Disclaimer: Rowan y Arah son personajes nacidos para el universo de los Juegos del Hambre y nos pertenecen a Cora y a mí.
Regalo de cumpleaños para Coraline T.
Capítulo 10
Rowan
Empezamos a conocernos. Y resulta sencillo, tal vez demasiado, el que en mi cabeza termine de cimentarse la idea de que esto, nosotros dos, es lo correcto. Lo perfecto.
Se convierte en una costumbre y cada vez resulta más natural el verla sentada al borde de mi cama. Pasados unos cuantos días, incluso se quita los zapatos y sube los pies, escondiéndolos bajo las faldas de su vestido.
Hablar se vuelve muy fácil. Ella establece una norma en la cual, por cada cosa que ella me cuente, yo tengo que contarle algo sobre mí, sobre el mismo tema. Me habla sobre su primera mascota, un gato blanco al que llamó Snowflake, lo adoptó a escondidas y logró mantener el secreto por tres días, hasta que su madre lo descubrió, se lo quitó e hizo que el jardinero lo ahogara en la fuente. Su voz se quiebra un poco cuando cuenta esa historia,
Yo le cuento entonces sobre cómo mi primer caballo se cayó una vez, cuando yo tenía diez años y se quebró dos patas. Le cuento cómo mi padre hizo que yo mismo me encargara de sacarlo de su sufrimiento.
Ella me mira horrorizada y ninguno de los dos dice nada, ella asimilándolo y yo esperando su reacción.
—¿Cómo se llamaba? — pregunta al cabo de un rato.
—Avena— replico y ella se ríe—. En mi defensa, mamá me lo dio cuando tenía siete, me pareció un buen nombre en ese entonces. Le gustaba la avena.
—¿Lloraste?
Dudo antes de responderle.
—No en ese momento.
—¿Por qué no?
—Padre no lo permitía.
—¿Llorar? —dice con sorpresa.
Agito la cabeza:
—Ser débil— explico.
—Pero ¡eras un niño! — dice, alterada—. ¿No solo te hizo matar a tu mascota, sino que tampoco te dejó llorar por ella?
—Lo hice después— digo con un encogimiento de hombros—. Y no es tan raro— continúo—, así se ha criado a los varones Greyfox desde hace generaciones.
—¿Cómo personas sin sentimientos? —dice mientras enarca una ceja—. ¡Como si sentir pena por algo que quieres y pierdes fuera ilógico!— dice con el ceño fruncido—. Pues entonces nuestros hijos serán los primeros en romper la tradición— dice, muy convencida por dos segundos, hasta que parece caer en lo que ha dicho, entonces su rostro se torna de un rojo casi púrpura—. Yo no… yo no me refería a…
Me inclino y la tomo de la mano:
—Los criaremos como consideremos conveniente— le digo con suavidad—. Los dejaremos llorar si quieren hacerlo, pero también les enseñaremos a ser fuertes.
Ella me observa, con los labios separados y los ojos fijos en los míos.
—Bueno, ya veremos qué pasa— dice, desviando la mirada.
…
Me dice que le habría gustado tener hermanos, pero que Emma quedó tan disgustada por cómo perdió su figura después de tenerla a ella que se negó a tener más hijos.
—¿Te habría gustado tener un hermano o una hermana?
—Uno de cada uno— dice, muy convencida—. Me habría gustado un hermano mayor y una hermana menor.
—Las hermanas menores son un incordio.
Ella rueda los ojos.
—Claro, y por eso reaccionas así con Jess. Está claro que la adoras.
—Eso no hace que no sea un incordio. ¿Por qué te habría gustado que tener un hermano mayor?
Ella parece algo cohibida:
—Puedes decírmelo— le aseguro.
—Bueno, es que entonces no me habrían tocado a mí todas las responsabilidades. Tal vez, si hubiera tenido un hermano, mi padre no habría… No importa— dice con las mejillas calientes.
