Capitulo X

"La prometida"

Se formó un silencio muy incomodo entre el numeroso grupo. Nell deposito el vaso de gaseosa vacio sobre la mesa de madera y apoyo su barbilla sobre la mano derecha y el codo sobre la mesilla.

-La verdad es que me ha tomado un tiempo decidirme en buscarte. –Sentenció Nell.

-Al principio pensábamos que usted había muerto con los demás –habló Pesche –pero…

-¿Pero que? –Inquirió el pelinegro con su habitual semblante.

-Nurielle… ella de alguna manera sabe que estas con vida. –La chica impostó una mirada bastante seria.

-¿Espera un momento Nell? ¿Acaso Ulquiorra tiene novia? –Inquirió Rukia asombrada.

-¿Qué ocurre Rukia acaso te darás por vencida por tan poca cosa? –La peli verde sonrió.

-¡Oye no es lo que parece! Yo… nosotros… no… -Contesto nerviosamente la pelinegra.

-Y yo que pensé que eras mi más fuerte rival. –comento la espada con picardía.

-¿Fuerte rival? –Inoue la miró azorada.

-Vamos Inoue ¿Acaso no te has dado cuenta? Es claro que a Ichigo le gus…

-¡Oigan no les parece que éste no es el lugar para hablar de esos temas! –Sentenció Tatsuki interrumpiendo aquella frase comprometedora y sumamente hiriente para su mejor amiga, quien prefirió de alguna manera hacer de cuenta que nada había pasado.

Ulquiorra quien hasta ese instante había permanecido callado e impasible, se puso rápidamente en pie, coloco las manos en los bolsillos y se alejó del lugar con prisa. Lo que menos deseaba escuchar ese caluroso y extraño día era el nombre de Nurielle Andevallet.

Rukia lo observó con curiosidad. No había tenido la oportunidad de conocer mucho a Ulquiorra salvo las pocas y ocasionales veces que se cruzaban pero se notaba que aquel nombre femenino no había causado buen efecto en él.

-¡Vaya! Escucha el nombre de su prometida y huye como si no la conociera. –Dijo Ichigo algo molesto.

-¿Por qué exactamente viniste a hablar con Ulquiorra? –Inquirió Ishida acomodándose los anteojos y enfocando su mirada en la peli verde.

-¡Hay una revuelta en el Hueco mundo! –Respondió ésta.

-¿Una revuelta? –Inoue no comprendía muy bien la relación entre Ulquiorra, su prometida y la revuelta.

-Después de que el dios del Hueco Mundo fuese destruido y Aizen aniquilado, las cosas por el submundo eran bastante tranquilas y amenas, o al menos eso podría decirse.

-¿Pero?… -Ishida se sentó en el lugar de Ulquiorra.

-Pues que se han formado algunas facciones de varios grupos sobrevivientes, claro está que son arrancars de bajo nivel, no como nosotros los Vasto Lords.

Las dos facciones tienen dos fuerzas con intereses y objetivos muy diferentes entre si. -Aclaró Nell

-Mi señora Neliel encabeza una de esas facciones y Nurielle Andevalet la otra. –Acotó Pesche.

-¿Tú estas tras todo esto? –Inquirió Ichigo algo perplejo.

-En parte si Ichigo, no tengo intenciones de que una tipeja de la calaña de Nurielle reine sobre el Hueco Mundo y me fastidie la vida.

-¡No comprendo! –Kon trataba de reflexionar con esfuerzo las palabras de la recién llegada.

-Nurielle esta interesada en reconstruir el Hueco Mundo a la fuerza, creando nuevos arrancars a partir de Hollows de bajo espectro.

-¿Y como pretende hacer eso? –Dijo Rukia poniéndose de pie en un solo salto.

-Pues no lo se con exactitud, pero al parecer esa persona fue ocultada intencionalmente por Aizen entre las facciones de menor rango de Tía Harribel. Por que razón Aizen la oculto tan celosamente, no lo sé, pero se rumorea en el submundo que ella es la poseedora de cierta reliquia fantasma.

-¿RELIQUIA FANTASMA? –Dijeron los presentes en sincronía.

-Pues no se bien de que se trata eso pero su poder podría compararse al Hokyoku, o eso han averiguado mis colegas

-¡Eso es imposible! –Exclamó Rukia.

-Solo son rumores, pero el sequito de Nurielle ha crecido en demasía últimamente.

-¿Entonces hay posibilidades de que sea cierto? –Dijo Ishida.

-Tendré que informar acerca de esto en la sociedad de almas. –Dijo Rukia suspirando.

