Capítulo 9: Mi persona favorita en el mundo

Zelena había tenido una noche larga, pero bastante productiva en materia monetaria. El público de la ROC empezaba a poblar la isla. Un público mayoritariamente masculino y de buena posición económica. De todos modos, el verdadero afluente de gente llegaría a partir del día siguiente, una vez que los corredores estuvieran instalados en los distintos hoteles del centro turístico. Ya de día, la joven trabajadora nocturna se dirigió a su departamento ubicado en una de las principales calles del St. James, la Costa de Platino de la ciudad. Su ventanal en un piso 30 alcanzaba a tener vista a la costa, aunque con suerte se podía llegar a distinguir una ola de otra sobre esa altura. Su cortina verde blackout impedía el paso de la luz del sol que anunciaba el comienzo del día y, como consiguiente, el de su descanso. Sin embargo, cuando disponía a dormirse ya en camisón, el sonido del timbre perturbó su relax.

Zelena: ¿Quién es?

Xxx: ¡Policía!

Zelena: ¿Y qué se le ofrece?

Xxx: Necesito pasar a realizarle un interrogatorio.

Zelena: Envíen una orden judicial con citación en la comisaría. Para ingresar a mi departamento requieren, además, una orden de allanamiento.

Xxx: Ábreme la puerta, puta de mierda, si no querés que te la destroce.

Zelena: ¡No! ¿Vos y cuantos más, rubiecita acartonada?

Xxx: Conste que me obligaste. Charles, adelante.

Dos uniformados, un hombre y una mujer, ingresaron al domicilio de Fisher sin demasiados impedimentos. Charles, como aparentaba llamarse el primero, derribó la puerta de dos golpes y tomó a la muchacha de ojos verdes de los brazos, tendiéndola boca abajo en la cama con la boca tapada mientras ésta intentaba pedir ayuda.

Charles: Ni se te ocurra moderme la mano, mal parida, que te vas a enterar de lo que soy capaz.

Xxx: Dejala. Es una pobre ramera sin juicio.

Zelena: -Cuando el hombre le quita la mano de la boca.- Maldita porquería. ¡Auxilio!

Xxx: ¿Qué más vas a gritar? "Auxilio… ¿policia?" soy yo la policía, mamita.

Zelena: Ni siquiera mostraste tu placa.

Xxx: Es verdad, soy un poco ajena a las formalidades. -Saca una placa.- Aurora Bolger, oficial de policía.

Zelena: ¿Qué quieres?

Xxx: Saber un poco de ti. Ah, y de tus padres, si es posible.

Zelena: No tengo.

Xxx: Claro que sí, todos tenemos.

Zelena: Pues yo no. No están vivos.

Xxx: Oh, eso es otra cosa. ¿Los veías a menudo?

Zelena: ¿Qué carajo le importa? ¡Lárgueme!

Xxx: Me importa, querida. De otra forma no realizaría este operativo para consultartelo.

Zelena: Tú no eres policía, ¡Esto es ilegal!

Xxx: Quizás, pero no puedes hacer nada al respecto. Mira, me gusta llevarme bien con mis potenciales enemigos, para que no dejen de ser simplemente… potenciales. Si cooperas, te dejaré en paz. Si no lo haces me encargaré de destruir todo tu departamento y dejarte parapléjica. Tú decides. No lo haré yo, por supuesto, pero como sabes… no estoy sola.

Zelena: No sé nada de mis padres. A mi padre dejé de verlo aproximadamente cuando tenía seis años y a mi madre, a los 20. Sé que ambos están muertos y no tengo nada de ellos, no entiendo qué quiere de mí.

Xxx: Saber qué supiste de ellos, luego que dejaste de verlos.

Zelena: Nada. -Charles la golpea.- ¡Basta!

Xxx: Basta digo yo, jovencita. No mientas. Cuánto menos cooperes. -Saca un cigarro y lo enciende.- Peor te irá.

Zelena: -Forcejea- Es que no sé nada. Supe que mi padre hacía top race y que murió en las pistas. De mi madre no quise saber más nada, salvo que se casó nuevamente y se perdió por su sed de venganza. Más no supe.

Xxx: ¿Hermanos?

Zelena: No tengo. -La aprieta nuevamente.- ¡Es verdad!

Xxx: Sabes que no.

Zelena: No la conozco, ni siquiera recuerdo su nombre. Era chica cuando la vi nacer y mi madre nunca quiso decirme ni cómo se llamaba. Nada.