—Seguro que un hermano habría cuidado de ti. Seguro que me habría puesto las cosas difíciles y ahora tendría que estarme cuidando de que viniera a retarme a un duelo por tenerte aquí, a solas.
Ella pone los ojos en blanco.
—Bueno, para eso habría tenido que enterarse ¿no?
Le sonrío.
—Y tú no se lo has contado a nadie.
—Ni usted tampoco— dice enarcando las cejas.
—Dije que no lo haría.
—No esperaba que cumpliera.
Me echo a reír.
—Tendría que ser muy tonto para romper una promesa como esa.
—¿A qué te refieres?
—A que, si alguien se enterara, todo se echaría a perder.
—Para mí— dice ella, bajando la mirada.
—Para mí también. Si fuera Jess, no nos delataría, pero posiblemente insistiría en unírsenos. Si fuera mi madre, sacaría conclusiones apresuradas y empezaría a planear la boda, y sé que eso no te gustaría. Si fuera cualquier otra persona, te haría sentir incómoda. Sea como sea, esto— digo señalándonos—, no volvería a ser lo mismo. Estoy bien así, teniéndote solo para mí.
—Usted no me tiene.
A veces, encontraba algo irritante la manera en que ella se resistía a lo que sucedía entre nosotros. A lo que yo la hacía sentir.
—Un tecnicismo.
—No, no lo es. Yo no soy suya.
—Por ahora.
—Son precisamente ese tipo de comentarios los que me convencen, Lord Greyfox, de nuestra incompatibilidad de caracteres.
—Por el contrario— replico mientras me enderezo en mi cama, cada día resulta más fácil, con cada noche que pasamos juntos, me siento un poco más fuerte—, es este el tipo de situaciones que me convencen de que tú eres la mujer para mí.
Ella parece descolocada.
—Todo lo que hacemos es discutir— dice arrugando la nariz.
—No todo— replico—, y en cuanto haya sanado por completo, podremos hacer muchas más cosas— digo enarcando las cejas, haciéndola sonrojarse.
—Se comporta usted como un bárbaro.
—¿Y te molesta que eso te guste?
Ella gira el rostro y no dice nada.
—Lo suponía.
…
Cuando resulta evidente que he recuperado la fuerza, ella empieza a ayudarme a ponerme de pie. Haciendo que le rodee los hombros con un brazo y ayudándome a soportar parte de mi peso con su cuerpo.
Al principio, el simple hecho de dar un par de pasos fuera de la cama, parecen drenar por completo mi energía. Debo resoplar y pedirle que me devuelva a la cama y me la paso enfurruñado el resto de la noche. Me sorprende que, en esas ocasiones, ella no se vaya más pronto de lo usual.
Dos pasos se convierten en cinco y esos cinco se vuelven diez. Poco a poco, resulta menos doloroso, hasta que su apoyo se vuelve algo más ansiado que necesitado. A veces, cuando volteo a ver hacia abajo, ella tiene las mejillas coloreadas y no consigo descubrir si se debe a nuestra cercanía o al esfuerzo que debe hacer, después de todo, soy mucho más grande que ella. Aunque de igual forma, me gusta pensar que se debe a lo primero.
—Se está poniendo usted más fuerte— dice ella—. Dentro de poco debería poder dejar esta habitación. De hecho— continúa—, me sorprende que no haya insistido usted en hacerlo antes o que sus doctores crean que este encierro es bueno para usted.
—Existen razones— le digo—. En primer lugar, el invierno está resultando ser particularmente duro y el frío no me ayudará mucho, y seguro habrá notado usted lo helados que se ponen los pasillos. Además— continúo—, no me gusta la idea de que mis sirvientes y mi familia me vean así.
—Así ¿cómo?
—Débil— replico.
—Humano, querrá decir— dice ella—. Le molesta que vean que es de carne y hueso, igual que ellos.
—Soy un duque— replico.
—¿Y? Que yo sepa, el título no viene con poderes divinos. El hecho de que haya sobrevivido a una herida como esta— dice, evidentemente molesta—, debería hacerlo más fuerte ante sus ojos, no más débil. Si le interesa mi opinión, considero que está comportándose usted como un idiota— dice antes de levantarse y marcharse, sin darme tiempo a replicar nada.
