Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 10-
Me pasé la mayor parte del día intentando hablar con Peter. Lo llamé al móvil varias veces pero siempre me saltaba el contestador, por lo que también le dejé varios mensajes que supe que no escucharía. Llamé a su casa también, pero obviamente no me respondió, por lo que a eso de las ocho de la tarde dejé de intentarlo. Lo vería al día siguiente en el trabajo y lo enfrentaría tanto si le gustaba como si no. La barbilla se me había hinchado a causa del puñetazo y me había salido una herida en la comisura del labio, pero me dije que me lo merecía. Me había acostado con la mujer de la que estaba enamorado mi mejor amigo tras haberle prometido que lo ayudaría a conquistarla, y de alguna manera había jugado con Alice engañándola. No merecía tener en mi vida a ninguno de los dos, pero los necesitaba. Y no me iba a quedar de brazos cruzados.
A la mañana siguiente, tal como había supuesto, Peter no vino a mi despacho como hacía cada día. Por eso fui yo al suyo siendo consciente de que no me perdonaría con facilidad. Llamé a la puerta, pero como no recibí respuesta entré sin más miramientos, recibiendo una mirada fulminante por su parte. Estaba sentado tras su escritorio, tecleando rápidamente sin mirar la pantalla del ordenador.
—No pienso hablar contigo, así que puedes largarte.
—No me voy a ir hasta que me escuches.
—Ya he escuchado bastantes mentiras por tu parte. No quiero oír más.
Respiré hondo y me acerqué a su mesa, apoyando las manos planas en ella.
—Sé que me he portado como un auténtico cabrón, pero todo tiene una explicación.
— ¿Ah, sí? Pues me importa una mierda.
—Estoy enamorado de Alice.
Ya lo había dicho. Era la primera vez que expresaba de aquella manera mis sentimientos y no había sido tan terrible como me lo había imaginado; simplemente me había sentido liberado. Tras decir aquella frase mi amigo dejó de teclear y me miró con seriedad, para después echarse a reír.
—Qué casualidad, ¿verdad? Hasta hacía un par de semanas la palabra amor te daba arcadas. Qué oportuno que justamente te hayas enamorado de la misma mujer de la que estoy enamorado yo.
—Peter, no la conoces.
—Ya te has ocupado tú de conocerla. Incluso te la has llevado a la cama.
Suspiré y después negué con la cabeza.
—Crees estar enamorado de ella, pero es solo una ilusión.
— ¿Y tú qué coño sabes de mis sentimientos? —exclamó poniéndose en pie de repente. Me sorprendió el hecho de oírle decir palabrotas, con lo correcto que era. Así de cabreado estaba—. Y además, ¿quién te crees que eres para darme lecciones de amor? Tú, que te has pasado siete años acostándote con mujeres para luego echarlas de tu cama como si fuesen basura, ¿ahora vas a venir a darme lecciones a mí?
—Nunca he tratado mal a una mujer, lo único que sucedía era que no quería nada serio con ninguna de ellas.
—Ya, pero con Alice sí lo quieres, ¿no?
—Sí. Sé que te cuesta creerme, pero es así.
—No me jodas, Jasper… Se suponía que ibas a ayudarme, y en vez de eso te has acostado con ella.
—Nada salió como lo planeé. Te juro que intenté alejarme de Alice, te lo juro. Cuando me di cuenta de que me pasaba algo con ella quise decirte que iba a dejar el plan, pero todo salió al revés. Y… fue ella la que vino a mi casa el sábado, yo no pretendía que pasara nada de esto. Solo… no pude resistirme.
Peter permaneció en silencio durante unos segundos, hasta que finalmente me miró y habló:
— ¿Ella también está enamorada de ti?
—No lo sé. Pero me gustaría averiguarlo… aunque lo cierto es que ahora también me odia.
—Porque la engañaste.
—Sí.
—Supongo que eso es también culpa mía, y me sabe mal por ella.
—Sé que es mucho pedir, pero me gustaría que me perdonaras —le dije en voz baja—. Me he portado como un auténtico capullo, pero en ningún momento hice nada con la intención de herirte.
Peter asintió en silencio.
—Las cosas no han salido como ninguno de los dos esperaba, ¿verdad?
—Eso parece.
Mi amigo suspiró.