Xxx: Bien, déjala.

Charles: -La suelta.- ¿Sólo eso? -Golpea sus puños- ¡Hay que hacerla hablar!

Xxx: No hace falta, darling. No sabe más nada. Lo sé. Lo veo en su cara. Vamos.

Zelena: -Intenta incorporarse.- ¡Esto no quedará así! ¡Te denunciaré! ¡Es abuso de autoridad y no especificó el caso por el cual se me interrogó!

Xxx: No hay ningún caso, chica.

Zelena: -Se acerca al ventanal.- Ustedes no son policías, Lo supe desde un principio, ¡Manga de mafiosos! Encima me amenazan.

Xxx: Y tu nombre no es Zelena Fisher, ¿no? Por lo menos tu nombre completo. No, no lo somos. De todos modos, gracias por tu ayuda. Pierde cuidado, ya nos volveremos a ver. -Guiña el ojo derecho y le tira un beso.- No nos extrañes.

-Afuera-

Xxx: -Tira el cigarrillo en la calle, mientras su acompañante la observa.-

Charles: ¿Y bien, Rose? ¿Cómo seguimos?

Rose: Ya te dije. Detesto repetir las cosas.

Charles: Me refiero a la muchacha esta. Puede mandar a analizar las huellas digitales de la casa, buscarnos… No quisiste que usáramos guantes.

Rose: Le quitaba credibilidad al atuendo y, además, no son necesarios. Para empezar, no ingresé al país por migraciones. Lo haré, por supuesto, pero en unas horas. De todas formas, tranquilo. Toda la policía metropolitana conoce a las putas de la zona. Difícilmente alguno le tome una denuncia. Por más VIP que resulte, no deja de ser una puta.


Regina estaba inerte. Muchos pensarán que se podría haber mostrado triste, angustiada, eufórica, ahogada… pero no. La morena era exacta, estructurada hasta para sufrir. Como en la física. la suma de las fuerzas es igual a cero, la suma de sus emociones anuló su reacción. Estaba rabiosa, y a la vez conmovida. Tan sorprendida como defraudada. Emma no se animaba a hablarle. La veía en cuclillas mirando a un punto fijo. Seria. Vacía. La rubia sólo atinó a tocarle la espalda, acto que Mills reprendió tomándole bruscamente el brazo, aún sin quitar la vista del punto. LA corredora mufó y se alejó. La entendía, pero ella no tenía la culpa de su pesar. Luego de un rato notó que varios medios comenzaron a instalar sus cámaras en el portón del taller. Posiblemente quería retratar la salida del coche de carreras hacia su embarque rumbo a Barbados. Por fin se animó interrumpir el silencio.

Emma: Regina, sé que no es momento, pero están llegando algunos medios. Si no te encuentras bien puedo salir y brindarles algunas notas para distraerlos, mientras tú sales vestida de mecá…

Regina: -La interrumpe- Oh, claro. ¡Por favor! Si me encuentro en mi mejor momento. -Deja de tener la mirada perdida se vuelve, revoleando su negra cabellera- Me entero que mi padre no sólo me ocultó la verdad sobre mi madre toda su vida sino también a una hermana. Que, a su vez, a quien llamo mi padre NO es mi padre y que la persona que me trajo al mundo murió debido a una enfermedad que causa inmunodeficiencias contraída por ganarse la vida como una prostituta. ¿Por qué estaría mal? Perfecta me siento.

Emma: Hey, Gina, calma. Entiendo tu… bueno tu…

Regina: Mi impotencia, Emma. Eso es lo que siento, impotencia. Ira, bronca, dolor e im po ten cia. Impotencia porque tengo una hermana a la cual no conozco, un padre al que no conozco, una madre a la que no conocí -se quiebra- y otro padre al que creí haber conocido y día a día descubro nuevos motivos para creer que no fue así. -Cae de bruces y se seca las lágrimas-.

Emma: -Se acerca, agacha y luego la toma por la espalda- Vamos Gina, no lo castigues. No sabes cuáles fueron sus motivos. Tu mamá dice en su carta que, si él te ocultó algo, fue por respetar su voluntad.

Regina: Ah sí. -Estira su brazo y vuelca el cofre, haciendo que su contenido se desparrame por el piso del taller.- ¡Una hermana me ocultó! ¿Qué es esto? -Toma un dibujo- ¡¿Qué es?! Porque acá mi madre dice clarito que ella me creía adulta, feliz y en familia con una hermana mayor cuando leyera esto. ¿Vos conocés alguna? Bueno, yo no. Aunque a esta altura ya no me sorprendería que la conocieras. Una, o más… Quizás tenga esta hermana de este padre y 5 hermanos más de mi verdadero padre, que por cierto también desconoce mi existencia.

