abiertos, no se había esperado esa reacción de ella, quizá que cayera de rodillas al suelo llorando o escapara a la carrera, pero no que se hubiera tirado sobre él en busca de un consuelo que no podía darle. En aquella situación no sabía muy bien cómo reaccionar, era algo totalmente nuevo para él, aunque con torpeza rodeó el pequeño cuerpo de la muchacha con sus brazos.

Elyon se sintió extrañamente reconfortada, más aun que cuando Dumbledore o Remus intentaban animarla, aquel chico era totalmente distinto a toda la gente que había conocido, pero aun así, sabía que era el que mejor podía entenderla de algún modo.

-Si es por eso, me temo que no te podemos ayudar mucho, pero podemos intentarlo… siempre y cuando nos dejes –dijo Snape para romper el silencio que se había formado, solo interrumpido por el murmullo de la fuente y los llantos de la joven.

-Gracias -murmuró ella con una leve sonrisa.

Ninguno de los dos se movió, Elyon seguía con la cabeza apoyada en el pecho de Snape mientras comenzaba a ser consciente de los latidos del corazón del joven, que eran lentos y profundos. Su cuerpo había dejado de temblar y comenzó a sentir un terrible cansancio. Snape miró a la chica que seguía abrazada a él llorando en silencio, sintió como los temblores dejaban su cuerpo y como éste se volvía algo más pesado. El joven profesor dedujo que era por el cansancio de todos esos días que habían pasado. Porque aunque la joven lo ignoraba, él la había estado vigilando mientras practicaba por las noches en las aulas vacías, ya que vigilarla era parte de su trabajo. Iba a decirle que era mejor que fuera a por sus cosas para la clase de Astronomía, pero notó que estaba echando más peso sobre él y al intentar moverse se dio cuenta de que ella no se movía.

-No es posible –comentó él con incredulidad, Elyon se había quedado sorprendentemente dormida de pie, cargando su peso sobre él.

"Ahora tendré que llevarla a la Sala de Profesores" pensó Snape mirándola con una ceja levantada, "No puedo aparecer en la Sala Común de Gryffindor con ella a cuestas…" Con sumo cuidado para no despertarla consiguió cogerla en brazos, la chica se revolvió y rodeó el cuello del profesor. Para él eso resultó una ventaja, ya que le era más fácil llevarla, aunque notó un pequeño hormigueo en el estómago. "La próxima vez cenaré y esperaré antes de hablar con Dumbledore" se dijo a si mismo comenzando a caminar en dirección a la Sala de Profesores.

Al llegar consiguió abrir la puerta con dificultad y luego conjuró un pequeño sofá para dejar a la chica en él. Al soltarla sintió un gran alivio en los brazos, Elyon pesaba más de lo que aparentaba. La muchacha se encogió en el sofá y murmuró algo en sueños, Snape la miró y encendió un fuego. A esas horas de la noche hacía frío en aquella sala. El profesor se frotó las manos y se las metió en los bolsillos. Elyon seguía encogida en el pequeño sofá. Él entornó los ojos, sacó su varita e hizo aparecer una manta con la que cubrir a su alumna. "Alumna", rió él, "Jamás conseguiré verla de esa manera" Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro mientras colocaba la manta sobre ella, que poco a poco se fue estirando. Snape se agachó a su lado y la miró más de cerca, era cierto que se parecía a sus padres, solo los había visto en dos ocasiones, pero aun así podía asegurar que el parecido era asombroso. Retiró uno de los mechones azulados que cubrían su rostro y con cuidado lo colocó tras su oreja, ahora con el aspecto que tenía la de un humano. Tenía que admitir que le gustaba más su aspecto original ya que realzaba los finos rasgos de su cara. Snape se levantó con brusquedad sacudiendo su cabeza, ¿pero en qué diablos estaba pensando?

La puerta se abrió con brusquedad y por ella entró Dumbledore corriendo hacia él con preocupación.