-Pues mi idea es que la sociedad de almas no interfiera en esta disputa. –Acotó Nell. –No quiero que nuestra estirpe sea nuevamente aniquilada; y si los tenientes y capitanes del Seiretei entran en acción, seremos completamente borrados de éste mundo.

-Además hemos mantenido a raya a los Hollows durante éste tiempo, tal y como lo prometimos. –Dijo Pesche.

-Pues no han sido muy certeros en esto ultimo, por que los Hollows nos invaden cotidianamente. –Señaló Ishida.

-Eso es por culpa de Nurielle; de alguna manera su control sobre las mentes más débiles ésta ocasionando todo éste desbarajuste en el Hueco Mundo y aquí.

-Y dime Nell –Prosiguió Inoue quien hasta el momento se había limitado a escuchar. -¿Por qué éstas tan interesada en Ulquiorra? –La pregunta hizo que la peli verde le sonriera con picardía.

-Ulquiorra es el espada más fuerte que está actualmente con vida y si cualquiera de los dos bandos se hace con su apoyo significaría un grave riesgo para la supervivencia del otro. Cualquier diferencia de poder alteraría los puntos pactados con la sociedad de almas.

-¡No puedo creer que el Capitán Yamato haya pactado algo con un Hollow! –grito Rukia.

-Pues yo creo que ningún shinigami estaría dispuesto a permanecer durante un tiempo indefinido en el Hueco Mundo, solo, para vigilar a la incontenible horda Hollow que acecha constantemente con la finalidad de atacar al mundo humano, y eso es algo que aprendió muy bien ese tal Ashido. –Rukia la miró con seriedad.

-Aún que un grupo de shinigamis se apostará en el centro mismo de "Las Noches" ¿crees que harían una diferencia? –Acotó Pesche.

-Es por eso que el capitán comandante hizo ese trato con nosotros, los supervivientes del ataque. Su idea era que fuésemos capaces de lidiar con nuestra propia especie, pero yo no contaba... con… –Nell frunció el seño –no esperaba que esa tal Nurielle existiera y que poseyera tal poder.

-¿Pero ella y Ulquiorra? –Inoue volvió a arremeter con sus inquietas preguntas.

-Esos dos compartieron algo más íntimo en el pasado

-¿En el pasado? –La pelinaranja trataba de asimilar dicha frase con el mayor disimulo posible pero estaba claro que Ichigo notaba esa forzada reacción.

-En todo caso debes preguntárselo a él Orihime-chan –Dijo con gracia. –Estoy seguro de que a ti te contestará lo que desees. –Nell volvió a reír pero esta vez con más ínfulas.

-¡ULQUIORRA! –Grito Rukia quien se percató de que él chico ya no se hallaba a su vista. –Debo ir por él… creo que será mejor que hablen con calma Nell, aun que no se si te escuchará; ese chico solo esta interesado en morirse. –Dijo despectivamente la pelinegra.

-¿MORIRSE? –Nell y Pesche se miraron atónitos.

-Los chicos te contarán… -dijo Rukia tomando a su conejo rosa entre los brazos y corriendo tras el espada.

Inoue la miró con atención. Se sentía dolida ¿pero por que? ¿Por qué Ulquiorra la había mirado de tal manera? ¿Por qué sus encandilantes ojos hechizaban con fuerza su corazón provocando un severo y punzante dolor en su alma?

La chica bajo un poco la vista mientras sus compañeros de grupo discutían un poco más. La muchacha no se había percatado de que su silencio y su letargo en reaccionar provoco que Ichigo la llamara con fuerza al haberla dejado atrás.

-¡INOUE! ¿Vas a venir? –Dijo el pelinaranja agitando su mano derecha con fuerza mientras la veía algo sumida en sus pensamientos. Sin duda Ulquiorra tenía cierto influjo sobre la muchacha, pero aún no relacionaba con coherencia que tipo de lazo podía ser ese.

-Vamos Inoue. –Exclamó Tatsuki a su lado.

-¡Hai! Lo siento solo me abstraje un instante.

-Lo note. –Sentenció la pelinegra -¿acaso te molesta que Ulquiorra pueda tener a alguien más Inoue? –Dijo la chica con seriedad.

-¡No! ¡Claro que no! Es solo que… -Orihime guardó silencio.

-¿Es solo que, que? –Inquirió la chica.

-Nada… pensaba que si él tiene a alguien importante no debería darse por vencido, es decir no desperdiciar su vida.

-¡Hay Inoue no tienes remedio! –Sentenció Tatsuki mientras miraba al otro grupo adelantarse. – ¿Reaccionó raro no crees?