Emma: Ya, espera. No me ataques, sé que debe ser… difícil. Pero no conoces el motivo por el cual te lo ocultó.

Regina: La familia es parte de la identidad de una persona. Ocultarla es negarme la identidad. Es inconstitucional, un delito y, además, una falta completa de amor y una demostración absoluta de egoísmo. -Se para- Pero esto no es culpa de mi padre. Esto también es mi culpa. Por ser buena, por no resultar tra sgresora, Por no insistirle pensando que le hacía mal hablar de ella y no evaluar que quizás estaba ocultando trapos sucios o medias con agujeros y…

Emma: Espera un segundo, Mills. Cálmate. Cuando dije que no sabes por qué te lo ocultó, me refería a que… bueno. Te ocultó los motivos de la muerte de tu madre, a su pedido y, quizás, para no lastimarte. Tal vez por eso ocultó el destino de tu hermana. Quiero decir… puede que no esté viva, Regina.

Regina: -Agarra una de las dos hojas que componían la carta de su madre y la parte al medio.- ¡Pero si estuviera muerta mínimamente me podría haber hablado de ella! Toda la vida me imaginé una hermana, un hermano, alguien con quien hablar, amar, contarle cosas. ¡Alguien a quien hacerle dibujitos de una familia como ella hizo aquí!

Emma: Te creo. Sé que es duro. -La morena deja caer los papeles al suelo y Swan le toma la mano- Sin embargo te pido por favor que trates de no perder la cordura. Sé que es un poco… extraño que yo, -sonríe de costado- una desquiciada por naturaleza te pida esto, pero debes tomar un poco de aires, despejarte y luego, cuando te sientas un poco mejor, vuelvas a revisar esto. Yo ahora te guardo las cosas y…

Regina: -La interrumpe-¡No! No, no. No quiero tener eso. No. Tenlo tú. Guárdalo si quieres.

Emma: Regina no seas ridícula, por más enojada que te sientas ahora, son los dibujos de tu hermana, la carta de tu madre, las fotos de…

Regina: Sí, sí, sé muy bien lo que contiene ese estuche, gracias. Pero no quiero conservarlo. No en mi casa, no por ahora.

Emma: Bien, como desees. Yo lo voy a guardar, cuando quieras volver a revisarlo estará a tu disposición. -Junta las cosas del suelo.- De todos modos, voy a decirte una cosa. Quizás no te importe. Tal vez pienses que soy una desubicada al decírtelo en este momento en el que tú estás pasando un desarraigo familiar muy grande pero creo que, de algún modo, esta experiencia puede ayudarte. Mira, intuyo que lo sabes puesto que, por lo que he notado, eres una muchacha muy observadora y curiosa, pero igual te comento que mi verdadero nombre es Emma Nolan White. Swan es el apellido de mi abuela materna. Yo tuve un hermano más grande que falleció al año que yo nací. En realidad él había nacido enfermo. Tenía un cuadro de leucemia neonatal, una de las más graves y de peor pronóstico. -Trata de sonreír, para no crearle angustia a Gina.- Le dijeron a mis padres que tenía pocas chances, casi nulas de vivir y que, si sobrevivía, su calidad de vida probablemente fuera deplorable. Pese a ello, ellos desearon buscar un donante de médula. Conseguir uno compatible a esa edad es prácticamente imposible, al menos que se trate de un familiar directo. Un hermano, por ejemplo. Así fue como decidieron tenerme. Básicamente me buscaron para salvarle la vida, pero no conseguí hacerlo. El trasplante fue exitoso. pero a los meses su médula ósea volvió a emitir glóbulos blancos anómalos por doquier y empeoró aún con mayor velocidad que a sus pocos meses de vida. -Se le cae una lágrima que, por un momento, opaca su sonrisa.- Cuando él falleció, ellos se llenaron de bronca, de rencor. Al punto que mi padre no me rozaba, ni siquiera acariciaba mi pelo y mi madre ya no me daba la mamadera. La depresión los asesinó por dentro y, por algún motivo, se vengaron haciéndome sentir, siendo tan sólo una bebé, indiferente para ellos. Gracias a Dios, mi abuela tomó la iniciativa de cuidarme, criarme y amarme como nadie -Pasa su brazo por la nariz.- Me enseñó a amar, me acompañó a la escuela y me esperó cada tarde de mi infancia con la leche y dos medialunas. Es fue y será mi persona favorita en el mundo. A veces siento un poco de rencor con ellos. Pienso que por eso cuando falleció decidí dejar de utilizar el apellido de mis padres y me inculqué el de ella en su honor. Sin embargo, aún cuando estaba enferma, mi abu me decía "Emma, mi bella ojos de mar, no le guardes rencor a tus padres. Perdónalos. Ellos reconocerán su error y te buscarán algún día. Ábreles tu corazón. Enséñales a amar. Yo quizás no pude con tu mamá, pero puede que tú, o que el bisnieto que me des algún día, puedan.". Yo me juré perdonarlos y, aunque siga firme en mi decisión de no llevar su apellido, llevo su sangre y sus raíces. Regina… no castigues a tu padre. Él te amó. Te cuida desde donde esté y, aunque hoy te sientas decepcionada, apuesto que durante años fue tu persona favorita en el mundo.