-¿La has encontrado? –preguntó el director con la respiración agitada.

Snape señaló el sofá en el que Elyon dormía plácidamente.

-Gracias a Merlín –suspiró aliviado Dumbledore- ¿Dónde estaba? La he estado buscando por todas partes pero no la encontraba... aun llevo el susto en el cuerpo, creí que le había pasado algo …

-Bueno… ha estado a punto de saltar desde el patio trasero del colegio –comentó Snape, Albus palideció- Pero ha demostrado ser lo suficientemente inteligente para darse cuenta de lo que hacía y ha rectificado a tiempo –añadió para tranquilizar al anciano- Suerte también que he escuchado tus gritos por el pasillo y he intuido que algo no iba bien.

-¿Y por qué no se lo has impedido? –preguntó Dumbledore con una mezcla de sorpresa y enfado.

-Porque aunque la frené en el pasillo, para liberarse golpeó una parte especialmente sensible de mi cuerpo y tuve que soltarla –contestó Snape mirando al fuego de la chimenea.

-Vaya, parece ser que va mejorando sus golpes a medida que la atrapan –comentó el anciano más calmado y con una media sonrisa.

-Sí –respondió él escuetamente y con la nariz arrugada.

-¿Entonces conseguiste bajarla y traerla aquí?

-Más o menos. Para bajarla casi me mato yo, pero el truco funcionó –respondió él sentándose en uno de los sillones-. Luego, como parece que es costumbre, se puso a llorar.

-¿A llorar? ¿Delante tuya? –preguntó Dumbledore con una ceja levantada.

-Sí, ¿qué hay de raro? No es el primer mar de lágrimas que he presenciado –comentó Snape.

-No lo digo por eso Severus, lo digo porque me sorprende que fueras capaz de calmarla –aclaró el director.

-Bueno… yo… no fue tan difícil, se calmó sola –contestó él, por alguna razón a su estómago volvió aquel molesto hormigueo.

-En fin, lo más importante es que está aquí y a salvo –suspiró Dumbledore con alivio.

-¿Cuándo le contarás la verdad? –preguntó Snape de sopetón.

-Cuando esté preparada, por ahora con lo que sabe tiene bastante. Además yo no soy el más indicado para contárselo, de eso ha de encargarse su familia –respondió el anciano.

-Al menos debería saber por qué murieron sus padres, sería lo justo –insistió el joven profesor-. No hace más que torturarse con eso, piensa… piensa que ojala todo esto sea una pesadilla de la que poder despertar en breve. Quizá el hecho de saber las razones por las cuales sus padres se sacrificaron por ella le levante el ánimo…

-O puede que la hunda aún más, porque para explicar su muerte, tendría que saber todos los detalles, y como he dicho, no está preparada –razonó Dumbledore con pesar.

Snape entrelazó sus dedos con gesto pensativo y miró a la joven que dormía tranquila y ajena a toda aquella conversación.

-De todas maneras tenga quien tenga la razón, me alegro de que comiences a preocuparte por ella como Protector –dijo Dumbledore con una sonrisa-. Hazme un favor, quédate con ella hasta que termine unos asuntos, luego yo le haré compañía.

Dumbledore salió de la sala ante la sorpresa de Snape, que se había quedado inmóvil ante ese comentario. "Me alegro de que comiences a preocuparte por ella" esas palabras resonaron en su cabeza durante unos minutos interminables, ¿qué le estaba pasando? ¿Se estaba ablandando? Decididamente aquella no era su noche.

Se recostó en el sofá y dejó la mente vagar, respiró profundamente e intentó quedarse en blanco, aunque por primera vez eso le estaba costando horrores. Involuntariamente volvió la vista hacia su alumna que seguía durmiendo en el pequeño sofá "¡Basta!" se exigió así mismo, se levantó furioso y caminó hasta la ventana de la habitación, ¿por qué diablos no podía dejar de pensar en ella esa noche? "Porque me trae de cabeza y me tiene harto" respondió él apoyando el brazo en el cristal de la ventana, "Eso no te lo crees ni tú" repuso una voz dentro de su cabeza "Porque sabes que no es la primera vez que te pasa"

-Cállate –murmuró con los dientes apretados apoyando la cabeza en su brazo.