-¿A que te refieres Tatsuki?

-Bueno… mirábamos de lejos, no me malinterpretes, pero lo que si pude notar fue como él muy amablemente te cedió el asiento. –suspirando.

-¡QUE!

-¿Acaso no fue así y Rukia le obligo?

-No… en realidad fue cosa suya… a mi también me sorprendió mucho pero quizás se deba a su asidua interacción con los humanos ¿quizás lo haya vuelto más sensible?

-¡ESE CHICO SENSIBLE! ¡Una roca tiene más emociones que él! –Tatsuki echo a reír. –Pues si me dejas sugerirte algo Inoue.

-Dime…

-Creo que él siente algo por ti, aun que estoy segura que no es ni remordimiento ni amistad…

-¿QUE DICES?

-¡Inoue no seas tan lenta quieres! Debes aprender a percibir mejor a las personas que te rodean ¿Comprendes? Y no hablo solamente de Ulquiorra…

La pelinegra le guiño el ojo con complicidad pero Inoue pudo notar un dejo de tristeza en su semblante. Tatsuki se alejó rumbo al grupo que caminaba un poco más adelante y conversaban entre si. Inoue suspiró y agacho un poco más la cabeza. Estaba claro que Ichigo estaba inmiscuido en aquella deducción de Tatsuki; el joven la había olvidado en el mismísimo instante en que se encontraron con Rukia y Ulquiorra, y aun que su corazón trataba de engañarla con deducciones falsas, sabía que Ichigo Kurosaki no sentía por ella ese inmortal amor que tantas veces recreo en su infantil mente.

Inoue centro su vista en el conejo de felpa gigante que yacía sentado en el piso. Sin duda Ulquiorra lo había dejado olvidado, por otro lado conociéndolo un poco, sabía que esos objetos carecían de importancia para el taciturno espada, sin embargo aquella figurilla graciosa y tierna le hizo abrigar un tibio calorcito en su corazón que le produjo una leve risilla.

-No puedo creer que Ulquiorra sea un coleccionista de peluches –alzando al suave conejo entre sus manos -¡Realmente tienes una mirada simpática! –Dijo tras acariciarle la nariz y abrazarlo con fuerza.

La chica pudo sentir tras aquel precipitado abrazo un delicioso aroma desprenderse del mismo que pareció extasiarla haciéndola sucumbir en una deleitante paradoja ¿Ulquiorra sentiría algo por ella como sugirió Tatsuki y tiempo atrás Rukia? ¿Por qué el chico la había mirado tan inquisidoramente tras saber que él tenía una prometida? ¿Y por otro lado por que este exquisito aroma le rememoraba aquel ardiente beso, que ella, le había robado a sus labios?

La chica pudo sentir en su interior una especie de chasquido que la abstrajo a la realidad ¿Qué rayos estaba pensando?

Inoue apartó un poco aquel peluche, algo agitada, y emprendió la marcha junto al grupo quienes ya se habían alejado bastante.

-Por fin vienes… -Declaró Ichigo al verla llegar a su lado con agitación tras una corta carrerilla. -¿Qué haces con eso? –Señalando al peluche en sus brazos.

-Bueno es que me dio pena dejarlo abandonado allí, además imagino que Ulquiorra lo querrá de regreso. –Dijo sonriendo.

-Dudo mucho que ese sujeto realmente este interesado en un peluche.

-Pues si él no lo quiere yo lo adoptare… -Comento contenta.

-¿Por qué es suyo? –Dijo el peli naranja con rapidez y con él ceño fruncido provocando una mirada descolocada en la muchacha.

-No, simplemente por que me gusta el peluche. –dijo seria mirándolo a los ojos.

-Ustedes las mujeres suelen enternecerse por todo. –Suspirando.

-Te quiero Ichigo… -profirió Inoue tras lo cual se sujeto con fuerza a su brazo derecho mientras caminaban apoyando su cabeza en el hombro del joven, intentando aferrarse más que a su cuerpo.

-Yo… también te quiero Inoue. –Contesto él centrando su vista al frente.

Toda aquella conversación no paso desapercibida para ninguno de los integrantes del grupo a pesar de caminar un poco más adelante. Era evidente que el cariño que ambos jóvenes se profesaban no era equitativo por parte de ninguno de los dos integrantes; aún así ninguno pronunció palabra y se limitaron a ensimismarse en sus charlas y la búsqueda del desaparecido cuarto espada.

Mientras tanto en otro lugar del parque…

Ulquiorra caminó solitario un largo trecho por aquel lugar. En su mente solo se sucedían sin fin unas repetitivas y poco agradables palabras.