Regina: -Suspira y pasa el dedo índice sobre la mejilla de Emma, secándosela.- Sí, es verdad. Uno no siempre elige a los mejores ejemplos como sus personas preferidas. -Alza la vista.- Imagino el dolor que sentiste al perder a tu hijo. Quiero decir, el doble dolor, no sólo por la pérdida sino también… bueno, por las palabras de tu abuela.

Emma: Oh… -Se incorpora y gira la vista, tomando un par de lentes de soldar para disfrazar a la morena y conseguir su escapatoria.- Sí, no niego que fue un factor fuerte, pero me hizo darme cuenta de muchas cosas que hoy, con la carta que tu madre te dejó, reafirmo con fuerzas.

Regina: ¿Qué?

Emma: Que no se necesita concebir a un hijo para ser padre o madre. Se necesita amarlo como tal. Tu padre no fue biológicamente tu padre, pero actuó como tal. Mi abuela no fue mi madre, pero fue el referente familiar que me ayudó a crecer. -Se gira.- Es por eso que sé que, el día que vuelva a formar pareja con una persona, no voy a temer soñar un futuro en conjunto. No me importará que sea difícil, que implique adoptar o ensamblar la familia. Quizás suene algo cursi pero… creo que con amor todo se enfrenta. El afecto no lo hace menos complicado, pero sí más resistible.

La morena quedó muda unos segundos. Esta vez, su vista no estaba perdida, sino fija en los ojos de Emma. Su mente, en las palabras que ésta le había dedicado. Su confidencia y su convicción. Estaba claro que la vida de la corredora no había sido fácil, pero que había sabido enfrentarla con mucha más "garra" que cualquier otra persona que ella conociera hasta el momento. Debía averiguar más del pasado de su madre, del paradero de su hermana, pero no era lo único que debía hacer.

Emma: ¡Regina! ¡Hey! Te perdiste de nuevo.

Regina; No, no, estoy aquí. -toma los lentes que le tiende Emma.- Disculpa.

Emma: Está bien. -Se agacha.- Bueno, supongo que nos veremos en el barco o en la previa a la competencia. Como sea, si se te ocurre algún modo en el que pueda ayudarte, no dudes en buscarme.

Regina: Gracias, Swan, pero dudo que puedas ayudarme ahora. Eso, si es que no tienes otro cofre cuya llave guarde yo aún en un lugar desconocido. -Ríe bajito.-

Emma: ¡Uf! no me hagas ni pensar en dónde puede estar esa llave que invento un necessaire y me pongo a buscar la llave ya. -Ríen juntas.- Bien, de todos modos, ya sabes.

Regina: Si… -Baja la vista y se apoya de costado sobre el pecho de Emma.- Gracias. -Quedan abrazadas unos segundos en silencio. Luego Regina se aleja y la mira.- ¿Sabes? Si puedes ayudarme en algo.

Emma: ¿Sí? Genial. Dime en qué.

Regina: Puedes enseñarme.

Emma: ¿Enseñarte?

Regina: Sí. -Se incorpora, haciendo que la rubia quede mirándola desde abajo.- Enséñame a manejar, Emma. Enséñame a correr.


¡Gracias a los que leen! Actualizo a los 10 rw. Si llego a los 10 rw en una semana o menos, en la próxima subida pongo dos capítulos juntos.

El capítulo de hoy fue medio palidón pero el que viene va a ser divertido. ¡Saludos!