Aquella maldita cría le desconcentraba cada vez más poniéndolo de los nervios, lo que como consecuencia desencadenaba su mal humor. "Y este maldito hormigueo en el estómago me pone frenético, jamás volveré a saltarme una cena" miró los exteriores del castillo, sus terrenos estaban sumidos en la oscuridad en esa noche sin luna. Entonces algo llamó su atención haciendo que girara bruscamente la cabeza en dirección a la chimenea, unos murmullos resonaban en el silencio, pero no eran unos simples murmullos, ya había oído cosas parecidas. Snape se acercó a la chimenea y miró a la chica que se revolvía en el sofá, murmuraba algo inquieta, en una lengua que él jamás había entendido pero que reconocía.

-Élfico –musitó él con el ceño fruncido acercándose a Elyon que seguía moviéndose inquieta en el sofá bajo la manta.

La chica comenzó a aumentar el tono de los murmullos con tono asustado y en su expresión apareció el miedo, Snape siguió dónde estaba, no se atrevía a acercarse, por alguna razón solo podía limitarse a mirar. De repente Elyon gritó con fuerza y por sus ojos se escaparon lágrimas mientras se movía como si intentara escapar de algo. Esta vez el profesor no se lo pensó y se arrodilló junto a ella.

-¡Sht! Calma, tranquila –le susurró él sujetando sus manos que se movían frenéticas intentando no ser atrapadas, aunque él con habilidad lo consiguió-, solo es una pesadilla.

Elyon seguía retorciéndose e intentaba librarse del agarre del hombre, Snape puso una mano en su frente y recorrió su cara hasta llegar a su mejilla.

-No pasa nada, solo es un mal sueño –murmuró él agarrando con firmeza sus pequeñas manos-, no te va a pasar nada mientras esté aquí.

Poco a poco la chica se fue calmando hasta que su respiración volvió a ser normal, aunque en su rostro aún seguía la expresión de miedo. Snape acarició su mejilla con suavidad y le secó las lágrimas, Elyon frunció el ceño y después su expresión se fue relajando. El joven la miró pensativo, ¿sería posible que el recuerdo del Callejón del Sauce aun la atormentara por las noches? Teóricamente después de saber de qué se trataba, la pesadilla se tenía que haber convertido en un recuerdo ahora también suyo, ¿si eso había ocurrido así entonces por qué había sufrido otra pesadilla hacía solo unos minutos? El profesor retiró su mano del rostro de la chica e iba a soltar sus manos cuando fue ella quien lo sujetó impidiendo que se alejara. Snape frunció el ceño mientras notaba como el hormigueo de su estómago se reavivaba con fuerza.

-No te vayas –murmuró Elyon en sueños-, no me dejes sola papá.

El hombre se libró de su agarre y la volvió a cubrir con la manta. Snape se sentó en un sillón y se anotó mentalmente que debería mencionar los hechos a Dumbledore, pero se quedó dormido junto al fuego.

...

Elyon abrió los ojos con cansancio, le dolía todo el cuerpo y el frío le había calado hasta los huesos, se incorporó en el sofá y miró a su alrededor mientras se enrollaba en la manta.

-Buenos días –la saludó Dumbledore avivando el fuego con su varita.

-Buenos días profesor –le saludó ella bajando la vista avergonzada- esto… perdón por lo que dije ayer yo…

-No hace falta que te disculpes, muchas veces decimos las cosas sin pensar –la interrumpió el anciano.