"Siempre fuiste una mala persona y siempre lo serás… Nada cambiará, piensas que nuestras vidas son diferentes ahora pero me has vuelto a mentir ¿como has podido Ulquiorra?

¡Lo prometiste! ¡Lo prometiste!"

¿Que rayos significaba todo esto? Hacía tiempo que él había dejado de ser ese individuo. Nada tenía que ver con Nurielle Andevallete, al menos no ahora, no desde que…

Ulquiorra sacudió un poco la cabeza alzándola luego con algo de pereza. Entre tantas incoherencias acaecidas en su, casi imperturbable mente, se había visto desorientado y algo perdido encontrándose ahora en el interior de una extensa sala de espejos.

El chico giró sobre si mismo, intentando ubicarse geográficamente pero lo único que aquellos espejos le devolvían era su reflejo casi humano en los mismos.

Ulquiorra continuo caminando con parsimonia mientras su silueta se deformaba en aquellas gruesas paredes cristalinas.

¿Por qué debía verse sujeto a otra pelea sin sentido, al menos para él? ¿Por qué no le permitían poner fin a su existencia de una buena vez, para así evitarse esta clase de inconvenientes? No tenía caso esperar cuatro meses más ¿A que lo conduciría aquella estúpida espera? ¿A trabajar como loco? ¿A tener que lidiar con las incoherencias humanas? ¿A ser utilizado como una especie de marioneta?

El mundo humano era un verdadero fastidio pero también tenía algo que aún lo retenía en aquella especie de dualidad constante. ¿Acaso era Urahara? ¿Sería Tessai o Shinta o Ururu? ¿Sería que había creado ese famoso lazo sentimental con ellos? ¿O sería su cierta independencia poco aprovechada? ¿O tal vez, solo tal vez, su dubitación se debía a cierta pelinaranja de ojos grises cuya sola cercanía le provocaba un extraño estremecimiento en su interior?

-Imposible… -Profirió en voz baja.

-Haz cambiado… Ulquiorra… -sentenció una voz femenina omnipresente.

-¿Quién eres? –Inquirió calmadamente.

-¿Qué quien soy? Más bien deberías preguntar ¿Quién fui? ¿O quien puedo llegar a ser ahora?

El chico pudo notar cierto reiatsu bastante disminuido en aquel lugar. Entre los espejos, un dorado cabello, se abanicaba con gracia reflejado en aquellos cristales.

-¿Acaso no piensas mostrarte? –Inquirió nuevamente con calma más su única respuesta fue una jovial risilla que retumbaba en aquel espacio, evocando un eco algo mágico que parecía hipnotizar al pelinegro.

-Sigues tan calmo como cuando te conocí, aun que me han dicho que tu nihilismo se ha exagerado en esta vida. –Profirió la voz proveniente de aquella figura movediza que recorría ininterrumpidamente todos y cada uno de aquellos espejos.

-Si quieres matarme entonces hazlo… -dijo con naturalidad ante lo cual la voz volvió a reír.

-¿Por qué te destruiría Ulquiorra si yo te traje aquí?

El chico pudo sentir un peso a sus espaldas y dos cálidos brazos estrujar su cuello y parte de su pecho mientras en su espalda una deleitante figura tomaba forma.

-No tienes idea de cuanto te he extrañado. –Dijo la mujer apoyando la cabeza sobre el hombro del chico y dejando caer sus largos cabellos rubios sobre la espalda del joven.

-Nurielle… -Expresó el pelinegro con parsimonia.

-Veo que Neliel ha intentado reclutarte, eso es desleal… -Exclamó suspirando mientras giraba en torno al joven frente a quien se dispuso. –Tu encanto y atractivo no ha menguado a pesar de todos estos camuflajes, aun que éste aspecto te asemeja más a quien fuiste Ulquiorra. –Acariciándole el rostro.

-¿Qué quieres?

-A ti, por quien más vendría a este horrible lugar. En verdad no comprendo como haces para soportarlo. –Suspirando mientras aproximaba su rostro al del chico.

-No pienso ayudarte en tus planes. La verdad no tengo ningún tipo de interés en inmiscuirme en otra pelea estúpida. –Cerrando los parpados más pudo sentir cierta calidez poseer sus labios en ese instante.

Ulquiorra abrió los ojos con algo de sorpresa. La joven y bella mujer lo besaba con pasión y entrega. Podía sentir con toda claridad una remolona sensación que le rememoraba tiempos pasados y que ahora lo sumergían en una especie de transe temporal.