—Quiero perdonarte, Jasper, de verdad que sí. Te aprecio muchísimo porque eres mi mejor amigo, pero aún no puedo hacerlo. Sigo teniendo ganas de golpearte.
Me reí entre dientes.
—Estás en tu derecho. Sé que será difícil que consigamos tener una relación como la de antes, pero pondré todo mi empeño porque así sea.
—Solo… dame tiempo. Soy consciente de que la culpa no es solo tuya; yo tendría que haber sido más atrevido y hablar directamente con Alice sin meterte en medio, y si las cosas han salido así es porque obviamente ella siente algo por ti —Peter sacudió la cabeza—. Dame tiempo, por favor.
—De acuerdo. Ya nos veremos, Peter.
Salí del despacho algo más tranquilo. Aún no me había perdonado, pero por lo menos le había dicho lo que quería decirle y había sido sincero con él, que era lo que más deseaba. Era el turno de ser sincero con Alice, aunque era consciente de que ella no me pondría las cosas tan sencillas.
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Aquel día desayuné solo y más tarde comí con mi padre, que quería saber cómo me encontraba de la migraña y que se preocupó al ver mi barbilla hinchada y mi labio herido. Le expliqué que había sido un accidente doméstico que no tenía más importancia y pareció creérselo, por lo que dejé estar el tema. No había hablado con él desde el sábado y mi madre había estado preocupada, así que hablamos largo y tendido a pesar de que no le conté nada ni sobre Alice ni sobre Peter. Antes de nada quería solucionarlo, después ya llegaría el tiempo de las explicaciones.
Alice me había dicho que no regresara a la cafetería, pero de alguna manera tenía que pedirle perdón, así que por la tarde me dirigí al Queen Anne Café pero no entré. Me aseguré de que Alice estaba allí dentro ajena a mi presencia y después me metí por el callejón que había justo al lado del establecimiento. Allí se encontraba la puerta trasera, por donde Alice o su hermana salían para tirar la basura. No estaba seguro de cuándo la tiraban, imaginaba que al final de cada jornada, además de que me arriesgaba a no encontrarme con Alice, sino con su hermana, pero me dije que qué más daba. De perdidos al río.
Esperé durante casi una hora y cuarto, intentando aclarar en mi mente qué iba a decirle cuando la viera, si es que la veía, y de repente se abrió la puerta y por ella apareció Alice, que se detuvo en el instante en el que me vio, pálida.
—Hola —fue lo único que atiné a decir.
Tardó en responderme, pues primero tiró la bolsa de basura al cubo correspondiente y después se sacudió las manos en el delantal.
—Te pedí que no vinieras.
—Tenía que hacerlo… Tengo que decirte muchas cosas.
—Ya te dije ayer que no quiero oírlas, así que… adiós, Jasper.
Hizo el ademán de entrar dentro del establecimiento de nuevo, pero se lo impedí sujetándola del brazo. No hice presión alguna porque no quería obligarla a nada, pero necesitaba que me escuchara.
—Por favor, espera. Por favor —casi le supliqué cuando de un tirón se zafó de mi agarre. Sin embargo, se quedó quieta aguantando la puerta para que no se le cerrara y comenzó a hablar mirándome fijamente:
—No te quiero escuchar por una razón. Ayer me dijiste que la primera vez que te propuse subir a mi casa rechazaste mi propuesta porque te dieron miedo las ganas que te entraron de decirme que sí… Y después, también me dijiste que la noche que cenamos juntos te marchaste de aquella forma porque te diste cuenta de algo que te asustó…
—Precisamente de eso… —empecé a hablar, pero ella me calló con un movimiento de su mano:
—Yo no quiero estar con alguien que tenga miedo de estar conmigo ni de sus sentimientos hacia mí. No quiero a alguien que se pase el tiempo analizando lo que siente por mí porque tiene miedo de sentir demasiado, ni que se asuste de quererme… Solo quiero a alguien que me quiera por cómo soy, Jasper —me confesó sencillamente.
—Alice, yo…
—Lo siento, pero eso es todo lo que tengo que decirte. Por favor, te lo pido de verdad, no vuelvas. Olvídate de mí… te será muy fácil hacerlo con cualquier otra mujer.