Ella asintió con la cabeza soñolienta. Se saltó las clases de Oclumancia y Legeremancia ya que se había despertado bastante tarde y tampoco estaba de humor para asistir, se las hubiera saltado como hacía desde su encontronazo nocturno con Snape antes de empezar el curso. Se dirigía hacia la Sala Común cuando alguien la llamó.

-¿Elyon? –preguntó una chica a su espalda.

Ella se giró y vio a Lisa acercarse a ella con algo de timidez.

-Hola Lisa –la saludó, la chica le sonrió con algo de preocupación.

-¿Dónde has estado esta noche? Estábamos todos preocupados al ver que no asistías a la clase de Astronomía –preguntó la morena.

-Bueno… eh –tartamudeó Elyon sin saber que decir.

-Te hicieron cumplir el castigo durante toda la noche, ¿no?

-La verdad es que no, solo fue el sermón. El castigo aun no sé cuándo lo tendré que cumplir –contestó ella con una sonrisa torcida.

-Pues menuda charla –sonrió Lisa.

-¿Era por eso por lo que me buscabas? –preguntó Elyon acercándose a Lisa.

-Sí y no, quería darte las gracias por haberme defendido en Pociones. Nadie había hecho eso por mí, y menos si a penas me conocía –se sinceró la joven metiendo sus manos en los bolsillos de sus vaqueros negros.

-No hay de qué, es que no soportaba ver como te trataba Snape, alguien tenía que pararle los pies –comentó Elyon como si nada.

-Pues te doy las gracias de todo corazón, aunque jamás me hubiera imaginado que alguien tuviera el valor suficiente para incluso tutear a Snape.

Elyon se limitó a sonreír algo cohibida, ni siquiera se había dado cuenta de que lo había tuteado en público. Las dos se fueron a dar una vuelta por el castillo mientras se iban contando cosas y se conocían un poco más. A Elyon le gustó aquella chica, era sencilla y muy simpática cuando se decidía a hablar.

-¿Puedo hacerte una pregunta? –Lisa asintió- ¿Por qué vas siempre vestida de negro y con los ojos tan pintados?

-Bueno… empecé a vestirme así para que mis padres me prestaran algo más de atención, pero no ha funcionado… y le he cogido el gustillo a esta estética –contestó ella afligida.

-Las chicas mencionaron algo sobre que tenías problemas familiares –se atrevió a curiosear Elyon.

-Sí, mis padres viven separados desde hace cuatro años, aún no han pedido el divorcio, pero no creo que tarden mucho… las cosas no mejoran –explicó ella.

-Ya verás como todo se soluciona, nunca hay que perder la esperanza –la animó Elyon con una sonrisa.

-Eso espero –musitó la muchacha.

Se dirigían de nuevo a la Sala Común cuando vieron a Snape llegar desde la otra punta del pasillo, las dos siguieron caminando sin reparar en él, pero este las detuvo al detenerse frente de ellas.

-Señorita McWilliams creo que tenemos un castigo pendiente –anunció con su habitual frialdad.

-¿Tiene que ser ahora? –preguntó Elyon con fastidio.

-Será cuando yo diga –contestó el profesor con sequedad.

-Ya seguiremos hablando luego –se despidió de Lisa, que la miraba algo preocupada.

-Suerte –le murmuró esta antes de seguir su camino.

Profesor y alumna caminaban juntos por el pasillo sin cruzar palabra alguna.

-¿Por qué tengo que cumplir el castigo precisamente hoy? –volvió a preguntar ella.

-¿Es que antes no te ha quedado claro? –respondió él- Y te aconsejo que lo acabes pronto, tienes dos clases más esta tarde y la que perdiste de Astronomía ayer noche.

Elyon resopló con enfado, ¿es que no podía dejar de ser borde ni por un momento? ¿Ni siquiera después de que ella se hubiera sincerado con él? Llegaron a la enfermería y la atravesaron hasta llegar a una puerta situada al final de la sala tras unas cortinas, Snape la abrió y Elyon tuvo que taparse la nariz, el olor que salía de aquel baño era nauseabundo.