El muchacho la abrazo con fuerza mientras sus labios correspondían a aquella sublime y deleitante muestra de afecto.

-Realmente sabe igual a como lo recuerdo. –Dijo Nurielle relamiéndose los labios mientras permanecía aferrada a su cuello.

-Es extraño… -dijo él un tanto confuso.

-¿Es eso lo que mis besos te provocan? –volviendo a la tarea de besarlo ante lo cual el chico no parecía resistirse. –¡Vuelve conmigo Ulquiorra! Tú perteneces al Hueco Mundo, te mereces vivir rodeado de tus pares, tus súbditos y de la persona que te ama más que a nada.

Yo siempre fui la única capaz de entenderte, de reconfortarte, de evitar que te convirtieras en esto que hoy eres, alguien que ha perdido el deseo de vivir.

Unos instantes antes…

El grupo de jóvenes se detuvo en el centro de aquel inmenso parque. Por más que buscaran con la mirada no lograban hallar a Ulquiorra Shiffer por ningún lado.

-Será mejor que nos dividamos. –Dijo Ishida –será más fácil hallarlo así.

-¡Bien! –gritaron al unisono.

Cada uno de los presentes emprendió la marcha en distintas direcciones. Inoue caminó otro rato con el enorme conejo en los brazos, situación que causaba asombro y algunas risas en los espectadores que pasaban a su lado. De pronto pudo sentir dos pequeños reiatsus provenir de uno de los juegos más cercano del parque; sin duda uno pertenecía a Ulquiorra ¿pero y el otro?

La chica se introdujo en una galería de espejos. Mientras su figura se dibujaba en los cristales, podía percibir con más claridad las dos energías individuales no tan distantes de su posición.

Tras varios pasos sigilosos y hasta temerosos, la joven pudo dar con las dos presencias que la habían atraído hasta aquel solitario lugar. Su corazón dio un pequeño salto en su pecho y pareció detenerse en el mismo instante en la cual pudo ver la escena que se sucedía entre ambos amantes furtivos o eso le pareció.

-Realmente sabe igual a como lo recuerdo. –Dijo una joven rubia mientras permanecía aferrada al cuello del espada.

-Es extraño…

-¿Es eso lo que mis besos te provocan? ¡Vuelve conmigo Ulquiorra! Tú perteneces al Hueco Mundo, te mereces vivir rodeado de tus pares, tus súbditos y de la persona que te ama más que a nada.

Yo siempre fui la única capaz de entenderte, de reconfortarte, de evitar que te convirtieras en esto que hoy eres, alguien que ha perdido el deseo de vivir.

Nurielle volvió a abrazar al pelinegro con fuerza, pero pudo percibir no tan distante la presencia de una joven pelinaranja que los contemplaba estupefacta.

-¡Te amo Ulquiorra vuelve conmigo!

-Nurielle…

-¡Inténtalo! Alguna vez fuimos felices ¿Por qué no volver a intentarlo? –Besándolo con pasión.

Inoue dejó caer el conejo blanco al suelo. Podía sentir su corazón algo maltrecho tratar desesperadamente de latir en su pecho pero el forzado bombeo provocaba una intenso dolor que parecía incrementarse con cada pequeño respiro que daba su adolorida alma.

¿Por qué Ulquiorra besaba a esa mujer? ¿Por qué el espada sucumbía ante el encanto de la agraciada joven? ¿Por qué le dolía tanto el pecho?

La chica tenía una imperiosa necesidad de marcharse de allí, de dejar de observar aquella funesta escena que se sucedía ahora ante sus ojos.

Nurielle observó a la impávida joven y sonrió con algo de malicia, aun sumergida en los brazos del apuesto espada.

Tenemos compañía… -apartándose un poco de Ulquiorra quien se giro para observar a la mujer humana temblar como una hoja parada como estatua unos espejos más atrás.

-Yo… -Inoue aparto los ojos con algo de vergüenza. –Lo siento no era mi intensión interrumpirlos… yo…

-¡Vaya! Así que tú eres Inoue Orihime. –Exclamó la atractiva rubia con algo de altivez.

-¿Cómo me conoces? –Inquirió Inoue mirándola con atención.

-Bueno eras famosa en el Hueco Mundo; no había arrancar que no conociera tu rostro o tú nombre.

-¿En verdad? –La pelinaranja cruzó sus manos delante del cuerpo tomándolas con algo de nerviosismo.

-¡Claro! Eres la molesta mujercita que tuvo que cuidar Ulquiorra-sama. –Las palabras de Nurielle le resultaron sumamente hirientes a Inoue. Era como si la mujer se hallara completamente a la defensiva.