…
La expresión que pone cuando, al día siguiente, se topa conmigo en el pasillo, no tiene precio.
—¡Rowan! —chilla Jess que, hasta ahora, iba caminando con ella tomada de su brazo—. ¿Qué estás haciendo fuera? ¿Tienes permiso para salir?
Arah, por su parte, recorre con la mirada el bastón en el que me apoyo, con incrustaciones de diamantes y la cabeza de un zorro tallada en plata en la empuñadura.
—Lord Greyfox— dice, mucho más comedida que mi hermana, haciendo una reverencia—. Tiene usted buen aspecto— le sonrío, pero ella continúa ablando—. Es bueno saberlo, a juzgar por su larga reclusión, la mayoría pensábamos que se encontraba usted moribundo.
—¡Arah! —la reprende Jess—. No le digas esas cosas a mi hermano.
Así que esta será la forma en que nos tratemos. Sonrío.
—Pude haberme muerto— le digo mientras afianzo un poco mi agarre sobre el bastón—, pero entonces me puse a pensar que, si me moría, te privaría del placer de casarse conmigo. Eso no sería nada cortés de mi parte. ¿No te parece?
Ella enarca una ceja y voltea a verme, como si me deseara una muerte prematura.
—Oh sí, me habría sentido desolada porque su muerte me privara de ese placer— dice con una mueca.
—¡Arah! —Jess parece horrorizada.
—No te preocupes, Lady Arah— digo con una sonrisa, aunque la posición de estar aquí de pie empieza a cansarme—. Le aseguro que no tengo intenciones de morirme pronto. Aunque solo sea con el fin de molestarla.
Ella hace una mueca y dirige su atención a la forma en que la mano que sostiene el bastón me tiembla un poco por el esfuerzo. Me dedica una mirada fugaz, preocupada, y tira del brazo de Jess.
—Lo tendré en cuenta. Ahora, si nos disculpa, Lady Jessabeth y yo nos dirigíamos a otro lugar.
—Pero yo… —empieza Jess.
—Tengo cosas que hacer, Jess— le digo, fingiéndome comprensivo, agradecido de que ella me haya dado una salida.
—¿Cenarás con nosotras hoy? —dice mi hermana, aun resistiéndose a marcharse.
—Ya veremos— le digo, sonriéndole, y ella parece aliviada. No había notado lo tensa que había estado cuando había ido a verme con anterioridad a mi habitación.
—Vale— dice, sonriendo contenta.
Las observo alejarse y, cuando Arah se voltea para verme al llegar al final del pasillo, sonrío, contento.
…
Madre se pone pletórica cuando, durante la cena, aparezco en el comedor. Me ofrece la mejilla y extiende los brazos para abrazarme.
–Te ves casi saludable.
–El casi es una distinción importante.
Madre hace una seña, de manera que preparen un lugar más en la mesa, el cabecero.
–¿Cómo te sientes, cariño?
–He tenido días mejores– le digo–, pero también muchos peores.
–Tienes buena cara. Y algo de color en las mejillas y el doctor ha dicho que la fiebre ya ha desaparecido por completo. Al parecer, el descanso te ha sentado bien.
"Arah me ha sentado bien", pienso yo.
Le sonrío y asiento.
Las puertas del comedor se abren:
–¿Wan-Wan? –Jess entra dando traspiés y se cuelga de mi cuello. Contengo un siseo cuando su peso me causa una molestia en la herida.
–¡Jess! ¡Le haces daño!
Ambos levantamos el rostro, sorprendidos. Jess por el evidente tono reprobatorio de Arah y yo por el hecho de que ha aprendido a leer tan bien mi rostro que a pesar de que sé que he contenido la expresión de dolor, ella lo ha notado de todas maneras.
Jess balbucea una disculpa y me lanza una mirada lastimera a mí y otra a Arah, poco acostumbrada a que alguien la regañe.