-Vas a limpiarlo sin uso de la magia –sentenció el profesor-. Dame tu canalizadora.

-¿Qué? –Elyon no podía creer lo que le decía, no quería.

-Ya no eres tan gallita, ¿verdad? Como he dicho vas a limpiar con agua y jabón.

-Ni hablar, no pienso hacerlo. Esta peste no es normal –se negó ella-. Es cosa tuya, seguro.

-Tu verás lo que haces, pero no vas a salir de aquí hasta que lo hayas limpiado todo –Snape la empujó al interior del baño, le quitó la canalizadora del bolsillo y cerró la puerta.

Elyon observó el lugar mientras se tapaba la nariz con la mano, a primera vista el baño no parecía estar muy sucio, pero cuando llegó a los retretes tuvo ganas de devolver. Uno de ellos estaba atascado y el agua salía poco a poco de color marrón e iba empapando el suelo con calma, otro tenía resto de vómito… pero el que más asqueroso resultaba a la vista era uno que tenía la taza cubierta por una especie de vómito verde que burbujeaba y humeaba sin pausa y del que provenía el espantoso olor. Elyon intentó asomarse a una ventana para poder respirar otro aire que no fuera ese, pero por desgracia éstas estaban demasiado altas para llegar a ellas incluso subiéndose encima de los retretes. Se acercó a la puerta del baño y se apoyó en ella, no pensaba limpiar ese baño, eso nunca. Aquel castigo no era justo, si le había faltado al respeto a un profesor había sido porque éste no se lo tenía a sus alumnos y no pensaba ceder en esa opinión.

Estaba golpeándose ligeramente la cabeza contra la puerta pensando como escabullirse del castigo cuando escuchó el roce de un cristal contra una superficie dura, se alejó de la puerta y se asomó a uno de los retretes, ojalá que del vómito verde no estuviera saliendo una criatura especialmente repulsiva.

-¿Peeves? –Elyon miró al polstergeit que estaba recogiendo el vómito humeante con una pequeña botella.

-¿Qué haces aquí duendecilla? –le preguntó él escondiendo el frasco.

-Me han castigado a limpiar los baños, ¿qué haces con esa botella? ¿Piensas gastarle una gamberrada a Filch? –le preguntó ella con el ceño fruncido.

-Eso no es de tu incumbencia, orejas picudas. Déjame con mi trabajo –le dijo Peeves con enfado.

Entonces a Elyon se le encendió la bombilla y sonrió con picardía, a lo mejor no tendría que limpiar el baño después de todo.

-¿Y si le dijera a Filch lo que tramas? –insinuó ella con una sonrisa torcida.

-Me encargaría de que te comieras todas las velas del castillo –le contestó el hombrecillo azul.

-Si lo hicieras Dumbledore te echaría de aquí, y no creo que tú quieras eso, ¿verdad? –siguió hablando ella con la misma sonrisa.

-¿Qué estás tramando? –Peeves parecía haber visto la trampa.

-No diré nada si limpias el baño por mí –contestó ella.

El polstergeit rió con fuerza flotando varios centímetros por encima de su cabeza.

-Tu silencio no paga la limpieza de esta pocilga –siguió riendo él.

-Pero si a ti no te cuesta nada hacerlo –se quejó ella cruzándose de brazos.

-Esfuerzo puede que no, pero si tiempo ¡Y mi tiempo es muy valioso! –comentó Peeves mirándose las uñas.

-Vale, ¿y si además de mi silencio consigues artículos de Zonco para seguir fastidiando a Filch? –Elyon intentó cambiar de estrategia.

-No necesito artículos de Zonco para fastidiar a Filch –contestó él-. Mis gamberradas tienen marca propia.

-Pero con esos artículos podrías volver loco a Filch. Varias bombas fétidas puestas en diferentes sitios del castillos conseguirían hacerle correr durante mucho rato –siguió probando ella.