-Pues no fue idea mía ser prisionera de los espadas, créeme, intentó olvidar ese desagradable recuerdo.

-¡En verdad! –Nurielle hecho a reír con fuerzas sin dudas las curiosas reacciones de Orihime la descolocaban. -¿Y como piensas dejar atrás el pasado si convives con el ejecutor de aquel descabellado plan de Aizen? –Dijo con suspicacia.

-¡Yo no convivo con él! –Contesto enfadada.

Ulquiorra solo se limitaba a mirarlas, claro está, que pudo notar en su contemplación, a los pies de la mujer humana, el conejo de peluche que había ganado hacía unas pocas horas.

-Creo que puedo hacer algo por ti –prosiguió Nurielle

-¿Qué cosa? –dijo Inoue estática era la primera vez que sentía la imperiosa necesidad de no escapar de aquel desafió psicológico al cual la sometía la rubia espada. Al parecer ella y Ulquiorra tenían algo en común.

-Estoy tratando de convencer a Ulquiorra para que vuelva conmigo al Hueco Mundo, como su señor claro está ¿No te parece genial Inoue Orihime? –sonriendo.

-Pues… -Inoue se sintió bastante nerviosa ¿Por qué esta mujer le pedía opinión a ella sobre lo que debía o no hacer Ulquiorra Shiffer? –Creo que eso no tiene absolutamente nada que ver conmigo. –Exclamó de mal humor.

-¿De verdad?

-¡NO!

-¿Y yo pensé que estabas enamorada de Ulquiorra-sama? –Dijo con sarcasmo mirando al chico pero éste parecía no tener intenciones de intervenir en aquella plática.

-¡ENAMORADA! ¡CLARO QUE NO, JAMÁS GASTARÍA NI UNA PISCA DE MIS SENTIMIENTOS EN UN SUJETO TAN DESAGRADABLE COMO ÉL! –grito furica.

-Ya veo… -dijo la chica acariciando con suavidad el rostro de Ulquiorra provocando que éste la mirara. –Entonces estaba equivocada… -Acotó.

-Claro que si. –contesto Inoue con satisfacción dándose la vuelta dispuesta a marcharse inmediatamente de aquel lugar y fingir que no había tenido oportunidad de encontrarse con esa pareja tan desagradable.

-¿Y tú Ulquiorra que me dices? –Acariciándole el cabello – ¿sientes algo por esta mujer? –Haciendo que Inoue se paralizara de sopetón. Intentaba con gran esfuerzo movilizar su cuerpo fuera de aquel recinto pero parecía que éste había adquirido vida propia y se negaba rotundamente a obedecer sus órdenes.

-No… -contesto secamente el espada mirando a los ojos a la rubia quien reía con cinismo.

-Es algo frustrante amar a alguien que no siente lo mismo por ti ¿Verdad Inoue Orihime?

-Yo… no… no… lo… amo. –Respondió la pelinaranja de espaldas mientras sentía como su cuerpo temblaba descontroladamente ¿Pero por que? ¿Acaso amaba a Ulquiorra tan profundamente que sus sentimientos le atrofiaban todos y cada uno de sus sentidos físicos?

-¡Ves Ulquiorra! Tienes que acompañarme; volver conmigo a "Las noches" para reinar junto a mi, sabes que siempre te amaré. –Tomándolo por el rostro y aproximando sus labios a los del joven quien no repelía en absoluto aquella acción. –Bésame Ulquiorra Shiffer… -dijo Nurielle suspirando sobre los labios del chico mientras los saboreaba con éxtasis.

Ambos jóvenes se besaban intensamente. Aún que Nurielle era quien dirigía aquella deleitante escena, Ulquiorra la seguía con suavidad aferrándose de la estrecha figura de la espada apretándola contra su cuerpo.

Nurielle sin duda sabía como lidiar con él. Ella era la única que había logrado alguna vez alcanzar su gélido corazón y ahora esa sensación revivía en el interior de aquel cuerpo falso creado por Urahara.

El ajustado y corto vestido blanco de la delgada, atractiva y protuberante espada, era subido con suavidad tras el abrazo del pelinegro quien parecía haberse extraviado en aquel excitante sueño ¿O era una pesadilla?

-¡IDIOTA! –grito Inoue quien recogió el conejo de peluche y lo arrojó con furia, golpeando con rudeza a aquellos desfachatados amantes; tras lo cual cayó despatarrado en el suelo sin surtir un contundente efecto.