–Estoy feliz de que estés bien– dice antes de sentarse junto a Arah, que sigue de pie junto a la mesa.
Sonrío, pero me quedo mirando a Arah, esperando su siguiente movimiento.
–Es bueno ver que se encuentra mejor, lord Greyfox– dice inclinándose un poco.
–He tenido un buen cuidador– digo con seriedad y ella me sostiene la mirada, apenas sonrojándose.
–Es bueno verlo– replica.
–Sí, la verdad es que espero que, en un futuro, si en algún momento se vuelve a repetir una situación como esta, pueda contar con sus servicios de nuevo.
Su ceño se frunce un poco. Es evidente que no se le ha escapado mi uso del pronombre posesivo. "Sus". Sí Arah, me refiero a los tuyos. Pero mi madre y mi hermana no tienen por qué saberlo.
–Bueno– dice Jess, evidentemente molesta por haber sido excluida de la conversación–, yo digo que tenemos que celebrar que Wan-Wan está bien.
Oh, oh.
–Deberíamos brindar– afirma Arah, aún sin conocer la fuerza imparable que es mi hermana.
–No seas simplona– dice ella, desechando la idea agitando una mano–. El regreso de mi hermano al mundo de los vivos tiene que celebrarse por todo lo alto. ¡Hagamos un baile!
–Pero Jess– intenta Arah ser razonable–, lord Greyfox apenas si se está reponiendo. No creo que quiera a un montón de invitados en su casa cuando apenas si está lo suficientemente fuerte para una reunión familiar.
"Familiar" ¿debería sentirme de esta forma por el hecho de que se ha incluido a sí misma en mi familia?
–Tonterías. Mira lo bien que está ahora. Además, no es como si fuera a hacerse mañana– dice rodando los ojos.
Arah parece aliviada.
–¡Que sea a fin de mes!
–Apenas faltan diez días para eso, Jess.
Madre se aclara la garganta y ambas mujeres guardan silencio.
–Creo que es una buena idea, Rowan. Ya han pasado casi cinco semanas desde que resultaste herido y a pesar de que has estado respondiendo la correspondencia, no has realizado ninguna aparición pública. Es importante que los otros nobles sepan que los Greyfox seguimos en el poder.
Jess aplaude, emocionada.
–Además– continúa madre–, es una buena oportunidad para presentar a Lady Arah como tu prometida.
–No– decimos los dos a la vez y ella me ve con sorpresa.
Madre parece genuinamente confundida, más por mi reacción que por la de ella.
–¿Por qué no?
Porque ella no me ha aceptado por voluntad propia. Porque quiero que, cuando sea mía y se lo diga al mundo, sea porque ella lo ha elegido así.
–Porque ya tengo otros planes para ese anuncio– digo, tajante–. Puedes hacer el baile, Jess, pero que no sean más de cien personas. Te daré una lista de personas que necesito que invites.
–Ya sé a quienes tengo que invitar. He hecho esto otras veces.
–Estos son invitados especiales, Jess, y ya deja de contradecirme– digo ligeramente irritado.
Ella cierra la boca.
El resto de la cena transcurre en silencio.
Más tarde, cuando me inclino para besar la mano de Lady Arah, la veo a los ojos con inusitada intensidad, esperando que entienda el mensaje.
Cuando ella acude a mi habitación, me doy cuenta de que nuestro entendimiento ha llegado a un punto sin precedentes.
Coraaaa! Ya sé que te tenía en abandono, igual que al resto de mis fics, pero hemos llegado a otro punto de quiebre para el Rowah y a pesar de que ya tengo iniciado el capítulo que sigue, tampoco quería correr e ir a arruinarlo.
Te agradezco la paciencia y te dejo esto como regalito para desearte todos los éxitos del mundo mañana. Sé que has permanecido tan liada que no has podido dejar review al anterior, pero igual vengo a dejarte buenas vibras.
Mil gracias a EroGhost-chan, Mildred, Guest y SaraTendo.
Un abrazo, E.