Peeves se golpeó la barbilla con el dedo, pensativo. Elyon sonrió, había conseguido tentarle.

-Vale, trato hecho, limpio el baño si tú no dices nada y me consigues los artículos de Zonco que yo te diga –aceptó Peeves.

-Hecho –la chica estrechó la mano del polstergeit satisfecha.

-Ahora vete hacia la puerta y date la vuelta, no me gusta que los alumnos descubran mis trucos –le dijo el hombrecillo con un ademán para que se alejara.

Elyon obedeció y mantuvo su posición durante varios minutos en los que no se escuchó nada.

-¡Ya puedes girarte! ¡Ha, ha! –le dijo la voz chillona de Peeves.

Al hacerlo no pudo evitar soltar un silbido de admiración, el baño estaba impecable, parecía completamente nuevo y el olor nauseabundo había desaparecido por completo.

-¡Recuerda que tenemos un trato duendecilla! –le dijo Peeves antes de desaparecer.

La chica se quedó una media hora en el interior del baño abriendo los grifos de vez en cuando y golpeando ligeramente los lavamanos y los retretes con el cubo que le había dejado Snape, para que desde el exterior pareciera que realmente hacía algo, aunque fuera mentira.

Elyon salió del baño fingiendo cansancio, encontró a Snape tumbado en una de las camas absorto, como de costumbre, en un libro de tapas oscuras, seguramente sobre pociones.

-Acabé –anunció ella con voz audible.

Snape levantó la vista del libro y la miró alzando una ceja.

-¿Pretendes que me lo crea? –le dijo incrédulo.

-Échale un vistazo si no me crees –contestó la chica con una sonrisa de autosuficiencia.

El joven lo hizo y volvió con una expresión bastante airada.

-Largo –le dijo con enfado tendiéndole su canalizadora.

-¿Cumplo el castigo y todavía te cabreas? Eres increíble –gruñó ella saliendo de la enfermería.

-Sé que no has cumplido el castigo y te aseguro que averiguaré como has conseguido limpiar el baño en tan poco tiempo –le dijo Snape cogiendo el libro que estaba encima de la cama y cerrándolo con fuerza.

...

-¿Qué tal el castigo? –le preguntó Lisa en la habitación.

-Bien, coser y cantar –contestó ella-; no veas el cabreo que se ha cogido cuando lo ha visto cumplido.

-Creo que deberías andarte con cuidado entonces –le dijo Lisa.

-¿Andarme con cuidado? Si no fuera tan borde no le plantaría cara –se quejó Elyon.

-Puede ser, pero a lo mejor también deberías respirar y pensar antes de hablar. Te puedes meter en muchos líos si no piensas lo que dices, aun teniendo toda la razón del mundo –reflexionó la chica.

Elyon miró al suelo, Lisa tenía razón, quizá debería calmarse antes de plantarle cara por algo. A lo mejor una tregua no sería mala idea. Así sus clases con él serían más llevaderas, además, la pasada noche prácticamente había prescindido de la bordería cuando ella flaqueó emocionalmente. Se levantó y dio un par de vueltas por el cuarto, lo mejor sería ir a hablar con Snape.

-¿Me disculpas un momentito? Enseguida vuelvo –Lisa asintió.

Corrió hacia las mazmorras y tocó con educación a la puerta.

-Adelante.

Elyon abrió la puerta y entró en el despacho.

-Con esa forma de llamar no pensé que pudieras ser tú –comentó el profesor- ¿Has venido a admitir que no has limpiado el baño?

-No. Quiero firmar una tregua, pero si vas a seguir siendo así de borde, creo que me iré por donde he venido –le dijo alzando una ceja molesta.

-¿Una tregua?

-Sí, estoy más que harta de pelear contigo y no poder estar en la misma habitación que tú sin acabar discutiendo. Así que he venido a decirte que si tú intentas respetarme yo haré lo mismo contigo –propuso ella.