Ulquiorra apartó sus labios de Nurielle y la miró confuso. Inoue respiraba agitada y furica. Era como ver a dos personas totalmente distintas; la sumisa mujer que solía contemplar con asiduidad y ésta otra quien ahora se asemejaba más a una fiera salvaje cuyos instintos se hallaban a punto de asesinar sin miramientos a dos presas desatinadas.

-¡Eres un idiota, idiota, idiota! ¡TE ODIO ULQUIORRA! –volvió a gritar dando media vuelta y escabulléndose con rapidez de aquel sector.

Inoue caminó con prisa entre las desconcertantes paredes de cristal, las cuales, no la ayudaban en lo absoluto a salir de aquel frágil laberinto. Choco varias veces con algunos espejos mientras transitaba con velocidad dejando caer a su paso, húmedas gotas traslúcidas al frió piso de cerámica.

¿Por qué se sentía así? ¿Por qué había sido tan despectiva con Ulquiorra? ¿Por qué le quería? Él había sido el causante de su secuestro, la había torturado psicológicamente por semanas, era quien la habría asesinado sin compasión solo para cumplir los crueles mandatos de Aizen ¿Entonces por que se le destrozaba el corazón al verlo con otra mujer? ¿Por qué le dolía tanto su desprecio? ¿Acaso se había enamorado de su verdugo?

Esa anecdótica realidad le revolvía el estomago ¿Acaso sufría los efectos de la enfermedad de Estocolmo en donde la victima acaba enamorándose de su captor? ¿Estaba enferma o loca acaso?

La joven volvió a trastabillar con otro espejo golpeándose el rostro con dureza. Tomó su mano derecha y se acaricio su adolorida frente mientras apoyaba la mano izquierda en el cristal y aproximaba su cuerpo y su cara contra el mismo.

Inoue recorrió con su mano su mejilla derecha notando la incontenible cataratas de lágrimas que se escabullían impunemente de sus ojos y resbalaban hacia su cuello. Luego se tapó la boca intentando contener un agudo gemido de dolor que escapaba de sus labios.

Lloraba desconsoladamente. Ni siquiera por Ichigo se había sentido así de triste; a pesar de haber llorado por él cuando decidió por si misma salvar a sus amigos.

Tampoco en su solitaria y oscura prisión en "Las Noches" había derramado tantas lágrimas como ahora. Todo por un estúpido y desalmado espada pensó.

Mientras intentaba sofocar conscientemente, sus revueltos sentimientos por Ulquiorra, pudo sentir unos fríos brazos rodear su cintura y una segura silueta apresarla contra el cristal.

Podía apreciar con toda claridad una serena respiración remolonear cerca de su oído derecho y el peso de un mentón en el hombro del mismo lado.

-No llores mujer. –Le dijo una voz masculina que supo reconocer.

-Ul… -Sin terminar la frase.

Inoue alzo un poco su vista para encontrarse con el rostro del joven reflejarse en el cristal frente a ella. Ante aquella extraña visión su voz pareció haberse fugado súbitamente. Intentó esgrimir algunas sílabas pero era inútil nada salía de lo más profundo de su garganta.

-Las mujeres humanas son extrañas he impredecibles. –Dijo el chico notando como se empañaba el cristal causado por la cálida respiración de la muchacha. -¿Por qué lloras? –Inquirió tras notar que sus comentarios no surtían ningún efecto.

El joven espada se retiró un poco para luego girarla con brusquedad sobre el cristal quedando ambos frente a frente. Miró con extrañeza las lagrimas de la muchacha escabullirse por su rostro mientras ésta fruncía el seño con tristeza.

Ulquiorra aproximo su rostro al de la joven quien lo negó con brusquedad girando con violencia su cabeza, como evitando confrontar aquel perturbador rostro.

Inoue esperaba un inmediato desaliento por parte del espada tras su acto de rebeldía pero al parecer sus conjeturas no darían el resultado esperado.

La muchacha, quien yacía apresada entre los brazos del arrancar, pudo sentir un cambio de textura en su mejilla izquierda y una fresca brisa recorrer ese sector de su rostro. Ulquiorra relamía sus lágrimas como si se deleitase con el helado más exquisito del mundo.

-Son saladas… -pronunció con cierto asombro haciendo que la chica lo mirara.

Inoue sintió un fuerte envión en su cuerpo he intento propinarle con su mano izquierda una fuerte bofetada, pero éste le sujeto primero, la mano izquierda, y luego la derecha, fuertemente contra el cristal.

Ulquiorra volvió a presionarla con ahínco percibiendo con mayor nitidez, no solo su agitada respiración, sino también la exuberante silueta de la pelinaranja, quien al sentirse comprimida de esa manera por el cuerpo del joven, suspiró algo excitada.