Sin dejarme decir nada más entró de nuevo en la cafetería y cerró la puerta a sus espaldas, dejándome fuera.
Joder.
Bueno, era consciente de que no iba a ser fácil, pero también era consciente de que si quería que Alice me perdonara me tocaría ser perseverante e insistente, por mucho que ella me pidiera que dejara de serlo. Tenía un plan en mente, algo sencillo pero sincero, e iba a hacerlo, pero necesitaba la ayuda de alguien… Alguien que, por alguna razón, no parecía sentir demasiado aprecio por mí.
Me quedé en el callejón hasta que vi a Alice salir de la cafetería a las ocho y diez. Se subió en un coche, imaginaba que era el suyo y que finalmente lo había ido a recoger del mecánico, y arrancó. Cuando estuve seguro de que se había marchado y de que no iba a volver entré en la cafetería y sin vacilar me dirigí a la barra. Cynthia, la hermana de Alice, se encontraba allí mirándome como si fuera un insecto asqueroso.
— ¿Qué hace usted aquí? —me preguntó mordazmente aunque en voz baja.
— ¿Así trata a sus clientes? Vaya.
—Sé que eres tú el motivo por el que mi hermana ha estado tan apenada hoy, así que no me vengas con milongas.
Decidí que no me importaba que me tuteara, simplemente necesitaba su ayuda.
—Supongo que te habrá contado lo que sucedió, y aunque me encantaría darte mi versión para que no me condenes tan deprisa, no tengo mucho tiempo. Por eso te diré que estoy enamorado de tu hermana y que necesito decírselo de alguna manera.
Cynthia parpadeó seguidamente, sorprendida lo más seguro por mi franqueza, y después sacudió la cabeza.
—Pues ve y díselo, es así de fácil.
— ¿Por qué te crees que estoy aquí? He intentado decírselo antes, pero como me imaginaba no ha querido escucharme, al contrario. Lo bueno que tengo es que soy un hombre con recursos…
—Y que eres de lo más modesto, desde luego —apuntó ella achicando los ojos, pero la ignoré.
—…Y tengo un plan B. Aquí es donde entras tú. Necesito tu ayuda.
—No sé si te has dado cuenta, pero yo no estoy de tu parte, sino de la de Alice.
Puse los ojos en blanco. Iba a ser más difícil de lo que me imaginaba.
—Ya me lo supongo, y me alegra saber que Alice te tiene para protegerla, pero yo no quiero hacerle daño… no más del que ya le he hecho. Quiero hacerla feliz y quiero que se dé cuenta de que puede serlo conmigo. En estos días la he conocido mejor y creo que es una mujer formidable con la que quiero pasar mucho tiempo y compartirlo todo. Pero no podré hacerlo si no me deja, y no me dejará si no me perdona y me da otra oportunidad. Así que te lo pido por favor, Cynthia… Ayúdame.
Su hermana pareció pensárselo durante unos segundos en los que estuvo mirando fijamente la barra. Al cabo de un tiempo alzó la cabeza y me miró:
—Solo he visto a mi hermana enamorada una vez y… Dios, espero no estar equivocándome, en ese tiempo nunca la vi tan desilusionada como la he visto hoy, así que me imagino que ella también debe de sentir algo por ti. Ahora, escúchame bien: te voy a ayudar, pero como vuelvas a hacerle daño te juro que te cortaré en rodajas y se las serviré de desayuno, ¿te ha quedado claro? —Parpadeé seguidamente, algo asustado, y asentí en silencio, temeroso de abrir la boca. Esa mujer daba verdadero miedo—. Vale. ¿Qué quieres que haga?
—De momento, darme su número de móvil.
—No te va a responder, Romeo.
—Eso ya lo sé. Pero lo necesito para algo más.
Cynthia suspiró y sacó su teléfono móvil para darme el número de Alice. No sabía con certeza si estaba enamorada de mí, pero era consciente de que algo por mí sentía. Por eso lo que iba a hacer sería reconquistarla como solía hacerse en los viejos tiempos: sacando el romántico que había en mí.
¡Hola! Os dejo hoy un capítulo algo más cortito que espero que os guste mucho. Me voy rapidito porque está a punto de estallarme la cabeza (resfriados otoñales, qué le vamos a hacer...).
¡Nos leemos el lunes! XoXo