Snape se levantó de la mesa y se acercó a ella tendiéndole la mano, Elyon se la estrechó con una sonrisa. Se sorprendió de que ni se tomara unos minutos para reflexionar.

-Por cierto, Dumbledore te ha dado permiso para que ayudes a Atler en mis clases –le informó antes de que se fuera.

-De acuerdo.

Cuando regresó a la habitación la encontró vacía, se dirigió a por unos libros para comenzar a hacer los deberes cuando tropezó con el lápiz de ojos de Lisa, lo recogió del suelo y lo miró con curiosidad. Elyon torció una sonrisa, jamás se había maquillado y sin embargo muchas de las alumnas si lo hacían y la verdad es que les quedaba bien.

-¿Te apetece ver cómo te queda? –le preguntó Lisa desde la puerta.

-¡No, gracias! –contestó Elyon apresurada dejando el lápiz de ojos sobre el baúl de su compañera.

-Conozco esa mirada y sé de sobra que tienes curiosidad –rió la muchacha dejando los libros que llevaba en los brazos sobre su cama.

Elyon se la quedó mirando y se torció el meñique hacia atrás.

-Sólo para probar –cedió finalmente.

-Sólo para probar –sonrió Lisa.

Esa situación le era especialmente incómoda, era la primera vez que lo hacía y no estaba segura de si al mirarse al espejo parecería un payaso.

-Ya puedes mirarte –le dijo su compañera alargándole un espejo.

-Vaya – musitó Elyon.

Se sorprendió al ver que el verde de sus ojos se había intensificado al perfilar sus ojos con el lápiz y un poco de sombra de ojos negra. Era un efecto impactante.

-¿Te gusta? –le preguntó Lisa con el ceño fruncido y mordiéndose el labio.

-La verdad es que sí –contestó ella-. Pensaba que me maquillarías igual que tú… más… dramático –rió.

-¡No, mujer! Tienes unos rasgos muy finos para un maquillaje tan exagerado como el mío. Pero sabía que te quedaría bien algo mucho más sutil y natural con esos ojos tan preciosos que tienes –sonrió con orgullo la morena y Elyon se sonrojó-. Bueno vamos a comer, tengo hambre.

-¿Tengo que ir con los ojos pintados al Gran Comedor? –preguntó insegura Elyon.

-¡Claro! Así le pedimos opinión a las chicas –propuso su compañera.

-Me da vergüenza… es un cambio muy radical de un día para otro –insistió ella.

-No seas tonta, ni que fueras la única del colegio que un día se levanta y decide maquillarse –rió la morena.

Lisa corría pasillo abajo y Elyon la seguía riendo.

-¡Espera! –le gritó ella.

-¡Tengo hambre! –respondió la chica sin parar de correr.

A esa velocidad apenas podía esquivar a la gente que se cruzaba en su camino y chocó accidentalmente con uno de los profesores.

-¡Perdón! –se disculpó ella mirando fugazmente al atropellado y siguiendo su camino en pos de Lisa.

Snape se quedó parado en medio del pasillo mirando en la dirección por la que Elyon había desaparecido corriendo, no sabía porque pero era incapaz de moverse y de apartar de su mente aquellos ojos verdes que le habían atravesado con una inocente sonrisa. No se había dado cuenta del verde intenso de sus ojos hasta ese momento.

-Severus, Severus... ¿vas a comer algo o no? –le preguntó Zelda.

-¿Qué? –preguntó él volviendo a la realidad.

-Que si vas a comer algo –repitió ella cruzándose de brazos.

-Sí, sí, claro… ahora me dirigía al Gran Comedor –contestó él.

-¿Te importa si te acompaño? Estoy muerta de hambre –le dijo la profesora con una sonrisa.

-No, por supuesto –suspiró él pasándose una mano por el pelo intentando ordenar sus pensamientos y cavilaciones que una vez más habían escapado a su control.