El inexpresivo rostro de Ulquiorra yacía a unos pocos centímetros del suyo. La chica podía notar su respiración cada vez con mayor nitidez y eso le hacía sentir un nerviosismo y un potente calor recorrer cada fibra de su ser como no sentía desde hacía tiempo.

El chico acerco su rostro un poco más al igual que su cuerpo que parecía acoplarse en sincronía casi perfecta al de la muchacha. Si bien Nurielle revivía algo en él, esta mujer lograba lo que ninguna otra pudo en su corta vida de espada, excitarlo como hombre.

Cada día que pasaba le costaba más conservarse calmo he imperturbable ante su presencia. Debía hacer notorios esfuerzos para poder controlar su actual condición y no corromper a la mujer que ahora yacía frente a él.

No sabía cuando, ni exactamente en que punto, ésta joven humana lo había transformado en esta vil criatura que por fuera aparentaba una efigie de hielo, pero por dentro era un silencioso y amenazante volcán a punto de eclosionar en exuberantes llamaradas de fuego capaces de consumir hasta las más efímera esencia de vida.

Inoue se sentía presa de una fantasía. No podía controlarse ni menguar la excitación que se apoderaba de su juvenil cuerpo. Mientras Ulquiorra permanecía impávido junto a ella, la muchacha tenía la imperiosa necesidad de apoderarse de la frescura de aquellos pálidos labios como si fuese esa la única fuente capaz de calmar el abrazador fuego de su interior. Empujo un poco su rostro hacia adelante rosando a penas los labios de Ulquiorra, pero el chico volvió a presionarla contra el cristal y a mirarla estupefacto.

Inoue sentía su cuerpo desfallecer. Era como si se encontrase bajo los efectos desintoxicantes de un poderoso narcótico que había corrompido hasta su alma y que no podía controlar por ningún medio conocido.

Intento contar hasta diez, luego hasta veinte pero al parecer aquel conteo solo acrecentaba más la tensión y el estrés de su cuerpo.

-Te… quiero… -dijo Inoue con voz suave, tras una dura contienda entre su mente y sus cuerdas vocales por pronunciar esa frase con coherencia.

La compostura que guardaba Ulquiorra hasta entonces pareció disolverse en ese instante; arremetiendo con algo de violencia contra los labios de la joven, los cuales hacía completamente suyos con fervor y éxtasis.

El pelinegro soltó las muñecas de la chica y acto seguido se apoderó con fuerza de su cintura presionando a la joven ahora hacia su cuerpo. Inoue suspiro con placer aún sumida entre sus brazos.

La chica entreabrió a penas sus ojos para verse reflejada en el cristal frente a ella aferrada ahora al cabello y a la espalda del pelinegro quien relamía su cuello.

¿Qué harían si alguien viniese en ese momento? ¿Y si quien acudiese fuera Ichigo? Seguramente no estaría muy contento de encontrar a su novia en esa situación con otro hombre, aun que con seguridad Ichigo ni siquiera se mosquearía con ello, pues ante sus ojos la única mujer digna de ser celada era Kuchiki Rukia; aún que lo negase o disimulase no era ella quien yacía en el corazón del pelinaranja.

Orihime gimió de placer al sentir la mano derecha del espada presionar con fuerza su seno izquierdo, y a la mano izquierda del chico levantar con rapidez la falda de su solero acariciándole los muslos desnudos y la entrepierna.

¿Qué pasaba con éste hombre? Hacía tan solo unos instantes la despreció sin remordimientos y ahora intentaba poseerla ahí mismo sin importarle siquiera que alguien entrase a aquel concurrido lugar.

El chico soltó su seno derecho y se las arregló con los pantalones mientras volvía a besarla lujuriosamente; Respiraba entrecortadamente y con agitación como si hubiese afrontado la más extenuante batalla y ahora se hallaba completamente dispuesto a reclamar su tan merecido galardón.

Una vez que el problema de su pantalón estuvo resuelto, acarició el muslo izquierdo de la chica posándolo sobre su cadera derecha mientras la joven lo sujetaba con fuerza y lo atraía hacia su posición. Mientras él se acomodaba la mente de Orihime solo lograba formular una escueta pregunta ¿Dónde había aprendido Ulquiorra a hacer todo aquello?

El espada la aferró nuevamente con fuerza, y con un fuente envión se acomodo en su interior meciéndose con brusquedad y ansia.

-¡Ulquiorra! –Jadeo la muchacha al sentirse penetrada.